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Hongos y humedad

Lo importante es cuidarte, secar antes de limpiar y quitarle al moho la humedad que lo alimenta.

Primero, cuídate tú

El moho puede provocar alergias y molestias respiratorias aunque nunca hayas sido alérgico, y el moho seco también. Trabaja con cubrebocas N95, guantes de nitrilo, lentes protectores y ropa que puedas lavar, de preferencia al aire libre. Si tienes asma, alergias, las defensas bajas o estás embarazada, que lo haga otra persona.

Cómo reconocerlo

Cuando decimos que a un libro «le salieron hongos», casi siempre hablamos de moho. Se ve como manchas o como una pelusa aterciopelada, de casi cualquier color, que crece desde un punto y se extiende en círculo. Búscalo en los cortes, en las tapas, en el medianil y por dentro del lomo. Muchas veces se huele antes de verse: a encierro, a tierra húmeda.

Qué vesCómo se reconoceQué hacer
Moho activoHúmedo, con pelusa o viscoso. Se embarra si lo tocas.Aislar y secar
Moho secoSeco y polvoso, se desprende como polvillo. Está dormido, no muerto.Limpiar
Manchitas color óxidoPuntos cafés rojizos regados por las hojas, sin pelusa ni relieve.Vigilar la humedad

Lo primero

  1. Aparta los libros con moho en un cuarto limpio y seco, lejos de los demás. Para llevarlos, mételos en cajas limpias o envuélvelos en papel, y así no sueltan esporas en el camino.
  2. Busca de dónde viene la humedad: una gotera, una tubería, un muro que trasmina, un rincón donde el aire no corre. Mientras no se corrija, el moho regresa.
  3. Seca el ambiente. Abre las ventanas, salvo que afuera esté más húmedo que adentro, y pon ventiladores a mover el aire, sin apuntarlos a los libros. Un deshumidificador ayuda en un cuarto cerrado.

1. Si el moho está activo

No lo limpies todavía: el moho húmedo se embarra, se mete en el papel y se extiende. Primero hay que secarlo, a la sombra y con el aire corriendo lejos del libro, hasta que quede seco y polvoso; se seca como un libro húmedo (ver la ficha Libros mojados).

Si está mojado o no vas a poder atenderlo en 48 horas, mételo en una bolsa de plástico y congélalo por lo menos 24 horas: eso detiene el moho, aunque no lo mata. Sácalo de la bolsa antes de que se descongele y luego sécalo. Los libros encuadernados en piel o en pergamino no van al congelador: consulta a un restaurador.

2. Si el moho está seco

Límpialo al aire libre o junto a una ventana abierta, nunca donde guardas los demás libros. Lo ideal es una aspiradora con filtro HEPA y la potencia al mínimo; si no tienes una, trabaja afuera.

  • Con una brocha de pelo suave, barre el moho con toques ligeros hacia la boquilla. Si tallas, lo incrustas en el papel.
  • No pegues la boquilla al libro: mantenla apenas encima, cubierta con manta de cielo para no succionar pedacitos de papel.
  • Trabaja del lomo hacia afuera, sin atorar el borde de las hojas.
  • Al terminar, lava la brocha en agua con cloro, mitad y mitad, y tira guantes, manta de cielo y bolsa de la aspiradora en una bolsa cerrada, fuera del local.

Las manchas que deja el moho casi siempre se quedan, aunque el moho ya no esté. No las talles ni intentes blanquearlas.

3. Si son manchitas color óxido

Los puntitos cafés de muchos libros viejos (en el oficio se les dice foxing) no son una emergencia. Los especialistas discuten si los produce un hongo, pero coinciden en que salen con la humedad alta: son buen aviso para revisar la del cuarto. Si el ejemplar es valioso, que los vea un restaurador.

El estante

Limpia los estantes con un trapo y una solución de cloro o desinfectante, y deja que se sequen por completo antes de regresar cualquier libro. Un libro limpio y seco puede volver a su lugar. En las bibliotecas le ponen una nota de que tuvo moho; haz lo mismo y revísalo de vez en cuando, porque si vuelve a mojarse, el moho vuelve a brotar.

Lo que nunca debes hacer

  • Nada de cloro, aerosoles desinfectantes ni fungicidas sobre el libro: dañan el papel, algunos son tóxicos para quien los usa y ninguno evita que el moho regrese.
  • No limpies ni toques el moho mientras esté húmedo: se embarra, mancha y se extiende.
  • No uses una aspiradora común: sólo avienta las esporas al aire.
  • No pongas el libro al sol para «matar» el moho: la luz amarillenta, decolora y debilita el papel.
  • No dejes un libro húmedo o con moho en una bolsa de plástico cerrada fuera del congelador: adentro se encierra la humedad y el moho crece más.

Cuándo llamar a un profesional

  • Si son libros antiguos, raros o valiosos, o tienen dibujos a pastel o carboncillo, o pintura que se descascara: consulta a un restaurador antes de tocarlos.
  • Si el moho afecta a más de cien libros, o también está en los muros, el techo o el aire acondicionado.
  • Si a alguien que trabaja ahí el moho le empieza a causar molestias.

Cómo prevenirlo

Las esporas del moho están en todas partes, esperando la humedad para crecer. Prevenir es, casi todo, controlar la humedad.

  • Mide la humedad, no la adivines. Un termohigrómetro digital cuesta poco (está en el botiquín del librero). Para los libros lo recomendable es una humedad relativa entre 30 y 60 %; arriba de 65 %, el moho tiene con qué crecer. Después de un brote, mejor abajo de 55 %.
  • Que no cambie de golpe. Importa tanto como el número que la humedad y la temperatura se mantengan estables. El calor junto con la humedad acelera el moho.
  • Que el aire corra. Un ventilador ayuda. No pegues los libreros a muros que dan al exterior ni guardes libros en el piso: por lo menos a 10 centímetros de altura. Nada de sótanos, cocheras o tapancos.
  • Sacude seguido. El polvo guarda humedad y alimenta al moho.
  • Revisa lo que llega antes de acomodarlo: lotes de bibliotecas particulares, donaciones, cajas que estuvieron en bodega.
  • Cuidado con el plástico: una caja de plástico en un lugar húmedo aumenta el riesgo de moho.
Una consideración editorial

El moho no se muere: se duerme. Aunque un libro quede limpio, las esporas siguen ahí y despiertan en cuanto vuelve la humedad, y la mancha que dejó casi siempre se queda. Por eso la reparación de fondo se hace en el cuarto, más que en el libro. En una librería conviene además hacer una cuenta con calma: si el título se consigue de nuevo, muchas veces sale más barato reponerlo que tratarlo. El tiempo, y el restaurador si hace falta, son para los que no se pueden reponer: el ejemplar raro, la edición agotada, el libro con dedicatoria.

Complementa la ficha 0, «Libros mojados»: el moho es lo que aparece cuando un libro no se secó a tiempo. Recomendaciones basadas en instituciones especializadas en conservación documental: Northeast Document Conservation Center (NEDCC), «Emergency Salvage of Moldy Books and Paper», hoja de preservación 3.8; NEDCC, «Temperature, Relative Humidity, Light, and Air Quality: Basic Guidelines for Preservation», hoja de preservación 2.1; National Park Service, «Mold: Prevention of Growth in Museum Collections», Conserve O Gram 3/4, agosto de 2007; Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, «If Mold is Present», guía Salvaging Wet Collections; Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, «It Grows in the Damp: Treating Mold in Collections», marzo de 2026; Canadian Conservation Institute, «Mould Outbreak – An Immediate Response»; The National Archives (Reino Unido), «Mould in archive collections»; Biblioteca Nacional de España, «Factores que afectan la preservación de los materiales tradicionales de bibliotecas y archivos», mayo de 2020. Revisada el 20 de octubre de 2026.
Cómo citar: Instituto del Libro y la Lectura (ILLAC), «Hongos y humedad», El cuidado del libro, ficha 1. https://illac.mx/cuidado-hongos-y-humedad.html
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