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Quehacer Editorial · núm. 23 · Consideraciones de hogaño y antaño sobre los libros

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23 Consideraciones de hogaño y antaño sobre los libros

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23 Director general

Alejandro Zenker

alejandro.zenker@solareditores.com Consejo Editorial Presidente: Camilo Ayala Ochoa Alejandro Zenker Arturo Ahmed Romero Carlos Anaya Rosique César Augusto Pérez Gamboa Mauricio López Valdés Jesús R. Anaya Rosique Cuidado editorial Elizabeth González

Juan Domingo Argüelles Lourdes Epstein Margarita Sologuren† Virginia Krasniansky Sofía de la Mora Xiluén Zenker Coordinación editorial Xiluén Zenker

Formación y tipografía Rosa Virginia Cruz Cruz Viñeta de portada: Camilo Ayala Ochoa Las citas de las falsas de este número de Quehacer Editorial están tomadas de Elogio y defensa del libro, de Ernesto de la Torre Villar, México, Dirección General de Fomento Editorial, unam, 1990, y corresponden a las páginas 61 y 110. Quehacer editorial es una publicación que surgió en 2002 y se propuso como un foro abierto de información, reflexión, análisis y debate en torno a la edición en una época de rápidos cambios. Desde entonces se ha publicado de manera totalmente independiente. Así pues, Quehacer editorial, la revista que es libro, busca llevar la palabra del autor al lector mediante una reflexión constante sobre las ciencias y artes del libro, así como la opinión del lector a los autores y editores para que la asimilen. Quehacer editorial es una publicación abierta, de análisis y debate, por lo que las opiniones expresadas en sus páginas no reflejan forzosamente las de sus editores, sino las de los autores, únicos responsables de sus artículos. No respondemos por originales no solicitados, pero invitamos a todos los involucrados en el proceso de producción y en el ciclo del libro a enviarnos sus colaboraciones a la dirección quehacereditorial@edicionesdelermitano.com. La versión electrónica de la serie la encuen­­tran en nuestra página www.quehacereditorial.com. Visite también la página www.edicionesdelermitano.com para conocer nuestro catálogo. Publicación realizada en colaboración con el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. (illac). Primera edición, marzo de 2023. © 2023, Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. ISBN: en trámite Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V., Calle 2 número 21, San Pedro de los Pinos, 03800 Ciudad de México. Te­léfono: 55 5515-1657 con 12 líneas. www.solareditores.com Hecho en México/Made in Mexico.

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Contenido número 23

Al filo de la sociedad pospandémica: la cultura en el mundo actual Francisco Prieto 7

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¿Un camino verde para el mundo del libro? Manuel Gil y Bernardo Jaramillo

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Hacia la translinealidad de la cultura editorial Sofía de la Mora Campos y Daniela Páez Jiménez

Libros por la libre. Edición sin isbn ni consignación a librerías: el otro lado del mercado Daniel Zetina 41

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Bucaneros de la tinta y el oro falso de la cultura Santiago Alonso Ayala Espinosa

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La capacitación editorial en México. Una pequeña historia Miguel Ángel Guzmán

85 Esbozo del presente y del futuro en el presente Alejandro Zenker Editar textos bibliográficos del periodo colonial: un recorrido por la historia de la cultura escrita Laurette Godinas 97

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Agonía y esperanza. Las publicaciones del Partido Acción Nacional Camilo Ayala Ochoa

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Aquí tienes, oh lector, este breve compendio sobre las bibliotecas, esto es, sobre los libros. ¿Qué otra cosa más digna hay para los que asiduamente los manejamos? Justo Lipsio, De Biblothecis Syntagma (1602)

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Francisco Prieto Escritor y periodista

Al filo de la sociedad pospandémica: La cultura en el mundo actual

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ace ya muchos años y durante un periodo no demasiado largo, las autoridades de la ciudad nos quitaban la luz, no recuerdo si eran una o dos horas, a las siete de la noche. Una tarde, un amigo pasaba cerca de casa y recordó que el corte no habría de tardar. Se percató de que estaba cercano a mi domicilio, que seguramente hacía mucho tiempo que no hablábamos, y decidió visitarme. Me dio un gustazo reencontrarme con él, antiguo compañero de estudios en la universidad y notable documentalista cinematográfico que había revelado no pocas llagas nacionales de un modo en que la denuncia estaba impregnada de poesía: veía el bosque, pero se detenía en cada árbol. “No hay cosa más cruel que haber levantado monumentos al soldado desconocido —me dijo en una ocasión—. Lo importante son los nombres de cada soldado, de cada una de las víctimas”. Llegó a casa, nos dimos un abrazo por el placer de reunirnos y descorché, antes de que cortaran la luz y anocheciera, una botella de vino tinto. Recuerdo, y es lo único que retengo de aquella conversación, lo primero que me dijo: “Esa oscuridad cotidiana haría a muchos descubrir que la vida está en otra parte y encontrarían una vía interior hacia la luz”. Creo que añadió: “Caerán en la cuenta, más temprano que tarde, de que el apagón los salvó del vacío”. Han pasado muchos años desde aquel encuentro. Retengo lo que fui construyendo con el tiempo, ya que www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

“No hay cosa más cruel que haber levantado monumentos al soldado desconocido. Lo importante son los nombres de cada soldado, de cada una de las víctimas”.

Esa oscuridad cotidiana haría a muchos descubrir que la vida está en otra parte y encontrarían una vía interior hacia la luz.

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Casona dice de Lope de Vega que la falta de soledad afectó su obra, que si hubiese cultivado la soledad, habría dado la obra maestra que no realizó.

Para Cervantes, los fracasos sucesivos hicieron cada vez ­más densa y más connatural la soledad, su soledad, y de aquel pozo insondable nacería el ingenioso hidalgo…

Hay que luchar contra los gigantes que nos amenazan en la forma de esos molinos de viento de una tecnología que pretende someternos a ser sus operarios.

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únicamente en la soledad se producen los hallazgos en verdad importantes. Y evoco aquella obra de Casona sobre Quevedo, El caballero de las espuelas de oro, cuando aquel dice de Lope que la falta de soledad afectó su obra, que si hubiese cultivado la soledad, habría dado la obra maestra que no realizó. Pienso que lo contrario sucedió con Cervantes, para quien los fracasos sucesivos hicieron cada vez más densa y más connatural la soledad, su soledad, y que de aquel pozo insondable nacería el ingenioso hidalgo… Los cuatrocientos golpes, al decir de Truffaut, condenaron a Cervantes a ver en profundidad esencializando así el dolor, volviéndolo sustancia hasta transfigurarlo en sentido radical de la existencia y descubrir entonces la alegría. Se fue curando así de la envidia y los resentimientos; fue, progresivamente, haciendo en sí la paz. Tengo para mí que leer el Quijote es asumir la alegría y el orgullo del derrotado. Don Quijote se vuelve definitivamente humano cuando, viviendo ya su muerte, no reniega de los valores que sirvieran en sus andanzas, pero sí del mal que su idealismo, revestido en no pocos momentos de una especie de sagrada intransigencia, hubiera causado. Su tristeza es, también, la de esos últimos hombres y mujeres que ya están en la última vuelta del camino y que presenciaron la muerte de Dios y el fin de la Utopía. Derrotado el caballero de la triste figura, como a la larga lo somos todos, criaturas con una sola certidumbre, esa de ser seres para la muerte a la que solo consolaría la fe, pero una fe vivida en la caridad, la solidaridad, la mirada puesta en los ojos del otro y de los otros. Como don Quijote, presentimos algunos que es necesario combatir por el restablecimiento de los valores olvidados y por la construcción, paradójicamente, de una humanidad distinta y superior. Hay que luchar contra los gigantes que nos amenazan en la forma de esos molinos de viento de una tecnología que pretende someternos a ser sus operarios, rendidos ante ella y ella a un mundo dominado por la fecundidad del dinero, por la especulación financiera que es deporte de los señoritos satisfechos que han establecido un orden económico y social que de tan www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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racional ha sentado sus reales en la irracionalidad que ya ni siquiera perciben. “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace”, exclamó don Quijote en un contexto análogo. Irracionalidad de vivir compitiendo, de vivir en el miedo del paro, de sometimiento al trabajo y al costo-beneficio que acaban tornándonos impotentes y haciendo en nosotros el desierto, olvidados del dolce far niente, divorciados por ello mismo de la poesía. Y es que la técnica ya ha mucho que no obedece al espíritu, y los seres humanos que han desterrado el ocio de la cotidianidad han quedado condenados a parasitar la existencia sin sentir el tiempo, clavados en el espacio, en un presente perpetuo que remite a la animalidad. Y como nos hiciera entender Ortega, el ser humano no lo fue siempre. Dicho de otro modo: puede tornarse bestia. A diferencia de un mono, de un tigre, de un delfín, que son siempre el primer mono, el primer tigre, el primer delfín, el hombre, mientras permanezca como tal, no será nunca el primer hombre; sencillamente porque es una criatura histórica que carga un pasado y depende de un proyecto. Libertad y humanismo, el sueño de un proceso continuo de diferenciación e integración, de ensimismamiento y alteración. Don Quijote, actuante por los caminos, se retira de vez en cuando para velar armas, para sentir las voces interiores en la Sierra Morena, para contemplar por vez primera el mar cuando llega a Barcelona y descubrir una nueva dimensión de la belleza. Ese don Quijote que no le hace feos al vino ni a los manjares deleitosos de las bodas de Camacho y de la residencia de los duques, que asume, por otro lado, que elegir es renunciar, que el hombre tiene que estar a la altura de sus sueños… y los sueños de don Quijote se han vuelto los de Sancho, los de ustedes y los míos:

Irracionalidad de vivir compitiendo, de vivir en el miedo del paro, de sometimiento al trabajo y al costo-beneficio que acaban tornándonos impotentes.

Los seres humanos que han desterrado el ocio de la cotidianidad han quedado condenados a parasitar la existencia sin sentir el tiempo, clavados en el espacio.

Don Quijote asume que elegir es renunciar, que el hombre tiene que estar a la altura de sus sueños, y sus sueños se han vuelto los de Sancho, los de ustedes y los míos.

¡Ay, no se mueva vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años; porque la mayor locura que pueda hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acawww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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ben que las de la melancolía. Mire, no sea perezoso, sino levántese de esa cama y vámonos al campo vestidos de pastores como tenemos concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora Dulcinea, desencantada que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por yo haber cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuesa merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy será vencedor mañana. La pandemia obligó a que hombres y mujeres se ensimismaran, pusieran orden dentro de sí y, acaso, a que hiciera cada uno la película de su existencia.

La vida interior nos lleva a situarnos en la tribu a la que pertenecemos como la vía real para comunicarnos con aquellos ligados a otra pertenencia.

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Momento sublime este de la transformación de Sancho por la mediación del Quijote y de este en su agonía, por la mediación de Sancho. La pandemia ha superado aquellos cortes de luz que provocaron la alegría de aquel amigo mío porque daba la posibilidad de que en la oscuridad y en silencio, sin televisión ni aparatos de sonido, los hombres y las mujeres se vieran obligados a ensimismarse, a poner orden dentro de sí, de hacer cada quien, acaso, las películas de sus existencias. Meterse en sí para volver al mundo y actuar en él recuperada la esperanza. A diferencia de los apagones, esta larga pandemia, atizada por el miedo, ha conducido a muchos a la depresión y aun a la locura, pero seguramente a otros, ojalá fueran muchos otros, a reencontrar el amor a la vida. De cualquier modo, ha obligado a unos y a otros a entrar por la puerta estrecha. La puerta estrecha de la soledad que exige la vida interior para sobrevivir. Y la vida interior nos lleva, irremediablemente, a situarnos en la tribu a la que pertenecemos como la vía real para comunicarnos con aquellos ligados a otra pertenencia. Me explico: Arrojados en el mundo, cada quien se siente perdido entre las cosas y entre los hombres, lo que lleva a meterse dentro de sí para repensar el mundo. Repensar el mundo exige aproximarse al ser que podemos ser. He aquí cuando la lectura se vuelve la vía real para descifrar el laberinto interior. Esta tarea es ardua, y nada como apoyarnos en www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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seres que sentimos próximos y que nos ayudan a salir de nosotros seducidos por existencias que nos iluminan el cuarto oscuro que nos habita. La lectura nos ofrece senderos para decodificar el mundo, para soñar proyectos de nosotros, para, sabiendo que no estamos solos, atrevernos a ensayar un nombre, a iniciar la construcción de una personalidad. Esos ensayos de ser alguien, con sus aciertos y sus fracasos, para irnos determinando en el comercio con los seres que experimentamos como prójimos. Encontrar a un autor amado, leer uno y otro de sus libros, dejarnos conducir a otros autores amados por él, hacer en nosotros sus simpatías y sus antipatías es el alimento nutricio para afirmarnos en el escenario del mundo. La ruta para la construcción del yo, el progresivo encuentro del nosotros y concienciar, finalmente, que la buena convivencia exige el entendimiento del otro, de los otros y de lo otro. La pandemia ha llevado a muchos a repensar el mundo, a hacer un alto en el camino, a desatar el impulso uliseico. “Feliz que quien, como Ulises —escribió Du Bellay—, ha hecho un bello viaje.” Un viaje al interior de sí mismo, a buscar penetrar los secretos de los seres que queremos amar, a los que amamos acaso sin darnos plenamente cuenta. El silencio lleva a la palabra y esta termina en el silencio. Qué difícil compartir con los seres de nuestro entorno inmediato los sonidos del silencio, qué ardua y necesaria la traducción en palabras que nos vincule con un lazo vital. Pienso que esta pandemia ha reforzado mi convicción de que la misión fundamental de la escuela consiste en que niños y adolescentes aprendan a deletrear su interior, a encontrar su familia adoptiva en las artes, las correspondencias entre sus poetas y narradores amados con sus músicos, pintores y cineastas preferidos que han venido siendo una vía para construirse a sí mismos. Y pienso también que cuando a mis cuarenta años, ya tan lejanos, cuando me sentí dueño de mí mismo, me di cuenta de que quién sabe qué hubiera sido de mí sin haberme dejado habitar por Cervantes, por Shakespeare, por Baroja; por Schubert y Chopin y Bruckner; www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

La lectura nos ofrece senderos para decodificar el mundo, para soñar proyectos de nosotros, para atrevernos a ensayar un nombre, a iniciar la construcción de una personalidad.

La misión fundamental de la escuela consiste en que niños y adolescentes aprendan a deletrear su interior, a encontrar su familia adoptiva en las artes.

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por las imágenes de Bergman y de Buñuel y de Truffaut y los misterios profundos de la pintura negra de Goya. Haber hecho el camino de la Cruz junto al personaje de Rulfo que carga a su hijo moribundo y oye, de pronto, que están ladrando los perros. Dichosos los que, en medio de la pandemia, repararon en que, tal vez, la vida, su vida, estaba en otra parte.

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Manuel Gil Bernardo Jaramillo

¿Un camino verde para el mundo del libro?

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ambio climático. Descarbonización. Energías alternativas. En estas épocas, es cada vez más frecuente oír hablar del asunto. Voces que alertan sobre el 2030. Otras, más optimistas, sobre el 2050. Todas presionan para que nuestras sociedades tomen conciencia de lo que está ocurriendo en el planeta y se aceleren las necesarias transformaciones en los modos de producir y consumir bienes y servicios. Las responsabilidades y los desafíos no son solo para las industrias o las actividades económicas vinculadas al mundo del petróleo o del carbón. El uso de estas fuentes de energía ha sido señalado como el culpable central de la crisis que hoy vive el mundo y que la multilateralidad intenta enfrentar. Sin embargo, hay que hacer conciencia de que toda actividad productiva, los múltiples modos de producir, distribuir y consumir bienes y servicios aportan su grano a la progresiva destrucción del planeta. Por eso, de manera creciente e imperativa, los sectores productivos en general empiezan a mirar con otros ojos el discurso científico, las alarmas de los ambientalistas y el apremio por políticas públicas que hagan viables los cambios y obliguen a empresas y consumidores a actuar de manera responsable. En las últimas décadas se han emprendido, tanto desde la política pública como desde la búsqueda de procesos productivos más “limpios”, diversas acciones vinculadas a estrategias de mercadeo y diferenciación de los productos como una forma de atraer a un segmento de consumidores más educados y con mayor conciencia y compromiso www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Urge que nuestras sociedades tomen conciencia de lo que ocurre en el planeta y se aceleren las necesarias transformaciones en los modos de producir y consumir bienes y servicios.

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Los niños que hoy ingresan al sistema escolar reciben una formación que está perfilando consumidores muy distintos para el futuro próximo.

El mundo del libro tiene que empezar a transitar un camino verde en todas las etapas de la cadena de valor.

con el futuro del planeta. Buena parte de esas acciones se etiquetaban como responsabilidad social empresarial y no pasaban de servir para mejorar la imagen corporativa en los elegantes informes anuales de sostenibilidad. Hoy, el asunto tiende a otras miras. Las nuevas generaciones de consumidores, más educadas y escolarizadas, con mayor acceso a información, tienen la capacidad y el interés de demandar medidas más contundentes desde las actividades económicas que les ofrecen sus productos. El peso político de los movimientos ecologistas liderados por jóvenes es cada vez más fuerte en nuestros países. Además, los niños y las niñas que hoy ingresan al sistema escolar reciben una formación que necesariamente está perfilando consumidores muy distintos para el futuro próximo. Por estas razones, el mundo del libro tiene que empezar a transitar un camino verde en todas las etapas de la cadena de valor. Da igual si se habla de libros de papel o electrónicos; si se trata de comercio en librerías o de comercio electrónico de libros impresos o de comercio de contenidos digitales. Nuestra huella de carbono es innegable y nos sorprenderíamos si empezáramos a medir cada uno de los pasos desde la aceptación de un original en una editorial hasta que el libro resultante llega a manos del lector. La edición y el libro en su totalidad deben asumir la transición ecológica y la descarbonización como un problema crítico de supervivencia y competitividad ante la sensibilización de la sociedad. A comienzos de 2020, Ipsos presentó los resultados de un estudio en 28 países (incluidos Argentina, Chile, España, México y Perú) sobre los cambios en los patrones de consumo frente al cambo climático. Las respuestas son interesantes: ©

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69% de los encuestados manifestó haber realizado algún cambio. • En México y Chile ese porcentaje se incrementó a 86%; Perú 84%; España 76%, y Argentina 66%. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Los cambios más notables han sido: • 60% en el uso del agua. • 57% reciclaje de productos. • 55% uso de la energía. • 50% reutilización de productos. • 46% alimentos que se adquieren. • 41% utensilios domésticos. • 32% tipo de energía de uso doméstico. • 31% tipo de tecnologías de uso doméstico. Otras actividades, como el transporte, los viajes y el consumo de ropa, tienen porcentajes menores de participación, pero es evidente que ganan importancia cada día.

A la vuelta de pocos años, esa lista de actividades de consumo que se están transformando como reacción al cambio climático necesariamente irá creciendo y no sorprenderá que empiecen a aparecer muchas de las actividades vinculadas a la educación, la cultura y el entretenimiento. Una de las enseñanzas que nos dejó la pandemia es el incremento del interés de los consumidores por la sostenibilidad.1 Todos los informes2 coinciden en que actualmente esta preocupación influye en el comportamiento del consumidor en más de la mitad de la población: 53% del conjunto general de la población y 57% del grupo de edad entre 18 y 24 años se ha pasado a marcas menos conocidas, pero que son sostenibles. Más de la mitad de los consumidores (52%) afirma tener una conexión emocional con productos o empresas que perciben como sostenibles. El 64% asegura que comprar productos sostenibles les hace sentir contentos

La pandemia dejó un incremento del interés de los consumidores por la sosteni­bilidad. Esta preocupación influye en su comportamiento en más de la mitad de la población.

bbva , “La sostenibilidad como principal criterio para el consumo pos covid-19, 29 de abril de 2022, https://www.bbva.com/es/ sostenibilidad/la-sostenibilidad-como-principal-criterio-para-el-consumo-pos-covid-19/ 2 Capgemini, “Investigación: Cómo está cambiando la sostenibilidad las preferencias de los consumidores”, 8 de julio de 2020, https:// www.capgemini.com/es-es/news/investigacion-como-esta-cambiando-la-sostenibilidad-las-preferencias-de-los-consumidores/ 1

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con sus compras (cifra que llega hasta 72% en el grupo de edad de 25-35 años). La industria del libro está, entonces, a tiempo para emprender esa transición hacia una industria más limpia y amigable con el ambiente.

¿Cuán limpia No es un secreto que las industrias del libro contaminan. es la industria Todo el mundo lo sabe, incluida la propia industria. Casi del libro? desde su origen, la industria editorial tradicional se ha basa-

La industria editorial no debería seguir pensando en términos de beneficios privados y de riesgos socializados.

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do en un modelo de producción ligado, inevitablemente, a procesos cuyo impacto ambiental fue, en su momento, tolerable, porque no había opciones, pero que hoy deben ser repensados y apostar por soluciones no solo sostenibles —que sería lo más sencillo—, sino reusables, y globales, que abarquen toda la cadena de valor del mundo del libro como un flujo que comience y acabe en el mismo punto, el de la reutilización de los materiales inicialmente empleados. En economía se describe como “coste de las ineficiencias” lo que ahora presenta el sector editorial, y ya no es asumible ni económica, ni ecológica, ni socialmente. En cualquiera de los casos, el problema que se observa es el de la sobreproducción, y para equilibrar el cruce entre las curvas de oferta y demanda hay que desincentivar la producción. El que la ineficiencia sea barata conlleva que la edición genere economías de escala a costa del impacto medioambiental. Vender antes de editar con impresión bajo demanda ayudaría mucho en el proceso. La industria editorial —como todas las industrias, en realidad— no debería seguir pensando en términos de beneficios privados y de riesgos socializados. El impacto, por ejemplo, de un modelo de distribución basado en tiradas, con un movimiento de abastecimiento y devolución continuo de millones de libros, en un ir y venir sin razón alguna, genera ineficiencias económicas y daños ambientales que solo se sostienen porque nadie se atreve a romper con el modelo tradicional, no porque no se hayan dado cuenta de que no cabe seguir mandando y recogiendo libros sin tasa www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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ni tregua. Y otro tanto se puede decir de la manera en que piensan la tirada de un libro los editores, que en su mayoría siguen creyendo que una producción por debajo de unos cuantos miles de unidades no es otra cosa que una forma de edición clandestina, porque seguramente no quieren entender que la era de las tiradas masivas e indiscriminadas se ha acabado porque no es eficiente para nadie. La gestión digital de nuestros contenidos editoriales traerá, quizá, cierta racionalización a nuestros procedimientos tradicionales. Y no me refiero a la edición de contenidos en formato digital, sino a abrazar de manera decidida la edición bajo demanda y la impresión de unos pocos ejemplares que hoy la tecnología permite con independencia del tamaño del editor. No parece que en España la industria editorial, la distribución y la comercialización del libro se hayan tomado todavía muy en serio el enorme impacto de su trabajo en el ambiente. En esto no somos más originales que otros oficios y otras industrias que viven la economía como si fuera un universo aparte de aquel de donde extraen los recursos y los devuelven convertidos en basura o en —utilizando el eufemismo habitual— costes externalizados, externalidades, cosas que no tienen precio porque nos son dadas naturalmente. Durante dos siglos hemos creído que se pueden capitalizar los beneficios y socializar los perjuicios, porque hemos entendido nuestras prácticas económicas como ajenas al mundo del que formamos indefectiblemente parte. El problema surge al observar la interdependencia de los eslabones de la cadena de valor del libro: o se hace un proyecto global o las iniciativas de una industria en particular tienen poco desarrollo. Y ahora ha llegado el momento de enfrentar el reto. El asunto es tan urgente que ya se comienza a reflexionar sobre la idea de incluir una “ecotasa” a la producción editorial, lo que en economía se denomina “externalidades negativas” (costes ambientales y sociales no repercutidos), que consisten en que el que contamina no paga y el que sufre los daños no obtiene compensación, es la www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Abrazar de manera decidida la edición bajo demanda traerá, quizá, cierta racionalización a nuestros procedimien­tos.

Las industrias viven la economía como si fuera un universo aparte de aquel de donde extraen los recursos.

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tesis de uno de los mejores libros que hemos leído sobre el tema:3 Una lección importante que se deriva de la ciencia económica es que los mercados no regulados difícilmente pueden lidiar con las externalidades negativas de manera eficiente. En este caso, los mercados no regulados conllevan una excesiva emisión de CO2 u otros gei, puesto que no se exige un pago por los daños causados. No hay señal más efectiva para lograrlo que aumentar el precio de contaminar.

La conclusión es obvia: cuando se produce un libro se genera CO2, y por tanto habría que llevar al precio esta externalidad como mecanismo de mitigación de emisiones contaminantes. Quizá no se tarde mucho en observar que el precio que se paga por los libros —y por casi todos los productos que se producen—, más pronto que tarde, deberá reflejar los costes de producción, incluida esta externalidad negativa: los libros deberán subir de precio para reflejar este tema.

Ecoedición y sostenibilidad

La ecoedición es una forma innovadora de gestionar las publicaciones según estrictos principios de sostenibilidad y protección del medio que nos permiten minimizar el impacto ambiental del libro y conseguir ahorros a partir de la aplicación de buenas prácticas que afectan a todo el ciclo de vida de la publicación: desde la decisión de sacarlo a la luz o no, el ecoediseño, la impresión, la distribución, etcétera. La ecoedición recomienda adoptar las mejores técnicas disponibles y las mejores prácticas ambientales en todas las fases del producto y sobre las materias primas empleadas, la impresión, la encuadernación, el formato, etc. Hablamos de un reto de enorme envergadura que se debe afrontar ya, tanto por el propio convencimiento de la industria como 3

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William Nordhaus, El casino del clima, Barcelona, Deusto, 2019. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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por la presión de los consumidores, enormemente sensibilizados con los temas de “cambio climático”, sostenibilidad, reciclaje, consumo responsable y economía circular. Además de calcular el impacto ambiental de cada libro, hay que comunicar los ahorros alcanzados en una mochila ecológica o etiqueta que debemos imprimir en todos los ejemplares. Que una editorial suprima el plastificado o edite bajo sellos de bosques certificados y con trazabilidad, o que para las cubiertas utilice cartón reciclado, es solo el comienzo, nunca el punto de llegada, porque no es suficiente. Si la industria del libro abraza la ecoedición, sin olvidar que no es solo editar con papel de bosques con cadena de trazabilidad y custodia, será más sostenible desde todos los puntos de vista que la cacharrería digital. Pero abrazar la ecoedición y el objetivo de neutralidad en huella de carbono es complejo, aunque no imposible. No solo hay que medir lo que se contamina, sino publicarlo y compensarlo, y definir planes de mitigación. Una respuesta global de la industria del libro le permitiría enarbolar valores muy importantes para muchos lectores y compradores de libros, y también de cara a los poderes públicos, que deberían ya incorporar elementos de sostenibilidad a las licitaciones y a la sociedad en su conjunto.

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Que una editorial suprima el plastificado o edite bajo sellos de bosques certificados y con trazabilidad, o que para las cubiertas utilice cartón reciclado, es solo el comienzo.

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Mochila o Es tiempo de empezar a pedir a las editoriales que incorpoetiqueta ren información precisa, en los créditos del libro, sobre los ecológica consumos energéticos y combustibles que su publicación

ha producido. Este tipo de etiquetado muestra la huella de carbono generada y los gei (gases de efecto invernadero) emitidos a la atmósfera a lo largo del ciclo de vida de un producto (kgCO2e). La idea de su cálculo es la siguiente: conocer la carga ambiental de un producto en términos de su contribución al cg (calentamiento global), establecer valores objetivo, evaluar las reducciones de emisiones de gei y comunicar la huella de carbono a todos elementos de la cadena de valor y, por supuesto, a los lectores.

El etiquetado ecológico no debe verse como mero marketing, sino como un auténtico compromiso de la edición con el medio ambiente.

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En los mercados de consumo en España comienza ya a aparecer este tipo de etiquetado, aunque en materia de edición resulta totalmente desconocido e inusual, pero parece evidente que habrá que prepararse para ello en un plazo muy corto, entre otras cosas por la exigencia de los consumidores de libros y revistas, de manera que el lector pueda adquirir libros de determinada editorial que hace de la ecoedición un parámetro en cuanto a consumo responsable y sostenible. No debe verse esto como una mera etiqueta de marketing, sino como un auténtico compromiso de la edición con el medio ambiente. Conocer, como consumidores y lectores, la cantidad de dióxido de carbono (CO2) emitida durante la fabricación, transporte e incluso www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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destrucción de libros será importante en muy corto plazo. Mitigar las consecuencias del cambio climático es deber de todos, también de la edición. Sin desarrollo sostenible no hay futuro. Esto implica repensar nuestra manera de vivir, cómo hacemos las cosas y aceptar nuestra responsabilidad respecto a las generaciones venideras. Sin duda, es un reto complejo, pero no imposible.4 Al día de hoy se observa que el problema ya lo contemplan los grandes grupos editoriales. Tanto Planeta como Penguin Random House están ya editando con papel de bosques certificados y con los sellos de trazabilidad fsc (Consejo de la Administración Forestal) y pefc (Sistema Paneuropeo de Certificación Forestal). Pero hay que ir más allá, y para ver avances hay que observar alguna pequeña editorial, como Errata Naturae o Pol-len, lo más avanzado en esta materia; en ambos casos correlacionan ecoedición con sostenibilidad y ods (Objetivos de Desarrollo Sostenible). Por otro lado, las librerías españolas abordaron el problema de las tiendas verdes en el Congreso de Málaga de 2020, siguiendo el ejemplo de las librerías del Reino Unido (proyecto Green Bookselling) y han publicado un útil texto sobre diagnóstico medioambiental de las librerías.

Desde un punto de vista ambientalmente responsable, pensemos lo que supone la circulación de cientos de furgonetas de gasóleo que entregan paquetitos de uno o dos libros por nuestras ciudades y que contaminan a destajo. Es socialmente indefendible. Y, de momento, no parece que las flotas de vehículos industriales eléctricos vayan a llegar mañana. Entonces, es obvio que el supuesto ahorro en el precio del producto (aunque solo sea por costes de transacción) se acaba gastando en términos de embalaje, desplazamiento de vehículos y combustible, con la consi-

Sin desarrollo sostenible no hay futuro.

A mayor comercio electrónico, crece nuestra huella de carbono

Junta de Andalucía, Manual de ecoedición, https://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal/landing-page-%C3%ADndice/-/asset_publisher/zX2ouZa4r1Rf/content/manual-de-ecoedici-c3-b3n/20151 4

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guiente huella de carbono y los gases de efecto invernadero que se producen. El crecimiento de la compra online, papel y digital, es imparable, y los datos de cierre de 2020 apuntan ya a un porcentaje de 25%. Esto pone de manifiesto que incluso para vender papel hay que ser digital. Lo que parece evidente es que el comercio electrónico no es nada verde y que supone un coste ambiental muy alto. Pensemos en un transporte multimodal: avión, camión en carretera, furgoneta de reparto en la ciudad en hora punta y que no son eléctricos, etc. Observo una loca carrera de entregar cada vez más rápido, ya no hablamos de “compra hoy y recibe mañana”, estamos ante un delirio de “compra ahora y recibe en una hora”. De seguir así, llegaremos a “compre hoy que recibirá ayer”. Pensemos también en el tema de los desechos: cartón de embalaje, plástico, etiquetaje, etc., y que es habitual que en una compra de varios productos el envío sea fragmentado en varios viajes. La última milla (de las entregas) no es nada verde, todo lo contrario. ¿Tiene el mismo coste medioambiental entregar un paquete de 25 libros a una librería que suministrar esos 25 libros al mismo número de clientes en diferentes zonas de la ciudad?, ¿es la velocidad de entrega el parámetro que define la calidad de una librería?, ¿somos conscientes del impacto de la compra en dos clics y la entrega en una hora?

La economía digital no es nada ecológica

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Ni el papel, ni lo digital, ni internet son tecnologías limpias, ni verdes, ni inocuas. En la comparación de una edición en papel más limpia con una ecoedición, lo digital e internet pierden por goleada. Si nos planteamos el problema desde un punto ambientalmente sostenible hay que ser justos al reconocer que no son tecnologías respetuosas del medio ambiente. ¿Es más ecológico internet y lo digital que el papel (entendido como ecoedición)? Somos defensores del mundo digital, pero las tecnologías que sustentan internet no son limpias. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Un monitor, probablemente fabricado en China, contiene zinc, plata, cobre, níquel y bismuto, además de otros cuatro mil componentes químicos. Se transporta en avión o en contenedores marítimos, cuyo impacto no suele ser nada pequeño. Dichos materiales, después de dos o tres años de uso —pues vienen con obsolescencia programada—, acaban en cementerios electrónicos, basureros irrecuperables que contaminan lejos de nuestras conciencias. Por lo tanto, es una falacia que los libros electrónicos sean más verdes que los libros de papel: en la fabricación de los soportes digitales se usan metales pesados y minerales de dudosa procedencia, sin trazabilidad alguna, que nunca serán reciclados y que acabarán siendo desguazados al otro lado del mundo. No es claro, entonces, que lo digital sea más verde y limpio que el papel. La irrupción de lo digital es un avance importantísimo, pero, al igual que la industria del libro en papel, tiene un amplio recorrido por hacer en materia de ecoedición. Encontrar caminos hacia una ecología de internet y lo digital parece importante, pese a que ahora mismo el avance hacia un internet limpio e inocuo no parece un horizonte a la vista. Tanto el papel como lo digital tienen mucho campo de mejora. Como consumidores, hay que apelar a la responsabilidad respecto a la adquisición en cualquiera de los formatos, y la presión sobre las empresas debe ser continua. Hay que huir de dogmatismos al contemplar la dicotomía papel/digital a la que algunos quieren llevar a la industria; en cualquiera de los casos, la sostenibilidad debe ser objeto de reflexión permanente.

Hoja de ruta de una transición Calcular y auditar regularmente nuestras emisioverde

La propuesta que parece más razonable implementar por las empresas del libro debe pasar por la mayoría de estas líneas: •

nes de carbono con estudios de auditorías anuales independientes y fiables. Comunicar nuestros resultados e implementar planes de reducción.

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• Encontrar caminos hacia una ecología de internet y lo digital parece importante, pese a que ahora mismo el avance hacia un internet limpio e inocuo no parece un horizonte a la vista.

• •

Colocar etiquetas (mochilas) de ecoedición en los créditos de los libros o, si se prefiere, en la contra de cada ejemplar. Trabajar únicamente con proveedores que tengan certificaciones medioambientales y compartan nuestros valores. Incrementar nuestra utilización de papel reciclado o certificado, con el sello pefc o fsc de preferencia. Poner en marcha ante la sociedad civil una campaña de sensibilización sobre el tema explicando los avances en sostenibilidad de la industria del libro. Compartir nuestras conclusiones y competencias con los diferentes actores del mundo editorial. Colaborar con entidades públicas y privadas que promuevan acciones con un beneficio socioambiental. Constituir un grupo de trabajo del sector para desarrollar un proyecto estratégico de ecoedición y sostenibilidad.

La adhesión a un proyecto de ecoedicion y la digitalización serán las dos premisas fundamentales de la edición en los próximos años. Mostrar a la sociedad preocupación y respeto por el medio ambiente e interés por la ecoedición se enmarca en un proyecto de rsc (responsabilidad social corporativa). Una parte importante de la sostenibilidad editorial, tanto económica como ambiental, y la reconstrucción de las industrias del libro pasará inevitablemente por estos ejes.

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Sofía de la Mora Campos Daniela Páez Jiménez

Hacia la translinealidad de la cultura editorial

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n el escenario social que vivimos y que aún estamos por comprender, la metamorfosis tiene un papel fundamental para expandir la realidad, nuestro pensamiento. Para Deleuze y Guattari, cada transformación creativa es un “devenir-otro”, de tal manera que nuestra identidad no es algo sólido y rígido, sino fluido y flexible. Somos el devenir y, por eso, somos capaces de transformaciones en nuevas direcciones, de traspasar límites, de ascender a nuevas cimas.1 Antes de la pandemia por covid-19, ya se daban discusiones en torno a la reconfiguración de los lectores como sujetos 360°, encaminadas hacia la apertura y el fomento de nuevas narrativas en diferentes soportes, así como a la apropiación de espacios físicos para involucrar otras maneras académicas, profesionales y artísticas de acercar contenidos. Pero, la presencialidad se vio trastocada ante la era de lo híbrido, de las multiplataformas, los multisoportes y la pantallización, que ponderaron los recursos e incentivaron las reflexiones personales. Atravesados por este contexto, después de más de una década para la concepción y difusión de voces interlineadas, se despliegan hacia lo audiovisual, lo multimedia, lo líquido, lo multirreferencial, para conectar tejidos translineados en consulta, preservación e investigación para la producción

Somos el devenir y, por eso, somos capaces de transformaciones en nuevas direcciones, de traspasar límites, de ascender a nuevas cimas.

Aldo Civico, “Metamorfosis”, El Espectador, 16 de agosto de 2022, Colombia: https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/ aldo-civico/metamorfosis/ 1

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La cultura editorial demanda cambios en herramientas y técnicas metodo­lógicas para interconectar la linealidad con la translinealidad.

de contenidos. En este entorno, la cultura editorial demanda significativos cambios en herramientas y técnicas metodológicas que permitan, desde la disciplina de la comunicación, sentar las bases para interconectar la linealidad con la translinealidad de los conceptos, significados y sentidos del libro y la lectura. Observar y recorrer más allá de los interlineados, reconocer e integrar diferentes comunidades lectoras, promover la inter, multi y transdisciplina para fomentar un sistema de inmersión en el análisis y el diálogo que acompañe la investigación-producción, desde la necesaria historia hasta la inminente vinculación multimodal, permite que se coloquen piezas de nuestra realidad en constante cambio de paradigma, en procesos y discursos del libro y la lectura. Los procesos metodológicos de investigación-producción se dan en la acción y son consecuencia natural del desarrollo de formas tecnológicas de comunicación devenidas en diferentes lenguajes. Las normas que rigen esos lenguajes muchas veces son resultado de procesos intuitivos como el que decantó desde sus inicios lo cinematográfico, donde se recopilaban avances tecnológicos, físicos y artísticos para conformarse como un medio multidimensional.2

Las normas que rigen los lenguajes tecnológicos de comunicación son resultado de procesos intuitivos.

El presente texto, como primeros apuntes que recopilan décadas de investigación de la cultura editorial, recorre aspectos de la historia, así como de la observación y análisis sobre la linealidad de las cadenas de producción que evidencian la interlínea de quienes ocupan esos blancos y sustentan un escenario para conceptualizar lo translineal. El juego de paralelismos y engranajes admite acreditar la perspectiva expansiva del pensamiento que da pie a anclar elementos constitutivos del discurso, de los procesos del pensamiento, Elías Levin Rojo et al., “Investigación y convergencia en el campo de la comunicación social”, en Congreso 2009. División de Ciencias Sociales y Humanidades. Lo que somos, lo que hacemos y hacia dónde vamos, México, uam-Xochimilco, 2009, p. 5. 2

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así como de los actores y agentes como cuerpos vivos, en movimiento, de lo sembrado que permite paisajes de ecosistemas que ofrecen distintas formas, colores, estructuras, sonidos, letras y lenguajes de la cultura editorial.

El ser humano tiene la necesidad de escuchar, leer, hablar y escribir para transmitir ideas, emociones y pensamientos que le faciliten comunicarse con el otro. La oralidad es el modo de expresión, siempre vigente, que desarrolló infinidad de formas de comunicación por medio de cantos, narración de historias, cuentos y poemas; de allí la gran diversidad de estructuras lingüísticas e idiomáticas. Toda esa memoria ha sido trasladada a diferentes soportes para dejar huella de lo común, lo social y lo cultural que representan la identidad y el sentido de los símbolos y los valores de los que se fueron apropiando para generar conocimiento y dinámicas colectivas. El proceso editorial “se ha conformado a través del desarrollo de actividades específicas que cubren el ciclo del libro: la concepción, la redacción, la producción, la distribución, la lectura. Participan diferentes “actores”: el que escribe el texto, el que lo produce, el que lo distribuye, el que lo lee y muchos otros secundarios.3 Con el paso del tiempo, este proceso comunicativo ha contribuido a la formulación de discursos que reflejan las condiciones humanas desde diferentes perspectivas disciplinarias, como la historia, la política, la sociología y la educación, donde la oralidad, la escritura y la lectura impulsan a los actores y los agentes del libro a los que trasciende como efecto del desarrollo del pensamiento. Reconocerlos como vinculados a procesos y discursos propios de la cultura editorial ha sido el motor para identificar, consul-

Los interlineados de la cultura editorial

Sofía de la Mora Campos, “Reflexiones sobre la problemática del autor”, 3 Foro Departamento de Educación y Comunicación: Comunicación y lenguas, México, uam-Xochimilco, csh, Educación y comunicación, 1996, pp. 64-69. https://publicaciones.xoc.uam.mx/TablaContenidoLibro.php?id_libro=27 3

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Las preguntas de investigación se centran en el autor, los actores y los agentes.

El diálogo y la entrevista son herramientas metodológicas para entretejer a los actores y agentes de la cultura editorial.

tar y reunir información documental, registrar experiencias, recurrir a las miradas y darle sentido a la comunicación oral que encamina hacia la institución de saberes, técnicas, profesiones y conocimientos que forjaron y consolidaron un objeto que trasciende en el tiempo y el espacio. Las preguntas iniciales de investigación, y que siguen siendo motor de ejes de indagación por los cambios de paradigmas, se centran en quién es el autor, quiénes son los actores y quiénes los agentes. Desde esos soportes se construyen los interlineados que permiten reunir y documentar las voces de profesionales y académicos del mundo del libro como un bien cultural, un necesario registro desde la experiencia y la memoria para cuestionar disciplinariamente la construcción del discurso social e ideológico. El diálogo, la conversación, la charla, la entrevista, como herramientas metodológicas son sustanciales para entretejer a los actores y agentes de la cultura editorial; para poner énfasis desde lo personal y colectivo; para analizar, debatir y discutir frente a “oyentes” activos lo que impulsa la difusión del conocimiento y la generación de recursos informativos, periodísticos y de conservación documental que contribuyan a la vida profesional y académica de los individuos en comunidad y, con ello, a la cultura editorial. Los procesos creativos, la conexión con métodos cualitativos o cuantitativos y el uso de géneros discursivos privilegian la difusión de contenidos para promover la comunicación como eje transversal de construcción colectiva: fomentar la identificación, integración, visualización de comunidades alrededor del mundo del libro y la lectura: “A partir de ahí la producción comunicativa incorpora espacios de respuesta y análisis de una amplia diversidad de temas y perspectivas”.4 Sofía de la Mora Campos, “Cultura editorial, Interlínea: proyecto radiofónico”, en Anuario de Investigación 2012, México, uam-Xochimilco, csh, Educación y comunicación. 2012, p. 122. https://publicaciones.xoc. uam.mx/TablaContenidoLibro.php?id_libro=418 4

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La investigación-producción comunicativa promueve resultados para encontrar nuevas rutas de análisis hacia la circulación de ideas y posturas de actores y agentes, en un proceso social del conocimiento. La herramienta del libro como producto que fomenta la lectura y la retroalimentación para el placer, así como para el interés académico y profesional, impulsa el desarrollo de proyectos editoriales y de redes colectivas. Recorrer los interlineados a partir de la recopilación documental en procesos de producción multimedia se ve como un dispositivo de indagación que responde a la innovación tecnológica y a la construcción sociocultural donde escuchar, escribir, reconocer e interpretar el mundo a partir de visiones críticas permite sustentar, argumentar, dialogar, debatir y discutir en torno a la formulación y corporalidad de la cultura editorial.

Los interlineados de la cultura editorial son informantes de lo que sucede, observadores que se han posicionado como agentes dentro de la historia del libro conformada desde la perspectiva metodológica de investigación-producción. Con ello se formula una demanda por preservar el conocimiento a partir de herramientas como la entrevista (desde la oralidad registrada), que permite la producción de soportes documentales (audiovisuales: podcasts, videos), además de la identificación de recursos bibliográficos que citan, entre sus páginas, los procesos del libro y la lectura. El papel discursivo de columnas de opinión o recursos literarios invita a la lectura desde el placer, así como a la búsqueda de datos e información sustancial que permita construir colectivamente espacios multirreferenciales como medios flexibles, permeables y cambiantes desde la identificación de los procesos históricos y los desarrollos tecnológicos hasta la generación de colectividades. ¿Será capaz el ser humano de encontrar, conectar e interpretar esa información? La masificación evidencia los procesos democráticos mediante los cuales tenemos acceso www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Líneas y translíneas

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al conocimiento en una “modernidad líquida”, como la llamó Bauman: Esta modernidad se vuelve “líquida” en el transcurso de una “modernización” obsesiva y compulsiva que se propulsa e intensifica a sí misma, como resultado de la cual, a la manera de líquido —de ahí la elección del término—, ninguna de las etapas consecutivas de la vida social puede mantener su forma durante un tiempo prolongado […] En lugar de las formas en proceso de disolución, y por lo tanto no permanentes, vienen otras que no son menos —si es que no son más— susceptibles a la disolución y por ende igualmente desprovistas de permanencia.5

La cultura en esta modernidad se corresponde con la libertad individual de elección, y su función consiste en asegurar que sea una necesidad y un deber ineludible.

Asimismo, agrega que la cultura en esta modernidad se “corresponde bien con la libertad individual de elección, y su función consiste en asegurar que la elección sea y continúe siendo una necesidad y un deber ineludible de la vida”.6 Con ello apela a la responsabilidad del individuo para prever sus elecciones y sus consecuencias. La pandemia por covid-19 propició la bifurcación de medios que tuvieron como soporte la entrevista a actores y agentes, en este caso del mundo del libro y la lectura, así como seminarios, congresos y foros de discusión en diferentes temáticas y perspectivas, que todavía se encuentran en planteamiento y discusión. Este escenario ha contribuido a la conexión con otros países y llevado más allá de las fronteras la información y el conocimiento que fortalecen los lazos culturales. Se observa a través de los espacios en blanco, esos interlineados que preservan documentos que marcan los pasos de la historia, del pensamiento y del conocimiento fijados en diferentes soportes editoriales y mediáticos. Estas circunstancias, que se pueden puntualizar en una línea del tiempo, ponen de manifiesto al ser humano que Zygmunt Bauman, La cultura en el mundo de la modernidad líquida, trad. Lilia Mosconi, México, fce, 2013, p. 17. 6 Z. Bauman, La cultura en el mundo…, op. cit., p. 18. 5

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dejó de prever, de alimentar la rutina, el conformismo, la predicción de lo que sucedería el día de mañana, en un “algo” que no permanece, que se mueve, que genera incertidumbres, la creación de nuevas necesidades de consumo y aprobar lo inmediato, lo fugaz y lo viral. Los medios de comunicación responden como observadores, narradores. En este contexto, nacen construcciones metafóricas y filosóficas de la humanidad, conceptos como transhumanismo y poshumanismo son perspectivas para definir procesos innovadores que impulsan la discusión de las capacidades intelectuales y pragmáticas, así como promueven el mejoramiento tanto físico, intelectual, emocional y moral, a través de las biotecnologías, de la robótica y de la inteligencia artificial.7 El metaverso señala que para crear un mundo propio en una realidad paralela y virtual es necesario interactuar socialmente sin límites físicos ni económicos, así que nos cuestionamos si esa otra realidad transformará los procesos socioculturales del libro. Sin duda creará posibilidades de encuentro y producción de contenidos, como visitar mundos mágicos o imaginarios de la literatura, conversar con autores de hace siglos o con personajes históricos. Sin embargo, esto requiere de apropiación, análisis, debate, reflexión y discusión que den pie a la interconexión de saberes, alcances profesionales, de investigación y de creación, que fijen la transformación constante del paradigma de la cultura editorial y de sus actores, agentes, procesos y discursos, acompañados de procesos comunicativos en los que la tecnología, los soportes, los formatos y los lenguajes tienen un papel central ante las propuestas de ecosistemas impulsado por el constante movimiento y pensamiento humano.

Para crear un mundo propio en una realidad paralela y virtual es necesario interactuar socialmente sin límites físicos ni económicos.

Diego Álvarez Iguácel, “El metaverso y el ideal transhumanista”, La Gaceta de la Iberosfera, 17 de julio de 2022, https://gaceta.es/ideas/ el-metaverso-y-el-ideal-transhumanista-20220717-0835/ 7

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Tramas y urdimbres

“Ser autor es una profesión que no nace con la escritura ni con la publicación, aunque son elementos fundamentales” (De la Mora Campos 1996, 65). Desde la escritura jeroglífica de los egipcios y la cuneiforme de la cultura mesopotámica, una serie de pictogramas que simbolizaban palabras y objetos dio sentido a la manera de tallar, escribir e iluminar en diferentes soportes, como tablillas y cerámica, que desarrollaban los escribanos, lo que se puede considerar como “las primeras palabras de la humanidad”. El autor, como “la fuente para la publicación de un texto es quien logra expresar y promover, en papel y con palabras, las ideas de las diferentes áreas de conocimiento y de expresión social”.8 Diferentes civilizaciones propagaron su sistema de escritura y grabado para preservar la memoria histórica e identidad para las siguientes generaciones de su comunidad: desde dibujos en piedra, la escritura a mano, la imprenta, lo digital y, ahora, la interconexión de redes: Se constata una alternancia entre subsistemas, entre el papel o los soportes tradicionales y las plataformas digitales e interactivas. Las personas combinan medios tradicionales y nuevos medios, dependiendo del contexto social (cultura, valores y creencias), material (formas materiales espaciotemporales y medioambientales) e institucional (instituciones políticas, marco normativo) en el que interactúan.9

En toda esta historia del libro que conocemos hasta la fecha, los actores, en constante movimiento, le dan sentido a los agentes culturales a partir de entretejer el análisis, interpretar y proyectar posibilidades de transmisión y generación de conocimiento, creación de conteS. de la Mora Campos, “Reflexiones sobre la problemática del autor”, op. cit., p. 65. 9 Roberto Igarza, “El libro-pantalla: los contenidos digitales y el futuro de la lectura”, en La sociedad de las cuatro pantallas. Una mirada latinoamericana, Buenos Aires, Ariel (col. Fundación Telefónica), 2011, pp. 81-102. 8

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nido, análisis de datos, circulación y preservación de información en diferentes soportes y medios. Estos convergen y constituyen una comunidad, forman procesos culturales y desarrollan discursos del libro y la lectura que interpolan desde lo histórico, lo social, lo cultural, lo educativo, lo político, lo económico y otras perspectivas disciplinarias que enriquecen los conceptos, las herramientas, las técnicas y los métodos para legitimar la cultura editorial. Los recursos simbólicos y materiales son diversos, según el enfoque disciplinario y contextual, e influyen para comunicar el conocimiento y las experiencias que van dejando huella en la memoria, la difusión, el acceso, y provocan el diálogo con las comunidades, los pares, la sociedad en su conjunto. Desde la aparición de los manuscritos, el libro se posiciona con valores otorgados para los diferentes sectores sociales que componen una población. Recordemos que el acceso y la difusión estaban restringidos a grupos privilegiados por la condición económica, intelectual o por su vinculación a la Iglesia, de ahí la necesidad de considerar las variables que permitan identificar la diversidad de sujetos que interactúan y accionan en el mundo del libro y la lectura. En esta trama aparecen diferentes objetos de observación, análisis e investigación que sustentan la definición de la cultura editorial, de cada actor y proceso, cada agente y discurso, biblioteca, librero, vendedor y promotor; cada distribuidor, lector, lectura y apropiación… Esto promueve la visualización de espacios escondidos, recovecos, distintos ángulos para comprender las prácticas y las construcciones sociales y culturales que dan pie a la investigación de las relaciones de la cultura editorial, un piso indispensable para la comunicación que, a través de diferentes urdimbres disciplinarias y profesionales hacen evidentes los procesos sociales de actores y agentes. Se reconoce la multiplicidad de intervenciones que llevan y entretejen la escritura, la lectura y la comunicación de un contenido editado, la intervención de transformaciones editoriales e intelectuales www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Desde la aparición de los manuscritos, el libro se posiciona con valores otorgados para los diferentes sectores sociales.

El acceso a la cultura y su difusión estaban restringidos a grupos privilegiados por la condición económica, intelectual o por su vinculación a la Iglesia.

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El lector se forta­lece como figura que, además de comprender, es activo al interpretar significados e interpolar los sentidos desde su contexto.

Tejidos y memorias translineales 34

que dan vida y que logran su apropiación en universos socioculturales. El acto de leer revolucionó la historia de la humanidad, puesto que se buscaba la transmisión de información y conocimiento del emisor al receptor. El lector se fortalece como figura que, además de comprender, es activo al interpretar significados e interpolar los sentidos desde su contexto y deseos de contenidos que promueven el diálogo, la discusión, la construcción de redes de conocimiento para circular información, emociones y pensamientos. El libro ocupa un lugar privilegiado en el ecosistema del pensamiento. Es un objeto (físico o digital) que aporta capacidades organizativas para estructurar y dar forma a los códigos de lenguaje que permiten la conservación del pensamiento disciplinario y literario. Las editoriales, las bibliotecas, las librerías y las ferias son otros agentes indispensables que acompañan a los actores como espacios que convocan a la conversación. La línea del tiempo del libro responde a la “era digital”, a condiciones, habilidades, actividades, acciones, procesos y discursos transformadores y participantes de los diversos paradigmas donde las relaciones sociales modifican las dinámicas de comunicación, intercambio de información y, por supuesto, de producción cultural del libro. Responder a estas tramas lleva al análisis desde diferentes puntos de vista, lo que permite trazar un universo de actores y agentes que hacen evidente que el desarrollo tecnológico contribuye a la generación de formatos y soportes, estimulada por las propuestas de contenidos, procesos comunicacionales del conocimiento y de experiencias de lenguaje que resignifiquen el valor, no solo del libro, sino de la lectura, de la interpretación y de la apropiación.

En la historia de las culturas se observa cómo se generó una “separación” entre las escriturales y las no escriturales. No es sino hasta que llegan los griegos cuando se reconoce una construcción del lenguaje y, con ello, la escrituwww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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ra.10 A partir de ahí se van gestando las condiciones sociales de acceso y estandarización educativa que rigen hasta la fecha y marcan accesos sociales diferenciados. Con la invención de la imprenta, en una etapa humanista, se democratiza el acceso al libro y la lectura, y se lleva a cabo la apertura de espacios que los albergaban —bibliotecas—, además de que es visible el crecimiento de los puntos de venta —librerías: “La doble naturaleza del libro, como mercancía y bien cultural, cuyas representaciones simbólicas y comerciales involucran un enfoque disciplinar diverso y enriquecedor, en el que las condiciones socioeconómicas y políticas se traman con las necesidades culturales al definir la circulación y difusión de los textos, además de influir en la recepción de las obras”.11 El libro es medio de comunicación, un objeto que contiene en su esencia los procesos históricos y socioculturales en los que se materializa la transmisión de experiencias y conocimientos. Es un instrumento que da muestra de diferentes herramientas, técnicas y profesionales, para una mediación compleja entre sus actores y agentes que rebasan la linealidad antes percibida del emisor (autor) y el receptor (lector) y colocarse en una traslinealidad de intervenciones a la que hoy estamos haciendo referencia. En este sentido, el libro, la comunicación y las acciones de las relaciones humanas se entrelazan culturalmente a partir de la construcción conceptual que conjuga perspectivas técnicas profesionales y académicas teóricas. Se formula lo “editorial” como primer término que permite integrar acciones y discursos que reflejan la producción del libro, para narrar la experiencia y las relaciones que hacen visibles a sus tres actores principales: autor, editor y lector

En la historia de las culturas se observa cómo se generó una “separación” entre las escriturales y las no escriturales.

El libro con­tiene en su esencia los procesos históricos en los que se materializa la transmisión de experiencias y conocimientos.

E. de la Torre Villar, Breve historia del libro en México, 2.ª ed., México, unam, 1990. 11 F. I. Cervantes Becerril, “Un amigo librero y difusor. La correspondencia de Alfonso Reyes y León Sánchez Cuesta”, en M. Garone et al., El orden de la cultura escrita. Estudios interdisciplinarios sobre inventarios, catálogos y colecciones, México, Gedisa, 2019, p. 198. 10

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y, desde allí, abrir una mirada de 360º que el poshumanismo va empujando. Asimismo, este objeto cultural ha tenido diferentes sentidos y significados que lo colocan desde la contemplación, con una función doctrinal o de prohibiciones, hasta el reconocimiento de ser una memoria colectiva, de narraciones literarias, de la cotidianeidad con una amplia diversidad de géneros, así como del desarrollo de conocimiento desde diferentes disciplinas donde se hace evidente la construcción de poder y autoridad ideológica y cultural. El libro pone la memoria del tejido de diferentes relaciones y observa urdimbres y tramas como nodos interconectados que construyen una semiósfera.

La mente humana no concibe muchas veces que puedan existir pensamientos que contradigan una forma de pensar, de sentir, de concebir el mundo, el hombre, su destino […] tratan de destruir una concepción intelectual y espiritual, no por convencimiento, por el diálogo que siempre se establece entre el autor del libro y el lector, sino mediante el uso de la fuerza de la destrucción de las ideas ajenas.12

Estos procesos culturales los entrelazan quienes han perfilado, en diferentes épocas y circunstancias, el desarrollo que impulsan los cambios de paradigma y conlleva replantear métodos de producción, intercambio, comunicación y difusión de contenidos, formatos y soportes. El libro permite poner la memoria del tejido de diferentes relaciones y, desde esa mirada, observa y fomenta el conjunto de urdimbres y tramas como nodos interconectados que construyen una semiósfera del libro y la lectura, algo que se puede atinar a llamar una bibliósfera. El mecanismo semiótico de la cultura creado por la humanidad está organizado de formas sustancialmente distintas (a los sistemas no semióticos): se adoptan principios estructurales opuestos y alternativos. Sus relaciones, la disposición de estos o aquellos elementos en el campo estructural 12

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que se está formando crean la ordenación estructural que permite hacer del sistema el medio de conservación de la información.13

El mismo Lotman se refiere al término introducido por el biogeoquímico Vladimir Ivanovich Vernadski para entender la semiósfera desde el ámbito biológico, donde todos los grupos vivientes están íntimamente enlazados.14 Desde esta perspectiva se identifican códigos entremezclados que conllevan un flujo de datos, información, objetos, soportes, formas y contenidos que implican un desarrollo cultural transdisciplinario para esta cultura editorial, que si bien por transformaciones tecnológicas de los soportes han modificado las figuras de los actores, sus formas de expresión y profesionalización también han incidido en la apropiación del libro, las prácticas de consumo y los procesos de lectura. La observación e investigación proveen, desde diferentes perspectivas profesionales y académicas, elementos que permiten identificar, por un lado, la actividad editorial en una cadena donde se señala que los principales engranes son la concepción, la redacción, la producción, la distribución y la lectura y, por el otro, el proceso de comunicación, cuyo principal eje de acción es recopilar información de lo que se va manifestando y analizando en seminarios, coloquios y eventos especializados, así como en el transitar de bibliotecas, librerías y ferias. Esto pone de manifiesto la complejidad de planteamientos para el desarrollo de proyectos editoriales donde se articulan perspectivas empresariales y académicas en búsqueda de productos culturales acordes con lineamientos y posiciones afectadas por los contextos, los actores

Los principales engranes de la actividad editorial en una cadena son la concepción, la redacción, la producción, la distribución y la lectura.

Juri M. Lotman y Escuela de Tartu, Semiótica de la cultura, Madrid, Cátedra, 1979, p. 91. 14 Francisco López Cedeño, “Semiósfera: pliegue entre mundo y lenguaje”, Thémata. Revista de Filosofía, núm. 49, enero-junio, 2014, p. 100. doi: 10.12795/themata.2014.i49.10 13

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y los agentes que impulsan un discurso con objetivos de diversa índole.15 Por ello, La comunicación nos habla sobre todo del cómo en claves propositivas o negativas de disponibilidad, opulencia comunicativa, acceso, red, tecnología, conmutación, conectividad, interactividad, inmediatez, ubicuidad, desmaterialización, desespacialización, fragmentación, personalización, programación, autoprogramación […] El mundo ha encogido, pero se ha intricado. En cambio, la cultura nos remite al qué, al quién, al para qué y a los efectos sociales. Nos remite así a contenidos, sentidos, calidad y cualificación de las relaciones humanas, así como de valores añadidos y valores inmateriales.16 La cultura escrita tiende a ver el mundo creado por Dios o por la na­turaleza como un texto y trata de leer la información que este contiene.

Si se traslada esta mirada al proceso de comunicación en el establecimiento de relaciones entre diferentes actores, se reconocen, en la historia del libro, construcciones sociales desde la cultura oral, la cultura escrita y la cultura lectora como ejes transversales. Decía Lotman: “El mundo de la cultura oral está lleno de símbolos”,17 donde lo oral estaba anclado en un alto nivel intelectual, y agrega que la cultura escrita tiende a ver el mundo creado por Dios o por la naturaleza como un texto y trata de leer la información que éste contiene”. Este proceso fue la integración de proyectos de investigación en la uam-x, en diferentes años, para evidenciar la contribución y avance en los elementos que componen la cultura editorial: “Cultura editorial: ¿quién es el autor?”, “Cultura editorial: producción editorial”, “Cultura editorial: actores, agentes y discursos”, así como el producto multimedia: Interlínea: cultura editorial. S. de la Mora Campos, “El libro, el lector y la lectura”, en Departamento de Educación y Comunicación, Anuario de investigación 2003 [cd -rom], México, uam-x, 2004. 16 Ramón Zallo, “La economía de la cultura (y de la comunicación) como objeto de estudio”, Zer: Revista de estudios de comunicación = Komunikazio ikasketen aldizkaria, Universidad del País Vasco, núm. 22, 2007, 220. https://ojs.ehu.eus/index.php/Zer/article/view/ 3682/3314 17 Francisco López, “Semiósfera: pliegue entre mundo y lenguaje”, op. cit., p. 189. 15

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Los cuestionamientos no se responden intrínsecamente, sino que fomentan la revisión, la reflexión y el análisis de los antecedentes que le dan ese sentido al debate sobre la definición y características del libro desde su historicidad, así como su razón de ser, objetivos, alcances, formas y soportes editoriales que tiene un efecto en la trasformación de las relaciones de quienes participan e intervienen desde la creación hasta la lectura, como un círculo infinito virtuoso que parte del reconocimiento histórico de la humanidad atravesado por preceptos sociales para concebir medios y mensajes que integran innovaciones tecnológicas, como los diferentes momentos de la escritura y el libro (piedra, manuscrito, impreso, digital, multimedia). Observar los procesos del libro impreso desde la complejidad de sus estrategias para seguir nutriendo los estantes de bibliotecas, librerías y ferias (como agentes) de documentos físicos y digitales, permite reconocer la multiplicidad de formatos, plataformas, dispositivos electrónicos de productos editoriales como el libro, así como publicaciones periódicas, la prensa y las revistas, que trabajan en la inmediatez, el impacto y la consonancia, considerando el uso y acercamiento a las redes sociales, contenidos audiovisuales que transforman públicos lectores en influencers, followers, booktubers. Se hace evidente ese paralelismo de procesos editoriales y comunicativos que son medios en una amplia propuesta de formatos y soportes por los que corre la difusión, la circulación de la información, la comercialización y, por supuesto, la producción de contenidos. La escritura ha trascendido por la convergencia de letras (palabras-oraciones) e imágenes (iconos-memesgifs-stickers); la edición cumple con su papel de integrar y proponer estrategias de producción física y digital desde el establecimiento de proyectos que dan pie a la autoedición y amplias alternativas emergentes que ponen en juego a las plataformas multimedia y transmediales. La lectura se ha masificado, fragmentado, ha dispuesto de diferentes herramientas para ir y venir entre autores, contenidos, www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Observar los procesos del libro impreso desde la complejidad de sus estrategias para seguir nutriendo, como agentes, de documentos físicos y digitales, permite reconocer la multiplicidad de formatos.

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La era digital pugna por esquemas multimodales, líquidos y sin limitaciones.

soportes y formatos, conexiones que enriquecen al ecosistema editorial y comunicativo. La era digital pugna por esquemas multimodales, líquidos y sin limitaciones, deja entrever explicaciones diligentes e interpretaciones circunstanciales. Esto detalla usos, costumbres, comportamientos, actividades que realizan actores y agentes, pero sin un detenimiento profundo para “teorizar”, sino solo para enumerar lo que escuchamos, leemos y escribimos acerca de las realidades desde un flujo de comunicación bifurcada. En los espacios artísticos y culturales casi siempre se hacen evidentes investigaciones para analizar el discurso del contenido a partir de su realización, no desde su concepción, desde donde nació la idea: El mundo en el que nos movemos, en el que se mueve la mayoría de la humanidad es un mundo confirmado por códigos normalizadores, homogeneizadores, que se valen de ciertos lenguajes que son introyectorios en los procesos de educación general. Creo que cuando uno escribe, no se encuentra frente a la hoja en blanco, eso no es cierto, es al revés: la hoja está llena: de clichés, de esos lenguajes, de esas figuras petrificadas, petrificantes. Lo que tengo que poner es la hoja en blanco.18

La letra, la palabra, la línea, el párrafo, el texto, el interlineado, el margen, la página, la forma, la pregunta, la lectura, la anotación, la réplica… la translinealidad, miradas desde los diferentes nodos que interpretan y contribuyen a la construcción del lenguaje, de la idea, de lo que se intuye, se formaliza y se transmite. Formatos sólidos y líquidos juegan con los opacos y brillantes de los fondos de los contenidos que dejan huella en los continuos cambios de miradas, desde un nosotros, un ellos, hasta lo que hoy vamos reconstruyendo y colocando en un proceso de ficción literaria que es complejo conceptualizar. 18

Jorge Juanes, “El mundo de las ideas”, Interlínea: cultura editorial,

uam Radio, 7 de diciembre de 2015, http://www.interlineaculturaedi-

torial.com.mx/es/el-mundo-de-las-ideas

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Daniel Zetina Editor

Libros por la libre Edición sin isbn ni consignación a librerías: el otro lado del mercado

Para Rocato, hombre de letras

Intentaré una visión personal sobre la mal llamada edición independiente en México; es un ensayo no académico ni intelectual que no demostrará nada, pues solo reflexiono sobre el tema. Es una digresión con argumentos quizás inconclusos, anécdotas, estrategias, mal gusto y buena intención. Humanista moderno, busco la duda y el diálogo en primera persona, no la cátedra, aunque no me libro de la petulancia. Si ser suspicaz es tu caso, aclaro: no me creas nada, comprueba o descarta lo que no tenga sentido para ti. ¿Se pueden hacer libros sin isbn, sin registro en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, sin depósito legal, sin imprimir en China, sin colección, sin loas de la crítica mexicana, sin promoción en medios nacionales? ¿Será delito, pecado, una práctica inmoral o ilegal? ¿Es viable la edición independiente? ¿Se pueden editar libros sin pedir permiso a nadie, sin clubes de Toby editoriales, sin supuestas alianzas y sin dinero del gobierno? Se puede y cada vez se hará más. En muchos casos, es la única opción para que ciertas obras vean la luz, para que el fenómeno de la lectura de algunos libros ocurra. De otro modo, se quedarían inéditos, nunca leídos, yertos, inocuos. No es esta una diatriba en contra de nadie, ni siquiera de los que aún acentúan solo, tampoco de quienes creen con fe ciega en sus maestros ni de los que dicen saberlo todo del www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

¿Se pueden editar libros sin pedir permiso a nadie, sin clubes de Toby editoriales, sin supuestas alianzas y sin dinero del gobierno?

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mundillo editorial. Sea, pues, cada quien libre de opinar y sentirse editor consumado. Yo no lo soy, pero hablo porque puedo y tengo libertad de hacerlo.

Los escritores de hoy

¿Por qué deberíamos limitar nuestra expresión solo porque no haya quien valide o valore un escrito (discurso)?

Sin entrar en causas históricas o sociales, en México se escribe más que nunca. Hay programas que lo promueven en personas que no son escritores: talleres, cursos, diplomados, licenciaturas y todo tipo de productos que se ofertan en nuestra capitalista y decadente sociedad. Antes que cualquier malsana opinión, está el derecho a la libertad de expresión, consagrada en los artículos 6.o y 7.o de la Constitución. Cualquiera puede decir cualquier cosa en México y expresarlo por cualquier medio para que su mensaje llegue a cualquier público que lo lea, gratis o mediante la venta de ejemplares (también hay libertad de comercio). El gobierno mexicano nos recuerda: “Nadie tiene el derecho de prohibir o limitar mi libertad de expresión”.1 ¿Por qué deberíamos limitar nuestra expresión solo porque no haya quien valide o valore un escrito (discurso)? Aquí hay una reflexión abierta. Y no digo que deba de haber más libros, sino que hay más cada día. Muchos editores buscan censurar obras y aspiran a la posibilidad de prohibir o quemar los libros que se hacen por lo bajo, en los callejones y en los bajopuentes de las letras mexicanas, quieren que se imponga alguno de los discursos vigentes, en especial el gubernamental, el académico, el intelectual, o ya de plano el de la gente blanca, cuando no meramente de los whitexicans. No te ofendas, lector de color ambiguo, porque, como afirma la antropóloga Araceli Ramírez: “Al color de la piel se le puede denominar como blancura, pero la blanquitud tiene que ver con una serie de actitudes, de ideas, de imaginarios”.2 Es decir, se quiere Secretaría de Gobernación, Libertad de expresión, Ciudad de México, Segob, s/f. 2 Brianda Almanza, “Whitexicans: la etiqueta que busca poner en evidencia ‘el racismo y clasismo’ de la gente blanca y adinerada en México”, BBC News Mundo, 28 de junio de 2019. 1

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callar voces por discriminación o exclusión en sus diversas manifestaciones, desde un pensamiento supuestamente hegemónico, a todas luces clasista. No puedo asegurar que todo discurso sea interesante, ameno, trascendente o conmovedor, pero afirmo que cada persona tiene el derecho de expresar el propio, incluso si se trata de lenguajes o libros que rayan en la incomprensión o en la esquizofrenia, por ejemplo, libros de políticos locales o de poetas heterodoxos que nunca estudiaron a Valéry ni saben de memoria la Comedia de Dante. Autores, digamos, silvestres, que abundan por ahí, con un manuscrito bajo el brazo (casi siempre varios), buscando opciones para darlo-darse a conocer. Hay discursos, textos, libros, gente que los hace y es respetable, pero ¿eso cómo se convierte en libros? y ¿en qué momento del fenómeno de la libertad o liberación total del libro estamos? Ya André Schiffrin se ponía nostálgico dos décadas atrás, cuando decía: “la edición mundial ha cambiado más en el curso de los últimos 10 años que durante el siglo anterior”.3 No solo se trata de renovarse o morir, sino de ver la realidad para luego decidir qué hacer, con menos ingenuidad, menos altanería y más empatía, porque lo importante no es que alguien (un grupo de blancos) tenga la razón, sino que seamos conscientes del momento histórico que nos tocó vivir y que lo enfrentemos con creatividad y pasión, algo que como artistas y editores sabemos hacer. A todo esto, ¿por qué la gente escribe tanto hoy en día? Porque tienen algo que decir, creen que su palabra es importante e intentan hacer de este mundo un lugar mejor, o simplemente porque pueden. Una curiosa cifra la otorga la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, que en la sección “¿Para qué escribimos?”, obtuvo las siguientes respuestas: Para comunicarnos, 76%; Para expresar emociones y sentimientos, 31.1%; Para sentirnos mejor, 20.1%.4

Schiffrin decía: “la edición mundial ha cambiado más en el curso de los últimos 10 años que durante el siglo anterior”.

La gente escribe porque tienen algo que decir, cree que su palabra es importante e intenta hacer de este mundo un lugar mejor.

André Schiffrin, La edición sin editores, Barcelona, Destino, 2000, pp. 12-13. 4 Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, Ciudad de México, Conaculta, 2015. 3

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Somos un pueblo emocional con mucho por comunicar y que se siente bien al hacerlo.

¿La edición sin editores?

La mayoría busca hacer lo que puede con lo que tiene, lo que deriva en buenos libros y grandes ventas o en rotundos fracasos.

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Hay que comprender, en especial, que no hay solo una forma de hacer libros actualmente, ni nadie que pueda llamarse editor por antonomasia, más bien convivimos en una diversidad, donde lo que más conviene es tenernos respeto. Si bien hay editores que trabajan igual desde hace un siglo, la mayoría se ha adaptado y ha ido creciendo, cambiando, naufragando o reinventándose. No es un negocio estático ni aburrido, incluye diversión y grandes retos. Hay editores o editoriales comerciales con prestigio indudable que hacen bien su trabajo, con sus bemoles y aplausos; hay editores gubernamentales, glorioso alguno, inocuos bastantes de ellos; pero hay mucho más: editores institucionales de la sociedad civil, pequeños, locales, comunitarios, escolares, rebeldes, cartoneros, efímeros, contraculturales, anarquistas, emprendedores, artesanales y más. Somos una divertida diversidad, aunque poco nos conocemos entre nosotros. La mayoría busca hacer lo que puede con lo que tiene, lo que deriva en buenos libros y grandes ventas o en rotundos fracasos. Es una utopía pensar que las personas que hacen libros en México se han formado en lenguaje, comercio, marketing, literatura, bellas artes, impresión, finanzas, teoría del color, hermenéutica, impuestos, filología, derechos de autor y pensamiento cartesiano. Una loca fantasía. Lo es también hacer a un lado a quienes no tienen el privilegio de aprender el oficio en escuelas o en una práctica ortodoxa. Ya ni hablar de la inexistente Licenciatura en Edición de Libros. La mayoría de los editores en México tiene pocos estudios sobre lo que su materia requiere. Han aprendido, más o menos bien, más o menos algo, en una práctica muchas veces cuestionable o, cuando menos, limitada. Somos una industria con pocos profesionales bien capacitados y un ejército de editores con más entusiasmo y ganas que capacidades y herramientas. Además, dicen por ahí que el www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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buen gusto es como las piernas, llanamente, lo tienes o no lo tienes. Esa es nuestra escena, se menciona y repite en foros y revistas. Podemos intentar cambiarla, pero con honestidad. Mucha gente hace libros en México, pero casi nadie los hace igual. Hay pocos criterios estándares, el mercado ha cambiado, los autores andan empoderados, las imprentas cada vez saben menos de libros y los lectores dan bandazos en sus preferencias, mientras que las nuevas tecnologías concentran cada vez más las ganancias. Parece el apocalipsis. Pensaba que Gutenberg estaría orgulloso del estadio al que hemos llevado este asunto, pero ya lo estoy dudando. Hay muchos best sellers que darían vergüenza a editores serios, a los elevados dictadores del buen gusto literario. Pero es lo que hay: algunos libros venden miles de ejemplares sin ser alta literatura, mientras que los supuestos grandes escritores nacionales venden bastante menos y los emergentes o autopublicados casi los alcanzan y muchas veces los superan en ventas y en impacto. Basta revisar el catálogo de algunas editoriales comerciales para ver que los títulos que los sostienen no son la vanguardia mexicana, sino libros clásicos o de autores europeos consagrados, traducidos, muchos de ellos ya finados, que la gente busca porque sabe lo que le espera. Parece ir quedando en el olvido la figura del editor estrella que marca una ruta de lectura arriesgada, sólida y eficaz, aunque muchas veces desde una visión estrafalaria; editores que hicieron época, como Mario Muchnik o Jorge Herralde, en Europa. No ubico uno de dicha talla en México, a excepción de Daniel Goldin, cuyo único defecto fue haber hecho tantos libros desde el servicio público y no en la iniciativa privada, donde, obviamente, estaba su verdadero potencial. No es que me encante esta debacle, pero intento no romantizar el oficio ni encumbrar a alguien solo porque es viejo y lleva muchos años trabajando. Volviendo al oficialismo, el país sufre de cierta confusión al considerar editores serios y responsables a personas www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

El editor mexicano moderno

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Los editores gubernamentales poco aportan al sentido crítico de los lectores porque son parte de una visión doctrinaria del gremio.

La vanguardia mexicana: personajes más creativos que técnicos, que ven el libro como un medio disruptivo de comunicación.

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que hacen libros con presupuesto estatal, sin una eficiente administración de costos. Aquí dejo de lado los libros de texto, pero afirmo que es fácil gastar dinero público en libros, muchas veces preciosistas y nada útiles, para presumir oficio editorial. Muchas veces son personas que afuera, en el mundo real, o sea, en la edición comercial o la mal llamada independiente, poco podrían hacer, porque no recibirían un sueldo del erario, sino que tendrían que ganárselo demostrando verdadera pericia y algo de astucia. Los editores gubernamentales poco aportan al sentido crítico de los lectores, precisamente porque son parte de una visión doctrinaria del gremio que, desde la burocracia, pretenden imponer o establecer ciertas rutas de lectura, según el enfoque ideológico del gobierno en turno. Serán bellos algunos de sus libros, pero, comparativamente con los comerciales, son poco leídos y casi nunca trascienden. Salvo honrosas pero contadas excepciones, las ediciones de gobierno carecen de tres criterios básicos: legibilidad, eficiencia y belleza. Suelen hacerse libros de contenido cuestionable, de aspecto feo y a costos elevados, además de que en su mayoría no cuentan con distribución, pues lo que menos importa es venderlos. El propósito es la presunción intelectual y la pantomima burocrática. No tengo pruebas, pero tampoco dudas. Tú podrás identificar ejemplos que avalen o refuten mis opiniones, con las que no pretendo caerle bien a nadie. ¿Qué más hay en el panorama editorial mexicano? La vanguardia: una serie de personajes más creativos que técnicos, que apuestan por el libro como un medio disruptivo de comunicación para diversos objetivos, entre ellos la posibilidad de una vida digna. Se manejan, más o menos como los comerciales, con base en costos, ventas, utilidades, administración, marketing hormiga y capitales fluctuantes, pero con un toque más artístico. Son los editores libres, mal llamados independientes, de los que daré mi fe y mi testimonio, pero antes me detendré en algunas aclaraciones necesarias.

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No existe o es tan reducida (quizá buena), que no marca tendencia en los lectores. Por experiencia propia, sé que el mínimo de los lectores, quizás uno de cada 200 que conozco, lee una reseña antes de comprar, la mayoría lo hace por impulso, según gustos previos. Recordemos que en México quien compra un libro lo hace, principalmente, porque le gustó la portada.5 Es decir, a pesar de que cada vez hay más lectores en México, hasta 5.3 libros por año,6 conviene que tampoco romanticemos a los lectores, mejor conozcámoslos. No sé de un solo autor o editor que después de una crítica (solo por ese hecho) haya vendido más ejemplares. No digo que esté demás o que estorbe la opinión de alguien que cuenta con el prestigio de saber sobre ciertos temas, sino que eso no marca una tendencia ni impulsa el mercado de forma exponencial.

La crítica en México

En México, la protección de los derechos de autor se da incluso sin registro en Indautor (Instituto Nacional del Derecho de Autor). A su vez, nadie está obligado a usar el isbn, cuyo objetivo primario es la catalogación de los libros para su venta en sistemas comerciales, pero al que recientemente se le ha santificado como evidencia de productividad académica o como un elemento más de discriminación: si no tienes isbn (International Standard Book Number, aunque la mayoría ignora el significado de las siglas), tu libro no vale, es cutre, no es adecuado, nadie lo quiere; hay quien, en la cúspide de su clasismo, llega a afirmar que (dando fe de ello mi memoria): “Si tu libro no tiene isbn es como si no existiera” (sic). Así las cosas. Por último, hacer contratos es una forma adecuada de conducirnos en sociedad, pero ningún autor está obligado a firmar si no quiere; aunque la ley lo indica, no parece ser un requisito indispensable ni una necesidad imperante para publicar obras; además, lo

Principios legales

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Encuesta Nacional de Lectura 2006, Ciudad de México, Conaculta, 2006. 6 El Financiero, “Mexicanos leen 5.3 libros al año: Encuesta Nacional de Lectura”, 9 de noviembre de 2015. 5

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sabemos bien, a los mexicanos nos cuesta mucho firmar algo que parezca un compromiso. Creo que firmar contratos es higiénico, pero también he visto que muchas veces los contratos editoriales dejan en desventaja a los autores, o ahogan a los editores pequeños, o entorpecen el proceso, o afectan los intereses de todos en la cadena del libro. Muchos casos pueden leerse en la web. Ya ni hablar de quien hace convenios o cesión de derechos.

¿Por qué Hacer libros por la libre cuenta con vastos argumentos. editar así? Comencemos con que la informalidad implica beneficios

(o falsos beneficios), como no declarar al sat (Servicio de Administración Tributaria) o no emitir facturas; el dinero en efectivo siempre es seductor y la libertad de terminar un producto y salir a venderlo es satisfactorio, en especial porque dicha cosa cuenta con un prestigio social elevado. Quizá no tenga sentido para ti, por los privilegios de los que gozas, pero en un país donde 43.9% de la población es pobre (55.7 millones de personas)7 y donde el comercio informal se eleva a 56% de los trabajadores,8 más que tendencia, la informalidad parece costumbre nacional y el comercio del libro no se libra de ello. Otro punto importante es que se trata de proyectos personales, de editoriales o sellos de autor. Digamos que Pedro Domínguez decide hacer libros: inventa Ediciones Domínguez, hace libros y algo de fama y fortuna. No quiere saber de las reglas de otros, busca dejar una huella (impronta, dicen los sabios), trascender personalmente; hay un gran ego aquí, sin duda, aunque un ego en acción. Ediciones Domínguez puede sobrevivir mediante estrategias orgánicas, casi salvajes, pero mantenerse en pie durante décadas. Quizás algún día evolucione a empresa, con regis-

Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Medición de la pobreza, 2020, Coneval.org.mx. https://www.coneval. org.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2020.aspx 8 Jon Martín Cullell, “La informalidad laboral en México vuelve a los niveles anteriores a la pandemia”, El País, 25 de octubre de 2021. 7

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tro de marca y todo lo legal, pero no se sabe, pues dos de las realidades de estos sellos son la indefinición y la duda: no se sabe hasta dónde se llegará con algo que era más un proyecto pequeño y que terminó siendo algo con cierto impacto social. Los editores libres se encuentran en estado salvaje en la sabana bibliológica. A veces hay un propósito estético, como es el caso de muchos sellos que hacen libros arte-objeto, piezas elaboradas con materiales no tradicionales, como lija, tela, tornillos u otros. Aquí prevalecen la experimentación, las obras derivadas, la búsqueda de un estilo propio antes de crear la obra definitiva, aunque también la vaguedad de principios y la casi nula estabilidad económica. Otro aspecto es que en todo libro o edición hay una postura política. En lo mal llamado independiente, que llamo libre, hay ejemplos donde este discurso es más evidente, como en las cartoneras, que con pastas de cartón pintadas a mano ofrecen obras libres de todo —muchas veces también de buen gusto—, de mano en mano, con precios y ventas irregulares, pero constantes. Hay sellos que con base en el copyleft y las licencias Creative Commons hacen catálogos efímeros, pero útiles en alguna medida, como pasa con ciertos libros de autoras del feminismo, que de este modo pueden llegar a los lectores a precios bajos. También se llega a la edición libre por otras razones: gestores que vieron una oportunidad, autores que hallaron un nicho, colectivos que evolucionaron, escuelas que aprovechan las condiciones y hasta los que están hartos de lo tradicional y prefieren irse por la libre, como el caso de Mario Bellatin. Casi olvido decir que la edición libre se ahorra, en conjunto, muchos trámites, la burocracia, las facturas y las opiniones de cumplimiento, las auditoría y los embargos, las licencias y los seguros, la trituración y las multas, los remates y los despidos, las demandas y los litigios, los grandes robos y el plagio, el ser políticamente correcto y la hipocresía, la banalidad en cierta medida y las declaraciones de impuestos, la falsa adulación y la creencia de www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Los editores libres se encuentran en estado salvaje en la sabana bibliológica.

La edición libre se ahorra muchos trámites, las facturas, las auditorías, los embar­gos…

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que el mundo estaba esperando que llegaras a darle orden y estructura.

¿Independiente? Digo “editor mal llamado independiente” porque llamarse independiente es solo una más de las poses gremiales. Hay quien se dice independiente a pesar de ser empresa, coeditar con sellos comerciales o recibir recursos públicos (dinero del pueblo) para cumplir sus fantasías, elevar su ego y ganar dinero. Por eso es cuestionable la supuesta independencia de los editores pequeños, locales, chicos, autogestivos o autónomos en México. Por eso no me gusta el término y creo que su empleo es engañoso. Se usa independiente como sinónimo de vanguardista, pero también de pobre, por prestigio y por falsedad, por costumbre y por ignorancia. Se le dice independiente a cualquier cosa. Tengo fe, más bien, en la interdependencia, porque cada editor necesita obras (materia prima) de autores (cliente interno) para publicar (proceso), proveedores (socios) y lectores (clientes externos) que paguen por sus productos (libros). A menos de que seas Juan Pascoe (solo quizá), no eres independiente, dependes de una serie de factores (ecosistema), donde también eres una pieza que otros necesitan.

Permanencia, En la historia de cualquier editor libre que sigue en pie, hay trascendencia un punto de inflexión donde encontró la fórmula para con-

tinuar haciendo libros. Mediante fondos públicos o privados, con donantes, suscriptores, ventas institucionales, gracias a ferias o amigos, con utilidades o grandes malabares halló el modo de vivir de y para esto. Hay quien nunca aprende a hacer mejores libros y se mantiene con sus yerros hasta el final; otros mejoran y cobran cada vez mejor su trabajo; algunos se diversifican, ofrecen servicios y continúan con su catálogo; o los hay que se agandallan ferias y espacios y comienzan con prácticas mafiosas. Se permanece y ocasionalmente se trasciende, porque, más allá de cómo una idea llegó a ser libro, hay casos

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interesantes de obras y autores que nacieron en la edición libre y llegaron a otras esferas, como la traducción, grandes ventas en Amazon, el audiolibro, etcétera. En 25 años he conocido un millar de editores libres, no todos vivos o en activo. En general, consideran que su oficio, profesión o vicio, su actividad, pues, es útil a la sociedad. Algunos de sus argumentos son los siguientes, extraídos de mi memoria en foros o comunidades como Edita, fil Guadalajara, Altexto, uae Morelos, Beca Juan Grijalbo, ferias, encuentros o escuelas de varias entidades. Estos editores libres se ven como necesarios porque: a) b) c) d) e) f) g) h) i) j) k) l) m)

Publican textos que valen la pena por su calidad y que nadie más publica. Son libres de producir libros en formatos artísticos o no estandarizados. Dialogan con los autores en busca de los mayores beneficios para todos. Crean lectores y fomentan el pensamiento crítico donde quiera que van. Generan muchos lectores que luego les compran libros a otros editores. Ayudan a los lectores en muchos sentidos, les dan consejos y regalos. Están abiertos a las opciones y a la diversificación en cada proyecto. No se limitan a criterios específicos, sino que negocian las condiciones. Hacen un manejo eficiente de sus recursos, de eso depende su ganancia. Son generosos con su entorno: enseñan, enlazan, comparten, promueven. Descubren verdaderos talentos, que de otro modo habrían sido ignorados. Son libres de hacer, pensar, crear, criticar, vender, escribir, ganar, perder. Su catálogo no está limitado por las exigencias del mercado o las ventas.

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A menos de que seas Juan Pascoe, no eres independiente, dependes de un ecosistema donde también eres una pieza que otros necesitan.

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Hay ventajas en ser editor libre porque no hay presiones de corte fiscal, no hay nómina que pagar y nadie te demanda.

En la edi­ción libre también hay largas jornadas de trabajo, porque el jefe es editor, supervisor, administrador, corrector, diseñador, mensajero.

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Además de lo social, hay ventajas en ser editor libre porque no hay presiones de corte fiscal (o son menores), no hay nómina que pagar, nadie te demanda laboral ni editorialmente. En un punto son como fantasmas, claro. En conjunto con lo profesional, el estilo de vida personal puede ser seductor para cualquier egresado de humanidades, porque aquí se vive con mucho tiempo para leer, asistiendo a lindos lugares, conservando el prestigio social de los intelectuales pero sin su arrogancia, además de que puede administrarse la agenda personal, especialmente si se trabaja desde casa, para dedicarle tiempo a la familia, lo que en el caso de ir a la oficina en un trabajo estable (sic) es imposible; puedes llevar a tus hijos a la escuela, cocinar, ejercitarte, asistir a juntas escolares, atender a la familia extendida o la pareja, descansar cuando haga falta, pasar incapacidades más relajado. Parece un paraíso, y sí es una vida cómoda, porque tú eres el jefe, de algo pequeño, cierto, pero la cabeza de un proyecto, la persona tras el sello, quien se arriesga y es reconocido. Por este lado, es óptimo ser libre. No todo son campanitas. Hay desventajas en la edición libre. En primer lugar, es complicado salir de la escena local para llegar a más ciudades; algunos alcanzan cierto regionalismo y no avanzan más. Económicamente, habrá limitaciones, como no poder producir miles de ejemplares de jalón, no solo por la inversión y el almacenamiento, sino porque el libro es una apuesta que podrá ser un éxito o un fracaso. También se padecen largas jornadas de trabajo, porque el jefe puede ser al mismo tiempo todo o una selección de editor, supervisor de producción, administrador, corrector, diseñador, mensajero, vendedor, community manager, presentador, contador, redactor, bodeguero, cargador y gestor. Hay cansancio y frustración, pérdidas y sueños rotos, autores enojados, deudas por pagar y la necesidad de estudiar y adaptarse a cada paso. No parece diferente de otros trabajos, se requiere esfuerzo, dedicación, paciencia y entrega. Los editores libres no son de otra especie, solo de otra raza y muchos de ellos, además, sienten que son la resistencia frente al mundo capitalista que lo pervierte todo, igual www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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que acusaba Schiffrin, pero desde las banquetas. No todos son impecables o malditos, lo mismo que en lo comercial, gubernamental o institucional, hay variedad: según el gusto de los lectores, hay editores buenos (sin importar su denominación o supuesta clase), incluso excelsos, pero también los hay limitados, grotescos, raros o farsantes, en todos los niveles o ámbitos. Lo importante, en todo caso, es que la diversidad permanezca. He visto ediciones de obras clásicas publicados por universidades públicas en versiones horríficas, mientras que en ediciones libres resultan legibles, eficientes y bellos libros. Igual hay libros libres feos como pegarle a tu mamá y volúmenes oficiales que dan envidia. Algo que no deberíamos dejar quienes hacemos libros es el estudio, e intentar hacer en cada libro algo mejor. Dicen por ahí que solo puedes juzgar al taquero por su último taco; eso, pues. Hay que anotar algo sobre los lectores y los libros. Sí, los editores comerciales venden, no todo, pero bastante; los de gobierno no pintan mucho aquí por su obediencia a los estándares estatales; en tanto los editores libres también venden cantidades de libros que fácilmente llegan a los millones en un año. En un intento de explicarme cómo se mueve ese péndulo de los compradores de libros que buscan novedades lo mismo en Sanborns que en la Feria del Zócalo, he llegado a la interpretación salvaje que expongo a continuación: La publicación de cualquier contenido, insisto, no lo determina, hoy en día, ni el editor erudito, ni el académico anquilosado, ni el noble maestro de escuela, ni el mercado libre, ni las instituciones, ni los agentes, ni los gerentes, ni el autor mismo. Lo que posibilita que se sigan publicando libros a mansalva son los lectores. Los actores enlistados hacen su parte, lo intentan, pero quien decide que los libros fluyan son los lectores, que siguen comprando, leyendo, compartiendo, recomendando. Me refiero solo al universo mexicano, aunque podría pasar lo mismo en otros países. Esto, sin tomar en cuenta los libros de texto, aunque hay www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Los lectores

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Un lector hoy puede comprar libros en una feria, en una librería, en un puesto de periódicos, en el metro, en la escuela, on line…

De 2006 a la fecha casi se duplicó el nivel de lectura en México. Y estoy convencido de que seguirá aumentando.

excepciones, como escuelas que hacen sus propios libros, escritos por dueños, directivos o maestros, como puso el ejemplo el Conamat (Colegio Nacional de Matemáticas), pero que muchas escuelas ya practican. Un lector hoy puede comprar libros en una feria porque fue a ella o pasó por ahí, en una librería local de nuevo, de viejo o de remate, en un puesto de periódicos, en una cadena libresca, en el metro, en la escuela de sus hijos o en la suya, en un edificio público, on line, de mano del autor en una presentación, en la calle, en el camión, mediante una app y en otros sitios. El lector encuentra y consume. Dejando de lado los grandes lectores que conozcas, visita cualquier casa mexicana donde se lea un poco y verás que en sus libreros hay una diversidad que da gusto: desde las memorias de un familiar, la antología donde un hijo publicó un cuento, leyendas, el libro de cuentos de un autor local, obras clásicas, alguna edición de pasta dura, libros populares, ediciones baratas, libros de texto, antologías de lectura, libros comerciales, biblias. No digo que el promedio sean muchísimos libros por casa, sino que la diversidad está presente. El lector es hoy, les pese o les guste a muchos, quien decide su lectura, resultado natural de los esfuerzos en ese sentido. Nos hemos pasado empoderando a los lectores con un discurso amplio sobre la libre elección y lo autodidacta, y esta es la cumbre que alcanzamos. De 2006 a la fecha casi se duplicó el nivel de lectura en México, de 2.9 libros por persona por año en la primera medición, hasta los 5.3 de 2015. Y estoy convencido de que seguirá aumentando. Lo doble de lectura en apenas una década, bravo.9 No veo el asunto como algo cruel, porque en toda la cadena editorial siempre hay que respetar al lector como el más inteligente, que sabe elegir lo que necesita, quiere o anhela. Incluso, hay lectores que han emprendido sus propios sellos al no encontrar lo que buscaban. El Financiero, “Mexicanos leen 5.3 libros al año: Encuesta Nacional de Lectura”, op. cit. 9

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Pero ahí no queda la evolución, es claro que con el fomento a la lectura se ha promovido la escritura, por lo que muchos de los lectores se han convertido en autores, como un paso natural hacia sus siguientes metas: ya leí, ya sé, ahora escribiré. Así, el lector pasa a la industria editorial como autor (cuando no también como editor libre) y el círculo virtuoso continúa. Para los lectores trabajamos, no solo por fama y dinero, también para inspirar a ese extraño ente llamado lector. No se piense por mis palabras que tengo poco respeto por mis colegas editores, que cuentan con mi admiración, algo que no es gratuito, porque cualquier editor, ortodoxo o heterodoxo, sabrá, para entrar en el gusto de los lectores, distinguir medianamente una obra decente y sus posibles lectores, leer y corregir, diseñar, sacar costos, negociar, vender, promocionar y cobrar un sueldo o ganárselo. Si no sabe hacerlo, encontrará a quien sepa y se lo haga, pero bajo su supervisión. Todo por conquistar lectores y no morir en el intento. No es poco, pero es necesario, porque el propósito del editor es dar belleza a la inteligencia… o a la estulticia. Un editor decente no dice si una obra es buena o mala, sino cuál sería su público meta y cómo podría hacérselo llegar. A veces vender 50 ejemplares es lo máximo, pero hay que alcanzarlo. En ese sentido, los editores de libros son muchas veces marginales. El nivel al que cada uno quiera o pueda llegar depende de muchos factores. Para distribuir libros en la República mexicana, como muchos pretenden, hace falta una buena inversión, comenzando por un tiraje elevado, digamos unos 2 000 ejemplares. Una estrategia pueden ser las cadenas de libros (Sanborns en primer lugar, Gonvill, El Sótano, Gandhi, Porrúa). La comisión por venta alcanza hasta 70% del precio de venta al público (pvp), repartida entre distribuidores y librerías, además del envío y otros gastos. Con esa base, por un libro de $200 el editor recibirá, si bien le va, $60, lo que, bien visto, apenas cubre el costo de impresión, ya no digamos la edición y otros gastos. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Cualquier editor sabrá distinguir una obra decente y sus posibles lectores, leer y corregir, diseñar, sacar costos, negociar, vender y cobrar.

Vender libros

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Editar libros no es filantropía. Se apuesta a recuperar y ganar un poco. Se pueden encontrar los canales, pero es cosa de buscarle.

¿Cómo hacerlo redituable? Juguemos con la aritmética: si aumentamos el pvp, digamos a $400, el editor recibirá $120, que cubre los costos y deja, quizá, alguna utilidad. Sí es posible, siempre y cuando la inversión y el trabajo sean eficientes: buen tiraje, marketing, colocación en tiempo récord, estancia visible en locales, venta de la mayoría del tiraje además de una buena administración interna y manejo fiscal adecuado. Es viable, en especial, si no es el único punto de venta, así que esto solo sería parte de la inversión-administración, quizá la mitad. Parece más viable si pensamos en una empresa que puede invertir por arriba de tres millones de pesos en cada libro. Hay casos, pero recordemos que muchos editores no tienen esa capacidad, incluso si tienen prestigio, trayectoria, catálogo y cierto crédito bancario. Porque la apuesta no solo es por invertir, sino por recuperar y ganar un poco. Editar libros no es filantropía. La venta en librerías sigue siendo una buena opción en México, aún es el principal punto de venta, con 2 795 locales en el país.10 Nada despreciable, pero no siempre asequible para los que hacen libros. Se pueden encontrar los canales, pero es cosa de buscarle. Otras opciones son la venta más directa al cliente final, estrategias útiles para editores de diferentes rangos de operación y muchas veces más eficientes. Veamos algunas: a)

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Ferias: hay costo del estand y viáticos, pero el margen es mayor a 30% de las librerías; la utilidad puede subir hasta 70%; en 2015 la venta en ferias ya representaba 18.6% de los libros comprados.11 Escuelas: por medio de maestros o directivos; es una práctica constante. Muchas editoriales envían catálogos o ejemplares muestra, esperando pedidos;

Gobierno de Chile, Estudio Sector Editorial en México, Santiago de Chile, Gobierno de Chile, 2020, p. 53. 11 Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, Ciudad de México, Conaculta, 2015. 10

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puede hacerlo cualquiera que tenga tiempo y le ponga el empeño. Redes sociales: puede ser algo constante, pero dependerá de la dedicación, aunque también de la comprensión del lenguaje del medio y de una respuesta eficaz. Páginas web: opciones como Kichink resultaron adecuadas para editores pequeños o locales; hay otras, como Linio, que varían sus estrategias o visibilidad. Librería física propia: una utopía. Librería virtual: para impresión bajo demanda, e-books u otros formatos digitales. Venta institucional: requiere catálogo, cambaceo, vendedores por comisión, seguimiento, impresión de pedidos, mermas o gastos indirectos. Plataformas digitales automatizadas: Amazon, iTunes, Google Play, Storytel y otras; el comercio digital en México en 2019 creció 153% según los Indicadores del Sector Editorial Mexicano.12 Venta de derechos de autor: ediciones extranjeras, traducciones, adaptaciones.

La fantasía me gusta en la literatura, fuera de ella prefiero la objetividad. No hay una realidad de la edición en México, sino una diversidad de realidades. En cuanto a libros, en el país tenemos traducciones, best sellers, libros comerciales, sagas, sellos pequeños, edición local, clásicos baratos, autopublicación, libros gubernamentales, ediciones institucionales, artesanales, piratería y otros. De todo un poco, o de todo mucho, pero es una escena que ha cambiado en tiempos recientes. Cuando era niño, apenas había opciones para un chico que quisiera leer, como no fueran las enciclopedias que se vendían de casa en casa. Recuerdo

La realidad

Caniem, Indicadores del Sector Editorial Mexicano 2019, Ciudad de México, Caniem, 2020. 12

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Si no se van a la quiebra, las editoriales o editores crecen, se diversifican y se reinventan para continuar.

En la Caniem saben cuántos miembros tienen, lo que hacen y lo que pasa con ellos, pero no cuántos editores libres hay en el país.

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haber comprado un ejemplar de Los tres mosqueteros, edición española ya anticuada, en la tienda de discos Dedo Gordo en la CDMX. Cuando mi hija nació, en 2005, ya teníamos, incluso, un par de librerías especializadas en infantil y juvenil en Cuernavaca, además de ferias, salas de lectura que se reproducen como gremlins, bibliotecas de todo tipo y miles de títulos en oferta. Los tiempos han cambiado, el mercado editorial ha crecido. Un extraño fenómeno parece ocurrir. Si bien hay ciertos sellos que se mantienen constantes en su actuar, hay otro aspecto a tomar en cuenta: si no se van a la quiebra, las editoriales o editores crecen, se diversifican y se reinventan para continuar. Hay casos que decidieron solo hacer e-books o vender exclusivamente en lo virtual, también quienes solo publican a autoras o que apuestan por los audiolibros. Renovarse o cerrar. Mis respetos para quienes hacen libros, ya sean de autores top o de escritores desconocidos de un solo libro. En la Caniem (Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana) saben cuántos miembros tienen, lo que hacen y lo que pasa con ellos, pero poco se sabe, en números comprobables, de cuántos editores libres hay en el país. Por ejemplo, en Cuernavaca hay unos 25, en Querétaro unos 12 emergentes, en Puebla, Veracruz, Guerrero, Michoacán o Tijuana otros tantos, y por aquí o por allá de las provincias hay proyectos de lo más curiosos y diversos. En la CDMX calculo que habrá no menos de 300 sellos chicos (pueden verse juntos en algunas ferias), cifra que puede confirmarse en el Sistema de Información Cultural del Gobierno de México, mismo portal que en el total nacional tiene 414, pero que solo da 5 a Morelos, 21 a Jalisco y 20 al Estado de México, como los más altos después de la capital. Es decir, registra poco, la mitad de lo que calculo en adelante. El gobierno no parece interesado en actualizar la información de un fenómeno tan volátil. Pocos datos locales hay, así que echaré mano de información foránea. En un informe chileno reciente se afirma: “El sector editorial en México vio un crecimiento en el www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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número de editores independientes desde hace aproximadamente una década, desafiando las nociones habituales de que las personas en México no leen, no hay suficientes librerías, entre otros, y simplemente comenzaron a publicar libros e intentar operar como editoriales exitosas en otras partes del mundo”.13 ¿Te suena? Otro dato interesante dice: “Aproximadamente 80% de los editores se encuentran clasificados en el rango de pequeños, micro y en proyecto inicial, lo cual evidencia la alta dispersión del mercado editorial”.14 Puede ser elucubración, a final de cuentas los chilenos pretenden el mercado mexicano, pero algo nos dice de nuestra actualidad. Continuando con la visión local, si suponemos que hay 15 editores libres por estado, más los capitalinos, alcanzaríamos 800 sellos libres. Si cada uno publica (u oferta) 10 títulos por año, llegaríamos a 8 000 títulos. La mayoría sin isbn, registros ni contratos, cuantimenos distribución, a veces ni corrección, ya no digamos una edición propiamente dicha. Si cada título promediara 750 piezas, serían seis millones de ejemplares de edición libre en busca de sus lectores. No es poco. Me parece pueril tratar de ningunearlos. En números redondos, la Caniem reporta que las cifras de sus 230 agremiados en 2019 fueron de casi 120 millones de ejemplares de 23 000 títulos, para un tiraje promedio de 5 000 ejemplares por título.15 Los libres serían una cuarta parte de los títulos de los comerciales (5 000 contra 23 000), pero con un tiraje promedio de solo 15%, comparativamente (750 contra 5 000). En cuanto a la venta en dinero, no me atrevo a hacer este arbitrario análisis, pues si bien el pvp del libro comercial en México es de $200,16 con una utilidad ideal de 10%, en los libres hay una variación en el pvp de entre $10 y $1 500 por pieza y una utilidad promedio desconocida, lo que imposibilita la ecuación.

Aproximadamente 80% de los editores se encuentran clasificados en el rango de pequeños, micro y en proyecto inicial.

Los títulos publicados por los libres serían una cuarta parte de los que sacan los comerciales, pero con un tiraje promedio de 15%.

Gobierno de Chile, Estudio Sector Editorial en México, p. 5. Ibid., p. 19. 15 Caniem, Indicadores del Sector Editorial Mexicano 2019, op. cit. 16 inegi, Consulta de precios promedio, julio de 2018, https://www. inegi.org.mx/app/preciospromedio/ 13 14

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Quizá tres editores libres venden juntos el 5% de un solo editor comercial o algo así.

En la pan­demia, el libro impreso perdió 20% de su mercado, mientras que el e-book, pod y audiolibros cre­cieron sustancialmente.

La Caniem reporta ventas por poco más de 11 000 millones de pesos, pero los editores libres no reportan nada. Ahí lo dejo en cuanto a cifras mentales. Ya es un ejercicio de imaginación basado en la experiencia y el instinto, difícilmente comprobable, pero si mis datos llegaran a ser cercanos a la realidad, los libres triplicarían a los agremiados y representarían un valor del mercado mínimo, quizá tres editores libres venden juntos el 5% de un solo editor comercial o algo así. Hasta aquí no sabemos quién gana más en lo personal. Conozco editores comerciales que no cobran más de $20 000 mensuales mientras tengan contrato, y a libres que no hacen un mes por debajo de los $100 000. Como en otros gremios del país y diversos ámbitos sociales, la desigualdad impera. Me atrevo a redactar estas líneas porque podrían ser de utilidad, aunque para un estudio serio se requerirían bastantes fondos, un equipo de investigadores (no editores, escritores ni funcionarios), instalaciones, equipo de cómputo y software, entre otros recursos. Y todo para estudiar un fenómeno cuyos objetos de estudio (los editores libres) son más inestables que el dólar en Buenos Aires. Sí ha habido intentos, si no de investigar, cuando menos de censar este tipo de emprendimientos. Un caso que, con sus limitaciones, dejó un buen antecedente, fue el Directorio de la Industria Editorial Mexicana 2008, que registró 476 editoriales o editores en general, proyecto de la extinta Libraria, de Tomas Granados Salinas, y que desafortunadamente no se ha repetido. Volviendo al tema, presento 10 puntos de nuestra realidad editorial mexicana: a)

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El mercado da bandazos. Por ejemplo, en la pandemia el libro impreso perdió 20% de su mercado, mientras que el e-book, pod y audiolibros crecieron sustancialmente: hay que apostarle por ahí.17 Caniem, Indicadores del Sector Editorial Mexicano 2019, op. cit. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Cada día hay menos opciones tradicionales para los autores, no solo para literatos, también para investigadores, funcionarios, empresarios que quieren dejar huella con sus enseñanzas o libros de texto. Siempre habrá editores comerciales enfocados sobre todo en la productividad, las utilidades y el acaparamiento del mercado. Existe libertad para que quien desee hacer libros lo haga, con o sin cámaras, grupos, asociaciones, clubes, registros o buen gusto; en la práctica, no hace falta pedirle permiso ni avisarle a nadie. No dejará de haber personas que creen saberlo todo y que tachan de inferiores a quienes cometen errores diferentes a los suyos. No hay criterios editoriales homologables que pudieran ser usados y mejorados por el gremio. La lectura crece en diferentes ámbitos, al igual que la venta de ejemplares, aunque no todo es registrable en cifras oficiales. Hacer libros no es algo fácil ni sencillo, requiere dedicación, concentración, capacidad de negociación y equilibrio de diferentes factores. Nada regula ni controla el mercado del libro en México; no hay un seguimiento de libros publicados ni registro de ellos para su estudio. Estamos en una escena editorial con amplias posibilidades para que todo ocurra o se extinga en beneficio de las trasnacionales.

Otra cosa que no existe. Con frecuencia se escucha por los pasillos de fondos editoriales acerca de cómo deben hacerse los libros en este lado del mundo, porque así debe ser, pues lo dicen las reglas o lo establece en canon (sic). De risa y de llanto. No hay nada a lo que se pueda llamar el libro mexicano, no lo ha habido nunca. Muchos, neófitos en el tema, pero con la petulancia natural de los recién titulados en comunicación o negocios, se basan en obras como El libro www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

El libro mexicano

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No hay nada a lo que se pueda llamar el libro mexi­cano, no lo ha habido nunca.

Asumo mi admiración por la obra de Zavala Ruiz, lo mismo que por las enseñanzas de Bulmaro Reyes Coria.

y sus orillas para hablar del deber de en la edición actual. Según esta visión, lo que estableció un editor, casi por cuenta propia, hace tres décadas (primera edición de 1991), en una universidad del país, con todas sus posibilidades y vacíos, debería ser el modelo ejemplar para no hacer nada más que lo que ahí dice. Curioso, porque el mismo autor reconoce que “lo que publica una editorial, tiene asimismo una forma de hacerse, un estilo o sello propio [que es] la mejor muestra de estilo”.18 Eso solo complica el asunto. Y los hay peores, como editores de universidades en provincia que pretenden corregir obras o dictar línea editorial, cuando ni siquiera tienen un manual de criterios o de identidad gráfica. No hay un canon editorial en México. Lejos de nuestras fronteras, el libro mexicano no se reconocería por absolutamente nada más que por la leyenda “Hecho en México”. No es la unam la que dicta criterios, no podría serlo, porque, por ejemplo, en dicha universidad hay una serie de “entidades académicas y dependencias universitarias editoras, quienes continuamente editan publicaciones por sí mismas o en colaboración con otras entidades académicas, dependencias universitarias, instituciones, empresas y organismos nacionales o extranjeros”.19 En español mexicano: unos deliciosos chilaquiles hechos sin carta ni unificación de sabores, colores o grado de pungencia. Asumo mi admiración por la obra de Zavala Ruiz, recién fallecido, lo mismo que las enseñanzas de Bulmaro Reyes Coria y otros autores de la Colección del Editor, pero no podemos tomar la parte por el todo en un ámbito donde la unam representa una ínfima parte del mercado editorial en México, y cuyo trabajo, por cierto, no es dictar línea, elaborar criterios ni incidir en el mercado editorial, aunque hagan libros con bastante dignidad. Ojalá que se hubieran establecido criterios editoriales, aunque fueran generales, que dieran cierta unidad 18

Roberto Zavala Ruiz, El libro y sus orillas, Ciudad de México,

unam, 2005, p. 104. unam, Publicaciones unam, 2022, https://www.publicaciones. unam.mx/servicios/es/editoriales-unam 19

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al trabajo de unos y otros, pero eso no ha ocurrido. Hay esfuerzos dignos, siempre locales, como los de la Editorial de la Universidad de Guadalajara (paraestatal), la Universidad Autónoma del Estado de México (pública estatal), el Instituto Politécnico Nacional (nacional), la Universidad Veracruzana o el Colegio de San Luis, que funcionan con brújula propia y bastante tino, pero cinco gaviotas editoriales no hacen un verano canónico. Tal vez sería tarea de la Academia Mexicana de la Lengua, la Secretaría de Educación, El Colegio de México, el Fondo de Cultura Económica, la Secretaría de Cultura, la Sociedad General de Escritores de México, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos o la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (ambas con posgrados en edición), el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Congreso de la Unión, la Sociedad Mexicana de Psicología (emulando a los vecinos del norte), o todos los anteriores. La Caniem tampoco tiene por qué hacerlo, son los representantes de una industria, no el director técnico de la edición en el país. Son respetuosos de lo que hagan sus agremiados, donde hay sellos tan contrastantes como Tomo o Sexto Piso, Ediciones Leyenda o Colofón, empresas que nada tienen que ver unas con otras y que lo único en común es que se dedican a producir libros. Son incomparables sus resultados en todos los sentidos, porque quizá Tomo vende más piezas que nadie, en un estilo que a pocos editores les gusta, pero cuyos precios ama el público, mientras que otros con más prestigio intelectual sortean mes con mes la bancarrota. Quizá debería haber varias cámaras: la Cámara Nacional de la Edición, la Cámara Nacional de Libros que Venden Mucho, además del Club de Toby de los que se Creen Grandes Editores en México y la Anticámara de Editores Libres, esta última sin agremiados. Haga usted la suya. Mientras tanto, seguiremos haciendo edición como le salga de las lagañas a los elegidos por el poder y a los locos privilegiados que pueden dedicarse a hacer libros en una nación que se hunde en la violencia, e intentan que los liwww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Ojalá hubiera criterios edito­riales establecidos, aunque fueran generales, que dieran cierta unidad al trabajo de unos y otros.

Seguiremos editando como le salga de las lagañas a los elegidos por el poder y a los locos privilegiados.

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bros se publiquen con algún decoro, con criterios apa o con referencias en el famosísimo sistema Paleta, que ya podríamos aprobar como canon y dejarnos de discusiones.

Casos de éxito Entendido el término en su acepción más básica, “resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida, o de un suceso”,20 revisemos algunas cosas que salieron bien, intercaladas por su tipo: 1.

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Comercial: una autora mexicana novel, Laura Baeza, recién publicada su novela Niebla ardiente en Alfaguara, va al encuentro de sus lectores de ciudad en ciudad. Vende, gusta, el libro tiene calidad, el tema es actual, hay un movimiento de escritoras, colocación adecuada en puntos de venta, en edición mixta, incluido el audiolibro. Todo parece ir bien, la obra trasciende, felicidades. Editor libre: una familia de editores en la Ciudad de México que elige autores jóvenes, con obras entre el realismo sucio y la denuncia social, que contrata verbalmente, imprime tirajes de mil en mil, promueve y vende en preparatorias públicas y privadas, sin isbn, con colofones que indican tiros y con base en los cuales los autores cobran sus regalías, poco mayores a 10%, en efectivo. Venden decenas de miles al año, hacen famosos a los escritores en ciertas partes de la ciudad y les ayudan a pagar la renta, mientras la editora vive cómodamente gracias a su trabajo. Sin facturas, sin impuestos, sin líos. Autopublicación: un pastor cristiano escribe una exégesis de 100 cuartillas, alguien le da el servicio y le entrega 2 000 ejemplares, que vende rápido entre su grey. El pastor hace más libros, y en 10

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, octubre de 2022, https://dle.rae.es/ 20

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años vende 30 000 ejemplares, sin sello editorial, registros ni librerías. El punto de venta es móvil, es el autor mismo. Al morir, hereda los derechos a sus hijos, también pastores. Institucional: Ethel Krauze creó el movimiento Mujer, escribir cambia tu vida, que suma ya 15 años. Incluye una colección de libros publicada por el Gobierno de Morelos, con unas 40 antologías, de tirajes variables, que han llegado a lectoras en todo el país y ayudan a promover el fenómeno y su metodología. Muchas de esas mujeres que escriben para cambiar su vida ya han autopublicado obras propias. Autopublicación: una autora en Tijuana, B.C., escribe el libro Las caras de la mujer, lo presenta por doquier, vende quizá 10 000 ejemplares de mano en mano, en talleres, conferencias, presentaciones. La buscan, le piden más y continúa escribiendo como parte de su propio proyecto de vida y una forma de inspirar a otras mujeres. Editor libre: se acerca a preparatorias, hace antologías con los maestros como autores, imprime los que requieren por grado, vende y reparte utilidades con autores y la escuela, miles de ejemplares cada año, hasta que llegan las tabletas y lo desplazan; fue exitoso por años, la actualidad lo alcanzó. Autopublicación: un escritor local de provincia manda editar sus libros, paga por ejemplares impresos bajo su propio sello y riesgo. Los lleva a varias cadenas, incluida Sanborns, para venta en el país. Lleva varios títulos, se venden bien, sin mayor promoción. Se agotan, resurte y sigue vendiendo. Hacen corte, le pagan, reinvierte y la cadena continúa, sin entrevistas, bajo seudónimo.

Casos así hay por doquier. Anécdotas de fracasos hay muchas más. Dice una fórmula que de cada 20 libros publicados, solo uno será exitoso, y eso aplica para cualquier www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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ámbito; no conozco a ningún autor que rebase dicho patrón, aunque sí los hay que se ven más exitosos que otros, quien sabe por qué.

Conclusiones

Si el mundo cambió, si los autores son distintos, si los lectores ya no son lo que solían ser y los libros se venden por distintos canales, hay que adaptarnos.

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Se hace lo que se puede con lo que se tiene. En México se publican libros, cada año más títulos, desde las más diversas opciones, muchos sin dejar huella. Podría concluir —en otra interpretación salvaje— que somos el país de la edición lgbtttiq: libros grandes, buenos, tantos, truncos, truchos, interesantes, queridos y más. No hay libros buenos o malos ni dedo flamígero que lo determine con verdadera autoridad. Aunque esto dependa en parte del buen o mal gusto de quien los hace, no podría aseverar que existe un ejemplo concluyente como modelo del libro en México. Quizá quienes sí saben mucho de libros no sueltan su opinión tan fácilmente, y los que saben poco opinan demasiado. Tampoco hay (o va desapareciendo) una ruta de hacer libros tradicionalmente (lo que eso signifique), sino que se hacen libros mediante diferentes estrategias, porque, según veo, cada vez más se hacen libros como un medio para expresar y no como un fin en sí mismo, lo que me parece saludable, aunque nada de esto dependa de mi opinión. Si el mundo cambió, si los autores (materia prima) son distintos, si los lectores (clientes) ya no son lo que solían ser y los libros (productos) se venden por distintos canales (puntos de venta), hay que intentar adaptarnos a algunas de las opciones que el gremio permita. No hay una sola forma de ser editor en México, sino múltiples opciones para lograrlo. En todo caso, lo propio es que se elija qué editor se quiere ser y se trabaje con congruencia. Hay espacio para todos. Conviene dejar de lado la insolencia de pensar que eres un erudito porque haces libros. Aún hace falta una buena dosis de humildad en el mundo editorial mexicano.

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Santiago Alonso Ayala Espinosa Periodista y consultor

Bucaneros de la tinta y el oro falso de la cultura

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as grandes fantasías de los piratas, aquellas que incluyen aventuras, guerras, combates y sangre, culminan en el último tesoro, una infinidad de joyas, telas, oro y piedras preciosas que han alimentado los cuentos de hadas.

Para algunas personas, como Ricardo de Bury, obispo de Durham en el siglo xiv, el verdadero tesoro se encuentra en las letras plasmadas, en la forma: cada libro es un tesoro. La relación libros-tesoro también traduce la piratería como materia fija para la actividad editorial. La piratería en los libros no solo consiste en falsificaciones, como se suele relacionar el término, también son piratas aquellos de dudosa procedencia, los que tienen en el lomo o en el canto el nombre de una biblioteca o los nuevos lanzamientos con precios demasiado bajos, aquellos que salen de las imprentas como exceso de tiraje y se venden por debajo del agua, sin reportes de contabilidad, pero con ganancias. El contrabando se ha vuelto fácil de consumir gracias a lugares y espacios identificables y constantes. Uno de esos es el corredor peatonal de Balderas, ubicado afuera de la Biblioteca de México José Vasconcelos, en la Ciudadela de la Ciudad de México, conocido por su oferta de libros baratos y de dudosa procedencia. En el tianguis se respira tinta, las mesas con manteles blancos están llenas de libros, nuevos y usados; alguwww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Ricardo de Bury, obispo de Durham en el siglo xiv, pensaba que cada libro es un tesoro.

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Los vendedores del tianguis afirman que desconocen de dónde provienen los libros, “alguien se los trae”.

La Ribera de San Cosme está invadida por un tianguis que no destaca por una contraoferta cultural como el corredor de Balderas.

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nos maltratados y otros, los sospechosos, con colores o detalles de impresión que delatan su naturaleza. Ojear la oferta es descubrir una mezcla de libros de viejo y ediciones apócrifas, estas últimas varían en calidades: algunos parecen genuinos, pero por precio y tiempo invitan a pensar que son buenas copias; el resto es una burla al lector avispado que entiende de una buena presentación. Entre los vendedores del tianguis está Roberto. Algunos de sus libros, todos retractilados, se ven extraños. Él afirma no llevar mucho tiempo vendiendo y que desconoce de dónde provienen los libros; “me los traen”, asegura. Pero como buena trama de espionaje, al preguntarle al vecino, los detalles acusan. De tres vendedores en el espacio, cerca de la fuente de Atenea, ninguno puede identificar a su proveedor. El segundo señala a Roberto como el jefe, pero el tercero dice que, en realidad, es el segundo; todos concuerdan en que no saben de dónde viene la mercancía. Su amabilidad contrasta con la inquietud de sus respuestas sobre la ruta libresca. Un libro que causó gran revuelo, Emma y las otras señoras del narco, de Anabel Hernández, cuyo precio en librerías en promedio es de $299 pesos, aquí lo encuentras, descolorido y misterioso en $180. El mercado de los libros piratas sabe aprovechar el momento. Por ejemplo, El Rey del cash, de Elena Chávez, que en librerías cuesta $299, se vende en $150 en la Ribera de San Cosme, avenida invadida por un tianguis que no destaca por una contraoferta cultural como el corredor de Balderas, sino por mercancía incierta de ropa, películas y celulares. El fenómeno de El Rey del cash expone ambas oportunidades de la piratería: el mercado físico y el de internet. Este título ha tenido buena difusión a través de WhatsApp. Compartir material sin permiso del titular de derechos es piratería. La Encuesta Nacional sobre Hábitos de consumo de piratería 2021(realizada por Ulises Beltrán y Asowww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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ciados para el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial) demostró que 89% de la gente considera que descargar libros sin autorización es algo normal1 y los tianguis son los espacios físicos donde los mexicanos reconocen y consumen la piratería,2 a los que se suma uno de los más buscados: el Callejón de la Condesa, detrás del Palacio de Minería en el centro histórico. Este lugar alberga un tianguis del libro que reúne varios aspectos de la aventura pirata: libros de saldo, de viejo y falsificaciones. Los de viejo suelen ser ejemplares maltratados u oxidados, que llaman la atención por su olor; los de saldo, salidos de la matriz del original, pero “fuera” de tiraje; las falsificaciones, impostores que surgen de los archivos originales proporcionados por miembros de la editorial o de la imprenta. Entre las estructuras metálicas y las planchas de madera, estos tres órdenes son la oferta de la Condesa. Una de las buenas anécdotas de libros pirata ocurrió en una Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde uno de los expositores —de una librería establecida— llevó ejemplares piratas de una novedad a un precio muy bajo y se convirtió en un éxito. Alguien de la editorial del libro original se dio cuenta y amenazó con irse, junto con otras editoriales, si no se expulsaba de inmediato a aquellos bucaneros. Los reclamos fueron escuchados y el incidente controlado. Alguna vez un profesor de literatura contó otro incidente en la fil de Guadalajara, aunque esta vez no involucraba a una editorial rival o un producto apócrifo, sino a un vendedor con aires de Barbanegra. El objeto: un libro cuyo precio lo volvió inaccesible para los posibles compradores. El pirata: un vendedor vivillo con ganas de prosperar. El golpe: el vendedor identifica a los interesados y les hace una oferta: “Deme $300 por el libro”. En caso de una negativa, el interesado 1 2

El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial demostró que 89% considera que descargar libros sin autorización es algo normal.

Un libro cuyo precio lo vuelve inaccesible para los posibles compradores estimula el ingenio del vendedor vivillo con ganas de prosperar.

Encuesta Nacional. Resultados cuantitativos, p. 16. Ibid., p. 43.

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La piratería no solo compro­mete la calidad del libro, sino también su quehacer y la producción.

En la pandemia, la piratería se volvió más común en el contexto acadé­mico, los pdf se convirtieron en fuente del conocimiento.

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se iría desmoralizado ante la situación. En los casos afirmativos, el vendedor tomaría dos ejemplares, uno se lo prestaba al interesado para que colocara el dinero adentro. Con la transacción asegurada, procedía a entregarle con discreción el segundo ejemplar. La piratería es una situación que no solo compromete la calidad del libro, sino también su quehacer y la producción. La industria editorial reportó, en 2019, el año anterior a la pandemia, ingresos de poco más de 3 700 millones de pesos en las librerías tradicionales. El año siguiente, 2020, en pleno poderío del covid, perdió 20%, ambos datos según la agencia Nielsen Bookscan México. En 2021 hubo un repunte de 39.5%, y este 2022 el crecimiento se ha mantenido, pero con el peso de factores económicos como la inflación —de 8.41% en la segunda quincena de octubre de 2022 (Inegi)— y la escasez mundial del papel. Los artículos 424 y 425 del Código Penal Federal señalan las sanciones por vender, producir y dar mal uso a obras protegidas por el derecho de autor (piratería), así como los castigos al editor que produzca más ejemplares de los autorizados (todavía piratería). Quien incumpla puede pasar en prisión de seis meses a seis años. Durante la etapa más dura de la pandemia, la piratería se volvió más común en el contexto académico, los textos en pdf se convirtieron en la casi única fuente de conocimiento: acceder a una biblioteca física era imposible, y ambas partes, estudiantes y maestros, nunca han sido los más dispuestos a pagar por algo a lo que le pueden sacar foto —como ocurría con las fotocopias— y mandar por correo electrónico. Instituciones que combaten plagios y buscan nuevos saberes, se hicieron cómplices y criminales. Contamos con las leyes para frenar la piratería, pero estas han sido rebasadas por la fantasía del brillo y el oro falso de la cultura. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Miguel Ángel Guzmán Editor y diseñador gráfico

La capacitación editorial en México Una pequeña historia1

La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (A partir de 1975)

Los decanos

L

os primeros esfuerzos de capacitación editorial en México los emprendió la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), a través de su Centro de Capacitación, que el 31 de julio de 1975 inauguró, con la intervención de Jorge H. Flores, la primera escuela de capacitación editorial en el país: el Centro de Desarrollo Editorial “Rafael Reynoso”, en honor al primer presidente de la Caniem. El Centro llevó a cabo en sus mejores momentos 18 cursos anuales, usualmente de breve desarrollo y dirigidos fundamentalmente a los colaboradores de las casas editoriales miembros de la Cámara, además de ofrecer cursos contratados a casas editoriales y otras instituciones que los solicitaran. Muchos años después, el Centro derivó en una instancia autónoma de la Caniem, aunque no independiente

La Caniem, a través de su Centro de Capacitación, inauguró en 1975 la primera escuela de capacitación editorial en el país.

1 Este texto fue elaborado para “Cultura editorial en México / Historias sonoras”, proyecto concebido y coordinado por Marina Garone Gravier, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la unam. Invitamos a los lectores a escuchar el texto en estas dos cápsulas del proyecto, en la voz de Fernanda Sosa.

(Parte 1, https://open.spotify.com/episode/4WvKlSmoM19hxrdenTXU9o?si=03302f76bf2047d5) (Parte 2, https://open.spotify.com/episode/3tyJP75LWE7rAoHAQa6BGN?si=e087bcb1977140de) www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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de ella: Editamos, que desde hace unos años continuó la labor de capacitación editorial. Paralelamente se creó, desde 1990, la beca Juan Grijalbo, quizá la convocatoria más conocida de la Cámara, con el desarrollo de 40 horas impartidas durante una semana de actividad fuera de la Ciudad de México, desde luego, esto antes de la pandemia. También la Cámara ha coorganizado con las divisiones de Educación Continua de facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) diversos diplomados y cursos editoriales.

Fondo de Cultura Económica, Dirección de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes e Instituto Superior de Intérpretes y Traductores (A mitad de los años ochenta) Felipe Garrido y Alejandro Zenker, en 1984, coordinaron para el Fondo de Cultura Económica el Primer Semi­nario sobre Literatura y la Formación de Editores.

Del 19 de marzo al 6 de abril de 1984, el Fondo de Cultura Económica (fce), con la coordinación de Felipe Garrido y la de Alejandro Zenker, del Instituto Superior de Intérpretes y Traductores, y la Dirección de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, emprendieron el Primer Seminario sobre Literatura y la Formación de Editores, en un momento en el que solo se tenían los antecedentes de la Caniem. Se alcanzó a convocar a una segunda edición del Seminario poco tiempo después. Ambas convocatorias fueron dirigidas a todo público interesado, en forma abierta y sin requisitos previos. Casa Universitaria del Libro de la Universidad Nacional Autónoma de México (A partir de 1991)

En 1991 la Casa emprendió cursos y diplomados de capacitación editorial, exposiciones de ilustraciones utilizadas en el medio editorial, presentaciones de libros, mesas redondas y, posteriormente, cursos informáticos para el medio editorial. 72

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Esta actividad, de amplia convocatoria, se mantuvo durante la dirección de María Dolores Davó, la coordinación académica de Elizabeth Zamora y el apoyo organizativo y administrativo de Maripaz, continuada hasta la mitad de 2000, cuando se designó a Carmen Carrara para dirigir la Casa por un tiempo relativamente corto. La dirección pasó a ser jefatura, ocupada por Martha Martínez hasta 2017, tiempo en el que fue sustituida por Fernando Chamizo. Poco tiempo después, la Casa Universitaria del Libro dejó de pertenecer a la Coordinación de Humanidades para pasar a la Coordinación de Difusión Cultural. Las actividades de capacitación editorial de la Casa han perdido un tanto de relevancia a partir de que dejó la jefatura Martha Martínez, y después de la mayor capacidad de convocatoria y oferta de cursos y diplomados con María Dolores Davó, Carmen Carrara y Elizabeth Zamora.

La Casul dejó de pertenecer, en 2017, a la Coordinación de Humanidades de la unam para pasar a la Coordinación de Difusión Cultural.

Centro Editorial Versal (A partir de 1992)

Miguel Ángel Guzmán, con las bases teóricas y prácticas obtenidas de la disciplina de Lengua y Literaturas Hispánicas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam (con profesores de español superior como Juan Manuel Lope Blanch, Ernesto Mejía Sánchez y José G. Moreno de Alba; de literatura y crítica literaria, como Juan José Arreola, Tito Monterroso, María del Carmen Millán, Eugenia Revueltas, Alaíde Foppa, Sergio Fernández, Luis Rius, y de muchos otros reconocidos maestros, de 1968 a 1973), la práctica de editar revistas literarias independientes (como Xilote, Manatí y Zurda) y la formación editorial fraguada en las editoriales Ediciones de Cultura Popular (con la dirección de Raúl Macín) y SEPSetentas (con la experiencia y dirección de María del Carmen Millán, Felipe Garrido, Alí Chumacero, Roberto Suárez Argüello, entre otros), realizó, junto con la historiadora, lingüista y diseñadora Rosana de Almeida, en 1992, las primeras convocatorias de capacitación www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Miguel Ángel Guzmán y Rosana de Almeida hicieron, en 1992, la primera convocatoria de capacitación editorial que constituiría, dos años después, el Centro Editorial Versal.

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En 2022 se convocó la 25.a edición de la especialización editorial y la 12.a del Diplomado en Redacción Editorial y Cuidado de la Edición.

Versal ha colaborado con numerosas instituciones educativas, casas editoras, organismos públicos, dentro y fuera del país, impartiendo curso y talleres.

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editorial que constituirían, dos años después, el Centro Editorial Versal. Ambos comenzaron sus actividades de capacitación editorial sin paradigmas ni modelos que seguir (que había muy pocos y casi desconocidos) y sin institución, universidad, empresa, asociación ni editorial que respaldara los esfuerzos emprendidos, de manera totalmente personal e independiente, solo intentando ofrecer lo que a cualquier interesado en integrarse a la labor editorial o ya integrado a esta función en el ámbito universitario, editorial, periodístico, corporativo, le resultara indispensable conocer y practicar. Han sido emitidas más de 350 convocatorias editoriales, entre especialización, cursos, talleres y diplomados, de las que han egresado alrededor de 4 500 participantes de México y América Latina. En 2022 se convocó la vigesimoquinta edición de la especialización editorial y la decimosegunda del Diplomado en Redacción Editorial y Cuidado de la Edición. Ha coorganizado convocatorias editoriales con instituciones como la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Caniem, el Barcelona Centre de Tecnologies, la Casa del Lago de la unam y, de la misma universidad, la Casa Universitaria del Libro. Versal ha colaborado con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el Colegio de Ciencias y Humanidades y el Taller para Editores de Revistas Científicas y Arbitradas, las tres instituciones de la unam, y ha sido contratado para impartir cursos editoriales internos o al público en general por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el anterior Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Casa Universitaria del Libro, el Instituto Nacional de las Mujeres, la Asociación de Escritores de México, Terra Networks, El Colegio de Michoacán, la Universidad Iberoamericana-Plantel Golfo, la Universidad del Claustro de Sor Juana, el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (del Estado de México), el anterior Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, el Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, la Comisión Nacional para el Conocimiento www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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y Uso de la Biodiversidad, la Universidad Autónoma Chapingo, y varias editoriales, como Plaza y Valdés, Ediciones Castillo-Macmillan, Ediciones B, entre otras. Así también, Versal ha sido contratado por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y el Instituto Cubano del Libro, y en varias ocasiones por la Universidad Estatal a Distancia de San José, Costa Rica. En 2022 Versal cumple 30 años de ofrecer capacitación editorial en forma de especialización, diplomados, talleres y cursos para México y América Latina.

A partir de estas experiencias se puede mencionar a otros convocantes de cursos y diplomados editoriales, como Profesionales de la Edición, varias instancias universitarias, editorial Sexto Piso y muchas convocatorias que se han presentado desde mediados de la década pasada. En el espacio de Facebook Versal/Foro Editorial se publican diversas convocatorias de cursos cortos de contenido editorial impartidos por convocantes individuales, como Liliana Esparza, Melissa Fernández, Paco Calles y Tipografilia, o en nombre de universidades y redes universitarias, como la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la unam, la Escuela de Escritura de esta misma universidad, y diversas agrupaciones, como Cultura Lectora: Edición, Escritura y Oralidad, Recomiéndame un Buen Libro!!, Museo Anahuacalli, Talleres de Escritura Creativa y Fomento a la Lectura (del Instituto Sonorense de Cultura), por mencionar solo algunos convocantes. Una instancia reciente de capacitación editorial la representa Trabajadores de la Edición (te), cuyas convocatorias son, con mucho, las de precios más bajos del mercado, son simbólicos, ya que su propósito central es difundir la actividad editorial y a sus profesionales ante un público amplio y no profesional. Intenta, más que formar, divulgar, dar a conocer las fases y procesos de cómo se conciben y se llevan a cabo, se hacen, las publicaciones, y quiénes intervienen, www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Otros convocantes de capacitación editorial

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con cuáles oficios, en esta realización. Trabajadores de la Edición considera que no puede presentarse un desarrollo editorial sin que un público más amplio conozca qué representa ese medio, cómo se constituye y quiénes y con cuáles tareas lo configuran. Hoy la oferta de capacitación editorial en México es extensa y diversificada. Podemos afirmar que el país cuenta con una planta de profesionales de la edición consolidada, capaz y en crecimiento.

Las maestrías

Hoy la oferta de capacitación editorial en México es extensa y diversificada.

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La maestría en edición de la Universidad de Guadalajara (De 1993 a 1997)

La Universidad de Guadalajara fundó, a instancias de Jesús Anaya Rosique (a su vez inspirado en los programas de escuelas como el Book House Training Centre, de Londres; la Scuola per Librai Umberto e Elisabetta Mauri, de Milán; la Börsenverein des Deutschen Buchhandels, de Fráncfort; y el Canadian Centre for Studies in Publishing, de la Universidad Simon Fraser, de Vancouver), el Centro Internacional de Estudios Profesionales para Editores y Libreros, que, con la colaboración de la Caniem, emprendió una maestría en edición, ampliamente reconocida, que alcanzó a titular a dos generaciones, la primera en la ciudad de Guadalajara (de 1993 a 1996) y la segunda y última en la de México (1994-1997). Las principales asignaturas impartidas fueron historia del libro, planeación editorial, derecho de autor, mercadotecnia editorial, diseño gráfico. Algunos de sus principales profesores fueron Jesús Anaya (asistido por María Luisa Valdivia), Federico Álvarez, Peggy Espinosa, José Luis Caballero. Una sucinta evaluación de esta maestría la proporcionó Tomás Granados Salinas, quien participó en la segunda y última generación: “Etapa fenomenal: sirvió de inmersión en la industria y para conocer colegas, tanto entre los compañeros como entre los profesores; nos abrió los ojos www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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internacionalmente, pues había vínculos con la londinense Book House Training Centre”. De estas experiencias, y para llenar un vacío de libros de texto para el medio editorial, surgió la colección “Libros sobre Libros”, creada por Libraria y el Fondo de Cultura Económica. Al parecer, esta maestría no mantuvo el interés de las autoridades de la Universidad. Desafortunadamente no se ha vuelto a convocar. Participantes en ella, miembros de la Universidad Autónoma Metropolitana, como Gerardo Kloss, Arnulfo de Santiago, Sofía de la Mora y Amelia Rivaud, quedarían con la inquietud de fundar una maestría semejante en su universidad.

La colección “Libros sobre Libros” fue creada por Libraria y el Fondo de Cultura Económica.

La Maestría en Diseño y producción editoriales de la Universidad Autónoma Metropolitana

Según ha informado puntualmente Gerardo Kloss, ya existía desde 1997, con egresados de la Maestría en Edición de la UdeG, el primer anteproyecto de una maestría en edición por la Universidad Autónoma Metropolitana, que fue archivado hasta 2006, cuando se convocó a los profesores de la División de Ciencias y Artes para el Diseño a proponer nuevos posgrados, uno de los cuales fue la Maestría en Diseño y producción editoriales, finalmente aprobada en 2009. Se había decidido que el término producción editorial solventaría lo polisémico de solo edición, y como su adscripción resultó más adecuada a la Escuela de Diseño que a literatura, filología, lingüística, humanidades, comunicación social o periodismo, se aprobó agregar diseño a producción editorial. Se constituyó así una maestría transdisciplinaria. El objetivo general del plan de estudios es que “el egresado sea capaz de planear, integrar y aplicar los conceptos y técnicas de la producción editorial para responder apropiadamente a necesidades sociales y culturales específicas”. “Se aspira a que el egresado sea un agente transdisciplinario capaz de desempeñarse como editor, diseñador de www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

En 2009, la Universidad Autónoma Metropolitana aprobó la Maestría en Diseño y producción editoriales.

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No ha sido función de esta maestría formar nuevos editores; deben ser editores que reflexionan sobre su propia prácti­ca.

ediciones, prestador de servicios editoriales, coordinador o administrador de procesos editoriales […] y que muestre aptitudes de investigación, gestión y organización […] y capacidad ejecutiva para concretar y realizar proyectos.” Para ingresar se requiere un título de cualquier licenciatura y al menos dos años de experiencia editorial. La maestría fue coordinada desde su inauguración, en 2009, hasta agosto de 2021 por Gerardo Kloss, y a partir de aquí, por Arnulfo de Santiago. Han egresado seis generaciones y obtenido el grado 75 alumnos. La maestría tiene seis módulos trimestrales, que se pueden cursar entre dos y cuatro años. Sus asignaturas están relacionadas con concebir, planear y editar publicaciones, así como distribuirlas y comercializarlas. Se abordan tanto aspectos técnicos como prácticos, desde la historia de las ediciones hasta los retos de llevar a la práctica nuevos proyectos. No ha sido función de esta maestría formar nuevos editores, pues sus alumnos deben ser editores formados que la toman como espacio de reflexión sobre su propia práctica, incluso encontrando nuevos caminos y especialidades descubiertos al cursarla. Asimismo, ha servido de lazo de unión y convivencia entre los participantes, y también para relaciones profesionales.

La Maestría en Producción editorial de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos

Con duración de dos años, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos brinda como posgrado esta maestría, que exige al estudiante conocimientos previos de lingüística, letras, ciencias de la comunicación, periodismo o diseño gráfico, así como saber de procesos editoriales, redacción, ortografía, sintaxis y tener capacidad para elaborar una propuesta de proyecto editorial. Como objetivo general plantea formar recursos humanos en producción editorial con enfoque en edición, diseño 78

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y gestión en medios impresos y digitales, y como objetivos particulares, proporcionar conocimientos, tanto básicos como avanzados, en edición, diseño y gestión para generar y desarrollar productos editoriales. Integra herramientas metodológicas y tecnológicas para el desarrollo del producto editorial planteado por el alumno. Han egresado 12 generaciones, por lo que en 2022 se convocó a la decimotercera. Cuenta con una nutrida planta de maestros y directores de tesis, la mayoría egresada de la misma maestría.

Conatos de fundación de una licenciatura editorial con Versal

Vale la pena comentar conatos de fundación de una carrera de edición en la que Versal estuvo interesado para apoyar su constitución, concepto, asignaturas y planta de profesores. A finales de la década de 1990, unas entusiastas editoras de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, comentaron su gran expectativa de plantear en esa universidad la fundación de una licenciatura en edición. No cristalizó, pero sí la Maestría en Diseño y producción editoriales, de la cual han egresado y egresan varias generaciones. Una experiencia insólita, misteriosa e incomprensible: por esta época Versal recibió la visita de un supuesto funcionario de la Comunidad Económica Europea, quien planteó el establecimiento de una licenciatura en edición con carácter privado, con la imagen de la Comunidad y el financiamiento del magnate más importante del país. Desde luego, el fin era hacer rentable esa licenciatura. No pasó nada después de esa única visita. Se quedó la incógnita: ¿qué fue aquello? A comienzos de 2004, época de la reelección de Juan Ramón de la Fuente, rector de la unam, en la que avisó la constitución de 22 nuevas carreras, María Dolores Davó, en ese momento directora de la Casa Universitaria del Libro, convocó a Versal para que la acompañara en su propuesta de interesar a De la Fuente en que una de esas nuevas carreras www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Las licenciaturas

Hubo varios intentos de crear una licenciatura en edición en algunas instituciones, pero no llegaron a fraguar.

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No se confiaba en poder contar con el suficiente alumnado inscrito para costear la licenciatura.

fuera la licenciatura en edición. Desafortunadamente, no se pudo establecer ningún encuentro al respecto y María Dolores Davó dejó la dirección de la Casa Universitaria del Libro, así como la Ciudad de México. Finalmente, la propuesta que estuvo más cerca de concretarse fue el establecimiento de la licenciatura en edición por la Universidad de Tijuana, con apoyo de un grupo de editoriales de mercado encabezado por Editorial Jus. Para ello, Felipe Garrido, en ese entonces director de Jus, invitó a Versal a reunirse con la rectora y consejeros de esa universidad. Todo iba por buen camino, con unas cinco reuniones operativas para concretar conceptos, asignaturas, créditos académicos correspondientes, hasta que Versal informó lo que pagaba por hora a sus coordinadores, monto muy superior al que esa universidad y, en general, el medio universitario acostumbraba pagar por hora de clase. Felipe Garrido planteó una buena idea conciliadora, que fue la de tomar la planta de coordinadores de Versal solo como consultores que evaluarían tanto a los maestros como a los alumnos y no como los expositores del día a día y hora por hora ante los alumnos. De esta forma se darían asesorías o consultorías a maestros y alumnos, pero no la impartición de clases. Sin embargo, el planteamiento no prosperó, se hizo evidente la poca confianza de la rectora y su equipo de contar con el alumnado suficiente para costear la licenciatura. Un intento de licenciatura en edición por la Universidad del Claustro de Sor Juana

Es digno de mención el esfuerzo que emprendió la Universidad del Claustro de Sor Juana, alrededor de 2007, para establecer una licenciatura en edición, pero que, al utilizar el registro de la de diseño editorial, la Secretaría de Educación Pública no mantuvo el registro formal correspondiente. Su tira de materias presentaba asignaturas de comunicación y de lengua y literaturas hispánicas, pero no de diseño editorial. 80

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Benjamín Rocha invitó a Miguel Ángel Guzmán a impartir planeación, gerencia y mercado, tipografía y otros temas editoriales, de las pocas materias más relacionadas directamente con el medio editorial impartidas en esa licenciatura. Solo su primera generación, de dos emprendidas, logró titular a Susana Cabrera, única alumna que alcanzó a graduarse como licenciada en Diseño editorial, que de hecho fue en edición. Finalmente, una licenciatura, pero a medias

A finales de 2019 se comentó la noticia de que la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León había establecido una licenciatura en edición, lo que llenó de grandes expectativas al medio editorial y sus profesionales, pero no resultó del todo satisfactorio ver que la licenciatura se dividió con otro campo que exigiría su propio espacio y atención: la promoción cultural. Quizás esperaríamos dos licenciaturas plenas, cada una con sus asignaturas y en sus campos, pero lo que finalmente cristalizó fue la Licenciatura en Edición y Gestión de la Cultura, con el propósito de “formar profesionales […] capaces de realizar edición de textos multimodales de alta calidad y promover la gestoría de la cultura”. La licenciatura consta de 10 semestres, pero solo hasta el tercero de estos se abordan temas editoriales, los cuales constituyen finalmente 41% de las asignaturas y solo 38% del desarrollo total de la carrera. Español superior, por ejemplo, solo se aborda en el quinto semestre, con cuatro horas semanales. Sin embargo, la creación de esta licenciatura viene a subsanar la carencia en México de una carrera universitaria propiamente instituida que abordara asignaturas o materias sobre la labor editorial. La falta de una licenciatura constituía uno de los dos factores por los que podría ponerse en duda la acepción de industria en nuestro medio editorial. El otro factor, como veremos, es su bajísima participación en el producto interno bruto nacional. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

La falta de una licenciatura es uno de los factores por los que podría ponerse en duda la acepción de industria en nuestro medio editorial.

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Diagnóstico y conclusiones

¿Cuáles podrían ser considerados los seis factores que el medio editorial mexicano ha debido enfrentar históricamente?

Podemos apreciar que en México se brinda una notable amplitud de ofertas de capacitación editorial, sobre todo a partir de los años noventa. Desde convocatorias con poco desarrollo hasta diplomados, especialización o especialidad, maestrías y licenciatura. Esto nos hace contar con equipos editoriales de gran profesionalismo que quizá no se encuentren en todas las instancias de publicación con el mismo grado de oficio, conocimiento y habilidades, pero sí en varios centros representativos de producción editorial del más diverso signo y propósito. El diagnóstico de primera instancia refleja que México cuenta con profesionales de la labor editorial, de casas editoriales también con alto grado profesional, pero no con el número de lectores que se desearía, con la fortaleza o el pronóstico de que en algún momento lo alcance el medio editorial, y que quizá no amerite ser denominado industria, pues su baja participación en el producto interno bruto, de apenas 0.049%, seguramente agravada en gran medida por la pandemia, no lo hace una actividad productiva relevante en cuanto a su participación económica. El medio editorial mexicano ha sido tradicionalmente frágil, quebradizo. Solo en la década de 1970 despuntó en toda su historia, probablemente por dos razones muy concretas: la gran influencia cultural del movimiento del 68, que impulsó a capas medias y populares a instruirse, a conocer, a formarse y disfrutar la lectura; y una alta capacidad de compra, de la que se ha perdido más de 80 por ciento. ¿Cuáles podrían ser considerados los seis factores que el medio editorial mexicano ha debido enfrentar históricamente? 1.

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La falta de hábito de la lectura. Ni secretarías de Estado, ni escuelas, ni organizaciones sociales, ni entidades privadas, ni organismos no gubernamentales, ni medios de comunicación han concertado con éxito programas de fomento a la lectura, pues para lograr resultados se exige coordinación nacional de todas las instancias. Por ello: “Leer www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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en México es una excentricidad”, afirmaba Octavio Paz. El sistema educativo no forma lectores. El sistema educativo mexicano de todos los niveles no está diseñado para formar lectores. La lectoescritura parece ser una leyenda no concretada en resultados. En los exámenes de admisión no se evalúa el español, ni la redacción, ni la comprensión lectora. Tampoco en los sistemas de egreso se califican estos temas. Claro que hay muchas iniciativas de uno que otro plantel, uno que otro maestro, que han intentado motivar la lectura y la escritura. Se han establecido programas, como “Libros del rincón”, “Biblioteca de aula” y otros, pero no parecen haber sido comprendidos ni utilizados de manera extensiva. El rezago educativo. No puede esperarse un pueblo lector con baja escolaridad, que, según las administraciones, fluctúa entre ocho y diez grados. Las publicaciones no son parte de la vida cotidiana. Para la mayoría de la población las publicaciones no son objetos de la vida cotidiana. A duras penas se restringen al libro de texto gratuito. Si alguien lee, “no está haciendo nada”, está “perdiendo el tiempo”. En el polo opuesto, ese libro puede ser considerado como algo sacro, intocable e intransitable. En ninguno de estos extremos se encuentra el libro. Debe pasar a constituirse como un simple objeto de uso cotidiano. Baja capacidad de compra. Como se mencionaba, el peso ha perdido más de 80% de capacidad de compra. Cuando a finales de la década de 1990 se le preguntaba al presidente del Instituto Brasileño del Libro qué había que hacer para que Brasil pasara a ser una potencia editorial de América Latina, respondió sin ningún rubor: “Métanle a la gente más dinero en el bolsillo”. El libro en México no es para nada caro. Prueba de ello es que la utilidad

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En los exámenes de admisión no se evalúa el español, ni la redacción, ni la comprensión lectora.

Para la mayoría de la población las publicaciones no son objetos de la vida cotidiana.

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Hagamos lo posible para lograr que la capacitación editorial se destine a un medio en crecimiento, firme y pujante que exige México.

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esperada en primeras ediciones, si es que milagrosamente se alcanzara, fluctúa entre 1.2 y 2.5%, y, evidentemente, estos simbólicos porcentajes no corresponden a un producto de masas, en los que estos márgenes podrían ser muy significativos. El medio editorial mexicano no es considerado asunto de seguridad nacional ni estratégica. A diferencia de otros escenarios mundiales, el medio editorial mexicano, frágil y quebradizo como es, no ha recibido el apoyo que lo ayudara a sortear esta terrible época pandémica. Ha tenido que enfrentarla con sus propios recursos e inventiva. Por lo contrario, el medio editorial de cualquier país debe considerarse asunto de seguridad nacional y estratégica, como las fronteras, mares, subsuelo, energías, educación.

Así, tenemos una notable capacitación editorial, pero para un medio débil y enfermizo. Falta un largo trecho por recorrer para consolidar, fortalecer y expandir esta actividad, pero los factores principales que lastran su crecimiento: educación y más capacidad de compra, rebasan con creces su ámbito. No obstante, hagamos lo posible dentro del medio editorial para ayudar a remontar esta situación, para lograr que la capacitación editorial con la que se ha contado, cuenta y contará se destine a un medio en crecimiento, firme y pujante que exige México.

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Alejandro Zenker1 Editor

Esbozo del presente y del futuro en el presente

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esde hace años, junto con Camilo Ayala, nos hemos propuesto reflexionar sobre el futuro del libro y la lectura. Invitamos también a colegas y amigos, a académicos e investigadores, a sumarse a estas deliberaciones. Sin embargo, los problemas y la continua crisis en la que ha vivido la industria del libro y la lectura siempre han orillado a todos a concentrase en el momento en que estaban inmersos. No entendían el futuro sin resolver los problemas del presente, y estos se convertían siempre en una especie de obstáculo que impide el desarrollo lineal, eterno, perenne, del libro impreso. Una vez resueltos los problemas que se perfilaban en tal o cual presente, la suerte del libro estaría garantizada por toda la eternidad. El libro se ha concebido como un producto perfecto, imposible de superar por cualquier artilugio tecnológico humano. Nos tocó ser los patitos feos en coloquios y seminarios. Mencionar siquiera que el libro impreso podría ser sustituido por el libro electrónico era una herejía. Sin embargo, el libro electrónico surgió, avanzó y se estancó. Los defensores del impreso se frotaron las manos. Habían triunfado sobre los apóstatas que visualizaban un futuro distinto. La batalla conceptual se extendió durante casi veinte años. Hoy, cuando hablamos de libro y lectura, ya no contemplamos el libro

El libro se ha concebido como un pro­ducto perfecto, imposible de superar por cualquier artilugio tecnológico humano.

El texto corresponde a la intervención en las segundas Jornadas en torno a la Edición 2022. Coloquio sobre los futuros del libro, en la mesa 3 sobre Poshumanismo. 1

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La concentración de capitales se ha ido acelerando. De los seis grandes conglomerados editoriales que había, solo quedan cuatro.

electrónico per se, sino la automatización, la inteligencia artificial, la realidad virtual y la aumentada, los nft2 y el blockchain, la robótica, entre muchos otros factores. Hoy quiero establecer un puente entre los problemas que enfrentamos como industria editorial y ese futuro ya presente que atestiguamos. Para este ejercicio me basaré sobre todo en el caso de México. Muchos elementos son semejantes a lo que se vive en otros países. Pese a las diferencias que pudieran existir, a final de cuentas la esencia es la misma. En México, una parte fundamental de la producción editorial se encuentra en manos del Estado. Me refiero al libro de texto. Si bien en un principio tuvo su justificación, debido al retraso educativo que prevalecía en el país, con el tiempo la prevalencia del libro de texto único es obsoleta, ya que se trata de una nación plurisocial, plurieconómica, pluricultural, pluriétnica y plurilingüística. Además, los avances en cuestión de políticas públicas en materia de género, por los que se reconocen hoy los derechos de la población lbgt+, hacen necesario que estos libros, lejos de ser homogéneos, respondan a la diversidad de la población. Ambos elementos: pluralidad y necesidad de fortalecer la industria editorial nacional se complementan, pero así como buscamos variedad en materia de libros de texto, también la requerimos en el mercado editorial. A lo largo de los últimos años, la concentración de capitales se ha ido acelerando. De los seis grandes conglomerados editoriales que había, a estas alturas solo quedan cuatro. El resto son editoriales independientes y académicas que caminan por la cuerda floja, aunque ese sector es el que mayor dinamismo y diversidad genera. Allí encuentran su máxima expresión géneros como la poesía, o publicaciones que responden a las inquietudes e intereses de grupos sociales culturalmente marginados. Non fungible token, o activos no fungibles. Básicamente, son certificados digitales de autenticidad. Se trata, pues, de un activo único que permite comprar y vender la propiedad de artículos digitales. 2

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El caso es que, si los libros de texto pasaran a manos de la industria editorial, podríamos vivir una explosión en materia de diversidad educativa y cultural, además de experimentar un enorme fortalecimiento de la industria nacional, lo que implicaría la consolidación de toda la cadena, incluidas las editoriales independientes. Los libros de texto deberían distribuirse no de manera directa a las escuelas, sino a través de las librerías. Pero allí enfrentamos un gran problema: no hay suficientes librerías en el país para hacerle frente a semejante tarea. ¿Qué hacer? Reforzar el sistema nacional de librerías mediante la creación, en particular, de las pequeñas, independientes, que saben vincularse mejor con su público lector. ¿Cómo generar este interés por crear librerías independientes en un país en el que la lectura no es un hábito y, por tanto, el consumo per cápita de libros es ridículamente bajo? Una librería en un poblado donde no hay lectores no es rentable. Esos poblados tampoco cuentan, por lo general, con bibliotecas decentemente surtidas. Así pues, necesitaríamos crear sistemas de apoyo económico para que, quienes emprendan la aventura librera, sobrevivan mientras se va generando el gusto por la lectura. También habría que multiplicar las bibliotecas, y para abastecerse, necesitarían adquirir libros en cantidades crecientes, pero no directamente del editor, sino de las librerías. Esto con objeto, a su vez, de robustecer el canal librero, cuyas adquisiciones beneficiarían a los editores. Un círculo virtuoso, pues. Sin embargo, no todas las editoriales han comprendido la importancia de consolidar, en esta etapa, el sector librero. Las editoriales, desesperadas durante y después de la pandemia, comenzaron a vender libros por su cuenta, pasando por alto a las librerías, sin ver que estaban cavando su propia tumba. La relativa facilidad con que hoy se pueden crear canales de venta directos a través del comercio electrónico hizo que los editores buscaran el contacto con sus lectores y así ahorrarse la comisión con la que se queda el canal. Pero una editorial sola, salvo las trasnacionales con miles de títulos e infinidad de colecciones, no puede sustituir www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Una librería en un poblado donde no hay lectores no es rentable. Esos poblados tampoco cuentan con bibliotecas decentemente surtidas.

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Se requieren muchos apoyos para estimular la industria nacional, es decir, la que surge de las entrañas del país mismo y no como sucursal de las trasnacionales.

En seis años no se puede transformar la estructura cultural de un país, sobre todo cuando hablamos de lectura.

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lo que el lector busca: bibliodiversidad. De tal suerte que, mientras los editores vieron las limitaciones de sus afanes, los libreros tuvieron que realizar grandes esfuerzos para entablar un diálogo con los editores y hacerles ver de qué manera estaban dañando mortalmente su canal básico de ventas. Hoy las librerías siguen siendo vitales. Como se observa, solucionar el problema es tarea faraónica. Para emprenderla, necesitaríamos la voluntad del Estado, pero hoy en día es difícil encontrar políticos con visión cultural que quieran luchar por invertir en cultura y lectura. Fortalecer una industria como la del libro implica muchas cosas más. Por ejemplo, para estimular la industria nacional, es decir, la que surge de las entrañas del país mismo y no la que se aposenta como sucursal de las trasnacionales, se requieren muchos apoyos. Gobiernos como los de México carecen de visión a largo plazo, sus miras son sexenales y generalmente populistas. Batallan por los votos. Y en seis años no pueden transformar la estructura cultural de un país, sobre todo cuando hablamos de lectura, pero al menos se tendrían avances sustanciales si hubiera voluntad política. ¿Qué apoyos adicionales se requieren? Por ejemplo, a la traducción, para internacionalizar la cultura literaria más allá de las fronteras lingüísticas. Estos elementos, de entrada, requerirían de la articulación de un Plan Nacional de Desarrollo Editorial (Planade), que fuera de la mano de los proyectos de transformación que se ha planteado la Organización de las Naciones Unidas para 2030. Esto significaría incorporar los principios de la ecoedición para reducir drásticamente la huella de carbono de nuestra industria. Implementar esto difícilmente puede concebirse sin la concurrencia del Estado. Enfrentar este escenario plantea un nuevo reto: la profesionalización continua del sector editorial. No solo para enfrentar los retos mencionados, sino también para incorporar creativamente las nuevas tecnologías. Si retomamos la idea de crear un amplio sistema nacional de librerías, tendría que estar enlazado a través de metadatos. Una librería pequeña no tiene capacidad para www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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albergar todos los libros. Sin embargo, un conjunto inmenso de títulos estará al alcance de los lectores si las librerías comparten sus catálogos. Y si, además, se incorporan al esquema de distribución bajo demanda, como el que ofrece Librántida, a una pequeña librería de barrio y al habitante de ese barrio se les abre un universo de lecturas enriquecedoras y asequibles. Se puede objetar que sería más lógico simplemente digitalizar a la población, de manera que acceda a las grandes librerías en línea, los llamados marketplace, como Amazon, MercadoLibre, BuscaLibre, etc., en lugar de generar ese complejo sistema librero gestionado por seres humanos. Y no deja de tener cierta razón quien así lo considere. El problema es que, si no generamos lectores, tampoco lograremos que se acerquen a la oferta librera de esos consorcios y, a la larga, estaríamos propiciando una enorme dependencia del lector de esas plataformas que manipulan a su antojo a quien las usa. Supongamos, por ejemplo, que queremos llegar a los lectores, existentes y potenciales, a través del hipotético sistema nacional de librerías que habríamos creado en todo el país y conectado a un esquema nacional e internacional de metadatos. Sabríamos, de antemano, que no estaríamos sino creando un sistema de transición hacia lo que viene. Necesitaríamos, pues, prever los cambios inevitables que se avecinan y preparar todo para que la población lectora sea sujeto y no objeto de ellos. Para eso requerimos impulsar la investigación. Eso significa vincular este proceso a las instituciones de educación superior, que incluyen la investigación, para entender lo que está sucediendo, prever lo que va a suceder y plantear una estrategia encaminada a crear sujetos lectores y no objetos de marketing. Allí entramos nosotros con estas Jornadas que buscan precisamente eso, involucrar a cada vez más entidades académicas en el análisis, la reflexión y la investigación en torno al libro y la lectura. Esto es imposible de realizar si no contamos con un sistema nacional e internacional de estadística en torno a la industria editorial, al sistema librero, a la función de www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Si las librerías comparten sus catálogos. un conjunto inmen­so de títulos estará al alcance de los lectores.

Para entender lo que sucede, prever lo que sucederá y plantear una estrategia encaminada a crear sujetos lectores y no objetos de marketing se requiere de la investigación.

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Necesitamos impulsar una agenda tran­sexenal que vaya más allá de las inquietudes generalmente políticas y mezquinas de las clases gobernantes.

Los sistemas que buscan encajonar a la población en un solo molde educa­tivo debe ser cosa del pasado.

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la lectura en el ámbito educativo y a los gustos y hábitos de lectura de la población. Eso no existe en México ni en muchos de los países de nuestra región. Por eso creamos el Instituto del Libro y la Lectura como una entidad independiente, pero la intención no ha sido del todo comprendida, compartida ni apoyada. Los destinos de libro y lectura no pueden depender del gobierno ni de los intereses meramente gremiales. Necesitamos impulsar una agenda transexenal que vaya más allá de las inquietudes generalmente políticas y mezquinas de las clases gobernantes que poco saben de libro, de lectura, y menos de ciencia, tecnología, academia, educación y cultura. Lo anterior va aparejado a un plan de defensa de la libertad de prensa, de expresión y de lectura. Los sistemas que buscan encajonar a la población en un solo molde educativo debe ser cosa del pasado. Un país como México, por ejemplo, cuenta con sectores de la población que hablan alguna de las 68 lenguas indígenas y sus variantes además del español. Necesitamos impulsar una revolución en materia educativa que lleve a desplegar las capacidades de imaginación, invención y creación en todos los terrenos. Eso potenciaría la búsqueda de la bibliodiversidad, es decir, del derecho a tener acceso a la riqueza de conocimiento y creación que ha producido y sigue produciendo la humanidad. Ese es otro de los futuros del libro. No sabemos aún por dónde transitarán las cosas, pero al menos podemos delinear posibles derroteros. Intuimos que si esto no ocurre, el mundo se polarizará: habrá una minoría que podrá acceder a la bibliodiversidad sin restricciones (o con las que imponga el sistema autoritario en funciones) y una mayoría vivirá en la escasez, sin acceso a los libros y sus derivados, y quizá sin interés en ellos. Un mundo desprovisto de lectura, tal vez, simplemente conectado a un repositorio de contenidos multimedia. Contra eso debemos luchar quienes creemos en la libertad. No nos adelantemos todavía. En este hipotético escenario, el libro electrónico e incluso el audiolibro, así como los contenidos convertidos en aplicaciones con realidad www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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aumentada y realidad virtual, podrían desempeñar un papel de creciente importancia. Nuevamente, en este caso sería necesario vincular el sector librero con sus contrapartes profesionales y académicas. Imagino aquí un escenario de amplia colaboración internacional. Cada país tendría que contar con un Instituto del Libro y la Lectura independiente, pero con fuerte apoyo gubernamental y privado. Por supuesto, habría que pensar en una intensa colaboración con la industria de las artes gráficas de cada país, así como con las industrias tecnológicas para implementar la transición general de la población del mundo analógico al digital para asentarse finalmente en el metaverso y sus derivados. Pensemos por un momento no solo en lo que ya es parte del corpus de esa bibliodiversidad, sino también en lo que está quedando en el olvido. En México, un enorme volumen de obras, muchas de ellas publicadas por entidades privadas o gubernamentales, y muchas otras producto de becas para la creación, como las que promovió aquí el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, se encuentran abandonadas. Una labor de rescate se antoja imprescindible para enriquecer el corpus que, en 2010, Google calculaba en 129 864 880 de títulos publicados a lo largo de la historia de la humanidad.3 En el camino, tendríamos que combatir la piratería, que con una verdadera bibliodiversidad ya no sería tan problemática, y poner el ojo en convencer y no en criminalizar. Esto abre un inmenso paréntesis en materia de derechos de autor. ¿Podrá subsistir la protección de esos derechos por 75 años, o 100 como en el caso de México? ¿Quién gozará

Habría que pensar en una colaboración con la industria de las artes gráficas para implementar la transición general del mundo analógico al digital.

Con bibliodiversidad, la piratería no sería tan pro­blemática, y habría que poner el ojo en convencer y no en criminalizar.

Fuente: Google Books Search, https://booksearch.blogspot. com/2010/08/books-of-world-stand-up-and-be-counted.html. Si suponemos que se han añadido 26.4 millones de títulos nuevos en los últimos 12 años desde el cálculo de Google, podemos obtener un estimado de 156 264 880 títulos en 2022. Esta cifra no considera los libros electrónicos, los audiolibros ni los libros sin isbn, que incluyen muchos libros autopublicados. Talon Homer, “How Many Books Are There in the World?”, https://entertainment.howstuffworks.com/arts/literature/ how-many-books.htm 3

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La mayoría de quienes trabajan en la industria editorial son mu­jeres, pero no se refleja en niveles directivos ni en materia de orientación de las empresas.

Quienes redactan las leyes desconocen lo concerniente a la industria del libro y al fomento sistemático y a largo plazo de la lectura.

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de los derechos de autor de las obras creadas por la inteligencia artificial? En el futuro, ¿seguirán protegiéndose los derechos de autor como se hace ahora? Es una interrogante que abre un mar de reflexiones. También debemos trabajar en materia de diversidad, de equidad de género y en la imperiosa necesidad de que las minorías encuentren representatividad en los catálogos editoriales. Para eso hay que romper con el sistema patriarcal, misógino, clasista y racista que prevalece en la industria editorial y en el resto de la cadena del libro. Unos datos a nivel mundial: la mayor parte de la industria editorial la dominan hombres blancos; la mayoría de los personajes son también blancos. Por otra parte, paradójicamente, la mayoría de quienes trabajan en la industria editorial son mujeres, pero no se refleja en niveles directivos y en materia de orientación de las empresas. Llama la atención que 95% de los libros publicados en Estados Unidos son de hombres blancos en un país con una población afroamericana y latina muy significativa. De allí se deriva que las empresas requieren buscar editores con sensibilidad y orientados a generar diversidad para atender esos otros nichos. ¿Cómo hacerlo si nuestros gobiernos y legisladores ignoran lo concerniente a la industria del libro y al fomento sistemático y a largo plazo de la lectura y de la cultura entre la población? Cuando, a lo largo de este año, batallamos por modificar la nueva Ley General de Bibliotecas, que lesionaba los derechos de los autores, de los editores y de los libreros y, en consecuencia, también de los lectores, nos dimos cuenta de que enfrentábamos un problema mayúsculo: quienes redactan las leyes desconocen todo, o gran parte, de lo que es nuestro ámbito de actividad. Legislan con los ojos en la nuca, con un parcial o total desdén. ¿Cómo cambiar su percepción? Mediante la formación en la materia. Pero ¿acaso los legisladores y demás entidades del gobierno dan lugar a que les digamos: vengan, les vamos a explicar de qué van las cosas? El ignorante rara vez reconoce que lo es y, por tanto, no acepta la orientación de académicos y profesionales. Por eso tenemos que trabajar en mancuerna, industria www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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y academia, para crear conciencia y generar cambios con miras al futuro ya tan próximo. ¿En qué punto se encuentra la realidad analógica y digital actual? El audiolibro va en crecimiento. Esto era predecible porque, finalmente, somos una sociedad basada en la escucha y en el habla. De allí que nos vinculemos cada vez más con auxiliares como Siri y Alexa. Recordemos que en México y en otros países latinoamericanos las radionovelas tuvieron una época de enorme popularidad. Escuchar historias mientras la gente trabajaba era muy habitual. También lo era oír o ver en televisión versiones cortas de cuentos y novelas. Eso vuelve a resurgir con plataformas como Blinklist, que te resumen un libro de 250 páginas en un audio de 15 minutos. Por otro lado, la falta de una incorporación y cultura tecnológica ha hecho que las librerías tengan un catálogo muy pobre, constituido generalmente por las obras más vendidas. Las editoriales independientes carecen de oportunidades en ese terreno. Las recuperan cuando se integran a plataformas de distribución bajo demanda, como Librántida, que distribuye a miles de librerías y producen cuando la compra se hace en firme por parte del lector. La falta de destrezas, de conocimientos tecnológicos e incluso de las soluciones existentes, sin costo para ellos, impactan en la viabilidad del sector editorial. Por otra parte, la inteligencia artificial, aunada a la automatización y al uso de la realidad virtual y la realidad aumentada, ya son áreas de oportunidad para la industria editorial. Hoy ya se trabaja haciendo uso de esas capacidades para la clasificación, la adquisición inteligente de novedades editoriales, la revisión de plagios, la comercialización y promoción, o la generación automática de audiolibros cada vez más cercanos a la voz humana. Incluso la traducción automática está avanzando a pasos agigantados. Los bookstagrammers o booktubers han ido adquiriendo cada vez más importancia en las plataformas. De igual manera, hoy TikTok se ha convertido en una de las más importantes y populares para la promoción de libros. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

El audiolibro va en crecimiento. Esto era predecible porque, finalmente, somos una sociedad basada en la escucha y en el habla.

La inteligencia artificial, la automatización, la realidad virtual y la realidad aumentada son áreas de oportunidad para la industria editorial.

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El futuro, que pareciera un imaginario irreal, ya se está fraguando y lo veremos más pronto de lo que pensamos.

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Asimismo, el fenómeno de los autores que recurren a la autopublicación también crece. Ya hoy los más hábiles y audaces ganan más por la libre que siendo publicados por editoriales establecidas. Incluso se comienza a usar el blockchain y los nft para la comercialización de todo tipo de bienes, incluidos libros y obras de arte. Este no es más que un esbozo del presente, y del futuro en el presente, futuro que pareciera un imaginario irreal, pero que ya se está fraguando y que veremos más pronto de lo que pensamos, a menos que seamos capaces de imaginarlo.

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[Los libros] sazonan las cosas alegres y moderan las tristes, reprimen los ímpetus temerarios de la juventud, alivian la molestia tarda de la vejez; en casa, fuera, en público y en particular, en la soledad, en la frecuencia, en el ocio, en los negocios nos acompañan y hacen preferencia y aun nos presiden, favorecen y ayudan. Juan Luis Vives, Introductio ad sapientiam (1524)

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Laurette Godinas Académica e investigadora

Editar textos bibliográficos del periodo colonial: un recorrido por la historia de la cultura escrita

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l hablar de edición de textos bibliográficos y cuestionarnos como académicos, de inmediato nos viene a la mente una realidad innegable: la edición, como la bibliografía, padece de una doble naturaleza. Es a la vez una realidad material (una lista de libros, una de las sucesivas manifestaciones producto del trabajo de una serie de procesos) y una disciplina, es decir, el conjunto de saberes teóricos y prácticos, así como de reflexiones intelectuales, conscientes o inconscientes, que se ponen en marcha para producir dicha lista o “edición”, primera o consecutiva, de una realidad que no es concreta hasta que se organiza e imprime sobre papel. “Editar” es uno de los verbos que ha acompañado —al parecer desde siempre— la transmisión de saberes junto con su responsable, el editor, y la culminación, física o intelectual, de los procesos a los que somete los textos, la edición, pero una mirada a los grandes corpus lingüísticos muestra que su uso no remite a tiempos inmemoriales. Lo cierto es que, durante mucho tiempo, edición fungió como sinónimo de ‘impresión’, en la medida en que ‘editar’, verbo cuya aparición va de la mano de ‘editor’, aparece como novedad en el siglo xviii. Baste como prueba esta entrada del diccionario de Esteban de Terreros y Pando, monumento de la lexicografía castellana, cuyo segundo tomo vio la luz en 1787, para quien el editor es “hombre sabio, que cuida de sacar a la luz las obras de otros, ya modernos, o ya antiguos. Fr. Editeur. Lat. Editor”; y no deja de añadir: “En Francia es voz nueva, pero ha hecho fortuna; no sabemos si la hará www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

La edición, como la bibliografía, padece de una doble naturaleza: es a la vez una realidad material y una disciplina.

Durante mucho tiempo, edición fungió como sinónimo de ‘impresión’.

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El drae de 1817 insiste en que edición abarca dos mundos semánticos: el proceso de publicación y la misma obra impresa.

en Castellano, en donde también lo es, y quiere probarla”.1 Esta idea de la novedad del término, junto con el carácter innovador y propositivo ya evidenciado del diccionario del jesuita vizcaíno,2 explica sin duda que es solo hasta la tercera edición de su Diccionario de la lengua castellana cuando la Real Academia Española enlista la palabra, quedándose nada más con la idea, muy vinculada a la etimología que remonta al participio editus de edere, compuesto del prefijo ex y del verbo dare, de que el editor es el que “saca a luz o publica alguna obra ajena y cuida de su impresión”.3 Si bien la aparición del término edición es ligeramente anterior —ya documentado desde el diccionario español-inglés de Stevens en 1706 para “edition of books”—,4 el Diccionario de autoridades evidencia desde muy pronto su inmersión en el mundo de la imprenta (es “publicación e impresión”5), aunque el drae de 1817 no deja de insistir en el hecho de que edición abarca los dos mundos semánticos a los que me refería al inicio de este texto: “el proceso de publicación y la misma obra impresa”.6 El contenido semántico del término edición no hizo más que ensancharse e incluyó, a la zaga de los progresos en la disciplina filológica, la entrada “texto de una obra preparada con criterios filológicos”, amén de desgranar mediante epítetos específicos el tipo de edición al que se apunta, como Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las lenguas francesa, latina e italiana, Madrid, Viuda de Ibarra, 1787, s. v. Editor. 2 Para más información al respecto, véase Francisco M. Carriscodo Esquivel, “La labor lexicográfica de Esteban de Terreros”, Oihenart, núm. 23, 2008, pp. 13-34. 3 Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana, Madrid, Viuda de Ibarra, 1791, s. v. Editor. 4 John Stevens, A new Spanish and English Dictionary, Londres, George Sawbridge, 1706, s. v. Edición. 5 Real Academia Española, Diccionario de autoridades, Madrid, Imprenta de la Real Academia por la Viuda de Francisco del Hierro, 1732, t. 2, s. v. Edición. 6 Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana, Madrid, Imprenta Real, 1817, s.v. Edición. 1

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se evidencia en la edición de 1984, donde explica, además de los sentidos ya acumulados, que es también “texto de una obra preparado según criterios filológicos”,7 acepción 4 que fue también admitida por un diccionario especializado como el Diccionario de bibliología y ciencias afines de Martínez de Souza, publicado por primera vez en 1989, aunque termina dando la definición del concepto más completa, que incluye el “conjunto de trabajos editoriales conducentes a la publicación de una obra”.8 No cabe duda, pues, de que los editores del siglo xxi, a la zaga de los del siglo xx, aceptaron, añadiéndole reflexiones sobre su propio quehacer, la tarea que la lexicografía imputó a los editores del siglo xix de sacar a la luz textos ajenos o responder por los contenidos de lo que se publica en periódicos. En el reciente manual de la conocida École Nationale des chartes, titulado Les mots de l’édition de texte, interesante trabajo que ofrece un diccionario centrado en el léxico de la edición, en la entrada “edición” añade incluso una observación, especie de nota bene que parece tumbar la exclusividad mecánica del proceso de edición, y atribuye el método de preparación para su publicación al ámbito manuscrito: “la plupart des livres manuscrits antiques et médiévaux conservés n’étaient pas destinés à être conservés et utilisés uniquement par leur copiste: de ce fait, la plupart sont le résultat d’un processus éditorial (sens 1) qui en assurerait la lisibilité auprès de leurs destinataires”.9

Los editores del siglo xxi aceptaron la tarea que la lexi­cografía imputó a los editores del siglo xix de sacar a luz textos ajenos o responder por los contenidos de lo que se publica en periódicos.

Real Academia Española, Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1984, s. v. Edición. 8 José Martínez de Souza, Diccionario de Bibliología, Madrid, Fundación Germán Ruipérez Sánchez, 1989, s. v. Edición. 9 Frédéric Duval, Les mots de l’édition de textes, París, Écoles des chartes, 2015, s. v. Édition. Traduzco: “La mayor parte de los libros manuscritos antiguos y medievales conservados no estaban destinados a ser conservados y empleados solamente por sus copistas: por lo mismo, son el resultado de un proceso editorial (en la acepción 1) capaz de asegurar su legibilidad para sus destinatarios”. 7

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El verdadero problema es saber que el oficio de editor exige preparación. Debe tener una doble competencia: la de la materia de la que trata y la del oficio de editor.

En suma, la ya añeja profesionalización del ministerio de editor acentuó la idea, ya presente en las definiciones dieciochescas, de que el editor se da a la tarea de publicar obras ajenas. En este sentido, la especialización que emergió a medida que se afianzaba en el ámbito hispánico una metodología refinada a lo largo del siglo xviii, elaborada como instrumento en el siglo xix y sometida a diversas revisiones en el siglo xx, como la crítica textual que dio pie al sintagma “edición crítica”, no se aleja de dicha misión de abrir al público obras de otros autores mediante un análisis detenido de su transmisión textual. Me parece muy interesante la reflexión propuesta por Alphonse Dain en 1975, cuando afirma: “Dans ces conditions, le vrai problème, et le seul, consiste à savoir ce que l’on fait. Et d’abord, savoir qu’il y a un métier d’éditeur pour lequel on ne peut être qualifié sans préparation. L’éditeur doit avoir une double compétence : celle de la matière qu’il traite et celle du métier d’éditeur”.10 He aquí, pues, la esencia de la misión del editor, trátese de edición académica o del trabajo ecdótico destinado a dar cuenta de un texto que vive en la diacronía. Propongo ejemplificarlo a partir de mi experiencia reciente con textos bibliográficos de los siglos xviii y xix.

La crítica textual

Sin querer entrar en polémicas, me parece importante detenernos a perfilar ciertas precisiones que, espero, permitirán una comprensión global de lo que quisiera compartir con ustedes. En palabras de Germán Orduna —pionero en la introducción del método en el ámbito hispánico y, sobre todo, de la reflexión histórica sobre sus alcances y limitaciones—, Alphonse Dain, Les manuscrits, París, Les Belles Lettres, 1975, p. 179. Traduzco: “En estas condiciones, el verdadero problema, el único, es saber lo que uno hace. Y, primero, saber que hay un oficio de editor para el cual no se puede ser calificado sin preparación. El editor debe tener una doble competencia: la de la materia de la que trata y la del oficio de editor”. 10

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la crítica textual es, si se entiende como “metodología de la edición crítica de un texto”, la operación esencial del quehacer filológico.11 Textkritik en alemán, critica testuale en italiano, critique textuelle en francés, lengua en la que recibió además, siguiendo la propuesta del benedictino Dom Quentin en 1926, el nombre de ecdotique. Este nombre tan peregrino fue tomado del griego ekdosis, que se usaba para designar la copia cuidadosa hecha sobre el syngrama del autor, y del verbo ekdidonai, que remitía a la entrega, al ofrecimiento de un texto al público. Aunque no de forma avasalladora, el término ecdótica se ha ido forjando una identidad también en el mundo hispánico, y en nuestra unam incluso dio nombre a la revista publicada por el Seminario de Edición de Textos del Instituto de Investigaciones Filológicas, llamada no sin cierto toque de humor (an)Ecdótica.

Dom Quentin, en 1926, propuso el nombre de ecdotique para la operación esencial del quehacer filológico.

1. Fases de la crítica textual.

La metodología, que funciona como la serie de operaciones básicas imprescindibles para la obtención de una edición que pueda llamarse crítica, consta normalmente de dos grandes etapas: recensio y constitutio textus. La primera estriba en el trabajo previo que el lector no ve de descripción material de las fuentes, collatio o cotejo de los testimonios, primero en sus características externas (dispositio) y luego textuales, que permite llevar al rastreo de la historia textual

La metodología para la obtención de una edición crítica consta de dos grandes etapas: recensio y constitutio textus.

Germán Orduna, Ecdótica. Problemática de la edición de textos, Kassel, Reichenberger, 2000, p. 8. 11

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El editor detecta en el texto los loci critici e interviene para ofrecer un texto correcto mediante la emendatio en la fase posterior.

En una edición crítica, un editor argumenta sobre lo que debe ser un texto, basándose en un análisis crítico de los testigos.

mediante la reconstrucción de su genealogía a través de la identificación de errores gracias a la examinatio y selectio, así como a la eventual construcción de un stemma codicum; durante dicha fase también se lleva a cabo la detección de los loci critici, en la que el editor tendrá que intervenir para ofrecer un texto correcto mediante la emendatio en la fase posterior. La segunda fase, constitutio textus, consiste en un nuevo análisis de las variantes (de forma global, ya no solo los errores que sirven para la filiación) para tomar las decisiones oportunas de emendatio, de dispositio textus (criterios ortotipográficos basados en un estudio pormenorizado del usus scribendi del o los testimonios) y de construcción del apparatus criticus que incluye la presentación de las variantes y la anotación filológica lato sensu. Estos esfuerzos contribuyen, por supuesto, en el caso de textos copiados en estados de lengua que ya no son el actual y cuya lejanía podría representar un problema de comprensión, a reconstruir el acto de comunicación del original mediante una actualización de los campos que median, fuera del mensaje propiamente dicho, entre el emisor y el receptor, como el código común, el canal de comunicación y el contexto de referencia. En palabras de Erick Kelemen, la edición crítica puede describirse como “a theoretical structure, a complex hypothesis designed to account for a body of phenomena in the light of knowledge about the circumstances which generate them”; es, por lo tanto, “an argument that describes its data, sets forward its methods and reasoning and presents its result– the text”.12 Por supuesto, como en todo trabajo intelectual, la rejilla de análisis es subjetiva y, según Kelemen, “in a critical edition, in short, an editor makes an argument about what a text should be, based upon a critical analysis of the witnesses. By contrast, any edition that does not determine its text through textual criticism is an uncritical (or non-critical) edition”. Sin duda, el cuerpo de los fenómenos arriba Erick Kelemen, Textual Editing and Criticism: An Introduction, Nueva York, Norton, 2008, p. 73. 12

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mencionados, que según Kelemen se tiene que estudiar a la luz de las circunstancias que lo generaron, me permite cerrar el círculo iniciado al inicio de esta presentación: el trabajo filológico que requiere la elaboración de una edición crítica no se puede llevar a cabo sin un estudio cabal de los circuitos de la comunicación escrita, cuyos modelos teóricos fueron propuestos, respectivamente, por Darnton en “What is History of Books?”13 y por Thomas Adams y Nicholas Barker, en su capítulo “A New Model for the Study of the Book”,14 cuya diferencia estriba en el papel, central o marginal, de la publicación en sí.

El tra­bajo filológico que requiere una edición crítica no se puede llevar a cabo sin un estudio cabal de los circuitos de la comunicación escrita.

2. Los circuitos de la comunicación escrita según Robert Darnton (1982) y Adams y Barker (1993).

En su seminal “What is the History of Books?”, con books en plural, Darnton proporcionó un diagrama de “el circuito de la comunicación” y la lista de las seis grandes categorías de actores que entran en juego en la publicación de los libros: autores (authors), editores (publishers), impresores (printers), importadores (shippers), libreros (booksellers) y lectores (readers), poniendo el énfasis en la necesidad de un enfoque interdisciplinario para su abordaje del objeto de estudio y su importancia para la reconstrucción de la

En “What is the History of Books?”, Darnton proporcionó un diagrama de “el circuito de la comunicación”.

Robert Darnton, “What is History of Books?”, Daedalus, vol. 111, núm. 3, 1982, pp. 65-83. 14 Thomas Adams y Nicholas Barker, en A potencie of life. Books in Society. The Clark Lectures 1986-1987, N. Barker, ed., Londres, The British Library, 1993. 13

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Adams y Barker, al recuperar como centro de atención el libro y no a sus actores, establecen cinco elementos en la vida del libro.

McKenzie amplió los horizontes del análisis bibliográfico riguroso al cuestionamiento de los modos en que el texto resuena a través del orden social y del tiempo.

cultura escrita de sus periodos respectivos: en sus palabras, “by unearthing those circuits, historians can show that books do not merely recount history: they make it”.15 Adams y Barker, una década después, revisan el modelo y establecen que en vez de las seis categorías de Darnton, recuperando como centro de atención el libro y no sus actores, son cinco los elementos en la vida del libro: su publicación (publishing), su manufactura (manufacture), su distribución (distribution), su recepción (reception) y su supervivencia (survival), que se dan en un contexto de presiones externas ubicadas en las esquinas de su diagrama: las influencias intelectuales; el comportamiento social y el fenómeno del gusto; las influencias políticas, legales y religiosas y, finalmente, las presiones comerciales. Hay que destacar la importancia, mediante la categoría survival, del interés de los historiadores ingleses por abordar el tema de la preservación a largo plazo de los libros en las bibliotecas y colecciones privadas, algo que Darnton no había tomado en cuenta como tal.16 Finalmente, el círculo que une la ecdótica y la historia del libro, la bibliografía en su sentido más amplio y menos técnico, es sin duda la contribución de Donald F. McKenzie al campo de los estudios de la transmisión de la cultura escrita.17 En efecto, como bien admite Darnton en la revisión que publicó, 20 años después, de las ideas esgrimidas en “What is the History of Books?”, la gran aportación de McKenzie, que en cierto modo sonó a declaración de guerra durante sus Panizzi Lectures londinenses de mediados de la década de 1980, es haber ampliado los horizontes del análisis bibliográfico riguroso al cuestionamiento de los moRobert Darnton, “What is the History of Books?”, op. cit., p. 81. T. Adams y N. Barker, “A New Model for the Study of the Book”, op. cit., pp. 5-44. 17 Donald F. McKenzie, Bibliografía y sociología de los textos, trad. de Fernando Bouza, Madrid, Akal, 1998; sobre su aportación a la historia del libro y la bibliografía, véase Bénédicte Vauthier, “Donald McKenzie: historiador del libro y filólogo”, Revista Hispánica Moderna, vol. 71, núm. 1, 2018, pp. 69-86. 15

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dos en que el texto resuena a través del orden social y del tiempo.18 En suma, para el corpus que nos interesó en el proyecto papiit in402919, titulado Bibliografía de bibliografías: hacia la construcción de un modelo para la historia y la edición digital de obras maestras de la bibliografía mexicana. La Bibliotheca mexicana de Eguiara y la Biblioteca hispanoamericana septentrional de Beristáin, era necesaria esta revisión en la diacronía de nuestros grandes textos bibliográficos que solo se podía hacer mediante un acercamiento, hasta ahora inédito, a la historia integral e integrada de su producción y génesis textual, su recepción contemporánea y posterior, y su supervivencia contemporánea para la nación que les dio a la vez alimento y cobijo.

Antes que nada, creo oportuno recordar que, como lo demuestra Cécile Robin en su estudio,19 a mediados del siglo xviii ocurren varios acontecimientos editoriales que van fijando la recepción y difusión del término “bibliografía” en su sentido tanto de disciplina como de instrumento metodológico; esto no impide que tenga lugar también cierto deslizamiento de la bibliografía hacia la historia, amén de la consecución de un estatuto específico para el bibliógrafo: pone de manifiesto la dimensión retrospectiva de la bibliografía por un lado y, por otro, la necesidad de exponer “hechos” bibliográficos y de constituir un corpus de referencia. Por eso, entre los antecedentes de la bibliografía mexicana, imbricados con la bibliografía española que le sirve de marco en el periodo colonial, resulta imprescindible mencionar las obras de Antonio León Pinelo, considerado por muchos el padre de la bibliografía americanista por su interés en reunir libros sobre un tema que, en palabras del

El corpus por editar: los pioneros de la bibliografía mexicana

Robert Darnton, “‘What is the History of Books?’ revisited”, Modern intellectual history, vol. 4, núm. 3, 2007, p. 506. 18

Cécile Robin, “La bibliographie, de la science du bibliographe à l’outil administratif. Naissance d’une science officielle sous la Révolution et l’Empire”, Archives historiques de la Révolution Française, núm. 380, junio de 2015, pp. 101-123. 19

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León Pinelo es el padre de la bibliografía americanista al reunir libros sobre un tema que no había aún encontrado en España un interés particular.

Entre los pioneros de esa disciplina está Francisco Figueroa de la Rosa, autor del Diccionario bibliográfico alfabético e índice sílabo repertorial.

autor, no había aún encontrado en España un interés particular.20 Y es cierto que, como se demuestra posteriormente con el que se considera el padre de la bibliografía española, Nicolás Antonio, en muchos casos la producción hispánica de los territorios coloniales es absorbida como parte de la Bibliotheca hispana (nova) (que incluye las obras escritas entre 1500 y 1672; la Biblioteca hispana vetus se publicó a título póstumo gracias a la intervención del deán de Alicante, Manuel Martí, y contempla las obras producidas en el reino hispano entre el emperador Augusto y el año de 1500). Conservemos en mente la portada de la Bibliotheca hispana para compararla con la de la Bibliotheca mexicana. Si bien no figuró durante mucho tiempo entre los antecedentes de la bibliografía mexicana, uno de los autores que va ganando terreno entre los pioneros de esa disciplina es Francisco Figueroa de la Rosa, autor de un centenar de manuscritos conservados en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional, entre los que destaca su Diccionario bibliográfico alfabético e índice sílabo repertorial, catálogo razonado de los “libros simples” conservados en la Biblioteca del Convento de San Francisco de México. Se trata de una propuesta de construcción de una bibliografía razonada que sitúa al autor en un lugar importante de la Ilustración novohispana21 y da cuenta de su participación en la edificación de la bibliografía mexicana.22 Sin embargo, no cabe duda de que es en otro criollo, hijo de familia vascongada nacido en la Nueva España, en quien recae el honor de ser considerado el primer bibliógrafo Luis Hachim, “De León Pinelo a Beristáin: ensayo sobre la tradición de los repertorios literarios hispanoamericanos”, Revista Chilena de Literatura, núm. 59, 2001, pp. 139-150; en particular las páginas 141-143. 21 Idea desarrollada por Heréndira Téllez Nieto en “Ilustración novohispana y nacionalismo criollo en fray Antonio de la Rosa Figueroa”, Dieciocho, vol. 41, núm. 2, otoño de 2018, pp. 301-326. 22 Sobre su importancia, véase Robert Endean, “Claves para alcanzar la gracia: instrumentos de organización utilizados en la biblioteca del Convento grande de San Francisco en el siglo xviii”, Biblioteca Universitaria, vol. 13, núm. 1, 2010, pp. 3-15. 20

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3. Francisco de la Rosa Figueroa, Diccionario bibliográfico alfabético, ms. 10266 de la Biblioteca Nacional de México.

mexicano en el sentido pleno del término: Juan José de Eguiara y Eguren, que organizó un repertorio sistemático de la producción escrita en el territorio vastísimo correspondiente a la Nueva España, que incluía hasta la mitad austral del territorio estadunidense actual, una prolongación hacia el sur hasta la capitanía de Caracas y, por supuesto, las lejanas Filipinas. Un territorio tan dilatado no podía, por supuesto, quedarse alejado de una cultura escrita, aunque fuera para su administración. Prueba de ello es que, para Luis González y González, en su artículo titulado “Nueve aventuras de la bibliografía mexicana”, considera que las primeras huellas de un interés por construir la bibliografía mexicana fueron dos acuerdos comerciales de 1576 en los que se registra el nombre y precio de obras, en su mayoría de temática religiosa, trasladadas a la Nueva España,23 pero corresponde a Juan José de Eguiara y Eguren el papel de edificador sistemático del templo de la bibliografía mexicana con su Bibliotheca

Eguiara y Eguren organizó un repertorio sistemático de la producción escrita en el territorio vastísimo corres­pondiente a la Nueva España.

Luis González y González, “Nueve aventuras de la bibliografía mexicanas”, Historia mexicana, núm. 10, 1960, pp. 14-53; en particular 15. 23

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mexicana, obra magna cuya redacción y publicación conoció muchas tribulaciones.

4. Portada de la Bibliotheca mexicana. La Bibliotheca hispana de 1672 recoge las obras compuestas o publicadas después de 1500 en la Nueva Es­paña.

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Para contextualizar su aparición es importante entender a cabalidad los motivos para construir una obra de tal envergadura. Manuel Martí, deán de Alicante, había trabajado con ahínco con los documentos de Nicolás Antonio para sacar a la luz la Bibliotheca hispana vetus que este había dejado a medias cuando falleció en 1684. Es evidente, por lo tanto, que sabía de la importancia de la Nueva España como productora de textos que fueron debidamente enlistados en la Bibliotheca hispana de 1672, que recoge las obras compuestas o publicadas después de 1500. Esto no le impidió formarse una idea errónea del ambiente cultural predominante en las Indias occidentales, opinión reforzada al parecer por el hallazgo entre los papeles de Antonio de una carta del bibliógrafo a Juan Lucas Cortés en la que afirma que los viajes a las Indias son “para hombres que quieren ir a sepultarse en un olvido de todo lo virtuoso y precioso de Europa, teniendo por precioso solamente y por virtuoso www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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el oro que da aquella tierra”.24 Martí tomó estas líneas como la confirmación de su idea de que las Indias, adonde nunca viajó, carecían de manifestaciones artísticas y culturales y las convirtió en el punto de partida de su famosa epístola a Antonio Carrillo, la fax Troiae que encendería la polémica querella americana. Cito en español: Mientras curioso, cuestionado por causa tuya, sobre tu llegada o hacia donde se había convenido tu partida, averigüé que habías venido de aquel pueblo, que atravesarías hacia el Nuevo Mundo y que estabas esperando la nave en la cual huirías de tu gente [...] Pero probablemente a ello te mueva el descansar en los estudios, ciertamente, bajo la disciplina y disposición de los indios. ¡Óptimos maestros, en verdad! Si se te hubiera preparado y fueras capaz de tratar los libros de cuentas como los de ciencias. Pero tú en verdad quieres otras cosas. Sentémonos, pues, a razonar. ¿Hacia dónde voltearás entre los indios en tan gran soledad de letras? ¿A quién irás, no diré maestro, cuyo precepto te instruirá, sino que te escuche? No diré alguien conocedor, sino deseoso de conocer. ¿Más claramente habré de decirlo: que no sienta aborrecimiento por las letras? ¿Pues, desenrollarás cualquier códice? ¿Visitarás algunas bibliotecas? Es decir, buscarás todas estas cosas con decepción, como el que esquila a un asno u ordeña a un chivo.25

¿Hacia dónde voltearás entre los indios en tan gran soledad de letras? ¿A quién irás, no diré maestro, cuyo precepto te instruirá, sino que te escuche?

Citado por José Carlos Rovira, “Para una revisión de la polémica mexicana dieciochesca con Manuel Martí, deán de Alicante”, Sharq al-Andalus, vol. 10-11, 1993-1994, pp. 607-636. 25 Cito de Emmanuel Martinus, Epistolarum libri duodecim, t. 2, Amsterdam, J. Wetstein & G. Smith, 1738, pp. 20-21. El texto original dice: “Cum interim de adventus tui caussa, quove inde proficisci tibi esset constitutum, curiosius sciscitarer; eo te demum venisse comperi, quo te in novum urbem trajiceres, navemque praestolari qua illo gentium avolares […] At fortasse eo te confers ut studiis vaces, sub Indorum nempe institutione ac disciplina. Optimos hercle magistros! Si rationum potius libros, quam scientarum, tractare tibi esset constitutum. Sed tu quidem alia omnia […] Sedeamus igitur ad calculos. Quo te vertes apud Indos in tam vasta literarum solitudine? Quem adibis, 24

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La querella americana se desató con la epístola de Manuel Martí, deán de Alicante, a Antonio Carrillo sobre su posible decisión de viajar a las Indias en busca de erudición.

Era una afrenta para quienes, a lo largo de dos siglos, habían ido desarrollando una cultura propia.

Ahora bien, para entender debidamente los pormenores de esta querella americana desatada por la epístola 16 del libro 7 de las Epistolae de Manuel Martí, cuya primera edición de 1735 daría pie al trabajo de compilación emprendido por Eguiara y Eguren, resulta de vital importancia analizar el ambiente cultural de los últimos años de la década de 1730, en los que ve la luz la reedición del Epítome de León Pinelo.26 En dicha misiva, el deán de Alicante cuestiona al joven Antonio Carrillo sobre su posible decisión de viajar a las Indias en busca de erudición. Para Martí, solo se viaja allí en busca de riquezas, puesto que no hay ni medios materiales ni recursos humanos para seguir con su formación académica, pues estos territorios están poblados de indios que viven en un desierto cultural. Esto era una afrenta terrible para hombres que, a lo largo de dos siglos, habían ido desarrollando una cultura propia con base en los materiales que, por supuesto, no solo viajaron desde Europa para llenar los estantes de las bibliotecas colegiales, conventuales o particulares, sino que también fueron producidos de forma local a fuerza de pluma o pasando por las imprentas que poblaron las calles de la Ciudad de México de modo exponencial, hasta llegar a mediados del siglo xviii a la no deleznable cantidad de una decena de imprentas activas de forma paralela.27 Por supuesto, no todas las imprentas se dedicaban a publicar non dicam magistrum, cujus praeceptis instituaris, sed auditorem? Non dicam aliquid scientem, sed scire cupientem. Dicam enucleatius: a literis non abhorrentem? Ecquosnam evolves códices? Ecquas lustrabis Bibliothecas? Haec enim omnia tam frustra quieres, quam qui tondet asinum, vel mulget hircum”. 26 Esta reedición se hizo bajo responsabilidad del consejero real de Felipe V, bibliófilo notorio; véase Elena Asensio Muñoz y Fermín de los Reyes Gómez, “Sobre la biblioteca de Andrés Gonzalez de Barcia, consejero real de Felipe V”, Revista General de Información y Documentación, vol. 28, núm. 2, 2018, pp. 373-396. 27 María Justina Sarabia Viejo, “La imprenta Hogal. Religión y cultura ilustrada en el México del siglo xviii”, en El humanismo español entre el viejo y el nuevo mundo, León, Universidad de León-Universidad de Jaén, 2008, pp. 455-489.

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obras extensas rebosantes de erudición; de hecho, como bien menciona el impresor Hogal en su memorial al virrey de 1785: dos géneros de obras se trabajan en las imprentas, que vulgarmente llaman los impresores obras grandes y obras chicas. Las primeras son aquellas que se componen de muchos pliegos y hacen un competente volumen; las chicas son las que no pasan de un pliego de papel, y estas son solamente las que mantienen las oficinas, porque las obras grandes, a más de ser pocas, son muy costosas en estos reinos y de muy poca utilidad para los impresores; al contrario, las chicas son frecuentes y, por consiguiente, el único fomento de las oficinas, sin las cuales sería imposible que subsistieran.28

Esta realidad, que explica con creces por qué Eguiara hizo traer de Europa su propia imprenta, que financió con su hermano Manuel para no correr el riesgo de no encontrar quien pasara por las prensas su tratado, también da cuenta de que había una gran oferta de obras extensas por publicar, aunque no siempre fueran del interés de los impresores. Por eso es aún más importante destacar la importancia que revistió la así llamada cuestión americana en el panorama cultural de la Nueva España a partir de la década de 1740. Siguiendo a Roberto Heredia, uno de los primeros en abordar con un riguroso análisis de las fuentes virreinales la cuestión americana, fueron los dominicos poblanos Antonio López Cordero y Juan de Villa Sánchez quienes, en la Vida de la esclarecida virgen, dulcísima esposa de Nuestro Señor Jesucristo, Santa Inés de Monte Policiano, publicada en 1744, empezaron con diatribas contra Martí (en particular los últimos siete capítulos escritos por Villa Sánchez).29 Por las mismas fechas el poblano Joseph de Mercado redactó, según los paratextos del Escudo de armas de México de Cabrera 28

Eguiara hizo traer de Europa su propia imprenta, que financió con su hermano Manuel para evitar el riesgo de no encontrar quien pasara por las prensas su tratado.

Citado por Ernesto de la Torre Villar, Biblioteca mexicana, México,

unam, 1986, p. xciii.

Roberto Heredia, “Eguiara y Eguren, las voces concordes”, Literatura Mexicana, vol. 8, 1997, pp. 511-549. 29

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En 1746, el impresor José Bernardo de Hogal publicó el primer tomo de las Selectae dissertationes mexicanae, obra teológica de Eguiara.

Gutiérrez Dávila subraya la vergonzosa confusión de Martí, quien censura a los indianos creyendo que son indios.

y Quintero, su “Parecer”, en el que aprovecha su presentación del panegírico historial de la Virgen de Guadalupe para destacar el número elevado de doctores que salen de las universidades y el abundante comercio de libros que se observa, prueba de la importancia de una cultura letrada en la Nueva España. En 1746, el impresor José Bernardo de Hogal publicó el primer tomo de las Selectae dissertationes mexicanae, obra teológica de Eguiara de la que solo se terminaría publicando el primer tomo, aunque la portada da cuenta explícita de la organización de los siguientes dos volúmenes. Destaca entre sus paratextos la “Approbatio”, de Julián Gutiérrez Dávila, superior de la Congregación de San Felipe Neri, al que una amistad entrañable unía con Eguiara, aunada a los vínculos indisolubles que este tejió con el Oratorio de San Felipe Neri, en cuyo seno cultivó su propia “academia”, llamada “Academia de San Felipe Neri” o incluso “academia eguiarense”.30 En dicha “Approbatio”, Gutiérrez Dávila subraya la vergonzosa confusión de Martí, quien censura a los indianos creyendo que son indios, cuando son, en realidad, hijos de españoles y, por lo tanto, españoles de verdad; por supuesto, destaca entre estos criollos la figura de Eguiara y Eguren, autor del libro cuya aprobación está redactando.31 Gutiérrez Dávila toca los temas tradicionales de la benignidad del clima de la Ciudad de México y su propiedad de fomentar el ejercicio de la pluma; también pone de manifiesto la importancia de su universidad como el centro neurálgico de la actividad intelectual, argumento que Eguiara retoma en su propio prólogo a las Selectae Dissertationes Mexicanae, texto programático que Roberto Heredia editaría en 1991 bajo el título de Loa de la Universidad.32 Esta misma institución, 30 Sobre las referencias a la “academia eguiarense”, véase mi capítulo “Manuscritos y academias en la primera mitad del siglo xviii novohispano”, en Isabel Galina Russell, Marina Garone Gravier y Laurette Godinas (eds.), Del ductus al xml. Recorridos por las edades del libro, México, unam, 2022, pp. 225-248. 31 Claudia Comes Peña, Las respuestas americanas a Manuel Martí, Navarra, eunsa, pp. 223-226. 32 Roberto Heredia, Loa de la Universidad. El “Prólogo” a las Selectae Dissertationes Mexicanae, México, unam, 1991.

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cuya importancia es vital para la ciudad letrada colonial, es la que toma la palabra para defender la vida cultural de la Nueva España en un discurso que pronunció en la ceremonia de apertura del año académico 1745-1746 el doctor en Medicina Juan Gregorio Campos y Martínez. Por su breve extensión y con financiamiento de la universidad, este discurso circuló muy rápidamente en un impreso suelto que fue remitido a Felipe V junto con una carta en la que el rector daba cuenta del ultraje sufrido por la universidad y pedía su apoyo para regañar a los maldicientes.33 Y, finalmente, cierra este año de 1746, un annus memorabilis para la vida cultural de la Nueva España, la “Censura” con la que el marqués de Altamira da su aprobación a la publicación del Theatro americano de José Antonio de Villaseñor y Sánchez, un texto que contiene lo que muchos han considerado como la primera expresión explícita de una postura proamericanista en boca de la administración criolla, es decir, una muestra evidente de la búsqueda de identidad nacional y civil que complementa la afirmación intelectual de índole anteriormente eclesiástica.34 Mientras preparaba la publicación de la Bibliotheca mexicana, una carta privada del jesuita Vicente López dirigida a Eguiara y Eguren es el laboratorio en que desarrolla gran cantidad de argumentos que serán sistematizados por Eguiara en los Anteloquia de su Bibliotheca; la importancia de López para la Bibliotheca es innegable cuando sabemos que, además, compuso el Diálogo de abril, de inspiración

En 1740 se publicó el Theatro americano de José An­tonio de Villaseñor y Sánchez, primera expresión explícita de una postura proamericanista en boca de la administración criolla.

Dorothy Tanck, “La universidad a la carga: orígenes de la Bibliotheca mexicana en 1746”, en Pilar Gonzalbo Aizpuru (coord.), Historia y nación. Actas del congreso en homenaje a Josefina Zoraida Vázquez. T. I. Historia de la educación y enseñanza de la historia, México, El Colegio de México, 1998, p. 43. 34 Dice el texto del marqués: “Su justa recompensa alentará también los muchos brillantes ingenios de esta Nueva España a semejantes recomendables obras en servicio de ambas magestades, de la Patria, y de todo el público, que serían las más eficaces declamaciones contra la inconsiderada impostura del deán de Alicante D. Manuel Martí en su Epístola 16, tomo 2 [sic]”, Theatro americano, México, Imprenta de la Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746, fol. [4] v. 33

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La Biblio­theca mexicana demostró con evidencia bibliográfica que era justa y necesaria esta reivindicación de la producción cultural novohispana.

renacentista, en el que tres personajes presumen el alto grado de erudición que caracteriza a la Nueva España. Cuando se dio a conocer el primer tomo de la Bibliotheca mexicana, demostró con evidencia bibliográfica que era justa y necesaria esta reivindicación de la producción cultural novohispana, y la obra publicada que resultó del trabajo arduo de Eguiara fue acreedora de muchas alabanzas. Entre ellas, sin duda brilla la dedicatoria de Andrés de Arce y Miranda a Eguiara en el tercer tomo de sus Sermones en la imprenta dirigida por el bibliógrafo novohispano, en la que afirma, después de reconocer que el mérito de Martí es haber cometido el error que produjo como reacción la Bibliotheca mexicana, que ninguna obra (a mi corto juicio) desde que se conquistó la América ha salido en ella ni más laboriosa, ni más útil, ni más gloriosa. Que sea laboriosa solo lo dudará el que no supiere el ímprobo trabajo que ha tenido V.S. en solicitar por todos los lugares de este vasto continente noticias y monumentos auténticos para formarla […] El que haya sido la más útil solo lo podrá negar el que no supiere que con la inopia y costos de imprenta es más lo que aquí se hace que lo que se imprime. Y así se sabe muy poco de nuestros mayores […] Vivos los propone V. S. a la nobleza mexicana para estimularla a la aplicación a los estudios y encenderla en la imitación de las virtudes. ¿O con qué gusto y complacencia leerá estas tantas noticias curiosas y municipales, que no podrá hallar en los libros que ha consumido el tiempo y los ha hecho rarísimos? […] Y de aquí fácilmente se deduce que ninguna obra ha salido a luz más gloriosa a nuestra nación, pues por ella conocerá el Mundo Viejo que en nada le es inferior el nuevo: y si este es hijo de aquel, no ha degenerado hasta ahora de la nobleza de su padre.35

Andrés de Arce Miranda, Sermones varios, México, Imprenta de la Bibliotheca Mexicana, 1761, ff. [14,[15]. 35

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Sin embargo, resulta difícil imaginar un homenaje más patente a la obra de Eguiara y Eguren que el trabajo de Beristáin bajo el título de Biblioteca hispano americana septentrional, en el que reconoce, en el “Discurso apologético” con el que abre su obra, la deuda innegable con Eguiara y su Bibliotheca. A pesar de las críticas que no deja de deslizar en su polémico prólogo y de la orientación política promonárquica, diametralmente opuesta a la visión procriolla subyacente al repertorio eguiarense, Beristáin reconoce la importancia que revistieron para él las más de 1 600 entradas biobibliográficas de la Bibliotheca mexicana. Así, no hay duda de que la Bibliotheca mexicana ocupa un lugar medular en el movimiento cultural cuyo objetivo era apuntalar la profusa producción intelectual en una región del vasto imperio hispánico en un periodo en que fue negada desde la península y que surge como fruto del esfuerzo individual de un criollo por edificar, de forma colectiva, una “biblioteca sin muros”, expresión afortunada empleada recientemente por José Francisco Robles en un artículo sobre la obra.36 En su calidad de hermano mayor, Juan José de Eguiara apoyó a toda su familia, pero su vínculo fue particularmente estrecho con Manuel Joaquín, quien lo acompañaría con discreción en la carrera académica y como predicador, y con el cual se asociaría a finales de la década de 1740 para traer de España lo que se convertiría en la Imprenta de la Bibliotheca Mexicana. En el panorama de los estudios novohispanos contemporáneos, la figura de Eguiara y Eguren, como lo evidencia el capítulo de reciente publicación de Cathereen Coltters, “Notas para una cartografía de la ciudad letrada: las historias literarias y las Bibliothecas de Eguiara y Eguren y Beristáin de Souza”, cuya presencia en el primer volumen de la Historia de las literaturas en México. Dimensiones de la cultura literaria en México (1800-1850) se debe al trabajo de

Beristáin reconoce, en su Biblioteca hispano americana septentrional, la deuda innegable con Eguiara.

La Bibliotheca mexicana ocupa un lugar medular en el movimiento cultural que apuntaba la producción intelectual en una región del vasto imperio hispánico.

José Francisco Robles, “Cómo hacer una biblioteca sin muros: polémicas, comunidades y representaciones en torno a la Bibliotheca mexicana de Juan José de Eguiara y Eguren”, (an)Ecdótica, vol. 2, núm. 1, enero-junio de 2018, pp. 17-43. 36

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A menudo, la obra de Eguiara fue dejada de lado por su carácter incompleto y por el código lingüístico escogido para su proyección internacional.

traducción de la Bibliotheca mexicana propuesta por Ernesto de la Torre Villar a la Coordinación de Humanidades de la unam a finales de los años ochenta.37 Sin esta iniciativa, el texto del erudito dieciochesco, a menudo dejado de lado por su carácter incompleto y por el código lingüístico escogido para su proyección internacional, seguiría en el olvido. Y es que, antes de dicha publicación, solo los Prólogos y algunas noticias biobibliográficas antologizadas circulaban en español en ediciones no siempre fáciles de conseguir,38 mientras que la crítica sobre textos coloniales solía acudir a Beristáin como fuente bibliográfica de referencia. Esta edición, que se publicó en cuatro tomos entre 1986 y 1989, tuvo como colaborador principal a Benjamín Fernández Valenzuela, sacerdote y poeta michoacano, cuyo fallecimiento limitó el trabajo de traducción al impreso de 1755. Ernesto de la Torre Villar, autor intelectual del trabajo, acompañó la obra de una extensísima introducción y un tomo V, llamado “Monumenta Eguiarense”, que conforman una aportación insuperable a la vida y obra del autor. Los demás tomos incluían el facsímil del impreso, un amplio prólogo y, reEl capítulo centra en Eguiara y Beristáin la revisión ya iniciada por la autora en su artículo de 2016, intitulado “Hacia una caracterización del discurso crítico-bibliográfico del siglo xviii americano”, Literatura mexicana, núm. 27, pp. 9-27, en el que consideró dicho discurso como un proyecto criollo y americanista “mediante el cual se construyó una narrativa fundacional que resultaría en antecedente para la historiografía y la crítica literarias en nuestro continente” (p. 10). 38 Como el Diálogo abrileño acerca de la Biblioteca del doctor Juan José de Eguiara y Eguren y del talento de los mexicanos, de Federico Escobedo, Puebla, Negociación Impresora de Teziutlán, 1928; la Semblanza de Sor Juana, de Ermilo Abreu Gómez, México, Letras de México, 1938, o los Prólogos a la Biblioteca Mexicana, de Agustín Millares Carlo, México, Fondo de Cultura Económica, 1944; contemporánea de la publicación de la edición completa que publicó Silvia Vargas Alquicira de su traducción del Diálogo de abril, diálogo erudito compuesto por Vicente López y editado como parte de los preliminares de la Bibliotheca mexicana; en su artículo titulado “Ocios conventuales y defensa de la cultura americana: el Diálogo de abril del padre Vicente López (1755)”, en Florencio Sevilla y Carlos Alvar (eds.), Actas del XIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Madrid, 1998, t. 3, pp. 57-66, solo parte de dicha traducción. 37

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partida en dos tomos, la traducción de las primeras noticias de la letra A y el resto de las noticias de la A a la C; en su conjunto, esta edición representa una culminación del estudio de la producción eguiarense, ya abordada en más de una ocasión por Agustín Millares Carlo.39 Veinte años más tarde, la labor de De la Torre Villar encontró en Germán Viveros y su equipo de entusiastas colaboradores dignos continuadores que trabajaron en la preparación del volumen III correspondiente a las noticias bibliográficas de las letras D, E y los inicios de la F contenidas en los manuscritos, conservados en la Biblioteca de la Universidad de Texas. En la actualidad se encuentra en prensa la traducción de las noticias restantes que cubren de la F a la letra J que, esperamos, será publicada pronto. Es preciso apuntar, sin embargo, que las lecturas contemporáneas tienden a hacernos pasar por alto la realidad textual de la Bibliotheca mexicana que ha llegado a nosotros. El erudito tenía como norte su tenaz voluntad de combatir con argumentos irrebatibles las afirmaciones despectivas del deán de Alicante y dedicó a esta tarea una suma de esfuerzos propios y colectivos. A la merma de su salud, explicitada en su renuncia a la mitra de Yucatán para la cual había sido electo en marzo de 1752,40 hay que sumar

El erudito tenía como norte su tenaz voluntad de combatir con argumentos irrebatibles las afirmaciones despectivas del deán de Alicante.

Primero, en sus Prólogos a la Bibliotheca mexicana, publicados por primera vez en 1944 y que contó con varias reediciones; posteriormente retoma dicha información en Cuatro estudios biobibliográficos mexicanos, México, fce, 1986, aunque la edición tiene una pequeña presentación del autor datada en 1979, un año antes de su fallecimiento. 40 En su carta del 6 de julio de 1752 dirigida al rey afirma: “Y considerando que la confianza que V. M. hace de mi pequeñez, elevándola a tan sagrada dignidad, me precisa a procurar el desempeño de mi obligación estrechando más la de mi conciencia, esta me estimula a representar humildemente a V. M. el estado de mi quebrantada salud y debilidad de fuerzas corporales, necesarias del todo para el desempeño del oficio pastoral, mayormente en los obispados de esta América, que son todos muy vastos y sus visitas se extienden a largas distancias, para cuyos viajes y caminos me hallo imposibilitado; pues aunque puedo trabajar, y trabajo sobre la mesa de mi estudio, en el púlpito de esta Catedral de México, ejercitando mi ministerio, y en el confesionario, esta especie de 39

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Eguiara mantuvo correspondencia con los encargados de fondos documentales con el fin de recabar las noticias bio­bibliográficas de los autores con obras en la Nueva España.

una correspondencia profusa con todos los encargados de fondos documentales con el fin de recabar las noticias biobibliográficas de los autores que hubieran producido obras en el extenso territorio de la Nueva España. Si leemos entre líneas las últimas palabras del Prólogo xx, podemos inferir que Eguiara consideró esta tarea como la más ingrata en la construcción de su repertorio: Mas, antes de terminar, queremos pedir a todas las personas cultas se dignen aportar su contribución a este trabajo, comunicándonos noticia de aquellos opúsculos publicados o inéditos que tuvieran en su poder o supiesen existir o haber existido en otros sitios, en la seguridad de que les daremos cabida en esta obra y haremos, como es justo, memoria de quienes nos hayan presentado tal favor, dándoles público testimonio de gratitud, según que hasta ahora hemos hecho de continuo, en especial con aquellos que, requeridos epistolarmente por nosotros, no se desdeñaron de favorecernos con sus apuntamiento (Prólogos a la Bibliotheca, 224).41

Por supuesto, Eguiara tenía conciencia plena de la magnitud de su empresa de compilación; también explicitó en la dedicatoria de su Bibliotheca a Fernando VI, que era su voluntad dar testimonio público de su fidelidad al monarca y hacer patente al mundo su gloria, dado que ocupaciones intelectuales, a que estoy acostumbrado por casi cincuenta años, se acomoda a la cortedad del vigor que me permiten los accidentes que padezco, habituales y ocasionados de las mismas tareas” (Millares Carlo, Cuatro estudios, op. cit., pp. 266-267). 41 En el texto latino: “Sed priusquam hinc abeamus, eruditos nosotros rogatos volumus suum ut quisque in opus commune symbolum dignetur afferre, certos nos de iis facientes opusculis, editis aut ineditis, quae vel apud se habent vel alicubi ese aut aliquando fuisse certo dignoverint, queis una cum auctoribus suis opportuna subsellia dabimus, eorum a quibus id officii receperimus, ut par est, memores, grati adversus ipsos animi significatione palam exhíbita, prout hactenus fecimus, iis praesertim qui a nobis per litteras requisiti, suis nos syllabis sunt dignati, passim commemoratis” (Prólogos, p. 224).

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él y sus antecesores en el trono han fomentado el cultivo de las letras en la América virreinal.42 Al referirse a los “años de estudio” que le tomó componer la Bibliotheca mexicana, Eguiara sin duda se refiere a lo dilatado de su trabajo de compilación, del que el impreso de 1755 de la Bibliotheca mexicana apenas da cuenta.43 De forma excepcional en el panorama de las obras virreinales, en las que privan los casos de transmisión mediante testimonios únicos de obras que no tuvieron acceso a la imprenta,44 la Biblioteca Nacional de México conserva de la Bibliotheca mexicana, además de 11 ejemplares de la primera y única edición contemporánea de las primeras tres letras de la Bibliotheca mexicana de 1755, los dos manuscritos que representan una etapa pretextual en la construcción de dicho impreso: los manuscritos 44 y 45, dos volúmenes

La Biblioteca Nacional de México conserva de la Bibliotheca mexicana 11 ejemplares de la única edición contemporánea de las primeras tres letras de 1755.

Dice en su misiva Eguiara: “La clemencia de V. M. se dignará tener a bien esta ingenua y humildísima representación de mi inutilidad para servir cualquiera obispado; siendo al mismo tiempo los más vivos deseos de mi gratitud sacrificar cuanto soy como el más obligado y reconocido vasallo al servicio de V. M., de que espero dar muy en breve público testimonio, empezando a sacar a luz la obra de la Bibliotheca mexicana, en que he puesto algunos años de estudio, para hacer más patente al mundo la gloria de V. M. y sus soberanos progenitores, que tanto han promovido la de Dios, como en otras partes de esta América, fomentando y honrando sujetos por virtud y letras muy ilustres” (Millares Carlo, op. cit., p. 267). 43 El impreso de 1755 es de gran tamaño (30 cm) y consta de 80 páginas de preliminares sin numerar y 544 numeradas correspondientes al repertorio bibliográfico; este incluye las entradas por nombre de pila de Academia Mexicanensis a Cosmas Burruel. Los 12 ejemplares de la Biblioteca Nacional de México llevan como signatura 1755 M4EGU. Está descrito el impreso tanto por Medina (en La imprenta en México, 1539-1821, ficha 4239, pp. 234-235) como por Nicolás León (Bibliografía mexicana del siglo xviii, t. 1, ficha 539, pp. 216-217). 44 Sobre las características distintivas de la transmisión textual hispanoamericana, y en particular de la abundancia de obras que permanecieron manuscritas, véase Raïssa Kordic Riquelme, “La crítica textual hispanoamericana: algunas especificaciones metodológicas”, Onomázein, núm. 13, 2006, pp. 191-202; en particular pp. 196-198. 42

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Conviene detenerse en las características externas e internas de los manuscritos eguiarenses que fungen como etapa intermedia de la que sería la Bibliotheca mexicana.

de gran tamaño45 que llevan el exlibris de la Biblioteca Turriana. Como todos los libros provenientes de esa biblioteca, los manuscritos contienen un exlibris con el escudo de armas de la familia Torres, rematado por “un yelmo que se encuentra curiosamente adornado con bonete y borla que denota el grado de doctor de los Torres y a su vez es revestido con una beca que demuestra la que recibieron ambos en el Colegio de San Ildefonso”; el exlibris lleva además la firma del grabador, Manuel Villavicencio, y la leyenda “ex biblioteca turriana”.46 La posibilidad de filiación que brinda tener dos etapas muy precisas de la genealogía textual de la Bibliotheca mexicana es de gran valía al tomar las decisiones ecdóticas que llevan a la totalidad de la obra conservada de Eguiara. Para ello conviene detenerse en las características externas e internas de estos manuscritos eguiarenses que fungen como etapa intermedia entre la profusa correspondencia con la que se construyó la Bibliotheca mexicana como suma de la producción cultural e intelectual de la Nueva España y la culminación del proceso en el impreso de 1755.

El manuscrito 44 de la Biblioteca Nacional de México consta de 399 folios; el primero es la portada que, en el momento de la encuadernación, fue cosida al revés. Termina la copia en el folio 361v con la entrada de Antonius de Millán, y del 362 al 399 fueron dejados folios en blanco. Contiene la dedicatoria a Fernando VI, los Anteloquia, la Protestatio Auctoris y un índice por apellidos entre esta y la primera entrada, Academia Mexicanensis. Está descrito en Jesús Yhmoff, Catálogo de obras manuscritas en latín de la Biblioteca Nacional de México, México, unam, 1975, p. 149. El manuscrito 45 consta de 452 folios. Después de una guarda en la que solo se incluye el número II, inicia con la entrada Antonius de Miranda et Villaizan y termina, como el impreso, con la noticia de Cosmas Burruel en el fol. 412r; los últimos cuarenta folios están en blanco. Está descrito en Yhmoff, op. cit., p. 50. 46 Sobre la historia de la Biblioteca Turriana, colección bibliográfica considerada como la primera biblioteca pública de la Ciudad de México, fundada con base en la biblioteca personal de tres eruditos de apellido Torres (de donde saca el epíteto “turriana”), véase Isaac Becerra, Historia documentada de la biblioteca turriana: orígenes y decadencia, Tesis de maestría en Bibliotecología, México, unam, 2016. 45

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Queda claro que el trabajo filológico con los manuscritos de Eguiara se ve aún complicado porque los manuscritos 44 y 45 pueden considerarse como representativos de un estadio aún próximo a un primer borrador; sin embargo, en vista de la edición crítica del texto, se impone la pregunta de si los manuscritos 44 y 45 son los originales que Eguiara preparó para el proceso de edición del impreso de 1755. No sobra recordar que el proceso de impresión se llevó a cabo en su propio domicilio (in aedibus authoris), que es donde había instalado la imprenta comprada expresamente por él y su hermano Manuel Joaquín para la publicación de su Bibliotheca, porque su conocimiento del panorama editorial y la gran envergadura de su proyecto lo llevaron a concluir que ningún impresor de la Nueva España se arriesgaría a dar cauce en su imprenta a su repertorio bibliográfico. El manuscrito 44 presenta, como preparación del impreso, una portada que contiene, textualmente, los datos de este, aunque varía la dispositio. Cabe destacar como dato curioso que, al encuadernarse, este primer folio suelto del manuscrito se cosió al revés y el título se encuentra en el verso. Por otra parte, la mano del amanuense que acompañó a Eguiara y Eguren para la puesta por escrito de gran parte de su obra homilética desde principios de la década de 1750, como se puede ver en una revisión de conjunto de los manuscritos eguiarenses de la Biblioteca Nacional de México, avanza por las páginas de esta extensa obra con aparente regularidad, que da un aspecto “acabado” a primera vista. Sin embargo, la dispositio escogida se presta a un doble trabajo: uniformar el texto copiado por el amanuense y adicionar textos o comentarios, pocas veces de mano del amanuense www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

5. Comparativo ms. 44 e impreso de 1755.

6. Portada del ms. 44.

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7. Los manuscritos de la Colección García, de Texas.

y muchas por parte del mismo Eguiara, con esa letra de módulo pequeño y apretado que caracteriza sus escritos de los últimos años. Dichas adiciones y correcciones marginales que se encuentran en los manuscritos 44 y 45 fueron, en su mayoría, tomadas en cuenta para la versión impresa. Cabe destacar, a lo largo de ambos manuscritos, la huella de un doblez vertical a la mitad de la página, una forma de proceder que marcará el aspecto final de los manuscritos inéditos de esta obra hoy conservados en la Biblioteca de la Universidad de Texas, en los que los márgenes fueron recortados, dando a los manuscritos un aspecto vertical. La ausencia en el manuscrito 44 de los preliminares legales no es extraña en manuscritos entregados a la imprenta, si se toma en cuenta la forma natural de realización del proceso de autorización.47 Se encuentra en el manuscrito Se trata de la exigencia, formulada en la Pragmática sobre la impresión y libros de 1558, en la que se asienta un sistema de impresión que establece el control del rey sobre lo que se imprime, y vuelve imprescindible, como parte de los paratextos, la licencia, la tasa y los nombres del autor, del impresor y el lugar de impresión (De los Reyes Gómez, “Sobre la biblioteca de Andrés Gonzalez…”, op. cit., pp. 13-14). Encontramos un excelente resumen del proceso de autorización en Pérez Priego (2010, pp. 16-17): “Un escribano del Consejo señalaba y rubricaba cada hoja del original aprobado, el cual, una vez realizada la impresión, se volvía a llevar al Consejo con algún ejemplar de los impresos, con el que se cotejaba. Al frente del libro había de colocarse la licencia, la tasa y el privilegio, si lo hubiere, además de los nombres de autor e impresor, y el lugar de la impresión. El libro, por tanto, se imprimía sin portada ni preliminares, a partir del original de imprenta que se sacaba del autógrafo del autor. Ese original es el que se había presentado previamente al Consejo y había sido rubricado y, por fin, se imprimían los preliminares. Las consecuencias bibliográficas y textuales de todo ello son determinantes y hay que tenerlas muy en cuenta a la hora de editar. La paginación sólo comienza con el texto de la obra, la portada y los preliminares forman uno o varios pliegos independientes, el colofón 47

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la dedicatoria a Fernando VI, firmada por el autor; no está, a diferencia del impreso, el Diálogo de abril, en el que un flamenco, un italiano y un español discurren de modo erudito para destacar la utilidad y relevancia del trabajo titánico de Eguiara para legitimar y reivindicar la cultura novohispana, texto cuyo autor es el jesuita andaluz Vicente López;48 están en una versión muy incipiente, con numerosas correcciones y papelitos añadidos, los 20 prólogos en los que Eguiara justifica y pone en alto su propio trabajo y da cuenta de los postulados conceptuales y metodológicos de su defensa de la producción intelectual virreinal. También incluye el manuscrito la Protestatio authoris, copiada en el folio 136v, que fue curiosamente impresa dos veces en el impreso de 1755 (una vez al terminar los preliminares, justo antes del inicio del texto de la Bibliotheca mexicana, con letra de gran tamaño y, por lo tanto, repartida entre el recto y el verso de un folio, y otra al final del libro, 8. Índice por apellidos en el ms. 44. en el anverso sin número de la página 543). Otro de los elementos importantes que arroja la comparación entre el manuscrito y el impreso es la existencia, entre Anteloquium XX y la primera entrada de la Bibliotheca mexicana, dedicada a la Universidad de México (en latín: “Academia mexicanensis”), en el manuscrito 44, de un índice por apellidos que no pasó al impreso y que evidencia su interés por adecuar su repertorio a lo que se perfila como el criterio taxonómico usual en las décadas subsecuentes ha sido impreso antes que la portada (por lo que el año que figure en esta puede no coincidir con el de aquél, según el tiempo transcurrido en los trámites reseñados)”. 48 Sobre la redacción del Diálogo de abril y su génesis, que se puede rastrear en las cartas del jesuita a Eguiara, véase la edición de Silvia Vargas, México, unam, 1987, que incluye en apéndice la correspondencia; trabajo actualmente en la identificación certera de la autoría mediante un estudio estilométrico de la obra. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Eguiara tenía la voluntad de hacer de su repertorio bibliográfico una herramienta de consulta de gran utilidad y versatilidad.

y un alejamiento del modelo de la Bibliotheca hispana de Nicolás Antonio, que siguió desde la adopción del latín hasta la disposición de la portada a dos tintas y de cada una de las entradas del impreso de 1755.49 Aunque la propuesta no pasó al impreso, su presencia en el manuscrito 44 es reveladora de la voluntad que tenía Eguiara de hacer de su repertorio bibliográfico una herramienta de consulta de gran utilidad y versatilidad.50 Los manuscritos 44 y 45 son, pues, testimonios pretextuales insoslayables para estudiar la génesis textual de la Bibliotheca mexicana y dar cuenta del proceso de conformación que culminó, para la primera parte, con el impreso de 1755 y, para la segunda, con los borradores que actualmente se encuentran en la colección Nettie Lee Benson de la Universidad de Texas. Puesto que la primera etapa de nuestro proyecto, cuyo título completo es “Bibliografía de bibliografías: hacia la construcción de un modelo para la historia y la edición digital de obras maestras de la Bibliografía mexicana. La Bibliotheca mexicana de Eguiara y la Biblioteca hispanoamericana septentrional de Beristáin”, ha sido fundamental su estudio, puesto que sirvió para la fijación de criterios coherentes no solo para la edición del manuscrito de 1755, sino para la primera edición de los manuscritos inéditos de Texas. Esta necesidad de un índice por apellidos también se halla en Francisco de la Rosa Figueroa en su Menologio arriba mencionado (véase Téllez Nieto, “Ilustración novohispana…”, op. cit., p. 313). En cuanto al modelo de Nicolás Antonio, cabe destacar ya una diferencia de peso en la propuesta eguiarense: si Nicolás Antonio cita los títulos de obras en castellano en su idioma original, Eguiara, sin duda apuntando a reivindicar la cultura novohispana para un público más amplio que el hispano, traduce al latín el título de las obras publicadas en castellano, lo cual ocasionó severos problemas de identificación de las obras incluidas en su repertorio. 50 Para mediados del siglo xviii se están generalizando las ideas del bibliógrafo inglés André Maunsell en su Catalogue of English Printed Books, 1595, según el cual los libros tienen que clasificarse por apellidos y no por nombres de pila, como bien lo señala Louise-Noëlle Malclès en La bibliographie, París, Presses Universitaires de France, 1989, p. 15. 49

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Al respecto, es necesario preguntarse: ¿son los manuscritos 44 y 45 de la Biblioteca Nacional de México los originales que se emplearon durante el proceso de impresión de la obra maestra eguiarense? Se puede decir que, si bien la principal diferencia respecto a lo analizado en la amplia bibliografía peninsular sobre originales de imprenta es que los manuscritos 44 y 45 de la Biblioteca Nacional de México no presentan signaturas numéricas, están repletos de marcas que fueron interpretadas adecuadamente por el impresor, como, por citar un ejemplo, el uso en el manuscrito del subrayado, que se convirtió en versalitas o en cursivas en el impreso. También es de gran relevancia la diferencia en el frontispicio de la Bibliotheca mexicana propiamente dicha: en el impreso de 1755 hallamos un grabado que pone el texto simbólicamente bajo la protección de la Real y Pontificia Universidad de México, la virgen de Guadalupe y el poder civil del virreinato de la Nueva España; en el manuscrito, en vez de este grabado encontramos esta información de enorme relevancia para la cronología del trabajo de compilación de las noticias biobibliográficas emprendida por Eguiara y que recuerda sin duda el subtítulo de la Bibliotheca mexicana:

En el frontispicio de la Bibliotheca mexicana de 1755 hay un grabado que pone el texto bajo la protección de la Real y Pontificia Universidad de México, la virgen de Guadalupe y el poder civil.

Bibliotheca Mexicana, omnes, quotquot inveniri potuere, qui in America Septentrionali scripto aliquid, quovis idiomate, tradiderunt, exhibens, ab eo tempore, quo catholico Hispaniarum Regi subjecta excoli cepit litteris, ad presentem usque annum Domini mdxxli

Con la presencia del año mdxxli, se establece con claridad los límites temporales de los materiales compilados en su repertorio: desde los inicios del dominio español hasta 1751, información que, si bien no es del todo precisa dada la presencia en el repertorio de obras publicadas entre 1751 y 1755, desaparece por completo en el impreso de la Bibliotheca mexicana. Se encuentran, además, pequeños detalles que apuntan a la función de original de imprenta para nuestros manuswww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Eguiara desempeñó un importante papel en la sociedad letrada novohispana de su momento, al actuar también como eminente censor y examinador.

El primer nombre de la lista de añadidos a posteriori en el índice es justamente la Academia sancti Philippi Neri, que el propio Eguiara había fundado.

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critos 44 y 45. Y no hay que perder de vista, por un lado, la muy estrecha relación que Juan José de Eguiara y Eguren tuvo con el proceso editorial de su Bibliotheca mexicana, para la cual se convirtió en el dueño de una imprenta que no solo llevaría el nombre de su repertorio bibliográfico (Imprenta de la Bibliotheca Mexicana), sino que estaría ubicada en su propia casa (“in aedibus suis”, dice el pie de imprenta del impreso de 1755); por otro lado, es importante recordar el papel que desempeñó Eguiara en la sociedad letrada novohispana de su momento, así como su actuación como eminente censor y examinador, con casi ochenta pareceres o aprobaciones enlistadas por Ernesto de la Torre en el apéndice V de su Monumenta eguiarense (pp. 240-245); si a esto aunamos la expectativa creada por los antecedentes de la querella americana arriba mencionada y los numerosos textos que anuncian la obra magna de Eguiara, no resulta tan extraño que los paratextos legales de la Bibliotheca se limiten a una cuartilla y que las licencias se hayan dado con una celeridad rara vez observada en impresos novohispanos. Así, entre los indicios más significativos del posible uso para el proceso de impresión de los manuscritos 44 y 45 de la Biblioteca Nacional de México está sin duda el índice arriba referido que Eguiara colocó, en el manuscrito 44, entre los veinte Anteloquia y la primera entrada de la Bibliotheca mexicana; que incluye, en su primera página, una lista de entradas que proporciona un recuento pormenorizado de las que fueron añadidas a posteriori, es decir, ya entregado el manuscrito a la imprenta; en efecto, los ítems, que corresponden al primer volumen manuscrito aparecen en el impreso de la Bibliotheca mexicana y no en el manuscrito; y aquí cabe destacar que el primer nombre de la lista de añadidos a posteriori es justamente la Academia sancti Philippi Neri, la academia que el propio Eguiara había fundado en el seno del Oratorio de San Felipe Neri y que sería numerosas veces llamada “academia eguiarense”; además, la entrada propiamente dicha incluye la mención a los Elogia selecta compilados por Manuel García de Arellano, publicado en 1755, una fecha que contradice explícitamente el límite www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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de 1751 establecido en el manuscrito donde el impreso exhibe el triple escudo; y que, en cambio, para las entradas correspondientes al manuscrito 45 (Augustinus Carbajal, Bartholomeus Gonzalez Soltero, Augustinus Dorantes, Augustinus Zerralde, Christobal Zea y [Carolus de] Sigüenza [et Gongora]), tanto el nombre como el texto completo se encuentran copiados en el volumen manuscrito, un indicio que apuntala la idea de una marcada diacronía en la construcción textual de la Bibliotheca mexicana. Consolida finalmente esta idea el que el amanuense del manuscrito 44 dejó en blanco 30 folios al final, por lo cual es legítimo suponer que el primer original estaba ya en manos del operador de la imprenta cuando el amanuense había empezado a copiar las entradas en el segundo volumen. Y si a esto añadimos las huellas dactilares con tinta negra que se encuentran en numerosos lugares de los manuscritos, podemos pensar que dan cuenta de la presencia del volumen en la imprenta y su manipulación por el encargado del proceso de impresión. Eguiara no pudo terminar su Bibliotheca mexicana porque su muerte fue, si no prematura, por lo menos temprana, a poco más de sesenta años, y porque no tuvo algún sobrino que, como en el caso de su sucesor poblano, se adhiriera a su causa y terminara el trabajo iniciado que, hay que recordar, quedó trunco en su versión manuscrita al no llegar más allá de la letra J por nombre de pila, a diferencia de Beristáin, quien dejó manuscrita la Biblioteca completa y una serie de apéndices que tardarían casi un siglo en editarse. Cabe señalar también que la presencia en el manuscrito 1037 de la Biblioteca Nacional de México —un volumen misceláneo cuyo título en el tejuelo reza “Historia de jesuitas”— de una copia por partida doble de varias entradas de la letra D es una señal evidente de que el trabajo de Eguiara tenía importancia para algunas órdenes, como los jesuitas, lo cual da una idea sobre la posible fecha de la copia, que no debería rebasar 1767, año de la expulsión de la orden. Finalmente, los cuatro manuscritos que contienen las entradas de la D a la J, con una organización similar a los dos www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Hay una marcada diacronía en la construcción textual de la Bibliotheca mexicana.

Eguiara no pudo terminar su Bibliotheca mexicana porque su muerte fue, si no prematura, por lo menos temprana.

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Los ejemplares conservados en la Biblioteca Nacional de México no presentan marcas de propiedad que los acrediten.

Ante la falta de liquidez de las instituciones mexicanas encargadas del patrimonio nacional, la colección fue adquirida por la Universidad de Texas.

códices conservados en la Biblioteca Nacional de México, pero con un curioso formato en que fueron recortados o doblados los amplios márgenes, lo que les da una extraña forma alargada, conocieron la suerte de muchos objetos bibliográficos de la época colonial. No presentan los ejemplares marcas de propiedad que los acrediten; sin embargo, es probable que hayan estado también en la Biblioteca Turriana, a donde los regresó el prebendado Maniau a la muerte de Beristáin;51 así, el bibliógrafo y bibliófilo José María de Ágreda y Sánchez, quien se encargó del Inventario de libros, pinturas y enseres que existen en la Biblioteca Turriana, formado por el director de la Biblioteca Nacional, ciudadano José María Benítez, al recibir dicho establecimiento por orden del Supremo Gobierno de la República, un texto de gran valía hoy conservado en la Biblioteca Nacional de México, pudo habérselos quedado y, cuando se vendió su biblioteca, estos cuatro manuscritos llegaron a parar a la rica colección reunida por el historiador Genaro García.52 Su muerte prematura orilló a la familia a vender esta colección que, ante la falta de liquidez de las instituciones mexicanas encargadas del resguardo del patrimonio nacional, fue adquirida por la Universidad de Texas, donde la Colección García representaría el punto de arranque de una inmejorable fuente de investigación sobre la historia de América Latina, la Nettie Lee Benson Library. Por eso están en Austin, Texas, los cuatro manuscritos que conservan las entradas biobibliográficas de “Damián Delgado” a “Juan Ugarte”. Exceptuando el valor propio para la reconstrucción de la Bibliotheca mexicana, estos manuscritos, que fueron copiados por la misma mano que los manuscritos 44 y 45 de la Biblioteca Nacional de México, contienen, además, información de gran interés sobre la génesis de la Biblioteca hispanoamericana septentrional de Beristáin, profusas notas manuscritas en los márgenes o folios doblados, del erudito poblano. Como lo afirma Isaac Becerra, Historia documentada, tesis, op. cit., p. 127. 52 Daniel de Lira, “Últimas noticias sobre una historia antigua: la biblioteca de Genaro García”, Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, vol. 9, núm. 1, 2004, pp. 193-215; en particular pp. 203-205. 51

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Si quedó debidamente apuntalada la necesidad de llevar a cabo una edición crítica del texto latino de la Bibliotheca mexicana como punto de partida para una edición crítica digital que permita integrar en una sola herramienta toda la bibliografía mexicana de la época colonial, empezando por las obras pioneras de Eguiara y Beristáin, queda pendiente anotar unos detalles sobre la constitutio textus que mencionamos como la segunda fase de la crítica textual, en la que, tras el estudio de la génesis y de las relaciones entre testimonios, es decir, la historia del texto, se toman y aplican decisiones ecdóticas destinadas a producir un texto crítico lo más fiel posible al original a partir de la hipótesis que sirve de base para el trabajo (sin entrar en detalles filológicos engorrosos, no quiero dejar de mencionar que, si bien los testimonios de la obra presentan a primera vista un aspecto pulcro y acabado, si se miran los pormenores de la dispositio, se detecta una cantidad impresionante de variantes ortotipográficas en el manuscrito, en el impreso —palabras graficadas en contextos distintos— o entre ambos. En esta presentación sinóptica del Prólogo XX en el manuscrito 44, el impreso de 1755 y la edición preparada por Agustín Millares Carlo de los Prólogos, se puede ver, en

La edición crítica del texto latino de la Bibliotheca mexicana

9. Variantes de dispositio en la Bibliotheca mexicana. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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En la edición preparada por Millares Carlo se aplicaron criterios que no fueron explicitados en ninguna advertencia editorial.

El tema de los criterios de edición de textos neolatinos forma parte de las discusiones sobre la edición en la Nueva España.

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la edición de Millares, la aplicación de criterios que, desafortunadamente, se tienen que inferir porque no fueron explicitados en ninguna advertencia editorial. Nuestro análisis, punto de partida para nuestra propia toma de decisiones ecdóticas, arroja los siguientes criterios que tienden, a grandes rasgos, a equiparar el texto neolatino al latín de la época clásica. Desde el punto de la ortografía, elimina la grafía ‘j’ en su representación de la yod y cambia la mayoría de ‘y’ por ‘i’; mantiene grupos cultos como ‘th’, aunque cambia sistemáticamente author por auctor (la frecuencia de uso de la primera forma es de 100%; en cambio, consideramos que debe ser mantenida a pesar de no alinearse con la forma clásica); quita, además, todos los acentos tipográficos y los diptongos ‘ae’ y ‘oe’ que tanto en el manuscrito como en el impreso son empleados de forma relativamente endeble. Por lo que respecta a la puntuación, Millares lleva a cabo manipulaciones sistémicas, como la remoción de comas antes de la conjunción et y después de adverbios en posición inicial de oración, y cambia los punto y coma ‘;’ o comas ‘,’ por puntos. Desata sin marcas las abreviaturas, aunque mantiene varias sin que sean forzosamente las más comunes, lo que obstaculiza innecesariamente la lectura fluida del texto. Por lo demás, introduce cortes espaciales que no están en el original, así como versales y versalitas, baja mayúsculas, une palabras que están separadas tanto en el manuscrito como en el impreso, etcétera. Por supuesto, el tema de los criterios de edición de textos neolatinos forma parte de las discusiones sobre la edición en la Nueva España, sobre la que no abundaré aquí; solo apunto que, en nuestro caso, el estudio del usus scribendi del manuscrito, más próximo a la voluntas auctoris eguiarense, y del impreso de 1755, sometido a una fuerza reguladora como lo fue la imprenta y sus procesos delegados, aunque de forma diluida gracias la cercanía buscada por el autor con el proceso de impresión (compró su propia imprenta y la usó para su Bibliotheca mexicana) ha sido concomitante en el establecimiento de nuestros criterios de edición, teniendo como objetivo principal dar al lector un texto fidedigwww.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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no, correcto y legible de la obra eguiarense que permita su uso como punto de partida para la integración de la bibliografía posterior en etapas consecutivas.

10. Una edición crítica digital integradora con motor de búsqueda.

Si una cosa quedó clara al escribir el protocolo de investigación del proyecto papiit que nos permitió avanzar, es que la edición crítica digital que estamos construyendo no tendría la utilidad requerida si no aprovechara las ventajas que brinda la tecnología y se detuviera en la labor comparativa sobre la materialidad textual de los repositorios bibliográficos. Así, con el fin de lograr nuestro propósito de volver accesible en un par de clics la información bibliográfica integrada, ubicamos el proyecto en el marco de las humanidades digitales. Como suele suceder en este tipo de proyectos, los desafíos de su estructuración e instrumentación tecnológica nos pusieron ante el desafío de toma de decisiones continuas, desde la complejidad de la selección de los materiales de nuestro objeto de estudio hasta la visualización final de sus resultados. Por supuesto, las numerosas y acaloradas discusiones sobre criterios tuvieron como objeto los criterios ecdóticos para el texto eguiarense (y, aunque parece menos importante, el de Beristáin, que dista mucho de ser transparente desde un enfoque genético y comparativo). También fue de gran relevancia la cuestión de las taxonomías para las etiquetas, un proceso imprescindible para garantizar la rastreabilidad www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Una edición crítica integradora de la bibliografía mexicana: primera etapa

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de los fenómenos que juzgamos importante subrayar desde una perspectiva bibliográfica y de historia de la cultura escrita. Así, adaptamos las herramientas de etiquetado (en este caso tei-xml) para dar cuenta de la rica y variada información contenida en nuestro corpus; entre otras cosas, potenciamos la rastreabilidad de datos que den cuenta de los elementos que consideramos de gran relevancia para el estudio de la cultura escrita en la diacronía (autores, títulos de obras, imprentas, fechas, lugares, etc.) sin dejar de dar cuenta de la variación textual, que es en sí un testimonio del carácter lábil de la investigación bibliográfica.

Conclusión

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Esta edición integradora de la bibliografía mexicana colonial, que parte de la edición del texto latino de la Bibliotheca mexicana eguiarense, tarea aún pendiente, y de las entradas correspondientes de Eguiara, es solo el inicio de una empresa de mayor envergadura que evidencia, de cierta manera, el afán de conjuntar la información sobre nuestro patrimonio bibliográfico virreinal en una sola herramienta que dé cuenta de la riqueza de la cultura escrita y de sus caminos a veces inesperados, así como de nuestra voluntad de rendir a los textos de nuestros predecesores un sentido homenaje mediante un trabajo textual profundo en la esencia de sus obras. Porque, al presentarlos así, en su variación, riqueza y profundidad, es como se puede dar cuenta de la rica tradición que los ha gestado y legado y ha impreso en ellos sus propias marcas de recepción. Editar es, en su doble acepción, un trabajo de artesano que, si está bien hecho, pone bajo los reflectores textos que representan, cada uno a su modo, hitos en la historia de la cultura escrita de nuestro país; y así, la responsabilidad que tenemos de este material es el motor que nos une en nuestra lucha diaria contra el olvido.

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Camilo Ayala Ochoa Editor y escritor

Agonía y esperanza Las publicaciones del Partido Acción Nacional1

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a historia del libro no solo es la historia de los soportes de escritura, el desarrollo del lenguaje, los públicos lectores o los modelos de negocio. Han existido y existen grupos intelectuales en torno a librerías, revistas o editoriales, pero también grupos ideológicos. Son cofradías o fraternidades que, además de compartir la mesa, el pan y la sal, también se reparten el papel, la tinta y el ruido de la imprenta. Así como el catálogo de un editor o de un sello editorial forma un discurso cultural, también hay grupos que mantienen por generaciones un discurso filial, ideas comunes y una alforja de conceptos. Es el caso del Partido Acción Nacional (pan).

El pan nació en septiembre de 1939 en una época en la Intentos que, como bien lo apuntó Eduardo Blanquel, la oposición de oposición lo ensayó todo. Se habían implementado contra el régimen revolucionario, sin éxito, varios mecanismos contestataEl texto es el soporte de la ponencia presentada en la mesa 3, “Contribuciones para la historia de la edición política en México”, de Pasado y presente del verbo editar. VII Coloquio de Estudios del Libro y la Edición en México (siglos xx y xxi), 1 de septiembre de 2022, como parte del programa académico de la Filuni de la unam. El Coloquio fue organizado por el Seminario Interdisciplinario de Bibliología del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la unam, con el auspicio de la Red Latinoamericana de Cultura Gráfica y Red Nacional Altexto. La organización académica corrió a cargo de Marina Garone Gravier y Camilo Ayala Ochoa. 1

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rios: levantamientos militares con Lucio Blanco y Munguía (1922), el golpe de Estado de Adolfo de la Huerta (1923), el cuartelazo escobarista (1929) y la rebelión cedillista (1938); conspiraciones como la de Arnulfo Gómez y Francisco Serrano (1927); atentados magnicidas contra Álvaro Obregón con Luis Segura Vilchis y José León Toral, y de Daniel Flores a Ortiz Rubio; la combinación entre resistencia civil y guerra de resistencia que fue la Cristiada; la conspiración de sociedades secretas con las Legiones o la Base y el clandestinaje con el Partido Comunista; una moderna campaña política con el vasconcelismo (1929); un frente de movilización con la Unión Nacional Sinarquista (1937); la coalición electoral con Juan Andreu Almazán (1939), y la formación de múltiples partidos tan circunstanciales e improvisados como efímeros. Solo faltaba lo que Manuel Gómez Morín, representante de la generación de 1915, propuso como una institucionalización de la oposición, la formación de un partido de doctrina, un camino largo, una brega de eternidad.

Una cultura Los fundadores del pan estaban inmersos en una cultura católica católica cuyas fuentes son las encíclicas papales Immor­

tale Dei, sobre la constitución de los estados (León XIII, 1 de noviembre de 1885); Sapientiae christianae, sobre los deberes de los ciudadanos cristianos (León XIII, 10 de enero de 1890); la Rerum novarum, sobre la condición obrera (León XIII, 15 de mayo de 1891); Graves de communi, sobre la acción popular cristiana (León XIII, 18 de enero de 1901); Singulari quadam, sobre el movimiento sindical (Pío X, 24 de septiembre de 1912); Ubi arcano Dei, sobre la actividad del pontificado (Pío XI, 23 de diciembre de 1922); Divini Illius Magistri, sobre la educación cristiana (Pío XI, 31 de diciembre de 1929); Quadragesimo anno, sobre la restauración del orden social en conformidad con la ley evangélica (Pío XI, 15 de mayo de 1931). La inspiración de los fundadores panistas fue la doctrina social católica, la cual se haya en el legalismo de Manuel

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Gómez Morín, para quien siempre era necesaria la crítica y el método, es decir, técnica, y en la vertiente de Efraín González Luna, que representaba el pensamiento más acabado de Acción Católica. Esa inclinación fue reconocida históricamente por los panistas. José González Torres indicó en tono personal: “Mis convicciones todas —entre ellas las sociales—, se inspiran en la doctrina católica”. Efraín González Morfín manifestó: “Creo en el sistema métrico de Dios, que salva por medio de su Hijo y de sus hijos, con forma de esclavo, y no necesita liderazgos de vanidad individual o colectiva”. Adolfo Christlieb Ibarrola, quien fuera el primer jefe nacional panista en procurar mantener una imagen no confesional del partido, indicaba a finales de la década de 1960: “Alguien ha dicho que el cristianismo lleva en sí mismo el germen de la oposición, no necesariamente a un gobierno, sino al orden establecido, buscando mejorarlo”. Para Carlos Castillo Peraza, “cuando se fundó el partido, había una corriente inspiradora muy fuerte con raíces en la doctrina social católica, vinculada al pensamiento aristotélico-tomista”. Luis H. Álvarez hizo una declaración de grupo: “En Belén está nuestra raíz más honda”. La acción católica, escuela de pensamiento que acredita la influencia de la praxiología católica en el mundo, proviene de la filosofía de la acción de Maurice Blondel que, a finales del siglo xx, comentaba que la acción es el hecho más general y más constante de la vida, y si no actúo yo en el mundo, algo actúa en mí o fuera de mí, casi siempre contra mí. De esa acción católica se pasó a la acción social, promovida desde los primeros años del siglo xx, especialmente durante el papado de Pío XI, llamado “el papa de la Acción Católica”. Parte de la doctrina es la acción política y claramente el nombre de Acción Nacional, pero también está implícita una acción editorial. Pío XI definió la acción católica como “el apostolado que con la oración, con la palabra, con la buena prensa, con el ejemplo de toda la vida, con todas las industrias de la caridad, busca de todas las maneras posibles conducir almas al Corazón Divino, y volverle a dar al mismo Corazón el trono www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

La inspiración de los fundadores panistas fue la doctrina social católica, la cual se haya en el legalismo de Manuel Gómez Morín.

La acción católica es una escuela de pensamiento que acredita la influencia de la praxiología católica en el mundo y proviene de la filosofía de Maurice Blondel.

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La casa editorial jesuita Buena Prensa tiene como misión promover, a través de los libros que edita y distribuye, el desarrollo humano.

Voz Nacional fue un semanario con ensayos, noticias y reportajes que unió a los comités regionales que estaban formando el nuevo partido Acción Nacional.

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y el centro en las familias y en la sociedad”. Precisamente esa visión de la prensa como apostolado y como misión fue también la que tuvieron los panistas de los primeros años. Había una buena prensa en contraste no solo con la mala prensa, sino con la prensa indiferente. Una casa editorial jesuita lleva el nombre de Buena Prensa y tiene como misión promover, a través de los libros que edita y distribuye, el desarrollo humano, la inclusión, el bienestar espiritual y los valores católicos. Una buena prensa de Acción Nacional tendría un acervo de títulos sobre desarrollo humano integral, bienestar humano y valores sociales. Hay, pues, una línea editorial panista. El orden inicia en casa. Voz Nacional ya existía a principios de 1939 y fue un semanario con ensayos, noticias y reportajes que unió a los comités regionales que estaban formando el nuevo partido. Era dirigido por Bernardo Ponce y su editor político era Aquiles Elorduy. Voz Nacional sacó su último número el 7 de septiembre de 1940. El Boletín núm. 1, “A los jefes de grupo de Acción Nacional”, fue distribuido en 1939 poco después de la asamblea constituyente, pero el 1 de diciembre de ese año apareció el Boletín de Acción Nacional como órgano informativo del pan, dirigido por Ernesto Robles León. El 1 de noviembre de 1940 le fue cancelado el registro como artículo de segunda clase por la Dirección General de Correos y Telégrafos de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, a petición de la Procuraduría General de la República, y se prohibió su circulación por correo, pero duró, con circulación privada, hasta 1943. La información que manejaba era organizacional, es decir, además de la doctrina, se proporcionaban datos de comités, asambleas, consejos y juntas.

El miércoles 15 de octubre de 1941 apareció el primer número formal de la revista La Nación. La publicación de La Nación. Una semana de México fue el 18 de octubre de 1941. Esta salida fue precedida por dos números de prueba. El primero, La Nación. Verdades de México, tuvo salida a las 6:27 del www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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18 de septiembre de 1941 en la Imprenta de los Hermanos Aguilar de la calle de Iturbide. Se le concedió el número de registro de revista 634, con domicilio en Isabel la Católica 30, en la Ciudad de México, recibió aportaciones del Banco Nacional de México, Banco de Comercio, Banco Mexicano, Banco Industrial de Monterrey, Banco de Londres y México, Sociedad Financiera Mexicana, Hoteleros de México, Empresa Garci Crespo, Editorial Porrúa, Editorial Robledo, Cigarrera El Águila, Industrias Cerveceras, entre otras organizaciones y empresas. Realmente, La Nación de las primeras décadas tenía una enorme riqueza en contenido. Había notas, crónicas, columnas, reportajes económicos, políticos y sociales, y gran parte de la información era cultural. Tenía colaboradores como Alfonso Junco, Salvador Novo, Rosario Castellanos, Aquiles Elorduy, Daniel Kuri Breña, Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Gustavo Molina Font, Toribio Esquivel Obregón, Manuel Herrera y Lasso, Manuel Samperio, Ezequiel A. Chávez, Rafael Preciado Hernández, Carlos Septién García, Alejandro Avilés, Isaac Guzmán Valdivia, Jesús Guisa y Acevedo, Luis Tercero Gallardo, Gilberto Moreno, Carlos Alvear Acevedo, Francisco Ortiz Pinchetti, José Fernández de Cevallos, Carlos León, Pedro Zuluaga, Roberto Cossío y Cosío, Manuel Ulloa, Diego Tinoco Ariza, Gumersindo Galván, Rius y Vicente Leñero. Esta publicación periódica se fundó bajo la dirección de Carlos Septién García. El nombre coincidió intencionalmente con el del órgano del Partido Católico Nacional que dirigió Eduardo J. Correa entre 1912 y 1914, lo que indica los vínculos panistas con los viejos círculos católicos. La relación con los grupos católicos de Carlos Septién quedó patente a su muerte, ocurrida en un accidente aéreo el 19 de octubre de 1953, cuando la escuela de periodismo de Acción Católica Mexicana fue nombrada Escuela de Periodismo Carlos Septién García, que había sido fundada el 30 de mayo de 1949, con el auspicio de Acción Católica Mexicana, por Fernando Díez de Urdanivia, José González Torres, Alejandro Avilés, Fernando Mendoza y Ramón de www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

La revista La Nación salió en 1941 con aportaciones de diversos bancos y poderosas empresas y organizaciones.

La relación con los grupos católicos de Carlos Septién quedó patente a su muerte, ocurrida en un accidente aéreo el 19 de octubre de 1953.

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La estrategia política del pan la definió Efraín González Luna como técnica de salvación.

Ertze Garamendi. La escuela, primera en periodismo del país, fue patrocinada con la mira de formar una buena prensa. En 1966 se desligó de la Acción Católica, pero sigue teniendo los principios de Septién García. La estrategia política del pan la definió Efraín González Luna como técnica de salvación, y la revista La Nación, según Carlos Septién, como una técnica para decir la verdad. En un memorándum a los reporteros, redactores y colaboradores, Septién, para quien el periodismo era el “parlamento diario de los pueblos”, indicó: La misión de la Revista tiene dos aspectos: uno positivo, de construcción y afirmación encaminado a mostrar la eficacia de las ideas que sustentamos —eficacia para el enjuiciamiento certero de los acontecimientos, para la solución de los problemas nacionales—; enderezado a lograr la más amplia y enérgica difusión de los principios que deben sustentar a la sociedad: supremacía de la Nación sobre los grupos, bien común, integridad de la familia, dignidad de la persona y del trabajo, justicia social...

El otro aspecto de la misión es negativo: La Revista es de oposición solamente contra todo aquello que lesione o perjudique los legítimos intereses nacionales y sólo en función de ellos; la Revista peleará contra el Estado en tanto éste se niegue a realizar la gestión del Bien Común que por misión sustancial le corresponde; en tanto proclame doctrinas y realice hechos encaminados a disolver las esencias nacionales y en tanto impida la preeminencia de los principios verdaderos que deben regir nuestra sociedad...

Al momento de nacer, La Nación costaba 20 centavos y tenía 24 páginas. En 1942, la foliación subió a 32 páginas y el precio a 30 centavos. El tiraje fue de 30 000 ejemplares en 1942 y 1943. En 1948 el precio era de 50 centavos y el tiraje de 50 000. En 1954 se redujeron el tamaño de la revista, el número de páginas y el precio (a 25 centavos), 138

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pero se mantuvo el tiraje de 50 000 ejemplares. En la década de 1970 hubo una crisis de identidad panista que redujo la militancia del partido y el tiraje. Actualmente es de 5 000 ejemplares, pero tiene una versión electrónica gratuita. El objeto de La Nación, en palabras de Septién García, era ser una piqueta de lo sustancial, echar los cimientos del México nuevo. Como una manera de reflejar la institucionalidad del partido, González Luna promovió que hubiera escritos sin autor, situación que Alfonso Junco criticaba como anonimismo. Así escribieron Manuel Gómez Morín, quien también utilizó el pseudónimo de Manuel Castillo, y Efraín González Luna, quien se llamó Juan Galicia. Hay que apuntar que en La Nación se formaron grandes periodistas, como Manuel Buendía, Gerardo Medina Valdés, Juan José Hinojosa, Horacio Guajardo, Tiburcio Cervantes, Ignacio González Luna o Ignacio Mendoza Rivera.

En julio de 1987 se encargó a Carlos Castillo Peraza crear la revista doctrinal e ideológica de Acción Nacional, con oficinas en Cerrada de Eugenia en la colonia Del Valle. La redacción corrió a cargo de Alberto Antonio Loyola Pérez y, a sugerencia suya, la publicación fue llamada Palabra, pero debió cambiarse a Palabra de Acción Nacional porque existía una revista homónima, según mostraron los trámites de certificación de uso exclusivo de título ante la entonces Dirección General del Derecho de Autor de la Secretaría de Educación Pública. El primer número de la revista trimestral salió en septiembre. Palabra fue concebida con las secciones Cómo nos ven, Horizonte, Huésped, Pensamiento, Raíces y Vitrina. Castillo Peraza habló de los trabajos de edición en un artículo titulado “Ciento sin cuenta” que apareció en Origina en el año 2000, donde comentó que sacar el primer número de una revista no era un verdadero problema, porque prepararlo, editarlo, imprimirlo y distribuirlo podía llevarse cuanto tiempo se dispusiera, pero repetir la epopeya con el tiempo de cierre encima era lo complicado. De revistas, expresaba, www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Palabra de Acción Nacional

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La revista Palabra fue la realización del mayor sueño de Castillo Peraza.

“Un pensamiento que no se convierte en palabra es un mal pensamiento, y una palabra que no se convierte en acción es una mala palabra”.

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“¡he visto tantas en este país de santísimas primeras piedras y tan pocas inauguraciones!”. Palabra fue la realización del mayor sueño de Castillo Peraza. Había aprendido a leer a los cuatro años con Diario de Yucatán, donde entró a laborar a los catorce, y estaba cobijado por el lenguaje. Era escritor por la búsqueda de la verdad. Por ello descifraba el discurso implícito en cada palabra, cada oración y cada vida. Utilizaba una redacción diáfana y la exigía de los demás. Su sed de conocimiento era inconmensurable, lo que le obligaba a estar consciente y alerta, a leer mucho y casi no dormir. Tuvo más ojos que vida. Si su ser era la lectura y escritura, debía editar: asistir al nacimiento de una nueva entidad y también nacer con ello. Ineludiblemente sus búsquedas sobre la verdad tenían que derivar en la edición. Esa fue la mejor forma de hacer política para Castillo Peraza. El diálogo para él era su realidad elemental, mejor aún, la perspectiva de la interpretación; un temple, la condición o tesitura que articula los mensajes; la instalación, el escorzo desde el cual se devela el otro, el semejante que se vuelve prójimo al dialogar. Una de las múltiples citas constantes de Castillo Peraza era de Chesterton: “Un pensamiento que no se convierte en palabra es un mal pensamiento, y una palabra que no se convierte en acción es una mala palabra”. Efraín González Luna confluyó también con esta idea en un texto escrito en 1940: “La acción presupone el pensamiento y hay pensamientos que son ya en sí mismos una forma de acción”. No por nada Castillo Peraza advirtió que el único método en política para generar bienes públicos es el lenguaje. La política, para él, era la forma de resolver los problemas comunes por medio del diálogo; y los ciudadanos que más sirven a su sociedad son los hombres de pensamiento y de acción, capaces de pasar de la proclama al programa y del programa al compromiso.

Ahora, en cuanto a la prensa de libros, hubo un camino paralelo entre la formación del partido y los espacios de www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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edición de la cultura panista. Gómez Morín fundó en 1933 la revista mensual Jus, especializada en derecho y ciencias sociales. En 1942 se constituyó como editorial con fines de divulgación de la doctrina nacional y de lo que llamó la “verdadera historia nuestra”. Jus tendría un gran desarrollo en diciembre de 1948, a partir de la organización de Salvador Abascal como gerente editorial, quien revisó los proyectos, impuso medidas de austeridad en los procesos editoriales y técnicos, modernizó instalaciones y equipos y depuró el personal. Dos colecciones cumplieron cabalmente el cometido de presentar la historia no oficial: Figuras y episodios de la historia de México y México heroico. Jus fue una editorial autónoma, pero acogió los libros panistas.

Otros proyectos editoriales también sirvieron para difundir los escritos panistas. Cuando Gómez Morín fue rector de la unam comisionó, en 1934, a Pablo González Casanova y a Joaquín Ramírez Cabañas para que organizaran el funcionamiento de las prensas que se llamarían Imprenta Universitaria. La unam publicó prólogos y traducciones de los panistas. También fue Gómez Morín quien constituyó el fideicomiso Fondo de Cultura Económica en el Banco Nacional Hipotecario Urbano y de Obras Públicas el 3 de septiembre de 1934. Fue parte de la primera junta directiva del Fondo. En 1935, Gómez Morín y Jesús Guisa y Azevedo fundaron Editorial Polis, que también publicaría los libros de intelectuales allegados al pan, como José Bravo Ugarte, Gustavo Molina Font y José Vasconcelos. El proyecto editorial era parte del propósito de construir una conciencia nacional. Gómez Morín lo dijo claramente:

Otros proyectos

La biblioteca de Acción Nacional y la Editorial Jus han editado estas obras siguiendo su programa sistemático de presentar y hacer valer las figuras de los héroes verdaderos, de los verdaderos constructores de la nacionalidad […] se trata de una tarea valiosa: la de formar positiva y rectamente una conciencia pública en asuntos que lo requieren con www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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extrema urgencia. Es una obra en construcción y de defensa incomparablemente superior, más valiosa y más eficaz que cualquiera otra, pues con ella se trata de acendrar los valores esenciales de la sociedad y de la Nación.

Los libros panistas no solo son los que llevan el nombre del pan.

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En 1946, Manuel Gómez Morín quiso promover una Asociación de Escritores Católicos vinculada a una Federación Internacional de Escritores Católicos, que no se logró. En 1940 se publicaron los libros La Nación y el régimen, de Manuel Gómez Morín, y El hombre y el Estado, de Efraín González Luna. Llevaban como sello editorial el nombre del pan. A partir de entonces se observan esfuerzos comunes de diseño, creación y edición. Sus libros reúnen discursos, informes de dirigentes, memorias de campaña, manuales, estudios doctrinales y biografías. Otros textos publicados por panistas en editoriales externas al partido son ensayos sociales, económicos, políticos y filosóficos. También hay memorias de campaña y autobiografías. En el Centro de Estudios, Documentación e Información sobre el Partido Acción Nacional (cedispan) de la Fundación Rafael Preciado Hernández, cuando lo dirigía el historiador Gerardo Ceballos, hubo un levantamiento de material bibliográfico que hablaba del pan. La lista la elaboraron Jesús Garulo García y Margarita Vázquez Lemus con información del catálogo general de la Biblioteca del cedispan y con datos de la Bibliografía general de las agrupaciones y partidos políticos mexicanos (1910-1994), de Ignacio González Polo Acosta, entregada a imprenta en 1998 por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la unam. En la lista están 435 títulos con autor más 49 sin autor, lo que da un total de 484 títulos. Además, se detectaron 158 documentos que no forman parte del acervo del cedispan. Son 642 libros, folletos o manifiestos publicados. Sin embargo, esa lista puede crecer considerablemente si se toman en cuenta los libros de panistas que no hablan de su partido, sino de otros temas a partir de su doctrina. Los libros panistas no solo son los que llevan el nombre del pan. Los panistas publicaron en editoriales como Polis, www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Jus, Signo, epessa, Fímax, Noriega, Nuevo Siglo, Nueva Nación, Plaza & Janés, Universo, Dante, Comunicación, Grijalbo, Océano y la unam, así como en la editorial del pan, la Fundación Rafael Preciado Hernández y la Fundación de Estudios Urbanos y Metropolitanos Adolfo Christlieb Ibarrola. También hicieron ediciones particulares. Son ensayos que autores panistas entregaron a editoriales o autopublicaron, corrigieron panistas y editaron, o cuidaron la edición, panistas. Van unos cuantos nombres de estos editores: Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Bernardo Ponce, Ernesto Robles León, Jorge Piño Sandoval, Gustavo Molina Font, Rafael Aguayo Spencer, Carlos Septién García, Alejandro Avilés, Gerardo Medina Valdés, María Elena Álvarez Bernal, Luis Martínez Alcántara, Carlos Castillo Peraza, Alberto Antonio Loyola Pérez, Délmer Peraza Quintal, Marcela Cebrián Vázquez, Silvino Silva Lozano, Armando Reyes Vigueras, Martín Enrique Mendívil Cortés, Liliana López Ruelas, Carlos Castillo López, María del Carmen Rizo, Gerardo Ceballos Guzmán y Aminadab Pérez Franco. En 1939, Acción Nacional tenía cerca de 3 000 militantes. La cifra creció a 10 000 en 1946, 50 000 en 1950, 100 00 en 1954, 150 000 en 1964, y bajó a 17 000 en 1987, solo para crecer a 160 000 en 1995 y a más de 1 200 000 en 2006. Hoy por hoy, el pan tiene 287 463 militantes. El tiraje de la revista La Nación ha disminuido y los libros panistas tienen tirajes cortos de 1 000 ejemplares. De todos modos, los libros llegaban a sus destinatarios. Castillo Peraza recordaba en la charla “Las víctimas culpables”, recogida en el libro póstumo El acento en la palabra:

Algunos editores panistas: Gómez Morín, González Luna, Bernardo Ponce, Robles León, Piño Sandoval, Molina Font, Aguayo Spencer, Septién García, Álvarez Bernal, Castillo Peraza.

No conocí personalmente a don Efraín González Luna, como no conocí en persona a don Manuel Gómez Morin. Panista en el Yucatán lejano del centro del país y carente de vías o medios de comunicación expeditos hacia el corazón de la República, sólo tuve acceso al pensamiento del uno y el otro, fundadores de Acción Nacional, por la vía de la lectura, gracias a que un inolvidable tío abuelo estaba suscrito a la www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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revista La Nación y compraba con regularidad o recibía con frecuencia las muy modestas ediciones que, en los años cincuenta y sesenta, puso en circulación ese partido.

El tiraje de la revista La Nación ha disminuido y los libros panistas tienen tirajes cortos de 1 000 ejemplares. De todos modos, los libros llegaban a sus destinatarios.

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Son muchos los libros elaborados por panistas a lo largo de la historia. Solo daré unos ejemplos: Retorno al campo, de José María Gurría Urgell (1943); Díez años de México, de Manuel Gómez Morín (1950); Humanismo político, de Efraín González Luna (1955); Participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas, de Juan Landerreche Obregón (1956); Monopolio educativo o unidad nacional. Un problema de México, de Adolfo Christlieb Ibarrola (1962); La otra cara de México, de Carlos Chavira Becerra (1965); Memorias del pan I, de Luis Calderón Vega (1967); Efraín González Luna. Abogado, humanista, político, católico. Homenaje a un gran amigo, de José Bravo Ugarte (1968); Operación 10 de junio, de Gerardo Medina Valdez (1972); Presencia y gravedad de los problemas nacionales y otros estudios. Escritos diversos publicados de 1956 a 1964, de Efraín González Luna (1975); Tesis y actitudes sociales de Efraín González Morfín (1975); El potro domado, de José González Torres (1976); Agonía y esperanza, de José Ángel Conchello (1978); 40 años de vida política. Reportaje sobre el pan, de Luis Calderón Vega (1980); El trigo y la cizaña, de José Ángel Conchello (1980); 500 horas de hielo, de Pablo Emilio Madero (1985); Los valores de nuestra nacionalidad. Un alegato por la reconstrucción de México, de Isaac Guzmán Valdivia (1985); A la democracia sin violencia, de Jesús González Schmal (1986); El ogro antropófago, de Carlos Castillo Peraza (1987); Las razones de la sinrazón, de Adolfo Christlieb Ibarrola (1987); Correa Racho. Tiempo de liberación, de Roger Cicero Mac-Kinney (1987); Memoria y esperanza, de Luis Héctor Álvarez (1988); Alternativa democrática, de María Elena Álvarez Bernal (1986); Diálogos con el pueblo, de Manuel J. Clouthier (1988); El pan nuestro, de Carlos Castillo Peraza (1990); Apostemos por nosotros mismos, de Carlos Castillo Peraza (1993); Breve historia del Partido Acción Nacional en el Distrito Federal, de Tomás Cardona Jiménez (1996); Disiento, de Carlos Castillo Peraza (1996); Manuel www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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Gómez Morín. La lucha por la libertad de cátedra, de María Teresa Gómez Mont (1996); La congruencia histórica del Partido Acción Nacional (Textos y propuestas), de Juan José Rodríguez Prats (1997); A los Pinos. Recuento autobiográfico y político, de Vicente Fox (1999); El ejemplo de Conchello. Una aproximación a la vida y al ideario de José Ángel Conchello, de Andrés Cervantes Varela (2000); Las mujeres en Acción Nacional. 60 años de trabajo y consolidación política de Antonieta Guadalupe Hidalgo Ramírez (2000); Acción Nacional. 10 años de lucha en el Distrito Federal. 1939-1949, de Gerardo Ceballos Guzmán (2003); y El hijo desobediente. Notas en campaña, de Felipe Calderón Hinojosa (2006). Iván Zavala Echeverría publicó, en mayo de 2009, en la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el artículo “Los valores distintivos de los panistas”. En él habla de seis variables independientes a partir de la Encuesta Mundial de Valores: son religiosos, confían en los demás, se ubican en el centro-derecha, no son igualitarios y son privatizadores. Esto, en mi opinión, coincide con la ideología de los panistas militantes, a los que hay que separar de los panistas gobernantes. En la Convención Estatal de Jalisco, el 25 de septiembre de 1955, Efraín González Luna, comentaba: “Juzgaremos del valor humano de una colectividad por la manera como escoge, como elige, o empleando términos jurídicos, por la manera como la voluntad colectiva se forma o se afirma”. De esta concepción o principio en el sentido aristotélicotomista, según el cual “es aquello primero a partir del cual algo es, se hace o se conoce”, se desprenden los elementos esenciales de una vida democrática para el panismo: cultura democrática, proyecto nacional, pluralismo, solidarismo, subsidiaridad, federalismo y economía social de mercado. Ahora bien, ¿podemos extrapolar el humanismo político a un humanismo editorial? El humanismo político, decía Efraín González Luna, se finca en el concepto y la realidad del hombre, como género, por supuesto. En un humanismo editorial tendrían que primar el autor, el lector www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

Los valores distintivos de los panistas: son religiosos, confían en los demás, se ubican en el centro-derecha, no son igualitarios y son privatizadores.

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y los profesionales del libro sobre el índice de productividad y el rendimiento mercantil como personas perfectibles y corregibles, inmersos en un proceso de aprendizaje. Debería haber un principio pluralista que garantizara un medio editorial con distintas opiniones, tendencias e influencias; un principio democrático, es decir una forma de vida que respete al diferente, que valore la convivencia armónica y pacífica de quienes son distintos y se reúnen para hacer probable y posible un proyecto editorial; un principio de solidaridad, es decir, que el equipo editorial sea la conjunción de voluntades por encima de las diferencias; un principio de subsidiaridad, según el cual el editor sepa auxiliar al autor sin sustituir su discurso o aniquilar su autonomía; y un principio federalista para defender la independencia de lo independiente, como los campos de aplicación de criterios editoriales y el diseño editorial. Ese humanismo editorial es un ideal y, en ocasiones, se ha cumplido.

Economía ¿Qué pasa con la economía social de mercado? Después social de de la Segunda Guerra Mundial apareció en Alemania la mercado economía social de mercado, y Ludwig Erhardt formuló su

proyecto de Nación y su programa de recuperación de 1948 basado en ella y en la doctrina social cristiana. Humanismo económico lo nombró Jacques Maritáin. Salvador Abascal Carranza lo llamó del mismo modo. Para Pedro Lasanta se trataba de una economía solidaria. Efraín González Morfín la definió como un humanismo verdadero, porque su orden social justo tiene un fin social. Este modelo tuvo como antecedentes los trabajos de la escuela de Viena, los análisis de Max Weber y Karl Marx y la aplicación de la política social del canciller Otto von Bismarck en la Prusia decimonónica. El enfoque fue llamado ordoliberal, porque intentó “combinar la máxima libertad de acción individual con un orden social aceptable para la mayoría de la población”. Con la economía social de mercado, a partir de la doctrina social de la Iglesia, se recuperó el sentido aristotélico de la economía como ciencia de la buena conducta de la

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familia o sociedad doméstica, que junto con la política es parte de la ética social. Sin embargo, es muy difícil que en el medio editorial se sigan esas cuestiones, que las decisiones se basen en postulados éticos más que monetarios. Quizá las editoriales universitarias, la mayoría de las que vienen a la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios, las que no tienen afán de lucro, lo hagan. Y lo hacen porque comparten, con el humanismo editorial, una misma cultura editorial. Agonía y esperanza se llama esta intervención y ese título pertenece a uno de los libros de José Ángel Conchello que habla de teorías económicas y repudiaba un mundo en el que, para invertir, se necesita la acumulación de capitales y, por lo tanto, enriquecer a los más ricos; donde la imprenta se aprecia solo si fabrica dinero. También hay esperanza en la mano del pobre que ayuda a otro pobre. He visto esa esperanza en la edición de la unam. No hay que olvidar que Manuel Gómez Morín fue rector de la institución y creó la normatividad básica interna: el Reglamento para la integración del Consejo Universitario, el Reglamento de organización y funciones del cuerpo docente y el Estatuto General de la Universidad Nacional de México del 14 de febrero de 1934. También definió la función social de la Universidad y la razón de ser de su autonomía. De hecho, sigue funcionando no solo el Consejo Universitario, creación gomezmoriniana, sino otra figura que introdujo durante su rectorado: el servicio civil que después se llamó servicio social profesional y que propuso durante el Primer Congreso Nacional de Profesionistas del 4 de marzo de 1934. He visto esa esperanza en la edición de la unam. Más allá de lo que aparece en la página legal y el colofón de los libros, más allá del membrete y el cintillo legal de las revistas, la cuidada y esperanzada labor editorial de nuestra Universidad late en nuestras áreas de publicaciones y de comercialización. Esas actividades, con todas sus virtudes y frustraciones, configuran los discursos editoriales y componen los a veces sutiles y a veces vibrantes pregones dirigidos al lector. Eso es humanismo editorial. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

También hay esperanza en la mano del pobre que ayuda a otro pobre.

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El panismo es la expresión política de una cultura que existió antes y existirá después del Partido Acción Nacio­nal.

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El panismo es la expresión política de una cultura que existió antes y existirá después del Partido Acción Nacional. Esa cultura es un conjunto de habilidades mentales y conceptos que hacen a los panistas leer al mundo y a la sociedad de una manera distintiva. Es decir, que el pan ha tenido el mayor impacto para un grupo de simpatizantes en cuanto a la representación de sí mismos y su entorno. El desarrollo de esos recursos culturales y la manera de aplicar esa visión a fines determinados es lo que me permití platicar en esta mi intervención que aquí concluye.

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Colaboradores

Francisco Prieto (Paco Prieto). Académico, dramaturgo, narrador, ensayista, filósofo y comunicador. Radica en México desde 1957. Estudió Comunicación, Antropología Social y la maestría en Filosofía en la Universidad Iberoamericana. Profesor de Literatura, Historia de la Cultura y Comunicación Interpersonal; director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana; productor y conductor de programas culturales de radio y televisión. Fue director de tv unam y defensor del televidente de Canal 22. Tiene 13 novelas, entre las que destacan Caracoles, Ruedo de incautos (traducida al inglés), La francesa del café Tacuba, Campo de batalla (traducida al italiano) e Ilusiones perdidas. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Artes. Ha conducido varios programas de radio y televisión como Toros y Páginas de la historia. Manuel Gil. Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa de Madrid, miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección y Gestión de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa y titulado en Comercio Exterior. Fue director de la Feria del Libro de Madrid y compagina tareas de consultoría en el sector del libro con actividades como conferencista y profesor. Coautor de El nuevo paradigma del sector del libro, Manual de edición. Guía para editores, autores, correctores y diagramadores, El paradigma digital y sostenible del libro y Prueba, experimenta y aprende: marketing para librerías. Coeditor de la revista Texturas. Desde 2007 dirige el blog Antinomiaslibro.wordpress.com. Bernardo Jaramillo. Durante muchos años estuvo dedicado a la consultoría especializada en temas relacionados con la industria gráfica y la producción y el comercio del libro. Desde comienzos de los años noventa, ha sido consultor www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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del Cerlalc, en asuntos relacionados con la economía del libro. Tiene una larga experiencia como investigador social y económico, en el trabajo con gremios empresariales y en las negociaciones internacionales de comercio. Fue vicepresidente de la Asociación Colombiana de la Industria de la Comunicación Gráfica, director ejecutivo de la Confederación Latinoamericana de la Industria Gráfica y director del Instituto para la Formación y el Desarrollo Tecnológico de la Industria Gráfica. Sofía de la Mora Campos. Profesora-investigadora del Departamento de Educación y Comunicación de la uam-Xochimilco. Actualmente es docente de esa licenciatura y forma parte del cuerpo académico fundador de la Maestría en Diseño y Producción Editorial de la misma institución. Su línea de investigación se ha centrado en la cultura editorial, análisis y conceptualización del proceso editorial. Desde 2011 dirige el proyecto multimedia Interlínea: cultura editorial, uam-Xochimilco. Recibió el Mérito Editorial uanl 2022 por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Daniela Páez Jiménez. Licenciada en Comunicación Social por la uam-Xochimilco. Cursó el Diplomado en Documentación Audiovisual del Centro de Entrenamiento de Televisión Educativa, el Seminario de Introducción al Mundo del Libro y la Revista, Beca Juan Grijalbo-Conaculta (Caniem), y el Diplomado superior en Políticas editoriales para las Ciencias Sociales de Clacso. Ha colaborado en proyectos de investigación sobre el medio editorial de la uam-x y la Universidad Veracruzana. Forma parte de la producción del proyecto Interlínea: cultura editorial (uam-x, uam Radio) y es asistente del Comité Editorial Divisional de Ciencias Sociales y Humanidades de la misma institución. Daniel Zetina. Licenciado en Letras, maestro en Producción Editorial con estudios de Derecho y Educación Montessori. Diplomado en Derechos de Autor, doctorante en Literatura. Becario Foeca, Edmundo Valadés, Conacyt y Juan Grijalbo. Autor de 25 libros de literatura y ensayo. Fundó Ediciones Zetina en 2004 bajo la premisa “si no hay editoriales en la ciudad, hagamos una que sea medio y no fin”; ha editado más de 500 libros. Tallerista en la Escuela Libre de Escritores (Querétaro) y en la Escuela de Escritores Ricardo Garibay (Morelos). Editó revistas como Tabique y Orla. Su columna “Un escritor en problemas” sale los viernes en La Unión de Morelos. Contacto: danielzetinaescritor@gmail.com y en redes sociales. 150

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Santiago Ayala Espinosa. Estudia periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y redactor en Palabra Digital de la misma institución. Es consultor en Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. Reportero en el periódico Diálogos. Fundó y dirigió la Revista Editorial ipae del Instituto Pedagógico Anglo Español. Miguel Ángel Guzmán. Editor y diseñador gráfico. Cursó la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. Fue director general de Tipografía, Diseño e Impresión y socio fundador de Equipo Editor, S.C. Publica ensayos y artículos sobre producción editorial en diversas revistas y suplementos del país y el extranjero. Colabora en cursos, talleres y diplomados editoriales con diversas universidades, instituciones y editoriales nacionales y latinoamericanas. Es coordinador general del Centro Editorial Versal, S.C. Alejandro Zanker. Editor, librero, traductor y fotógrafo. Fue director general de Solar, Servicios Editoriales, Ediciones del Ermitaño, Librería del Ermitaño y del Instituto del Libro y la Lectura. Es director general de la revista Quehacer Editorial. Profesor en la Maestría en Diseño y Producción Editorial en la uam, en los diplomados Caniem/unam y en la Beca Juan Grijalbo. Ha publicado varios libros y artículos sobre traducción y quehacer editorial e impartido conferencias fuera y dentro del país. Laurette Godinas. Doctora en Literatura por El Colegio de México. Académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam e investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la unam. Pertenece al Seminario de Bibliografía Mexicana de los siglos xvi, xvii y xviii. Es especialista en crítica textual, paleografía y literatura de la Edad Media, aurisecular y novohispana. Es directora editorial de Bibliographica, publicación semestral del Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Camilo Ayala Ochoa. Historiador, teólogo, editor, bibliófilo y promotor de la lectura. Jefe del Departamento de Contenidos Electrónicos y Proyectos Especiales de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la unam. Columnista en el programa de radio Interlínea: cultura editorial y presidente del Instituto del Libro y la Lectura. Es autor, entre otras publicaciones, de los libros La cultura editorial universitaria; Invisibles. Reflexiones sobre la corrección de estilo; Adagios y exhortaciones del mundo libresco, y Letras impostoras. Reflexiones sobre el plagio. www.solareditores.com • Quehacer Editorial 23

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La producción de Quehacer editorial 23 se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Calle 2 número 21, San Pedro de los Pinos, Ciudad de México 55 5515-1657. Se terminó de imprimir en marzo de 2022. solar@solareditores.com www.solareditores.com En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 9, 10, 11, 12 puntos y Eras Medium y Demi de 9, 11, 12 y 14. El tipo Schneidler, usado en la serie Quehacer editorial, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.

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