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JORGE HERRALDE
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Flashes sobre escritores
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y otros textos editoriales
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Ediciones del Ermitaño MINIMALIA
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JORGE HERRALDE
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Flashes sobre escritores
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y otros textos editoriales
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Ediciones del Ermitaño MINIMALIA
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Primera edición, julio de 2003 Séptima reimpresión, enero de 2004
Primera edición, julio de 2003 Séptima reimpresión, enero de 2004
Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinadora de la colección: Ivonne Gutiérrez Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Director de comercialización: Miguel Ángel Sánchez Tipografía y formación: Guillermina Hernández Viveros Ilustración de la portada: Eko
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© 2003, Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Calle 2 núm. 21, San Pedro de los Pinos Teléfono y fax (conmutador): 5515-1657 solar@solareditores.com
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www.solareditores.com
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ISBN 968-5473-33-1
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Hecho en México
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Primera edición, julio de 2003 Séptima reimpresión, enero de 2004
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Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinadora de la colección: Ivonne Gutiérrez Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Director de comercialización: Miguel Ángel Sánchez Tipografía y formación: Guillermina Hernández Viveros Ilustración de la portada: Eko
Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinadora de la colección: Ivonne Gutiérrez Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Director de comercialización: Miguel Ángel Sánchez Tipografía y formación: Guillermina Hernández Viveros Ilustración de la portada: Eko
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ISBN 968-5473-33-1
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Hecho en México
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Nota previa
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En la Feria de Guadalajara de 2002, Ivonne Gutiérrez, que había sido colaboradora de Aldus cuando publicaron la edición mexicana de mis Opiniones mohicanas, me llevó a visitar el stand de Ediciones del Ermitaño y me presentó a su director, Alejandro Zenker. Además de su revista Quehacer editorial, recién estrenada, me mostraron la colección “Minimalia” —libros breves, claro está, elegantemente diseñados y pensados— y me invitaron a publicar en ella una selección de textos, que ha resultado ser ésta. En FLASHES SOBRE ESCRITORES la cámara enfoca a once autores publicados en Anagrama: los mexicanos Sergio Pitol, Juan García Ponce, Margo Glantz y Sergio González Rodríguez, así como Enrique VilaMatas y otros escritores bien conocidos internacionalmente, entre ellos Antonio Tabucchi y Catherine
En la Feria de Guadalajara de 2002, Ivonne Gutiérrez, que había sido colaboradora de Aldus cuando publicaron la edición mexicana de mis Opiniones mohicanas, me llevó a visitar el stand de Ediciones del Ermitaño y me presentó a su director, Alejandro Zenker. Además de su revista Quehacer editorial, recién estrenada, me mostraron la colección “Minimalia” —libros breves, claro está, elegantemente diseñados y pensados— y me invitaron a publicar en ella una selección de textos, que ha resultado ser ésta. En FLASHES SOBRE ESCRITORES la cámara enfoca a once autores publicados en Anagrama: los mexicanos Sergio Pitol, Juan García Ponce, Margo Glantz y Sergio González Rodríguez, así como Enrique VilaMatas y otros escritores bien conocidos internacionalmente, entre ellos Antonio Tabucchi y Catherine
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Nota previa
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En la Feria de Guadalajara de 2002, Ivonne Gutiérrez, que había sido colaboradora de Aldus cuando publicaron la edición mexicana de mis Opiniones mohicanas, me llevó a visitar el stand de Ediciones del Ermitaño y me presentó a su director, Alejandro Zenker. Además de su revista Quehacer editorial, recién estrenada, me mostraron la colección “Minimalia” —libros breves, claro está, elegantemente diseñados y pensados— y me invitaron a publicar en ella una selección de textos, que ha resultado ser ésta. En FLASHES SOBRE ESCRITORES la cámara enfoca a once autores publicados en Anagrama: los mexicanos Sergio Pitol, Juan García Ponce, Margo Glantz y Sergio González Rodríguez, así como Enrique VilaMatas y otros escritores bien conocidos internacionalmente, entre ellos Antonio Tabucchi y Catherine
En la Feria de Guadalajara de 2002, Ivonne Gutiérrez, que había sido colaboradora de Aldus cuando publicaron la edición mexicana de mis Opiniones mohicanas, me llevó a visitar el stand de Ediciones del Ermitaño y me presentó a su director, Alejandro Zenker. Además de su revista Quehacer editorial, recién estrenada, me mostraron la colección “Minimalia” —libros breves, claro está, elegantemente diseñados y pensados— y me invitaron a publicar en ella una selección de textos, que ha resultado ser ésta. En FLASHES SOBRE ESCRITORES la cámara enfoca a once autores publicados en Anagrama: los mexicanos Sergio Pitol, Juan García Ponce, Margo Glantz y Sergio González Rodríguez, así como Enrique VilaMatas y otros escritores bien conocidos internacionalmente, entre ellos Antonio Tabucchi y Catherine
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Millet, que habían visitado México en olor de multitudes. Los textos restantes corresponden a intervenciones en varios actos de la Feria de Guadalajara de dicho año, a los que se añade “Panorama de narrativas: los inicios de una colección”, dedicado a una colección fundamental de la editorial, su seña de identidad más visible en América Latina. El epílogo, “Un día en la vida de un editor”, fue mi respuesta a una encuesta dirigida a varios colegas por la revista barcelonesa El Ciervo.
Millet, que habían visitado México en olor de multitudes. Los textos restantes corresponden a intervenciones en varios actos de la Feria de Guadalajara de dicho año, a los que se añade “Panorama de narrativas: los inicios de una colección”, dedicado a una colección fundamental de la editorial, su seña de identidad más visible en América Latina. El epílogo, “Un día en la vida de un editor”, fue mi respuesta a una encuesta dirigida a varios colegas por la revista barcelonesa El Ciervo.
J.H. Marzo de 2003
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Millet, que habían visitado México en olor de multitudes. Los textos restantes corresponden a intervenciones en varios actos de la Feria de Guadalajara de dicho año, a los que se añade “Panorama de narrativas: los inicios de una colección”, dedicado a una colección fundamental de la editorial, su seña de identidad más visible en América Latina. El epílogo, “Un día en la vida de un editor”, fue mi respuesta a una encuesta dirigida a varios colegas por la revista barcelonesa El Ciervo.
Millet, que habían visitado México en olor de multitudes. Los textos restantes corresponden a intervenciones en varios actos de la Feria de Guadalajara de dicho año, a los que se añade “Panorama de narrativas: los inicios de una colección”, dedicado a una colección fundamental de la editorial, su seña de identidad más visible en América Latina. El epílogo, “Un día en la vida de un editor”, fue mi respuesta a una encuesta dirigida a varios colegas por la revista barcelonesa El Ciervo.
J.H. Marzo de 2003
J.H. Marzo de 2003
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Flashes sobre escritores
Flashes sobre escritores
Flashes sobre escritores
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Con Sergio Pitol y Lali.
Con Sergio Pitol y Lali.
Con Sergio Pitol y Lali.
Con Sergio Pitol y Lali.
Carlos Monsiváis y Sergio Pitol.
Carlos Monsiváis y Sergio Pitol.
Carlos Monsiváis y Sergio Pitol.
Carlos Monsiváis y Sergio Pitol.
Pitol, andaluz
Pitol, andaluz
En noviembre de 2001 coincidimos, por segunda vez, con Sergio en Andalucía. La anterior fue hace unos quince años, unas navidades. Primero en Sevilla, Lali, Sergio y yo, y en ese tramo del viaje nos acompañó Beatriz de Moura. Librerías, museos, paseos, muchos paseos: en uno de ellos alquilamos un coche de caballos y Pitol quedó prendado de la forma de hablar del viejo cochero, un sabio sentencioso que esculpía las palabras, hablaba primorosamente “editado”. Allí nos encontramos con el escritor Alberto González Troyano, que había residido muchos años en Barcelona, y que posee una agenda imbatible de lugares, librerías, restaurantes, bares, vinos y tapas de toda Andalucía. Así pues, debidamente pertrechados, los tres alquilamos un coche rumbo a Cádiz. Sergio había pasado varios años en Moscú y otros
En noviembre de 2001 coincidimos, por segunda vez, con Sergio en Andalucía. La anterior fue hace unos quince años, unas navidades. Primero en Sevilla, Lali, Sergio y yo, y en ese tramo del viaje nos acompañó Beatriz de Moura. Librerías, museos, paseos, muchos paseos: en uno de ellos alquilamos un coche de caballos y Pitol quedó prendado de la forma de hablar del viejo cochero, un sabio sentencioso que esculpía las palabras, hablaba primorosamente “editado”. Allí nos encontramos con el escritor Alberto González Troyano, que había residido muchos años en Barcelona, y que posee una agenda imbatible de lugares, librerías, restaurantes, bares, vinos y tapas de toda Andalucía. Así pues, debidamente pertrechados, los tres alquilamos un coche rumbo a Cádiz. Sergio había pasado varios años en Moscú y otros
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Pitol, andaluz
Pitol, andaluz
En noviembre de 2001 coincidimos, por segunda vez, con Sergio en Andalucía. La anterior fue hace unos quince años, unas navidades. Primero en Sevilla, Lali, Sergio y yo, y en ese tramo del viaje nos acompañó Beatriz de Moura. Librerías, museos, paseos, muchos paseos: en uno de ellos alquilamos un coche de caballos y Pitol quedó prendado de la forma de hablar del viejo cochero, un sabio sentencioso que esculpía las palabras, hablaba primorosamente “editado”. Allí nos encontramos con el escritor Alberto González Troyano, que había residido muchos años en Barcelona, y que posee una agenda imbatible de lugares, librerías, restaurantes, bares, vinos y tapas de toda Andalucía. Así pues, debidamente pertrechados, los tres alquilamos un coche rumbo a Cádiz. Sergio había pasado varios años en Moscú y otros
En noviembre de 2001 coincidimos, por segunda vez, con Sergio en Andalucía. La anterior fue hace unos quince años, unas navidades. Primero en Sevilla, Lali, Sergio y yo, y en ese tramo del viaje nos acompañó Beatriz de Moura. Librerías, museos, paseos, muchos paseos: en uno de ellos alquilamos un coche de caballos y Pitol quedó prendado de la forma de hablar del viejo cochero, un sabio sentencioso que esculpía las palabras, hablaba primorosamente “editado”. Allí nos encontramos con el escritor Alberto González Troyano, que había residido muchos años en Barcelona, y que posee una agenda imbatible de lugares, librerías, restaurantes, bares, vinos y tapas de toda Andalucía. Así pues, debidamente pertrechados, los tres alquilamos un coche rumbo a Cádiz. Sergio había pasado varios años en Moscú y otros
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en Praga y albergaba la idea de, clausurada esta etapa, vivir entre México y Andalucía, concretamente en la zona gaditana. Estuvimos unos días por el Puerto de Santa María, Jerez y sobre todo Cádiz, comprobando, entre otras cosas, la pertinencia de la famosa agenda, mientras Sergio se iba entusiasmando más y más con su idea de encontrar una casa, aunque finalmente regresó a México. Pero ahora nos encontramos en el Puerto de Santa María, en un simposio organizado por la Fundación de nuestro amigo Luis Goytisolo, en torno al tema de los diarios de escritores como forma literaria. Un encuentro en el que además de los anfitriones, Luis y Elvira Huelbes, también participan varios amigos como Enrique Vila-Matas, Ignacio Echevarría y Juan Villoro, los tres, por cierto, con intervenciones brillantísimas. La más esperada, quizá, era la de Sergio, el último día, en la que nos habló de sus propios diarios, que lleva desde hace muchísimos años, y que utiliza como cantera, como borrador, como el primer draft de futuras obras. Y, leyendo fragmentos de los diarios de su admirado Thomas Mann, nos impele a leerlos cuanto antes. En aquel primer viaje andaluz, Pitol era aún poco conocido en España, creo que le había publicado sólo dos títulos, Vals de Mefisto y El desfile del amor. Pero su prestigio ha ido creciendo imparablemente, en especial después de El arte de la fuga y del Premio
en Praga y albergaba la idea de, clausurada esta etapa, vivir entre México y Andalucía, concretamente en la zona gaditana. Estuvimos unos días por el Puerto de Santa María, Jerez y sobre todo Cádiz, comprobando, entre otras cosas, la pertinencia de la famosa agenda, mientras Sergio se iba entusiasmando más y más con su idea de encontrar una casa, aunque finalmente regresó a México. Pero ahora nos encontramos en el Puerto de Santa María, en un simposio organizado por la Fundación de nuestro amigo Luis Goytisolo, en torno al tema de los diarios de escritores como forma literaria. Un encuentro en el que además de los anfitriones, Luis y Elvira Huelbes, también participan varios amigos como Enrique Vila-Matas, Ignacio Echevarría y Juan Villoro, los tres, por cierto, con intervenciones brillantísimas. La más esperada, quizá, era la de Sergio, el último día, en la que nos habló de sus propios diarios, que lleva desde hace muchísimos años, y que utiliza como cantera, como borrador, como el primer draft de futuras obras. Y, leyendo fragmentos de los diarios de su admirado Thomas Mann, nos impele a leerlos cuanto antes. En aquel primer viaje andaluz, Pitol era aún poco conocido en España, creo que le había publicado sólo dos títulos, Vals de Mefisto y El desfile del amor. Pero su prestigio ha ido creciendo imparablemente, en especial después de El arte de la fuga y del Premio
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en Praga y albergaba la idea de, clausurada esta etapa, vivir entre México y Andalucía, concretamente en la zona gaditana. Estuvimos unos días por el Puerto de Santa María, Jerez y sobre todo Cádiz, comprobando, entre otras cosas, la pertinencia de la famosa agenda, mientras Sergio se iba entusiasmando más y más con su idea de encontrar una casa, aunque finalmente regresó a México. Pero ahora nos encontramos en el Puerto de Santa María, en un simposio organizado por la Fundación de nuestro amigo Luis Goytisolo, en torno al tema de los diarios de escritores como forma literaria. Un encuentro en el que además de los anfitriones, Luis y Elvira Huelbes, también participan varios amigos como Enrique Vila-Matas, Ignacio Echevarría y Juan Villoro, los tres, por cierto, con intervenciones brillantísimas. La más esperada, quizá, era la de Sergio, el último día, en la que nos habló de sus propios diarios, que lleva desde hace muchísimos años, y que utiliza como cantera, como borrador, como el primer draft de futuras obras. Y, leyendo fragmentos de los diarios de su admirado Thomas Mann, nos impele a leerlos cuanto antes. En aquel primer viaje andaluz, Pitol era aún poco conocido en España, creo que le había publicado sólo dos títulos, Vals de Mefisto y El desfile del amor. Pero su prestigio ha ido creciendo imparablemente, en especial después de El arte de la fuga y del Premio
en Praga y albergaba la idea de, clausurada esta etapa, vivir entre México y Andalucía, concretamente en la zona gaditana. Estuvimos unos días por el Puerto de Santa María, Jerez y sobre todo Cádiz, comprobando, entre otras cosas, la pertinencia de la famosa agenda, mientras Sergio se iba entusiasmando más y más con su idea de encontrar una casa, aunque finalmente regresó a México. Pero ahora nos encontramos en el Puerto de Santa María, en un simposio organizado por la Fundación de nuestro amigo Luis Goytisolo, en torno al tema de los diarios de escritores como forma literaria. Un encuentro en el que además de los anfitriones, Luis y Elvira Huelbes, también participan varios amigos como Enrique Vila-Matas, Ignacio Echevarría y Juan Villoro, los tres, por cierto, con intervenciones brillantísimas. La más esperada, quizá, era la de Sergio, el último día, en la que nos habló de sus propios diarios, que lleva desde hace muchísimos años, y que utiliza como cantera, como borrador, como el primer draft de futuras obras. Y, leyendo fragmentos de los diarios de su admirado Thomas Mann, nos impele a leerlos cuanto antes. En aquel primer viaje andaluz, Pitol era aún poco conocido en España, creo que le había publicado sólo dos títulos, Vals de Mefisto y El desfile del amor. Pero su prestigio ha ido creciendo imparablemente, en especial después de El arte de la fuga y del Premio
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Juan Rulfo, el máximo galardón de América Latina a la obra de una vida. Podría decirse que Sergio vive una formidable segunda juventud. Viaja sin parar, lo invitan en un lado y otro, lo condecoran, le dan becas y más premios, lo empiezan a traducir al alemán, hace poco ha estado en Buenos Aires, donde ha sido recibido como una superestrella, ahora mismo acaba de llegar de Roma, donde ha sido jurado de un premio internacional. Ah, y ha ampliado su casa y se ha instalado una sala de cine. Sergio lee un fragmento de su último libro, El viaje, que presentaremos enseguida en Barcelona, un libro en esta nueva y magistral manera que inauguró con El arte de la fuga, en forma de libro-tapiz en el que se entrelazan autobiografía, ensayos, lecturas, reflexiones, perfiles, recuerdos. Un viaje desde Praga a la Rusia de finales del llamado comunismo real, un libro que es, entre otras cosas, un homenaje a la literatura rusa que tanto ha disfrutado este eslavista de corazón, cuya abuela, con la que vivió muchos años, leía y releía Ana Karenina y le pasó a los doce años Guerra y paz. Un eslavista con dos ángeles tutelares, Chéjov (“el autor que más me interesa”) y Gógol, y que tuvo la fortuna de conocer al ya muy anciano Víctor Sklovski, el formalista ruso, biógrafo de Tolstói, Eisenstein y Maiakovski, y autor de Viaje sentimental. Y habla también de sus desorbitados amigos rusos y defien-
Juan Rulfo, el máximo galardón de América Latina a la obra de una vida. Podría decirse que Sergio vive una formidable segunda juventud. Viaja sin parar, lo invitan en un lado y otro, lo condecoran, le dan becas y más premios, lo empiezan a traducir al alemán, hace poco ha estado en Buenos Aires, donde ha sido recibido como una superestrella, ahora mismo acaba de llegar de Roma, donde ha sido jurado de un premio internacional. Ah, y ha ampliado su casa y se ha instalado una sala de cine. Sergio lee un fragmento de su último libro, El viaje, que presentaremos enseguida en Barcelona, un libro en esta nueva y magistral manera que inauguró con El arte de la fuga, en forma de libro-tapiz en el que se entrelazan autobiografía, ensayos, lecturas, reflexiones, perfiles, recuerdos. Un viaje desde Praga a la Rusia de finales del llamado comunismo real, un libro que es, entre otras cosas, un homenaje a la literatura rusa que tanto ha disfrutado este eslavista de corazón, cuya abuela, con la que vivió muchos años, leía y releía Ana Karenina y le pasó a los doce años Guerra y paz. Un eslavista con dos ángeles tutelares, Chéjov (“el autor que más me interesa”) y Gógol, y que tuvo la fortuna de conocer al ya muy anciano Víctor Sklovski, el formalista ruso, biógrafo de Tolstói, Eisenstein y Maiakovski, y autor de Viaje sentimental. Y habla también de sus desorbitados amigos rusos y defien-
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Juan Rulfo, el máximo galardón de América Latina a la obra de una vida. Podría decirse que Sergio vive una formidable segunda juventud. Viaja sin parar, lo invitan en un lado y otro, lo condecoran, le dan becas y más premios, lo empiezan a traducir al alemán, hace poco ha estado en Buenos Aires, donde ha sido recibido como una superestrella, ahora mismo acaba de llegar de Roma, donde ha sido jurado de un premio internacional. Ah, y ha ampliado su casa y se ha instalado una sala de cine. Sergio lee un fragmento de su último libro, El viaje, que presentaremos enseguida en Barcelona, un libro en esta nueva y magistral manera que inauguró con El arte de la fuga, en forma de libro-tapiz en el que se entrelazan autobiografía, ensayos, lecturas, reflexiones, perfiles, recuerdos. Un viaje desde Praga a la Rusia de finales del llamado comunismo real, un libro que es, entre otras cosas, un homenaje a la literatura rusa que tanto ha disfrutado este eslavista de corazón, cuya abuela, con la que vivió muchos años, leía y releía Ana Karenina y le pasó a los doce años Guerra y paz. Un eslavista con dos ángeles tutelares, Chéjov (“el autor que más me interesa”) y Gógol, y que tuvo la fortuna de conocer al ya muy anciano Víctor Sklovski, el formalista ruso, biógrafo de Tolstói, Eisenstein y Maiakovski, y autor de Viaje sentimental. Y habla también de sus desorbitados amigos rusos y defien-
Juan Rulfo, el máximo galardón de América Latina a la obra de una vida. Podría decirse que Sergio vive una formidable segunda juventud. Viaja sin parar, lo invitan en un lado y otro, lo condecoran, le dan becas y más premios, lo empiezan a traducir al alemán, hace poco ha estado en Buenos Aires, donde ha sido recibido como una superestrella, ahora mismo acaba de llegar de Roma, donde ha sido jurado de un premio internacional. Ah, y ha ampliado su casa y se ha instalado una sala de cine. Sergio lee un fragmento de su último libro, El viaje, que presentaremos enseguida en Barcelona, un libro en esta nueva y magistral manera que inauguró con El arte de la fuga, en forma de libro-tapiz en el que se entrelazan autobiografía, ensayos, lecturas, reflexiones, perfiles, recuerdos. Un viaje desde Praga a la Rusia de finales del llamado comunismo real, un libro que es, entre otras cosas, un homenaje a la literatura rusa que tanto ha disfrutado este eslavista de corazón, cuya abuela, con la que vivió muchos años, leía y releía Ana Karenina y le pasó a los doce años Guerra y paz. Un eslavista con dos ángeles tutelares, Chéjov (“el autor que más me interesa”) y Gógol, y que tuvo la fortuna de conocer al ya muy anciano Víctor Sklovski, el formalista ruso, biógrafo de Tolstói, Eisenstein y Maiakovski, y autor de Viaje sentimental. Y habla también de sus desorbitados amigos rusos y defien-
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de (y no sólo para ellos, la extiende también a nosotros) “una leve demencia contra la brutalidad del mundo”. En el coloquio, en las charlas, en los libros, surgen dos grandes momentos literarios en la vida de Pitol. Uno, el descubrimiento del crítico literario Mijaíl Bajtin, teorizador del Carnaval, que le resultó tan fundamental, nos cuenta Sergio, para quitarse la coraza, escribir de cintura para abajo, desatascarse. Su prosa hasta Bajtin, aunque con ramalazos de humor salvaje, le parecía demasiado culta y elegante, ahora puede escribir a calzón quitado y hablar con su voz más personal: de ahí sale El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal, que conforman el llamado Tríptico de Carnaval. El otro accidente motor fue un hipnotista, un psicólogo, cuñado de Juan Villoro, al que Sergio acudió para que le ayudase a dejar el tabaco. Dice Pitol: “Descubrí mi experiencia más importante, el sentido de mi vida dependía de un momento terrible de mi niñez”. Ya en la primera sesión, de dos horas, con la guardia baja, surgió el episodio sepultado de su infancia, cuando tenía cuatro o cinco años: la muerte de su madre en circunstancias trágicas. “El doctor —dice Sergio— se espantó muchísimo por la intensidad de mi reacción.” Y aunque sigue fumando como si nada, la terapia tiene otros efectos, contribuye decisivamente a una escritura
de (y no sólo para ellos, la extiende también a nosotros) “una leve demencia contra la brutalidad del mundo”. En el coloquio, en las charlas, en los libros, surgen dos grandes momentos literarios en la vida de Pitol. Uno, el descubrimiento del crítico literario Mijaíl Bajtin, teorizador del Carnaval, que le resultó tan fundamental, nos cuenta Sergio, para quitarse la coraza, escribir de cintura para abajo, desatascarse. Su prosa hasta Bajtin, aunque con ramalazos de humor salvaje, le parecía demasiado culta y elegante, ahora puede escribir a calzón quitado y hablar con su voz más personal: de ahí sale El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal, que conforman el llamado Tríptico de Carnaval. El otro accidente motor fue un hipnotista, un psicólogo, cuñado de Juan Villoro, al que Sergio acudió para que le ayudase a dejar el tabaco. Dice Pitol: “Descubrí mi experiencia más importante, el sentido de mi vida dependía de un momento terrible de mi niñez”. Ya en la primera sesión, de dos horas, con la guardia baja, surgió el episodio sepultado de su infancia, cuando tenía cuatro o cinco años: la muerte de su madre en circunstancias trágicas. “El doctor —dice Sergio— se espantó muchísimo por la intensidad de mi reacción.” Y aunque sigue fumando como si nada, la terapia tiene otros efectos, contribuye decisivamente a una escritura
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de (y no sólo para ellos, la extiende también a nosotros) “una leve demencia contra la brutalidad del mundo”. En el coloquio, en las charlas, en los libros, surgen dos grandes momentos literarios en la vida de Pitol. Uno, el descubrimiento del crítico literario Mijaíl Bajtin, teorizador del Carnaval, que le resultó tan fundamental, nos cuenta Sergio, para quitarse la coraza, escribir de cintura para abajo, desatascarse. Su prosa hasta Bajtin, aunque con ramalazos de humor salvaje, le parecía demasiado culta y elegante, ahora puede escribir a calzón quitado y hablar con su voz más personal: de ahí sale El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal, que conforman el llamado Tríptico de Carnaval. El otro accidente motor fue un hipnotista, un psicólogo, cuñado de Juan Villoro, al que Sergio acudió para que le ayudase a dejar el tabaco. Dice Pitol: “Descubrí mi experiencia más importante, el sentido de mi vida dependía de un momento terrible de mi niñez”. Ya en la primera sesión, de dos horas, con la guardia baja, surgió el episodio sepultado de su infancia, cuando tenía cuatro o cinco años: la muerte de su madre en circunstancias trágicas. “El doctor —dice Sergio— se espantó muchísimo por la intensidad de mi reacción.” Y aunque sigue fumando como si nada, la terapia tiene otros efectos, contribuye decisivamente a una escritura
de (y no sólo para ellos, la extiende también a nosotros) “una leve demencia contra la brutalidad del mundo”. En el coloquio, en las charlas, en los libros, surgen dos grandes momentos literarios en la vida de Pitol. Uno, el descubrimiento del crítico literario Mijaíl Bajtin, teorizador del Carnaval, que le resultó tan fundamental, nos cuenta Sergio, para quitarse la coraza, escribir de cintura para abajo, desatascarse. Su prosa hasta Bajtin, aunque con ramalazos de humor salvaje, le parecía demasiado culta y elegante, ahora puede escribir a calzón quitado y hablar con su voz más personal: de ahí sale El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal, que conforman el llamado Tríptico de Carnaval. El otro accidente motor fue un hipnotista, un psicólogo, cuñado de Juan Villoro, al que Sergio acudió para que le ayudase a dejar el tabaco. Dice Pitol: “Descubrí mi experiencia más importante, el sentido de mi vida dependía de un momento terrible de mi niñez”. Ya en la primera sesión, de dos horas, con la guardia baja, surgió el episodio sepultado de su infancia, cuando tenía cuatro o cinco años: la muerte de su madre en circunstancias trágicas. “El doctor —dice Sergio— se espantó muchísimo por la intensidad de mi reacción.” Y aunque sigue fumando como si nada, la terapia tiene otros efectos, contribuye decisivamente a una escritura
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aún más suelta: de ahí El arte de la fuga, Pasión por la trama y El viaje (pero “ahora cierro el ciclo, no quiero repetirme”). Dos desatascadores, pues: “Bajtin y el hipnotista”, para decirlo al modo de un título de su amado Thomas Mann, Mario y el mago. Pitol es cada vez más admirado por diversas generaciones mexicanas, desde la suya propia hasta la del crack, pasando por la de Juan Villoro, generaciones muy distantes y distintas e incluso hostiles, que sólo tienen un denominador común: todos veneran a Sergio Pitol, toda una vida guiada por la literatura, pero no por la carrera literaria. Y, siempre que hablo con él, transmite una contagiosa felicidad, en esta segunda juventud suya tan envidiable. Una felicidad que se acrecienta en Cádiz, que también visitamos en este último viaje: le encanta cómo habla la gente, a la que para en la calle, muy ceremonioso, para pedir una información considerablemente superflua: “Oiga, joven, ¿podría decirme por dónde se va a qué sé yo, la plaza del Ayuntamiento, la Catedral, el mar?” Y escucha, arrobado, la letra y la música. Nota bene: cuando le tomamos un poco el pelo respecto a su arrobo con la lengua de los andaluces, Sergio se pone serio: “Al oírla me expliqué por qué la poesía española se transformó y potenció aquí, en esta matriz verbal popular y refinada. No sólo por el número de poetas y su calidad, sino que el fenómeno poético más radicalmente otro (y eso lo
aún más suelta: de ahí El arte de la fuga, Pasión por la trama y El viaje (pero “ahora cierro el ciclo, no quiero repetirme”). Dos desatascadores, pues: “Bajtin y el hipnotista”, para decirlo al modo de un título de su amado Thomas Mann, Mario y el mago. Pitol es cada vez más admirado por diversas generaciones mexicanas, desde la suya propia hasta la del crack, pasando por la de Juan Villoro, generaciones muy distantes y distintas e incluso hostiles, que sólo tienen un denominador común: todos veneran a Sergio Pitol, toda una vida guiada por la literatura, pero no por la carrera literaria. Y, siempre que hablo con él, transmite una contagiosa felicidad, en esta segunda juventud suya tan envidiable. Una felicidad que se acrecienta en Cádiz, que también visitamos en este último viaje: le encanta cómo habla la gente, a la que para en la calle, muy ceremonioso, para pedir una información considerablemente superflua: “Oiga, joven, ¿podría decirme por dónde se va a qué sé yo, la plaza del Ayuntamiento, la Catedral, el mar?” Y escucha, arrobado, la letra y la música. Nota bene: cuando le tomamos un poco el pelo respecto a su arrobo con la lengua de los andaluces, Sergio se pone serio: “Al oírla me expliqué por qué la poesía española se transformó y potenció aquí, en esta matriz verbal popular y refinada. No sólo por el número de poetas y su calidad, sino que el fenómeno poético más radicalmente otro (y eso lo
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aún más suelta: de ahí El arte de la fuga, Pasión por la trama y El viaje (pero “ahora cierro el ciclo, no quiero repetirme”). Dos desatascadores, pues: “Bajtin y el hipnotista”, para decirlo al modo de un título de su amado Thomas Mann, Mario y el mago. Pitol es cada vez más admirado por diversas generaciones mexicanas, desde la suya propia hasta la del crack, pasando por la de Juan Villoro, generaciones muy distantes y distintas e incluso hostiles, que sólo tienen un denominador común: todos veneran a Sergio Pitol, toda una vida guiada por la literatura, pero no por la carrera literaria. Y, siempre que hablo con él, transmite una contagiosa felicidad, en esta segunda juventud suya tan envidiable. Una felicidad que se acrecienta en Cádiz, que también visitamos en este último viaje: le encanta cómo habla la gente, a la que para en la calle, muy ceremonioso, para pedir una información considerablemente superflua: “Oiga, joven, ¿podría decirme por dónde se va a qué sé yo, la plaza del Ayuntamiento, la Catedral, el mar?” Y escucha, arrobado, la letra y la música. Nota bene: cuando le tomamos un poco el pelo respecto a su arrobo con la lengua de los andaluces, Sergio se pone serio: “Al oírla me expliqué por qué la poesía española se transformó y potenció aquí, en esta matriz verbal popular y refinada. No sólo por el número de poetas y su calidad, sino que el fenómeno poético más radicalmente otro (y eso lo
aún más suelta: de ahí El arte de la fuga, Pasión por la trama y El viaje (pero “ahora cierro el ciclo, no quiero repetirme”). Dos desatascadores, pues: “Bajtin y el hipnotista”, para decirlo al modo de un título de su amado Thomas Mann, Mario y el mago. Pitol es cada vez más admirado por diversas generaciones mexicanas, desde la suya propia hasta la del crack, pasando por la de Juan Villoro, generaciones muy distantes y distintas e incluso hostiles, que sólo tienen un denominador común: todos veneran a Sergio Pitol, toda una vida guiada por la literatura, pero no por la carrera literaria. Y, siempre que hablo con él, transmite una contagiosa felicidad, en esta segunda juventud suya tan envidiable. Una felicidad que se acrecienta en Cádiz, que también visitamos en este último viaje: le encanta cómo habla la gente, a la que para en la calle, muy ceremonioso, para pedir una información considerablemente superflua: “Oiga, joven, ¿podría decirme por dónde se va a qué sé yo, la plaza del Ayuntamiento, la Catedral, el mar?” Y escucha, arrobado, la letra y la música. Nota bene: cuando le tomamos un poco el pelo respecto a su arrobo con la lengua de los andaluces, Sergio se pone serio: “Al oírla me expliqué por qué la poesía española se transformó y potenció aquí, en esta matriz verbal popular y refinada. No sólo por el número de poetas y su calidad, sino que el fenómeno poético más radicalmente otro (y eso lo
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ha dicho con voz de cursiva), la poesía de Góngora, no la podría uno imaginar en otra región de España”. Y remata, muy al pitólico modo: “A ver si creéis que soy como una turista académica norteamericana que se solaza haciendo hablar a los pobres andaluces como loros”.
ha dicho con voz de cursiva), la poesía de Góngora, no la podría uno imaginar en otra región de España”. Y remata, muy al pitólico modo: “A ver si creéis que soy como una turista académica norteamericana que se solaza haciendo hablar a los pobres andaluces como loros”.
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ha dicho con voz de cursiva), la poesía de Góngora, no la podría uno imaginar en otra región de España”. Y remata, muy al pitólico modo: “A ver si creéis que soy como una turista académica norteamericana que se solaza haciendo hablar a los pobres andaluces como loros”.
ha dicho con voz de cursiva), la poesía de Góngora, no la podría uno imaginar en otra región de España”. Y remata, muy al pitólico modo: “A ver si creéis que soy como una turista académica norteamericana que se solaza haciendo hablar a los pobres andaluces como loros”.
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Homenaje a García Ponce*
Homenaje a García Ponce*
Cuando empecé a visitar México, a mediados de los años setenta, entre los amigos comunes —Pitol, Monsiváis, Neus Espresate— otro nombre salía a menudo a colación: Juan García Ponce. También tuve la fortuna de conocerlo y visitarlo en su casa e iniciar así una amistad. Recuerdo en especial una pasión común: Pierre Klossowski, y en especial mi releída Roberte, ce soir. Una amistad coronada por un regalo: la presentación de un manuscrito de Juan García Ponce, La errancia sin fin: Musil, Borges, Klossowski, al Premio Anagrama de Ensayo, cuyo jurado —compuesto por Salvador Clotas, Luis Goytisolo, Xavier Rubert de Ventós, Mario Vargas Llosa y yo mismo— le votó por unanimidad. Pese a ello, García Ponce afirmó,
Cuando empecé a visitar México, a mediados de los años setenta, entre los amigos comunes —Pitol, Monsiváis, Neus Espresate— otro nombre salía a menudo a colación: Juan García Ponce. También tuve la fortuna de conocerlo y visitarlo en su casa e iniciar así una amistad. Recuerdo en especial una pasión común: Pierre Klossowski, y en especial mi releída Roberte, ce soir. Una amistad coronada por un regalo: la presentación de un manuscrito de Juan García Ponce, La errancia sin fin: Musil, Borges, Klossowski, al Premio Anagrama de Ensayo, cuyo jurado —compuesto por Salvador Clotas, Luis Goytisolo, Xavier Rubert de Ventós, Mario Vargas Llosa y yo mismo— le votó por unanimidad. Pese a ello, García Ponce afirmó,
* Texto publicado en la Gaceta Fondo de Cultura Económica, noviembre de 2001.
* Texto publicado en la Gaceta Fondo de Cultura Económica, noviembre de 2001.
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Homenaje a García Ponce*
Homenaje a García Ponce*
Cuando empecé a visitar México, a mediados de los años setenta, entre los amigos comunes —Pitol, Monsiváis, Neus Espresate— otro nombre salía a menudo a colación: Juan García Ponce. También tuve la fortuna de conocerlo y visitarlo en su casa e iniciar así una amistad. Recuerdo en especial una pasión común: Pierre Klossowski, y en especial mi releída Roberte, ce soir. Una amistad coronada por un regalo: la presentación de un manuscrito de Juan García Ponce, La errancia sin fin: Musil, Borges, Klossowski, al Premio Anagrama de Ensayo, cuyo jurado —compuesto por Salvador Clotas, Luis Goytisolo, Xavier Rubert de Ventós, Mario Vargas Llosa y yo mismo— le votó por unanimidad. Pese a ello, García Ponce afirmó,
Cuando empecé a visitar México, a mediados de los años setenta, entre los amigos comunes —Pitol, Monsiváis, Neus Espresate— otro nombre salía a menudo a colación: Juan García Ponce. También tuve la fortuna de conocerlo y visitarlo en su casa e iniciar así una amistad. Recuerdo en especial una pasión común: Pierre Klossowski, y en especial mi releída Roberte, ce soir. Una amistad coronada por un regalo: la presentación de un manuscrito de Juan García Ponce, La errancia sin fin: Musil, Borges, Klossowski, al Premio Anagrama de Ensayo, cuyo jurado —compuesto por Salvador Clotas, Luis Goytisolo, Xavier Rubert de Ventós, Mario Vargas Llosa y yo mismo— le votó por unanimidad. Pese a ello, García Ponce afirmó,
* Texto publicado en la Gaceta Fondo de Cultura Económica, noviembre de 2001.
* Texto publicado en la Gaceta Fondo de Cultura Económica, noviembre de 2001.
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muy en su estilo, que “triunfó la injusticia” y que su libro, que trata de las relaciones secretas de estos tres autores fundamentales a través del principio de identidad, era un “ensayo irónico en algunos aspectos. En él muestro que no hay un principio y que además la identidad no importa”. Pero, ya más en serio, “este obsesivo reivindicador del heroísmo literario, este ciudadano ejemplar”, en palabras de Carlos Monsiváis, afirmó también que “la relación de esos hombres y de sus obras con el principio de identidad posiblemente se halla en la misma raíz del hecho de escribir, de la literatura entendida como creación y reflexión de mundos. Tanto en la obra de Musil como en las de Borges o Klossowski, la obra, como todas las grandes obras, devora a su creador para dejarnos solos frente a la creación”. Publiqué después otro libro de Juan, Desconsideraciones, un volumen misceláneo con un subtítulo posible: Libro de todas las cosas y otras muchas más, o sea, los muchos saberes de García Ponce. Su predecesor en el Premio Juan Rulfo, Sergio Pitol, afirmó en un homenaje a Juan García Ponce en Bellas Artes, en 1981: “Quizá la mayor deuda que le tengo, la más sabia lección que de él he recibido, ha sido la de aprender a despojar a la literatura, sin prescindir del rigor, de cualquier tono pomposo o profesoresco”. Una lección concluyente que a Sergio, por otra parte, poca falta le hacía. Enhorabuena, Juan.
muy en su estilo, que “triunfó la injusticia” y que su libro, que trata de las relaciones secretas de estos tres autores fundamentales a través del principio de identidad, era un “ensayo irónico en algunos aspectos. En él muestro que no hay un principio y que además la identidad no importa”. Pero, ya más en serio, “este obsesivo reivindicador del heroísmo literario, este ciudadano ejemplar”, en palabras de Carlos Monsiváis, afirmó también que “la relación de esos hombres y de sus obras con el principio de identidad posiblemente se halla en la misma raíz del hecho de escribir, de la literatura entendida como creación y reflexión de mundos. Tanto en la obra de Musil como en las de Borges o Klossowski, la obra, como todas las grandes obras, devora a su creador para dejarnos solos frente a la creación”. Publiqué después otro libro de Juan, Desconsideraciones, un volumen misceláneo con un subtítulo posible: Libro de todas las cosas y otras muchas más, o sea, los muchos saberes de García Ponce. Su predecesor en el Premio Juan Rulfo, Sergio Pitol, afirmó en un homenaje a Juan García Ponce en Bellas Artes, en 1981: “Quizá la mayor deuda que le tengo, la más sabia lección que de él he recibido, ha sido la de aprender a despojar a la literatura, sin prescindir del rigor, de cualquier tono pomposo o profesoresco”. Una lección concluyente que a Sergio, por otra parte, poca falta le hacía. Enhorabuena, Juan.
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muy en su estilo, que “triunfó la injusticia” y que su libro, que trata de las relaciones secretas de estos tres autores fundamentales a través del principio de identidad, era un “ensayo irónico en algunos aspectos. En él muestro que no hay un principio y que además la identidad no importa”. Pero, ya más en serio, “este obsesivo reivindicador del heroísmo literario, este ciudadano ejemplar”, en palabras de Carlos Monsiváis, afirmó también que “la relación de esos hombres y de sus obras con el principio de identidad posiblemente se halla en la misma raíz del hecho de escribir, de la literatura entendida como creación y reflexión de mundos. Tanto en la obra de Musil como en las de Borges o Klossowski, la obra, como todas las grandes obras, devora a su creador para dejarnos solos frente a la creación”. Publiqué después otro libro de Juan, Desconsideraciones, un volumen misceláneo con un subtítulo posible: Libro de todas las cosas y otras muchas más, o sea, los muchos saberes de García Ponce. Su predecesor en el Premio Juan Rulfo, Sergio Pitol, afirmó en un homenaje a Juan García Ponce en Bellas Artes, en 1981: “Quizá la mayor deuda que le tengo, la más sabia lección que de él he recibido, ha sido la de aprender a despojar a la literatura, sin prescindir del rigor, de cualquier tono pomposo o profesoresco”. Una lección concluyente que a Sergio, por otra parte, poca falta le hacía. Enhorabuena, Juan.
muy en su estilo, que “triunfó la injusticia” y que su libro, que trata de las relaciones secretas de estos tres autores fundamentales a través del principio de identidad, era un “ensayo irónico en algunos aspectos. En él muestro que no hay un principio y que además la identidad no importa”. Pero, ya más en serio, “este obsesivo reivindicador del heroísmo literario, este ciudadano ejemplar”, en palabras de Carlos Monsiváis, afirmó también que “la relación de esos hombres y de sus obras con el principio de identidad posiblemente se halla en la misma raíz del hecho de escribir, de la literatura entendida como creación y reflexión de mundos. Tanto en la obra de Musil como en las de Borges o Klossowski, la obra, como todas las grandes obras, devora a su creador para dejarnos solos frente a la creación”. Publiqué después otro libro de Juan, Desconsideraciones, un volumen misceláneo con un subtítulo posible: Libro de todas las cosas y otras muchas más, o sea, los muchos saberes de García Ponce. Su predecesor en el Premio Juan Rulfo, Sergio Pitol, afirmó en un homenaje a Juan García Ponce en Bellas Artes, en 1981: “Quizá la mayor deuda que le tengo, la más sabia lección que de él he recibido, ha sido la de aprender a despojar a la literatura, sin prescindir del rigor, de cualquier tono pomposo o profesoresco”. Una lección concluyente que a Sergio, por otra parte, poca falta le hacía. Enhorabuena, Juan.
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Con Sergio González Rodríguez y Carlos Monsiváis.
Con Sergio González Rodríguez y Carlos Monsiváis.
Con Sergio González Rodríguez y Carlos Monsiváis.
Con Sergio González Rodríguez y Carlos Monsiváis.
Sergio González Rodríguez, reportero imparable*
Sergio González Rodríguez, reportero imparable*
De entrada, quiero afirmar que me siento muy orgulloso de publicar Huesos en el desierto, este escalofriante libro sobre las mujeres violadas, torturadas y finalmente asesinadas en Ciudad Juárez. Un libro escalofriante y también inaudito: inaudito por lo que está escrito en él, inaudito porque lo que se cuenta es cierto, inaudito porque alguien, concretamente Sergio González Rodríguez, ha tenido el coraje moral de escribirlo. Un coraje que, leyendo el “Epílogo personal”, al final del libro, uno piensa que raya en lo temerario, en lo kamikaze. Pero, como Sergio dijo en la presentación del libro en Barcelona (“esa pesadilla inacabable”, en palabras de Monsiváis), “aunque uno tenga miedo, al pensar en las
De entrada, quiero afirmar que me siento muy orgulloso de publicar Huesos en el desierto, este escalofriante libro sobre las mujeres violadas, torturadas y finalmente asesinadas en Ciudad Juárez. Un libro escalofriante y también inaudito: inaudito por lo que está escrito en él, inaudito porque lo que se cuenta es cierto, inaudito porque alguien, concretamente Sergio González Rodríguez, ha tenido el coraje moral de escribirlo. Un coraje que, leyendo el “Epílogo personal”, al final del libro, uno piensa que raya en lo temerario, en lo kamikaze. Pero, como Sergio dijo en la presentación del libro en Barcelona (“esa pesadilla inacabable”, en palabras de Monsiváis), “aunque uno tenga miedo, al pensar en las
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 1 de diciembre de 2002, en la presentación de su libro.
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 1 de diciembre de 2002, en la presentación de su libro.
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Sergio González Rodríguez, reportero imparable*
Sergio González Rodríguez, reportero imparable*
De entrada, quiero afirmar que me siento muy orgulloso de publicar Huesos en el desierto, este escalofriante libro sobre las mujeres violadas, torturadas y finalmente asesinadas en Ciudad Juárez. Un libro escalofriante y también inaudito: inaudito por lo que está escrito en él, inaudito porque lo que se cuenta es cierto, inaudito porque alguien, concretamente Sergio González Rodríguez, ha tenido el coraje moral de escribirlo. Un coraje que, leyendo el “Epílogo personal”, al final del libro, uno piensa que raya en lo temerario, en lo kamikaze. Pero, como Sergio dijo en la presentación del libro en Barcelona (“esa pesadilla inacabable”, en palabras de Monsiváis), “aunque uno tenga miedo, al pensar en las
De entrada, quiero afirmar que me siento muy orgulloso de publicar Huesos en el desierto, este escalofriante libro sobre las mujeres violadas, torturadas y finalmente asesinadas en Ciudad Juárez. Un libro escalofriante y también inaudito: inaudito por lo que está escrito en él, inaudito porque lo que se cuenta es cierto, inaudito porque alguien, concretamente Sergio González Rodríguez, ha tenido el coraje moral de escribirlo. Un coraje que, leyendo el “Epílogo personal”, al final del libro, uno piensa que raya en lo temerario, en lo kamikaze. Pero, como Sergio dijo en la presentación del libro en Barcelona (“esa pesadilla inacabable”, en palabras de Monsiváis), “aunque uno tenga miedo, al pensar en las
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 1 de diciembre de 2002, en la presentación de su libro.
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 1 de diciembre de 2002, en la presentación de su libro.
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víctimas, en las jóvenes asesinadas y torturadas, se siente impelido a continuar”. En Anagrama hemos publicado obras maestras de literatura de no ficción y de periodismo de investigación. Así, La canción del verdugo de Norman Mailer o A sangre fría de Truman Capote: Huesos en el desierto no desmerece en absoluto a su lado. Hace pocos días, en una reseña del libro en Milenio, Federico Campbell comentaba cuánto había crecido como escritor Sergio González Rodríguez, ya bien conocido como ensayista y narrador. Pero, para situar este reportaje, yo citaría tres libros espléndidos, con títulos no menos espléndidos, que podrían enmarcar estos Huesos en el desierto. Serían Política y delito de Hans Magnus Enzensberger, Los cínicos no sirven para este oficio, es decir, las reflexiones sobre el buen periodismo de Ryszard Kapuściński, y El periodista indeseable de Günter Wallraff. Y ahora Sergio González Rodríguez, un periodista indeseable, y también indispensable y nada cínico, al que habrá forzosamente que escuchar.
víctimas, en las jóvenes asesinadas y torturadas, se siente impelido a continuar”. En Anagrama hemos publicado obras maestras de literatura de no ficción y de periodismo de investigación. Así, La canción del verdugo de Norman Mailer o A sangre fría de Truman Capote: Huesos en el desierto no desmerece en absoluto a su lado. Hace pocos días, en una reseña del libro en Milenio, Federico Campbell comentaba cuánto había crecido como escritor Sergio González Rodríguez, ya bien conocido como ensayista y narrador. Pero, para situar este reportaje, yo citaría tres libros espléndidos, con títulos no menos espléndidos, que podrían enmarcar estos Huesos en el desierto. Serían Política y delito de Hans Magnus Enzensberger, Los cínicos no sirven para este oficio, es decir, las reflexiones sobre el buen periodismo de Ryszard Kapuściński, y El periodista indeseable de Günter Wallraff. Y ahora Sergio González Rodríguez, un periodista indeseable, y también indispensable y nada cínico, al que habrá forzosamente que escuchar.
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víctimas, en las jóvenes asesinadas y torturadas, se siente impelido a continuar”. En Anagrama hemos publicado obras maestras de literatura de no ficción y de periodismo de investigación. Así, La canción del verdugo de Norman Mailer o A sangre fría de Truman Capote: Huesos en el desierto no desmerece en absoluto a su lado. Hace pocos días, en una reseña del libro en Milenio, Federico Campbell comentaba cuánto había crecido como escritor Sergio González Rodríguez, ya bien conocido como ensayista y narrador. Pero, para situar este reportaje, yo citaría tres libros espléndidos, con títulos no menos espléndidos, que podrían enmarcar estos Huesos en el desierto. Serían Política y delito de Hans Magnus Enzensberger, Los cínicos no sirven para este oficio, es decir, las reflexiones sobre el buen periodismo de Ryszard Kapuściński, y El periodista indeseable de Günter Wallraff. Y ahora Sergio González Rodríguez, un periodista indeseable, y también indispensable y nada cínico, al que habrá forzosamente que escuchar.
víctimas, en las jóvenes asesinadas y torturadas, se siente impelido a continuar”. En Anagrama hemos publicado obras maestras de literatura de no ficción y de periodismo de investigación. Así, La canción del verdugo de Norman Mailer o A sangre fría de Truman Capote: Huesos en el desierto no desmerece en absoluto a su lado. Hace pocos días, en una reseña del libro en Milenio, Federico Campbell comentaba cuánto había crecido como escritor Sergio González Rodríguez, ya bien conocido como ensayista y narrador. Pero, para situar este reportaje, yo citaría tres libros espléndidos, con títulos no menos espléndidos, que podrían enmarcar estos Huesos en el desierto. Serían Política y delito de Hans Magnus Enzensberger, Los cínicos no sirven para este oficio, es decir, las reflexiones sobre el buen periodismo de Ryszard Kapuściński, y El periodista indeseable de Günter Wallraff. Y ahora Sergio González Rodríguez, un periodista indeseable, y también indispensable y nada cínico, al que habrá forzosamente que escuchar.
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Rastros de Margo Glantz*
Rastros de Margo Glantz*
En primer lugar quiero hacer constar mi gran satisfacción por publicar El rastro, la novela de mi buena amiga de tantos años Margo Glantz. Para evitar equívocos debo añadir, también enseguida, que como editor tengo la obligación de blindar mi corazón y sólo tener en cuenta la calidad literaria a la hora de evaluar un manuscrito. Por ello, al rechazar libros de amigos míos, algunas relaciones se han visto a menudo severamente afectadas. Por ello mismo, cuánta alegría cuando un amigo te envía un texto que te entusiasma: tal ha sido el caso de Margo Glantz. Conozco a Margo desde mediados de los años setenta. Forma parte del núcleo duro de mis amigos
En primer lugar quiero hacer constar mi gran satisfacción por publicar El rastro, la novela de mi buena amiga de tantos años Margo Glantz. Para evitar equívocos debo añadir, también enseguida, que como editor tengo la obligación de blindar mi corazón y sólo tener en cuenta la calidad literaria a la hora de evaluar un manuscrito. Por ello, al rechazar libros de amigos míos, algunas relaciones se han visto a menudo severamente afectadas. Por ello mismo, cuánta alegría cuando un amigo te envía un texto que te entusiasma: tal ha sido el caso de Margo Glantz. Conozco a Margo desde mediados de los años setenta. Forma parte del núcleo duro de mis amigos
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro Guadalajara, en la presentación de El rastro, 3 de diciembre de 2002.
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro Guadalajara, en la presentación de El rastro, 3 de diciembre de 2002.
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Rastros de Margo Glantz*
Rastros de Margo Glantz*
En primer lugar quiero hacer constar mi gran satisfacción por publicar El rastro, la novela de mi buena amiga de tantos años Margo Glantz. Para evitar equívocos debo añadir, también enseguida, que como editor tengo la obligación de blindar mi corazón y sólo tener en cuenta la calidad literaria a la hora de evaluar un manuscrito. Por ello, al rechazar libros de amigos míos, algunas relaciones se han visto a menudo severamente afectadas. Por ello mismo, cuánta alegría cuando un amigo te envía un texto que te entusiasma: tal ha sido el caso de Margo Glantz. Conozco a Margo desde mediados de los años setenta. Forma parte del núcleo duro de mis amigos
En primer lugar quiero hacer constar mi gran satisfacción por publicar El rastro, la novela de mi buena amiga de tantos años Margo Glantz. Para evitar equívocos debo añadir, también enseguida, que como editor tengo la obligación de blindar mi corazón y sólo tener en cuenta la calidad literaria a la hora de evaluar un manuscrito. Por ello, al rechazar libros de amigos míos, algunas relaciones se han visto a menudo severamente afectadas. Por ello mismo, cuánta alegría cuando un amigo te envía un texto que te entusiasma: tal ha sido el caso de Margo Glantz. Conozco a Margo desde mediados de los años setenta. Forma parte del núcleo duro de mis amigos
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro Guadalajara, en la presentación de El rastro, 3 de diciembre de 2002.
* Texto leído en la Feria Internacional del Libro Guadalajara, en la presentación de El rastro, 3 de diciembre de 2002.
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Con Margo Glantz.
Con Margo Glantz.
Con Margo Glantz.
Con Margo Glantz.
mexicanos desde el principio y hasta ahora: Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Tito Monterroso y Bárbara Jacobs, Neus Espresate, Vicente y Alba Rojo, Luz del Amo (pocos años después conocí a Alejandro Rossi, un núcleo duro, y a veces puntiagudo, en sí mismo). Aparte de encuentros varios con Margo en varios lugares, recuerdo que pasamos un fin de año, en 1983, creo, en la isla de Lanzarote, en las Canarias. Viajamos Lali y yo desde Barcelona, mientras que desde Praga (donde Pitol oficiaba de embajador con sobrio empaque) llegó la expedición mexicana: el propio Sergio flanqueado por dos inmejorables damas: Margo Glantz y Luz del Amo. Pasamos la noche de fin de año en el hotel donde ellos se alojaban, un hotel copado por congestionados (sol y alcohol) escandinavos, y fue en Lanzarote donde empecé a disfrutar más demoradamente de la conversación con Margo y de su peculiar sentido del humor: inesperado, a menudo extravagante y surrealista, e incluso un tanto chiflado, es decir, el género de humor que prefiero. El rastro, esta novela compleja y armónica, poderosa y sutil, me gustó mucho, como he dicho, al igual que a los demás miembros del jurado de nuestro premio de novela: Esther Tusquets, Salvador Clotas, Juan Cueto, así como a Luis Magrinyà, jurado invitado este año como ganador de una convocatoria anterior con Los dos Luises. Aunque, como anécdota, el hipocondriaco Luis me comentó que,
mexicanos desde el principio y hasta ahora: Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Tito Monterroso y Bárbara Jacobs, Neus Espresate, Vicente y Alba Rojo, Luz del Amo (pocos años después conocí a Alejandro Rossi, un núcleo duro, y a veces puntiagudo, en sí mismo). Aparte de encuentros varios con Margo en varios lugares, recuerdo que pasamos un fin de año, en 1983, creo, en la isla de Lanzarote, en las Canarias. Viajamos Lali y yo desde Barcelona, mientras que desde Praga (donde Pitol oficiaba de embajador con sobrio empaque) llegó la expedición mexicana: el propio Sergio flanqueado por dos inmejorables damas: Margo Glantz y Luz del Amo. Pasamos la noche de fin de año en el hotel donde ellos se alojaban, un hotel copado por congestionados (sol y alcohol) escandinavos, y fue en Lanzarote donde empecé a disfrutar más demoradamente de la conversación con Margo y de su peculiar sentido del humor: inesperado, a menudo extravagante y surrealista, e incluso un tanto chiflado, es decir, el género de humor que prefiero. El rastro, esta novela compleja y armónica, poderosa y sutil, me gustó mucho, como he dicho, al igual que a los demás miembros del jurado de nuestro premio de novela: Esther Tusquets, Salvador Clotas, Juan Cueto, así como a Luis Magrinyà, jurado invitado este año como ganador de una convocatoria anterior con Los dos Luises. Aunque, como anécdota, el hipocondriaco Luis me comentó que,
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mexicanos desde el principio y hasta ahora: Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Tito Monterroso y Bárbara Jacobs, Neus Espresate, Vicente y Alba Rojo, Luz del Amo (pocos años después conocí a Alejandro Rossi, un núcleo duro, y a veces puntiagudo, en sí mismo). Aparte de encuentros varios con Margo en varios lugares, recuerdo que pasamos un fin de año, en 1983, creo, en la isla de Lanzarote, en las Canarias. Viajamos Lali y yo desde Barcelona, mientras que desde Praga (donde Pitol oficiaba de embajador con sobrio empaque) llegó la expedición mexicana: el propio Sergio flanqueado por dos inmejorables damas: Margo Glantz y Luz del Amo. Pasamos la noche de fin de año en el hotel donde ellos se alojaban, un hotel copado por congestionados (sol y alcohol) escandinavos, y fue en Lanzarote donde empecé a disfrutar más demoradamente de la conversación con Margo y de su peculiar sentido del humor: inesperado, a menudo extravagante y surrealista, e incluso un tanto chiflado, es decir, el género de humor que prefiero. El rastro, esta novela compleja y armónica, poderosa y sutil, me gustó mucho, como he dicho, al igual que a los demás miembros del jurado de nuestro premio de novela: Esther Tusquets, Salvador Clotas, Juan Cueto, así como a Luis Magrinyà, jurado invitado este año como ganador de una convocatoria anterior con Los dos Luises. Aunque, como anécdota, el hipocondriaco Luis me comentó que,
mexicanos desde el principio y hasta ahora: Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Tito Monterroso y Bárbara Jacobs, Neus Espresate, Vicente y Alba Rojo, Luz del Amo (pocos años después conocí a Alejandro Rossi, un núcleo duro, y a veces puntiagudo, en sí mismo). Aparte de encuentros varios con Margo en varios lugares, recuerdo que pasamos un fin de año, en 1983, creo, en la isla de Lanzarote, en las Canarias. Viajamos Lali y yo desde Barcelona, mientras que desde Praga (donde Pitol oficiaba de embajador con sobrio empaque) llegó la expedición mexicana: el propio Sergio flanqueado por dos inmejorables damas: Margo Glantz y Luz del Amo. Pasamos la noche de fin de año en el hotel donde ellos se alojaban, un hotel copado por congestionados (sol y alcohol) escandinavos, y fue en Lanzarote donde empecé a disfrutar más demoradamente de la conversación con Margo y de su peculiar sentido del humor: inesperado, a menudo extravagante y surrealista, e incluso un tanto chiflado, es decir, el género de humor que prefiero. El rastro, esta novela compleja y armónica, poderosa y sutil, me gustó mucho, como he dicho, al igual que a los demás miembros del jurado de nuestro premio de novela: Esther Tusquets, Salvador Clotas, Juan Cueto, así como a Luis Magrinyà, jurado invitado este año como ganador de una convocatoria anterior con Los dos Luises. Aunque, como anécdota, el hipocondriaco Luis me comentó que,
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al haber tenido él mismo problemas cardiacos, a ratos leía esa novela, con tantos percances de corazón, no sin cierta aprensión sanitaria. A mí El rastro, además de la instantánea gratificación literaria, me dio otra musical: en cuanto la leí, me fui a la FNAC en busca de un compacto con las dos versiones de las “Variaciones Goldberg” a cargo de Glenn Gould, que tanto puntúan esta novela que bien podría subtitularse “las variaciones Glantz”. Todos los expertos mexicanos en Margo Glantz —que tiene una copiosa producción de ensayos, estudios literarios, textos autobiográficos y novelas, además de dos celebradas hijas, aquí presentes— coinciden en que El rastro es, con mucho, su mejor novela. En España, Margo es aún poco conocida, excepto quizá en Alicante, un feudo en el que periódicamente va a dictar cursos sobre Sor Juana Inés de la Cruz, de la que Margo es una de las máximas estudiosas, por lo que la invitan a hablar de ella en numerosos foros (“Soy como el chulo de Sor Juana Inés de la Cruz”, comenta Margo). Confío en que ahora, finalmente, los lectores españoles descubran a esta excelente escritora y que El rastro tenga el éxito que merece en ambos lados del océano.
al haber tenido él mismo problemas cardiacos, a ratos leía esa novela, con tantos percances de corazón, no sin cierta aprensión sanitaria. A mí El rastro, además de la instantánea gratificación literaria, me dio otra musical: en cuanto la leí, me fui a la FNAC en busca de un compacto con las dos versiones de las “Variaciones Goldberg” a cargo de Glenn Gould, que tanto puntúan esta novela que bien podría subtitularse “las variaciones Glantz”. Todos los expertos mexicanos en Margo Glantz —que tiene una copiosa producción de ensayos, estudios literarios, textos autobiográficos y novelas, además de dos celebradas hijas, aquí presentes— coinciden en que El rastro es, con mucho, su mejor novela. En España, Margo es aún poco conocida, excepto quizá en Alicante, un feudo en el que periódicamente va a dictar cursos sobre Sor Juana Inés de la Cruz, de la que Margo es una de las máximas estudiosas, por lo que la invitan a hablar de ella en numerosos foros (“Soy como el chulo de Sor Juana Inés de la Cruz”, comenta Margo). Confío en que ahora, finalmente, los lectores españoles descubran a esta excelente escritora y que El rastro tenga el éxito que merece en ambos lados del océano.
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al haber tenido él mismo problemas cardiacos, a ratos leía esa novela, con tantos percances de corazón, no sin cierta aprensión sanitaria. A mí El rastro, además de la instantánea gratificación literaria, me dio otra musical: en cuanto la leí, me fui a la FNAC en busca de un compacto con las dos versiones de las “Variaciones Goldberg” a cargo de Glenn Gould, que tanto puntúan esta novela que bien podría subtitularse “las variaciones Glantz”. Todos los expertos mexicanos en Margo Glantz —que tiene una copiosa producción de ensayos, estudios literarios, textos autobiográficos y novelas, además de dos celebradas hijas, aquí presentes— coinciden en que El rastro es, con mucho, su mejor novela. En España, Margo es aún poco conocida, excepto quizá en Alicante, un feudo en el que periódicamente va a dictar cursos sobre Sor Juana Inés de la Cruz, de la que Margo es una de las máximas estudiosas, por lo que la invitan a hablar de ella en numerosos foros (“Soy como el chulo de Sor Juana Inés de la Cruz”, comenta Margo). Confío en que ahora, finalmente, los lectores españoles descubran a esta excelente escritora y que El rastro tenga el éxito que merece en ambos lados del océano.
al haber tenido él mismo problemas cardiacos, a ratos leía esa novela, con tantos percances de corazón, no sin cierta aprensión sanitaria. A mí El rastro, además de la instantánea gratificación literaria, me dio otra musical: en cuanto la leí, me fui a la FNAC en busca de un compacto con las dos versiones de las “Variaciones Goldberg” a cargo de Glenn Gould, que tanto puntúan esta novela que bien podría subtitularse “las variaciones Glantz”. Todos los expertos mexicanos en Margo Glantz —que tiene una copiosa producción de ensayos, estudios literarios, textos autobiográficos y novelas, además de dos celebradas hijas, aquí presentes— coinciden en que El rastro es, con mucho, su mejor novela. En España, Margo es aún poco conocida, excepto quizá en Alicante, un feudo en el que periódicamente va a dictar cursos sobre Sor Juana Inés de la Cruz, de la que Margo es una de las máximas estudiosas, por lo que la invitan a hablar de ella en numerosos foros (“Soy como el chulo de Sor Juana Inés de la Cruz”, comenta Margo). Confío en que ahora, finalmente, los lectores españoles descubran a esta excelente escritora y que El rastro tenga el éxito que merece en ambos lados del océano.
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Las copas de Vila-Matas*
Las copas de Vila-Matas*
Cuando en 1999 publicamos El viaje vertical, lo saludé con estas líneas: “No se la pierdan por nada del mundo, es la mejor novela de un crack, de un Romario. Me explico: Valdano, en frase feliz, afirmó que Romario era un jugador de dibujos animados, por sus imposibles regates, sus inverosímiles jugadas, sus goles fulminantes. Vila-Matas, un noctámbulo tan acreditado como el futbolista, consigue efectos similares en sus textos imprevisibles, sus diálogos desconcertantes, el sabio uso del azar: es el Romario de nuestras letras”. A ellas agregué, cuando publiqué Bartleby y compañía, en 2000, la siguiente posdata: “Si hasta ahora Vila-Matas se había mostrado como un gran rema-
Cuando en 1999 publicamos El viaje vertical, lo saludé con estas líneas: “No se la pierdan por nada del mundo, es la mejor novela de un crack, de un Romario. Me explico: Valdano, en frase feliz, afirmó que Romario era un jugador de dibujos animados, por sus imposibles regates, sus inverosímiles jugadas, sus goles fulminantes. Vila-Matas, un noctámbulo tan acreditado como el futbolista, consigue efectos similares en sus textos imprevisibles, sus diálogos desconcertantes, el sabio uso del azar: es el Romario de nuestras letras”. A ellas agregué, cuando publiqué Bartleby y compañía, en 2000, la siguiente posdata: “Si hasta ahora Vila-Matas se había mostrado como un gran rema-
* Texto leído en febrero de 2002, en el Instituto Cervantes de París.
* Texto leído en febrero de 2002, en el Instituto Cervantes de París.
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Las copas de Vila-Matas*
Las copas de Vila-Matas*
Cuando en 1999 publicamos El viaje vertical, lo saludé con estas líneas: “No se la pierdan por nada del mundo, es la mejor novela de un crack, de un Romario. Me explico: Valdano, en frase feliz, afirmó que Romario era un jugador de dibujos animados, por sus imposibles regates, sus inverosímiles jugadas, sus goles fulminantes. Vila-Matas, un noctámbulo tan acreditado como el futbolista, consigue efectos similares en sus textos imprevisibles, sus diálogos desconcertantes, el sabio uso del azar: es el Romario de nuestras letras”. A ellas agregué, cuando publiqué Bartleby y compañía, en 2000, la siguiente posdata: “Si hasta ahora Vila-Matas se había mostrado como un gran rema-
Cuando en 1999 publicamos El viaje vertical, lo saludé con estas líneas: “No se la pierdan por nada del mundo, es la mejor novela de un crack, de un Romario. Me explico: Valdano, en frase feliz, afirmó que Romario era un jugador de dibujos animados, por sus imposibles regates, sus inverosímiles jugadas, sus goles fulminantes. Vila-Matas, un noctámbulo tan acreditado como el futbolista, consigue efectos similares en sus textos imprevisibles, sus diálogos desconcertantes, el sabio uso del azar: es el Romario de nuestras letras”. A ellas agregué, cuando publiqué Bartleby y compañía, en 2000, la siguiente posdata: “Si hasta ahora Vila-Matas se había mostrado como un gran rema-
* Texto leído en febrero de 2002, en el Instituto Cervantes de París.
* Texto leído en febrero de 2002, en el Instituto Cervantes de París.
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Con Vila-Matas y Sergio Pitol.
Con Vila-Matas y Sergio Pitol.
Con Vila-Matas y Sergio Pitol.
Con Vila-Matas y Sergio Pitol.
tador, cada libro un gol, con el gol de Bartleby y compañía está ganando la Copa de Europa”.
tador, cada libro un gol, con el gol de Bartleby y compañía está ganando la Copa de Europa”.
Desde entonces han pasado no veinte años, sino sólo dos, pero importantísimos para la consagración de Vila-Matas, un escritor que empezó a publicar jovencísimo, en los primeros setenta. Pocos libros han sido tan celebrados como Bartleby y compañía, y no sólo por sus entusiastas habituales sino por los lectores más variados. Por poner tres ejemplos, escritores con una trayectoria y unas estrategias literarias tan distintas de las de Vila-Matas como pueden ser José María Guelbenzu, Arturo Pérez Reverte o Luis Goytisolo (este último el ingreso más reciente en el club de fans) se han declarado entusiastas del libro. Un libro que trata de originalísima manera uno de los temas o problemas más recurrentes de todo escritor: la decisión de dejar de escribir o, menos drásticamente, el bloqueo más o menos prolongado. El libro toca este nervio común y por ello se comprende el interés despertado por sus colegas. Y se da la paradoja que de un artefacto literario tan singular como Bartleby se han vendido bastantes más ejemplares que de cualquier novela del autor. Con este libro Vila-Matas, tan alejado de galardones y sus intrigas, obtuvo el premio Ciudad de Barcelona. Y, paralelamente al éxito en España y en
Desde entonces han pasado no veinte años, sino sólo dos, pero importantísimos para la consagración de Vila-Matas, un escritor que empezó a publicar jovencísimo, en los primeros setenta. Pocos libros han sido tan celebrados como Bartleby y compañía, y no sólo por sus entusiastas habituales sino por los lectores más variados. Por poner tres ejemplos, escritores con una trayectoria y unas estrategias literarias tan distintas de las de Vila-Matas como pueden ser José María Guelbenzu, Arturo Pérez Reverte o Luis Goytisolo (este último el ingreso más reciente en el club de fans) se han declarado entusiastas del libro. Un libro que trata de originalísima manera uno de los temas o problemas más recurrentes de todo escritor: la decisión de dejar de escribir o, menos drásticamente, el bloqueo más o menos prolongado. El libro toca este nervio común y por ello se comprende el interés despertado por sus colegas. Y se da la paradoja que de un artefacto literario tan singular como Bartleby se han vendido bastantes más ejemplares que de cualquier novela del autor. Con este libro Vila-Matas, tan alejado de galardones y sus intrigas, obtuvo el premio Ciudad de Barcelona. Y, paralelamente al éxito en España y en
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tador, cada libro un gol, con el gol de Bartleby y compañía está ganando la Copa de Europa”.
tador, cada libro un gol, con el gol de Bartleby y compañía está ganando la Copa de Europa”.
Desde entonces han pasado no veinte años, sino sólo dos, pero importantísimos para la consagración de Vila-Matas, un escritor que empezó a publicar jovencísimo, en los primeros setenta. Pocos libros han sido tan celebrados como Bartleby y compañía, y no sólo por sus entusiastas habituales sino por los lectores más variados. Por poner tres ejemplos, escritores con una trayectoria y unas estrategias literarias tan distintas de las de Vila-Matas como pueden ser José María Guelbenzu, Arturo Pérez Reverte o Luis Goytisolo (este último el ingreso más reciente en el club de fans) se han declarado entusiastas del libro. Un libro que trata de originalísima manera uno de los temas o problemas más recurrentes de todo escritor: la decisión de dejar de escribir o, menos drásticamente, el bloqueo más o menos prolongado. El libro toca este nervio común y por ello se comprende el interés despertado por sus colegas. Y se da la paradoja que de un artefacto literario tan singular como Bartleby se han vendido bastantes más ejemplares que de cualquier novela del autor. Con este libro Vila-Matas, tan alejado de galardones y sus intrigas, obtuvo el premio Ciudad de Barcelona. Y, paralelamente al éxito en España y en
Desde entonces han pasado no veinte años, sino sólo dos, pero importantísimos para la consagración de Vila-Matas, un escritor que empezó a publicar jovencísimo, en los primeros setenta. Pocos libros han sido tan celebrados como Bartleby y compañía, y no sólo por sus entusiastas habituales sino por los lectores más variados. Por poner tres ejemplos, escritores con una trayectoria y unas estrategias literarias tan distintas de las de Vila-Matas como pueden ser José María Guelbenzu, Arturo Pérez Reverte o Luis Goytisolo (este último el ingreso más reciente en el club de fans) se han declarado entusiastas del libro. Un libro que trata de originalísima manera uno de los temas o problemas más recurrentes de todo escritor: la decisión de dejar de escribir o, menos drásticamente, el bloqueo más o menos prolongado. El libro toca este nervio común y por ello se comprende el interés despertado por sus colegas. Y se da la paradoja que de un artefacto literario tan singular como Bartleby se han vendido bastantes más ejemplares que de cualquier novela del autor. Con este libro Vila-Matas, tan alejado de galardones y sus intrigas, obtuvo el premio Ciudad de Barcelona. Y, paralelamente al éxito en España y en
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América Latina, se dispararon las traducciones, siete al día de hoy. Hoy aquí, por ejemplo, en el Instituto Cervantes de París, se presentan Bartleby y compañía y El viaje vertical, publicadas simultáneamente por su fiel editor Christian Bourgois, un ejemplo de coherencia y de fidelidad a un autor todavía minoritario en Francia, y de quien ha publicado nueve títulos. Otra fiel editorial, la portuguesa Assírio & Alvim, adquirió también ambos títulos. En Italia, un lector entusiasta de Vila-Matas como Antonio Tabucchi se entusiasmó especialmente con Bartleby (no en vano el propio Tabucchi sufrió un severo bloqueo después de Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro que solventó varios años después con la espléndida novela epistolar Se está haciendo cada vez más tarde) y acabó de persuadir a su editor, Carlo Feltrinelli, para que lo contratara. La edición alemana de Bartleby la acaba de presentar Michael Krüger en Munich, la semana pasada, publicada por Nagel-Kimche. Y ha tenido tan excelentes reseñas, que en el ranking mensual de la crítica alemana quedó clasificada en tercer lugar, por detrás de Chéjov y por delante de Baltasar Gracián… También lo adquirió Christopher MacLehose para la editorial británica Harvill y lo mismo hicieron la griega Kastaniotis y la brasileña Cosac & Naify. Pero, además de los fastos de Bartleby y compañía, en julio de 2001 tuvo lugar un acontecimiento,
América Latina, se dispararon las traducciones, siete al día de hoy. Hoy aquí, por ejemplo, en el Instituto Cervantes de París, se presentan Bartleby y compañía y El viaje vertical, publicadas simultáneamente por su fiel editor Christian Bourgois, un ejemplo de coherencia y de fidelidad a un autor todavía minoritario en Francia, y de quien ha publicado nueve títulos. Otra fiel editorial, la portuguesa Assírio & Alvim, adquirió también ambos títulos. En Italia, un lector entusiasta de Vila-Matas como Antonio Tabucchi se entusiasmó especialmente con Bartleby (no en vano el propio Tabucchi sufrió un severo bloqueo después de Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro que solventó varios años después con la espléndida novela epistolar Se está haciendo cada vez más tarde) y acabó de persuadir a su editor, Carlo Feltrinelli, para que lo contratara. La edición alemana de Bartleby la acaba de presentar Michael Krüger en Munich, la semana pasada, publicada por Nagel-Kimche. Y ha tenido tan excelentes reseñas, que en el ranking mensual de la crítica alemana quedó clasificada en tercer lugar, por detrás de Chéjov y por delante de Baltasar Gracián… También lo adquirió Christopher MacLehose para la editorial británica Harvill y lo mismo hicieron la griega Kastaniotis y la brasileña Cosac & Naify. Pero, además de los fastos de Bartleby y compañía, en julio de 2001 tuvo lugar un acontecimiento,
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América Latina, se dispararon las traducciones, siete al día de hoy. Hoy aquí, por ejemplo, en el Instituto Cervantes de París, se presentan Bartleby y compañía y El viaje vertical, publicadas simultáneamente por su fiel editor Christian Bourgois, un ejemplo de coherencia y de fidelidad a un autor todavía minoritario en Francia, y de quien ha publicado nueve títulos. Otra fiel editorial, la portuguesa Assírio & Alvim, adquirió también ambos títulos. En Italia, un lector entusiasta de Vila-Matas como Antonio Tabucchi se entusiasmó especialmente con Bartleby (no en vano el propio Tabucchi sufrió un severo bloqueo después de Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro que solventó varios años después con la espléndida novela epistolar Se está haciendo cada vez más tarde) y acabó de persuadir a su editor, Carlo Feltrinelli, para que lo contratara. La edición alemana de Bartleby la acaba de presentar Michael Krüger en Munich, la semana pasada, publicada por Nagel-Kimche. Y ha tenido tan excelentes reseñas, que en el ranking mensual de la crítica alemana quedó clasificada en tercer lugar, por detrás de Chéjov y por delante de Baltasar Gracián… También lo adquirió Christopher MacLehose para la editorial británica Harvill y lo mismo hicieron la griega Kastaniotis y la brasileña Cosac & Naify. Pero, además de los fastos de Bartleby y compañía, en julio de 2001 tuvo lugar un acontecimiento,
América Latina, se dispararon las traducciones, siete al día de hoy. Hoy aquí, por ejemplo, en el Instituto Cervantes de París, se presentan Bartleby y compañía y El viaje vertical, publicadas simultáneamente por su fiel editor Christian Bourgois, un ejemplo de coherencia y de fidelidad a un autor todavía minoritario en Francia, y de quien ha publicado nueve títulos. Otra fiel editorial, la portuguesa Assírio & Alvim, adquirió también ambos títulos. En Italia, un lector entusiasta de Vila-Matas como Antonio Tabucchi se entusiasmó especialmente con Bartleby (no en vano el propio Tabucchi sufrió un severo bloqueo después de Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro que solventó varios años después con la espléndida novela epistolar Se está haciendo cada vez más tarde) y acabó de persuadir a su editor, Carlo Feltrinelli, para que lo contratara. La edición alemana de Bartleby la acaba de presentar Michael Krüger en Munich, la semana pasada, publicada por Nagel-Kimche. Y ha tenido tan excelentes reseñas, que en el ranking mensual de la crítica alemana quedó clasificada en tercer lugar, por detrás de Chéjov y por delante de Baltasar Gracián… También lo adquirió Christopher MacLehose para la editorial británica Harvill y lo mismo hicieron la griega Kastaniotis y la brasileña Cosac & Naify. Pero, además de los fastos de Bartleby y compañía, en julio de 2001 tuvo lugar un acontecimiento,
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si no milagroso, sí extraordinario. Cada dos años se concede en Caracas el Premio Rómulo Gallegos a la mejor novela en lengua española publicada en el periodo en cuestión. Un premio que, aparte de su importante dotación económica, 60 000 dólares, cuenta con un palmarés impresionante: entre los primeros ganadores figuran, nada menos, La casa verde de Mario Vargas Llosa, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o Terra Nostra de Carlos Fuentes. Anagrama presenta regularmente sus novelas más destacadas, y en las últimas convocatorias habíamos tenido el privilegio de que resultaran premiadas dos novelas propuestas por nosotros: en 1995, Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías, y en 1999, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Para la convocatoria de 2001, aparte de novelas de otros autores, presentamos El viaje vertical y Bartleby y compañía, que acompañaban a los centenares de títulos que recibía el jurado. A medida que se acercaba la fecha de concesión del premio se disparaban, lógicamente, las especulaciones con menor o mayor o muchísimo fundamento. Se comentaban las declaraciones, recogidas en la prensa caraqueña, del apoyo explícito de dos pesos pesados como Carlos Fuentes y Elena Poniatowska a los muchachos del crack, con énfasis especial en Jorge Volpi, o las posibilidades de un candidato venezolano apadrinado presuntamente por el mismísimo Hugo Chávez, el muy enérgico presidente del
si no milagroso, sí extraordinario. Cada dos años se concede en Caracas el Premio Rómulo Gallegos a la mejor novela en lengua española publicada en el periodo en cuestión. Un premio que, aparte de su importante dotación económica, 60 000 dólares, cuenta con un palmarés impresionante: entre los primeros ganadores figuran, nada menos, La casa verde de Mario Vargas Llosa, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o Terra Nostra de Carlos Fuentes. Anagrama presenta regularmente sus novelas más destacadas, y en las últimas convocatorias habíamos tenido el privilegio de que resultaran premiadas dos novelas propuestas por nosotros: en 1995, Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías, y en 1999, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Para la convocatoria de 2001, aparte de novelas de otros autores, presentamos El viaje vertical y Bartleby y compañía, que acompañaban a los centenares de títulos que recibía el jurado. A medida que se acercaba la fecha de concesión del premio se disparaban, lógicamente, las especulaciones con menor o mayor o muchísimo fundamento. Se comentaban las declaraciones, recogidas en la prensa caraqueña, del apoyo explícito de dos pesos pesados como Carlos Fuentes y Elena Poniatowska a los muchachos del crack, con énfasis especial en Jorge Volpi, o las posibilidades de un candidato venezolano apadrinado presuntamente por el mismísimo Hugo Chávez, el muy enérgico presidente del
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si no milagroso, sí extraordinario. Cada dos años se concede en Caracas el Premio Rómulo Gallegos a la mejor novela en lengua española publicada en el periodo en cuestión. Un premio que, aparte de su importante dotación económica, 60 000 dólares, cuenta con un palmarés impresionante: entre los primeros ganadores figuran, nada menos, La casa verde de Mario Vargas Llosa, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o Terra Nostra de Carlos Fuentes. Anagrama presenta regularmente sus novelas más destacadas, y en las últimas convocatorias habíamos tenido el privilegio de que resultaran premiadas dos novelas propuestas por nosotros: en 1995, Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías, y en 1999, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Para la convocatoria de 2001, aparte de novelas de otros autores, presentamos El viaje vertical y Bartleby y compañía, que acompañaban a los centenares de títulos que recibía el jurado. A medida que se acercaba la fecha de concesión del premio se disparaban, lógicamente, las especulaciones con menor o mayor o muchísimo fundamento. Se comentaban las declaraciones, recogidas en la prensa caraqueña, del apoyo explícito de dos pesos pesados como Carlos Fuentes y Elena Poniatowska a los muchachos del crack, con énfasis especial en Jorge Volpi, o las posibilidades de un candidato venezolano apadrinado presuntamente por el mismísimo Hugo Chávez, el muy enérgico presidente del
si no milagroso, sí extraordinario. Cada dos años se concede en Caracas el Premio Rómulo Gallegos a la mejor novela en lengua española publicada en el periodo en cuestión. Un premio que, aparte de su importante dotación económica, 60 000 dólares, cuenta con un palmarés impresionante: entre los primeros ganadores figuran, nada menos, La casa verde de Mario Vargas Llosa, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o Terra Nostra de Carlos Fuentes. Anagrama presenta regularmente sus novelas más destacadas, y en las últimas convocatorias habíamos tenido el privilegio de que resultaran premiadas dos novelas propuestas por nosotros: en 1995, Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías, y en 1999, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Para la convocatoria de 2001, aparte de novelas de otros autores, presentamos El viaje vertical y Bartleby y compañía, que acompañaban a los centenares de títulos que recibía el jurado. A medida que se acercaba la fecha de concesión del premio se disparaban, lógicamente, las especulaciones con menor o mayor o muchísimo fundamento. Se comentaban las declaraciones, recogidas en la prensa caraqueña, del apoyo explícito de dos pesos pesados como Carlos Fuentes y Elena Poniatowska a los muchachos del crack, con énfasis especial en Jorge Volpi, o las posibilidades de un candidato venezolano apadrinado presuntamente por el mismísimo Hugo Chávez, el muy enérgico presidente del
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país, o las presiones que inevitablemente se atribuían, par la logique des choses, a los muchos mensajeros del imperio Polanco. De los cinco miembros del jurado, Enrique y yo sólo conocíamos a Roberto Bolaño, el ganador de la anterior convocatoria, pero éste dimitió antes de las últimas deliberaciones por discrepancias con el presidente del jurado. Así que, tout compte fait, nuestras esperanzas no eran enormes. Y de repente nos comunican desde Caracas, el seis de julio, que El viaje vertical ha obtenido el Premio Rómulo Gallegos por unanimidad. Un galardón que tiene un gran impacto en América Latina, donde Enrique es precisamente uno de los autores españoles más conocidos y prestigiosos. Pero su efecto, claro está, se extiende también a España y se ha reflejado en el número de traducciones, seis hasta la fecha. No creo que el título de este texto de felicitación, “Las copas de Vila-Matas”, pueda prestarse a equívocos y especulaciones, aunque Enrique no sea precisamente abstemio. Por si acaso, las voy a despejar de inmediato: así como escribí en su día que con Bartleby y compañía había ganado la Copa de Europa, luego, con El viaje vertical, Vila-Matas conquistó la Copa de América. Enhorabuena, campeón.
país, o las presiones que inevitablemente se atribuían, par la logique des choses, a los muchos mensajeros del imperio Polanco. De los cinco miembros del jurado, Enrique y yo sólo conocíamos a Roberto Bolaño, el ganador de la anterior convocatoria, pero éste dimitió antes de las últimas deliberaciones por discrepancias con el presidente del jurado. Así que, tout compte fait, nuestras esperanzas no eran enormes. Y de repente nos comunican desde Caracas, el seis de julio, que El viaje vertical ha obtenido el Premio Rómulo Gallegos por unanimidad. Un galardón que tiene un gran impacto en América Latina, donde Enrique es precisamente uno de los autores españoles más conocidos y prestigiosos. Pero su efecto, claro está, se extiende también a España y se ha reflejado en el número de traducciones, seis hasta la fecha. No creo que el título de este texto de felicitación, “Las copas de Vila-Matas”, pueda prestarse a equívocos y especulaciones, aunque Enrique no sea precisamente abstemio. Por si acaso, las voy a despejar de inmediato: así como escribí en su día que con Bartleby y compañía había ganado la Copa de Europa, luego, con El viaje vertical, Vila-Matas conquistó la Copa de América. Enhorabuena, campeón.
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país, o las presiones que inevitablemente se atribuían, par la logique des choses, a los muchos mensajeros del imperio Polanco. De los cinco miembros del jurado, Enrique y yo sólo conocíamos a Roberto Bolaño, el ganador de la anterior convocatoria, pero éste dimitió antes de las últimas deliberaciones por discrepancias con el presidente del jurado. Así que, tout compte fait, nuestras esperanzas no eran enormes. Y de repente nos comunican desde Caracas, el seis de julio, que El viaje vertical ha obtenido el Premio Rómulo Gallegos por unanimidad. Un galardón que tiene un gran impacto en América Latina, donde Enrique es precisamente uno de los autores españoles más conocidos y prestigiosos. Pero su efecto, claro está, se extiende también a España y se ha reflejado en el número de traducciones, seis hasta la fecha. No creo que el título de este texto de felicitación, “Las copas de Vila-Matas”, pueda prestarse a equívocos y especulaciones, aunque Enrique no sea precisamente abstemio. Por si acaso, las voy a despejar de inmediato: así como escribí en su día que con Bartleby y compañía había ganado la Copa de Europa, luego, con El viaje vertical, Vila-Matas conquistó la Copa de América. Enhorabuena, campeón.
país, o las presiones que inevitablemente se atribuían, par la logique des choses, a los muchos mensajeros del imperio Polanco. De los cinco miembros del jurado, Enrique y yo sólo conocíamos a Roberto Bolaño, el ganador de la anterior convocatoria, pero éste dimitió antes de las últimas deliberaciones por discrepancias con el presidente del jurado. Así que, tout compte fait, nuestras esperanzas no eran enormes. Y de repente nos comunican desde Caracas, el seis de julio, que El viaje vertical ha obtenido el Premio Rómulo Gallegos por unanimidad. Un galardón que tiene un gran impacto en América Latina, donde Enrique es precisamente uno de los autores españoles más conocidos y prestigiosos. Pero su efecto, claro está, se extiende también a España y se ha reflejado en el número de traducciones, seis hasta la fecha. No creo que el título de este texto de felicitación, “Las copas de Vila-Matas”, pueda prestarse a equívocos y especulaciones, aunque Enrique no sea precisamente abstemio. Por si acaso, las voy a despejar de inmediato: así como escribí en su día que con Bartleby y compañía había ganado la Copa de Europa, luego, con El viaje vertical, Vila-Matas conquistó la Copa de América. Enhorabuena, campeón.
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The Talented Mr. Wolfe*
The Talented Mr. Wolfe*
El primer recuerdo, a finales de los años sesenta, fueron esas dos palabras, Tom Wolfe, como un trade mark respingón, y una imagen más respingona aún: un joven dandy vestido de blanco todo el año, invierno incluido, camisa de rayas, cuello cerrado (y también respingón) y corbata, en los tiempos de la contracultura. Así nos miraba, insolente, desde las revistas de la época. Mis dos primeros fichajes literarios norteamericanos fueron Donald Barthelme y Tom Wolfe. Un autor, éste, que debutó con un título que era toda una declaración de intenciones (para quien supiera descifrarlo), The Kanky-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby, del cual se editó una breve selección en los “Cuadernos Ínfimos” de Tusquets. Y a
El primer recuerdo, a finales de los años sesenta, fueron esas dos palabras, Tom Wolfe, como un trade mark respingón, y una imagen más respingona aún: un joven dandy vestido de blanco todo el año, invierno incluido, camisa de rayas, cuello cerrado (y también respingón) y corbata, en los tiempos de la contracultura. Así nos miraba, insolente, desde las revistas de la época. Mis dos primeros fichajes literarios norteamericanos fueron Donald Barthelme y Tom Wolfe. Un autor, éste, que debutó con un título que era toda una declaración de intenciones (para quien supiera descifrarlo), The Kanky-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby, del cual se editó una breve selección en los “Cuadernos Ínfimos” de Tusquets. Y a
* Texto publicado en El Periódico, diciembre de 2002.
* Texto publicado en El Periódico, diciembre de 2002.
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The Talented Mr. Wolfe*
The Talented Mr. Wolfe*
El primer recuerdo, a finales de los años sesenta, fueron esas dos palabras, Tom Wolfe, como un trade mark respingón, y una imagen más respingona aún: un joven dandy vestido de blanco todo el año, invierno incluido, camisa de rayas, cuello cerrado (y también respingón) y corbata, en los tiempos de la contracultura. Así nos miraba, insolente, desde las revistas de la época. Mis dos primeros fichajes literarios norteamericanos fueron Donald Barthelme y Tom Wolfe. Un autor, éste, que debutó con un título que era toda una declaración de intenciones (para quien supiera descifrarlo), The Kanky-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby, del cual se editó una breve selección en los “Cuadernos Ínfimos” de Tusquets. Y a
El primer recuerdo, a finales de los años sesenta, fueron esas dos palabras, Tom Wolfe, como un trade mark respingón, y una imagen más respingona aún: un joven dandy vestido de blanco todo el año, invierno incluido, camisa de rayas, cuello cerrado (y también respingón) y corbata, en los tiempos de la contracultura. Así nos miraba, insolente, desde las revistas de la época. Mis dos primeros fichajes literarios norteamericanos fueron Donald Barthelme y Tom Wolfe. Un autor, éste, que debutó con un título que era toda una declaración de intenciones (para quien supiera descifrarlo), The Kanky-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby, del cual se editó una breve selección en los “Cuadernos Ínfimos” de Tusquets. Y a
* Texto publicado en El Periódico, diciembre de 2002.
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* Texto publicado en El Periódico, diciembre de 2002.
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Con Tom Wolfe.
Con Tom Wolfe.
Con Tom Wolfe.
Con Tom Wolfe.
partir de ahí se publicaron en Anagrama casi todos sus libros posteriores. Mi primer contrato con Tom Wolfe fue en 1972: Radical Chic & Mau-Mauing The Flak Catchers, que se transformó, tras arduas deliberaciones con los traductores J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez, en La izquierda exquisita & Mau-mauando al parachoques: la “izquierda exquisita”, tras descartar la facilona y obvia “gauche divine”; eso sí, se presentó en Bocaccio, oficiando Manolo Vázquez Montalbán. Después siguieron La banda de la casa de la bomba, La palabra pintada, El nuevo periodismo y Los años del desmadre. Todos ellos libros muy pirotécnicos, exclamatorios, algo así como una alegre (malignamente alegre) mascletà. Y a principios de los ochenta Lo que hay que tener, quizá su obra maestra (que tuvo una versión cinematográfica tan sólo regular con el título de Elegidos para la gloria), ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, En nuestro tiempo y Las Décadas Púrpura, hasta llegar a su primera y tan celebrada novela La hoguera de las vanidades. Fin de trayecto, o casi: en 1997 recuperé un título “escapado”, Ponche de ácido lisérgico. Los tres primeros títulos tuvieron acogida mitigada, con lectores muy fans pero escasos, hasta El nuevo periodismo, que se convirtió en lectura obligada (y muy placentera) en las escuelas de periodismo y similares; se ha reeditado en siete ocasiones y se han vendido casi veinte mil ejemplares. Tam-
partir de ahí se publicaron en Anagrama casi todos sus libros posteriores. Mi primer contrato con Tom Wolfe fue en 1972: Radical Chic & Mau-Mauing The Flak Catchers, que se transformó, tras arduas deliberaciones con los traductores J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez, en La izquierda exquisita & Mau-mauando al parachoques: la “izquierda exquisita”, tras descartar la facilona y obvia “gauche divine”; eso sí, se presentó en Bocaccio, oficiando Manolo Vázquez Montalbán. Después siguieron La banda de la casa de la bomba, La palabra pintada, El nuevo periodismo y Los años del desmadre. Todos ellos libros muy pirotécnicos, exclamatorios, algo así como una alegre (malignamente alegre) mascletà. Y a principios de los ochenta Lo que hay que tener, quizá su obra maestra (que tuvo una versión cinematográfica tan sólo regular con el título de Elegidos para la gloria), ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, En nuestro tiempo y Las Décadas Púrpura, hasta llegar a su primera y tan celebrada novela La hoguera de las vanidades. Fin de trayecto, o casi: en 1997 recuperé un título “escapado”, Ponche de ácido lisérgico. Los tres primeros títulos tuvieron acogida mitigada, con lectores muy fans pero escasos, hasta El nuevo periodismo, que se convirtió en lectura obligada (y muy placentera) en las escuelas de periodismo y similares; se ha reeditado en siete ocasiones y se han vendido casi veinte mil ejemplares. Tam-
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partir de ahí se publicaron en Anagrama casi todos sus libros posteriores. Mi primer contrato con Tom Wolfe fue en 1972: Radical Chic & Mau-Mauing The Flak Catchers, que se transformó, tras arduas deliberaciones con los traductores J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez, en La izquierda exquisita & Mau-mauando al parachoques: la “izquierda exquisita”, tras descartar la facilona y obvia “gauche divine”; eso sí, se presentó en Bocaccio, oficiando Manolo Vázquez Montalbán. Después siguieron La banda de la casa de la bomba, La palabra pintada, El nuevo periodismo y Los años del desmadre. Todos ellos libros muy pirotécnicos, exclamatorios, algo así como una alegre (malignamente alegre) mascletà. Y a principios de los ochenta Lo que hay que tener, quizá su obra maestra (que tuvo una versión cinematográfica tan sólo regular con el título de Elegidos para la gloria), ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, En nuestro tiempo y Las Décadas Púrpura, hasta llegar a su primera y tan celebrada novela La hoguera de las vanidades. Fin de trayecto, o casi: en 1997 recuperé un título “escapado”, Ponche de ácido lisérgico. Los tres primeros títulos tuvieron acogida mitigada, con lectores muy fans pero escasos, hasta El nuevo periodismo, que se convirtió en lectura obligada (y muy placentera) en las escuelas de periodismo y similares; se ha reeditado en siete ocasiones y se han vendido casi veinte mil ejemplares. Tam-
partir de ahí se publicaron en Anagrama casi todos sus libros posteriores. Mi primer contrato con Tom Wolfe fue en 1972: Radical Chic & Mau-Mauing The Flak Catchers, que se transformó, tras arduas deliberaciones con los traductores J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez, en La izquierda exquisita & Mau-mauando al parachoques: la “izquierda exquisita”, tras descartar la facilona y obvia “gauche divine”; eso sí, se presentó en Bocaccio, oficiando Manolo Vázquez Montalbán. Después siguieron La banda de la casa de la bomba, La palabra pintada, El nuevo periodismo y Los años del desmadre. Todos ellos libros muy pirotécnicos, exclamatorios, algo así como una alegre (malignamente alegre) mascletà. Y a principios de los ochenta Lo que hay que tener, quizá su obra maestra (que tuvo una versión cinematográfica tan sólo regular con el título de Elegidos para la gloria), ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, En nuestro tiempo y Las Décadas Púrpura, hasta llegar a su primera y tan celebrada novela La hoguera de las vanidades. Fin de trayecto, o casi: en 1997 recuperé un título “escapado”, Ponche de ácido lisérgico. Los tres primeros títulos tuvieron acogida mitigada, con lectores muy fans pero escasos, hasta El nuevo periodismo, que se convirtió en lectura obligada (y muy placentera) en las escuelas de periodismo y similares; se ha reeditado en siete ocasiones y se han vendido casi veinte mil ejemplares. Tam-
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bién gozaron de una difusión progresivamente favorable La palabra pintada y ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, un sarcástico díptico sobre la pintura y la arquitectura contemporáneas. Ese último título tuvo una animada presentación en el Colegio de Arquitectos de Barcelona, a cargo de Oriol Bohigas, Óscar Tusquets y Francisco Umbral. En cuanto a los anticipos, respondían al interés que entonces despertaba el autor en España, o sea prácticamente nulo: los de los cuatro primeros libros oscilaron entre 150 y 300 dólares… Con La hoguera de las vanidades las cosas cambiaron, dentro de un orden: 25 000 dólares. Rápidamente recuperados, por otra parte: la de Anagrama fue, con mucho, la traducción que mayor éxito tuvo en el mundo mundial. Conocí a Tom Wolfe en agosto del 88 en un viaje por Estados Unidos; su familia estaba de vacaciones, pero él regresó a Manhattan para recibirnos. Nos abrió la puerta el propio autor, con su uniforme de Tom Wolfe, nos sirvió vino blanco, nos habló de literatura, de su pasión por Zola y su desprecio por los novelistas hipercerebrales y anémicos, de lo mucho que le habían gustado nuestras ediciones y de lo que apreciaba nuestra fidelidad (aparte de la norteamericana Farrar, Straus & Giroux, Anagrama era la editorial con mayor número de títulos de Tom Wolfe en su catálogo). En resumen, nos atendió con la elegancia que se le supone a un caballero sureño.
bién gozaron de una difusión progresivamente favorable La palabra pintada y ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, un sarcástico díptico sobre la pintura y la arquitectura contemporáneas. Ese último título tuvo una animada presentación en el Colegio de Arquitectos de Barcelona, a cargo de Oriol Bohigas, Óscar Tusquets y Francisco Umbral. En cuanto a los anticipos, respondían al interés que entonces despertaba el autor en España, o sea prácticamente nulo: los de los cuatro primeros libros oscilaron entre 150 y 300 dólares… Con La hoguera de las vanidades las cosas cambiaron, dentro de un orden: 25 000 dólares. Rápidamente recuperados, por otra parte: la de Anagrama fue, con mucho, la traducción que mayor éxito tuvo en el mundo mundial. Conocí a Tom Wolfe en agosto del 88 en un viaje por Estados Unidos; su familia estaba de vacaciones, pero él regresó a Manhattan para recibirnos. Nos abrió la puerta el propio autor, con su uniforme de Tom Wolfe, nos sirvió vino blanco, nos habló de literatura, de su pasión por Zola y su desprecio por los novelistas hipercerebrales y anémicos, de lo mucho que le habían gustado nuestras ediciones y de lo que apreciaba nuestra fidelidad (aparte de la norteamericana Farrar, Straus & Giroux, Anagrama era la editorial con mayor número de títulos de Tom Wolfe en su catálogo). En resumen, nos atendió con la elegancia que se le supone a un caballero sureño.
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bién gozaron de una difusión progresivamente favorable La palabra pintada y ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, un sarcástico díptico sobre la pintura y la arquitectura contemporáneas. Ese último título tuvo una animada presentación en el Colegio de Arquitectos de Barcelona, a cargo de Oriol Bohigas, Óscar Tusquets y Francisco Umbral. En cuanto a los anticipos, respondían al interés que entonces despertaba el autor en España, o sea prácticamente nulo: los de los cuatro primeros libros oscilaron entre 150 y 300 dólares… Con La hoguera de las vanidades las cosas cambiaron, dentro de un orden: 25 000 dólares. Rápidamente recuperados, por otra parte: la de Anagrama fue, con mucho, la traducción que mayor éxito tuvo en el mundo mundial. Conocí a Tom Wolfe en agosto del 88 en un viaje por Estados Unidos; su familia estaba de vacaciones, pero él regresó a Manhattan para recibirnos. Nos abrió la puerta el propio autor, con su uniforme de Tom Wolfe, nos sirvió vino blanco, nos habló de literatura, de su pasión por Zola y su desprecio por los novelistas hipercerebrales y anémicos, de lo mucho que le habían gustado nuestras ediciones y de lo que apreciaba nuestra fidelidad (aparte de la norteamericana Farrar, Straus & Giroux, Anagrama era la editorial con mayor número de títulos de Tom Wolfe en su catálogo). En resumen, nos atendió con la elegancia que se le supone a un caballero sureño.
bién gozaron de una difusión progresivamente favorable La palabra pintada y ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, un sarcástico díptico sobre la pintura y la arquitectura contemporáneas. Ese último título tuvo una animada presentación en el Colegio de Arquitectos de Barcelona, a cargo de Oriol Bohigas, Óscar Tusquets y Francisco Umbral. En cuanto a los anticipos, respondían al interés que entonces despertaba el autor en España, o sea prácticamente nulo: los de los cuatro primeros libros oscilaron entre 150 y 300 dólares… Con La hoguera de las vanidades las cosas cambiaron, dentro de un orden: 25 000 dólares. Rápidamente recuperados, por otra parte: la de Anagrama fue, con mucho, la traducción que mayor éxito tuvo en el mundo mundial. Conocí a Tom Wolfe en agosto del 88 en un viaje por Estados Unidos; su familia estaba de vacaciones, pero él regresó a Manhattan para recibirnos. Nos abrió la puerta el propio autor, con su uniforme de Tom Wolfe, nos sirvió vino blanco, nos habló de literatura, de su pasión por Zola y su desprecio por los novelistas hipercerebrales y anémicos, de lo mucho que le habían gustado nuestras ediciones y de lo que apreciaba nuestra fidelidad (aparte de la norteamericana Farrar, Straus & Giroux, Anagrama era la editorial con mayor número de títulos de Tom Wolfe en su catálogo). En resumen, nos atendió con la elegancia que se le supone a un caballero sureño.
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Después nuestros destinos se alejaron, para decirlo en forma de bolero, pero, sans rancune, mi consejo para cualquier lector es que abra cualquier libro de Tom Wolfe por cualquier página al azar y empiece la travesía. Talento a raudales y diversión garantizada.
Después nuestros destinos se alejaron, para decirlo en forma de bolero, pero, sans rancune, mi consejo para cualquier lector es que abra cualquier libro de Tom Wolfe por cualquier página al azar y empiece la travesía. Talento a raudales y diversión garantizada.
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Después nuestros destinos se alejaron, para decirlo en forma de bolero, pero, sans rancune, mi consejo para cualquier lector es que abra cualquier libro de Tom Wolfe por cualquier página al azar y empiece la travesía. Talento a raudales y diversión garantizada.
Después nuestros destinos se alejaron, para decirlo en forma de bolero, pero, sans rancune, mi consejo para cualquier lector es que abra cualquier libro de Tom Wolfe por cualquier página al azar y empiece la travesía. Talento a raudales y diversión garantizada.
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Harold Bloom.
Harold Bloom.
Harold Bloom.
Harold Bloom.
Colossus in Catalonia*
Colossus in Catalonia*
Las obras de Harold Bloom llegaron parsimoniosamente a España, vía traducciones latinoamericanas. Pero su prestigio entre los estudiosos era inmenso y su libro La angustia de las influencias (algo así como la “novela familiar” de Freud en el ámbito literario) se consideró decisivo. De pronto apareció El canon occidental, un libro apasionado y apasionante. Un manifiesto a favor del placer de la lectura, de la autonomía estética, y en contra de la Escuela del Resentimiento, de las tesis “políticamente correctas” que habían infestado los estudios literarios. Un libro, pues, decididamente polémico, con una guinda final aún más polémica: un apéndice con la lista de autores y obras indispensables, entre la provocación y el marketing,
Las obras de Harold Bloom llegaron parsimoniosamente a España, vía traducciones latinoamericanas. Pero su prestigio entre los estudiosos era inmenso y su libro La angustia de las influencias (algo así como la “novela familiar” de Freud en el ámbito literario) se consideró decisivo. De pronto apareció El canon occidental, un libro apasionado y apasionante. Un manifiesto a favor del placer de la lectura, de la autonomía estética, y en contra de la Escuela del Resentimiento, de las tesis “políticamente correctas” que habían infestado los estudios literarios. Un libro, pues, decididamente polémico, con una guinda final aún más polémica: un apéndice con la lista de autores y obras indispensables, entre la provocación y el marketing,
* Texto publicado en El País, 7 de marzo de 2002.
* Texto publicado en El País, 7 de marzo de 2002.
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Colossus in Catalonia*
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Las obras de Harold Bloom llegaron parsimoniosamente a España, vía traducciones latinoamericanas. Pero su prestigio entre los estudiosos era inmenso y su libro La angustia de las influencias (algo así como la “novela familiar” de Freud en el ámbito literario) se consideró decisivo. De pronto apareció El canon occidental, un libro apasionado y apasionante. Un manifiesto a favor del placer de la lectura, de la autonomía estética, y en contra de la Escuela del Resentimiento, de las tesis “políticamente correctas” que habían infestado los estudios literarios. Un libro, pues, decididamente polémico, con una guinda final aún más polémica: un apéndice con la lista de autores y obras indispensables, entre la provocación y el marketing,
Las obras de Harold Bloom llegaron parsimoniosamente a España, vía traducciones latinoamericanas. Pero su prestigio entre los estudiosos era inmenso y su libro La angustia de las influencias (algo así como la “novela familiar” de Freud en el ámbito literario) se consideró decisivo. De pronto apareció El canon occidental, un libro apasionado y apasionante. Un manifiesto a favor del placer de la lectura, de la autonomía estética, y en contra de la Escuela del Resentimiento, de las tesis “políticamente correctas” que habían infestado los estudios literarios. Un libro, pues, decididamente polémico, con una guinda final aún más polémica: un apéndice con la lista de autores y obras indispensables, entre la provocación y el marketing,
* Texto publicado en El País, 7 de marzo de 2002.
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* Texto publicado en El País, 7 de marzo de 2002.
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una idea inspirada en buena parte, al parecer, por el editor norteamericano. Después, su monumental Shakespeare, es decir la culminación de todos los muchos saberes de Bloom sobre su autor favorito, “el inventor de lo humano”, saludado unánimemente como “el” libro fundamental sobre Shakespeare. Luego, Cómo leer y por qué, un título programático en el que Bloom consigue contagiar a cualquiera que se interne en sus páginas el apasionado amor a la lectura: “un arte que desaparece, el arte de leer atentamente, amorosamente, escrupulosamente, con la excitación de ver cómo el texto se despliega”. Y una primicia. Otra fértil indignación de Harold Bloom, en contra de la llamada “Children’s Literature”, ha provocado que compilara Stories and Poems for Extremely Intelligent Children of All Ages, una voluminosa y gozosa antología de textos: Esopo y Shakespeare, Carroll y Lear, Wilde y Saki, y muchos más… Bloom, tonante, afirma en su prólogo que la mayor parte de la “literatura infantil que se comercializa actualmente es un manjar inadecuado para cualquier lector de cualquier edad y de cualquier época”. En suma, “el Coloso entre los críticos”, como lo llamó Adam Begley, sigue en pie de guerra. Felicidades, maestro, por el Premio Cataluña.
una idea inspirada en buena parte, al parecer, por el editor norteamericano. Después, su monumental Shakespeare, es decir la culminación de todos los muchos saberes de Bloom sobre su autor favorito, “el inventor de lo humano”, saludado unánimemente como “el” libro fundamental sobre Shakespeare. Luego, Cómo leer y por qué, un título programático en el que Bloom consigue contagiar a cualquiera que se interne en sus páginas el apasionado amor a la lectura: “un arte que desaparece, el arte de leer atentamente, amorosamente, escrupulosamente, con la excitación de ver cómo el texto se despliega”. Y una primicia. Otra fértil indignación de Harold Bloom, en contra de la llamada “Children’s Literature”, ha provocado que compilara Stories and Poems for Extremely Intelligent Children of All Ages, una voluminosa y gozosa antología de textos: Esopo y Shakespeare, Carroll y Lear, Wilde y Saki, y muchos más… Bloom, tonante, afirma en su prólogo que la mayor parte de la “literatura infantil que se comercializa actualmente es un manjar inadecuado para cualquier lector de cualquier edad y de cualquier época”. En suma, “el Coloso entre los críticos”, como lo llamó Adam Begley, sigue en pie de guerra. Felicidades, maestro, por el Premio Cataluña.
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una idea inspirada en buena parte, al parecer, por el editor norteamericano. Después, su monumental Shakespeare, es decir la culminación de todos los muchos saberes de Bloom sobre su autor favorito, “el inventor de lo humano”, saludado unánimemente como “el” libro fundamental sobre Shakespeare. Luego, Cómo leer y por qué, un título programático en el que Bloom consigue contagiar a cualquiera que se interne en sus páginas el apasionado amor a la lectura: “un arte que desaparece, el arte de leer atentamente, amorosamente, escrupulosamente, con la excitación de ver cómo el texto se despliega”. Y una primicia. Otra fértil indignación de Harold Bloom, en contra de la llamada “Children’s Literature”, ha provocado que compilara Stories and Poems for Extremely Intelligent Children of All Ages, una voluminosa y gozosa antología de textos: Esopo y Shakespeare, Carroll y Lear, Wilde y Saki, y muchos más… Bloom, tonante, afirma en su prólogo que la mayor parte de la “literatura infantil que se comercializa actualmente es un manjar inadecuado para cualquier lector de cualquier edad y de cualquier época”. En suma, “el Coloso entre los críticos”, como lo llamó Adam Begley, sigue en pie de guerra. Felicidades, maestro, por el Premio Cataluña.
una idea inspirada en buena parte, al parecer, por el editor norteamericano. Después, su monumental Shakespeare, es decir la culminación de todos los muchos saberes de Bloom sobre su autor favorito, “el inventor de lo humano”, saludado unánimemente como “el” libro fundamental sobre Shakespeare. Luego, Cómo leer y por qué, un título programático en el que Bloom consigue contagiar a cualquiera que se interne en sus páginas el apasionado amor a la lectura: “un arte que desaparece, el arte de leer atentamente, amorosamente, escrupulosamente, con la excitación de ver cómo el texto se despliega”. Y una primicia. Otra fértil indignación de Harold Bloom, en contra de la llamada “Children’s Literature”, ha provocado que compilara Stories and Poems for Extremely Intelligent Children of All Ages, una voluminosa y gozosa antología de textos: Esopo y Shakespeare, Carroll y Lear, Wilde y Saki, y muchos más… Bloom, tonante, afirma en su prólogo que la mayor parte de la “literatura infantil que se comercializa actualmente es un manjar inadecuado para cualquier lector de cualquier edad y de cualquier época”. En suma, “el Coloso entre los críticos”, como lo llamó Adam Begley, sigue en pie de guerra. Felicidades, maestro, por el Premio Cataluña.
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Houellebecq Terminator*
Houellebecq Terminator*
En primer lugar, un pequeño homenaje a su editor francés, Maurice Nadeau, todo un personaje: excelente crítico literario (en su haber una Historia del surrealismo que hace años publicó Lumen en España) y fundador de la revista La Quinzaine Littéraire, que sigue dirigiendo y donde publica su “Journal en public”. En tanto que editor, se inventó una extraordinaria colección: “Les Lettres Nouvelles”, tan prestigiosa como poco comercial, que fue apareciendo sucesivamente en varias editoriales: basta decir que entre sus descubrimientos figuran Witold Gombrowicz y Malcom Lowry. Hace años creó su propia (y minúscula) editorial, una garantía de buena literatura. Allí apareció, por expreso y tenaz deseo del autor, la primera novela de Michel Houellebecq, titu-
En primer lugar, un pequeño homenaje a su editor francés, Maurice Nadeau, todo un personaje: excelente crítico literario (en su haber una Historia del surrealismo que hace años publicó Lumen en España) y fundador de la revista La Quinzaine Littéraire, que sigue dirigiendo y donde publica su “Journal en public”. En tanto que editor, se inventó una extraordinaria colección: “Les Lettres Nouvelles”, tan prestigiosa como poco comercial, que fue apareciendo sucesivamente en varias editoriales: basta decir que entre sus descubrimientos figuran Witold Gombrowicz y Malcom Lowry. Hace años creó su propia (y minúscula) editorial, una garantía de buena literatura. Allí apareció, por expreso y tenaz deseo del autor, la primera novela de Michel Houellebecq, titu-
* Texto publicado en El Periódico, 29 de enero de 1999.
* Texto publicado en El Periódico, 29 de enero de 1999.
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Houellebecq Terminator*
Houellebecq Terminator*
En primer lugar, un pequeño homenaje a su editor francés, Maurice Nadeau, todo un personaje: excelente crítico literario (en su haber una Historia del surrealismo que hace años publicó Lumen en España) y fundador de la revista La Quinzaine Littéraire, que sigue dirigiendo y donde publica su “Journal en public”. En tanto que editor, se inventó una extraordinaria colección: “Les Lettres Nouvelles”, tan prestigiosa como poco comercial, que fue apareciendo sucesivamente en varias editoriales: basta decir que entre sus descubrimientos figuran Witold Gombrowicz y Malcom Lowry. Hace años creó su propia (y minúscula) editorial, una garantía de buena literatura. Allí apareció, por expreso y tenaz deseo del autor, la primera novela de Michel Houellebecq, titu-
En primer lugar, un pequeño homenaje a su editor francés, Maurice Nadeau, todo un personaje: excelente crítico literario (en su haber una Historia del surrealismo que hace años publicó Lumen en España) y fundador de la revista La Quinzaine Littéraire, que sigue dirigiendo y donde publica su “Journal en public”. En tanto que editor, se inventó una extraordinaria colección: “Les Lettres Nouvelles”, tan prestigiosa como poco comercial, que fue apareciendo sucesivamente en varias editoriales: basta decir que entre sus descubrimientos figuran Witold Gombrowicz y Malcom Lowry. Hace años creó su propia (y minúscula) editorial, una garantía de buena literatura. Allí apareció, por expreso y tenaz deseo del autor, la primera novela de Michel Houellebecq, titu-
* Texto publicado en El Periódico, 29 de enero de 1999.
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* Texto publicado en El Periódico, 29 de enero de 1999.
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Michel Houellebecq.
Michel Houellebecq.
Michel Houellebecq.
Michel Houellebecq.
lada en castellano Ampliación del campo de batalla, un texto que se convirtió en lo que se denomina “libro de culto”. En cuanto lo leí, lo contraté de inmediato. Pienso que es el autor francés más interesante con el que me he encontrado en años, con un enfoque inmisericorde y un humor deadpan sumamente eficaces. Por ello cuando me enteré de que estaba terminando su segunda novela, Las partículas elementales, la pedí enseguida, la leí en julio pasado y logré contratarla en el mismo mes. No fue fácil, ya que era la gran baza de su nueva editorial, Flammarion, para la Feria de Frankfurt. No obstante, tras una ardua labor pedagógica de la pertinencia de Anagrama como la editorial más ad hoc para el autor, logré hacerme con los derechos: el único contrato que se firmó antes del instant boom que significó el libro en Francia desde los primerísimos días de su publicación. Una gran novela ambiciosa y provocativa, discutible y discutida, escrita por un autor con ideas propias y contundentes y que no rehúye precisamente la polémica. Si en Ampliación del campo de batalla la mirada de Houellebecq era como un bisturí esgrimido de forma aparentemente nonchalant pero en realidad de una precisión letal —como diría el autor, “con una mano negligente pero experta” (véase cómo se acaricia a un loro, página 11)—, en Las partículas elementales utiliza el láser: Houellebecq Terminator.
lada en castellano Ampliación del campo de batalla, un texto que se convirtió en lo que se denomina “libro de culto”. En cuanto lo leí, lo contraté de inmediato. Pienso que es el autor francés más interesante con el que me he encontrado en años, con un enfoque inmisericorde y un humor deadpan sumamente eficaces. Por ello cuando me enteré de que estaba terminando su segunda novela, Las partículas elementales, la pedí enseguida, la leí en julio pasado y logré contratarla en el mismo mes. No fue fácil, ya que era la gran baza de su nueva editorial, Flammarion, para la Feria de Frankfurt. No obstante, tras una ardua labor pedagógica de la pertinencia de Anagrama como la editorial más ad hoc para el autor, logré hacerme con los derechos: el único contrato que se firmó antes del instant boom que significó el libro en Francia desde los primerísimos días de su publicación. Una gran novela ambiciosa y provocativa, discutible y discutida, escrita por un autor con ideas propias y contundentes y que no rehúye precisamente la polémica. Si en Ampliación del campo de batalla la mirada de Houellebecq era como un bisturí esgrimido de forma aparentemente nonchalant pero en realidad de una precisión letal —como diría el autor, “con una mano negligente pero experta” (véase cómo se acaricia a un loro, página 11)—, en Las partículas elementales utiliza el láser: Houellebecq Terminator.
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lada en castellano Ampliación del campo de batalla, un texto que se convirtió en lo que se denomina “libro de culto”. En cuanto lo leí, lo contraté de inmediato. Pienso que es el autor francés más interesante con el que me he encontrado en años, con un enfoque inmisericorde y un humor deadpan sumamente eficaces. Por ello cuando me enteré de que estaba terminando su segunda novela, Las partículas elementales, la pedí enseguida, la leí en julio pasado y logré contratarla en el mismo mes. No fue fácil, ya que era la gran baza de su nueva editorial, Flammarion, para la Feria de Frankfurt. No obstante, tras una ardua labor pedagógica de la pertinencia de Anagrama como la editorial más ad hoc para el autor, logré hacerme con los derechos: el único contrato que se firmó antes del instant boom que significó el libro en Francia desde los primerísimos días de su publicación. Una gran novela ambiciosa y provocativa, discutible y discutida, escrita por un autor con ideas propias y contundentes y que no rehúye precisamente la polémica. Si en Ampliación del campo de batalla la mirada de Houellebecq era como un bisturí esgrimido de forma aparentemente nonchalant pero en realidad de una precisión letal —como diría el autor, “con una mano negligente pero experta” (véase cómo se acaricia a un loro, página 11)—, en Las partículas elementales utiliza el láser: Houellebecq Terminator.
lada en castellano Ampliación del campo de batalla, un texto que se convirtió en lo que se denomina “libro de culto”. En cuanto lo leí, lo contraté de inmediato. Pienso que es el autor francés más interesante con el que me he encontrado en años, con un enfoque inmisericorde y un humor deadpan sumamente eficaces. Por ello cuando me enteré de que estaba terminando su segunda novela, Las partículas elementales, la pedí enseguida, la leí en julio pasado y logré contratarla en el mismo mes. No fue fácil, ya que era la gran baza de su nueva editorial, Flammarion, para la Feria de Frankfurt. No obstante, tras una ardua labor pedagógica de la pertinencia de Anagrama como la editorial más ad hoc para el autor, logré hacerme con los derechos: el único contrato que se firmó antes del instant boom que significó el libro en Francia desde los primerísimos días de su publicación. Una gran novela ambiciosa y provocativa, discutible y discutida, escrita por un autor con ideas propias y contundentes y que no rehúye precisamente la polémica. Si en Ampliación del campo de batalla la mirada de Houellebecq era como un bisturí esgrimido de forma aparentemente nonchalant pero en realidad de una precisión letal —como diría el autor, “con una mano negligente pero experta” (véase cómo se acaricia a un loro, página 11)—, en Las partículas elementales utiliza el láser: Houellebecq Terminator.
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Y así como de Ampliación del campo de batalla se escribió que era como El extranjero de Camus, de Las partículas elementales se ha dicho que era su particular Viaje al fin de la noche: como un Céline para los años noventa. En cualquier caso, las dos “cosechas Houellebecq” demuestran que estamos ante un alcohol fuerte, de alta graduación y de sabor estrictamente personal. Biempensantes y timoratos abstenerse.
Y así como de Ampliación del campo de batalla se escribió que era como El extranjero de Camus, de Las partículas elementales se ha dicho que era su particular Viaje al fin de la noche: como un Céline para los años noventa. En cualquier caso, las dos “cosechas Houellebecq” demuestran que estamos ante un alcohol fuerte, de alta graduación y de sabor estrictamente personal. Biempensantes y timoratos abstenerse.
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Y así como de Ampliación del campo de batalla se escribió que era como El extranjero de Camus, de Las partículas elementales se ha dicho que era su particular Viaje al fin de la noche: como un Céline para los años noventa. En cualquier caso, las dos “cosechas Houellebecq” demuestran que estamos ante un alcohol fuerte, de alta graduación y de sabor estrictamente personal. Biempensantes y timoratos abstenerse.
Y así como de Ampliación del campo de batalla se escribió que era como El extranjero de Camus, de Las partículas elementales se ha dicho que era su particular Viaje al fin de la noche: como un Céline para los años noventa. En cualquier caso, las dos “cosechas Houellebecq” demuestran que estamos ante un alcohol fuerte, de alta graduación y de sabor estrictamente personal. Biempensantes y timoratos abstenerse.
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Una estrella: Catherine M.*
Una estrella: Catherine M.*
Pocos días antes del Salon du Livre del año 2001 había recibido las pruebas de imprenta de un extraño artefacto: La vie sexuelle de Catherine M. Había tenido tiempo de echarle un primer vistazo y de sorprenderme por la asepsia narrativa, digamos, con la que se trataba el tumulto carnal. Ya en París, en el stand de las Éditions du Seuil, su muy eficiente encargada de derechos, Martine Heissat, me dice que me apresure, ya que se está iniciando un cierto alboroto extramuros, en especial entre los editores italianos más sprinters. Denis Roche, el director de la colección donde aparecerá el libro de Catherine Millet y que conoce las publicaciones de Anagrama, hace lo posible, que no es poco, por contagiarme su entusiasmo.
Pocos días antes del Salon du Livre del año 2001 había recibido las pruebas de imprenta de un extraño artefacto: La vie sexuelle de Catherine M. Había tenido tiempo de echarle un primer vistazo y de sorprenderme por la asepsia narrativa, digamos, con la que se trataba el tumulto carnal. Ya en París, en el stand de las Éditions du Seuil, su muy eficiente encargada de derechos, Martine Heissat, me dice que me apresure, ya que se está iniciando un cierto alboroto extramuros, en especial entre los editores italianos más sprinters. Denis Roche, el director de la colección donde aparecerá el libro de Catherine Millet y que conoce las publicaciones de Anagrama, hace lo posible, que no es poco, por contagiarme su entusiasmo.
* Texto publicado en La Jornada, 22 de enero de 2002.
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* Texto publicado en La Jornada, 22 de enero de 2002.
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Una estrella: Catherine M.*
Una estrella: Catherine M.*
Pocos días antes del Salon du Livre del año 2001 había recibido las pruebas de imprenta de un extraño artefacto: La vie sexuelle de Catherine M. Había tenido tiempo de echarle un primer vistazo y de sorprenderme por la asepsia narrativa, digamos, con la que se trataba el tumulto carnal. Ya en París, en el stand de las Éditions du Seuil, su muy eficiente encargada de derechos, Martine Heissat, me dice que me apresure, ya que se está iniciando un cierto alboroto extramuros, en especial entre los editores italianos más sprinters. Denis Roche, el director de la colección donde aparecerá el libro de Catherine Millet y que conoce las publicaciones de Anagrama, hace lo posible, que no es poco, por contagiarme su entusiasmo.
Pocos días antes del Salon du Livre del año 2001 había recibido las pruebas de imprenta de un extraño artefacto: La vie sexuelle de Catherine M. Había tenido tiempo de echarle un primer vistazo y de sorprenderme por la asepsia narrativa, digamos, con la que se trataba el tumulto carnal. Ya en París, en el stand de las Éditions du Seuil, su muy eficiente encargada de derechos, Martine Heissat, me dice que me apresure, ya que se está iniciando un cierto alboroto extramuros, en especial entre los editores italianos más sprinters. Denis Roche, el director de la colección donde aparecerá el libro de Catherine Millet y que conoce las publicaciones de Anagrama, hace lo posible, que no es poco, por contagiarme su entusiasmo.
* Texto publicado en La Jornada, 22 de enero de 2002.
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* Texto publicado en La Jornada, 22 de enero de 2002.
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Con Catherine Millet.
Con Catherine Millet.
Con Catherine Millet.
Con Catherine Millet.
Al regreso, termino el libro y paso una oferta, que es aceptada. El texto es ciertamente curioso, la gimnasia mental de la autora no es inferior a la gimnasia física exhibida en sus páginas. Algo así como una refinada performance hiperrealista, un body art tendencia honda (como todo el mundo ya sabe, Catherine Millet es una prestigiosísima experta en arte contemporáneo). Very much Anagrama, pienso. En cuanto se publica en Francia, gran clamor mediático, el libro se encarama en las listas de bestsellers, donde se instala durante meses. Pese a lógicos acordes desafinados, o a comentarios resueltamente hostiles, el respaldo de la intelligentsia es significativo. Así, Josyane Savigneau, la directora del suplemento de libros de Le Monde, el suplemento por antonomasia, le dedica una crítica muy elogiosa: “Un libro excelente, muy bien escrito y absolutamente asombroso”, y subraya en especial la total e inédita placidez de Catherine Millet. Otro personaje fundamental de la escena parisina, Françoise Giroud, compara el libro con Histoire d’O, publicado cincuenta años antes, pero escrito por una mujer bajo seudónimo, y afirma que “nadie, ningún escritor ha desvelado su relación con su sexualidad y la de sus acompañantes con esa precisión de relojero”. Dos erotómanos de campanillas, Philippe Sollers y Fernando Arrabal, se entusiasman (conforme al guión), mientras que Vargas Llosa, que ha transitado con cierta dedicación por senderos
Al regreso, termino el libro y paso una oferta, que es aceptada. El texto es ciertamente curioso, la gimnasia mental de la autora no es inferior a la gimnasia física exhibida en sus páginas. Algo así como una refinada performance hiperrealista, un body art tendencia honda (como todo el mundo ya sabe, Catherine Millet es una prestigiosísima experta en arte contemporáneo). Very much Anagrama, pienso. En cuanto se publica en Francia, gran clamor mediático, el libro se encarama en las listas de bestsellers, donde se instala durante meses. Pese a lógicos acordes desafinados, o a comentarios resueltamente hostiles, el respaldo de la intelligentsia es significativo. Así, Josyane Savigneau, la directora del suplemento de libros de Le Monde, el suplemento por antonomasia, le dedica una crítica muy elogiosa: “Un libro excelente, muy bien escrito y absolutamente asombroso”, y subraya en especial la total e inédita placidez de Catherine Millet. Otro personaje fundamental de la escena parisina, Françoise Giroud, compara el libro con Histoire d’O, publicado cincuenta años antes, pero escrito por una mujer bajo seudónimo, y afirma que “nadie, ningún escritor ha desvelado su relación con su sexualidad y la de sus acompañantes con esa precisión de relojero”. Dos erotómanos de campanillas, Philippe Sollers y Fernando Arrabal, se entusiasman (conforme al guión), mientras que Vargas Llosa, que ha transitado con cierta dedicación por senderos
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Al regreso, termino el libro y paso una oferta, que es aceptada. El texto es ciertamente curioso, la gimnasia mental de la autora no es inferior a la gimnasia física exhibida en sus páginas. Algo así como una refinada performance hiperrealista, un body art tendencia honda (como todo el mundo ya sabe, Catherine Millet es una prestigiosísima experta en arte contemporáneo). Very much Anagrama, pienso. En cuanto se publica en Francia, gran clamor mediático, el libro se encarama en las listas de bestsellers, donde se instala durante meses. Pese a lógicos acordes desafinados, o a comentarios resueltamente hostiles, el respaldo de la intelligentsia es significativo. Así, Josyane Savigneau, la directora del suplemento de libros de Le Monde, el suplemento por antonomasia, le dedica una crítica muy elogiosa: “Un libro excelente, muy bien escrito y absolutamente asombroso”, y subraya en especial la total e inédita placidez de Catherine Millet. Otro personaje fundamental de la escena parisina, Françoise Giroud, compara el libro con Histoire d’O, publicado cincuenta años antes, pero escrito por una mujer bajo seudónimo, y afirma que “nadie, ningún escritor ha desvelado su relación con su sexualidad y la de sus acompañantes con esa precisión de relojero”. Dos erotómanos de campanillas, Philippe Sollers y Fernando Arrabal, se entusiasman (conforme al guión), mientras que Vargas Llosa, que ha transitado con cierta dedicación por senderos
Al regreso, termino el libro y paso una oferta, que es aceptada. El texto es ciertamente curioso, la gimnasia mental de la autora no es inferior a la gimnasia física exhibida en sus páginas. Algo así como una refinada performance hiperrealista, un body art tendencia honda (como todo el mundo ya sabe, Catherine Millet es una prestigiosísima experta en arte contemporáneo). Very much Anagrama, pienso. En cuanto se publica en Francia, gran clamor mediático, el libro se encarama en las listas de bestsellers, donde se instala durante meses. Pese a lógicos acordes desafinados, o a comentarios resueltamente hostiles, el respaldo de la intelligentsia es significativo. Así, Josyane Savigneau, la directora del suplemento de libros de Le Monde, el suplemento por antonomasia, le dedica una crítica muy elogiosa: “Un libro excelente, muy bien escrito y absolutamente asombroso”, y subraya en especial la total e inédita placidez de Catherine Millet. Otro personaje fundamental de la escena parisina, Françoise Giroud, compara el libro con Histoire d’O, publicado cincuenta años antes, pero escrito por una mujer bajo seudónimo, y afirma que “nadie, ningún escritor ha desvelado su relación con su sexualidad y la de sus acompañantes con esa precisión de relojero”. Dos erotómanos de campanillas, Philippe Sollers y Fernando Arrabal, se entusiasman (conforme al guión), mientras que Vargas Llosa, que ha transitado con cierta dedicación por senderos
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eróticos, le dedica un laudatorio y lúcido artículo en El País que tiene especial resonancia en España. Los corresponsales extranjeros en París de los más importantes periódicos se hacen eco del gran impacto del libro y el interés de los editores internacionales va in crescendo. En Livres Hebdo aparece la noticia de que, en pruebas, Mondadori se ha quedado el libro tras una subasta endiablada con otros editores italianos, mientras que, también en pruebas, se ha vendido a “la très littéraire maison d’édition espagnole Anagrama et la non moins littéraire portugaise Asa”. ¿Una forma de subrayar que, además de ser un bestseller, es también de qualité? En cualquier caso en Seuil están exultantes, con el departamento de derechos colapsado por las suculentas negociaciones (Martine Heissat: “En veintiún años que llevo trabajando en derechos extranjeros jamás había visto nada parecido”). Hay quien comenta la paradoja de que una editorial de tan austeras raíces en el catolicismo progresista e impulsora de la revista Esprit haya lanzado tan sulfuroso texto.
eróticos, le dedica un laudatorio y lúcido artículo en El País que tiene especial resonancia en España. Los corresponsales extranjeros en París de los más importantes periódicos se hacen eco del gran impacto del libro y el interés de los editores internacionales va in crescendo. En Livres Hebdo aparece la noticia de que, en pruebas, Mondadori se ha quedado el libro tras una subasta endiablada con otros editores italianos, mientras que, también en pruebas, se ha vendido a “la très littéraire maison d’édition espagnole Anagrama et la non moins littéraire portugaise Asa”. ¿Una forma de subrayar que, además de ser un bestseller, es también de qualité? En cualquier caso en Seuil están exultantes, con el departamento de derechos colapsado por las suculentas negociaciones (Martine Heissat: “En veintiún años que llevo trabajando en derechos extranjeros jamás había visto nada parecido”). Hay quien comenta la paradoja de que una editorial de tan austeras raíces en el catolicismo progresista e impulsora de la revista Esprit haya lanzado tan sulfuroso texto.
Catherine Millet y Catherine M., arte y sexo
Catherine Millet y Catherine M., arte y sexo
Habla Nadeije Laneyrie-Dagun, historiadora de arte: “Catherine Millet crea en literatura lo que los artistas de hoy día realizan en pintura. Su libro, en
Habla Nadeije Laneyrie-Dagun, historiadora de arte: “Catherine Millet crea en literatura lo que los artistas de hoy día realizan en pintura. Su libro, en
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eróticos, le dedica un laudatorio y lúcido artículo en El País que tiene especial resonancia en España. Los corresponsales extranjeros en París de los más importantes periódicos se hacen eco del gran impacto del libro y el interés de los editores internacionales va in crescendo. En Livres Hebdo aparece la noticia de que, en pruebas, Mondadori se ha quedado el libro tras una subasta endiablada con otros editores italianos, mientras que, también en pruebas, se ha vendido a “la très littéraire maison d’édition espagnole Anagrama et la non moins littéraire portugaise Asa”. ¿Una forma de subrayar que, además de ser un bestseller, es también de qualité? En cualquier caso en Seuil están exultantes, con el departamento de derechos colapsado por las suculentas negociaciones (Martine Heissat: “En veintiún años que llevo trabajando en derechos extranjeros jamás había visto nada parecido”). Hay quien comenta la paradoja de que una editorial de tan austeras raíces en el catolicismo progresista e impulsora de la revista Esprit haya lanzado tan sulfuroso texto.
eróticos, le dedica un laudatorio y lúcido artículo en El País que tiene especial resonancia en España. Los corresponsales extranjeros en París de los más importantes periódicos se hacen eco del gran impacto del libro y el interés de los editores internacionales va in crescendo. En Livres Hebdo aparece la noticia de que, en pruebas, Mondadori se ha quedado el libro tras una subasta endiablada con otros editores italianos, mientras que, también en pruebas, se ha vendido a “la très littéraire maison d’édition espagnole Anagrama et la non moins littéraire portugaise Asa”. ¿Una forma de subrayar que, además de ser un bestseller, es también de qualité? En cualquier caso en Seuil están exultantes, con el departamento de derechos colapsado por las suculentas negociaciones (Martine Heissat: “En veintiún años que llevo trabajando en derechos extranjeros jamás había visto nada parecido”). Hay quien comenta la paradoja de que una editorial de tan austeras raíces en el catolicismo progresista e impulsora de la revista Esprit haya lanzado tan sulfuroso texto.
Catherine Millet y Catherine M., arte y sexo
Catherine Millet y Catherine M., arte y sexo
Habla Nadeije Laneyrie-Dagun, historiadora de arte: “Catherine Millet crea en literatura lo que los artistas de hoy día realizan en pintura. Su libro, en
Habla Nadeije Laneyrie-Dagun, historiadora de arte: “Catherine Millet crea en literatura lo que los artistas de hoy día realizan en pintura. Su libro, en
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su crudeza, en su ausencia de complacencia, su hiperrealismo, es un encefalograma de la sexualidad, no es una novela sino un diario, un diario de la peste. Su escritura registra”… “El arte del retrato desaparece en el siglo XX y la literatura psicológica con Mauriac. Catherine Millet toma nota, y finaliza esta evolución reemplazando el retrato y al individuo por el número. Sus cuerpos no tienen rostro ni historia. Sustituye una fisonomía del individuo por una fisonomía del sexo. Ahí, de nuevo, encontramos el equivalente de su trabajo en las artes plásticas y visuales. Esta manera de disecar enteramente los cuerpos los despoja de todo carácter sagrado”… “Tratando el cuerpo como si de describir una autopsia se tratase, de una forma radicalmente objetiva, Catherine Millet, que trabaja en contacto con artistas como directora de la revista Art Press, utiliza su profesión y su mirada sobre las artes. Su trabajo se inscribe en línea directa con el de Vincent Corbet, un artista que ella conoce bien y que realiza retratos de personas completamente desnudas, en posición de autopsia. Creo que lo que dicen Catherine Millet o Vincent Corbet es que todos somos parecidos, todos somos máquinas para dar muerte y placer, todos intercambiables”. Maurice Nadeau, crítico literario: “Su relato posee las cualidades de la animadora de revista de arte que Catherine Millet también es: el orden, la precisión, la voluntad de ir hasta el final de lo que se hace”.
su crudeza, en su ausencia de complacencia, su hiperrealismo, es un encefalograma de la sexualidad, no es una novela sino un diario, un diario de la peste. Su escritura registra”… “El arte del retrato desaparece en el siglo XX y la literatura psicológica con Mauriac. Catherine Millet toma nota, y finaliza esta evolución reemplazando el retrato y al individuo por el número. Sus cuerpos no tienen rostro ni historia. Sustituye una fisonomía del individuo por una fisonomía del sexo. Ahí, de nuevo, encontramos el equivalente de su trabajo en las artes plásticas y visuales. Esta manera de disecar enteramente los cuerpos los despoja de todo carácter sagrado”… “Tratando el cuerpo como si de describir una autopsia se tratase, de una forma radicalmente objetiva, Catherine Millet, que trabaja en contacto con artistas como directora de la revista Art Press, utiliza su profesión y su mirada sobre las artes. Su trabajo se inscribe en línea directa con el de Vincent Corbet, un artista que ella conoce bien y que realiza retratos de personas completamente desnudas, en posición de autopsia. Creo que lo que dicen Catherine Millet o Vincent Corbet es que todos somos parecidos, todos somos máquinas para dar muerte y placer, todos intercambiables”. Maurice Nadeau, crítico literario: “Su relato posee las cualidades de la animadora de revista de arte que Catherine Millet también es: el orden, la precisión, la voluntad de ir hasta el final de lo que se hace”.
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su crudeza, en su ausencia de complacencia, su hiperrealismo, es un encefalograma de la sexualidad, no es una novela sino un diario, un diario de la peste. Su escritura registra”… “El arte del retrato desaparece en el siglo XX y la literatura psicológica con Mauriac. Catherine Millet toma nota, y finaliza esta evolución reemplazando el retrato y al individuo por el número. Sus cuerpos no tienen rostro ni historia. Sustituye una fisonomía del individuo por una fisonomía del sexo. Ahí, de nuevo, encontramos el equivalente de su trabajo en las artes plásticas y visuales. Esta manera de disecar enteramente los cuerpos los despoja de todo carácter sagrado”… “Tratando el cuerpo como si de describir una autopsia se tratase, de una forma radicalmente objetiva, Catherine Millet, que trabaja en contacto con artistas como directora de la revista Art Press, utiliza su profesión y su mirada sobre las artes. Su trabajo se inscribe en línea directa con el de Vincent Corbet, un artista que ella conoce bien y que realiza retratos de personas completamente desnudas, en posición de autopsia. Creo que lo que dicen Catherine Millet o Vincent Corbet es que todos somos parecidos, todos somos máquinas para dar muerte y placer, todos intercambiables”. Maurice Nadeau, crítico literario: “Su relato posee las cualidades de la animadora de revista de arte que Catherine Millet también es: el orden, la precisión, la voluntad de ir hasta el final de lo que se hace”.
su crudeza, en su ausencia de complacencia, su hiperrealismo, es un encefalograma de la sexualidad, no es una novela sino un diario, un diario de la peste. Su escritura registra”… “El arte del retrato desaparece en el siglo XX y la literatura psicológica con Mauriac. Catherine Millet toma nota, y finaliza esta evolución reemplazando el retrato y al individuo por el número. Sus cuerpos no tienen rostro ni historia. Sustituye una fisonomía del individuo por una fisonomía del sexo. Ahí, de nuevo, encontramos el equivalente de su trabajo en las artes plásticas y visuales. Esta manera de disecar enteramente los cuerpos los despoja de todo carácter sagrado”… “Tratando el cuerpo como si de describir una autopsia se tratase, de una forma radicalmente objetiva, Catherine Millet, que trabaja en contacto con artistas como directora de la revista Art Press, utiliza su profesión y su mirada sobre las artes. Su trabajo se inscribe en línea directa con el de Vincent Corbet, un artista que ella conoce bien y que realiza retratos de personas completamente desnudas, en posición de autopsia. Creo que lo que dicen Catherine Millet o Vincent Corbet es que todos somos parecidos, todos somos máquinas para dar muerte y placer, todos intercambiables”. Maurice Nadeau, crítico literario: “Su relato posee las cualidades de la animadora de revista de arte que Catherine Millet también es: el orden, la precisión, la voluntad de ir hasta el final de lo que se hace”.
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Catherine Millet conversa con Catherine RobbeGrillet (como escritora Jeanne de Berg) para Les Inrockuptibles en presencia de Nelly Kaprièlian, que las presenta así: “Ni militantes ni teorizadoras del sexo, dos mujeres con unas prácticas sexuales poco corrientes, que privilegian iniciativas y puesta en marcha (para las partouzes de Catherine M.) o puesta en escena (para los rituales sadomasoquistas de Catherine R.) de sus deseos, que privilegian el placer y la libertad de vivirlo, con un vaciado constante, tanto en sus vidas como en el relato de las mismas, de todo pathos, de toda culpabilidad femenina o reivindicación feminista, de toda ideología”. Tres intervenciones de Catherine R., que se declara muy concernida por La vida sexual de Catherine M. y se pregunta: “Respecto al libro de Catherine, es evidente que se trata de voyeurismo y exhibicionismo. ¿Cuál es el problema?”… “¿Por qué una mujer no tiene derecho a decidir que será una mujer objeto?… Y diagnostica: “Ciertas feministas no consiguen imaginar que una mujer puede decidir ser sumisa. Una mujer que, por otra parte, puede ser perfectamente independiente como Catherine, que dirige una revista de arte. Aquí nos encontramos con una auténtica cesura entre la vida social y la vida fantasmática”.
Catherine Millet conversa con Catherine RobbeGrillet (como escritora Jeanne de Berg) para Les Inrockuptibles en presencia de Nelly Kaprièlian, que las presenta así: “Ni militantes ni teorizadoras del sexo, dos mujeres con unas prácticas sexuales poco corrientes, que privilegian iniciativas y puesta en marcha (para las partouzes de Catherine M.) o puesta en escena (para los rituales sadomasoquistas de Catherine R.) de sus deseos, que privilegian el placer y la libertad de vivirlo, con un vaciado constante, tanto en sus vidas como en el relato de las mismas, de todo pathos, de toda culpabilidad femenina o reivindicación feminista, de toda ideología”. Tres intervenciones de Catherine R., que se declara muy concernida por La vida sexual de Catherine M. y se pregunta: “Respecto al libro de Catherine, es evidente que se trata de voyeurismo y exhibicionismo. ¿Cuál es el problema?”… “¿Por qué una mujer no tiene derecho a decidir que será una mujer objeto?… Y diagnostica: “Ciertas feministas no consiguen imaginar que una mujer puede decidir ser sumisa. Una mujer que, por otra parte, puede ser perfectamente independiente como Catherine, que dirige una revista de arte. Aquí nos encontramos con una auténtica cesura entre la vida social y la vida fantasmática”.
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Catherine Millet conversa con Catherine RobbeGrillet (como escritora Jeanne de Berg) para Les Inrockuptibles en presencia de Nelly Kaprièlian, que las presenta así: “Ni militantes ni teorizadoras del sexo, dos mujeres con unas prácticas sexuales poco corrientes, que privilegian iniciativas y puesta en marcha (para las partouzes de Catherine M.) o puesta en escena (para los rituales sadomasoquistas de Catherine R.) de sus deseos, que privilegian el placer y la libertad de vivirlo, con un vaciado constante, tanto en sus vidas como en el relato de las mismas, de todo pathos, de toda culpabilidad femenina o reivindicación feminista, de toda ideología”. Tres intervenciones de Catherine R., que se declara muy concernida por La vida sexual de Catherine M. y se pregunta: “Respecto al libro de Catherine, es evidente que se trata de voyeurismo y exhibicionismo. ¿Cuál es el problema?”… “¿Por qué una mujer no tiene derecho a decidir que será una mujer objeto?… Y diagnostica: “Ciertas feministas no consiguen imaginar que una mujer puede decidir ser sumisa. Una mujer que, por otra parte, puede ser perfectamente independiente como Catherine, que dirige una revista de arte. Aquí nos encontramos con una auténtica cesura entre la vida social y la vida fantasmática”.
Catherine Millet conversa con Catherine RobbeGrillet (como escritora Jeanne de Berg) para Les Inrockuptibles en presencia de Nelly Kaprièlian, que las presenta así: “Ni militantes ni teorizadoras del sexo, dos mujeres con unas prácticas sexuales poco corrientes, que privilegian iniciativas y puesta en marcha (para las partouzes de Catherine M.) o puesta en escena (para los rituales sadomasoquistas de Catherine R.) de sus deseos, que privilegian el placer y la libertad de vivirlo, con un vaciado constante, tanto en sus vidas como en el relato de las mismas, de todo pathos, de toda culpabilidad femenina o reivindicación feminista, de toda ideología”. Tres intervenciones de Catherine R., que se declara muy concernida por La vida sexual de Catherine M. y se pregunta: “Respecto al libro de Catherine, es evidente que se trata de voyeurismo y exhibicionismo. ¿Cuál es el problema?”… “¿Por qué una mujer no tiene derecho a decidir que será una mujer objeto?… Y diagnostica: “Ciertas feministas no consiguen imaginar que una mujer puede decidir ser sumisa. Una mujer que, por otra parte, puede ser perfectamente independiente como Catherine, que dirige una revista de arte. Aquí nos encontramos con una auténtica cesura entre la vida social y la vida fantasmática”.
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En la Feria de Frankfurt, en otoño, Seuil organiza una cena en honor de Catherine Millet para sus muchos editores extranjeros. La autora, vestida como una monja casi de clausura, se reparte entre las varias mesas de la suite. En la nuestra —Serpent’s Tail, Asa, Anagrama— Claude Cherki, el big boss de Seuil, nos comenta la extraordinaria profesionalidad de Catherine. Acaba de empezar la gira de promoción alemana y los editores de Goldman están entusiasmados. Las primeras ventas en Alemania y Holanda son excelentes, parece que se despeja la gran incógnita acerca de si el libro es un “producto Quartier Latin” o puede exportarse. Los franceses de la editorial comentan que, al fin y al cabo, a Catherine Millet sólo la conocían en París unas cuantas docenas de personas interesadas en la vanguardia artística. Pero no es menos cierta la capacidad de lobby mediático de minorías estratégicas. Cherki me pregunta por el tiraje previsto de la primera edición española. “Veinte mil”, le digo. “¿Sólo veinte mil? En Francia hemos superado los trescientos mil.” Le replico: “Son más que los de la primera edición francesa: sólo seis mil”. Cherki se echa a reír y me dice: “No lo repitas, por favor”. En efecto, el éxito los pilló por sorpresa, una primera edición muy cautelosa y luego reediciones sin parar.
En la Feria de Frankfurt, en otoño, Seuil organiza una cena en honor de Catherine Millet para sus muchos editores extranjeros. La autora, vestida como una monja casi de clausura, se reparte entre las varias mesas de la suite. En la nuestra —Serpent’s Tail, Asa, Anagrama— Claude Cherki, el big boss de Seuil, nos comenta la extraordinaria profesionalidad de Catherine. Acaba de empezar la gira de promoción alemana y los editores de Goldman están entusiasmados. Las primeras ventas en Alemania y Holanda son excelentes, parece que se despeja la gran incógnita acerca de si el libro es un “producto Quartier Latin” o puede exportarse. Los franceses de la editorial comentan que, al fin y al cabo, a Catherine Millet sólo la conocían en París unas cuantas docenas de personas interesadas en la vanguardia artística. Pero no es menos cierta la capacidad de lobby mediático de minorías estratégicas. Cherki me pregunta por el tiraje previsto de la primera edición española. “Veinte mil”, le digo. “¿Sólo veinte mil? En Francia hemos superado los trescientos mil.” Le replico: “Son más que los de la primera edición francesa: sólo seis mil”. Cherki se echa a reír y me dice: “No lo repitas, por favor”. En efecto, el éxito los pilló por sorpresa, una primera edición muy cautelosa y luego reediciones sin parar.
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En la Feria de Frankfurt, en otoño, Seuil organiza una cena en honor de Catherine Millet para sus muchos editores extranjeros. La autora, vestida como una monja casi de clausura, se reparte entre las varias mesas de la suite. En la nuestra —Serpent’s Tail, Asa, Anagrama— Claude Cherki, el big boss de Seuil, nos comenta la extraordinaria profesionalidad de Catherine. Acaba de empezar la gira de promoción alemana y los editores de Goldman están entusiasmados. Las primeras ventas en Alemania y Holanda son excelentes, parece que se despeja la gran incógnita acerca de si el libro es un “producto Quartier Latin” o puede exportarse. Los franceses de la editorial comentan que, al fin y al cabo, a Catherine Millet sólo la conocían en París unas cuantas docenas de personas interesadas en la vanguardia artística. Pero no es menos cierta la capacidad de lobby mediático de minorías estratégicas. Cherki me pregunta por el tiraje previsto de la primera edición española. “Veinte mil”, le digo. “¿Sólo veinte mil? En Francia hemos superado los trescientos mil.” Le replico: “Son más que los de la primera edición francesa: sólo seis mil”. Cherki se echa a reír y me dice: “No lo repitas, por favor”. En efecto, el éxito los pilló por sorpresa, una primera edición muy cautelosa y luego reediciones sin parar.
En la Feria de Frankfurt, en otoño, Seuil organiza una cena en honor de Catherine Millet para sus muchos editores extranjeros. La autora, vestida como una monja casi de clausura, se reparte entre las varias mesas de la suite. En la nuestra —Serpent’s Tail, Asa, Anagrama— Claude Cherki, el big boss de Seuil, nos comenta la extraordinaria profesionalidad de Catherine. Acaba de empezar la gira de promoción alemana y los editores de Goldman están entusiasmados. Las primeras ventas en Alemania y Holanda son excelentes, parece que se despeja la gran incógnita acerca de si el libro es un “producto Quartier Latin” o puede exportarse. Los franceses de la editorial comentan que, al fin y al cabo, a Catherine Millet sólo la conocían en París unas cuantas docenas de personas interesadas en la vanguardia artística. Pero no es menos cierta la capacidad de lobby mediático de minorías estratégicas. Cherki me pregunta por el tiraje previsto de la primera edición española. “Veinte mil”, le digo. “¿Sólo veinte mil? En Francia hemos superado los trescientos mil.” Le replico: “Son más que los de la primera edición francesa: sólo seis mil”. Cherki se echa a reír y me dice: “No lo repitas, por favor”. En efecto, el éxito los pilló por sorpresa, una primera edición muy cautelosa y luego reediciones sin parar.
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El libro, ya muy esperado, aparece en España en noviembre y Catherine visita Barcelona, acompañada por su marido Jacques Henric, ex pilar de Tel Quel, novelista (algunas heroínas de sus libros están inspiradas en su mujer), bon vivant evidente, socarrón, que ha publicado simultáneamente un libro de fotografías de desnudos de Catherine que recorren treinta años, acompañados “de una reflexión muy referenciada sobre la mujer, que muestra, el hombre, que mira, y el dispositivo que esto supone” (Luc le Vaillant, Libération). En una fotografía que la prensa reproduce con frecuencia, están ambos desnudos en la cama, bajo una púdica sábana, Catherine leyendo el libro de Henric y viceversa. Rueda de prensa superpoblada en el Instituto Francés. Brillantísima actuación de Catherine, inteligente, aguda, esgrimista infalible. Hace frente a todas las preguntas cartesiana y risueñamente, exhibe una souplesse dialéctica similar a la manejabilidad corporal que tan satisfechamente describe en el libro. A una pregunta envenenada que no ha entendido, o que finge no entender, contesta à côté; punto y aparte. Comenta de pronto que sólo preguntan las periodistas, ¿qué pasa con ellos? Silencio incómodo, remover de sillas, al final algunos de los menos intimidados rompen el fuego. Cuando termina la rueda de prensa le digo a Catherine que una periodista muy católica ha comentado que “a Herralde se le
El libro, ya muy esperado, aparece en España en noviembre y Catherine visita Barcelona, acompañada por su marido Jacques Henric, ex pilar de Tel Quel, novelista (algunas heroínas de sus libros están inspiradas en su mujer), bon vivant evidente, socarrón, que ha publicado simultáneamente un libro de fotografías de desnudos de Catherine que recorren treinta años, acompañados “de una reflexión muy referenciada sobre la mujer, que muestra, el hombre, que mira, y el dispositivo que esto supone” (Luc le Vaillant, Libération). En una fotografía que la prensa reproduce con frecuencia, están ambos desnudos en la cama, bajo una púdica sábana, Catherine leyendo el libro de Henric y viceversa. Rueda de prensa superpoblada en el Instituto Francés. Brillantísima actuación de Catherine, inteligente, aguda, esgrimista infalible. Hace frente a todas las preguntas cartesiana y risueñamente, exhibe una souplesse dialéctica similar a la manejabilidad corporal que tan satisfechamente describe en el libro. A una pregunta envenenada que no ha entendido, o que finge no entender, contesta à côté; punto y aparte. Comenta de pronto que sólo preguntan las periodistas, ¿qué pasa con ellos? Silencio incómodo, remover de sillas, al final algunos de los menos intimidados rompen el fuego. Cuando termina la rueda de prensa le digo a Catherine que una periodista muy católica ha comentado que “a Herralde se le
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El libro, ya muy esperado, aparece en España en noviembre y Catherine visita Barcelona, acompañada por su marido Jacques Henric, ex pilar de Tel Quel, novelista (algunas heroínas de sus libros están inspiradas en su mujer), bon vivant evidente, socarrón, que ha publicado simultáneamente un libro de fotografías de desnudos de Catherine que recorren treinta años, acompañados “de una reflexión muy referenciada sobre la mujer, que muestra, el hombre, que mira, y el dispositivo que esto supone” (Luc le Vaillant, Libération). En una fotografía que la prensa reproduce con frecuencia, están ambos desnudos en la cama, bajo una púdica sábana, Catherine leyendo el libro de Henric y viceversa. Rueda de prensa superpoblada en el Instituto Francés. Brillantísima actuación de Catherine, inteligente, aguda, esgrimista infalible. Hace frente a todas las preguntas cartesiana y risueñamente, exhibe una souplesse dialéctica similar a la manejabilidad corporal que tan satisfechamente describe en el libro. A una pregunta envenenada que no ha entendido, o que finge no entender, contesta à côté; punto y aparte. Comenta de pronto que sólo preguntan las periodistas, ¿qué pasa con ellos? Silencio incómodo, remover de sillas, al final algunos de los menos intimidados rompen el fuego. Cuando termina la rueda de prensa le digo a Catherine que una periodista muy católica ha comentado que “a Herralde se le
El libro, ya muy esperado, aparece en España en noviembre y Catherine visita Barcelona, acompañada por su marido Jacques Henric, ex pilar de Tel Quel, novelista (algunas heroínas de sus libros están inspiradas en su mujer), bon vivant evidente, socarrón, que ha publicado simultáneamente un libro de fotografías de desnudos de Catherine que recorren treinta años, acompañados “de una reflexión muy referenciada sobre la mujer, que muestra, el hombre, que mira, y el dispositivo que esto supone” (Luc le Vaillant, Libération). En una fotografía que la prensa reproduce con frecuencia, están ambos desnudos en la cama, bajo una púdica sábana, Catherine leyendo el libro de Henric y viceversa. Rueda de prensa superpoblada en el Instituto Francés. Brillantísima actuación de Catherine, inteligente, aguda, esgrimista infalible. Hace frente a todas las preguntas cartesiana y risueñamente, exhibe una souplesse dialéctica similar a la manejabilidad corporal que tan satisfechamente describe en el libro. A una pregunta envenenada que no ha entendido, o que finge no entender, contesta à côté; punto y aparte. Comenta de pronto que sólo preguntan las periodistas, ¿qué pasa con ellos? Silencio incómodo, remover de sillas, al final algunos de los menos intimidados rompen el fuego. Cuando termina la rueda de prensa le digo a Catherine que una periodista muy católica ha comentado que “a Herralde se le
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ha ido la olla” por publicar ese libro. Ella se echa a reír y dice que la periodista debe de conocer muy poco el catálogo de Anagrama. En efecto, no escasean las bad girls: Marie Darrieussecq, Simona Vinci, Virginie Despentes, A. M. Homes, Christiane Rochefort, Jean Rhys, Jane Bowles, y así llegaríamos hasta Colette. Por no mencionar a nuestro “viejo indecente” de cabecera, Bukowski. Por la tarde, presentación en la sala grande del Instituto, también mucho más poblada que de costumbre. Para presentar el libro habíamos pensado en primer lugar en Victoria Combalía, conocida crítica de arte, “curatora”, etc., etc., amiga de Catherine (“En París a menudo nos confunden”, comenta Vicky muy contenta). Pero cuando se confirma el día nos dice, apenada, que tiene un compromiso ineludible en el Museo Reina Sofía, por lo que recurrimos a la primera alternativa prevista, Ignacio Vidal-Folch. Éste había escrito un interesante artículo sobre el fenómeno Millet en la revista Tiempo, y es autor de una interesante novela, La cabeza de plástico, sobre el mundillo del arte contemporáneo más avanzado, que conoce bien. Tras un parlamento del anfitrión, Philippe Reliquet, director del Instituto, Ignacio hace una presentación muy competente, Catherine de nuevo estupenda y muchas preguntas del intrigado público. Hacia el final, un joven asistente pide el micrófono, dice que le ha gustado mucho el libro pero
ha ido la olla” por publicar ese libro. Ella se echa a reír y dice que la periodista debe de conocer muy poco el catálogo de Anagrama. En efecto, no escasean las bad girls: Marie Darrieussecq, Simona Vinci, Virginie Despentes, A. M. Homes, Christiane Rochefort, Jean Rhys, Jane Bowles, y así llegaríamos hasta Colette. Por no mencionar a nuestro “viejo indecente” de cabecera, Bukowski. Por la tarde, presentación en la sala grande del Instituto, también mucho más poblada que de costumbre. Para presentar el libro habíamos pensado en primer lugar en Victoria Combalía, conocida crítica de arte, “curatora”, etc., etc., amiga de Catherine (“En París a menudo nos confunden”, comenta Vicky muy contenta). Pero cuando se confirma el día nos dice, apenada, que tiene un compromiso ineludible en el Museo Reina Sofía, por lo que recurrimos a la primera alternativa prevista, Ignacio Vidal-Folch. Éste había escrito un interesante artículo sobre el fenómeno Millet en la revista Tiempo, y es autor de una interesante novela, La cabeza de plástico, sobre el mundillo del arte contemporáneo más avanzado, que conoce bien. Tras un parlamento del anfitrión, Philippe Reliquet, director del Instituto, Ignacio hace una presentación muy competente, Catherine de nuevo estupenda y muchas preguntas del intrigado público. Hacia el final, un joven asistente pide el micrófono, dice que le ha gustado mucho el libro pero
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ha ido la olla” por publicar ese libro. Ella se echa a reír y dice que la periodista debe de conocer muy poco el catálogo de Anagrama. En efecto, no escasean las bad girls: Marie Darrieussecq, Simona Vinci, Virginie Despentes, A. M. Homes, Christiane Rochefort, Jean Rhys, Jane Bowles, y así llegaríamos hasta Colette. Por no mencionar a nuestro “viejo indecente” de cabecera, Bukowski. Por la tarde, presentación en la sala grande del Instituto, también mucho más poblada que de costumbre. Para presentar el libro habíamos pensado en primer lugar en Victoria Combalía, conocida crítica de arte, “curatora”, etc., etc., amiga de Catherine (“En París a menudo nos confunden”, comenta Vicky muy contenta). Pero cuando se confirma el día nos dice, apenada, que tiene un compromiso ineludible en el Museo Reina Sofía, por lo que recurrimos a la primera alternativa prevista, Ignacio Vidal-Folch. Éste había escrito un interesante artículo sobre el fenómeno Millet en la revista Tiempo, y es autor de una interesante novela, La cabeza de plástico, sobre el mundillo del arte contemporáneo más avanzado, que conoce bien. Tras un parlamento del anfitrión, Philippe Reliquet, director del Instituto, Ignacio hace una presentación muy competente, Catherine de nuevo estupenda y muchas preguntas del intrigado público. Hacia el final, un joven asistente pide el micrófono, dice que le ha gustado mucho el libro pero
ha ido la olla” por publicar ese libro. Ella se echa a reír y dice que la periodista debe de conocer muy poco el catálogo de Anagrama. En efecto, no escasean las bad girls: Marie Darrieussecq, Simona Vinci, Virginie Despentes, A. M. Homes, Christiane Rochefort, Jean Rhys, Jane Bowles, y así llegaríamos hasta Colette. Por no mencionar a nuestro “viejo indecente” de cabecera, Bukowski. Por la tarde, presentación en la sala grande del Instituto, también mucho más poblada que de costumbre. Para presentar el libro habíamos pensado en primer lugar en Victoria Combalía, conocida crítica de arte, “curatora”, etc., etc., amiga de Catherine (“En París a menudo nos confunden”, comenta Vicky muy contenta). Pero cuando se confirma el día nos dice, apenada, que tiene un compromiso ineludible en el Museo Reina Sofía, por lo que recurrimos a la primera alternativa prevista, Ignacio Vidal-Folch. Éste había escrito un interesante artículo sobre el fenómeno Millet en la revista Tiempo, y es autor de una interesante novela, La cabeza de plástico, sobre el mundillo del arte contemporáneo más avanzado, que conoce bien. Tras un parlamento del anfitrión, Philippe Reliquet, director del Instituto, Ignacio hace una presentación muy competente, Catherine de nuevo estupenda y muchas preguntas del intrigado público. Hacia el final, un joven asistente pide el micrófono, dice que le ha gustado mucho el libro pero
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que le ha parecido advertir, en las últimas páginas, unas gotas de ternura, lo que le ha defraudado. Catherine se ríe, muy divertida: “Nunca me habían acusado de eso”. Alguien comenta que el joven destroyer es gay: parece que el libro ha tenido muchos lectores gays, no insensibles ante el paisaje de vergas enhiestas a las que debe pacificar la solícita Catherine M. Cenamos luego en casa de los Reliquet, en el ático del edificio del Instituto. Muchos chismes parisinos a cargo de Catherine y Henric, da mucho juego Phillipe Sollers, inveterado polígamo —mujeres, ideologías— y monógamo recalcitrante de sí mismo, especulaciones sobre los protagonistas de escenas eróticas del libro que tuvieron lugar en Barcelona, anécdotas sobre las giras promocionales. A Catherine, fresca como una rosa tras una jornada agotadora y además recién aterrizada de su tournée portuguesa, le encantan estos viajes, dice que quizá escriba un libro a partir de estas experiencias. Y se va de Barcelona muy contenta, con el libro instalado en la lista de bestsellers. Curiosamente, en algunas figura como “no ficción” mientras que en otras en “ficción”, ¿acaso consideran que la autora fabula? (Contabilidad: 49 amantes con nombre y rostro, centenares de atletas sexuales anónimos —objetos mutuos de placer—).
que le ha parecido advertir, en las últimas páginas, unas gotas de ternura, lo que le ha defraudado. Catherine se ríe, muy divertida: “Nunca me habían acusado de eso”. Alguien comenta que el joven destroyer es gay: parece que el libro ha tenido muchos lectores gays, no insensibles ante el paisaje de vergas enhiestas a las que debe pacificar la solícita Catherine M. Cenamos luego en casa de los Reliquet, en el ático del edificio del Instituto. Muchos chismes parisinos a cargo de Catherine y Henric, da mucho juego Phillipe Sollers, inveterado polígamo —mujeres, ideologías— y monógamo recalcitrante de sí mismo, especulaciones sobre los protagonistas de escenas eróticas del libro que tuvieron lugar en Barcelona, anécdotas sobre las giras promocionales. A Catherine, fresca como una rosa tras una jornada agotadora y además recién aterrizada de su tournée portuguesa, le encantan estos viajes, dice que quizá escriba un libro a partir de estas experiencias. Y se va de Barcelona muy contenta, con el libro instalado en la lista de bestsellers. Curiosamente, en algunas figura como “no ficción” mientras que en otras en “ficción”, ¿acaso consideran que la autora fabula? (Contabilidad: 49 amantes con nombre y rostro, centenares de atletas sexuales anónimos —objetos mutuos de placer—).
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que le ha parecido advertir, en las últimas páginas, unas gotas de ternura, lo que le ha defraudado. Catherine se ríe, muy divertida: “Nunca me habían acusado de eso”. Alguien comenta que el joven destroyer es gay: parece que el libro ha tenido muchos lectores gays, no insensibles ante el paisaje de vergas enhiestas a las que debe pacificar la solícita Catherine M. Cenamos luego en casa de los Reliquet, en el ático del edificio del Instituto. Muchos chismes parisinos a cargo de Catherine y Henric, da mucho juego Phillipe Sollers, inveterado polígamo —mujeres, ideologías— y monógamo recalcitrante de sí mismo, especulaciones sobre los protagonistas de escenas eróticas del libro que tuvieron lugar en Barcelona, anécdotas sobre las giras promocionales. A Catherine, fresca como una rosa tras una jornada agotadora y además recién aterrizada de su tournée portuguesa, le encantan estos viajes, dice que quizá escriba un libro a partir de estas experiencias. Y se va de Barcelona muy contenta, con el libro instalado en la lista de bestsellers. Curiosamente, en algunas figura como “no ficción” mientras que en otras en “ficción”, ¿acaso consideran que la autora fabula? (Contabilidad: 49 amantes con nombre y rostro, centenares de atletas sexuales anónimos —objetos mutuos de placer—).
que le ha parecido advertir, en las últimas páginas, unas gotas de ternura, lo que le ha defraudado. Catherine se ríe, muy divertida: “Nunca me habían acusado de eso”. Alguien comenta que el joven destroyer es gay: parece que el libro ha tenido muchos lectores gays, no insensibles ante el paisaje de vergas enhiestas a las que debe pacificar la solícita Catherine M. Cenamos luego en casa de los Reliquet, en el ático del edificio del Instituto. Muchos chismes parisinos a cargo de Catherine y Henric, da mucho juego Phillipe Sollers, inveterado polígamo —mujeres, ideologías— y monógamo recalcitrante de sí mismo, especulaciones sobre los protagonistas de escenas eróticas del libro que tuvieron lugar en Barcelona, anécdotas sobre las giras promocionales. A Catherine, fresca como una rosa tras una jornada agotadora y además recién aterrizada de su tournée portuguesa, le encantan estos viajes, dice que quizá escriba un libro a partir de estas experiencias. Y se va de Barcelona muy contenta, con el libro instalado en la lista de bestsellers. Curiosamente, en algunas figura como “no ficción” mientras que en otras en “ficción”, ¿acaso consideran que la autora fabula? (Contabilidad: 49 amantes con nombre y rostro, centenares de atletas sexuales anónimos —objetos mutuos de placer—).
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“Mojada era una estrella”: así definió el productor Joe Pasternak a Esther Williams, la actriz cinematográfica —Escuela de sirenas— tan famosa en los años cincuenta y sesenta por sus acrobacias acuáticas. Y, sin duda, otra húmeda y acrobática estrella es Catherine M., incansable sex machine, tal como nos cuenta su alter ego Catherine Millet.
“Mojada era una estrella”: así definió el productor Joe Pasternak a Esther Williams, la actriz cinematográfica —Escuela de sirenas— tan famosa en los años cincuenta y sesenta por sus acrobacias acuáticas. Y, sin duda, otra húmeda y acrobática estrella es Catherine M., incansable sex machine, tal como nos cuenta su alter ego Catherine Millet.
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“Mojada era una estrella”: así definió el productor Joe Pasternak a Esther Williams, la actriz cinematográfica —Escuela de sirenas— tan famosa en los años cincuenta y sesenta por sus acrobacias acuáticas. Y, sin duda, otra húmeda y acrobática estrella es Catherine M., incansable sex machine, tal como nos cuenta su alter ego Catherine Millet.
“Mojada era una estrella”: así definió el productor Joe Pasternak a Esther Williams, la actriz cinematográfica —Escuela de sirenas— tan famosa en los años cincuenta y sesenta por sus acrobacias acuáticas. Y, sin duda, otra húmeda y acrobática estrella es Catherine M., incansable sex machine, tal como nos cuenta su alter ego Catherine Millet.
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Arundhati Roy.
Arundhati Roy.
Arundhati Roy.
Arundhati Roy.
Enhorabuena, Arundhati*
Enhorabuena, Arundhati*
Primero fue un manuscrito. O, más exactamente, la algarabía que lo precedió en estos tiempos acelerados de la edición: había nacido una estrella en la India, la autora de una primera novela deslumbrante, The God of Small Things, que sin duda se convertiría en un bestseller. Y la novela era, en efecto, deslumbrante, pero la segunda hipótesis no parecía tan obvia: los primeros capítulos, sin ser de lectura ardua, tampoco tenían esa textura de autopista alisada común a tantas novelas de previsible gran venta. En cualquier caso, aposté fuerte y Anagrama ganó la subasta. Los resultados fueron espectaculares en todos los países, un típico fenómeno de “bola de nieve”, y la edición española fue uno de sus mayores éxitos: más de 200 000 ejemplares hasta la fe-
Primero fue un manuscrito. O, más exactamente, la algarabía que lo precedió en estos tiempos acelerados de la edición: había nacido una estrella en la India, la autora de una primera novela deslumbrante, The God of Small Things, que sin duda se convertiría en un bestseller. Y la novela era, en efecto, deslumbrante, pero la segunda hipótesis no parecía tan obvia: los primeros capítulos, sin ser de lectura ardua, tampoco tenían esa textura de autopista alisada común a tantas novelas de previsible gran venta. En cualquier caso, aposté fuerte y Anagrama ganó la subasta. Los resultados fueron espectaculares en todos los países, un típico fenómeno de “bola de nieve”, y la edición española fue uno de sus mayores éxitos: más de 200 000 ejemplares hasta la fe-
* Texto publicado en El Mundo, 28 de noviembre de 2002.
* Texto publicado en El Mundo, 28 de noviembre de 2002.
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Enhorabuena, Arundhati*
Enhorabuena, Arundhati*
Primero fue un manuscrito. O, más exactamente, la algarabía que lo precedió en estos tiempos acelerados de la edición: había nacido una estrella en la India, la autora de una primera novela deslumbrante, The God of Small Things, que sin duda se convertiría en un bestseller. Y la novela era, en efecto, deslumbrante, pero la segunda hipótesis no parecía tan obvia: los primeros capítulos, sin ser de lectura ardua, tampoco tenían esa textura de autopista alisada común a tantas novelas de previsible gran venta. En cualquier caso, aposté fuerte y Anagrama ganó la subasta. Los resultados fueron espectaculares en todos los países, un típico fenómeno de “bola de nieve”, y la edición española fue uno de sus mayores éxitos: más de 200 000 ejemplares hasta la fe-
Primero fue un manuscrito. O, más exactamente, la algarabía que lo precedió en estos tiempos acelerados de la edición: había nacido una estrella en la India, la autora de una primera novela deslumbrante, The God of Small Things, que sin duda se convertiría en un bestseller. Y la novela era, en efecto, deslumbrante, pero la segunda hipótesis no parecía tan obvia: los primeros capítulos, sin ser de lectura ardua, tampoco tenían esa textura de autopista alisada común a tantas novelas de previsible gran venta. En cualquier caso, aposté fuerte y Anagrama ganó la subasta. Los resultados fueron espectaculares en todos los países, un típico fenómeno de “bola de nieve”, y la edición española fue uno de sus mayores éxitos: más de 200 000 ejemplares hasta la fe-
* Texto publicado en El Mundo, 28 de noviembre de 2002.
* Texto publicado en El Mundo, 28 de noviembre de 2002.
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cha. Y también ganó, en su primera convocatoria, el premio de los lectores de la revista Qué Leer a la mejor novela traducida del año. Primer contacto personal: en la Feria de Frankfurt de 1997, su editor alemán Karl Blessing organiza un cóctel en honor de la autora, en su salón del Hessischer Hof, con todos sus editores internacionales. Aparece Arundhati Roy, menuda, muy atractiva, ojos intensísimos, sari sofisticado. Todos los editores embelesados, incluso Antoine Gallimard, de conocida inexpresividad. Si bien recuerdo, en un viaje de Antoine a la India, ante la negativa de Arundhati a acudir a una recepción oficial, el editor consiguió ser invitado a cenar en casa de ella. El dios de las pequeñas cosas, con el requisito, por contrato, de la misma fotografía en la portada en todas las ediciones, despegó muy bien y estuvo además apoyado por la visita de la autora. Por cierto, lo primero que hizo Arundhati Roy en Barcelona, sin deshacer siquiera las maletas, fue visitar edificios de Gaudí, que sólo conocía por fotografías, de su época de estudiante de arquitectura. Tanto en la rueda de prensa como en las entrevistas, Arundhati estuvo perfecta: lista, rápida, sonriente y vivaz, lo contrario del escritor que parece estar con el piloto automático y contesta con un repertorio de clichés. Y los fotógrafos aún más enamorados de su admirable fotogenia. Pero aun comportándose como una perfecta profesional, también
cha. Y también ganó, en su primera convocatoria, el premio de los lectores de la revista Qué Leer a la mejor novela traducida del año. Primer contacto personal: en la Feria de Frankfurt de 1997, su editor alemán Karl Blessing organiza un cóctel en honor de la autora, en su salón del Hessischer Hof, con todos sus editores internacionales. Aparece Arundhati Roy, menuda, muy atractiva, ojos intensísimos, sari sofisticado. Todos los editores embelesados, incluso Antoine Gallimard, de conocida inexpresividad. Si bien recuerdo, en un viaje de Antoine a la India, ante la negativa de Arundhati a acudir a una recepción oficial, el editor consiguió ser invitado a cenar en casa de ella. El dios de las pequeñas cosas, con el requisito, por contrato, de la misma fotografía en la portada en todas las ediciones, despegó muy bien y estuvo además apoyado por la visita de la autora. Por cierto, lo primero que hizo Arundhati Roy en Barcelona, sin deshacer siquiera las maletas, fue visitar edificios de Gaudí, que sólo conocía por fotografías, de su época de estudiante de arquitectura. Tanto en la rueda de prensa como en las entrevistas, Arundhati estuvo perfecta: lista, rápida, sonriente y vivaz, lo contrario del escritor que parece estar con el piloto automático y contesta con un repertorio de clichés. Y los fotógrafos aún más enamorados de su admirable fotogenia. Pero aun comportándose como una perfecta profesional, también
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cha. Y también ganó, en su primera convocatoria, el premio de los lectores de la revista Qué Leer a la mejor novela traducida del año. Primer contacto personal: en la Feria de Frankfurt de 1997, su editor alemán Karl Blessing organiza un cóctel en honor de la autora, en su salón del Hessischer Hof, con todos sus editores internacionales. Aparece Arundhati Roy, menuda, muy atractiva, ojos intensísimos, sari sofisticado. Todos los editores embelesados, incluso Antoine Gallimard, de conocida inexpresividad. Si bien recuerdo, en un viaje de Antoine a la India, ante la negativa de Arundhati a acudir a una recepción oficial, el editor consiguió ser invitado a cenar en casa de ella. El dios de las pequeñas cosas, con el requisito, por contrato, de la misma fotografía en la portada en todas las ediciones, despegó muy bien y estuvo además apoyado por la visita de la autora. Por cierto, lo primero que hizo Arundhati Roy en Barcelona, sin deshacer siquiera las maletas, fue visitar edificios de Gaudí, que sólo conocía por fotografías, de su época de estudiante de arquitectura. Tanto en la rueda de prensa como en las entrevistas, Arundhati estuvo perfecta: lista, rápida, sonriente y vivaz, lo contrario del escritor que parece estar con el piloto automático y contesta con un repertorio de clichés. Y los fotógrafos aún más enamorados de su admirable fotogenia. Pero aun comportándose como una perfecta profesional, también
cha. Y también ganó, en su primera convocatoria, el premio de los lectores de la revista Qué Leer a la mejor novela traducida del año. Primer contacto personal: en la Feria de Frankfurt de 1997, su editor alemán Karl Blessing organiza un cóctel en honor de la autora, en su salón del Hessischer Hof, con todos sus editores internacionales. Aparece Arundhati Roy, menuda, muy atractiva, ojos intensísimos, sari sofisticado. Todos los editores embelesados, incluso Antoine Gallimard, de conocida inexpresividad. Si bien recuerdo, en un viaje de Antoine a la India, ante la negativa de Arundhati a acudir a una recepción oficial, el editor consiguió ser invitado a cenar en casa de ella. El dios de las pequeñas cosas, con el requisito, por contrato, de la misma fotografía en la portada en todas las ediciones, despegó muy bien y estuvo además apoyado por la visita de la autora. Por cierto, lo primero que hizo Arundhati Roy en Barcelona, sin deshacer siquiera las maletas, fue visitar edificios de Gaudí, que sólo conocía por fotografías, de su época de estudiante de arquitectura. Tanto en la rueda de prensa como en las entrevistas, Arundhati estuvo perfecta: lista, rápida, sonriente y vivaz, lo contrario del escritor que parece estar con el piloto automático y contesta con un repertorio de clichés. Y los fotógrafos aún más enamorados de su admirable fotogenia. Pero aun comportándose como una perfecta profesional, también
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se mostró testaruda: decidió no ponerse el sari, y no lo hizo ni un solo día, no insistan más, caballeros. Aunque, coquetería obliga, siempre tenía a mano su “bolsa de pinturas” para el maquillaje perfecto (fuente: Ana Jornet, jefa de prensa de Anagrama). Y disfrutaba de la comida y la bebida, aunque le preocupaba el sobrepeso que acechaba en los viajes promocionales. Arundhati comentó en su viaje la inquietud por la suerte de su país y la posibilidad de que ya no escribiera más novelas. En cualquier caso, nada a la vista hasta ahora. Por el contrario, se implicó a fondo en la lucha política: a raíz de la escalada de la tensión entre India y Pakistán escribió El final de la imaginación, una denuncia de la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Y subrayó: “Es una locura creer que las armas nucleares sólo son mortales si se utilizan. El hecho de que existan, su sola presencia en nuestras vidas, causará más estragos de los que podemos siquiera imaginar. Las armas nucleares impregnan nuestro pensamiento. Determinan nuestro comportamiento. Rigen nuestras sociedades. Dan contenido a nuestros sueños. Penetran como ganchos para colgar carne en la base de nuestro cerebro. Son proveedoras de locura. Son el último colonizador”. Desde entonces su militancia ha ido in crescendo, lo que le ha comportado no pocos problemas y per-
se mostró testaruda: decidió no ponerse el sari, y no lo hizo ni un solo día, no insistan más, caballeros. Aunque, coquetería obliga, siempre tenía a mano su “bolsa de pinturas” para el maquillaje perfecto (fuente: Ana Jornet, jefa de prensa de Anagrama). Y disfrutaba de la comida y la bebida, aunque le preocupaba el sobrepeso que acechaba en los viajes promocionales. Arundhati comentó en su viaje la inquietud por la suerte de su país y la posibilidad de que ya no escribiera más novelas. En cualquier caso, nada a la vista hasta ahora. Por el contrario, se implicó a fondo en la lucha política: a raíz de la escalada de la tensión entre India y Pakistán escribió El final de la imaginación, una denuncia de la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Y subrayó: “Es una locura creer que las armas nucleares sólo son mortales si se utilizan. El hecho de que existan, su sola presencia en nuestras vidas, causará más estragos de los que podemos siquiera imaginar. Las armas nucleares impregnan nuestro pensamiento. Determinan nuestro comportamiento. Rigen nuestras sociedades. Dan contenido a nuestros sueños. Penetran como ganchos para colgar carne en la base de nuestro cerebro. Son proveedoras de locura. Son el último colonizador”. Desde entonces su militancia ha ido in crescendo, lo que le ha comportado no pocos problemas y per-
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se mostró testaruda: decidió no ponerse el sari, y no lo hizo ni un solo día, no insistan más, caballeros. Aunque, coquetería obliga, siempre tenía a mano su “bolsa de pinturas” para el maquillaje perfecto (fuente: Ana Jornet, jefa de prensa de Anagrama). Y disfrutaba de la comida y la bebida, aunque le preocupaba el sobrepeso que acechaba en los viajes promocionales. Arundhati comentó en su viaje la inquietud por la suerte de su país y la posibilidad de que ya no escribiera más novelas. En cualquier caso, nada a la vista hasta ahora. Por el contrario, se implicó a fondo en la lucha política: a raíz de la escalada de la tensión entre India y Pakistán escribió El final de la imaginación, una denuncia de la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Y subrayó: “Es una locura creer que las armas nucleares sólo son mortales si se utilizan. El hecho de que existan, su sola presencia en nuestras vidas, causará más estragos de los que podemos siquiera imaginar. Las armas nucleares impregnan nuestro pensamiento. Determinan nuestro comportamiento. Rigen nuestras sociedades. Dan contenido a nuestros sueños. Penetran como ganchos para colgar carne en la base de nuestro cerebro. Son proveedoras de locura. Son el último colonizador”. Desde entonces su militancia ha ido in crescendo, lo que le ha comportado no pocos problemas y per-
se mostró testaruda: decidió no ponerse el sari, y no lo hizo ni un solo día, no insistan más, caballeros. Aunque, coquetería obliga, siempre tenía a mano su “bolsa de pinturas” para el maquillaje perfecto (fuente: Ana Jornet, jefa de prensa de Anagrama). Y disfrutaba de la comida y la bebida, aunque le preocupaba el sobrepeso que acechaba en los viajes promocionales. Arundhati comentó en su viaje la inquietud por la suerte de su país y la posibilidad de que ya no escribiera más novelas. En cualquier caso, nada a la vista hasta ahora. Por el contrario, se implicó a fondo en la lucha política: a raíz de la escalada de la tensión entre India y Pakistán escribió El final de la imaginación, una denuncia de la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Y subrayó: “Es una locura creer que las armas nucleares sólo son mortales si se utilizan. El hecho de que existan, su sola presencia en nuestras vidas, causará más estragos de los que podemos siquiera imaginar. Las armas nucleares impregnan nuestro pensamiento. Determinan nuestro comportamiento. Rigen nuestras sociedades. Dan contenido a nuestros sueños. Penetran como ganchos para colgar carne en la base de nuestro cerebro. Son proveedoras de locura. Son el último colonizador”. Desde entonces su militancia ha ido in crescendo, lo que le ha comportado no pocos problemas y per-
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cances policiacos y judiciales. Sus reportajes recogidos en El álgebra de la justicia infinita, celebrados por escritores de la talla de Noam Chomsky o Salman Rushdie, y escritos desde las trincheras contra la globalización, el nuevo orden mundial y el pensamiento único, son de una extraordinaria contundencia, de una inapelable lucidez. La demostración de un extraordinario talento periodístico, un ejemplo del mejor periodismo de investigación. Por tanto, y a pesar de que, como todos sus lectores y editores, estoy esperando una próxima novela, no puedo dejar de aplaudir con entusiasmo el coraje moral, la firmeza ideológica y la destreza periodística de la autora. Por todo ello y por este I Premio José Luis López Lacalle tan merecido, enhorabuena, querida Arundhati.
cances policiacos y judiciales. Sus reportajes recogidos en El álgebra de la justicia infinita, celebrados por escritores de la talla de Noam Chomsky o Salman Rushdie, y escritos desde las trincheras contra la globalización, el nuevo orden mundial y el pensamiento único, son de una extraordinaria contundencia, de una inapelable lucidez. La demostración de un extraordinario talento periodístico, un ejemplo del mejor periodismo de investigación. Por tanto, y a pesar de que, como todos sus lectores y editores, estoy esperando una próxima novela, no puedo dejar de aplaudir con entusiasmo el coraje moral, la firmeza ideológica y la destreza periodística de la autora. Por todo ello y por este I Premio José Luis López Lacalle tan merecido, enhorabuena, querida Arundhati.
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cances policiacos y judiciales. Sus reportajes recogidos en El álgebra de la justicia infinita, celebrados por escritores de la talla de Noam Chomsky o Salman Rushdie, y escritos desde las trincheras contra la globalización, el nuevo orden mundial y el pensamiento único, son de una extraordinaria contundencia, de una inapelable lucidez. La demostración de un extraordinario talento periodístico, un ejemplo del mejor periodismo de investigación. Por tanto, y a pesar de que, como todos sus lectores y editores, estoy esperando una próxima novela, no puedo dejar de aplaudir con entusiasmo el coraje moral, la firmeza ideológica y la destreza periodística de la autora. Por todo ello y por este I Premio José Luis López Lacalle tan merecido, enhorabuena, querida Arundhati.
cances policiacos y judiciales. Sus reportajes recogidos en El álgebra de la justicia infinita, celebrados por escritores de la talla de Noam Chomsky o Salman Rushdie, y escritos desde las trincheras contra la globalización, el nuevo orden mundial y el pensamiento único, son de una extraordinaria contundencia, de una inapelable lucidez. La demostración de un extraordinario talento periodístico, un ejemplo del mejor periodismo de investigación. Por tanto, y a pesar de que, como todos sus lectores y editores, estoy esperando una próxima novela, no puedo dejar de aplaudir con entusiasmo el coraje moral, la firmeza ideológica y la destreza periodística de la autora. Por todo ello y por este I Premio José Luis López Lacalle tan merecido, enhorabuena, querida Arundhati.
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Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano*
Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano*
Mi más cordial bienvenida al extraordinario escritor y buen amigo Antonio Tabucchi, que nos acompaña para la presentación de su nueva y magnífica novela, sorprendente e inesperada, Se está haciendo cada vez más tarde. Antonio acaba de llegar de París, donde el sábado pasado participó, en el Teatro del Odeón, junto con Bertolucci, Scola, Consolo, Vattimo y otros intelectuales italianos, en un coloquio titulado “Pericoloso sporgersi. ¿Dónde va Italia?”, en torno a la situación de Italia después de la victoria de Berlusconi. Antes que nada, quería subrayar la actitud política de Antonio, un experto en hacer sonar el tim-
Mi más cordial bienvenida al extraordinario escritor y buen amigo Antonio Tabucchi, que nos acompaña para la presentación de su nueva y magnífica novela, sorprendente e inesperada, Se está haciendo cada vez más tarde. Antonio acaba de llegar de París, donde el sábado pasado participó, en el Teatro del Odeón, junto con Bertolucci, Scola, Consolo, Vattimo y otros intelectuales italianos, en un coloquio titulado “Pericoloso sporgersi. ¿Dónde va Italia?”, en torno a la situación de Italia después de la victoria de Berlusconi. Antes que nada, quería subrayar la actitud política de Antonio, un experto en hacer sonar el tim-
* Texto leído en la presentación, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, de su novela Se está haciendo cada vez más tarde, 18 de marzo de 2002.
* Texto leído en la presentación, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, de su novela Se está haciendo cada vez más tarde, 18 de marzo de 2002.
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Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano*
Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano*
Mi más cordial bienvenida al extraordinario escritor y buen amigo Antonio Tabucchi, que nos acompaña para la presentación de su nueva y magnífica novela, sorprendente e inesperada, Se está haciendo cada vez más tarde. Antonio acaba de llegar de París, donde el sábado pasado participó, en el Teatro del Odeón, junto con Bertolucci, Scola, Consolo, Vattimo y otros intelectuales italianos, en un coloquio titulado “Pericoloso sporgersi. ¿Dónde va Italia?”, en torno a la situación de Italia después de la victoria de Berlusconi. Antes que nada, quería subrayar la actitud política de Antonio, un experto en hacer sonar el tim-
Mi más cordial bienvenida al extraordinario escritor y buen amigo Antonio Tabucchi, que nos acompaña para la presentación de su nueva y magnífica novela, sorprendente e inesperada, Se está haciendo cada vez más tarde. Antonio acaba de llegar de París, donde el sábado pasado participó, en el Teatro del Odeón, junto con Bertolucci, Scola, Consolo, Vattimo y otros intelectuales italianos, en un coloquio titulado “Pericoloso sporgersi. ¿Dónde va Italia?”, en torno a la situación de Italia después de la victoria de Berlusconi. Antes que nada, quería subrayar la actitud política de Antonio, un experto en hacer sonar el tim-
* Texto leído en la presentación, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, de su novela Se está haciendo cada vez más tarde, 18 de marzo de 2002.
* Texto leído en la presentación, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, de su novela Se está haciendo cada vez más tarde, 18 de marzo de 2002.
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Con Tabucchi, Mercedes Monmany, Enrique Vila-Matas y Carlos Gumpert
Con Tabucchi, Mercedes Monmany, Enrique Vila-Matas y Carlos Gumpert
Con Tabucchi, Mercedes Monmany, Enrique Vila-Matas y Carlos Gumpert
Con Tabucchi, Mercedes Monmany, Enrique Vila-Matas y Carlos Gumpert
bre de alarma, uno de los precursores en alertar respecto a las nefastas consecuencias del actual gobierno italiano. Hace ya bastantes meses publicó una durísima requisitoria contra Berlusconi: para dar una idea del control o el temor que éste inspira, el artículo de Tabucchi no encontró acogida en los grandes periódicos italianos —ni en Corriere della Sera, ni en La Stampa, ni siquiera en La Repubblica— y tuvo que ser publicado en Micromega, la excelente pero minoritaria revista que dirige Paolo Flores d’Arcais. Por fortuna, los tentáculos de Berlusconi no llegaron ni a Francia, donde lo publicó Le Monde, ni a España, donde lo publicó El País. A raíz de esto, un grupo de periodistas barceloneses le dio el Premio Josep Maria Lladó a la libertad de expresión que Antonio recogió el pasado julio. En estos últimos tiempos, Tabucchi, siempre alerta, ha denunciado unas declaraciones del presidente italiano Ciampi que parecían absolver a los fascistas del Estado fantoche de Saló, creado en 1943, tras la rendición de Italia a los aliados. También las arrogancias del poder político contra el sistema judicial, entre otras que un jefe de gobierno pueda cambiar las reglas de la justicia con las que tiene problemas, como es el caso de Berlusconi, o la manipulación de la operación Mani pulite, lanzada en febrero de 1992 por los jueces de Milán contra la corrupción del mundo político. Precisamente en Micromega, Tabucchi y el procurador general de la
bre de alarma, uno de los precursores en alertar respecto a las nefastas consecuencias del actual gobierno italiano. Hace ya bastantes meses publicó una durísima requisitoria contra Berlusconi: para dar una idea del control o el temor que éste inspira, el artículo de Tabucchi no encontró acogida en los grandes periódicos italianos —ni en Corriere della Sera, ni en La Stampa, ni siquiera en La Repubblica— y tuvo que ser publicado en Micromega, la excelente pero minoritaria revista que dirige Paolo Flores d’Arcais. Por fortuna, los tentáculos de Berlusconi no llegaron ni a Francia, donde lo publicó Le Monde, ni a España, donde lo publicó El País. A raíz de esto, un grupo de periodistas barceloneses le dio el Premio Josep Maria Lladó a la libertad de expresión que Antonio recogió el pasado julio. En estos últimos tiempos, Tabucchi, siempre alerta, ha denunciado unas declaraciones del presidente italiano Ciampi que parecían absolver a los fascistas del Estado fantoche de Saló, creado en 1943, tras la rendición de Italia a los aliados. También las arrogancias del poder político contra el sistema judicial, entre otras que un jefe de gobierno pueda cambiar las reglas de la justicia con las que tiene problemas, como es el caso de Berlusconi, o la manipulación de la operación Mani pulite, lanzada en febrero de 1992 por los jueces de Milán contra la corrupción del mundo político. Precisamente en Micromega, Tabucchi y el procurador general de la
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bre de alarma, uno de los precursores en alertar respecto a las nefastas consecuencias del actual gobierno italiano. Hace ya bastantes meses publicó una durísima requisitoria contra Berlusconi: para dar una idea del control o el temor que éste inspira, el artículo de Tabucchi no encontró acogida en los grandes periódicos italianos —ni en Corriere della Sera, ni en La Stampa, ni siquiera en La Repubblica— y tuvo que ser publicado en Micromega, la excelente pero minoritaria revista que dirige Paolo Flores d’Arcais. Por fortuna, los tentáculos de Berlusconi no llegaron ni a Francia, donde lo publicó Le Monde, ni a España, donde lo publicó El País. A raíz de esto, un grupo de periodistas barceloneses le dio el Premio Josep Maria Lladó a la libertad de expresión que Antonio recogió el pasado julio. En estos últimos tiempos, Tabucchi, siempre alerta, ha denunciado unas declaraciones del presidente italiano Ciampi que parecían absolver a los fascistas del Estado fantoche de Saló, creado en 1943, tras la rendición de Italia a los aliados. También las arrogancias del poder político contra el sistema judicial, entre otras que un jefe de gobierno pueda cambiar las reglas de la justicia con las que tiene problemas, como es el caso de Berlusconi, o la manipulación de la operación Mani pulite, lanzada en febrero de 1992 por los jueces de Milán contra la corrupción del mundo político. Precisamente en Micromega, Tabucchi y el procurador general de la
bre de alarma, uno de los precursores en alertar respecto a las nefastas consecuencias del actual gobierno italiano. Hace ya bastantes meses publicó una durísima requisitoria contra Berlusconi: para dar una idea del control o el temor que éste inspira, el artículo de Tabucchi no encontró acogida en los grandes periódicos italianos —ni en Corriere della Sera, ni en La Stampa, ni siquiera en La Repubblica— y tuvo que ser publicado en Micromega, la excelente pero minoritaria revista que dirige Paolo Flores d’Arcais. Por fortuna, los tentáculos de Berlusconi no llegaron ni a Francia, donde lo publicó Le Monde, ni a España, donde lo publicó El País. A raíz de esto, un grupo de periodistas barceloneses le dio el Premio Josep Maria Lladó a la libertad de expresión que Antonio recogió el pasado julio. En estos últimos tiempos, Tabucchi, siempre alerta, ha denunciado unas declaraciones del presidente italiano Ciampi que parecían absolver a los fascistas del Estado fantoche de Saló, creado en 1943, tras la rendición de Italia a los aliados. También las arrogancias del poder político contra el sistema judicial, entre otras que un jefe de gobierno pueda cambiar las reglas de la justicia con las que tiene problemas, como es el caso de Berlusconi, o la manipulación de la operación Mani pulite, lanzada en febrero de 1992 por los jueces de Milán contra la corrupción del mundo político. Precisamente en Micromega, Tabucchi y el procurador general de la
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República italiana, Saverio Borelli, se ocupan en “La justicia y sus alrededores” del actual panorama de la clase política y financiera italiana. Berlusconi, con la falacia de “despolitizar” la justicia, está llevando a cabo una “politización mayor”. Un posible resumen: por una parte, cómo la falta de cultura de Berlusconi, que controla gran parte de los mass media italianos, así como editoriales de la importancia de Mondadori y Einaudi, puede poner gravemente en peligro la cultura de Italia; y por otra, cómo, promulgando una serie de leyes, Berlusconi ha empezado a transformar las reglas democráticas gracias a las cuales ha sido elegido y cómo esto puede conducir a un totalitarismo más o menos maquillado. Por lo demás, este interés del escritor y ciudadano Tabucchi por las cuestiones políticas y sociales no es precisamente nuevo. Ahí están sus tomas de posición contra la xenofobia, a favor de los gitanos, de Kosovo, de Timor Oriental o su defensa de Adriano Sofri, el antiguo dirigente del movimiento izquierdista Lotta Continua encarcelado sin pruebas, declarado culpable del asesinato de un comisario de policía en 1977 y condenado a 22 años de cárcel. Tabucchi, junto con Dario Fo y Carlo Ginsburg, empezó una movilización, y actualmente el “caso Sofri” se está examinando en el parlamento de Estrasburgo. También el caso Sofri está presente en su libro de ensayos políticos La gastritis de
República italiana, Saverio Borelli, se ocupan en “La justicia y sus alrededores” del actual panorama de la clase política y financiera italiana. Berlusconi, con la falacia de “despolitizar” la justicia, está llevando a cabo una “politización mayor”. Un posible resumen: por una parte, cómo la falta de cultura de Berlusconi, que controla gran parte de los mass media italianos, así como editoriales de la importancia de Mondadori y Einaudi, puede poner gravemente en peligro la cultura de Italia; y por otra, cómo, promulgando una serie de leyes, Berlusconi ha empezado a transformar las reglas democráticas gracias a las cuales ha sido elegido y cómo esto puede conducir a un totalitarismo más o menos maquillado. Por lo demás, este interés del escritor y ciudadano Tabucchi por las cuestiones políticas y sociales no es precisamente nuevo. Ahí están sus tomas de posición contra la xenofobia, a favor de los gitanos, de Kosovo, de Timor Oriental o su defensa de Adriano Sofri, el antiguo dirigente del movimiento izquierdista Lotta Continua encarcelado sin pruebas, declarado culpable del asesinato de un comisario de policía en 1977 y condenado a 22 años de cárcel. Tabucchi, junto con Dario Fo y Carlo Ginsburg, empezó una movilización, y actualmente el “caso Sofri” se está examinando en el parlamento de Estrasburgo. También el caso Sofri está presente en su libro de ensayos políticos La gastritis de
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República italiana, Saverio Borelli, se ocupan en “La justicia y sus alrededores” del actual panorama de la clase política y financiera italiana. Berlusconi, con la falacia de “despolitizar” la justicia, está llevando a cabo una “politización mayor”. Un posible resumen: por una parte, cómo la falta de cultura de Berlusconi, que controla gran parte de los mass media italianos, así como editoriales de la importancia de Mondadori y Einaudi, puede poner gravemente en peligro la cultura de Italia; y por otra, cómo, promulgando una serie de leyes, Berlusconi ha empezado a transformar las reglas democráticas gracias a las cuales ha sido elegido y cómo esto puede conducir a un totalitarismo más o menos maquillado. Por lo demás, este interés del escritor y ciudadano Tabucchi por las cuestiones políticas y sociales no es precisamente nuevo. Ahí están sus tomas de posición contra la xenofobia, a favor de los gitanos, de Kosovo, de Timor Oriental o su defensa de Adriano Sofri, el antiguo dirigente del movimiento izquierdista Lotta Continua encarcelado sin pruebas, declarado culpable del asesinato de un comisario de policía en 1977 y condenado a 22 años de cárcel. Tabucchi, junto con Dario Fo y Carlo Ginsburg, empezó una movilización, y actualmente el “caso Sofri” se está examinando en el parlamento de Estrasburgo. También el caso Sofri está presente en su libro de ensayos políticos La gastritis de
República italiana, Saverio Borelli, se ocupan en “La justicia y sus alrededores” del actual panorama de la clase política y financiera italiana. Berlusconi, con la falacia de “despolitizar” la justicia, está llevando a cabo una “politización mayor”. Un posible resumen: por una parte, cómo la falta de cultura de Berlusconi, que controla gran parte de los mass media italianos, así como editoriales de la importancia de Mondadori y Einaudi, puede poner gravemente en peligro la cultura de Italia; y por otra, cómo, promulgando una serie de leyes, Berlusconi ha empezado a transformar las reglas democráticas gracias a las cuales ha sido elegido y cómo esto puede conducir a un totalitarismo más o menos maquillado. Por lo demás, este interés del escritor y ciudadano Tabucchi por las cuestiones políticas y sociales no es precisamente nuevo. Ahí están sus tomas de posición contra la xenofobia, a favor de los gitanos, de Kosovo, de Timor Oriental o su defensa de Adriano Sofri, el antiguo dirigente del movimiento izquierdista Lotta Continua encarcelado sin pruebas, declarado culpable del asesinato de un comisario de policía en 1977 y condenado a 22 años de cárcel. Tabucchi, junto con Dario Fo y Carlo Ginsburg, empezó una movilización, y actualmente el “caso Sofri” se está examinando en el parlamento de Estrasburgo. También el caso Sofri está presente en su libro de ensayos políticos La gastritis de
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Platón, en el que polemiza brillantemente con Umberto Eco acerca del papel de los intelectuales. Tabucchi, frente al club rígidamente institucionalizado de los intelectuales, introduce la figura del escritor como intelectual “esporádico” o “clandestino”. El latido político, incluso épico, está bien presente en los libros de Tabucchi, especialmente en el primero, Piazza d’Italia, y en Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, así como, en filigrana, en bastantes de sus cuentos, en uno de los cuales comparece la mismísima Pasionaria. Pero Tabucchi detesta ser considerado un autor de novelas de tesis, afirma que la literatura no debe competir con el lenguaje y los métodos de otros medios, tiene una relación diferente con el mundo, exige la metáfora. Y una de sus funciones principales es instituir la duda. Tabucchi busca las fisuras, las designa, interroga a la realidad, desde luego sin pretender dar respuestas.
Platón, en el que polemiza brillantemente con Umberto Eco acerca del papel de los intelectuales. Tabucchi, frente al club rígidamente institucionalizado de los intelectuales, introduce la figura del escritor como intelectual “esporádico” o “clandestino”. El latido político, incluso épico, está bien presente en los libros de Tabucchi, especialmente en el primero, Piazza d’Italia, y en Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, así como, en filigrana, en bastantes de sus cuentos, en uno de los cuales comparece la mismísima Pasionaria. Pero Tabucchi detesta ser considerado un autor de novelas de tesis, afirma que la literatura no debe competir con el lenguaje y los métodos de otros medios, tiene una relación diferente con el mundo, exige la metáfora. Y una de sus funciones principales es instituir la duda. Tabucchi busca las fisuras, las designa, interroga a la realidad, desde luego sin pretender dar respuestas.
En cuanto a la novela que nos convoca, me limitaré a leer una breve antología de declaraciones de Tabucchi, que iluminan espléndidamente sus intenciones. “La forma epistolar permite abordar numerosos géneros: la confesión, los panfletos (D’Alembert), las novelas de amor (Eloísa y Abelardo), o como di-
En cuanto a la novela que nos convoca, me limitaré a leer una breve antología de declaraciones de Tabucchi, que iluminan espléndidamente sus intenciones. “La forma epistolar permite abordar numerosos géneros: la confesión, los panfletos (D’Alembert), las novelas de amor (Eloísa y Abelardo), o como di-
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Platón, en el que polemiza brillantemente con Umberto Eco acerca del papel de los intelectuales. Tabucchi, frente al club rígidamente institucionalizado de los intelectuales, introduce la figura del escritor como intelectual “esporádico” o “clandestino”. El latido político, incluso épico, está bien presente en los libros de Tabucchi, especialmente en el primero, Piazza d’Italia, y en Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, así como, en filigrana, en bastantes de sus cuentos, en uno de los cuales comparece la mismísima Pasionaria. Pero Tabucchi detesta ser considerado un autor de novelas de tesis, afirma que la literatura no debe competir con el lenguaje y los métodos de otros medios, tiene una relación diferente con el mundo, exige la metáfora. Y una de sus funciones principales es instituir la duda. Tabucchi busca las fisuras, las designa, interroga a la realidad, desde luego sin pretender dar respuestas.
Platón, en el que polemiza brillantemente con Umberto Eco acerca del papel de los intelectuales. Tabucchi, frente al club rígidamente institucionalizado de los intelectuales, introduce la figura del escritor como intelectual “esporádico” o “clandestino”. El latido político, incluso épico, está bien presente en los libros de Tabucchi, especialmente en el primero, Piazza d’Italia, y en Sostiene Pereira y La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, así como, en filigrana, en bastantes de sus cuentos, en uno de los cuales comparece la mismísima Pasionaria. Pero Tabucchi detesta ser considerado un autor de novelas de tesis, afirma que la literatura no debe competir con el lenguaje y los métodos de otros medios, tiene una relación diferente con el mundo, exige la metáfora. Y una de sus funciones principales es instituir la duda. Tabucchi busca las fisuras, las designa, interroga a la realidad, desde luego sin pretender dar respuestas.
En cuanto a la novela que nos convoca, me limitaré a leer una breve antología de declaraciones de Tabucchi, que iluminan espléndidamente sus intenciones. “La forma epistolar permite abordar numerosos géneros: la confesión, los panfletos (D’Alembert), las novelas de amor (Eloísa y Abelardo), o como di-
En cuanto a la novela que nos convoca, me limitaré a leer una breve antología de declaraciones de Tabucchi, que iluminan espléndidamente sus intenciones. “La forma epistolar permite abordar numerosos géneros: la confesión, los panfletos (D’Alembert), las novelas de amor (Eloísa y Abelardo), o como di-
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ría Marguerite Yourcenar, en Alexis o el tratado del inútil combate, es el retrato de una voz. Bella y extraña definición. Se está haciendo cada vez más tarde ha sido escrito en voz alta. Es una novela ‘oral’, por así decir. He querido pervertir las novelas epistolares y, al mismo tiempo, he rendido un homenaje al género.” “Siempre he sentido una fuerte atracción por los personajes de la historia y la literatura que son capaces de grandes pasiones. Me parece como si, flagelados por la vida, tuvieran acceso a una dimensión distinta de la del amor, quizá ligeramente superior a ésta. Tal predilección mía por las pasiones furiosas quizá refleja mi lado romántico. En cualquier caso, creo que la pasión nos proporciona un sentido de ebriedad, creo que es una suerte de embriaguez que nos abre nuevas dimensiones de la vida, porque si bien en el preciso instante de la pasión estamos cegados, acto seguido se adquiere una forma peculiar de lucidez.” “El deber de la literatura consiste en indagar las sfumature, en explorar las zonas de intersección, los márgenes ambiguos de la vida.” Y al referirse a la ambigüedad, a la ambivalencia de las personas y los sentimientos, sostiene Tabucchi: “Yo mismo soy capaz de amar o detestar a una persona con la misma fuerza e incluso en el mismo momento, y esto, probablemente, está en el origen de la literatura”.
ría Marguerite Yourcenar, en Alexis o el tratado del inútil combate, es el retrato de una voz. Bella y extraña definición. Se está haciendo cada vez más tarde ha sido escrito en voz alta. Es una novela ‘oral’, por así decir. He querido pervertir las novelas epistolares y, al mismo tiempo, he rendido un homenaje al género.” “Siempre he sentido una fuerte atracción por los personajes de la historia y la literatura que son capaces de grandes pasiones. Me parece como si, flagelados por la vida, tuvieran acceso a una dimensión distinta de la del amor, quizá ligeramente superior a ésta. Tal predilección mía por las pasiones furiosas quizá refleja mi lado romántico. En cualquier caso, creo que la pasión nos proporciona un sentido de ebriedad, creo que es una suerte de embriaguez que nos abre nuevas dimensiones de la vida, porque si bien en el preciso instante de la pasión estamos cegados, acto seguido se adquiere una forma peculiar de lucidez.” “El deber de la literatura consiste en indagar las sfumature, en explorar las zonas de intersección, los márgenes ambiguos de la vida.” Y al referirse a la ambigüedad, a la ambivalencia de las personas y los sentimientos, sostiene Tabucchi: “Yo mismo soy capaz de amar o detestar a una persona con la misma fuerza e incluso en el mismo momento, y esto, probablemente, está en el origen de la literatura”.
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ría Marguerite Yourcenar, en Alexis o el tratado del inútil combate, es el retrato de una voz. Bella y extraña definición. Se está haciendo cada vez más tarde ha sido escrito en voz alta. Es una novela ‘oral’, por así decir. He querido pervertir las novelas epistolares y, al mismo tiempo, he rendido un homenaje al género.” “Siempre he sentido una fuerte atracción por los personajes de la historia y la literatura que son capaces de grandes pasiones. Me parece como si, flagelados por la vida, tuvieran acceso a una dimensión distinta de la del amor, quizá ligeramente superior a ésta. Tal predilección mía por las pasiones furiosas quizá refleja mi lado romántico. En cualquier caso, creo que la pasión nos proporciona un sentido de ebriedad, creo que es una suerte de embriaguez que nos abre nuevas dimensiones de la vida, porque si bien en el preciso instante de la pasión estamos cegados, acto seguido se adquiere una forma peculiar de lucidez.” “El deber de la literatura consiste en indagar las sfumature, en explorar las zonas de intersección, los márgenes ambiguos de la vida.” Y al referirse a la ambigüedad, a la ambivalencia de las personas y los sentimientos, sostiene Tabucchi: “Yo mismo soy capaz de amar o detestar a una persona con la misma fuerza e incluso en el mismo momento, y esto, probablemente, está en el origen de la literatura”.
ría Marguerite Yourcenar, en Alexis o el tratado del inútil combate, es el retrato de una voz. Bella y extraña definición. Se está haciendo cada vez más tarde ha sido escrito en voz alta. Es una novela ‘oral’, por así decir. He querido pervertir las novelas epistolares y, al mismo tiempo, he rendido un homenaje al género.” “Siempre he sentido una fuerte atracción por los personajes de la historia y la literatura que son capaces de grandes pasiones. Me parece como si, flagelados por la vida, tuvieran acceso a una dimensión distinta de la del amor, quizá ligeramente superior a ésta. Tal predilección mía por las pasiones furiosas quizá refleja mi lado romántico. En cualquier caso, creo que la pasión nos proporciona un sentido de ebriedad, creo que es una suerte de embriaguez que nos abre nuevas dimensiones de la vida, porque si bien en el preciso instante de la pasión estamos cegados, acto seguido se adquiere una forma peculiar de lucidez.” “El deber de la literatura consiste en indagar las sfumature, en explorar las zonas de intersección, los márgenes ambiguos de la vida.” Y al referirse a la ambigüedad, a la ambivalencia de las personas y los sentimientos, sostiene Tabucchi: “Yo mismo soy capaz de amar o detestar a una persona con la misma fuerza e incluso en el mismo momento, y esto, probablemente, está en el origen de la literatura”.
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Tras cinco años de silencio público, desde su Damasceno Monteiro, bienvenido, caro Antonio, a la literatura con esta espléndida, compleja y sutil “novela en forma de cartas”.
Tras cinco años de silencio público, desde su Damasceno Monteiro, bienvenido, caro Antonio, a la literatura con esta espléndida, compleja y sutil “novela en forma de cartas”.
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Tras cinco años de silencio público, desde su Damasceno Monteiro, bienvenido, caro Antonio, a la literatura con esta espléndida, compleja y sutil “novela en forma de cartas”.
Tras cinco años de silencio público, desde su Damasceno Monteiro, bienvenido, caro Antonio, a la literatura con esta espléndida, compleja y sutil “novela en forma de cartas”.
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Paisajes de la edición en nuestros días*
Paisajes de la edición en nuestros días*
En primer lugar me alegra el entusiasmo del gran connoisseur Peter Weidhaas por La industria del libro de Jason Epstein, que tan espléndidamente ha glosado. Estoy convencido de que todos ustedes lo han leído; si alguno aún no lo conoce, cosa prácticamente impensable, ha sido publicado en castellano por Anagrama y pueden encontrarlo en la Feria en el stand de Colofón. En cuanto al tema del libro electrónico, puede decirse que, así como en el siglo XIX un fantasma recorría el mundo, el fantasma del comunismo, en palabras de Carlos Marx, a finales del siglo XX apareció otro fantasma, el fantasma del e-book. En 1999, el Congreso Internacional de Editores, celebrado
En primer lugar me alegra el entusiasmo del gran connoisseur Peter Weidhaas por La industria del libro de Jason Epstein, que tan espléndidamente ha glosado. Estoy convencido de que todos ustedes lo han leído; si alguno aún no lo conoce, cosa prácticamente impensable, ha sido publicado en castellano por Anagrama y pueden encontrarlo en la Feria en el stand de Colofón. En cuanto al tema del libro electrónico, puede decirse que, así como en el siglo XIX un fantasma recorría el mundo, el fantasma del comunismo, en palabras de Carlos Marx, a finales del siglo XX apareció otro fantasma, el fantasma del e-book. En 1999, el Congreso Internacional de Editores, celebrado
* Texto leído en el Foro Internacional de Editores 2002. Feria de Guadalajara, México, 4 de diciembre de 2002.
* Texto leído en el Foro Internacional de Editores 2002. Feria de Guadalajara, México, 4 de diciembre de 2002.
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Paisajes de la edición en nuestros días*
Paisajes de la edición en nuestros días*
En primer lugar me alegra el entusiasmo del gran connoisseur Peter Weidhaas por La industria del libro de Jason Epstein, que tan espléndidamente ha glosado. Estoy convencido de que todos ustedes lo han leído; si alguno aún no lo conoce, cosa prácticamente impensable, ha sido publicado en castellano por Anagrama y pueden encontrarlo en la Feria en el stand de Colofón. En cuanto al tema del libro electrónico, puede decirse que, así como en el siglo XIX un fantasma recorría el mundo, el fantasma del comunismo, en palabras de Carlos Marx, a finales del siglo XX apareció otro fantasma, el fantasma del e-book. En 1999, el Congreso Internacional de Editores, celebrado
En primer lugar me alegra el entusiasmo del gran connoisseur Peter Weidhaas por La industria del libro de Jason Epstein, que tan espléndidamente ha glosado. Estoy convencido de que todos ustedes lo han leído; si alguno aún no lo conoce, cosa prácticamente impensable, ha sido publicado en castellano por Anagrama y pueden encontrarlo en la Feria en el stand de Colofón. En cuanto al tema del libro electrónico, puede decirse que, así como en el siglo XIX un fantasma recorría el mundo, el fantasma del comunismo, en palabras de Carlos Marx, a finales del siglo XX apareció otro fantasma, el fantasma del e-book. En 1999, el Congreso Internacional de Editores, celebrado
* Texto leído en el Foro Internacional de Editores 2002. Feria de Guadalajara, México, 4 de diciembre de 2002.
* Texto leído en el Foro Internacional de Editores 2002. Feria de Guadalajara, México, 4 de diciembre de 2002.
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en Buenos Aires, parecía una película de terror: todos los editores despavoridos ante un futuro incierto y la desaparición del libro en el llamado, compasivamente, soporte papel. Por fortuna, el fantasma ya se ha desvanecido. Estoy completamente de acuerdo con mi viejo amigo Weidhaas de la importancia de potenciar las Ferias en esta época del e-mail, la importancia de los contactos personales, de las ideas que pueden originarse. Y me alegra el nuevo rumbo que toma esta Feria de Guadalajara, con la implantación del Salón del Libro, desde el año pasado, y del presente Foro, a partir de este año, es decir el énfasis puesto en lo literario y lo cultural. Nos encontramos, por una parte, un paisaje colonizado por unos pocos megagrupos con redes multimedia y vocación transnacional; por otra, una serie de editoriales independientes que sólo podrán subsistir mediante una política de publicaciones marcadas por el rigor y la imaginación. Así sucede en España, mientras que en América Latina, con sus incertidumbres y colapsos económicos, el rodillo de los grandes grupos ha laminado o arrinconado notoriamente la edición autóctona. La edición nacional en dos países que habían tenido un considerable peso editorial, como México y Argentina, se ha replegado espectacularmente; en este último de forma casi definitiva, al menos en un plazo prolongado.
en Buenos Aires, parecía una película de terror: todos los editores despavoridos ante un futuro incierto y la desaparición del libro en el llamado, compasivamente, soporte papel. Por fortuna, el fantasma ya se ha desvanecido. Estoy completamente de acuerdo con mi viejo amigo Weidhaas de la importancia de potenciar las Ferias en esta época del e-mail, la importancia de los contactos personales, de las ideas que pueden originarse. Y me alegra el nuevo rumbo que toma esta Feria de Guadalajara, con la implantación del Salón del Libro, desde el año pasado, y del presente Foro, a partir de este año, es decir el énfasis puesto en lo literario y lo cultural. Nos encontramos, por una parte, un paisaje colonizado por unos pocos megagrupos con redes multimedia y vocación transnacional; por otra, una serie de editoriales independientes que sólo podrán subsistir mediante una política de publicaciones marcadas por el rigor y la imaginación. Así sucede en España, mientras que en América Latina, con sus incertidumbres y colapsos económicos, el rodillo de los grandes grupos ha laminado o arrinconado notoriamente la edición autóctona. La edición nacional en dos países que habían tenido un considerable peso editorial, como México y Argentina, se ha replegado espectacularmente; en este último de forma casi definitiva, al menos en un plazo prolongado.
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en Buenos Aires, parecía una película de terror: todos los editores despavoridos ante un futuro incierto y la desaparición del libro en el llamado, compasivamente, soporte papel. Por fortuna, el fantasma ya se ha desvanecido. Estoy completamente de acuerdo con mi viejo amigo Weidhaas de la importancia de potenciar las Ferias en esta época del e-mail, la importancia de los contactos personales, de las ideas que pueden originarse. Y me alegra el nuevo rumbo que toma esta Feria de Guadalajara, con la implantación del Salón del Libro, desde el año pasado, y del presente Foro, a partir de este año, es decir el énfasis puesto en lo literario y lo cultural. Nos encontramos, por una parte, un paisaje colonizado por unos pocos megagrupos con redes multimedia y vocación transnacional; por otra, una serie de editoriales independientes que sólo podrán subsistir mediante una política de publicaciones marcadas por el rigor y la imaginación. Así sucede en España, mientras que en América Latina, con sus incertidumbres y colapsos económicos, el rodillo de los grandes grupos ha laminado o arrinconado notoriamente la edición autóctona. La edición nacional en dos países que habían tenido un considerable peso editorial, como México y Argentina, se ha replegado espectacularmente; en este último de forma casi definitiva, al menos en un plazo prolongado.
en Buenos Aires, parecía una película de terror: todos los editores despavoridos ante un futuro incierto y la desaparición del libro en el llamado, compasivamente, soporte papel. Por fortuna, el fantasma ya se ha desvanecido. Estoy completamente de acuerdo con mi viejo amigo Weidhaas de la importancia de potenciar las Ferias en esta época del e-mail, la importancia de los contactos personales, de las ideas que pueden originarse. Y me alegra el nuevo rumbo que toma esta Feria de Guadalajara, con la implantación del Salón del Libro, desde el año pasado, y del presente Foro, a partir de este año, es decir el énfasis puesto en lo literario y lo cultural. Nos encontramos, por una parte, un paisaje colonizado por unos pocos megagrupos con redes multimedia y vocación transnacional; por otra, una serie de editoriales independientes que sólo podrán subsistir mediante una política de publicaciones marcadas por el rigor y la imaginación. Así sucede en España, mientras que en América Latina, con sus incertidumbres y colapsos económicos, el rodillo de los grandes grupos ha laminado o arrinconado notoriamente la edición autóctona. La edición nacional en dos países que habían tenido un considerable peso editorial, como México y Argentina, se ha replegado espectacularmente; en este último de forma casi definitiva, al menos en un plazo prolongado.
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Una consecuencia inmediata en España de este proceso de concentración es tan visible como nefasta: un exceso de títulos en un crescendo acelerado que provoca cada vez problemas más graves. Destacaría en especial tres ámbitos en los que esta proliferación ha adquirido una mayor virulencia, como es bien sabido, y ha originado un cambio cualitativo. A saber: los anticipos, las librerías y los suplementos literarios. En el ámbito de la contratación, se ha producido una escalada de anticipos que a menudo jamás se alcanzan a cubrir. Paralelamente, ha habido una inflación de premios literarios, en los que, desde luego, el importe de los galardones poco tiene que ver con las ventas. Y así, se han convertido en una coartada, apenas o nada disimulada, de tráfico de autores. En el ámbito de las librerías, el ciclo de “vida” de las novedades se ha acortado significativamente por razones obvias: la imposibilidad de albergar tanta producción. Por otra parte, en la edición de bolsillo, durante décadas tan deficitaria en España, se ha invertido el signo; en los últimos años se ha producido un exceso de oferta respecto al espacio librero y el número de lectores. Durante años se había afirmado que el fondo de una editorial, la backlist, lo constituía la edición de bolsillo; ahora se trata simplemente de una segunda vida, también breve. Y, en el ámbito de los suplementos literarios, debido al exceso de novedades también se produce
Una consecuencia inmediata en España de este proceso de concentración es tan visible como nefasta: un exceso de títulos en un crescendo acelerado que provoca cada vez problemas más graves. Destacaría en especial tres ámbitos en los que esta proliferación ha adquirido una mayor virulencia, como es bien sabido, y ha originado un cambio cualitativo. A saber: los anticipos, las librerías y los suplementos literarios. En el ámbito de la contratación, se ha producido una escalada de anticipos que a menudo jamás se alcanzan a cubrir. Paralelamente, ha habido una inflación de premios literarios, en los que, desde luego, el importe de los galardones poco tiene que ver con las ventas. Y así, se han convertido en una coartada, apenas o nada disimulada, de tráfico de autores. En el ámbito de las librerías, el ciclo de “vida” de las novedades se ha acortado significativamente por razones obvias: la imposibilidad de albergar tanta producción. Por otra parte, en la edición de bolsillo, durante décadas tan deficitaria en España, se ha invertido el signo; en los últimos años se ha producido un exceso de oferta respecto al espacio librero y el número de lectores. Durante años se había afirmado que el fondo de una editorial, la backlist, lo constituía la edición de bolsillo; ahora se trata simplemente de una segunda vida, también breve. Y, en el ámbito de los suplementos literarios, debido al exceso de novedades también se produce
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Una consecuencia inmediata en España de este proceso de concentración es tan visible como nefasta: un exceso de títulos en un crescendo acelerado que provoca cada vez problemas más graves. Destacaría en especial tres ámbitos en los que esta proliferación ha adquirido una mayor virulencia, como es bien sabido, y ha originado un cambio cualitativo. A saber: los anticipos, las librerías y los suplementos literarios. En el ámbito de la contratación, se ha producido una escalada de anticipos que a menudo jamás se alcanzan a cubrir. Paralelamente, ha habido una inflación de premios literarios, en los que, desde luego, el importe de los galardones poco tiene que ver con las ventas. Y así, se han convertido en una coartada, apenas o nada disimulada, de tráfico de autores. En el ámbito de las librerías, el ciclo de “vida” de las novedades se ha acortado significativamente por razones obvias: la imposibilidad de albergar tanta producción. Por otra parte, en la edición de bolsillo, durante décadas tan deficitaria en España, se ha invertido el signo; en los últimos años se ha producido un exceso de oferta respecto al espacio librero y el número de lectores. Durante años se había afirmado que el fondo de una editorial, la backlist, lo constituía la edición de bolsillo; ahora se trata simplemente de una segunda vida, también breve. Y, en el ámbito de los suplementos literarios, debido al exceso de novedades también se produce
Una consecuencia inmediata en España de este proceso de concentración es tan visible como nefasta: un exceso de títulos en un crescendo acelerado que provoca cada vez problemas más graves. Destacaría en especial tres ámbitos en los que esta proliferación ha adquirido una mayor virulencia, como es bien sabido, y ha originado un cambio cualitativo. A saber: los anticipos, las librerías y los suplementos literarios. En el ámbito de la contratación, se ha producido una escalada de anticipos que a menudo jamás se alcanzan a cubrir. Paralelamente, ha habido una inflación de premios literarios, en los que, desde luego, el importe de los galardones poco tiene que ver con las ventas. Y así, se han convertido en una coartada, apenas o nada disimulada, de tráfico de autores. En el ámbito de las librerías, el ciclo de “vida” de las novedades se ha acortado significativamente por razones obvias: la imposibilidad de albergar tanta producción. Por otra parte, en la edición de bolsillo, durante décadas tan deficitaria en España, se ha invertido el signo; en los últimos años se ha producido un exceso de oferta respecto al espacio librero y el número de lectores. Durante años se había afirmado que el fondo de una editorial, la backlist, lo constituía la edición de bolsillo; ahora se trata simplemente de una segunda vida, también breve. Y, en el ámbito de los suplementos literarios, debido al exceso de novedades también se produce
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un desfase de espacio disponible, por lo que muchos libros valiosos quedan sin reseñar, algo inhabitual hace pocos años, o las críticas aparecen varios meses después de la publicación, cuando el destino del libro está decidido. Es decir, cuando las novedades, tardíamente reseñadas y ya prematuramente envejecidas, reposan mansamente en los almacenes a la espera de la guillotina. Nuestro secretario de Estado, Luis Antonio de Cuenca, habló hace unos meses en el Congreso de Editores de Valencia, muy satisfecho, de la evolución espectacular en aumento del número de libros publicados y de las cifras de ventas. Ciertos editores españoles son también adictos a la sobreproducción, que también podría llamarse “huida hacia adelante”. Yo desconfío de este fetichismo de las grandes cifras, del crecimiento a ultranza que no tiene en cuenta los graves daños colaterales. Y también desconfiaba Marcio Barbosa, el director adjunto de la Unesco, que en su intervención en dicho congreso aludía al “crecimiento insensato” y citaba en su apoyo el libro del gran editor norteamericano Jason Epstein, La industria del libro, un texto que, pese a haberlo publicado Anagrama, me siento en la obligación de recomendar. El otro libro imprescindible para nosotros es La edición sin editores de André Schiffrin, publicado por Destino. Hace unos pocos días, en una entrevista en la contra de La Vanguardia, el amigo Schiffrin
un desfase de espacio disponible, por lo que muchos libros valiosos quedan sin reseñar, algo inhabitual hace pocos años, o las críticas aparecen varios meses después de la publicación, cuando el destino del libro está decidido. Es decir, cuando las novedades, tardíamente reseñadas y ya prematuramente envejecidas, reposan mansamente en los almacenes a la espera de la guillotina. Nuestro secretario de Estado, Luis Antonio de Cuenca, habló hace unos meses en el Congreso de Editores de Valencia, muy satisfecho, de la evolución espectacular en aumento del número de libros publicados y de las cifras de ventas. Ciertos editores españoles son también adictos a la sobreproducción, que también podría llamarse “huida hacia adelante”. Yo desconfío de este fetichismo de las grandes cifras, del crecimiento a ultranza que no tiene en cuenta los graves daños colaterales. Y también desconfiaba Marcio Barbosa, el director adjunto de la Unesco, que en su intervención en dicho congreso aludía al “crecimiento insensato” y citaba en su apoyo el libro del gran editor norteamericano Jason Epstein, La industria del libro, un texto que, pese a haberlo publicado Anagrama, me siento en la obligación de recomendar. El otro libro imprescindible para nosotros es La edición sin editores de André Schiffrin, publicado por Destino. Hace unos pocos días, en una entrevista en la contra de La Vanguardia, el amigo Schiffrin
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un desfase de espacio disponible, por lo que muchos libros valiosos quedan sin reseñar, algo inhabitual hace pocos años, o las críticas aparecen varios meses después de la publicación, cuando el destino del libro está decidido. Es decir, cuando las novedades, tardíamente reseñadas y ya prematuramente envejecidas, reposan mansamente en los almacenes a la espera de la guillotina. Nuestro secretario de Estado, Luis Antonio de Cuenca, habló hace unos meses en el Congreso de Editores de Valencia, muy satisfecho, de la evolución espectacular en aumento del número de libros publicados y de las cifras de ventas. Ciertos editores españoles son también adictos a la sobreproducción, que también podría llamarse “huida hacia adelante”. Yo desconfío de este fetichismo de las grandes cifras, del crecimiento a ultranza que no tiene en cuenta los graves daños colaterales. Y también desconfiaba Marcio Barbosa, el director adjunto de la Unesco, que en su intervención en dicho congreso aludía al “crecimiento insensato” y citaba en su apoyo el libro del gran editor norteamericano Jason Epstein, La industria del libro, un texto que, pese a haberlo publicado Anagrama, me siento en la obligación de recomendar. El otro libro imprescindible para nosotros es La edición sin editores de André Schiffrin, publicado por Destino. Hace unos pocos días, en una entrevista en la contra de La Vanguardia, el amigo Schiffrin
un desfase de espacio disponible, por lo que muchos libros valiosos quedan sin reseñar, algo inhabitual hace pocos años, o las críticas aparecen varios meses después de la publicación, cuando el destino del libro está decidido. Es decir, cuando las novedades, tardíamente reseñadas y ya prematuramente envejecidas, reposan mansamente en los almacenes a la espera de la guillotina. Nuestro secretario de Estado, Luis Antonio de Cuenca, habló hace unos meses en el Congreso de Editores de Valencia, muy satisfecho, de la evolución espectacular en aumento del número de libros publicados y de las cifras de ventas. Ciertos editores españoles son también adictos a la sobreproducción, que también podría llamarse “huida hacia adelante”. Yo desconfío de este fetichismo de las grandes cifras, del crecimiento a ultranza que no tiene en cuenta los graves daños colaterales. Y también desconfiaba Marcio Barbosa, el director adjunto de la Unesco, que en su intervención en dicho congreso aludía al “crecimiento insensato” y citaba en su apoyo el libro del gran editor norteamericano Jason Epstein, La industria del libro, un texto que, pese a haberlo publicado Anagrama, me siento en la obligación de recomendar. El otro libro imprescindible para nosotros es La edición sin editores de André Schiffrin, publicado por Destino. Hace unos pocos días, en una entrevista en la contra de La Vanguardia, el amigo Schiffrin
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afirmaba que la edición independiente es imprescindible para la democracia en un país como Estados Unidos, ante la mordaza mediática de los oligopolios multimedia, es decir, ante la censura empresarial. ¿Cómo editar? No hay otra receta que el entusiasmo, la resistencia y el rigor. Forzando acaso el paralelismo, al igual que el escritor consigue ser universal desde lo muy local, pero conociendo a fondo el corpus de la tradición literaria en la que se inscribe, un editor puede asumir el reto de editar para el mundo cuando edita para sí mismo, es decir, según sus propios gustos, pero también siendo muy consciente de su entorno cultural y social en su más amplio sentido. O sea, cuando configura un catálogo coherente, armonioso y “legible” como una obra y que puede ser capaz de generar adicción respecto al sello editorial, que puede generar fidelidad entre los libreros y lectores, y convertirse así en el más valioso activo de su capital simbólico. Un leitmotiv que tenemos muy en cuenta. Y como resumen, un programa, una consigna: la labor de un editor literario no consiste en vender productos sino en descubrir a los mejores escritores de su tiempo y editar libros de la forma más cuidada y exigente posible. Con la esperanza y la obstinación infatigables de convencer a los lectores de que también para ellos serán libros necesarios.
afirmaba que la edición independiente es imprescindible para la democracia en un país como Estados Unidos, ante la mordaza mediática de los oligopolios multimedia, es decir, ante la censura empresarial. ¿Cómo editar? No hay otra receta que el entusiasmo, la resistencia y el rigor. Forzando acaso el paralelismo, al igual que el escritor consigue ser universal desde lo muy local, pero conociendo a fondo el corpus de la tradición literaria en la que se inscribe, un editor puede asumir el reto de editar para el mundo cuando edita para sí mismo, es decir, según sus propios gustos, pero también siendo muy consciente de su entorno cultural y social en su más amplio sentido. O sea, cuando configura un catálogo coherente, armonioso y “legible” como una obra y que puede ser capaz de generar adicción respecto al sello editorial, que puede generar fidelidad entre los libreros y lectores, y convertirse así en el más valioso activo de su capital simbólico. Un leitmotiv que tenemos muy en cuenta. Y como resumen, un programa, una consigna: la labor de un editor literario no consiste en vender productos sino en descubrir a los mejores escritores de su tiempo y editar libros de la forma más cuidada y exigente posible. Con la esperanza y la obstinación infatigables de convencer a los lectores de que también para ellos serán libros necesarios.
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afirmaba que la edición independiente es imprescindible para la democracia en un país como Estados Unidos, ante la mordaza mediática de los oligopolios multimedia, es decir, ante la censura empresarial. ¿Cómo editar? No hay otra receta que el entusiasmo, la resistencia y el rigor. Forzando acaso el paralelismo, al igual que el escritor consigue ser universal desde lo muy local, pero conociendo a fondo el corpus de la tradición literaria en la que se inscribe, un editor puede asumir el reto de editar para el mundo cuando edita para sí mismo, es decir, según sus propios gustos, pero también siendo muy consciente de su entorno cultural y social en su más amplio sentido. O sea, cuando configura un catálogo coherente, armonioso y “legible” como una obra y que puede ser capaz de generar adicción respecto al sello editorial, que puede generar fidelidad entre los libreros y lectores, y convertirse así en el más valioso activo de su capital simbólico. Un leitmotiv que tenemos muy en cuenta. Y como resumen, un programa, una consigna: la labor de un editor literario no consiste en vender productos sino en descubrir a los mejores escritores de su tiempo y editar libros de la forma más cuidada y exigente posible. Con la esperanza y la obstinación infatigables de convencer a los lectores de que también para ellos serán libros necesarios.
afirmaba que la edición independiente es imprescindible para la democracia en un país como Estados Unidos, ante la mordaza mediática de los oligopolios multimedia, es decir, ante la censura empresarial. ¿Cómo editar? No hay otra receta que el entusiasmo, la resistencia y el rigor. Forzando acaso el paralelismo, al igual que el escritor consigue ser universal desde lo muy local, pero conociendo a fondo el corpus de la tradición literaria en la que se inscribe, un editor puede asumir el reto de editar para el mundo cuando edita para sí mismo, es decir, según sus propios gustos, pero también siendo muy consciente de su entorno cultural y social en su más amplio sentido. O sea, cuando configura un catálogo coherente, armonioso y “legible” como una obra y que puede ser capaz de generar adicción respecto al sello editorial, que puede generar fidelidad entre los libreros y lectores, y convertirse así en el más valioso activo de su capital simbólico. Un leitmotiv que tenemos muy en cuenta. Y como resumen, un programa, una consigna: la labor de un editor literario no consiste en vender productos sino en descubrir a los mejores escritores de su tiempo y editar libros de la forma más cuidada y exigente posible. Con la esperanza y la obstinación infatigables de convencer a los lectores de que también para ellos serán libros necesarios.
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Y para terminar, un surtido de píldoras sobre la edición. Peter Mayer: “Editar buenos libros es muy fácil. Lo difícil es editar buenos libros y venderlos”. Un editor: “Frankfurt es como un zoo: hay pingüinos, abejas obreras y reptiles”. Otro editor: “Sólo hay dos razones para no ir a Frankfurt: estar arruinado o estar muerto”. Editor como “musulmán adúltero”: casado con numerosas “esposas” legales (los escritores con los que hace política de autor) pero permanentemente tentado por las nuevas voces, por la carne fresca, o por las “esposas” de otros editores. Editorial como semáforo. Verde: persigue la excelencia. Ámbar: ni fu ni fa, la flauta suena o no suena. Rojo: adicción a la cultura de la errata. Hay editoriales sólidamente instaladas en la cultura de la errata: tipográfica y programática. No es difícil identificarlas y esquivarlas. Editar: tocar el nervio de su tiempo. Luchar contra la imaginación anestesiada. Jean-Claude Zylberstein, editor francés, se autodefinía como “peatón de librerías”. Así, lógicamente, todo editor literario. El destino de los libros en librerías: muerte súbita, cada vez más súbita. Libros hacinados precariamente en catálogos de poda frecuente.
Y para terminar, un surtido de píldoras sobre la edición. Peter Mayer: “Editar buenos libros es muy fácil. Lo difícil es editar buenos libros y venderlos”. Un editor: “Frankfurt es como un zoo: hay pingüinos, abejas obreras y reptiles”. Otro editor: “Sólo hay dos razones para no ir a Frankfurt: estar arruinado o estar muerto”. Editor como “musulmán adúltero”: casado con numerosas “esposas” legales (los escritores con los que hace política de autor) pero permanentemente tentado por las nuevas voces, por la carne fresca, o por las “esposas” de otros editores. Editorial como semáforo. Verde: persigue la excelencia. Ámbar: ni fu ni fa, la flauta suena o no suena. Rojo: adicción a la cultura de la errata. Hay editoriales sólidamente instaladas en la cultura de la errata: tipográfica y programática. No es difícil identificarlas y esquivarlas. Editar: tocar el nervio de su tiempo. Luchar contra la imaginación anestesiada. Jean-Claude Zylberstein, editor francés, se autodefinía como “peatón de librerías”. Así, lógicamente, todo editor literario. El destino de los libros en librerías: muerte súbita, cada vez más súbita. Libros hacinados precariamente en catálogos de poda frecuente.
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Y para terminar, un surtido de píldoras sobre la edición. Peter Mayer: “Editar buenos libros es muy fácil. Lo difícil es editar buenos libros y venderlos”. Un editor: “Frankfurt es como un zoo: hay pingüinos, abejas obreras y reptiles”. Otro editor: “Sólo hay dos razones para no ir a Frankfurt: estar arruinado o estar muerto”. Editor como “musulmán adúltero”: casado con numerosas “esposas” legales (los escritores con los que hace política de autor) pero permanentemente tentado por las nuevas voces, por la carne fresca, o por las “esposas” de otros editores. Editorial como semáforo. Verde: persigue la excelencia. Ámbar: ni fu ni fa, la flauta suena o no suena. Rojo: adicción a la cultura de la errata. Hay editoriales sólidamente instaladas en la cultura de la errata: tipográfica y programática. No es difícil identificarlas y esquivarlas. Editar: tocar el nervio de su tiempo. Luchar contra la imaginación anestesiada. Jean-Claude Zylberstein, editor francés, se autodefinía como “peatón de librerías”. Así, lógicamente, todo editor literario. El destino de los libros en librerías: muerte súbita, cada vez más súbita. Libros hacinados precariamente en catálogos de poda frecuente.
Y para terminar, un surtido de píldoras sobre la edición. Peter Mayer: “Editar buenos libros es muy fácil. Lo difícil es editar buenos libros y venderlos”. Un editor: “Frankfurt es como un zoo: hay pingüinos, abejas obreras y reptiles”. Otro editor: “Sólo hay dos razones para no ir a Frankfurt: estar arruinado o estar muerto”. Editor como “musulmán adúltero”: casado con numerosas “esposas” legales (los escritores con los que hace política de autor) pero permanentemente tentado por las nuevas voces, por la carne fresca, o por las “esposas” de otros editores. Editorial como semáforo. Verde: persigue la excelencia. Ámbar: ni fu ni fa, la flauta suena o no suena. Rojo: adicción a la cultura de la errata. Hay editoriales sólidamente instaladas en la cultura de la errata: tipográfica y programática. No es difícil identificarlas y esquivarlas. Editar: tocar el nervio de su tiempo. Luchar contra la imaginación anestesiada. Jean-Claude Zylberstein, editor francés, se autodefinía como “peatón de librerías”. Así, lógicamente, todo editor literario. El destino de los libros en librerías: muerte súbita, cada vez más súbita. Libros hacinados precariamente en catálogos de poda frecuente.
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Editorial como parque temático: “Nothing but the best”. El nicho de la excelencia. Obviedades de base: trabajar en serio sin tomarse en serio. La edición como crítica literaria de alto riesgo, operando sobre el presente, a menudo —con los autores inéditos— sin filtro previo. Dar y recibir dolor: la edición como máquina sadomaso: frustrar a autores rechazados, abandono de autores de la casa. Giulio Einaudi: “Editorial como central de proyectos”. G. M. Young, historiador de Oxford, escribió de “los viejos tiempos” de la edición: “Ser publicado por Oxford University Press era parecido a estar casado con una duquesa: el honor es casi más grande que el placer”. Fernando Savater: “No quisiera estar dentro de esa gente que no lee, sus cabezas deben ser como desvanes vacíos, ¡qué horror!”
Editorial como parque temático: “Nothing but the best”. El nicho de la excelencia. Obviedades de base: trabajar en serio sin tomarse en serio. La edición como crítica literaria de alto riesgo, operando sobre el presente, a menudo —con los autores inéditos— sin filtro previo. Dar y recibir dolor: la edición como máquina sadomaso: frustrar a autores rechazados, abandono de autores de la casa. Giulio Einaudi: “Editorial como central de proyectos”. G. M. Young, historiador de Oxford, escribió de “los viejos tiempos” de la edición: “Ser publicado por Oxford University Press era parecido a estar casado con una duquesa: el honor es casi más grande que el placer”. Fernando Savater: “No quisiera estar dentro de esa gente que no lee, sus cabezas deben ser como desvanes vacíos, ¡qué horror!”
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Editorial como parque temático: “Nothing but the best”. El nicho de la excelencia. Obviedades de base: trabajar en serio sin tomarse en serio. La edición como crítica literaria de alto riesgo, operando sobre el presente, a menudo —con los autores inéditos— sin filtro previo. Dar y recibir dolor: la edición como máquina sadomaso: frustrar a autores rechazados, abandono de autores de la casa. Giulio Einaudi: “Editorial como central de proyectos”. G. M. Young, historiador de Oxford, escribió de “los viejos tiempos” de la edición: “Ser publicado por Oxford University Press era parecido a estar casado con una duquesa: el honor es casi más grande que el placer”. Fernando Savater: “No quisiera estar dentro de esa gente que no lee, sus cabezas deben ser como desvanes vacíos, ¡qué horror!”
Editorial como parque temático: “Nothing but the best”. El nicho de la excelencia. Obviedades de base: trabajar en serio sin tomarse en serio. La edición como crítica literaria de alto riesgo, operando sobre el presente, a menudo —con los autores inéditos— sin filtro previo. Dar y recibir dolor: la edición como máquina sadomaso: frustrar a autores rechazados, abandono de autores de la casa. Giulio Einaudi: “Editorial como central de proyectos”. G. M. Young, historiador de Oxford, escribió de “los viejos tiempos” de la edición: “Ser publicado por Oxford University Press era parecido a estar casado con una duquesa: el honor es casi más grande que el placer”. Fernando Savater: “No quisiera estar dentro de esa gente que no lee, sus cabezas deben ser como desvanes vacíos, ¡qué horror!”
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En la Feria Internacional de Guadalajara, diciembre de 2002.
En la Feria Internacional de Guadalajara, diciembre de 2002.
En la Feria Internacional de Guadalajara, diciembre de 2002.
En la Feria Internacional de Guadalajara, diciembre de 2002.
Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara*
Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara*
En primer lugar, como es lógico, quiero agradecer este premio a los miembros del jurado, en especial a los que me han votado, y a la organización de la Feria, presidida por Raúl Padilla López, que se ha confirmado como la más imprescindible en lengua española. Ayer, María Luisa Armendáriz, su actual directora, participó en el lanzamiento de la nueva revista Quehacer editorial,** y puso énfasis en los dos puntos clave de la Feria: ser el sitio de encuentro
En primer lugar, como es lógico, quiero agradecer este premio a los miembros del jurado, en especial a los que me han votado, y a la organización de la Feria, presidida por Raúl Padilla López, que se ha confirmado como la más imprescindible en lengua española. Ayer, María Luisa Armendáriz, su actual directora, participó en el lanzamiento de la nueva revista Quehacer editorial,** y puso énfasis en los dos puntos clave de la Feria: ser el sitio de encuentro
* Discurso leído en el auditorio Juan Rulfo, Feria Internacional de Guadalajara, 1 de diciembre de 2002. ** Una iniciativa excelente, que dirige Alejandro Zenker y coordina Ivonne Gutiérrez, publicada en Ediciones del Ermitaño, que había sido precedida, un año antes, por el volumen colectivo El libro y las nuevas tecnologías.
* Discurso leído en el auditorio Juan Rulfo, Feria Internacional de Guadalajara, 1 de diciembre de 2002. ** Una iniciativa excelente, que dirige Alejandro Zenker y coordina Ivonne Gutiérrez, publicada en Ediciones del Ermitaño, que había sido precedida, un año antes, por el volumen colectivo El libro y las nuevas tecnologías.
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Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara*
Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara*
En primer lugar, como es lógico, quiero agradecer este premio a los miembros del jurado, en especial a los que me han votado, y a la organización de la Feria, presidida por Raúl Padilla López, que se ha confirmado como la más imprescindible en lengua española. Ayer, María Luisa Armendáriz, su actual directora, participó en el lanzamiento de la nueva revista Quehacer editorial,** y puso énfasis en los dos puntos clave de la Feria: ser el sitio de encuentro
En primer lugar, como es lógico, quiero agradecer este premio a los miembros del jurado, en especial a los que me han votado, y a la organización de la Feria, presidida por Raúl Padilla López, que se ha confirmado como la más imprescindible en lengua española. Ayer, María Luisa Armendáriz, su actual directora, participó en el lanzamiento de la nueva revista Quehacer editorial,** y puso énfasis en los dos puntos clave de la Feria: ser el sitio de encuentro
* Discurso leído en el auditorio Juan Rulfo, Feria Internacional de Guadalajara, 1 de diciembre de 2002. ** Una iniciativa excelente, que dirige Alejandro Zenker y coordina Ivonne Gutiérrez, publicada en Ediciones del Ermitaño, que había sido precedida, un año antes, por el volumen colectivo El libro y las nuevas tecnologías.
* Discurso leído en el auditorio Juan Rulfo, Feria Internacional de Guadalajara, 1 de diciembre de 2002. ** Una iniciativa excelente, que dirige Alejandro Zenker y coordina Ivonne Gutiérrez, publicada en Ediciones del Ermitaño, que había sido precedida, un año antes, por el volumen colectivo El libro y las nuevas tecnologías.
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profesional más importante y apostar decididamente por la cultura. Respecto a mi labor como editor de Anagrama, citaré dos momentos. El primero: la puesta en marcha, en abril de 1969, de una editorial minúscula y unipersonal, tan unipersonal que sólo al cabo de unos meses tuve una secretaria por las mañanas. Pese a tan restringido equipo, Anagrama publicó 15 títulos el primer año. Aquella era una época en la que prácticamente todas las editoriales eran independientes por definición. Una época en la que el franquismo y su censura estaban bien presentes, pero la lucha contra este régimen opresor, culturalmente pernicioso y básicamente estúpido, era sumamente estimulante. Y se ha afirmado que el clima cultural y político del país cambió en parte gracias a la acción de un grupo de editoriales con propósitos resueltamente hostiles al statu quo. El otro momento sería ahora, otoño de 2002, 33 años y algo así como 2 200 títulos después, en un paisaje dominado por la concentración de los grandes grupos, pero en el que aún persistimos, y en bastante buena forma, veteranas editoriales independientes y, a la vez, al menos en España, florecen nuevas editoriales. En Anagrama, los excelentes colaboradores (bueno, casi todas colaboradoras) ahora son 15 y publicamos 100 títulos anuales, 75 en edición normal y
profesional más importante y apostar decididamente por la cultura. Respecto a mi labor como editor de Anagrama, citaré dos momentos. El primero: la puesta en marcha, en abril de 1969, de una editorial minúscula y unipersonal, tan unipersonal que sólo al cabo de unos meses tuve una secretaria por las mañanas. Pese a tan restringido equipo, Anagrama publicó 15 títulos el primer año. Aquella era una época en la que prácticamente todas las editoriales eran independientes por definición. Una época en la que el franquismo y su censura estaban bien presentes, pero la lucha contra este régimen opresor, culturalmente pernicioso y básicamente estúpido, era sumamente estimulante. Y se ha afirmado que el clima cultural y político del país cambió en parte gracias a la acción de un grupo de editoriales con propósitos resueltamente hostiles al statu quo. El otro momento sería ahora, otoño de 2002, 33 años y algo así como 2 200 títulos después, en un paisaje dominado por la concentración de los grandes grupos, pero en el que aún persistimos, y en bastante buena forma, veteranas editoriales independientes y, a la vez, al menos en España, florecen nuevas editoriales. En Anagrama, los excelentes colaboradores (bueno, casi todas colaboradoras) ahora son 15 y publicamos 100 títulos anuales, 75 en edición normal y
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profesional más importante y apostar decididamente por la cultura. Respecto a mi labor como editor de Anagrama, citaré dos momentos. El primero: la puesta en marcha, en abril de 1969, de una editorial minúscula y unipersonal, tan unipersonal que sólo al cabo de unos meses tuve una secretaria por las mañanas. Pese a tan restringido equipo, Anagrama publicó 15 títulos el primer año. Aquella era una época en la que prácticamente todas las editoriales eran independientes por definición. Una época en la que el franquismo y su censura estaban bien presentes, pero la lucha contra este régimen opresor, culturalmente pernicioso y básicamente estúpido, era sumamente estimulante. Y se ha afirmado que el clima cultural y político del país cambió en parte gracias a la acción de un grupo de editoriales con propósitos resueltamente hostiles al statu quo. El otro momento sería ahora, otoño de 2002, 33 años y algo así como 2 200 títulos después, en un paisaje dominado por la concentración de los grandes grupos, pero en el que aún persistimos, y en bastante buena forma, veteranas editoriales independientes y, a la vez, al menos en España, florecen nuevas editoriales. En Anagrama, los excelentes colaboradores (bueno, casi todas colaboradoras) ahora son 15 y publicamos 100 títulos anuales, 75 en edición normal y
profesional más importante y apostar decididamente por la cultura. Respecto a mi labor como editor de Anagrama, citaré dos momentos. El primero: la puesta en marcha, en abril de 1969, de una editorial minúscula y unipersonal, tan unipersonal que sólo al cabo de unos meses tuve una secretaria por las mañanas. Pese a tan restringido equipo, Anagrama publicó 15 títulos el primer año. Aquella era una época en la que prácticamente todas las editoriales eran independientes por definición. Una época en la que el franquismo y su censura estaban bien presentes, pero la lucha contra este régimen opresor, culturalmente pernicioso y básicamente estúpido, era sumamente estimulante. Y se ha afirmado que el clima cultural y político del país cambió en parte gracias a la acción de un grupo de editoriales con propósitos resueltamente hostiles al statu quo. El otro momento sería ahora, otoño de 2002, 33 años y algo así como 2 200 títulos después, en un paisaje dominado por la concentración de los grandes grupos, pero en el que aún persistimos, y en bastante buena forma, veteranas editoriales independientes y, a la vez, al menos en España, florecen nuevas editoriales. En Anagrama, los excelentes colaboradores (bueno, casi todas colaboradoras) ahora son 15 y publicamos 100 títulos anuales, 75 en edición normal y
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25 en bolsillo. En el catálogo se observa, por ejemplo, que este año se ha otorgado el trigésimo premio Anagrama de Ensayo, el premio decano en este género, con un palmarés de pensadores imprescindibles realmente impresionante —citaré sólo al mexicano Carlos Monsiváis como termómetro de los aciertos de su jurado—, y el vigésimo Premio Herralde de Novela, animado por la idea de apoyar a la nueva narrativa española —como Pombo, Azúa, Justo Navarro o Vila-Matas— y también de incorporar a valiosos novelistas latinoamericanos como Pitol o Bolaño y, ahoritita mismo, Margo Glantz. Para seguir con los números redondos, “Panorama de narrativas”, dedicada a la más interesante literatura traducida, ha llegado al número 500 con Se está haciendo cada vez más tarde de Antonio Tabucchi, y nuestra colección de bolsillo “Compactos”, tan consolidada, acaba de llegar al número 300. En ella se guardan las joyas de la corona, Nabokov, Highsmith, Carver, Auster, Tabucchi, Sharpe, Martín Gaite, Pombo, Vila-Matas y títulos imperecederos como La conjura de los necios, En el camino o Lolita. Aparte de esa fuerte presencia de la literatura, el catálogo refleja también, en el ámbito del pensamiento, ya desde sus inicios, una postura militante en favor de los derechos de la mujer, de la libertad de las opciones sexuales, en favor de la liberalización de la droga, y ahora contra los visibles desastres del neoliberalismo y la globalización. Otras áreas
25 en bolsillo. En el catálogo se observa, por ejemplo, que este año se ha otorgado el trigésimo premio Anagrama de Ensayo, el premio decano en este género, con un palmarés de pensadores imprescindibles realmente impresionante —citaré sólo al mexicano Carlos Monsiváis como termómetro de los aciertos de su jurado—, y el vigésimo Premio Herralde de Novela, animado por la idea de apoyar a la nueva narrativa española —como Pombo, Azúa, Justo Navarro o Vila-Matas— y también de incorporar a valiosos novelistas latinoamericanos como Pitol o Bolaño y, ahoritita mismo, Margo Glantz. Para seguir con los números redondos, “Panorama de narrativas”, dedicada a la más interesante literatura traducida, ha llegado al número 500 con Se está haciendo cada vez más tarde de Antonio Tabucchi, y nuestra colección de bolsillo “Compactos”, tan consolidada, acaba de llegar al número 300. En ella se guardan las joyas de la corona, Nabokov, Highsmith, Carver, Auster, Tabucchi, Sharpe, Martín Gaite, Pombo, Vila-Matas y títulos imperecederos como La conjura de los necios, En el camino o Lolita. Aparte de esa fuerte presencia de la literatura, el catálogo refleja también, en el ámbito del pensamiento, ya desde sus inicios, una postura militante en favor de los derechos de la mujer, de la libertad de las opciones sexuales, en favor de la liberalización de la droga, y ahora contra los visibles desastres del neoliberalismo y la globalización. Otras áreas
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25 en bolsillo. En el catálogo se observa, por ejemplo, que este año se ha otorgado el trigésimo premio Anagrama de Ensayo, el premio decano en este género, con un palmarés de pensadores imprescindibles realmente impresionante —citaré sólo al mexicano Carlos Monsiváis como termómetro de los aciertos de su jurado—, y el vigésimo Premio Herralde de Novela, animado por la idea de apoyar a la nueva narrativa española —como Pombo, Azúa, Justo Navarro o Vila-Matas— y también de incorporar a valiosos novelistas latinoamericanos como Pitol o Bolaño y, ahoritita mismo, Margo Glantz. Para seguir con los números redondos, “Panorama de narrativas”, dedicada a la más interesante literatura traducida, ha llegado al número 500 con Se está haciendo cada vez más tarde de Antonio Tabucchi, y nuestra colección de bolsillo “Compactos”, tan consolidada, acaba de llegar al número 300. En ella se guardan las joyas de la corona, Nabokov, Highsmith, Carver, Auster, Tabucchi, Sharpe, Martín Gaite, Pombo, Vila-Matas y títulos imperecederos como La conjura de los necios, En el camino o Lolita. Aparte de esa fuerte presencia de la literatura, el catálogo refleja también, en el ámbito del pensamiento, ya desde sus inicios, una postura militante en favor de los derechos de la mujer, de la libertad de las opciones sexuales, en favor de la liberalización de la droga, y ahora contra los visibles desastres del neoliberalismo y la globalización. Otras áreas
25 en bolsillo. En el catálogo se observa, por ejemplo, que este año se ha otorgado el trigésimo premio Anagrama de Ensayo, el premio decano en este género, con un palmarés de pensadores imprescindibles realmente impresionante —citaré sólo al mexicano Carlos Monsiváis como termómetro de los aciertos de su jurado—, y el vigésimo Premio Herralde de Novela, animado por la idea de apoyar a la nueva narrativa española —como Pombo, Azúa, Justo Navarro o Vila-Matas— y también de incorporar a valiosos novelistas latinoamericanos como Pitol o Bolaño y, ahoritita mismo, Margo Glantz. Para seguir con los números redondos, “Panorama de narrativas”, dedicada a la más interesante literatura traducida, ha llegado al número 500 con Se está haciendo cada vez más tarde de Antonio Tabucchi, y nuestra colección de bolsillo “Compactos”, tan consolidada, acaba de llegar al número 300. En ella se guardan las joyas de la corona, Nabokov, Highsmith, Carver, Auster, Tabucchi, Sharpe, Martín Gaite, Pombo, Vila-Matas y títulos imperecederos como La conjura de los necios, En el camino o Lolita. Aparte de esa fuerte presencia de la literatura, el catálogo refleja también, en el ámbito del pensamiento, ya desde sus inicios, una postura militante en favor de los derechos de la mujer, de la libertad de las opciones sexuales, en favor de la liberalización de la droga, y ahora contra los visibles desastres del neoliberalismo y la globalización. Otras áreas
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bien presentes son los estudios literarios y los grandes reportajes. No voy a extenderme más sobre Anagrama. Imagino que muchos de ustedes ya conocen bastante la editorial, o si no, en la propia Feria, en nuestra distribuidora Colofón, hay un amplio y surtido stand. Sí quiero demorarme un poco más en los presentadores, todos ellos imbricados en la historia de Anagrama o en mi propia biografía, y desde luego en el paisaje cultural de las últimas décadas. Pasemos, pues, a los presentadores, que son palabras mayores. Palabras mayores en sí mismos, aparte de las palabras demasiado mayores que me han dedicado; pero esto forma parte de un ritual cariñoso que agradezco mucho, aunque no es aconsejable que nadie se tome demasiado en serio. Empecemos con el ausente Antonio Tabucchi, un escritor ya con estatuto de mito internacional, gran amigo de tantos años y autor también de la casa desde aquella Dama de Porto Pim, inolvidable, como también lo es, en un registro muy distinto, Sostiene Pereira. El lunes pasado me llamó a Barcelona desde Princeton, donde daba una conferencia; me preguntó: “¿Tú eras de los que apostaban a que iría a Guadalajara o de los que apostaban a que no iría?” Antonio tiene un rico anecdotario, respecto al cual bromeamos a menudo, de viajes anunciados y cancelados en el último o penúltimo momento, para desespero de los muchos fans que le están
bien presentes son los estudios literarios y los grandes reportajes. No voy a extenderme más sobre Anagrama. Imagino que muchos de ustedes ya conocen bastante la editorial, o si no, en la propia Feria, en nuestra distribuidora Colofón, hay un amplio y surtido stand. Sí quiero demorarme un poco más en los presentadores, todos ellos imbricados en la historia de Anagrama o en mi propia biografía, y desde luego en el paisaje cultural de las últimas décadas. Pasemos, pues, a los presentadores, que son palabras mayores. Palabras mayores en sí mismos, aparte de las palabras demasiado mayores que me han dedicado; pero esto forma parte de un ritual cariñoso que agradezco mucho, aunque no es aconsejable que nadie se tome demasiado en serio. Empecemos con el ausente Antonio Tabucchi, un escritor ya con estatuto de mito internacional, gran amigo de tantos años y autor también de la casa desde aquella Dama de Porto Pim, inolvidable, como también lo es, en un registro muy distinto, Sostiene Pereira. El lunes pasado me llamó a Barcelona desde Princeton, donde daba una conferencia; me preguntó: “¿Tú eras de los que apostaban a que iría a Guadalajara o de los que apostaban a que no iría?” Antonio tiene un rico anecdotario, respecto al cual bromeamos a menudo, de viajes anunciados y cancelados en el último o penúltimo momento, para desespero de los muchos fans que le están
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bien presentes son los estudios literarios y los grandes reportajes. No voy a extenderme más sobre Anagrama. Imagino que muchos de ustedes ya conocen bastante la editorial, o si no, en la propia Feria, en nuestra distribuidora Colofón, hay un amplio y surtido stand. Sí quiero demorarme un poco más en los presentadores, todos ellos imbricados en la historia de Anagrama o en mi propia biografía, y desde luego en el paisaje cultural de las últimas décadas. Pasemos, pues, a los presentadores, que son palabras mayores. Palabras mayores en sí mismos, aparte de las palabras demasiado mayores que me han dedicado; pero esto forma parte de un ritual cariñoso que agradezco mucho, aunque no es aconsejable que nadie se tome demasiado en serio. Empecemos con el ausente Antonio Tabucchi, un escritor ya con estatuto de mito internacional, gran amigo de tantos años y autor también de la casa desde aquella Dama de Porto Pim, inolvidable, como también lo es, en un registro muy distinto, Sostiene Pereira. El lunes pasado me llamó a Barcelona desde Princeton, donde daba una conferencia; me preguntó: “¿Tú eras de los que apostaban a que iría a Guadalajara o de los que apostaban a que no iría?” Antonio tiene un rico anecdotario, respecto al cual bromeamos a menudo, de viajes anunciados y cancelados en el último o penúltimo momento, para desespero de los muchos fans que le están
bien presentes son los estudios literarios y los grandes reportajes. No voy a extenderme más sobre Anagrama. Imagino que muchos de ustedes ya conocen bastante la editorial, o si no, en la propia Feria, en nuestra distribuidora Colofón, hay un amplio y surtido stand. Sí quiero demorarme un poco más en los presentadores, todos ellos imbricados en la historia de Anagrama o en mi propia biografía, y desde luego en el paisaje cultural de las últimas décadas. Pasemos, pues, a los presentadores, que son palabras mayores. Palabras mayores en sí mismos, aparte de las palabras demasiado mayores que me han dedicado; pero esto forma parte de un ritual cariñoso que agradezco mucho, aunque no es aconsejable que nadie se tome demasiado en serio. Empecemos con el ausente Antonio Tabucchi, un escritor ya con estatuto de mito internacional, gran amigo de tantos años y autor también de la casa desde aquella Dama de Porto Pim, inolvidable, como también lo es, en un registro muy distinto, Sostiene Pereira. El lunes pasado me llamó a Barcelona desde Princeton, donde daba una conferencia; me preguntó: “¿Tú eras de los que apostaban a que iría a Guadalajara o de los que apostaban a que no iría?” Antonio tiene un rico anecdotario, respecto al cual bromeamos a menudo, de viajes anunciados y cancelados en el último o penúltimo momento, para desespero de los muchos fans que le están
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aguardando. Mentí descaradamente: “Yo aposté por que sí irías”. Había un pequeño problema en una escala del avión, al parecer, y al día siguiente me llamó de nuevo para decirme que, a pesar de mis emails a la coordinación de la Feria, aún no se había resuelto, por lo que se planteó el riesgo de la espantá. Le dije que estaba en mi lista de presentadores: “¿Eso significa que tengo que hablar bien de ti?”, me preguntó. “Piuttosto, más bien sí”, contesté. Pareció resignado. Ayer tarde llamó desde París, no venía, los problemas reales o imaginarios de su billete no se habían resuelto. Mi querido Antonio, conocido killer de organizadores, había añadido otra muesca más a su revólver. (Aclaración posterior: aunque vaya en contra de la eficacia narrativa, debo precisar que, en esta ocasión y sin que sirva de precedente, la culpa no fue de Antonio. Al parecer le habían asignado un billete con un asiento inexistente, pequeño equívoco con alguna importancia.) Pero, aparte de esas charlas juguetonas y el no imprevisible escamoteo final, Antonio me había llamado poco antes para darme una espléndida noticia literaria: había terminado la primera redacción de una novela muy ambiciosa con la que llevaba muchos años batallando. ¿Y qué decir de Sergio Pitol, sobre quien tanto he perorado, y viceversa, a quien conocí cuando yo empezaba Anagrama, en la época de la gauche divine cuando él dirigía “Los heterodoxos”, mi colección
aguardando. Mentí descaradamente: “Yo aposté por que sí irías”. Había un pequeño problema en una escala del avión, al parecer, y al día siguiente me llamó de nuevo para decirme que, a pesar de mis emails a la coordinación de la Feria, aún no se había resuelto, por lo que se planteó el riesgo de la espantá. Le dije que estaba en mi lista de presentadores: “¿Eso significa que tengo que hablar bien de ti?”, me preguntó. “Piuttosto, más bien sí”, contesté. Pareció resignado. Ayer tarde llamó desde París, no venía, los problemas reales o imaginarios de su billete no se habían resuelto. Mi querido Antonio, conocido killer de organizadores, había añadido otra muesca más a su revólver. (Aclaración posterior: aunque vaya en contra de la eficacia narrativa, debo precisar que, en esta ocasión y sin que sirva de precedente, la culpa no fue de Antonio. Al parecer le habían asignado un billete con un asiento inexistente, pequeño equívoco con alguna importancia.) Pero, aparte de esas charlas juguetonas y el no imprevisible escamoteo final, Antonio me había llamado poco antes para darme una espléndida noticia literaria: había terminado la primera redacción de una novela muy ambiciosa con la que llevaba muchos años batallando. ¿Y qué decir de Sergio Pitol, sobre quien tanto he perorado, y viceversa, a quien conocí cuando yo empezaba Anagrama, en la época de la gauche divine cuando él dirigía “Los heterodoxos”, mi colección
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aguardando. Mentí descaradamente: “Yo aposté por que sí irías”. Había un pequeño problema en una escala del avión, al parecer, y al día siguiente me llamó de nuevo para decirme que, a pesar de mis emails a la coordinación de la Feria, aún no se había resuelto, por lo que se planteó el riesgo de la espantá. Le dije que estaba en mi lista de presentadores: “¿Eso significa que tengo que hablar bien de ti?”, me preguntó. “Piuttosto, más bien sí”, contesté. Pareció resignado. Ayer tarde llamó desde París, no venía, los problemas reales o imaginarios de su billete no se habían resuelto. Mi querido Antonio, conocido killer de organizadores, había añadido otra muesca más a su revólver. (Aclaración posterior: aunque vaya en contra de la eficacia narrativa, debo precisar que, en esta ocasión y sin que sirva de precedente, la culpa no fue de Antonio. Al parecer le habían asignado un billete con un asiento inexistente, pequeño equívoco con alguna importancia.) Pero, aparte de esas charlas juguetonas y el no imprevisible escamoteo final, Antonio me había llamado poco antes para darme una espléndida noticia literaria: había terminado la primera redacción de una novela muy ambiciosa con la que llevaba muchos años batallando. ¿Y qué decir de Sergio Pitol, sobre quien tanto he perorado, y viceversa, a quien conocí cuando yo empezaba Anagrama, en la época de la gauche divine cuando él dirigía “Los heterodoxos”, mi colección
aguardando. Mentí descaradamente: “Yo aposté por que sí irías”. Había un pequeño problema en una escala del avión, al parecer, y al día siguiente me llamó de nuevo para decirme que, a pesar de mis emails a la coordinación de la Feria, aún no se había resuelto, por lo que se planteó el riesgo de la espantá. Le dije que estaba en mi lista de presentadores: “¿Eso significa que tengo que hablar bien de ti?”, me preguntó. “Piuttosto, más bien sí”, contesté. Pareció resignado. Ayer tarde llamó desde París, no venía, los problemas reales o imaginarios de su billete no se habían resuelto. Mi querido Antonio, conocido killer de organizadores, había añadido otra muesca más a su revólver. (Aclaración posterior: aunque vaya en contra de la eficacia narrativa, debo precisar que, en esta ocasión y sin que sirva de precedente, la culpa no fue de Antonio. Al parecer le habían asignado un billete con un asiento inexistente, pequeño equívoco con alguna importancia.) Pero, aparte de esas charlas juguetonas y el no imprevisible escamoteo final, Antonio me había llamado poco antes para darme una espléndida noticia literaria: había terminado la primera redacción de una novela muy ambiciosa con la que llevaba muchos años batallando. ¿Y qué decir de Sergio Pitol, sobre quien tanto he perorado, y viceversa, a quien conocí cuando yo empezaba Anagrama, en la época de la gauche divine cuando él dirigía “Los heterodoxos”, mi colección
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favorita de aquella estimulante Tusquets que entonces capitaneaban Beatriz de Moura y Óscar Tusquets? Más tarde, ya desde los ochenta, Sergio ha colaborado con Anagrama, sugiriendo títulos, traduciendo, y por mi parte, al igual que con Tabucchi, le he dado la prueba de admiración más inequívoca que puede dar un editor: publicar regularmente sus espléndidos libros. Cuando apareció El desfile del amor, en 1984, que ganó nuestro premio de novela, Pitol era un muy respetado pero poco leído autor de culto, mientras que ahora está unánimemente considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana, tanto por sus coetáneos como por las generaciones más jóvenes, como se reconoció aquí mismo, en Guadalajara, cuando se le otorgó hace unos años el Premio Juan Rulfo. Y ha reemprendido con éxito su carrera internacional: traducciones suyas planean en Alemania, Francia, Holanda, Grecia, Canadá y Estados Unidos. En cuanto a Enrique Folch, lo vi el lunes pasado en el entierro del gran editor y buen amigo Juan Grijalbo, un catalán exiliado tras la guerra civil y acogido generosamente en este país, donde empezó a ejercer de editor y a quien tanto debe México y viceversa. Me dijo que me presentaría hoy, lo que me alegró mucho. Pero como bien saben todos sus amigos, Enrique, en cuanto toma la palabra, tiene una tendencia al formato de novela-río, por lo que
favorita de aquella estimulante Tusquets que entonces capitaneaban Beatriz de Moura y Óscar Tusquets? Más tarde, ya desde los ochenta, Sergio ha colaborado con Anagrama, sugiriendo títulos, traduciendo, y por mi parte, al igual que con Tabucchi, le he dado la prueba de admiración más inequívoca que puede dar un editor: publicar regularmente sus espléndidos libros. Cuando apareció El desfile del amor, en 1984, que ganó nuestro premio de novela, Pitol era un muy respetado pero poco leído autor de culto, mientras que ahora está unánimemente considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana, tanto por sus coetáneos como por las generaciones más jóvenes, como se reconoció aquí mismo, en Guadalajara, cuando se le otorgó hace unos años el Premio Juan Rulfo. Y ha reemprendido con éxito su carrera internacional: traducciones suyas planean en Alemania, Francia, Holanda, Grecia, Canadá y Estados Unidos. En cuanto a Enrique Folch, lo vi el lunes pasado en el entierro del gran editor y buen amigo Juan Grijalbo, un catalán exiliado tras la guerra civil y acogido generosamente en este país, donde empezó a ejercer de editor y a quien tanto debe México y viceversa. Me dijo que me presentaría hoy, lo que me alegró mucho. Pero como bien saben todos sus amigos, Enrique, en cuanto toma la palabra, tiene una tendencia al formato de novela-río, por lo que
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favorita de aquella estimulante Tusquets que entonces capitaneaban Beatriz de Moura y Óscar Tusquets? Más tarde, ya desde los ochenta, Sergio ha colaborado con Anagrama, sugiriendo títulos, traduciendo, y por mi parte, al igual que con Tabucchi, le he dado la prueba de admiración más inequívoca que puede dar un editor: publicar regularmente sus espléndidos libros. Cuando apareció El desfile del amor, en 1984, que ganó nuestro premio de novela, Pitol era un muy respetado pero poco leído autor de culto, mientras que ahora está unánimemente considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana, tanto por sus coetáneos como por las generaciones más jóvenes, como se reconoció aquí mismo, en Guadalajara, cuando se le otorgó hace unos años el Premio Juan Rulfo. Y ha reemprendido con éxito su carrera internacional: traducciones suyas planean en Alemania, Francia, Holanda, Grecia, Canadá y Estados Unidos. En cuanto a Enrique Folch, lo vi el lunes pasado en el entierro del gran editor y buen amigo Juan Grijalbo, un catalán exiliado tras la guerra civil y acogido generosamente en este país, donde empezó a ejercer de editor y a quien tanto debe México y viceversa. Me dijo que me presentaría hoy, lo que me alegró mucho. Pero como bien saben todos sus amigos, Enrique, en cuanto toma la palabra, tiene una tendencia al formato de novela-río, por lo que
favorita de aquella estimulante Tusquets que entonces capitaneaban Beatriz de Moura y Óscar Tusquets? Más tarde, ya desde los ochenta, Sergio ha colaborado con Anagrama, sugiriendo títulos, traduciendo, y por mi parte, al igual que con Tabucchi, le he dado la prueba de admiración más inequívoca que puede dar un editor: publicar regularmente sus espléndidos libros. Cuando apareció El desfile del amor, en 1984, que ganó nuestro premio de novela, Pitol era un muy respetado pero poco leído autor de culto, mientras que ahora está unánimemente considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana, tanto por sus coetáneos como por las generaciones más jóvenes, como se reconoció aquí mismo, en Guadalajara, cuando se le otorgó hace unos años el Premio Juan Rulfo. Y ha reemprendido con éxito su carrera internacional: traducciones suyas planean en Alemania, Francia, Holanda, Grecia, Canadá y Estados Unidos. En cuanto a Enrique Folch, lo vi el lunes pasado en el entierro del gran editor y buen amigo Juan Grijalbo, un catalán exiliado tras la guerra civil y acogido generosamente en este país, donde empezó a ejercer de editor y a quien tanto debe México y viceversa. Me dijo que me presentaría hoy, lo que me alegró mucho. Pero como bien saben todos sus amigos, Enrique, en cuanto toma la palabra, tiene una tendencia al formato de novela-río, por lo que
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le advertí: “Piensa que hay otros presentadores”. Imperturbable, me contestó: “Hablaré el último”. “Sí, pero en algún momento habrá que cenar.” Bromas aparte, a Folch lo conozco desde los tiempos del cuplé, cuando él era un librero joven, pero el mejor de Barcelona, al frente de Áncora y Delfín, que convirtió en la librería de referencia de nuestra ciudad y donde compré tantísimos libros. Después le tentó, lógicamente, la edición y lleva muchos años al frente de Paidós Ibérica, donde ha realizado, como es sabido, una espléndida tarea. Confío en que pueda proseguirla. Salut, Enric. Y ahora le toca el turno a Daniel Divinsky, en su doble condición de presentador y de jurado del premio y que ahora ha ejercido de abogado del diablo, en este proceso de canonización (como él lo ha llamado), en realidad de falso y fracasado abogado del diablo, como para subrayar nuestra amistad. Daniel es mi más antiguo compinche latinoamericano, lo conozco desde que empecé a editar, era inevitable encontrármelo: participa en todas las ferias del libro: Frankfurt, Liber, México (antes en el Palacio de Minería y luego en Guadalajara), Bogotá, naturalmente Argentina, y seguro que muchas más cuya existencia ni siquiera conozco. Una feria del libro sin los Divinsky (es decir, sin Daniel y Kuki) sería una feria incompleta, fallida. Pero eso apenas sucede. Ahora, de regreso en Argentina desde hace muchos años, después de su exilio forzado por los militares, los
le advertí: “Piensa que hay otros presentadores”. Imperturbable, me contestó: “Hablaré el último”. “Sí, pero en algún momento habrá que cenar.” Bromas aparte, a Folch lo conozco desde los tiempos del cuplé, cuando él era un librero joven, pero el mejor de Barcelona, al frente de Áncora y Delfín, que convirtió en la librería de referencia de nuestra ciudad y donde compré tantísimos libros. Después le tentó, lógicamente, la edición y lleva muchos años al frente de Paidós Ibérica, donde ha realizado, como es sabido, una espléndida tarea. Confío en que pueda proseguirla. Salut, Enric. Y ahora le toca el turno a Daniel Divinsky, en su doble condición de presentador y de jurado del premio y que ahora ha ejercido de abogado del diablo, en este proceso de canonización (como él lo ha llamado), en realidad de falso y fracasado abogado del diablo, como para subrayar nuestra amistad. Daniel es mi más antiguo compinche latinoamericano, lo conozco desde que empecé a editar, era inevitable encontrármelo: participa en todas las ferias del libro: Frankfurt, Liber, México (antes en el Palacio de Minería y luego en Guadalajara), Bogotá, naturalmente Argentina, y seguro que muchas más cuya existencia ni siquiera conozco. Una feria del libro sin los Divinsky (es decir, sin Daniel y Kuki) sería una feria incompleta, fallida. Pero eso apenas sucede. Ahora, de regreso en Argentina desde hace muchos años, después de su exilio forzado por los militares, los
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le advertí: “Piensa que hay otros presentadores”. Imperturbable, me contestó: “Hablaré el último”. “Sí, pero en algún momento habrá que cenar.” Bromas aparte, a Folch lo conozco desde los tiempos del cuplé, cuando él era un librero joven, pero el mejor de Barcelona, al frente de Áncora y Delfín, que convirtió en la librería de referencia de nuestra ciudad y donde compré tantísimos libros. Después le tentó, lógicamente, la edición y lleva muchos años al frente de Paidós Ibérica, donde ha realizado, como es sabido, una espléndida tarea. Confío en que pueda proseguirla. Salut, Enric. Y ahora le toca el turno a Daniel Divinsky, en su doble condición de presentador y de jurado del premio y que ahora ha ejercido de abogado del diablo, en este proceso de canonización (como él lo ha llamado), en realidad de falso y fracasado abogado del diablo, como para subrayar nuestra amistad. Daniel es mi más antiguo compinche latinoamericano, lo conozco desde que empecé a editar, era inevitable encontrármelo: participa en todas las ferias del libro: Frankfurt, Liber, México (antes en el Palacio de Minería y luego en Guadalajara), Bogotá, naturalmente Argentina, y seguro que muchas más cuya existencia ni siquiera conozco. Una feria del libro sin los Divinsky (es decir, sin Daniel y Kuki) sería una feria incompleta, fallida. Pero eso apenas sucede. Ahora, de regreso en Argentina desde hace muchos años, después de su exilio forzado por los militares, los
le advertí: “Piensa que hay otros presentadores”. Imperturbable, me contestó: “Hablaré el último”. “Sí, pero en algún momento habrá que cenar.” Bromas aparte, a Folch lo conozco desde los tiempos del cuplé, cuando él era un librero joven, pero el mejor de Barcelona, al frente de Áncora y Delfín, que convirtió en la librería de referencia de nuestra ciudad y donde compré tantísimos libros. Después le tentó, lógicamente, la edición y lleva muchos años al frente de Paidós Ibérica, donde ha realizado, como es sabido, una espléndida tarea. Confío en que pueda proseguirla. Salut, Enric. Y ahora le toca el turno a Daniel Divinsky, en su doble condición de presentador y de jurado del premio y que ahora ha ejercido de abogado del diablo, en este proceso de canonización (como él lo ha llamado), en realidad de falso y fracasado abogado del diablo, como para subrayar nuestra amistad. Daniel es mi más antiguo compinche latinoamericano, lo conozco desde que empecé a editar, era inevitable encontrármelo: participa en todas las ferias del libro: Frankfurt, Liber, México (antes en el Palacio de Minería y luego en Guadalajara), Bogotá, naturalmente Argentina, y seguro que muchas más cuya existencia ni siquiera conozco. Una feria del libro sin los Divinsky (es decir, sin Daniel y Kuki) sería una feria incompleta, fallida. Pero eso apenas sucede. Ahora, de regreso en Argentina desde hace muchos años, después de su exilio forzado por los militares, los
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Divinsky, con su Quino y su Fontanarrosa como fidelísimos puntales, son unos anómalos editores independientes en un paisaje complicadísimo, y lo seguirán siendo hasta que les dé la gana. En cuanto al galardón que nos convoca, todo premio se define por su palmarés, por su historial. Por ello, para mí es un honor que lo hayan obtenido colegas admirables. No puedo resistir la tentación de citar a dos de ellos. En primer lugar, Neus Espresate, la editora de ERA. Conocí a Neus en el 73 o el 74, en mi primer viaje a México, me invitó a cenar a su casa y así empezó nuestra amistad, pero entonces yo ya admiraba muchísimo su editorial. Recuerdo las traducciones de Malcolm Lowry o Pierre Klossowski, o a aquellos autores latinoamericanos que fueron también amigos míos y que luego publicaron en Anagrama, como Sergio Pitol, Tito Monterroso y Carlos Monsiváis. Y, desde luego, la extraordinaria calidad del diseño a cargo de su socio Vicente Rojo, también buen amigo y presente asimismo en Anagrama, gracias a la ilustración de la portada de Efectos personales de otro autor común, Juan Villoro. Y era fundamental la afinidad política: en ambas editoriales, ERA y Anagrama, aparecieron obras de Rosa Luxemburg, Karl Korsch, Antonio Gramsci, Isaac Deutscher, Che Guevara, Ernest Mandel, André Gunder Frank, Rossana Rossanda. Y otro paralelismo: en ERA habían lanzado su revista Cuadernos
Divinsky, con su Quino y su Fontanarrosa como fidelísimos puntales, son unos anómalos editores independientes en un paisaje complicadísimo, y lo seguirán siendo hasta que les dé la gana. En cuanto al galardón que nos convoca, todo premio se define por su palmarés, por su historial. Por ello, para mí es un honor que lo hayan obtenido colegas admirables. No puedo resistir la tentación de citar a dos de ellos. En primer lugar, Neus Espresate, la editora de ERA. Conocí a Neus en el 73 o el 74, en mi primer viaje a México, me invitó a cenar a su casa y así empezó nuestra amistad, pero entonces yo ya admiraba muchísimo su editorial. Recuerdo las traducciones de Malcolm Lowry o Pierre Klossowski, o a aquellos autores latinoamericanos que fueron también amigos míos y que luego publicaron en Anagrama, como Sergio Pitol, Tito Monterroso y Carlos Monsiváis. Y, desde luego, la extraordinaria calidad del diseño a cargo de su socio Vicente Rojo, también buen amigo y presente asimismo en Anagrama, gracias a la ilustración de la portada de Efectos personales de otro autor común, Juan Villoro. Y era fundamental la afinidad política: en ambas editoriales, ERA y Anagrama, aparecieron obras de Rosa Luxemburg, Karl Korsch, Antonio Gramsci, Isaac Deutscher, Che Guevara, Ernest Mandel, André Gunder Frank, Rossana Rossanda. Y otro paralelismo: en ERA habían lanzado su revista Cuadernos
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Divinsky, con su Quino y su Fontanarrosa como fidelísimos puntales, son unos anómalos editores independientes en un paisaje complicadísimo, y lo seguirán siendo hasta que les dé la gana. En cuanto al galardón que nos convoca, todo premio se define por su palmarés, por su historial. Por ello, para mí es un honor que lo hayan obtenido colegas admirables. No puedo resistir la tentación de citar a dos de ellos. En primer lugar, Neus Espresate, la editora de ERA. Conocí a Neus en el 73 o el 74, en mi primer viaje a México, me invitó a cenar a su casa y así empezó nuestra amistad, pero entonces yo ya admiraba muchísimo su editorial. Recuerdo las traducciones de Malcolm Lowry o Pierre Klossowski, o a aquellos autores latinoamericanos que fueron también amigos míos y que luego publicaron en Anagrama, como Sergio Pitol, Tito Monterroso y Carlos Monsiváis. Y, desde luego, la extraordinaria calidad del diseño a cargo de su socio Vicente Rojo, también buen amigo y presente asimismo en Anagrama, gracias a la ilustración de la portada de Efectos personales de otro autor común, Juan Villoro. Y era fundamental la afinidad política: en ambas editoriales, ERA y Anagrama, aparecieron obras de Rosa Luxemburg, Karl Korsch, Antonio Gramsci, Isaac Deutscher, Che Guevara, Ernest Mandel, André Gunder Frank, Rossana Rossanda. Y otro paralelismo: en ERA habían lanzado su revista Cuadernos
Divinsky, con su Quino y su Fontanarrosa como fidelísimos puntales, son unos anómalos editores independientes en un paisaje complicadísimo, y lo seguirán siendo hasta que les dé la gana. En cuanto al galardón que nos convoca, todo premio se define por su palmarés, por su historial. Por ello, para mí es un honor que lo hayan obtenido colegas admirables. No puedo resistir la tentación de citar a dos de ellos. En primer lugar, Neus Espresate, la editora de ERA. Conocí a Neus en el 73 o el 74, en mi primer viaje a México, me invitó a cenar a su casa y así empezó nuestra amistad, pero entonces yo ya admiraba muchísimo su editorial. Recuerdo las traducciones de Malcolm Lowry o Pierre Klossowski, o a aquellos autores latinoamericanos que fueron también amigos míos y que luego publicaron en Anagrama, como Sergio Pitol, Tito Monterroso y Carlos Monsiváis. Y, desde luego, la extraordinaria calidad del diseño a cargo de su socio Vicente Rojo, también buen amigo y presente asimismo en Anagrama, gracias a la ilustración de la portada de Efectos personales de otro autor común, Juan Villoro. Y era fundamental la afinidad política: en ambas editoriales, ERA y Anagrama, aparecieron obras de Rosa Luxemburg, Karl Korsch, Antonio Gramsci, Isaac Deutscher, Che Guevara, Ernest Mandel, André Gunder Frank, Rossana Rossanda. Y otro paralelismo: en ERA habían lanzado su revista Cuadernos
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Políticos, que fueron un foco de debate imprescindible de la radicalidad de izquierdas, mientras que los “Cuadernos Anagrama”, aunque de características distintas, coincidían en gran parte con los propósitos y no pocos autores. Y mi homenaje final será para Arnaldo Orfila Reynal, el gran editor de Siglo XXI, que tantas alegrías me dio con sus publicaciones y que tanto me amargó la vida por las mismas razones. Me explicaré: cuando empecé Anagrama, muchos de los autores que más me interesaban estaban copados por Siglo XXI, por ejemplo Althusser, Barthes, Lacan. Pero no sólo eso: Orfila, gracias al prestigio adquirido al frente de Fondo de Cultura Económica, primero, y de Siglo XXI después, tenía opción preferente para todos los libros de alguna de mis editoriales favoritas, como Maspero. Y Anagrama se quedaba siempre en la lista de espera, sin billete, o sea, sin contrato, sin libro. Por eso decía a menudo, semibromeando, que en mis inicios editoriales yo había tenido dos obstáculos de cuidado: Franco y su censura, y Orfila y su Siglo XXI. Conste, pues, mi mejor homenaje para Arnaldo Orfila, editor de Siglo XXI y uno de los grandes editores del siglo XX. Y, ya para terminar de una vez (no he seguido el civilizado consejo que le propiné a Folch), agradezco de nuevo este premio otorgado en México, un país que empecé a descubrir en 1974, un país del que, pocos años después, Lali Gubern, mi pareja y
Políticos, que fueron un foco de debate imprescindible de la radicalidad de izquierdas, mientras que los “Cuadernos Anagrama”, aunque de características distintas, coincidían en gran parte con los propósitos y no pocos autores. Y mi homenaje final será para Arnaldo Orfila Reynal, el gran editor de Siglo XXI, que tantas alegrías me dio con sus publicaciones y que tanto me amargó la vida por las mismas razones. Me explicaré: cuando empecé Anagrama, muchos de los autores que más me interesaban estaban copados por Siglo XXI, por ejemplo Althusser, Barthes, Lacan. Pero no sólo eso: Orfila, gracias al prestigio adquirido al frente de Fondo de Cultura Económica, primero, y de Siglo XXI después, tenía opción preferente para todos los libros de alguna de mis editoriales favoritas, como Maspero. Y Anagrama se quedaba siempre en la lista de espera, sin billete, o sea, sin contrato, sin libro. Por eso decía a menudo, semibromeando, que en mis inicios editoriales yo había tenido dos obstáculos de cuidado: Franco y su censura, y Orfila y su Siglo XXI. Conste, pues, mi mejor homenaje para Arnaldo Orfila, editor de Siglo XXI y uno de los grandes editores del siglo XX. Y, ya para terminar de una vez (no he seguido el civilizado consejo que le propiné a Folch), agradezco de nuevo este premio otorgado en México, un país que empecé a descubrir en 1974, un país del que, pocos años después, Lali Gubern, mi pareja y
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Políticos, que fueron un foco de debate imprescindible de la radicalidad de izquierdas, mientras que los “Cuadernos Anagrama”, aunque de características distintas, coincidían en gran parte con los propósitos y no pocos autores. Y mi homenaje final será para Arnaldo Orfila Reynal, el gran editor de Siglo XXI, que tantas alegrías me dio con sus publicaciones y que tanto me amargó la vida por las mismas razones. Me explicaré: cuando empecé Anagrama, muchos de los autores que más me interesaban estaban copados por Siglo XXI, por ejemplo Althusser, Barthes, Lacan. Pero no sólo eso: Orfila, gracias al prestigio adquirido al frente de Fondo de Cultura Económica, primero, y de Siglo XXI después, tenía opción preferente para todos los libros de alguna de mis editoriales favoritas, como Maspero. Y Anagrama se quedaba siempre en la lista de espera, sin billete, o sea, sin contrato, sin libro. Por eso decía a menudo, semibromeando, que en mis inicios editoriales yo había tenido dos obstáculos de cuidado: Franco y su censura, y Orfila y su Siglo XXI. Conste, pues, mi mejor homenaje para Arnaldo Orfila, editor de Siglo XXI y uno de los grandes editores del siglo XX. Y, ya para terminar de una vez (no he seguido el civilizado consejo que le propiné a Folch), agradezco de nuevo este premio otorgado en México, un país que empecé a descubrir en 1974, un país del que, pocos años después, Lali Gubern, mi pareja y
Políticos, que fueron un foco de debate imprescindible de la radicalidad de izquierdas, mientras que los “Cuadernos Anagrama”, aunque de características distintas, coincidían en gran parte con los propósitos y no pocos autores. Y mi homenaje final será para Arnaldo Orfila Reynal, el gran editor de Siglo XXI, que tantas alegrías me dio con sus publicaciones y que tanto me amargó la vida por las mismas razones. Me explicaré: cuando empecé Anagrama, muchos de los autores que más me interesaban estaban copados por Siglo XXI, por ejemplo Althusser, Barthes, Lacan. Pero no sólo eso: Orfila, gracias al prestigio adquirido al frente de Fondo de Cultura Económica, primero, y de Siglo XXI después, tenía opción preferente para todos los libros de alguna de mis editoriales favoritas, como Maspero. Y Anagrama se quedaba siempre en la lista de espera, sin billete, o sea, sin contrato, sin libro. Por eso decía a menudo, semibromeando, que en mis inicios editoriales yo había tenido dos obstáculos de cuidado: Franco y su censura, y Orfila y su Siglo XXI. Conste, pues, mi mejor homenaje para Arnaldo Orfila, editor de Siglo XXI y uno de los grandes editores del siglo XX. Y, ya para terminar de una vez (no he seguido el civilizado consejo que le propiné a Folch), agradezco de nuevo este premio otorgado en México, un país que empecé a descubrir en 1974, un país del que, pocos años después, Lali Gubern, mi pareja y
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colaboradora, también se enamoró y al que hemos venido numerosas veces. Ni siquiera ahora, Lali, provisionalmente lisiada a raíz de un accidente durante el verano pasado, precisamente en México, enarbolando sus muletas, ha querido dejar de acompañarme. Muchas gracias, que Jalisco no se raje, que siga esta estupenda Feria.
colaboradora, también se enamoró y al que hemos venido numerosas veces. Ni siquiera ahora, Lali, provisionalmente lisiada a raíz de un accidente durante el verano pasado, precisamente en México, enarbolando sus muletas, ha querido dejar de acompañarme. Muchas gracias, que Jalisco no se raje, que siga esta estupenda Feria.
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colaboradora, también se enamoró y al que hemos venido numerosas veces. Ni siquiera ahora, Lali, provisionalmente lisiada a raíz de un accidente durante el verano pasado, precisamente en México, enarbolando sus muletas, ha querido dejar de acompañarme. Muchas gracias, que Jalisco no se raje, que siga esta estupenda Feria.
colaboradora, también se enamoró y al que hemos venido numerosas veces. Ni siquiera ahora, Lali, provisionalmente lisiada a raíz de un accidente durante el verano pasado, precisamente en México, enarbolando sus muletas, ha querido dejar de acompañarme. Muchas gracias, que Jalisco no se raje, que siga esta estupenda Feria.
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Con Carlos Martínez Rentería celebrando en La Mutualista.
Con Carlos Martínez Rentería celebrando en La Mutualista.
Con Carlos Martínez Rentería celebrando en La Mutualista.
Con Carlos Martínez Rentería celebrando en La Mutualista.
Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo*
Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo*
Cuando se hizo público, el mes pasado, que me concedían el Premio Reconocimiento al Mérito Editorial, otorgado por la Feria de Guadalajara, Carlos Martínez Rentería me escribió diciendo que organizaría al día siguiente un Homenaje alternativo, off Feria, que es el que ahora estamos celebrando, entre tequilas y cervezas, en esta cantina La Mutualista. Hace años que me encuentro en la Feria de Guadalajara con Carlos, en estado más o menos o muy etílico, pero siempre infatigable, caótico y lleno de proyectos que, a veces, incluso a menudo, se acaban realizando. Recuerdo que hace algún tiempo me invitó a participar en un homenaje improvisado (en un pasillo de la Feria, una mesa, unas sillas y
Cuando se hizo público, el mes pasado, que me concedían el Premio Reconocimiento al Mérito Editorial, otorgado por la Feria de Guadalajara, Carlos Martínez Rentería me escribió diciendo que organizaría al día siguiente un Homenaje alternativo, off Feria, que es el que ahora estamos celebrando, entre tequilas y cervezas, en esta cantina La Mutualista. Hace años que me encuentro en la Feria de Guadalajara con Carlos, en estado más o menos o muy etílico, pero siempre infatigable, caótico y lleno de proyectos que, a veces, incluso a menudo, se acaban realizando. Recuerdo que hace algún tiempo me invitó a participar en un homenaje improvisado (en un pasillo de la Feria, una mesa, unas sillas y
* Texto leído en la cantina La Mutualista, Guadalajara, 2 de diciembre de 2002.
* Texto leído en la cantina La Mutualista, Guadalajara, 2 de diciembre de 2002.
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Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo*
Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo*
Cuando se hizo público, el mes pasado, que me concedían el Premio Reconocimiento al Mérito Editorial, otorgado por la Feria de Guadalajara, Carlos Martínez Rentería me escribió diciendo que organizaría al día siguiente un Homenaje alternativo, off Feria, que es el que ahora estamos celebrando, entre tequilas y cervezas, en esta cantina La Mutualista. Hace años que me encuentro en la Feria de Guadalajara con Carlos, en estado más o menos o muy etílico, pero siempre infatigable, caótico y lleno de proyectos que, a veces, incluso a menudo, se acaban realizando. Recuerdo que hace algún tiempo me invitó a participar en un homenaje improvisado (en un pasillo de la Feria, una mesa, unas sillas y
Cuando se hizo público, el mes pasado, que me concedían el Premio Reconocimiento al Mérito Editorial, otorgado por la Feria de Guadalajara, Carlos Martínez Rentería me escribió diciendo que organizaría al día siguiente un Homenaje alternativo, off Feria, que es el que ahora estamos celebrando, entre tequilas y cervezas, en esta cantina La Mutualista. Hace años que me encuentro en la Feria de Guadalajara con Carlos, en estado más o menos o muy etílico, pero siempre infatigable, caótico y lleno de proyectos que, a veces, incluso a menudo, se acaban realizando. Recuerdo que hace algún tiempo me invitó a participar en un homenaje improvisado (en un pasillo de la Feria, una mesa, unas sillas y
* Texto leído en la cantina La Mutualista, Guadalajara, 2 de diciembre de 2002.
* Texto leído en la cantina La Mutualista, Guadalajara, 2 de diciembre de 2002.
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unos pocos periodistas) al poeta Neeli Cherkowski, autor de una biografía de Bukowski, Hank, que Anagrama había publicado. Ahora está radiante porque Ferlinghetti, el poeta, editor y librero de la mítica City Lights Books, ha aceptado su invitación y en breve estará en México. Hace años, también, que Carlos Martínez Rentería es el hombre-orquesta de la revista Generación, que lleva bastantes años publicándose, con periodicidad muy aleatoria, y es algo así como el boletín oficioso de los marginales, los contraculturales, los underground, con textos de gran interés acompañados con imágenes y fotos de evidente procacidad. Y también hace años que Carlos se empeñó en una cruzada personal para que me dieran el Premio de Guadalajara, concesión que a su juicio se estaba demorando escandalosamente. Sin entrar en problemas de calendario, le agradezco mucho su desaforado interés y me alegra que ahora, ya con el premio concedido, no deberá derrochar más energías al respecto. De los editores independientes que me acompañan en esta mesa redonda —además del propio Carlos, Guillermo Fadanelli, Andrés Ramírez, David de Ande y Felipe Ponce—, conocía de oídas a Fadanelli. Varios amigos míos, lectores finísimos, me dicen desde hace un tiempo que Fadanelli es el mejor novelista de su generación y que debería estar editado en Anagrama. Por lo visto, algo ha falla-
unos pocos periodistas) al poeta Neeli Cherkowski, autor de una biografía de Bukowski, Hank, que Anagrama había publicado. Ahora está radiante porque Ferlinghetti, el poeta, editor y librero de la mítica City Lights Books, ha aceptado su invitación y en breve estará en México. Hace años, también, que Carlos Martínez Rentería es el hombre-orquesta de la revista Generación, que lleva bastantes años publicándose, con periodicidad muy aleatoria, y es algo así como el boletín oficioso de los marginales, los contraculturales, los underground, con textos de gran interés acompañados con imágenes y fotos de evidente procacidad. Y también hace años que Carlos se empeñó en una cruzada personal para que me dieran el Premio de Guadalajara, concesión que a su juicio se estaba demorando escandalosamente. Sin entrar en problemas de calendario, le agradezco mucho su desaforado interés y me alegra que ahora, ya con el premio concedido, no deberá derrochar más energías al respecto. De los editores independientes que me acompañan en esta mesa redonda —además del propio Carlos, Guillermo Fadanelli, Andrés Ramírez, David de Ande y Felipe Ponce—, conocía de oídas a Fadanelli. Varios amigos míos, lectores finísimos, me dicen desde hace un tiempo que Fadanelli es el mejor novelista de su generación y que debería estar editado en Anagrama. Por lo visto, algo ha falla-
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unos pocos periodistas) al poeta Neeli Cherkowski, autor de una biografía de Bukowski, Hank, que Anagrama había publicado. Ahora está radiante porque Ferlinghetti, el poeta, editor y librero de la mítica City Lights Books, ha aceptado su invitación y en breve estará en México. Hace años, también, que Carlos Martínez Rentería es el hombre-orquesta de la revista Generación, que lleva bastantes años publicándose, con periodicidad muy aleatoria, y es algo así como el boletín oficioso de los marginales, los contraculturales, los underground, con textos de gran interés acompañados con imágenes y fotos de evidente procacidad. Y también hace años que Carlos se empeñó en una cruzada personal para que me dieran el Premio de Guadalajara, concesión que a su juicio se estaba demorando escandalosamente. Sin entrar en problemas de calendario, le agradezco mucho su desaforado interés y me alegra que ahora, ya con el premio concedido, no deberá derrochar más energías al respecto. De los editores independientes que me acompañan en esta mesa redonda —además del propio Carlos, Guillermo Fadanelli, Andrés Ramírez, David de Ande y Felipe Ponce—, conocía de oídas a Fadanelli. Varios amigos míos, lectores finísimos, me dicen desde hace un tiempo que Fadanelli es el mejor novelista de su generación y que debería estar editado en Anagrama. Por lo visto, algo ha falla-
unos pocos periodistas) al poeta Neeli Cherkowski, autor de una biografía de Bukowski, Hank, que Anagrama había publicado. Ahora está radiante porque Ferlinghetti, el poeta, editor y librero de la mítica City Lights Books, ha aceptado su invitación y en breve estará en México. Hace años, también, que Carlos Martínez Rentería es el hombre-orquesta de la revista Generación, que lleva bastantes años publicándose, con periodicidad muy aleatoria, y es algo así como el boletín oficioso de los marginales, los contraculturales, los underground, con textos de gran interés acompañados con imágenes y fotos de evidente procacidad. Y también hace años que Carlos se empeñó en una cruzada personal para que me dieran el Premio de Guadalajara, concesión que a su juicio se estaba demorando escandalosamente. Sin entrar en problemas de calendario, le agradezco mucho su desaforado interés y me alegra que ahora, ya con el premio concedido, no deberá derrochar más energías al respecto. De los editores independientes que me acompañan en esta mesa redonda —además del propio Carlos, Guillermo Fadanelli, Andrés Ramírez, David de Ande y Felipe Ponce—, conocía de oídas a Fadanelli. Varios amigos míos, lectores finísimos, me dicen desde hace un tiempo que Fadanelli es el mejor novelista de su generación y que debería estar editado en Anagrama. Por lo visto, algo ha falla-
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do en el sistema de señales: nunca le he pedido un texto para una posible publicación, ni él me lo ha enviado. Reparo aquí, públicamente, este error y le curso una invitación formal. Ayer o anteayer, todo se vuelve un poco confuso en esos días de Feria, Carlos me llevó al stand alternativo que alberga a Generación, al igual que a otras revistas que aún no conocía como Moho y Nitro, también en ondas parecidas. En el mismo stand estaba el joven librero de “Primero sueño” con el subtítulo “Los raros. Los underground. Los clásicos. Los malditos”. Me comenta que Anagrama es básica para su librería, al parecer el santasanctórum o la bodega del diablo de los más inconformistas lectores del D.F. Allí reinan los Bukowski, Kerouac, Burroughs, Hunter Thompson, Irvine Welsh, Pedro Lemebel, Pedro Juan Gutiérrez y demás ralea. Curiosamente, tanto las citadas revistas como el stand reciben subvenciones de Conaculta (el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) con un programa que tiene como lema “El arte de servir al arte”. Es decir, un organismo del gobierno del PAN, tan casposo y santurrón, se da un inesperado baño de modernez y también da gasolina, lana, sin contrapartida, a estos jóvenes díscolos. Abro el número 17 de Moho (Salud para los enfermos, azote para la gente sana). Ahí van algunos de los titulares: “Hola, soy Sandie y soy una adicta”, “Cocaína”, “Rompiendo la baraja”, “¿Por qué Señor me
do en el sistema de señales: nunca le he pedido un texto para una posible publicación, ni él me lo ha enviado. Reparo aquí, públicamente, este error y le curso una invitación formal. Ayer o anteayer, todo se vuelve un poco confuso en esos días de Feria, Carlos me llevó al stand alternativo que alberga a Generación, al igual que a otras revistas que aún no conocía como Moho y Nitro, también en ondas parecidas. En el mismo stand estaba el joven librero de “Primero sueño” con el subtítulo “Los raros. Los underground. Los clásicos. Los malditos”. Me comenta que Anagrama es básica para su librería, al parecer el santasanctórum o la bodega del diablo de los más inconformistas lectores del D.F. Allí reinan los Bukowski, Kerouac, Burroughs, Hunter Thompson, Irvine Welsh, Pedro Lemebel, Pedro Juan Gutiérrez y demás ralea. Curiosamente, tanto las citadas revistas como el stand reciben subvenciones de Conaculta (el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) con un programa que tiene como lema “El arte de servir al arte”. Es decir, un organismo del gobierno del PAN, tan casposo y santurrón, se da un inesperado baño de modernez y también da gasolina, lana, sin contrapartida, a estos jóvenes díscolos. Abro el número 17 de Moho (Salud para los enfermos, azote para la gente sana). Ahí van algunos de los titulares: “Hola, soy Sandie y soy una adicta”, “Cocaína”, “Rompiendo la baraja”, “¿Por qué Señor me
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do en el sistema de señales: nunca le he pedido un texto para una posible publicación, ni él me lo ha enviado. Reparo aquí, públicamente, este error y le curso una invitación formal. Ayer o anteayer, todo se vuelve un poco confuso en esos días de Feria, Carlos me llevó al stand alternativo que alberga a Generación, al igual que a otras revistas que aún no conocía como Moho y Nitro, también en ondas parecidas. En el mismo stand estaba el joven librero de “Primero sueño” con el subtítulo “Los raros. Los underground. Los clásicos. Los malditos”. Me comenta que Anagrama es básica para su librería, al parecer el santasanctórum o la bodega del diablo de los más inconformistas lectores del D.F. Allí reinan los Bukowski, Kerouac, Burroughs, Hunter Thompson, Irvine Welsh, Pedro Lemebel, Pedro Juan Gutiérrez y demás ralea. Curiosamente, tanto las citadas revistas como el stand reciben subvenciones de Conaculta (el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) con un programa que tiene como lema “El arte de servir al arte”. Es decir, un organismo del gobierno del PAN, tan casposo y santurrón, se da un inesperado baño de modernez y también da gasolina, lana, sin contrapartida, a estos jóvenes díscolos. Abro el número 17 de Moho (Salud para los enfermos, azote para la gente sana). Ahí van algunos de los titulares: “Hola, soy Sandie y soy una adicta”, “Cocaína”, “Rompiendo la baraja”, “¿Por qué Señor me
do en el sistema de señales: nunca le he pedido un texto para una posible publicación, ni él me lo ha enviado. Reparo aquí, públicamente, este error y le curso una invitación formal. Ayer o anteayer, todo se vuelve un poco confuso en esos días de Feria, Carlos me llevó al stand alternativo que alberga a Generación, al igual que a otras revistas que aún no conocía como Moho y Nitro, también en ondas parecidas. En el mismo stand estaba el joven librero de “Primero sueño” con el subtítulo “Los raros. Los underground. Los clásicos. Los malditos”. Me comenta que Anagrama es básica para su librería, al parecer el santasanctórum o la bodega del diablo de los más inconformistas lectores del D.F. Allí reinan los Bukowski, Kerouac, Burroughs, Hunter Thompson, Irvine Welsh, Pedro Lemebel, Pedro Juan Gutiérrez y demás ralea. Curiosamente, tanto las citadas revistas como el stand reciben subvenciones de Conaculta (el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) con un programa que tiene como lema “El arte de servir al arte”. Es decir, un organismo del gobierno del PAN, tan casposo y santurrón, se da un inesperado baño de modernez y también da gasolina, lana, sin contrapartida, a estos jóvenes díscolos. Abro el número 17 de Moho (Salud para los enfermos, azote para la gente sana). Ahí van algunos de los titulares: “Hola, soy Sandie y soy una adicta”, “Cocaína”, “Rompiendo la baraja”, “¿Por qué Señor me
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hiciste tan perfecto?” (este texto es de Guillermo Fadanelli, editor de la revista), “En lugar de literatura basura hagamos literatura reciclada”, “Tú también puedes ser un genio ”, “I never fucked my sister”. Reaparece, pues, en Moho el insolente espíritu dadaísta, el Cabaret Voltaire versión mexicana del siglo XXI. La revista aparece tatuada con muchos anuncios de tatuajes, de bares y otros puntos de encuentro. Veamos titulares del número 5 de Nitro: “Bateando basura”, “Transmetropolitan. La ciudad transhumana”, “La lente sangrante” (con un hermoso epígrafe de J. G. Ballard: “La gente nunca es tan feliz como cuando se pone a inventar vicios nuevos”), “La carne virtual”, “Comeos los unos a los otros” (el autor de este texto, César Martínez, nos dice que la idea de realizar una escultura comestible surgió a raíz de la lectura de La carta a Sagawa del japonés Jûrô Kara; por cierto, este libro, aunque no se mencione, fue publicado por Anagrama). Más titulares: “Cáscara de sangre”, “Fragmentar la carne”, “Canibalismo y filantropía”. Este número de Nitro, titulado muy adecuadamente “Carne”, está naturalmente bendecido por Conaculta, y entre los anuncios figuran, como en las otras dos revistas, el de la librería “Primero sueño”, imprescindible contraseña, y el de Anagrama. En el número 43 de Generación, dedicado a las cantinas, figuran: “Van a tener que forzar la cha-
hiciste tan perfecto?” (este texto es de Guillermo Fadanelli, editor de la revista), “En lugar de literatura basura hagamos literatura reciclada”, “Tú también puedes ser un genio ”, “I never fucked my sister”. Reaparece, pues, en Moho el insolente espíritu dadaísta, el Cabaret Voltaire versión mexicana del siglo XXI. La revista aparece tatuada con muchos anuncios de tatuajes, de bares y otros puntos de encuentro. Veamos titulares del número 5 de Nitro: “Bateando basura”, “Transmetropolitan. La ciudad transhumana”, “La lente sangrante” (con un hermoso epígrafe de J. G. Ballard: “La gente nunca es tan feliz como cuando se pone a inventar vicios nuevos”), “La carne virtual”, “Comeos los unos a los otros” (el autor de este texto, César Martínez, nos dice que la idea de realizar una escultura comestible surgió a raíz de la lectura de La carta a Sagawa del japonés Jûrô Kara; por cierto, este libro, aunque no se mencione, fue publicado por Anagrama). Más titulares: “Cáscara de sangre”, “Fragmentar la carne”, “Canibalismo y filantropía”. Este número de Nitro, titulado muy adecuadamente “Carne”, está naturalmente bendecido por Conaculta, y entre los anuncios figuran, como en las otras dos revistas, el de la librería “Primero sueño”, imprescindible contraseña, y el de Anagrama. En el número 43 de Generación, dedicado a las cantinas, figuran: “Van a tener que forzar la cha-
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hiciste tan perfecto?” (este texto es de Guillermo Fadanelli, editor de la revista), “En lugar de literatura basura hagamos literatura reciclada”, “Tú también puedes ser un genio ”, “I never fucked my sister”. Reaparece, pues, en Moho el insolente espíritu dadaísta, el Cabaret Voltaire versión mexicana del siglo XXI. La revista aparece tatuada con muchos anuncios de tatuajes, de bares y otros puntos de encuentro. Veamos titulares del número 5 de Nitro: “Bateando basura”, “Transmetropolitan. La ciudad transhumana”, “La lente sangrante” (con un hermoso epígrafe de J. G. Ballard: “La gente nunca es tan feliz como cuando se pone a inventar vicios nuevos”), “La carne virtual”, “Comeos los unos a los otros” (el autor de este texto, César Martínez, nos dice que la idea de realizar una escultura comestible surgió a raíz de la lectura de La carta a Sagawa del japonés Jûrô Kara; por cierto, este libro, aunque no se mencione, fue publicado por Anagrama). Más titulares: “Cáscara de sangre”, “Fragmentar la carne”, “Canibalismo y filantropía”. Este número de Nitro, titulado muy adecuadamente “Carne”, está naturalmente bendecido por Conaculta, y entre los anuncios figuran, como en las otras dos revistas, el de la librería “Primero sueño”, imprescindible contraseña, y el de Anagrama. En el número 43 de Generación, dedicado a las cantinas, figuran: “Van a tener que forzar la cha-
hiciste tan perfecto?” (este texto es de Guillermo Fadanelli, editor de la revista), “En lugar de literatura basura hagamos literatura reciclada”, “Tú también puedes ser un genio ”, “I never fucked my sister”. Reaparece, pues, en Moho el insolente espíritu dadaísta, el Cabaret Voltaire versión mexicana del siglo XXI. La revista aparece tatuada con muchos anuncios de tatuajes, de bares y otros puntos de encuentro. Veamos titulares del número 5 de Nitro: “Bateando basura”, “Transmetropolitan. La ciudad transhumana”, “La lente sangrante” (con un hermoso epígrafe de J. G. Ballard: “La gente nunca es tan feliz como cuando se pone a inventar vicios nuevos”), “La carne virtual”, “Comeos los unos a los otros” (el autor de este texto, César Martínez, nos dice que la idea de realizar una escultura comestible surgió a raíz de la lectura de La carta a Sagawa del japonés Jûrô Kara; por cierto, este libro, aunque no se mencione, fue publicado por Anagrama). Más titulares: “Cáscara de sangre”, “Fragmentar la carne”, “Canibalismo y filantropía”. Este número de Nitro, titulado muy adecuadamente “Carne”, está naturalmente bendecido por Conaculta, y entre los anuncios figuran, como en las otras dos revistas, el de la librería “Primero sueño”, imprescindible contraseña, y el de Anagrama. En el número 43 de Generación, dedicado a las cantinas, figuran: “Van a tener que forzar la cha-
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pa”, “Las cantinas gay del centro”, “¿Qué carajo es una pseudocantina?”, una útil investigación de Roberto Andrade sobre estos locales clandestinos, pese a todas las dificultades: según nos informa el autor, “ya que están tratando con delitos bastante graves, los pseudocantineros luchan lo imposible por mantener su secreto oculto”. Otro intrépido investigador, Heriberto Yépez, nos arrastra a trece cantinas de Tijuana. Una de ellas se llama El Fracaso. Yépez, reportero gonzo mexicano, de eficaz humor lacónico, nos advierte en la primera línea que “por razones obvias, el nombre de esta cantina es muy adecuado”, y luego nos cuenta la compra de una pistola en la cantina, el encuentro con una puta y el cañón de la pistola en su coño: “Al principio se alarmó pero luego me dejó hacerlo, una vez que vio que la pistola no estaba cargada. Ninguno de los dos nos divertimos. Pero ambos nos dimos cuenta de que el odio que nos tenemos los hombres y las mujeres está completamente justificado”. Respecto a otra cantina, de estimulante rótulo, La Cueva del Peludo, nos informa de entrada: “Este lugar puede ser tenebroso y vulgar, por eso es tan importante”. Y termino las citas con otra cantina, Pete’s: “A veces acudimos a los bares para ser mal recibidos. El Pete’s es un buen bar para que te ocurra esto”. Después de este vaciado rápido de los tres números que Carlos me dio ayer (o quizá anteayer),
pa”, “Las cantinas gay del centro”, “¿Qué carajo es una pseudocantina?”, una útil investigación de Roberto Andrade sobre estos locales clandestinos, pese a todas las dificultades: según nos informa el autor, “ya que están tratando con delitos bastante graves, los pseudocantineros luchan lo imposible por mantener su secreto oculto”. Otro intrépido investigador, Heriberto Yépez, nos arrastra a trece cantinas de Tijuana. Una de ellas se llama El Fracaso. Yépez, reportero gonzo mexicano, de eficaz humor lacónico, nos advierte en la primera línea que “por razones obvias, el nombre de esta cantina es muy adecuado”, y luego nos cuenta la compra de una pistola en la cantina, el encuentro con una puta y el cañón de la pistola en su coño: “Al principio se alarmó pero luego me dejó hacerlo, una vez que vio que la pistola no estaba cargada. Ninguno de los dos nos divertimos. Pero ambos nos dimos cuenta de que el odio que nos tenemos los hombres y las mujeres está completamente justificado”. Respecto a otra cantina, de estimulante rótulo, La Cueva del Peludo, nos informa de entrada: “Este lugar puede ser tenebroso y vulgar, por eso es tan importante”. Y termino las citas con otra cantina, Pete’s: “A veces acudimos a los bares para ser mal recibidos. El Pete’s es un buen bar para que te ocurra esto”. Después de este vaciado rápido de los tres números que Carlos me dio ayer (o quizá anteayer),
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pa”, “Las cantinas gay del centro”, “¿Qué carajo es una pseudocantina?”, una útil investigación de Roberto Andrade sobre estos locales clandestinos, pese a todas las dificultades: según nos informa el autor, “ya que están tratando con delitos bastante graves, los pseudocantineros luchan lo imposible por mantener su secreto oculto”. Otro intrépido investigador, Heriberto Yépez, nos arrastra a trece cantinas de Tijuana. Una de ellas se llama El Fracaso. Yépez, reportero gonzo mexicano, de eficaz humor lacónico, nos advierte en la primera línea que “por razones obvias, el nombre de esta cantina es muy adecuado”, y luego nos cuenta la compra de una pistola en la cantina, el encuentro con una puta y el cañón de la pistola en su coño: “Al principio se alarmó pero luego me dejó hacerlo, una vez que vio que la pistola no estaba cargada. Ninguno de los dos nos divertimos. Pero ambos nos dimos cuenta de que el odio que nos tenemos los hombres y las mujeres está completamente justificado”. Respecto a otra cantina, de estimulante rótulo, La Cueva del Peludo, nos informa de entrada: “Este lugar puede ser tenebroso y vulgar, por eso es tan importante”. Y termino las citas con otra cantina, Pete’s: “A veces acudimos a los bares para ser mal recibidos. El Pete’s es un buen bar para que te ocurra esto”. Después de este vaciado rápido de los tres números que Carlos me dio ayer (o quizá anteayer),
pa”, “Las cantinas gay del centro”, “¿Qué carajo es una pseudocantina?”, una útil investigación de Roberto Andrade sobre estos locales clandestinos, pese a todas las dificultades: según nos informa el autor, “ya que están tratando con delitos bastante graves, los pseudocantineros luchan lo imposible por mantener su secreto oculto”. Otro intrépido investigador, Heriberto Yépez, nos arrastra a trece cantinas de Tijuana. Una de ellas se llama El Fracaso. Yépez, reportero gonzo mexicano, de eficaz humor lacónico, nos advierte en la primera línea que “por razones obvias, el nombre de esta cantina es muy adecuado”, y luego nos cuenta la compra de una pistola en la cantina, el encuentro con una puta y el cañón de la pistola en su coño: “Al principio se alarmó pero luego me dejó hacerlo, una vez que vio que la pistola no estaba cargada. Ninguno de los dos nos divertimos. Pero ambos nos dimos cuenta de que el odio que nos tenemos los hombres y las mujeres está completamente justificado”. Respecto a otra cantina, de estimulante rótulo, La Cueva del Peludo, nos informa de entrada: “Este lugar puede ser tenebroso y vulgar, por eso es tan importante”. Y termino las citas con otra cantina, Pete’s: “A veces acudimos a los bares para ser mal recibidos. El Pete’s es un buen bar para que te ocurra esto”. Después de este vaciado rápido de los tres números que Carlos me dio ayer (o quizá anteayer),
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felicito a los responsables de Generación, Moho y Nitro: están decididamente resueltos a ir al límite, a divertirse, a desmadrarse, sin que les importe un comino, sino al contrario, escandalizar a los biempensantes. Según Carlos Martínez Rentería, siempre militantemente exagerado, Anagrama tiene buena parte de culpa de la existencia de estas revistas. Si así fuera, aunque la culpa fuera mínima, me sentiría muy halagado. Y divertido.
felicito a los responsables de Generación, Moho y Nitro: están decididamente resueltos a ir al límite, a divertirse, a desmadrarse, sin que les importe un comino, sino al contrario, escandalizar a los biempensantes. Según Carlos Martínez Rentería, siempre militantemente exagerado, Anagrama tiene buena parte de culpa de la existencia de estas revistas. Si así fuera, aunque la culpa fuera mínima, me sentiría muy halagado. Y divertido.
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felicito a los responsables de Generación, Moho y Nitro: están decididamente resueltos a ir al límite, a divertirse, a desmadrarse, sin que les importe un comino, sino al contrario, escandalizar a los biempensantes. Según Carlos Martínez Rentería, siempre militantemente exagerado, Anagrama tiene buena parte de culpa de la existencia de estas revistas. Si así fuera, aunque la culpa fuera mínima, me sentiría muy halagado. Y divertido.
felicito a los responsables de Generación, Moho y Nitro: están decididamente resueltos a ir al límite, a divertirse, a desmadrarse, sin que les importe un comino, sino al contrario, escandalizar a los biempensantes. Según Carlos Martínez Rentería, siempre militantemente exagerado, Anagrama tiene buena parte de culpa de la existencia de estas revistas. Si así fuera, aunque la culpa fuera mínima, me sentiría muy halagado. Y divertido.
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“Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
“Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
En 1980 parecían algo aliviadas las graves dificultades económicas que había padecido Anagrama en los últimos años. Las causas más importantes: la crisis de Enlace, nuestra distribuidora, que los socios, entre ellos Anagrama, debieron refinanciar para evitar su desaparición; la insuficiencia y percances de las exportaciones; las consecuencias del llamado “desencanto”, que significó que los libros políticos, o sea buena parte del fondo de la editorial, se quedaron súbitamente sin lectores. La colección “Contraseñas”, iniciada en 1976, con el Nuevo Periodismo, Bukowski y Copi al frente —una colección etiquetada como salvaje, forajida, marginal, etc.— había paliado un tanto los problemas, pero decidí que debía pensar en una nueva colección, menos adjetivada, más abierta, con la única consigna de la calidad literaria y dedicada exclusivamente a literatura traducida.
En 1980 parecían algo aliviadas las graves dificultades económicas que había padecido Anagrama en los últimos años. Las causas más importantes: la crisis de Enlace, nuestra distribuidora, que los socios, entre ellos Anagrama, debieron refinanciar para evitar su desaparición; la insuficiencia y percances de las exportaciones; las consecuencias del llamado “desencanto”, que significó que los libros políticos, o sea buena parte del fondo de la editorial, se quedaron súbitamente sin lectores. La colección “Contraseñas”, iniciada en 1976, con el Nuevo Periodismo, Bukowski y Copi al frente —una colección etiquetada como salvaje, forajida, marginal, etc.— había paliado un tanto los problemas, pero decidí que debía pensar en una nueva colección, menos adjetivada, más abierta, con la única consigna de la calidad literaria y dedicada exclusivamente a literatura traducida.
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“Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
“Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
En 1980 parecían algo aliviadas las graves dificultades económicas que había padecido Anagrama en los últimos años. Las causas más importantes: la crisis de Enlace, nuestra distribuidora, que los socios, entre ellos Anagrama, debieron refinanciar para evitar su desaparición; la insuficiencia y percances de las exportaciones; las consecuencias del llamado “desencanto”, que significó que los libros políticos, o sea buena parte del fondo de la editorial, se quedaron súbitamente sin lectores. La colección “Contraseñas”, iniciada en 1976, con el Nuevo Periodismo, Bukowski y Copi al frente —una colección etiquetada como salvaje, forajida, marginal, etc.— había paliado un tanto los problemas, pero decidí que debía pensar en una nueva colección, menos adjetivada, más abierta, con la única consigna de la calidad literaria y dedicada exclusivamente a literatura traducida.
En 1980 parecían algo aliviadas las graves dificultades económicas que había padecido Anagrama en los últimos años. Las causas más importantes: la crisis de Enlace, nuestra distribuidora, que los socios, entre ellos Anagrama, debieron refinanciar para evitar su desaparición; la insuficiencia y percances de las exportaciones; las consecuencias del llamado “desencanto”, que significó que los libros políticos, o sea buena parte del fondo de la editorial, se quedaron súbitamente sin lectores. La colección “Contraseñas”, iniciada en 1976, con el Nuevo Periodismo, Bukowski y Copi al frente —una colección etiquetada como salvaje, forajida, marginal, etc.— había paliado un tanto los problemas, pero decidí que debía pensar en una nueva colección, menos adjetivada, más abierta, con la única consigna de la calidad literaria y dedicada exclusivamente a literatura traducida.
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Haciendo de la necesidad virtud, porque la capacidad financiera no permitía pagar anticipos elevados, empecé a rastrear diversas literaturas, buscando autores que hubieran quedado ocultos para otros editores españoles, o bien buscando las nuevas voces, los escritores emergentes, los posibles clásicos del futuro. En aquella época, la tarea tampoco era tan difícil, ya que, muy al contrario que hoy en día, apenas había editores interesados en tal tipo de indagación, se apostaba tan sólo por los muy consagrados, los más obvios. Primero hubo, pues, esa fase de búsqueda, así como de elección del título de la colección, “Panorama de narrativas”, que me pareció el más ajustado a mis propósitos. También, como la mayoría de los autores eran poco conocidos en nuestro país, si no totalmente desconocidos, para subrayar la credibilidad literaria de la colección pensé que sería aconsejable “amparar” algunos de los primeros títulos con un prólogo, algunos encargados expresamente a buenos amigos, como Carlos Barral, Luis Goytisolo, Juan Goytisolo y Esther Tusquets. En otros casos, buscando textos de autores extranjeros que pudieran utilizarse a modo de prólogo. El tan importante tema de la maqueta fue muy trabajado por nuestro grafista, Julio Vivas, que presentó diversos proyectos que discutimos hasta la elección final, con sus elementos tipográficos fijos y el luminoso color vainilla de fondo como signo
Haciendo de la necesidad virtud, porque la capacidad financiera no permitía pagar anticipos elevados, empecé a rastrear diversas literaturas, buscando autores que hubieran quedado ocultos para otros editores españoles, o bien buscando las nuevas voces, los escritores emergentes, los posibles clásicos del futuro. En aquella época, la tarea tampoco era tan difícil, ya que, muy al contrario que hoy en día, apenas había editores interesados en tal tipo de indagación, se apostaba tan sólo por los muy consagrados, los más obvios. Primero hubo, pues, esa fase de búsqueda, así como de elección del título de la colección, “Panorama de narrativas”, que me pareció el más ajustado a mis propósitos. También, como la mayoría de los autores eran poco conocidos en nuestro país, si no totalmente desconocidos, para subrayar la credibilidad literaria de la colección pensé que sería aconsejable “amparar” algunos de los primeros títulos con un prólogo, algunos encargados expresamente a buenos amigos, como Carlos Barral, Luis Goytisolo, Juan Goytisolo y Esther Tusquets. En otros casos, buscando textos de autores extranjeros que pudieran utilizarse a modo de prólogo. El tan importante tema de la maqueta fue muy trabajado por nuestro grafista, Julio Vivas, que presentó diversos proyectos que discutimos hasta la elección final, con sus elementos tipográficos fijos y el luminoso color vainilla de fondo como signo
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Haciendo de la necesidad virtud, porque la capacidad financiera no permitía pagar anticipos elevados, empecé a rastrear diversas literaturas, buscando autores que hubieran quedado ocultos para otros editores españoles, o bien buscando las nuevas voces, los escritores emergentes, los posibles clásicos del futuro. En aquella época, la tarea tampoco era tan difícil, ya que, muy al contrario que hoy en día, apenas había editores interesados en tal tipo de indagación, se apostaba tan sólo por los muy consagrados, los más obvios. Primero hubo, pues, esa fase de búsqueda, así como de elección del título de la colección, “Panorama de narrativas”, que me pareció el más ajustado a mis propósitos. También, como la mayoría de los autores eran poco conocidos en nuestro país, si no totalmente desconocidos, para subrayar la credibilidad literaria de la colección pensé que sería aconsejable “amparar” algunos de los primeros títulos con un prólogo, algunos encargados expresamente a buenos amigos, como Carlos Barral, Luis Goytisolo, Juan Goytisolo y Esther Tusquets. En otros casos, buscando textos de autores extranjeros que pudieran utilizarse a modo de prólogo. El tan importante tema de la maqueta fue muy trabajado por nuestro grafista, Julio Vivas, que presentó diversos proyectos que discutimos hasta la elección final, con sus elementos tipográficos fijos y el luminoso color vainilla de fondo como signo
Haciendo de la necesidad virtud, porque la capacidad financiera no permitía pagar anticipos elevados, empecé a rastrear diversas literaturas, buscando autores que hubieran quedado ocultos para otros editores españoles, o bien buscando las nuevas voces, los escritores emergentes, los posibles clásicos del futuro. En aquella época, la tarea tampoco era tan difícil, ya que, muy al contrario que hoy en día, apenas había editores interesados en tal tipo de indagación, se apostaba tan sólo por los muy consagrados, los más obvios. Primero hubo, pues, esa fase de búsqueda, así como de elección del título de la colección, “Panorama de narrativas”, que me pareció el más ajustado a mis propósitos. También, como la mayoría de los autores eran poco conocidos en nuestro país, si no totalmente desconocidos, para subrayar la credibilidad literaria de la colección pensé que sería aconsejable “amparar” algunos de los primeros títulos con un prólogo, algunos encargados expresamente a buenos amigos, como Carlos Barral, Luis Goytisolo, Juan Goytisolo y Esther Tusquets. En otros casos, buscando textos de autores extranjeros que pudieran utilizarse a modo de prólogo. El tan importante tema de la maqueta fue muy trabajado por nuestro grafista, Julio Vivas, que presentó diversos proyectos que discutimos hasta la elección final, con sus elementos tipográficos fijos y el luminoso color vainilla de fondo como signo
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más inequívoco. Un diseño de colección que sólo tuvo una ligera modificación, en el año 1991, y que es una de las más fuertes señas de identidad de Anagrama; reforzada, además, por el diseño de la colección “Narrativas hispánicas”, iniciada a finales de 1983, que sólo se diferencia de su colección hermana en el color de fondo, gris claro. En la primavera del 81, ya con bastantes títulos contratados, con el nombre de la colección y el diseño decididos, se fletaron simultáneamente los tres primeros, de Jane Bowles, Ruggero Guarini y Grace Paley. Pese a tratarse de tan ignotos autores, los lectores, libreros y críticos, los cognoscenti, que ya conocían sobradamente Anagrama, en especial por sus ensayos y por la colección “Contraseñas”, acogieron con curiosidad e interés aquella nueva colección, un tanto enigmática, “Panorama de narrativas”, que en marzo de 2002 ha llegado a su número 500 en plena forma, gracias a tales complicidades. Ahora, veintiún años después, propongo un recorrido por los dos primeros años —de la primavera de 1981 a la de 1983— y sus primeros 30 títulos publicados.
más inequívoco. Un diseño de colección que sólo tuvo una ligera modificación, en el año 1991, y que es una de las más fuertes señas de identidad de Anagrama; reforzada, además, por el diseño de la colección “Narrativas hispánicas”, iniciada a finales de 1983, que sólo se diferencia de su colección hermana en el color de fondo, gris claro. En la primavera del 81, ya con bastantes títulos contratados, con el nombre de la colección y el diseño decididos, se fletaron simultáneamente los tres primeros, de Jane Bowles, Ruggero Guarini y Grace Paley. Pese a tratarse de tan ignotos autores, los lectores, libreros y críticos, los cognoscenti, que ya conocían sobradamente Anagrama, en especial por sus ensayos y por la colección “Contraseñas”, acogieron con curiosidad e interés aquella nueva colección, un tanto enigmática, “Panorama de narrativas”, que en marzo de 2002 ha llegado a su número 500 en plena forma, gracias a tales complicidades. Ahora, veintiún años después, propongo un recorrido por los dos primeros años —de la primavera de 1981 a la de 1983— y sus primeros 30 títulos publicados.
Cuando empecé a preparar “Panorama de narrativas” el nombre de los Bowles, Paul y Jane, una extraña pareja, era poco más que una contraseña para los muy iniciados. Dos damas muy serias (PN1), de
Cuando empecé a preparar “Panorama de narrativas” el nombre de los Bowles, Paul y Jane, una extraña pareja, era poco más que una contraseña para los muy iniciados. Dos damas muy serias (PN1), de
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más inequívoco. Un diseño de colección que sólo tuvo una ligera modificación, en el año 1991, y que es una de las más fuertes señas de identidad de Anagrama; reforzada, además, por el diseño de la colección “Narrativas hispánicas”, iniciada a finales de 1983, que sólo se diferencia de su colección hermana en el color de fondo, gris claro. En la primavera del 81, ya con bastantes títulos contratados, con el nombre de la colección y el diseño decididos, se fletaron simultáneamente los tres primeros, de Jane Bowles, Ruggero Guarini y Grace Paley. Pese a tratarse de tan ignotos autores, los lectores, libreros y críticos, los cognoscenti, que ya conocían sobradamente Anagrama, en especial por sus ensayos y por la colección “Contraseñas”, acogieron con curiosidad e interés aquella nueva colección, un tanto enigmática, “Panorama de narrativas”, que en marzo de 2002 ha llegado a su número 500 en plena forma, gracias a tales complicidades. Ahora, veintiún años después, propongo un recorrido por los dos primeros años —de la primavera de 1981 a la de 1983— y sus primeros 30 títulos publicados.
más inequívoco. Un diseño de colección que sólo tuvo una ligera modificación, en el año 1991, y que es una de las más fuertes señas de identidad de Anagrama; reforzada, además, por el diseño de la colección “Narrativas hispánicas”, iniciada a finales de 1983, que sólo se diferencia de su colección hermana en el color de fondo, gris claro. En la primavera del 81, ya con bastantes títulos contratados, con el nombre de la colección y el diseño decididos, se fletaron simultáneamente los tres primeros, de Jane Bowles, Ruggero Guarini y Grace Paley. Pese a tratarse de tan ignotos autores, los lectores, libreros y críticos, los cognoscenti, que ya conocían sobradamente Anagrama, en especial por sus ensayos y por la colección “Contraseñas”, acogieron con curiosidad e interés aquella nueva colección, un tanto enigmática, “Panorama de narrativas”, que en marzo de 2002 ha llegado a su número 500 en plena forma, gracias a tales complicidades. Ahora, veintiún años después, propongo un recorrido por los dos primeros años —de la primavera de 1981 a la de 1983— y sus primeros 30 títulos publicados.
Cuando empecé a preparar “Panorama de narrativas” el nombre de los Bowles, Paul y Jane, una extraña pareja, era poco más que una contraseña para los muy iniciados. Dos damas muy serias (PN1), de
Cuando empecé a preparar “Panorama de narrativas” el nombre de los Bowles, Paul y Jane, una extraña pareja, era poco más que una contraseña para los muy iniciados. Dos damas muy serias (PN1), de
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Jane Bowles, había sido publicado en Inglaterra por Peter Owen, un editor independiente, excelente, minoritario y de finanzas siempre precarias. Me encantó esta extravagante y chifladísima novela y decidí inaugurar con ella la colección. Además de una introducción propiamente dicha a la novela, a cargo de Francine du Plessix Gray, se añadió un perfil escrito por su fan Truman Capote: para él y otros muchos, incluido Paul Bowles, el auténtico talento literario pertenecía a Jane, she was the one. El exquisitísimo Franco Maria Ricci, a quien conocí ya en el 69, en mi primera Feria de Frankfurt, tenía entre sus colecciones una de literatura, la Biblioteca Blu, refinada, con textos inesperados, quizá demasiado, que rozaban la extravagancia, por lo que tuvo poca continuidad. Entre ellos estaba una perla, Parodia, de Ruggero Guarini, con prólogo de J. Rodolfo Wilcock, que había sido saludada como la primera gran novela erótica italiana, “una tentativa de romper el muro del sonido de la Obscenidad”, en palabras del autor, en la que destacaban, escrito está, “la maestría casi ofensiva del estilo y el irónico centelleo de una cultura refinada y exquisita”. Guarini fue el primero de los muchos escritores italianos publicados en esta colección. Batallas de amor, de la norteamericana Grace Paley, fue el tercer título. Una escritora extraordinaria, de gran actividad política y feminista, siempre en la brecha izquierdosa, en detrimento de su
Jane Bowles, había sido publicado en Inglaterra por Peter Owen, un editor independiente, excelente, minoritario y de finanzas siempre precarias. Me encantó esta extravagante y chifladísima novela y decidí inaugurar con ella la colección. Además de una introducción propiamente dicha a la novela, a cargo de Francine du Plessix Gray, se añadió un perfil escrito por su fan Truman Capote: para él y otros muchos, incluido Paul Bowles, el auténtico talento literario pertenecía a Jane, she was the one. El exquisitísimo Franco Maria Ricci, a quien conocí ya en el 69, en mi primera Feria de Frankfurt, tenía entre sus colecciones una de literatura, la Biblioteca Blu, refinada, con textos inesperados, quizá demasiado, que rozaban la extravagancia, por lo que tuvo poca continuidad. Entre ellos estaba una perla, Parodia, de Ruggero Guarini, con prólogo de J. Rodolfo Wilcock, que había sido saludada como la primera gran novela erótica italiana, “una tentativa de romper el muro del sonido de la Obscenidad”, en palabras del autor, en la que destacaban, escrito está, “la maestría casi ofensiva del estilo y el irónico centelleo de una cultura refinada y exquisita”. Guarini fue el primero de los muchos escritores italianos publicados en esta colección. Batallas de amor, de la norteamericana Grace Paley, fue el tercer título. Una escritora extraordinaria, de gran actividad política y feminista, siempre en la brecha izquierdosa, en detrimento de su
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Jane Bowles, había sido publicado en Inglaterra por Peter Owen, un editor independiente, excelente, minoritario y de finanzas siempre precarias. Me encantó esta extravagante y chifladísima novela y decidí inaugurar con ella la colección. Además de una introducción propiamente dicha a la novela, a cargo de Francine du Plessix Gray, se añadió un perfil escrito por su fan Truman Capote: para él y otros muchos, incluido Paul Bowles, el auténtico talento literario pertenecía a Jane, she was the one. El exquisitísimo Franco Maria Ricci, a quien conocí ya en el 69, en mi primera Feria de Frankfurt, tenía entre sus colecciones una de literatura, la Biblioteca Blu, refinada, con textos inesperados, quizá demasiado, que rozaban la extravagancia, por lo que tuvo poca continuidad. Entre ellos estaba una perla, Parodia, de Ruggero Guarini, con prólogo de J. Rodolfo Wilcock, que había sido saludada como la primera gran novela erótica italiana, “una tentativa de romper el muro del sonido de la Obscenidad”, en palabras del autor, en la que destacaban, escrito está, “la maestría casi ofensiva del estilo y el irónico centelleo de una cultura refinada y exquisita”. Guarini fue el primero de los muchos escritores italianos publicados en esta colección. Batallas de amor, de la norteamericana Grace Paley, fue el tercer título. Una escritora extraordinaria, de gran actividad política y feminista, siempre en la brecha izquierdosa, en detrimento de su
Jane Bowles, había sido publicado en Inglaterra por Peter Owen, un editor independiente, excelente, minoritario y de finanzas siempre precarias. Me encantó esta extravagante y chifladísima novela y decidí inaugurar con ella la colección. Además de una introducción propiamente dicha a la novela, a cargo de Francine du Plessix Gray, se añadió un perfil escrito por su fan Truman Capote: para él y otros muchos, incluido Paul Bowles, el auténtico talento literario pertenecía a Jane, she was the one. El exquisitísimo Franco Maria Ricci, a quien conocí ya en el 69, en mi primera Feria de Frankfurt, tenía entre sus colecciones una de literatura, la Biblioteca Blu, refinada, con textos inesperados, quizá demasiado, que rozaban la extravagancia, por lo que tuvo poca continuidad. Entre ellos estaba una perla, Parodia, de Ruggero Guarini, con prólogo de J. Rodolfo Wilcock, que había sido saludada como la primera gran novela erótica italiana, “una tentativa de romper el muro del sonido de la Obscenidad”, en palabras del autor, en la que destacaban, escrito está, “la maestría casi ofensiva del estilo y el irónico centelleo de una cultura refinada y exquisita”. Guarini fue el primero de los muchos escritores italianos publicados en esta colección. Batallas de amor, de la norteamericana Grace Paley, fue el tercer título. Una escritora extraordinaria, de gran actividad política y feminista, siempre en la brecha izquierdosa, en detrimento de su
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actividad literaria, reducida a tres excelentes libros de relatos, publicados en esta colección, poemas y ensayos. En un viaje a Estados Unidos fuimos a visitarla a su casa al norte de New Hampshire, una cabaña en el bosque en la que vivía con su marido, también escritor, donde nos prepararon una cena con productos de su huerto. También estuvo una vez en Barcelona, en ocasión de una Feria Feminista en las Atarazanas, y organizamos una comida en casa con ella, Angela Carter y otros amigos. La primera vez que oí hablar de ella fue en los años sesenta, en una visita a Barcelona del gran cuentista Donald Barthelme, a quien había publicado en la Serie Informal tres libros de relatos. (Axioma: Barthelme fue el gran cuentista de los sesenta y setenta, a quien todos admiraban; su relevo, en un registro bien opuesto, fue Raymond Carver, en los ochenta, el otro gran maestro.) En un almuerzo en La Venta, entre vodkas y vodkas y más vodkas (antes de empezar a comer), me recomendó especialmente a una autora y un título, espléndido, que me apuntó en un papelito: Enormous Changes at the Last Minute. Retuve el papelito, el nombre y el título, y cuando lo leí se lo agradecí a Donald: en “Panorama de narrativas” se editaron los tres libros de relatos de Grace Paley, por su orden cronológico de publicación en inglés. El cuarto fue una rareza, de sugestivo título: Medianoche en Serampor, que reunía dos hermosas
actividad literaria, reducida a tres excelentes libros de relatos, publicados en esta colección, poemas y ensayos. En un viaje a Estados Unidos fuimos a visitarla a su casa al norte de New Hampshire, una cabaña en el bosque en la que vivía con su marido, también escritor, donde nos prepararon una cena con productos de su huerto. También estuvo una vez en Barcelona, en ocasión de una Feria Feminista en las Atarazanas, y organizamos una comida en casa con ella, Angela Carter y otros amigos. La primera vez que oí hablar de ella fue en los años sesenta, en una visita a Barcelona del gran cuentista Donald Barthelme, a quien había publicado en la Serie Informal tres libros de relatos. (Axioma: Barthelme fue el gran cuentista de los sesenta y setenta, a quien todos admiraban; su relevo, en un registro bien opuesto, fue Raymond Carver, en los ochenta, el otro gran maestro.) En un almuerzo en La Venta, entre vodkas y vodkas y más vodkas (antes de empezar a comer), me recomendó especialmente a una autora y un título, espléndido, que me apuntó en un papelito: Enormous Changes at the Last Minute. Retuve el papelito, el nombre y el título, y cuando lo leí se lo agradecí a Donald: en “Panorama de narrativas” se editaron los tres libros de relatos de Grace Paley, por su orden cronológico de publicación en inglés. El cuarto fue una rareza, de sugestivo título: Medianoche en Serampor, que reunía dos hermosas
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actividad literaria, reducida a tres excelentes libros de relatos, publicados en esta colección, poemas y ensayos. En un viaje a Estados Unidos fuimos a visitarla a su casa al norte de New Hampshire, una cabaña en el bosque en la que vivía con su marido, también escritor, donde nos prepararon una cena con productos de su huerto. También estuvo una vez en Barcelona, en ocasión de una Feria Feminista en las Atarazanas, y organizamos una comida en casa con ella, Angela Carter y otros amigos. La primera vez que oí hablar de ella fue en los años sesenta, en una visita a Barcelona del gran cuentista Donald Barthelme, a quien había publicado en la Serie Informal tres libros de relatos. (Axioma: Barthelme fue el gran cuentista de los sesenta y setenta, a quien todos admiraban; su relevo, en un registro bien opuesto, fue Raymond Carver, en los ochenta, el otro gran maestro.) En un almuerzo en La Venta, entre vodkas y vodkas y más vodkas (antes de empezar a comer), me recomendó especialmente a una autora y un título, espléndido, que me apuntó en un papelito: Enormous Changes at the Last Minute. Retuve el papelito, el nombre y el título, y cuando lo leí se lo agradecí a Donald: en “Panorama de narrativas” se editaron los tres libros de relatos de Grace Paley, por su orden cronológico de publicación en inglés. El cuarto fue una rareza, de sugestivo título: Medianoche en Serampor, que reunía dos hermosas
actividad literaria, reducida a tres excelentes libros de relatos, publicados en esta colección, poemas y ensayos. En un viaje a Estados Unidos fuimos a visitarla a su casa al norte de New Hampshire, una cabaña en el bosque en la que vivía con su marido, también escritor, donde nos prepararon una cena con productos de su huerto. También estuvo una vez en Barcelona, en ocasión de una Feria Feminista en las Atarazanas, y organizamos una comida en casa con ella, Angela Carter y otros amigos. La primera vez que oí hablar de ella fue en los años sesenta, en una visita a Barcelona del gran cuentista Donald Barthelme, a quien había publicado en la Serie Informal tres libros de relatos. (Axioma: Barthelme fue el gran cuentista de los sesenta y setenta, a quien todos admiraban; su relevo, en un registro bien opuesto, fue Raymond Carver, en los ochenta, el otro gran maestro.) En un almuerzo en La Venta, entre vodkas y vodkas y más vodkas (antes de empezar a comer), me recomendó especialmente a una autora y un título, espléndido, que me apuntó en un papelito: Enormous Changes at the Last Minute. Retuve el papelito, el nombre y el título, y cuando lo leí se lo agradecí a Donald: en “Panorama de narrativas” se editaron los tres libros de relatos de Grace Paley, por su orden cronológico de publicación en inglés. El cuarto fue una rareza, de sugestivo título: Medianoche en Serampor, que reunía dos hermosas
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novelitas del rumano Mircea Eliade, tan conocido por sus estudios sobre las religiones, y a quien había publicado en la excelente colección Nouveau Cabinet Cosmopolite, de Stock, la que después fue gran amiga, Marie Pierre Bay. Con el quinto, A pleno sol, comenzó la “operación Patricia Highsmith”, una autora poco publicada en España y con escaso éxito, básicamente conocida por las películas basadas en sus novelas Extraños en un tren, A pleno sol y luego El amigo americano. La autora, que detestaba Estados Unidos, tras una muy larga estancia en Francia se había trasladado a un pueblecito de la Suiza italiana y había nombrado agente de sus obras a Diogenes, su editorial en lengua alemana, con residencia en Zurich. Mercedes Casanovas y Michi Strausfeld habían puesto en marcha una agencia literaria en Barcelona. Michi se encargaba de los derechos de Diogenes Verlag y se empeñó, con notable éxito, en cambiar el destino de Patricia Highsmith en lengua española. Tras tanteos con varias editoriales, finalmente Anagrama hizo la mayor apuesta y contrató de golpe bastantes títulos, mientras que Alianza y Alfaguara albergaron algunos otros de la extensa obra de la autora. Los dos primeros títulos publicados, en otoño de 1981, fueron A pleno sol (PN 5) y La máscara de Ripley (PN 7), la presentación en sociedad, en una colección declaradamente literaria, de Patricia Highsmith y de su héroe o antihéroe favorito, Tom
novelitas del rumano Mircea Eliade, tan conocido por sus estudios sobre las religiones, y a quien había publicado en la excelente colección Nouveau Cabinet Cosmopolite, de Stock, la que después fue gran amiga, Marie Pierre Bay. Con el quinto, A pleno sol, comenzó la “operación Patricia Highsmith”, una autora poco publicada en España y con escaso éxito, básicamente conocida por las películas basadas en sus novelas Extraños en un tren, A pleno sol y luego El amigo americano. La autora, que detestaba Estados Unidos, tras una muy larga estancia en Francia se había trasladado a un pueblecito de la Suiza italiana y había nombrado agente de sus obras a Diogenes, su editorial en lengua alemana, con residencia en Zurich. Mercedes Casanovas y Michi Strausfeld habían puesto en marcha una agencia literaria en Barcelona. Michi se encargaba de los derechos de Diogenes Verlag y se empeñó, con notable éxito, en cambiar el destino de Patricia Highsmith en lengua española. Tras tanteos con varias editoriales, finalmente Anagrama hizo la mayor apuesta y contrató de golpe bastantes títulos, mientras que Alianza y Alfaguara albergaron algunos otros de la extensa obra de la autora. Los dos primeros títulos publicados, en otoño de 1981, fueron A pleno sol (PN 5) y La máscara de Ripley (PN 7), la presentación en sociedad, en una colección declaradamente literaria, de Patricia Highsmith y de su héroe o antihéroe favorito, Tom
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novelitas del rumano Mircea Eliade, tan conocido por sus estudios sobre las religiones, y a quien había publicado en la excelente colección Nouveau Cabinet Cosmopolite, de Stock, la que después fue gran amiga, Marie Pierre Bay. Con el quinto, A pleno sol, comenzó la “operación Patricia Highsmith”, una autora poco publicada en España y con escaso éxito, básicamente conocida por las películas basadas en sus novelas Extraños en un tren, A pleno sol y luego El amigo americano. La autora, que detestaba Estados Unidos, tras una muy larga estancia en Francia se había trasladado a un pueblecito de la Suiza italiana y había nombrado agente de sus obras a Diogenes, su editorial en lengua alemana, con residencia en Zurich. Mercedes Casanovas y Michi Strausfeld habían puesto en marcha una agencia literaria en Barcelona. Michi se encargaba de los derechos de Diogenes Verlag y se empeñó, con notable éxito, en cambiar el destino de Patricia Highsmith en lengua española. Tras tanteos con varias editoriales, finalmente Anagrama hizo la mayor apuesta y contrató de golpe bastantes títulos, mientras que Alianza y Alfaguara albergaron algunos otros de la extensa obra de la autora. Los dos primeros títulos publicados, en otoño de 1981, fueron A pleno sol (PN 5) y La máscara de Ripley (PN 7), la presentación en sociedad, en una colección declaradamente literaria, de Patricia Highsmith y de su héroe o antihéroe favorito, Tom
novelitas del rumano Mircea Eliade, tan conocido por sus estudios sobre las religiones, y a quien había publicado en la excelente colección Nouveau Cabinet Cosmopolite, de Stock, la que después fue gran amiga, Marie Pierre Bay. Con el quinto, A pleno sol, comenzó la “operación Patricia Highsmith”, una autora poco publicada en España y con escaso éxito, básicamente conocida por las películas basadas en sus novelas Extraños en un tren, A pleno sol y luego El amigo americano. La autora, que detestaba Estados Unidos, tras una muy larga estancia en Francia se había trasladado a un pueblecito de la Suiza italiana y había nombrado agente de sus obras a Diogenes, su editorial en lengua alemana, con residencia en Zurich. Mercedes Casanovas y Michi Strausfeld habían puesto en marcha una agencia literaria en Barcelona. Michi se encargaba de los derechos de Diogenes Verlag y se empeñó, con notable éxito, en cambiar el destino de Patricia Highsmith en lengua española. Tras tanteos con varias editoriales, finalmente Anagrama hizo la mayor apuesta y contrató de golpe bastantes títulos, mientras que Alianza y Alfaguara albergaron algunos otros de la extensa obra de la autora. Los dos primeros títulos publicados, en otoño de 1981, fueron A pleno sol (PN 5) y La máscara de Ripley (PN 7), la presentación en sociedad, en una colección declaradamente literaria, de Patricia Highsmith y de su héroe o antihéroe favorito, Tom
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Ripley, el elegante asesino, nonchalant e impune. Poco antes, los cineastas Fernando Trueba y Óscar Ladoire habían ido a su casa de Suiza, donde la entrevistaron para El País. Con ellos dos, y otro gran fan, el cineasta y escritor Gonzalo Suárez, organizamos una presentación en la librería Visor de Madrid, que fue el pistoletazo de salida para una de las grandes estrellas de la colección, seguido en la primavera del 82 por El amigo americano (PN 15). “Se los llevan de tres en tres”, me comentaban los encargados de la caseta de Anagrama en la Feria de Madrid, la autora ya estaba lanzada. En el periodo aquí comentado se publicaron un total de siete títulos de Patricia Highsmith, que llegaron más adelante hasta diecinueve, y que fueron decisivos para la implantación de “Panorama de narrativas”. Regresando al orden cronológico, el sexto título de 1981 fue La leyenda del Santo Bebedor, una breve joya de Joseph Roth que había leído en la edición de Adelphi, una editorial italiana que seguía con particular atención, cuyo director era Roberto Calasso, buen amigo y después auteur maison. De los cuatro libros publicados por este gran escritor, fue el único que tuvo un notable éxito de ventas, propiciado sin duda por el prólogo que le pedí, por razones obvias, a Carlos Barral y que éste generosamente escribió, y por el tema, que no nos era precisamente ajeno: “De cómo el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la vir-
Ripley, el elegante asesino, nonchalant e impune. Poco antes, los cineastas Fernando Trueba y Óscar Ladoire habían ido a su casa de Suiza, donde la entrevistaron para El País. Con ellos dos, y otro gran fan, el cineasta y escritor Gonzalo Suárez, organizamos una presentación en la librería Visor de Madrid, que fue el pistoletazo de salida para una de las grandes estrellas de la colección, seguido en la primavera del 82 por El amigo americano (PN 15). “Se los llevan de tres en tres”, me comentaban los encargados de la caseta de Anagrama en la Feria de Madrid, la autora ya estaba lanzada. En el periodo aquí comentado se publicaron un total de siete títulos de Patricia Highsmith, que llegaron más adelante hasta diecinueve, y que fueron decisivos para la implantación de “Panorama de narrativas”. Regresando al orden cronológico, el sexto título de 1981 fue La leyenda del Santo Bebedor, una breve joya de Joseph Roth que había leído en la edición de Adelphi, una editorial italiana que seguía con particular atención, cuyo director era Roberto Calasso, buen amigo y después auteur maison. De los cuatro libros publicados por este gran escritor, fue el único que tuvo un notable éxito de ventas, propiciado sin duda por el prólogo que le pedí, por razones obvias, a Carlos Barral y que éste generosamente escribió, y por el tema, que no nos era precisamente ajeno: “De cómo el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la vir-
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Ripley, el elegante asesino, nonchalant e impune. Poco antes, los cineastas Fernando Trueba y Óscar Ladoire habían ido a su casa de Suiza, donde la entrevistaron para El País. Con ellos dos, y otro gran fan, el cineasta y escritor Gonzalo Suárez, organizamos una presentación en la librería Visor de Madrid, que fue el pistoletazo de salida para una de las grandes estrellas de la colección, seguido en la primavera del 82 por El amigo americano (PN 15). “Se los llevan de tres en tres”, me comentaban los encargados de la caseta de Anagrama en la Feria de Madrid, la autora ya estaba lanzada. En el periodo aquí comentado se publicaron un total de siete títulos de Patricia Highsmith, que llegaron más adelante hasta diecinueve, y que fueron decisivos para la implantación de “Panorama de narrativas”. Regresando al orden cronológico, el sexto título de 1981 fue La leyenda del Santo Bebedor, una breve joya de Joseph Roth que había leído en la edición de Adelphi, una editorial italiana que seguía con particular atención, cuyo director era Roberto Calasso, buen amigo y después auteur maison. De los cuatro libros publicados por este gran escritor, fue el único que tuvo un notable éxito de ventas, propiciado sin duda por el prólogo que le pedí, por razones obvias, a Carlos Barral y que éste generosamente escribió, y por el tema, que no nos era precisamente ajeno: “De cómo el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la vir-
Ripley, el elegante asesino, nonchalant e impune. Poco antes, los cineastas Fernando Trueba y Óscar Ladoire habían ido a su casa de Suiza, donde la entrevistaron para El País. Con ellos dos, y otro gran fan, el cineasta y escritor Gonzalo Suárez, organizamos una presentación en la librería Visor de Madrid, que fue el pistoletazo de salida para una de las grandes estrellas de la colección, seguido en la primavera del 82 por El amigo americano (PN 15). “Se los llevan de tres en tres”, me comentaban los encargados de la caseta de Anagrama en la Feria de Madrid, la autora ya estaba lanzada. En el periodo aquí comentado se publicaron un total de siete títulos de Patricia Highsmith, que llegaron más adelante hasta diecinueve, y que fueron decisivos para la implantación de “Panorama de narrativas”. Regresando al orden cronológico, el sexto título de 1981 fue La leyenda del Santo Bebedor, una breve joya de Joseph Roth que había leído en la edición de Adelphi, una editorial italiana que seguía con particular atención, cuyo director era Roberto Calasso, buen amigo y después auteur maison. De los cuatro libros publicados por este gran escritor, fue el único que tuvo un notable éxito de ventas, propiciado sin duda por el prólogo que le pedí, por razones obvias, a Carlos Barral y que éste generosamente escribió, y por el tema, que no nos era precisamente ajeno: “De cómo el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la vir-
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tud de los santos, para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él”. Palabras de Barral. Otro autor en lengua alemana fue Thomas Bernhard, del que en España sólo se había publicado unos años antes Trastorno, en Alfaguara, con el típico succés d’estime y ventas escuálidas. En aquellos años, después de la Feria de Frankfurt acostumbraba a pasar unos días en París, para ver cine, exposiciones y desengrasarme un poco de libros, pero no tanto, porque solía visitar a los editores François Maspero y Jérôme Lindon, que jamás ponían los pies en Frankfurt. En uno de esos viajes, en la librería La Hune, estratégicamente situada entre el Café de Flore y Les Deux Magots, y que estaba abierta hasta las tantas, compré un libro publicado por Gallimard, una novela breve, Oui, de Thomas Bernhard, que leí con entusiasmo en el hotel. Lo contraté y se transformó en Sí (PN 8), con un prólogo de un autor-lector tan exigente como Luis Goytisolo (para quien, aparte de Proust, Musil, Faulkner y Joyce, escaso interés tiene la novelística del siglo XX). Pedí más obras suyas a la agente de su editorial, Suhrkamp, pero Alianza las tenía en opción desde hacía meses y al final se decidieron. Por fortuna había otra vía, la editorial austriaca Residenz Verlag, para una veta mayor de la obra de Bernhard, su pentalogía autobiográfica, compuesta por El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño, publicados en la colección entre el 84 y el 87.
tud de los santos, para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él”. Palabras de Barral. Otro autor en lengua alemana fue Thomas Bernhard, del que en España sólo se había publicado unos años antes Trastorno, en Alfaguara, con el típico succés d’estime y ventas escuálidas. En aquellos años, después de la Feria de Frankfurt acostumbraba a pasar unos días en París, para ver cine, exposiciones y desengrasarme un poco de libros, pero no tanto, porque solía visitar a los editores François Maspero y Jérôme Lindon, que jamás ponían los pies en Frankfurt. En uno de esos viajes, en la librería La Hune, estratégicamente situada entre el Café de Flore y Les Deux Magots, y que estaba abierta hasta las tantas, compré un libro publicado por Gallimard, una novela breve, Oui, de Thomas Bernhard, que leí con entusiasmo en el hotel. Lo contraté y se transformó en Sí (PN 8), con un prólogo de un autor-lector tan exigente como Luis Goytisolo (para quien, aparte de Proust, Musil, Faulkner y Joyce, escaso interés tiene la novelística del siglo XX). Pedí más obras suyas a la agente de su editorial, Suhrkamp, pero Alianza las tenía en opción desde hacía meses y al final se decidieron. Por fortuna había otra vía, la editorial austriaca Residenz Verlag, para una veta mayor de la obra de Bernhard, su pentalogía autobiográfica, compuesta por El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño, publicados en la colección entre el 84 y el 87.
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tud de los santos, para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él”. Palabras de Barral. Otro autor en lengua alemana fue Thomas Bernhard, del que en España sólo se había publicado unos años antes Trastorno, en Alfaguara, con el típico succés d’estime y ventas escuálidas. En aquellos años, después de la Feria de Frankfurt acostumbraba a pasar unos días en París, para ver cine, exposiciones y desengrasarme un poco de libros, pero no tanto, porque solía visitar a los editores François Maspero y Jérôme Lindon, que jamás ponían los pies en Frankfurt. En uno de esos viajes, en la librería La Hune, estratégicamente situada entre el Café de Flore y Les Deux Magots, y que estaba abierta hasta las tantas, compré un libro publicado por Gallimard, una novela breve, Oui, de Thomas Bernhard, que leí con entusiasmo en el hotel. Lo contraté y se transformó en Sí (PN 8), con un prólogo de un autor-lector tan exigente como Luis Goytisolo (para quien, aparte de Proust, Musil, Faulkner y Joyce, escaso interés tiene la novelística del siglo XX). Pedí más obras suyas a la agente de su editorial, Suhrkamp, pero Alianza las tenía en opción desde hacía meses y al final se decidieron. Por fortuna había otra vía, la editorial austriaca Residenz Verlag, para una veta mayor de la obra de Bernhard, su pentalogía autobiográfica, compuesta por El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño, publicados en la colección entre el 84 y el 87.
tud de los santos, para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él”. Palabras de Barral. Otro autor en lengua alemana fue Thomas Bernhard, del que en España sólo se había publicado unos años antes Trastorno, en Alfaguara, con el típico succés d’estime y ventas escuálidas. En aquellos años, después de la Feria de Frankfurt acostumbraba a pasar unos días en París, para ver cine, exposiciones y desengrasarme un poco de libros, pero no tanto, porque solía visitar a los editores François Maspero y Jérôme Lindon, que jamás ponían los pies en Frankfurt. En uno de esos viajes, en la librería La Hune, estratégicamente situada entre el Café de Flore y Les Deux Magots, y que estaba abierta hasta las tantas, compré un libro publicado por Gallimard, una novela breve, Oui, de Thomas Bernhard, que leí con entusiasmo en el hotel. Lo contraté y se transformó en Sí (PN 8), con un prólogo de un autor-lector tan exigente como Luis Goytisolo (para quien, aparte de Proust, Musil, Faulkner y Joyce, escaso interés tiene la novelística del siglo XX). Pedí más obras suyas a la agente de su editorial, Suhrkamp, pero Alianza las tenía en opción desde hacía meses y al final se decidieron. Por fortuna había otra vía, la editorial austriaca Residenz Verlag, para una veta mayor de la obra de Bernhard, su pentalogía autobiográfica, compuesta por El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño, publicados en la colección entre el 84 y el 87.
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El año 1982 empieza con otro italiano, o mejor dicho, argentino, que después de escribir en español se marchó a Roma y se pasó al italiano: J. Rodolfo Wilcock, autor de La sinagoga de los iconoclastas (PN 9), que presentamos con un prólogo de Ruggero Guarini (a modo de devolución de la visita). Un libro excepcional —una galería de retratos de utopistas, inventores, teóricos, sabios, todos ellos abnegados héroes del absurdo—, que se inscribe en la línea de Vidas imaginarias de Marcel Schwob y La literatura nazi en América de Roberto Bolaño, por nombrar un predecesor y un sucesor. La colección de cuentos muy breves La mujer oculta, de Colette, fue el primero de los cuatro títulos publicados en “Panorama de narrativas” de esta gran autora, heterodoxa, inconformista, escandalosa, gloriosamente amoral y de sensualísima prosa. Un libro que no excluye una ácida visión de las relaciones amorosas: “ese calabozo que se llama la vida a dos”, “el moho de la vida conyugal”. Amor por un puñado de pelos (PN 11), de Mohammed Mrabet y Paul Bowles, es quizá el mejor ejemplo de la abundante colaboración entre ambos: Mrabet le contaba sus historias magrebíes a Paul Bowles, quien las elaboraba y escribía en inglés. El libro lo había publicado Peter Owen y me lo había recomendado Juan Goytisolo, quien escribió un excelente prólogo. Por fin, fetichismo de editor, podía inscribir a Paul Bowles en el catálogo: unos
El año 1982 empieza con otro italiano, o mejor dicho, argentino, que después de escribir en español se marchó a Roma y se pasó al italiano: J. Rodolfo Wilcock, autor de La sinagoga de los iconoclastas (PN 9), que presentamos con un prólogo de Ruggero Guarini (a modo de devolución de la visita). Un libro excepcional —una galería de retratos de utopistas, inventores, teóricos, sabios, todos ellos abnegados héroes del absurdo—, que se inscribe en la línea de Vidas imaginarias de Marcel Schwob y La literatura nazi en América de Roberto Bolaño, por nombrar un predecesor y un sucesor. La colección de cuentos muy breves La mujer oculta, de Colette, fue el primero de los cuatro títulos publicados en “Panorama de narrativas” de esta gran autora, heterodoxa, inconformista, escandalosa, gloriosamente amoral y de sensualísima prosa. Un libro que no excluye una ácida visión de las relaciones amorosas: “ese calabozo que se llama la vida a dos”, “el moho de la vida conyugal”. Amor por un puñado de pelos (PN 11), de Mohammed Mrabet y Paul Bowles, es quizá el mejor ejemplo de la abundante colaboración entre ambos: Mrabet le contaba sus historias magrebíes a Paul Bowles, quien las elaboraba y escribía en inglés. El libro lo había publicado Peter Owen y me lo había recomendado Juan Goytisolo, quien escribió un excelente prólogo. Por fin, fetichismo de editor, podía inscribir a Paul Bowles en el catálogo: unos
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El año 1982 empieza con otro italiano, o mejor dicho, argentino, que después de escribir en español se marchó a Roma y se pasó al italiano: J. Rodolfo Wilcock, autor de La sinagoga de los iconoclastas (PN 9), que presentamos con un prólogo de Ruggero Guarini (a modo de devolución de la visita). Un libro excepcional —una galería de retratos de utopistas, inventores, teóricos, sabios, todos ellos abnegados héroes del absurdo—, que se inscribe en la línea de Vidas imaginarias de Marcel Schwob y La literatura nazi en América de Roberto Bolaño, por nombrar un predecesor y un sucesor. La colección de cuentos muy breves La mujer oculta, de Colette, fue el primero de los cuatro títulos publicados en “Panorama de narrativas” de esta gran autora, heterodoxa, inconformista, escandalosa, gloriosamente amoral y de sensualísima prosa. Un libro que no excluye una ácida visión de las relaciones amorosas: “ese calabozo que se llama la vida a dos”, “el moho de la vida conyugal”. Amor por un puñado de pelos (PN 11), de Mohammed Mrabet y Paul Bowles, es quizá el mejor ejemplo de la abundante colaboración entre ambos: Mrabet le contaba sus historias magrebíes a Paul Bowles, quien las elaboraba y escribía en inglés. El libro lo había publicado Peter Owen y me lo había recomendado Juan Goytisolo, quien escribió un excelente prólogo. Por fin, fetichismo de editor, podía inscribir a Paul Bowles en el catálogo: unos
El año 1982 empieza con otro italiano, o mejor dicho, argentino, que después de escribir en español se marchó a Roma y se pasó al italiano: J. Rodolfo Wilcock, autor de La sinagoga de los iconoclastas (PN 9), que presentamos con un prólogo de Ruggero Guarini (a modo de devolución de la visita). Un libro excepcional —una galería de retratos de utopistas, inventores, teóricos, sabios, todos ellos abnegados héroes del absurdo—, que se inscribe en la línea de Vidas imaginarias de Marcel Schwob y La literatura nazi en América de Roberto Bolaño, por nombrar un predecesor y un sucesor. La colección de cuentos muy breves La mujer oculta, de Colette, fue el primero de los cuatro títulos publicados en “Panorama de narrativas” de esta gran autora, heterodoxa, inconformista, escandalosa, gloriosamente amoral y de sensualísima prosa. Un libro que no excluye una ácida visión de las relaciones amorosas: “ese calabozo que se llama la vida a dos”, “el moho de la vida conyugal”. Amor por un puñado de pelos (PN 11), de Mohammed Mrabet y Paul Bowles, es quizá el mejor ejemplo de la abundante colaboración entre ambos: Mrabet le contaba sus historias magrebíes a Paul Bowles, quien las elaboraba y escribía en inglés. El libro lo había publicado Peter Owen y me lo había recomendado Juan Goytisolo, quien escribió un excelente prólogo. Por fin, fetichismo de editor, podía inscribir a Paul Bowles en el catálogo: unos
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años antes, en los setenta, conversando en México con Carlos Monsiváis de tantísimos libros, surgió en la conversación Paul Bowles, de quien Black Sparrow Press (la editorial de Bukowski) había publicado sus Collected Stories, una amplia colección de cuentos. Carlos se ofreció a hacer una selección y traducirlos él mismo, pero no fue posible un acuerdo, insistieron en la edición íntegra. Se trataba de un libro muy extenso, una inversión considerable en una mala época de la editorial, y con dos agravantes excesivos: ser un libro de relatos y además de un escritor entonces desconocido en nuestro país. Compañía (PN12), de Samuel Beckett, un autor a quien había empezado a admirar leyendo su obra de teatro Esperando a Godot (publicada si bien recuerdo en el primer número de aquella excelente revista que fue Primer Acto), era, aunque no muy largo, el texto más extenso de Beckett en muchos años y realmente magnífico. Negocié los derechos con su editor John Calder, viejo compinche de los tiempos del Premio Internacional de los Editores en los años setenta. Uno de los especialistas en Beckett era el italiano Aldo Tagliaferri, colaborador de Feltrinelli, a quien en una Feria de Frankfurt le pedí un texto que figura a modo de epílogo. En cuanto a El reposo del guerrero de Christiane Rochefort, fue un texto escandaloso en su época, que en España sólo se podía leer en francés o en su edición argentina. La historia era el amour fou de la
años antes, en los setenta, conversando en México con Carlos Monsiváis de tantísimos libros, surgió en la conversación Paul Bowles, de quien Black Sparrow Press (la editorial de Bukowski) había publicado sus Collected Stories, una amplia colección de cuentos. Carlos se ofreció a hacer una selección y traducirlos él mismo, pero no fue posible un acuerdo, insistieron en la edición íntegra. Se trataba de un libro muy extenso, una inversión considerable en una mala época de la editorial, y con dos agravantes excesivos: ser un libro de relatos y además de un escritor entonces desconocido en nuestro país. Compañía (PN12), de Samuel Beckett, un autor a quien había empezado a admirar leyendo su obra de teatro Esperando a Godot (publicada si bien recuerdo en el primer número de aquella excelente revista que fue Primer Acto), era, aunque no muy largo, el texto más extenso de Beckett en muchos años y realmente magnífico. Negocié los derechos con su editor John Calder, viejo compinche de los tiempos del Premio Internacional de los Editores en los años setenta. Uno de los especialistas en Beckett era el italiano Aldo Tagliaferri, colaborador de Feltrinelli, a quien en una Feria de Frankfurt le pedí un texto que figura a modo de epílogo. En cuanto a El reposo del guerrero de Christiane Rochefort, fue un texto escandaloso en su época, que en España sólo se podía leer en francés o en su edición argentina. La historia era el amour fou de la
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años antes, en los setenta, conversando en México con Carlos Monsiváis de tantísimos libros, surgió en la conversación Paul Bowles, de quien Black Sparrow Press (la editorial de Bukowski) había publicado sus Collected Stories, una amplia colección de cuentos. Carlos se ofreció a hacer una selección y traducirlos él mismo, pero no fue posible un acuerdo, insistieron en la edición íntegra. Se trataba de un libro muy extenso, una inversión considerable en una mala época de la editorial, y con dos agravantes excesivos: ser un libro de relatos y además de un escritor entonces desconocido en nuestro país. Compañía (PN12), de Samuel Beckett, un autor a quien había empezado a admirar leyendo su obra de teatro Esperando a Godot (publicada si bien recuerdo en el primer número de aquella excelente revista que fue Primer Acto), era, aunque no muy largo, el texto más extenso de Beckett en muchos años y realmente magnífico. Negocié los derechos con su editor John Calder, viejo compinche de los tiempos del Premio Internacional de los Editores en los años setenta. Uno de los especialistas en Beckett era el italiano Aldo Tagliaferri, colaborador de Feltrinelli, a quien en una Feria de Frankfurt le pedí un texto que figura a modo de epílogo. En cuanto a El reposo del guerrero de Christiane Rochefort, fue un texto escandaloso en su época, que en España sólo se podía leer en francés o en su edición argentina. La historia era el amour fou de la
años antes, en los setenta, conversando en México con Carlos Monsiváis de tantísimos libros, surgió en la conversación Paul Bowles, de quien Black Sparrow Press (la editorial de Bukowski) había publicado sus Collected Stories, una amplia colección de cuentos. Carlos se ofreció a hacer una selección y traducirlos él mismo, pero no fue posible un acuerdo, insistieron en la edición íntegra. Se trataba de un libro muy extenso, una inversión considerable en una mala época de la editorial, y con dos agravantes excesivos: ser un libro de relatos y además de un escritor entonces desconocido en nuestro país. Compañía (PN12), de Samuel Beckett, un autor a quien había empezado a admirar leyendo su obra de teatro Esperando a Godot (publicada si bien recuerdo en el primer número de aquella excelente revista que fue Primer Acto), era, aunque no muy largo, el texto más extenso de Beckett en muchos años y realmente magnífico. Negocié los derechos con su editor John Calder, viejo compinche de los tiempos del Premio Internacional de los Editores en los años setenta. Uno de los especialistas en Beckett era el italiano Aldo Tagliaferri, colaborador de Feltrinelli, a quien en una Feria de Frankfurt le pedí un texto que figura a modo de epílogo. En cuanto a El reposo del guerrero de Christiane Rochefort, fue un texto escandaloso en su época, que en España sólo se podía leer en francés o en su edición argentina. La historia era el amour fou de la
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autora por un personaje, copia literal, se afirmaba, de Pierre-François Rey, el autor de Les Pianos méchaniques y presencia frecuente durante años en los bares de Cadaqués. Me pareció oportuno incluirlo en la colección, con una ilustración de Balthus, “Jeune fille à la chemise blanche”, la primera de un autor que luego he utilizado con frecuencia. Le encargué un prólogo a Esther Tusquets, que también lo había devorado en su época, pero que tras la relectura me envió un texto más bien reticente, que preferí colocar como epílogo. Cuando recibía los catálogos semestrales de Louisiana University Press, esperaba encontrar las informaciones habituales: libros sobre jazz o los campos de algodón o los barcos que bajaban, con sus fulleros a bordo, por el Mississippi. Pero de pronto hubo una excepción: se anunciaba la única novela publicada por dicha editorial universitaria: A Confederacy of Dunces, de John Kennedy Toole. En el catálogo se reproducía el texto del prestigioso novelista Walker Percy, que figura como prólogo del libro, en el que cuenta cómo, estando en su despacho de la editorial, entró una señora con un paquetón de cuartillas de una novela de su hijo, John Kennedy Toole, quien no logró que se publicase, pese a ser genial, y que al fin se suicidó. Percy cuenta su lógica prevención ante el mamotreto inédito y cómo quedó fascinado por su lectura; ese texto de presentación era muy excitante, por lo que decidí pe-
autora por un personaje, copia literal, se afirmaba, de Pierre-François Rey, el autor de Les Pianos méchaniques y presencia frecuente durante años en los bares de Cadaqués. Me pareció oportuno incluirlo en la colección, con una ilustración de Balthus, “Jeune fille à la chemise blanche”, la primera de un autor que luego he utilizado con frecuencia. Le encargué un prólogo a Esther Tusquets, que también lo había devorado en su época, pero que tras la relectura me envió un texto más bien reticente, que preferí colocar como epílogo. Cuando recibía los catálogos semestrales de Louisiana University Press, esperaba encontrar las informaciones habituales: libros sobre jazz o los campos de algodón o los barcos que bajaban, con sus fulleros a bordo, por el Mississippi. Pero de pronto hubo una excepción: se anunciaba la única novela publicada por dicha editorial universitaria: A Confederacy of Dunces, de John Kennedy Toole. En el catálogo se reproducía el texto del prestigioso novelista Walker Percy, que figura como prólogo del libro, en el que cuenta cómo, estando en su despacho de la editorial, entró una señora con un paquetón de cuartillas de una novela de su hijo, John Kennedy Toole, quien no logró que se publicase, pese a ser genial, y que al fin se suicidó. Percy cuenta su lógica prevención ante el mamotreto inédito y cómo quedó fascinado por su lectura; ese texto de presentación era muy excitante, por lo que decidí pe-
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autora por un personaje, copia literal, se afirmaba, de Pierre-François Rey, el autor de Les Pianos méchaniques y presencia frecuente durante años en los bares de Cadaqués. Me pareció oportuno incluirlo en la colección, con una ilustración de Balthus, “Jeune fille à la chemise blanche”, la primera de un autor que luego he utilizado con frecuencia. Le encargué un prólogo a Esther Tusquets, que también lo había devorado en su época, pero que tras la relectura me envió un texto más bien reticente, que preferí colocar como epílogo. Cuando recibía los catálogos semestrales de Louisiana University Press, esperaba encontrar las informaciones habituales: libros sobre jazz o los campos de algodón o los barcos que bajaban, con sus fulleros a bordo, por el Mississippi. Pero de pronto hubo una excepción: se anunciaba la única novela publicada por dicha editorial universitaria: A Confederacy of Dunces, de John Kennedy Toole. En el catálogo se reproducía el texto del prestigioso novelista Walker Percy, que figura como prólogo del libro, en el que cuenta cómo, estando en su despacho de la editorial, entró una señora con un paquetón de cuartillas de una novela de su hijo, John Kennedy Toole, quien no logró que se publicase, pese a ser genial, y que al fin se suicidó. Percy cuenta su lógica prevención ante el mamotreto inédito y cómo quedó fascinado por su lectura; ese texto de presentación era muy excitante, por lo que decidí pe-
autora por un personaje, copia literal, se afirmaba, de Pierre-François Rey, el autor de Les Pianos méchaniques y presencia frecuente durante años en los bares de Cadaqués. Me pareció oportuno incluirlo en la colección, con una ilustración de Balthus, “Jeune fille à la chemise blanche”, la primera de un autor que luego he utilizado con frecuencia. Le encargué un prólogo a Esther Tusquets, que también lo había devorado en su época, pero que tras la relectura me envió un texto más bien reticente, que preferí colocar como epílogo. Cuando recibía los catálogos semestrales de Louisiana University Press, esperaba encontrar las informaciones habituales: libros sobre jazz o los campos de algodón o los barcos que bajaban, con sus fulleros a bordo, por el Mississippi. Pero de pronto hubo una excepción: se anunciaba la única novela publicada por dicha editorial universitaria: A Confederacy of Dunces, de John Kennedy Toole. En el catálogo se reproducía el texto del prestigioso novelista Walker Percy, que figura como prólogo del libro, en el que cuenta cómo, estando en su despacho de la editorial, entró una señora con un paquetón de cuartillas de una novela de su hijo, John Kennedy Toole, quien no logró que se publicase, pese a ser genial, y que al fin se suicidó. Percy cuenta su lógica prevención ante el mamotreto inédito y cómo quedó fascinado por su lectura; ese texto de presentación era muy excitante, por lo que decidí pe-
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dir una opción. Nos enviaron el libro, advirtiéndonos que teníamos una segunda opción, otra editorial española acababa de pedir la primera. Estuve en vilo varias semanas, ya que la novela era tan estupenda (y divertidísima) como prometía Walker Percy. Finalmente la otra editorial (no supe cuál era hasta bastantes años después) no se decidió, pasé una modesta oferta de 1 000 dólares, que fue aceptada, se puso la traducción en marcha y en la primavera del 82 publicamos La conjura de los necios con una primera tirada de 4 000 ejemplares. Los primeros meses fueron más bien sosegados, pero en septiembre, al volver de vacaciones, el libro se había agotado, por lo que hicimos una reedición, también moderada, que duró un día, así que volvimos a reeditar y se convirtió en el mayor longseller de la editorial. Me comentaron que, en aquel verano, en las playas españolas, se podía observar un curioso fenómeno: gente agitándose espasmódicamente sobre sus tumbonas o toallas; si uno se acercaba, veía que estaban leyendo un libro a carcajadas: La conjura de los necios. Un caso de boca-oreja en estado puro y que se transmite de generación en generación. El libro, entretanto, había ganado el Pulitzer, lo que para efecto de ventas españolas significa bien poco, y se había convertido en un bestseller en su país y también en el Reino Unido. Como anécdota, en Francia, pese a ganar el Premio al Mejor Libro
dir una opción. Nos enviaron el libro, advirtiéndonos que teníamos una segunda opción, otra editorial española acababa de pedir la primera. Estuve en vilo varias semanas, ya que la novela era tan estupenda (y divertidísima) como prometía Walker Percy. Finalmente la otra editorial (no supe cuál era hasta bastantes años después) no se decidió, pasé una modesta oferta de 1 000 dólares, que fue aceptada, se puso la traducción en marcha y en la primavera del 82 publicamos La conjura de los necios con una primera tirada de 4 000 ejemplares. Los primeros meses fueron más bien sosegados, pero en septiembre, al volver de vacaciones, el libro se había agotado, por lo que hicimos una reedición, también moderada, que duró un día, así que volvimos a reeditar y se convirtió en el mayor longseller de la editorial. Me comentaron que, en aquel verano, en las playas españolas, se podía observar un curioso fenómeno: gente agitándose espasmódicamente sobre sus tumbonas o toallas; si uno se acercaba, veía que estaban leyendo un libro a carcajadas: La conjura de los necios. Un caso de boca-oreja en estado puro y que se transmite de generación en generación. El libro, entretanto, había ganado el Pulitzer, lo que para efecto de ventas españolas significa bien poco, y se había convertido en un bestseller en su país y también en el Reino Unido. Como anécdota, en Francia, pese a ganar el Premio al Mejor Libro
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dir una opción. Nos enviaron el libro, advirtiéndonos que teníamos una segunda opción, otra editorial española acababa de pedir la primera. Estuve en vilo varias semanas, ya que la novela era tan estupenda (y divertidísima) como prometía Walker Percy. Finalmente la otra editorial (no supe cuál era hasta bastantes años después) no se decidió, pasé una modesta oferta de 1 000 dólares, que fue aceptada, se puso la traducción en marcha y en la primavera del 82 publicamos La conjura de los necios con una primera tirada de 4 000 ejemplares. Los primeros meses fueron más bien sosegados, pero en septiembre, al volver de vacaciones, el libro se había agotado, por lo que hicimos una reedición, también moderada, que duró un día, así que volvimos a reeditar y se convirtió en el mayor longseller de la editorial. Me comentaron que, en aquel verano, en las playas españolas, se podía observar un curioso fenómeno: gente agitándose espasmódicamente sobre sus tumbonas o toallas; si uno se acercaba, veía que estaban leyendo un libro a carcajadas: La conjura de los necios. Un caso de boca-oreja en estado puro y que se transmite de generación en generación. El libro, entretanto, había ganado el Pulitzer, lo que para efecto de ventas españolas significa bien poco, y se había convertido en un bestseller en su país y también en el Reino Unido. Como anécdota, en Francia, pese a ganar el Premio al Mejor Libro
dir una opción. Nos enviaron el libro, advirtiéndonos que teníamos una segunda opción, otra editorial española acababa de pedir la primera. Estuve en vilo varias semanas, ya que la novela era tan estupenda (y divertidísima) como prometía Walker Percy. Finalmente la otra editorial (no supe cuál era hasta bastantes años después) no se decidió, pasé una modesta oferta de 1 000 dólares, que fue aceptada, se puso la traducción en marcha y en la primavera del 82 publicamos La conjura de los necios con una primera tirada de 4 000 ejemplares. Los primeros meses fueron más bien sosegados, pero en septiembre, al volver de vacaciones, el libro se había agotado, por lo que hicimos una reedición, también moderada, que duró un día, así que volvimos a reeditar y se convirtió en el mayor longseller de la editorial. Me comentaron que, en aquel verano, en las playas españolas, se podía observar un curioso fenómeno: gente agitándose espasmódicamente sobre sus tumbonas o toallas; si uno se acercaba, veía que estaban leyendo un libro a carcajadas: La conjura de los necios. Un caso de boca-oreja en estado puro y que se transmite de generación en generación. El libro, entretanto, había ganado el Pulitzer, lo que para efecto de ventas españolas significa bien poco, y se había convertido en un bestseller en su país y también en el Reino Unido. Como anécdota, en Francia, pese a ganar el Premio al Mejor Libro
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Extranjero, no funcionó (quizá la traducción, que comparé, era demasiado argótica, como de una novela de la Serie Noire), ni tampoco en Italia (el editor que la adquirió, mi amigo Piero Gelli, cambió de editorial y su sustituto la publicó sin el menor entusiasmo). Yo me había convertido en un gran propagandista de La conjura entre mis colegas amigos, y así Christian Bourgois compró más adelante los derechos de bolsillo para su colección “10 x 18”, donde funcionó muy bien, y el director de la italiana Marcos y Marcos la adquirió hace pocos años, al quedar sus derechos libres, y ha sido uno de los mayores éxitos de su pequeña y vivaz editorial. Años después apareció La Biblia de neón, una primera novela, también inédita, de Kennedy Toole, escrita a los dieciséis años con sorprendente madurez: una lúgubre visión del Deep South, con ecos de Otras voces, otros ámbitos, de Truman Capote, aunque sin su maestría. Pero nos quedaremos para siempre sin saber de las andanzas de Ignatius Reilly en Nueva York. A Giorgio Manganelli, escritor estrictamente genial, lo conocí en Barcelona, donde estuvo de paso, exactamente el día del confusísimo atraco al Banco Central. Estábamos en un hotel cercano, el Calderón, y nos llegaban noticias indescifrables de secuestradores y secuestrados. Otro italiano y esta vez no de Adelphi (aunque muchos años después Calasso empezó a editar su opera omnia). Apar-
Extranjero, no funcionó (quizá la traducción, que comparé, era demasiado argótica, como de una novela de la Serie Noire), ni tampoco en Italia (el editor que la adquirió, mi amigo Piero Gelli, cambió de editorial y su sustituto la publicó sin el menor entusiasmo). Yo me había convertido en un gran propagandista de La conjura entre mis colegas amigos, y así Christian Bourgois compró más adelante los derechos de bolsillo para su colección “10 x 18”, donde funcionó muy bien, y el director de la italiana Marcos y Marcos la adquirió hace pocos años, al quedar sus derechos libres, y ha sido uno de los mayores éxitos de su pequeña y vivaz editorial. Años después apareció La Biblia de neón, una primera novela, también inédita, de Kennedy Toole, escrita a los dieciséis años con sorprendente madurez: una lúgubre visión del Deep South, con ecos de Otras voces, otros ámbitos, de Truman Capote, aunque sin su maestría. Pero nos quedaremos para siempre sin saber de las andanzas de Ignatius Reilly en Nueva York. A Giorgio Manganelli, escritor estrictamente genial, lo conocí en Barcelona, donde estuvo de paso, exactamente el día del confusísimo atraco al Banco Central. Estábamos en un hotel cercano, el Calderón, y nos llegaban noticias indescifrables de secuestradores y secuestrados. Otro italiano y esta vez no de Adelphi (aunque muchos años después Calasso empezó a editar su opera omnia). Apar-
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Extranjero, no funcionó (quizá la traducción, que comparé, era demasiado argótica, como de una novela de la Serie Noire), ni tampoco en Italia (el editor que la adquirió, mi amigo Piero Gelli, cambió de editorial y su sustituto la publicó sin el menor entusiasmo). Yo me había convertido en un gran propagandista de La conjura entre mis colegas amigos, y así Christian Bourgois compró más adelante los derechos de bolsillo para su colección “10 x 18”, donde funcionó muy bien, y el director de la italiana Marcos y Marcos la adquirió hace pocos años, al quedar sus derechos libres, y ha sido uno de los mayores éxitos de su pequeña y vivaz editorial. Años después apareció La Biblia de neón, una primera novela, también inédita, de Kennedy Toole, escrita a los dieciséis años con sorprendente madurez: una lúgubre visión del Deep South, con ecos de Otras voces, otros ámbitos, de Truman Capote, aunque sin su maestría. Pero nos quedaremos para siempre sin saber de las andanzas de Ignatius Reilly en Nueva York. A Giorgio Manganelli, escritor estrictamente genial, lo conocí en Barcelona, donde estuvo de paso, exactamente el día del confusísimo atraco al Banco Central. Estábamos en un hotel cercano, el Calderón, y nos llegaban noticias indescifrables de secuestradores y secuestrados. Otro italiano y esta vez no de Adelphi (aunque muchos años después Calasso empezó a editar su opera omnia). Apar-
Extranjero, no funcionó (quizá la traducción, que comparé, era demasiado argótica, como de una novela de la Serie Noire), ni tampoco en Italia (el editor que la adquirió, mi amigo Piero Gelli, cambió de editorial y su sustituto la publicó sin el menor entusiasmo). Yo me había convertido en un gran propagandista de La conjura entre mis colegas amigos, y así Christian Bourgois compró más adelante los derechos de bolsillo para su colección “10 x 18”, donde funcionó muy bien, y el director de la italiana Marcos y Marcos la adquirió hace pocos años, al quedar sus derechos libres, y ha sido uno de los mayores éxitos de su pequeña y vivaz editorial. Años después apareció La Biblia de neón, una primera novela, también inédita, de Kennedy Toole, escrita a los dieciséis años con sorprendente madurez: una lúgubre visión del Deep South, con ecos de Otras voces, otros ámbitos, de Truman Capote, aunque sin su maestría. Pero nos quedaremos para siempre sin saber de las andanzas de Ignatius Reilly en Nueva York. A Giorgio Manganelli, escritor estrictamente genial, lo conocí en Barcelona, donde estuvo de paso, exactamente el día del confusísimo atraco al Banco Central. Estábamos en un hotel cercano, el Calderón, y nos llegaban noticias indescifrables de secuestradores y secuestrados. Otro italiano y esta vez no de Adelphi (aunque muchos años después Calasso empezó a editar su opera omnia). Apar-
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te de esa tarde, lo vi después en una Feria de Frankfurt en la que Italia era el país invitado. Poco sociable, aunque estuvimos en un par de cenas en petit comité, aparcaba un rato cada día en el stand de Anagrama, como refugiado, miraba los libros, comentaba el catálogo, ¡ah, la Compton Burnett! En su espléndido libro de ensayos literarios, La letteratura como menzogna, le dedicaba un ensayo a esa incomparable escritora, que coloqué como prólogo de Padres e hijos. Mirada penetrante, cultura inagotable, perverso sentido del humor; a veces resultaba casi cálido, otras segregaba una sensación de peligro, como animal feroz rumiando el modo de aniquilar al contertulio. Así me lo pareció en un par de ocasiones, a menos que fuera un despliegue teatral de humor negrísimo. El primero de los cuatro libros de Manganelli publicados en la editorial fue uno de los más accesibles, Centuria (PN 16), con un subtítulo memorable y engañoso: Cien breves novelas-río. Pero que el lector no se confunda: no encontrarán ahí cien miniaturas, cien novelas bonsai o cien barquitos dentro de una botella, sino cien historias a menudo enigmáticas y esquivas. Eso sí, breves. Y fulgurantes. Joseph Roth comparece de nuevo con A diestra y siniestra (PN 17), que había sido publicada ya en los años treinta, en versión de quien fue, en su día, primer traductor de Freud al español: Luis López
te de esa tarde, lo vi después en una Feria de Frankfurt en la que Italia era el país invitado. Poco sociable, aunque estuvimos en un par de cenas en petit comité, aparcaba un rato cada día en el stand de Anagrama, como refugiado, miraba los libros, comentaba el catálogo, ¡ah, la Compton Burnett! En su espléndido libro de ensayos literarios, La letteratura como menzogna, le dedicaba un ensayo a esa incomparable escritora, que coloqué como prólogo de Padres e hijos. Mirada penetrante, cultura inagotable, perverso sentido del humor; a veces resultaba casi cálido, otras segregaba una sensación de peligro, como animal feroz rumiando el modo de aniquilar al contertulio. Así me lo pareció en un par de ocasiones, a menos que fuera un despliegue teatral de humor negrísimo. El primero de los cuatro libros de Manganelli publicados en la editorial fue uno de los más accesibles, Centuria (PN 16), con un subtítulo memorable y engañoso: Cien breves novelas-río. Pero que el lector no se confunda: no encontrarán ahí cien miniaturas, cien novelas bonsai o cien barquitos dentro de una botella, sino cien historias a menudo enigmáticas y esquivas. Eso sí, breves. Y fulgurantes. Joseph Roth comparece de nuevo con A diestra y siniestra (PN 17), que había sido publicada ya en los años treinta, en versión de quien fue, en su día, primer traductor de Freud al español: Luis López
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te de esa tarde, lo vi después en una Feria de Frankfurt en la que Italia era el país invitado. Poco sociable, aunque estuvimos en un par de cenas en petit comité, aparcaba un rato cada día en el stand de Anagrama, como refugiado, miraba los libros, comentaba el catálogo, ¡ah, la Compton Burnett! En su espléndido libro de ensayos literarios, La letteratura como menzogna, le dedicaba un ensayo a esa incomparable escritora, que coloqué como prólogo de Padres e hijos. Mirada penetrante, cultura inagotable, perverso sentido del humor; a veces resultaba casi cálido, otras segregaba una sensación de peligro, como animal feroz rumiando el modo de aniquilar al contertulio. Así me lo pareció en un par de ocasiones, a menos que fuera un despliegue teatral de humor negrísimo. El primero de los cuatro libros de Manganelli publicados en la editorial fue uno de los más accesibles, Centuria (PN 16), con un subtítulo memorable y engañoso: Cien breves novelas-río. Pero que el lector no se confunda: no encontrarán ahí cien miniaturas, cien novelas bonsai o cien barquitos dentro de una botella, sino cien historias a menudo enigmáticas y esquivas. Eso sí, breves. Y fulgurantes. Joseph Roth comparece de nuevo con A diestra y siniestra (PN 17), que había sido publicada ya en los años treinta, en versión de quien fue, en su día, primer traductor de Freud al español: Luis López
te de esa tarde, lo vi después en una Feria de Frankfurt en la que Italia era el país invitado. Poco sociable, aunque estuvimos en un par de cenas en petit comité, aparcaba un rato cada día en el stand de Anagrama, como refugiado, miraba los libros, comentaba el catálogo, ¡ah, la Compton Burnett! En su espléndido libro de ensayos literarios, La letteratura como menzogna, le dedicaba un ensayo a esa incomparable escritora, que coloqué como prólogo de Padres e hijos. Mirada penetrante, cultura inagotable, perverso sentido del humor; a veces resultaba casi cálido, otras segregaba una sensación de peligro, como animal feroz rumiando el modo de aniquilar al contertulio. Así me lo pareció en un par de ocasiones, a menos que fuera un despliegue teatral de humor negrísimo. El primero de los cuatro libros de Manganelli publicados en la editorial fue uno de los más accesibles, Centuria (PN 16), con un subtítulo memorable y engañoso: Cien breves novelas-río. Pero que el lector no se confunda: no encontrarán ahí cien miniaturas, cien novelas bonsai o cien barquitos dentro de una botella, sino cien historias a menudo enigmáticas y esquivas. Eso sí, breves. Y fulgurantes. Joseph Roth comparece de nuevo con A diestra y siniestra (PN 17), que había sido publicada ya en los años treinta, en versión de quien fue, en su día, primer traductor de Freud al español: Luis López
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Ballesteros y de Torres, traducción que utilizamos en nuestra edición. Una excelente novela, aunque no llega a las alturas literarias de La noche mil dos y Confesión de un asesino, que aparecieron más tarde en la colección. Mario Brelich es otro italiano, o mejor dicho, un húngaro que escribía en italiano (cosecha Adelphi), un escultor que escribió varias curiosas novelas sobre temas bíblicos. Quizá la mejor era La ceremonia de la traición (PN 18), una compleja visión de Judas. Pensé que el personaje ideal para prologarlo era Jesús Aguirre, amigo, ex colega y recién duque de Alba, y tras cierto intercambio epistolar casi lo escribió: la idea le hizo mucha gracia pero, en su última carta, meses después, el mensaje era que sus múltiples y novedosos quehaceres le impedían dedicarse a ello. Lo sustituyó in extremis un texto de Giorgio Manganelli. Con El placer del viajero, una novela veneciana, inquietante y macabra, de Ian McEwan, hace su entrada en la colección el después bautizado “British Dream Team”, en aquel entonces, 1982, un puñado de brillantes jóvenes autores con apenas obras publicadas. En la colección “Contraseñas”, en 1980, ya había aparecido su primer libro de cuentos, Primer amor, últimos ritos, uno de los mejores debuts que se recuerda en la literatura inglesa en décadas (otro fue El libro de Rachel de Martin Amis, que también se publicó en “Contraseñas”). Luego seguiría-
Ballesteros y de Torres, traducción que utilizamos en nuestra edición. Una excelente novela, aunque no llega a las alturas literarias de La noche mil dos y Confesión de un asesino, que aparecieron más tarde en la colección. Mario Brelich es otro italiano, o mejor dicho, un húngaro que escribía en italiano (cosecha Adelphi), un escultor que escribió varias curiosas novelas sobre temas bíblicos. Quizá la mejor era La ceremonia de la traición (PN 18), una compleja visión de Judas. Pensé que el personaje ideal para prologarlo era Jesús Aguirre, amigo, ex colega y recién duque de Alba, y tras cierto intercambio epistolar casi lo escribió: la idea le hizo mucha gracia pero, en su última carta, meses después, el mensaje era que sus múltiples y novedosos quehaceres le impedían dedicarse a ello. Lo sustituyó in extremis un texto de Giorgio Manganelli. Con El placer del viajero, una novela veneciana, inquietante y macabra, de Ian McEwan, hace su entrada en la colección el después bautizado “British Dream Team”, en aquel entonces, 1982, un puñado de brillantes jóvenes autores con apenas obras publicadas. En la colección “Contraseñas”, en 1980, ya había aparecido su primer libro de cuentos, Primer amor, últimos ritos, uno de los mejores debuts que se recuerda en la literatura inglesa en décadas (otro fue El libro de Rachel de Martin Amis, que también se publicó en “Contraseñas”). Luego seguiría-
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Ballesteros y de Torres, traducción que utilizamos en nuestra edición. Una excelente novela, aunque no llega a las alturas literarias de La noche mil dos y Confesión de un asesino, que aparecieron más tarde en la colección. Mario Brelich es otro italiano, o mejor dicho, un húngaro que escribía en italiano (cosecha Adelphi), un escultor que escribió varias curiosas novelas sobre temas bíblicos. Quizá la mejor era La ceremonia de la traición (PN 18), una compleja visión de Judas. Pensé que el personaje ideal para prologarlo era Jesús Aguirre, amigo, ex colega y recién duque de Alba, y tras cierto intercambio epistolar casi lo escribió: la idea le hizo mucha gracia pero, en su última carta, meses después, el mensaje era que sus múltiples y novedosos quehaceres le impedían dedicarse a ello. Lo sustituyó in extremis un texto de Giorgio Manganelli. Con El placer del viajero, una novela veneciana, inquietante y macabra, de Ian McEwan, hace su entrada en la colección el después bautizado “British Dream Team”, en aquel entonces, 1982, un puñado de brillantes jóvenes autores con apenas obras publicadas. En la colección “Contraseñas”, en 1980, ya había aparecido su primer libro de cuentos, Primer amor, últimos ritos, uno de los mejores debuts que se recuerda en la literatura inglesa en décadas (otro fue El libro de Rachel de Martin Amis, que también se publicó en “Contraseñas”). Luego seguiría-
Ballesteros y de Torres, traducción que utilizamos en nuestra edición. Una excelente novela, aunque no llega a las alturas literarias de La noche mil dos y Confesión de un asesino, que aparecieron más tarde en la colección. Mario Brelich es otro italiano, o mejor dicho, un húngaro que escribía en italiano (cosecha Adelphi), un escultor que escribió varias curiosas novelas sobre temas bíblicos. Quizá la mejor era La ceremonia de la traición (PN 18), una compleja visión de Judas. Pensé que el personaje ideal para prologarlo era Jesús Aguirre, amigo, ex colega y recién duque de Alba, y tras cierto intercambio epistolar casi lo escribió: la idea le hizo mucha gracia pero, en su última carta, meses después, el mensaje era que sus múltiples y novedosos quehaceres le impedían dedicarse a ello. Lo sustituyó in extremis un texto de Giorgio Manganelli. Con El placer del viajero, una novela veneciana, inquietante y macabra, de Ian McEwan, hace su entrada en la colección el después bautizado “British Dream Team”, en aquel entonces, 1982, un puñado de brillantes jóvenes autores con apenas obras publicadas. En la colección “Contraseñas”, en 1980, ya había aparecido su primer libro de cuentos, Primer amor, últimos ritos, uno de los mejores debuts que se recuerda en la literatura inglesa en décadas (otro fue El libro de Rachel de Martin Amis, que también se publicó en “Contraseñas”). Luego seguiría-
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mos publicando en “Panorama de narrativas” toda su obra posterior, con títulos como El inocente, Niños en el tiempo, Amor perdurable, Amsterdam, con el que ganó el Booker, o el último, que aparecerá en otoño próximo, Expiación. Los números 22 y 24 corresponden a Patricia Highsmith —Crímenes imaginarios y El juego del escondite—, mientras que a finales de 1982 comparece una extraordinaria escritora del Deep South, Eudora Welty, con el que había sido su primer libro de relatos, Una cortina de follaje, donde el lirismo mágico, por una parte, y el llamado “grotesco sureño”, por otra, brillan con personal intensidad. Después publicamos dos títulos más, El corazón de los Ponder y Las manzanas doradas, libros acogidos siempre con excelentes reseñas y escasísimas ventas. A veces nos lamentábamos en Frankfurt con su editora inglesa Marion Boyars de sus pocos lectores: “Ganará el Nobel”, me decía siempre. Un día le pregunté, por si tenía fuentes suecas, por qué lo repetía con tanto énfasis: “Es mi candidata”, repuso, “that’s all”. Eudora murió hace poco sin el Nobel, pero respetada en su país como una de las grandes escritoras del siglo. En el mismo viaje a Estados Unidos en el que conocimos Lali y yo a Grace Paley, bajamos luego a Nueva Orleans (imprescindible homenaje a Kennedy Toole), y de ahí, en coche, a Jackson, Mississippi, donde vivía Eudora Welty, altísima, huesudísima,
mos publicando en “Panorama de narrativas” toda su obra posterior, con títulos como El inocente, Niños en el tiempo, Amor perdurable, Amsterdam, con el que ganó el Booker, o el último, que aparecerá en otoño próximo, Expiación. Los números 22 y 24 corresponden a Patricia Highsmith —Crímenes imaginarios y El juego del escondite—, mientras que a finales de 1982 comparece una extraordinaria escritora del Deep South, Eudora Welty, con el que había sido su primer libro de relatos, Una cortina de follaje, donde el lirismo mágico, por una parte, y el llamado “grotesco sureño”, por otra, brillan con personal intensidad. Después publicamos dos títulos más, El corazón de los Ponder y Las manzanas doradas, libros acogidos siempre con excelentes reseñas y escasísimas ventas. A veces nos lamentábamos en Frankfurt con su editora inglesa Marion Boyars de sus pocos lectores: “Ganará el Nobel”, me decía siempre. Un día le pregunté, por si tenía fuentes suecas, por qué lo repetía con tanto énfasis: “Es mi candidata”, repuso, “that’s all”. Eudora murió hace poco sin el Nobel, pero respetada en su país como una de las grandes escritoras del siglo. En el mismo viaje a Estados Unidos en el que conocimos Lali y yo a Grace Paley, bajamos luego a Nueva Orleans (imprescindible homenaje a Kennedy Toole), y de ahí, en coche, a Jackson, Mississippi, donde vivía Eudora Welty, altísima, huesudísima,
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mos publicando en “Panorama de narrativas” toda su obra posterior, con títulos como El inocente, Niños en el tiempo, Amor perdurable, Amsterdam, con el que ganó el Booker, o el último, que aparecerá en otoño próximo, Expiación. Los números 22 y 24 corresponden a Patricia Highsmith —Crímenes imaginarios y El juego del escondite—, mientras que a finales de 1982 comparece una extraordinaria escritora del Deep South, Eudora Welty, con el que había sido su primer libro de relatos, Una cortina de follaje, donde el lirismo mágico, por una parte, y el llamado “grotesco sureño”, por otra, brillan con personal intensidad. Después publicamos dos títulos más, El corazón de los Ponder y Las manzanas doradas, libros acogidos siempre con excelentes reseñas y escasísimas ventas. A veces nos lamentábamos en Frankfurt con su editora inglesa Marion Boyars de sus pocos lectores: “Ganará el Nobel”, me decía siempre. Un día le pregunté, por si tenía fuentes suecas, por qué lo repetía con tanto énfasis: “Es mi candidata”, repuso, “that’s all”. Eudora murió hace poco sin el Nobel, pero respetada en su país como una de las grandes escritoras del siglo. En el mismo viaje a Estados Unidos en el que conocimos Lali y yo a Grace Paley, bajamos luego a Nueva Orleans (imprescindible homenaje a Kennedy Toole), y de ahí, en coche, a Jackson, Mississippi, donde vivía Eudora Welty, altísima, huesudísima,
mos publicando en “Panorama de narrativas” toda su obra posterior, con títulos como El inocente, Niños en el tiempo, Amor perdurable, Amsterdam, con el que ganó el Booker, o el último, que aparecerá en otoño próximo, Expiación. Los números 22 y 24 corresponden a Patricia Highsmith —Crímenes imaginarios y El juego del escondite—, mientras que a finales de 1982 comparece una extraordinaria escritora del Deep South, Eudora Welty, con el que había sido su primer libro de relatos, Una cortina de follaje, donde el lirismo mágico, por una parte, y el llamado “grotesco sureño”, por otra, brillan con personal intensidad. Después publicamos dos títulos más, El corazón de los Ponder y Las manzanas doradas, libros acogidos siempre con excelentes reseñas y escasísimas ventas. A veces nos lamentábamos en Frankfurt con su editora inglesa Marion Boyars de sus pocos lectores: “Ganará el Nobel”, me decía siempre. Un día le pregunté, por si tenía fuentes suecas, por qué lo repetía con tanto énfasis: “Es mi candidata”, repuso, “that’s all”. Eudora murió hace poco sin el Nobel, pero respetada en su país como una de las grandes escritoras del siglo. En el mismo viaje a Estados Unidos en el que conocimos Lali y yo a Grace Paley, bajamos luego a Nueva Orleans (imprescindible homenaje a Kennedy Toole), y de ahí, en coche, a Jackson, Mississippi, donde vivía Eudora Welty, altísima, huesudísima,
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timidísima. En una semana habían estado en su casa un equipo de televisión de Nueva York, un periodista francés con motivo de la publicación de sus libros en Flammarion, y después nosotros: “¿Qué pasa con usted, miss Welty?”, nos dijo, como incrédula, que le preguntaban sus vecinos. Nos habló con mucho afecto de Richard Ford, a quien conoció de niño, cuando era vecino suyo en Jackson. El año 1983 se inicia con Gesualdo Bufalino, un escritor publicado por la exquisita editorial siciliana Sellerio: su primera novela Diceria dell’untore, que se convirtió en Perorata del apestado (PN 23), tras serias dudas sobre la traducción nada fácil del título, fue una revelación. Su historia es bien conocida: un ignoto profesor sexagenario escribe unos textos para acompañar un libro de fotografías; la editora, Elvira Sellerio, y su asesor literario, Leonardo Sciascia, detectan un extraordinario talento de escritor, le preguntan si tiene manuscritos en sus cajones... y los tenía a mansalva. Entre ellos, su segunda novela, Argos el ciego, que con Perorata del apestado me parecen no sólo las mejores novelas del autor, sino también de la literatura italiana de las últimas décadas. Y ahora comparece de nuevo nuestra vieja amiga Grace Paley con sus Enormes cambios en el último minuto (PN 24), al que más adelante seguirá su tercer y último libro de cuentos, Más tarde, el mismo día. Para muchos lectores, los grandes cuentistas
timidísima. En una semana habían estado en su casa un equipo de televisión de Nueva York, un periodista francés con motivo de la publicación de sus libros en Flammarion, y después nosotros: “¿Qué pasa con usted, miss Welty?”, nos dijo, como incrédula, que le preguntaban sus vecinos. Nos habló con mucho afecto de Richard Ford, a quien conoció de niño, cuando era vecino suyo en Jackson. El año 1983 se inicia con Gesualdo Bufalino, un escritor publicado por la exquisita editorial siciliana Sellerio: su primera novela Diceria dell’untore, que se convirtió en Perorata del apestado (PN 23), tras serias dudas sobre la traducción nada fácil del título, fue una revelación. Su historia es bien conocida: un ignoto profesor sexagenario escribe unos textos para acompañar un libro de fotografías; la editora, Elvira Sellerio, y su asesor literario, Leonardo Sciascia, detectan un extraordinario talento de escritor, le preguntan si tiene manuscritos en sus cajones... y los tenía a mansalva. Entre ellos, su segunda novela, Argos el ciego, que con Perorata del apestado me parecen no sólo las mejores novelas del autor, sino también de la literatura italiana de las últimas décadas. Y ahora comparece de nuevo nuestra vieja amiga Grace Paley con sus Enormes cambios en el último minuto (PN 24), al que más adelante seguirá su tercer y último libro de cuentos, Más tarde, el mismo día. Para muchos lectores, los grandes cuentistas
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timidísima. En una semana habían estado en su casa un equipo de televisión de Nueva York, un periodista francés con motivo de la publicación de sus libros en Flammarion, y después nosotros: “¿Qué pasa con usted, miss Welty?”, nos dijo, como incrédula, que le preguntaban sus vecinos. Nos habló con mucho afecto de Richard Ford, a quien conoció de niño, cuando era vecino suyo en Jackson. El año 1983 se inicia con Gesualdo Bufalino, un escritor publicado por la exquisita editorial siciliana Sellerio: su primera novela Diceria dell’untore, que se convirtió en Perorata del apestado (PN 23), tras serias dudas sobre la traducción nada fácil del título, fue una revelación. Su historia es bien conocida: un ignoto profesor sexagenario escribe unos textos para acompañar un libro de fotografías; la editora, Elvira Sellerio, y su asesor literario, Leonardo Sciascia, detectan un extraordinario talento de escritor, le preguntan si tiene manuscritos en sus cajones... y los tenía a mansalva. Entre ellos, su segunda novela, Argos el ciego, que con Perorata del apestado me parecen no sólo las mejores novelas del autor, sino también de la literatura italiana de las últimas décadas. Y ahora comparece de nuevo nuestra vieja amiga Grace Paley con sus Enormes cambios en el último minuto (PN 24), al que más adelante seguirá su tercer y último libro de cuentos, Más tarde, el mismo día. Para muchos lectores, los grandes cuentistas
timidísima. En una semana habían estado en su casa un equipo de televisión de Nueva York, un periodista francés con motivo de la publicación de sus libros en Flammarion, y después nosotros: “¿Qué pasa con usted, miss Welty?”, nos dijo, como incrédula, que le preguntaban sus vecinos. Nos habló con mucho afecto de Richard Ford, a quien conoció de niño, cuando era vecino suyo en Jackson. El año 1983 se inicia con Gesualdo Bufalino, un escritor publicado por la exquisita editorial siciliana Sellerio: su primera novela Diceria dell’untore, que se convirtió en Perorata del apestado (PN 23), tras serias dudas sobre la traducción nada fácil del título, fue una revelación. Su historia es bien conocida: un ignoto profesor sexagenario escribe unos textos para acompañar un libro de fotografías; la editora, Elvira Sellerio, y su asesor literario, Leonardo Sciascia, detectan un extraordinario talento de escritor, le preguntan si tiene manuscritos en sus cajones... y los tenía a mansalva. Entre ellos, su segunda novela, Argos el ciego, que con Perorata del apestado me parecen no sólo las mejores novelas del autor, sino también de la literatura italiana de las últimas décadas. Y ahora comparece de nuevo nuestra vieja amiga Grace Paley con sus Enormes cambios en el último minuto (PN 24), al que más adelante seguirá su tercer y último libro de cuentos, Más tarde, el mismo día. Para muchos lectores, los grandes cuentistas
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norteamericanos de los sesenta en adelante podrían ser estos tres: Donald Barthelme, Grace Paley, Raymond Carver (ampliación del axioma anterior). Otro extraordinario y atípico escritor italiano, el sardo Salvattore Satta (Adelphi, again), un jurista de extraordinario prestigio que, como a escondidas, escribió una obra maestra, El día del juicio (PN 25). En ella se cuenta la historia de una antigua familia de notarios acomodados en Nuoro, una ciudad que es “un nido de cuervos” en esa isla de “demoniaca tristeza”. Releo en la contraportada: “Detrás de la prosa austera, de la concreción durísima de los hechos, percibimos en estas páginas una continua fiebre visionaria”, un texto que no recuerdo si lo escribí yo o, más probablemente, fue traducido de la contraportada italiana, que solía redactar el propio Calasso. Satta era uno de esos “casos literarios” con los que los italianos nos sorprenden a menudo, como ha podido verse en este recuento: Wilcock, Manganelli, Brelich, Bufalino y ahora Satta. Luego siguen Dúo (PN 26), una excelente novela corta de Colette, y Extraños en un tren (PN 27), la primera novela de la Highsmith que, como es sabido, llevó al cine con gran éxito Hitchcock y en cuyo guión trabajó, rezongando, Raymond Chandler. Anyway, gran novela, gran película. El polaco Andrzej Kuśniewicz es el autor de uno de mis títulos preferidos de aquellos años, El Rey de las Dos Sicilias (PN 28). Lo descubrí en Frankfurt,
norteamericanos de los sesenta en adelante podrían ser estos tres: Donald Barthelme, Grace Paley, Raymond Carver (ampliación del axioma anterior). Otro extraordinario y atípico escritor italiano, el sardo Salvattore Satta (Adelphi, again), un jurista de extraordinario prestigio que, como a escondidas, escribió una obra maestra, El día del juicio (PN 25). En ella se cuenta la historia de una antigua familia de notarios acomodados en Nuoro, una ciudad que es “un nido de cuervos” en esa isla de “demoniaca tristeza”. Releo en la contraportada: “Detrás de la prosa austera, de la concreción durísima de los hechos, percibimos en estas páginas una continua fiebre visionaria”, un texto que no recuerdo si lo escribí yo o, más probablemente, fue traducido de la contraportada italiana, que solía redactar el propio Calasso. Satta era uno de esos “casos literarios” con los que los italianos nos sorprenden a menudo, como ha podido verse en este recuento: Wilcock, Manganelli, Brelich, Bufalino y ahora Satta. Luego siguen Dúo (PN 26), una excelente novela corta de Colette, y Extraños en un tren (PN 27), la primera novela de la Highsmith que, como es sabido, llevó al cine con gran éxito Hitchcock y en cuyo guión trabajó, rezongando, Raymond Chandler. Anyway, gran novela, gran película. El polaco Andrzej Kuśniewicz es el autor de uno de mis títulos preferidos de aquellos años, El Rey de las Dos Sicilias (PN 28). Lo descubrí en Frankfurt,
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norteamericanos de los sesenta en adelante podrían ser estos tres: Donald Barthelme, Grace Paley, Raymond Carver (ampliación del axioma anterior). Otro extraordinario y atípico escritor italiano, el sardo Salvattore Satta (Adelphi, again), un jurista de extraordinario prestigio que, como a escondidas, escribió una obra maestra, El día del juicio (PN 25). En ella se cuenta la historia de una antigua familia de notarios acomodados en Nuoro, una ciudad que es “un nido de cuervos” en esa isla de “demoniaca tristeza”. Releo en la contraportada: “Detrás de la prosa austera, de la concreción durísima de los hechos, percibimos en estas páginas una continua fiebre visionaria”, un texto que no recuerdo si lo escribí yo o, más probablemente, fue traducido de la contraportada italiana, que solía redactar el propio Calasso. Satta era uno de esos “casos literarios” con los que los italianos nos sorprenden a menudo, como ha podido verse en este recuento: Wilcock, Manganelli, Brelich, Bufalino y ahora Satta. Luego siguen Dúo (PN 26), una excelente novela corta de Colette, y Extraños en un tren (PN 27), la primera novela de la Highsmith que, como es sabido, llevó al cine con gran éxito Hitchcock y en cuyo guión trabajó, rezongando, Raymond Chandler. Anyway, gran novela, gran película. El polaco Andrzej Kuśniewicz es el autor de uno de mis títulos preferidos de aquellos años, El Rey de las Dos Sicilias (PN 28). Lo descubrí en Frankfurt,
norteamericanos de los sesenta en adelante podrían ser estos tres: Donald Barthelme, Grace Paley, Raymond Carver (ampliación del axioma anterior). Otro extraordinario y atípico escritor italiano, el sardo Salvattore Satta (Adelphi, again), un jurista de extraordinario prestigio que, como a escondidas, escribió una obra maestra, El día del juicio (PN 25). En ella se cuenta la historia de una antigua familia de notarios acomodados en Nuoro, una ciudad que es “un nido de cuervos” en esa isla de “demoniaca tristeza”. Releo en la contraportada: “Detrás de la prosa austera, de la concreción durísima de los hechos, percibimos en estas páginas una continua fiebre visionaria”, un texto que no recuerdo si lo escribí yo o, más probablemente, fue traducido de la contraportada italiana, que solía redactar el propio Calasso. Satta era uno de esos “casos literarios” con los que los italianos nos sorprenden a menudo, como ha podido verse en este recuento: Wilcock, Manganelli, Brelich, Bufalino y ahora Satta. Luego siguen Dúo (PN 26), una excelente novela corta de Colette, y Extraños en un tren (PN 27), la primera novela de la Highsmith que, como es sabido, llevó al cine con gran éxito Hitchcock y en cuyo guión trabajó, rezongando, Raymond Chandler. Anyway, gran novela, gran película. El polaco Andrzej Kuśniewicz es el autor de uno de mis títulos preferidos de aquellos años, El Rey de las Dos Sicilias (PN 28). Lo descubrí en Frankfurt,
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en el stand de Sellerio, lo empecé a leer y me quedé deslumbrado; le pregunté a Enzo Sellerio por los derechos, y éste, muy complacido y complaciente, me llevó a conocer a la agente polaca para pedir una opción. Lo terminé entusiasmado y lo publicamos, al igual que otra novela suya: La lección de lengua muerta. Como anécdota, cuando conocí a Álvaro Mutis en México, en casa de Alejandro Rossi, me saludó con su mejor vozarrón: “¡Te estaré para siempre agradecido por haber publicado El Rey de las Dos Sicilias!” Jean Rhys, una de las escritoras más singulares de la literatura británica, quebradiza y quebrada y a la vez indestructible, comparece por primera vez en la colección con el libro de relatos Los tigres son más hermosos (PN 29) —hipótesis de trabajo: las personas respetables son más feroces que los tigres... y desde luego menos hermosas—, al que seguirán más adelante Ancho mar de los Sargazos, la novela de su revival que la sacó del olvido, y Después de dejar al señor Mackenzie. Y con Tras los pasos de Ripley (PN 30), en la primavera del 83, termina este repaso de los 30 primeros títulos de “Panorama de narrativas”, correspondientes a los dos primeros años de su existencia. Resulta patente la prioridad de la literatura anglosajona, seguida de la italiana, francesa y alemana, y con un título de lengua más exótica, el polaco; una tónica que se prolongará de forma similar a lo
en el stand de Sellerio, lo empecé a leer y me quedé deslumbrado; le pregunté a Enzo Sellerio por los derechos, y éste, muy complacido y complaciente, me llevó a conocer a la agente polaca para pedir una opción. Lo terminé entusiasmado y lo publicamos, al igual que otra novela suya: La lección de lengua muerta. Como anécdota, cuando conocí a Álvaro Mutis en México, en casa de Alejandro Rossi, me saludó con su mejor vozarrón: “¡Te estaré para siempre agradecido por haber publicado El Rey de las Dos Sicilias!” Jean Rhys, una de las escritoras más singulares de la literatura británica, quebradiza y quebrada y a la vez indestructible, comparece por primera vez en la colección con el libro de relatos Los tigres son más hermosos (PN 29) —hipótesis de trabajo: las personas respetables son más feroces que los tigres... y desde luego menos hermosas—, al que seguirán más adelante Ancho mar de los Sargazos, la novela de su revival que la sacó del olvido, y Después de dejar al señor Mackenzie. Y con Tras los pasos de Ripley (PN 30), en la primavera del 83, termina este repaso de los 30 primeros títulos de “Panorama de narrativas”, correspondientes a los dos primeros años de su existencia. Resulta patente la prioridad de la literatura anglosajona, seguida de la italiana, francesa y alemana, y con un título de lengua más exótica, el polaco; una tónica que se prolongará de forma similar a lo
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en el stand de Sellerio, lo empecé a leer y me quedé deslumbrado; le pregunté a Enzo Sellerio por los derechos, y éste, muy complacido y complaciente, me llevó a conocer a la agente polaca para pedir una opción. Lo terminé entusiasmado y lo publicamos, al igual que otra novela suya: La lección de lengua muerta. Como anécdota, cuando conocí a Álvaro Mutis en México, en casa de Alejandro Rossi, me saludó con su mejor vozarrón: “¡Te estaré para siempre agradecido por haber publicado El Rey de las Dos Sicilias!” Jean Rhys, una de las escritoras más singulares de la literatura británica, quebradiza y quebrada y a la vez indestructible, comparece por primera vez en la colección con el libro de relatos Los tigres son más hermosos (PN 29) —hipótesis de trabajo: las personas respetables son más feroces que los tigres... y desde luego menos hermosas—, al que seguirán más adelante Ancho mar de los Sargazos, la novela de su revival que la sacó del olvido, y Después de dejar al señor Mackenzie. Y con Tras los pasos de Ripley (PN 30), en la primavera del 83, termina este repaso de los 30 primeros títulos de “Panorama de narrativas”, correspondientes a los dos primeros años de su existencia. Resulta patente la prioridad de la literatura anglosajona, seguida de la italiana, francesa y alemana, y con un título de lengua más exótica, el polaco; una tónica que se prolongará de forma similar a lo
en el stand de Sellerio, lo empecé a leer y me quedé deslumbrado; le pregunté a Enzo Sellerio por los derechos, y éste, muy complacido y complaciente, me llevó a conocer a la agente polaca para pedir una opción. Lo terminé entusiasmado y lo publicamos, al igual que otra novela suya: La lección de lengua muerta. Como anécdota, cuando conocí a Álvaro Mutis en México, en casa de Alejandro Rossi, me saludó con su mejor vozarrón: “¡Te estaré para siempre agradecido por haber publicado El Rey de las Dos Sicilias!” Jean Rhys, una de las escritoras más singulares de la literatura británica, quebradiza y quebrada y a la vez indestructible, comparece por primera vez en la colección con el libro de relatos Los tigres son más hermosos (PN 29) —hipótesis de trabajo: las personas respetables son más feroces que los tigres... y desde luego menos hermosas—, al que seguirán más adelante Ancho mar de los Sargazos, la novela de su revival que la sacó del olvido, y Después de dejar al señor Mackenzie. Y con Tras los pasos de Ripley (PN 30), en la primavera del 83, termina este repaso de los 30 primeros títulos de “Panorama de narrativas”, correspondientes a los dos primeros años de su existencia. Resulta patente la prioridad de la literatura anglosajona, seguida de la italiana, francesa y alemana, y con un título de lengua más exótica, el polaco; una tónica que se prolongará de forma similar a lo
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largo de los años, con una diferencia en los últimos tiempos, el aumento de autores franceses y un bajón italiano. (En los años ochenta, “Panorama de narrativas” compitió con nuestra colección “Contraseñas”, muy activa en esa década —con sus Tom Sharpe, Tom Wolfe, Kurt Vonnegut, Douglas Adams, más Bukowski, y tantos otros— y que luego siguió más en sordina.) Los títulos de “Panorama de narrativas”, de extraordinaria calidad literaria todos ellos, resultaron a menudo minoritarios, pero fueron propulsados por La conjura de los necios y las siete novelas de Patricia Highsmith que tanto facilitaron la buena marcha de la colección y mejoraron las finanzas de la editorial. Y debido a ello, en plena euforia, decidí, literalmente de un día para otro, convocar un premio de novela que inauguraría una nueva colección, “Narrativas hispánicas”, que se inició en diciembre de 1983.
largo de los años, con una diferencia en los últimos tiempos, el aumento de autores franceses y un bajón italiano. (En los años ochenta, “Panorama de narrativas” compitió con nuestra colección “Contraseñas”, muy activa en esa década —con sus Tom Sharpe, Tom Wolfe, Kurt Vonnegut, Douglas Adams, más Bukowski, y tantos otros— y que luego siguió más en sordina.) Los títulos de “Panorama de narrativas”, de extraordinaria calidad literaria todos ellos, resultaron a menudo minoritarios, pero fueron propulsados por La conjura de los necios y las siete novelas de Patricia Highsmith que tanto facilitaron la buena marcha de la colección y mejoraron las finanzas de la editorial. Y debido a ello, en plena euforia, decidí, literalmente de un día para otro, convocar un premio de novela que inauguraría una nueva colección, “Narrativas hispánicas”, que se inició en diciembre de 1983.
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largo de los años, con una diferencia en los últimos tiempos, el aumento de autores franceses y un bajón italiano. (En los años ochenta, “Panorama de narrativas” compitió con nuestra colección “Contraseñas”, muy activa en esa década —con sus Tom Sharpe, Tom Wolfe, Kurt Vonnegut, Douglas Adams, más Bukowski, y tantos otros— y que luego siguió más en sordina.) Los títulos de “Panorama de narrativas”, de extraordinaria calidad literaria todos ellos, resultaron a menudo minoritarios, pero fueron propulsados por La conjura de los necios y las siete novelas de Patricia Highsmith que tanto facilitaron la buena marcha de la colección y mejoraron las finanzas de la editorial. Y debido a ello, en plena euforia, decidí, literalmente de un día para otro, convocar un premio de novela que inauguraría una nueva colección, “Narrativas hispánicas”, que se inició en diciembre de 1983.
largo de los años, con una diferencia en los últimos tiempos, el aumento de autores franceses y un bajón italiano. (En los años ochenta, “Panorama de narrativas” compitió con nuestra colección “Contraseñas”, muy activa en esa década —con sus Tom Sharpe, Tom Wolfe, Kurt Vonnegut, Douglas Adams, más Bukowski, y tantos otros— y que luego siguió más en sordina.) Los títulos de “Panorama de narrativas”, de extraordinaria calidad literaria todos ellos, resultaron a menudo minoritarios, pero fueron propulsados por La conjura de los necios y las siete novelas de Patricia Highsmith que tanto facilitaron la buena marcha de la colección y mejoraron las finanzas de la editorial. Y debido a ello, en plena euforia, decidí, literalmente de un día para otro, convocar un premio de novela que inauguraría una nueva colección, “Narrativas hispánicas”, que se inició en diciembre de 1983.
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Epílogo
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Epílogo
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Con Lali y amigos mexicanos en el stand de Colofón.
Con Lali y amigos mexicanos en el stand de Colofón.
Con Lali y amigos mexicanos en el stand de Colofón.
Con Lali y amigos mexicanos en el stand de Colofón.
Un día en la vida de un editor*
Un día en la vida de un editor*
Este editor se despierta en general a las nueve y media. Aunque —no por justificarme, sino para situar el tema— casi nunca apago la luz antes de las tres o las cuatro de la madrugada. Ya en pie, dientes, ducha, desayuno líquido —zumo de naranja y café—, lectura más o menos rápida de dos periódicos, y en Anagrama —a doce minutos a pie desde casa, a tres o cuatro en coche— alrededor de las diez y media. La organización de Anagrama es, en gran medida, radial: despacho bilateralmente con las personas responsables de área. Cuando entro, Marta, en la recepción, me informa de las llamadas, saludo a la gente de administración —Noemí, Josep Maria, Paula,
Este editor se despierta en general a las nueve y media. Aunque —no por justificarme, sino para situar el tema— casi nunca apago la luz antes de las tres o las cuatro de la madrugada. Ya en pie, dientes, ducha, desayuno líquido —zumo de naranja y café—, lectura más o menos rápida de dos periódicos, y en Anagrama —a doce minutos a pie desde casa, a tres o cuatro en coche— alrededor de las diez y media. La organización de Anagrama es, en gran medida, radial: despacho bilateralmente con las personas responsables de área. Cuando entro, Marta, en la recepción, me informa de las llamadas, saludo a la gente de administración —Noemí, Josep Maria, Paula,
* Texto publicado en El Ciervo, marzo de 2002.
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* Texto publicado en El Ciervo, marzo de 2002.
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Un día en la vida de un editor*
Un día en la vida de un editor*
Este editor se despierta en general a las nueve y media. Aunque —no por justificarme, sino para situar el tema— casi nunca apago la luz antes de las tres o las cuatro de la madrugada. Ya en pie, dientes, ducha, desayuno líquido —zumo de naranja y café—, lectura más o menos rápida de dos periódicos, y en Anagrama —a doce minutos a pie desde casa, a tres o cuatro en coche— alrededor de las diez y media. La organización de Anagrama es, en gran medida, radial: despacho bilateralmente con las personas responsables de área. Cuando entro, Marta, en la recepción, me informa de las llamadas, saludo a la gente de administración —Noemí, Josep Maria, Paula,
Este editor se despierta en general a las nueve y media. Aunque —no por justificarme, sino para situar el tema— casi nunca apago la luz antes de las tres o las cuatro de la madrugada. Ya en pie, dientes, ducha, desayuno líquido —zumo de naranja y café—, lectura más o menos rápida de dos periódicos, y en Anagrama —a doce minutos a pie desde casa, a tres o cuatro en coche— alrededor de las diez y media. La organización de Anagrama es, en gran medida, radial: despacho bilateralmente con las personas responsables de área. Cuando entro, Marta, en la recepción, me informa de las llamadas, saludo a la gente de administración —Noemí, Josep Maria, Paula,
* Texto publicado en El Ciervo, marzo de 2002.
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* Texto publicado en El Ciervo, marzo de 2002.
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Emma y mi asistente Cristina—, voy a mi despacho, Noemí me trae los e-mails, los faxes, el libro de firmas con cosas urgentes. Después de un repaso rápido, primera parada en la “sala de máquinas”, la habitación donde están Izaskun, la responsable de producción, con la que comentamos decisiones más urgentes, y luego despacho con Teresa, que está en Anagrama desde finales de los ochenta ocupándose de la redacción, es decir, de preparar y hacer el seguimiento de los manuscritos en lengua española, y de encargar las traducciones; todo el proceso hasta fotolitos. Con el tiempo se ha formado un equipo bastante estable de colaboradores externos (aunque uno de ellos, Francisco, con frecuencia se encarga de sus tareas en la propia editorial) para llevar a cabo las correcciones de estilo y de pruebas. Mientras los libros están en proceso de impresión, Izaskun paralelamente ha puesto en marcha el proceso de portadas —grafista, grabador, plastificador— que confluyen con la “tripa” en el encuadernador. Trabajamos con los mismos proveedores desde hace mucho tiempo —por ejemplo, con Grafos, el impresor de las portadas, desde casi los inicios, treinta años—, lo que facilita mucho las cosas, conocen nuestras exigencias, nuestras “manías”. Regreso a mi despacho. Llamadas casi diarias con nuestros dos distribuidores: Miguel, de Antonio Machado Libros, de Madrid, y Celia, de Enlace. Y
Emma y mi asistente Cristina—, voy a mi despacho, Noemí me trae los e-mails, los faxes, el libro de firmas con cosas urgentes. Después de un repaso rápido, primera parada en la “sala de máquinas”, la habitación donde están Izaskun, la responsable de producción, con la que comentamos decisiones más urgentes, y luego despacho con Teresa, que está en Anagrama desde finales de los ochenta ocupándose de la redacción, es decir, de preparar y hacer el seguimiento de los manuscritos en lengua española, y de encargar las traducciones; todo el proceso hasta fotolitos. Con el tiempo se ha formado un equipo bastante estable de colaboradores externos (aunque uno de ellos, Francisco, con frecuencia se encarga de sus tareas en la propia editorial) para llevar a cabo las correcciones de estilo y de pruebas. Mientras los libros están en proceso de impresión, Izaskun paralelamente ha puesto en marcha el proceso de portadas —grafista, grabador, plastificador— que confluyen con la “tripa” en el encuadernador. Trabajamos con los mismos proveedores desde hace mucho tiempo —por ejemplo, con Grafos, el impresor de las portadas, desde casi los inicios, treinta años—, lo que facilita mucho las cosas, conocen nuestras exigencias, nuestras “manías”. Regreso a mi despacho. Llamadas casi diarias con nuestros dos distribuidores: Miguel, de Antonio Machado Libros, de Madrid, y Celia, de Enlace. Y
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Emma y mi asistente Cristina—, voy a mi despacho, Noemí me trae los e-mails, los faxes, el libro de firmas con cosas urgentes. Después de un repaso rápido, primera parada en la “sala de máquinas”, la habitación donde están Izaskun, la responsable de producción, con la que comentamos decisiones más urgentes, y luego despacho con Teresa, que está en Anagrama desde finales de los ochenta ocupándose de la redacción, es decir, de preparar y hacer el seguimiento de los manuscritos en lengua española, y de encargar las traducciones; todo el proceso hasta fotolitos. Con el tiempo se ha formado un equipo bastante estable de colaboradores externos (aunque uno de ellos, Francisco, con frecuencia se encarga de sus tareas en la propia editorial) para llevar a cabo las correcciones de estilo y de pruebas. Mientras los libros están en proceso de impresión, Izaskun paralelamente ha puesto en marcha el proceso de portadas —grafista, grabador, plastificador— que confluyen con la “tripa” en el encuadernador. Trabajamos con los mismos proveedores desde hace mucho tiempo —por ejemplo, con Grafos, el impresor de las portadas, desde casi los inicios, treinta años—, lo que facilita mucho las cosas, conocen nuestras exigencias, nuestras “manías”. Regreso a mi despacho. Llamadas casi diarias con nuestros dos distribuidores: Miguel, de Antonio Machado Libros, de Madrid, y Celia, de Enlace. Y
Emma y mi asistente Cristina—, voy a mi despacho, Noemí me trae los e-mails, los faxes, el libro de firmas con cosas urgentes. Después de un repaso rápido, primera parada en la “sala de máquinas”, la habitación donde están Izaskun, la responsable de producción, con la que comentamos decisiones más urgentes, y luego despacho con Teresa, que está en Anagrama desde finales de los ochenta ocupándose de la redacción, es decir, de preparar y hacer el seguimiento de los manuscritos en lengua española, y de encargar las traducciones; todo el proceso hasta fotolitos. Con el tiempo se ha formado un equipo bastante estable de colaboradores externos (aunque uno de ellos, Francisco, con frecuencia se encarga de sus tareas en la propia editorial) para llevar a cabo las correcciones de estilo y de pruebas. Mientras los libros están en proceso de impresión, Izaskun paralelamente ha puesto en marcha el proceso de portadas —grafista, grabador, plastificador— que confluyen con la “tripa” en el encuadernador. Trabajamos con los mismos proveedores desde hace mucho tiempo —por ejemplo, con Grafos, el impresor de las portadas, desde casi los inicios, treinta años—, lo que facilita mucho las cosas, conocen nuestras exigencias, nuestras “manías”. Regreso a mi despacho. Llamadas casi diarias con nuestros dos distribuidores: Miguel, de Antonio Machado Libros, de Madrid, y Celia, de Enlace. Y
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sigue el carrusel de llamadas —autores, agentes, colegas, varios—, la correspondencia, las citas. Lali, en la otra punta de la editorial, me informa de las novedades de contratación extranjeras, de las que se ocupa, de sus conversaciones con autores. Revisión periódica con Josep Maria de la lista actualizada de ejemplares que no se han podido servir por falta de existencias: además de los envíos a Machado, que distribuye en Madrid, y a Enlace, en Cataluña y el resto de España, Anagrama exporta directamente a América Latina, Europa y Estados Unidos. Cada mes se cruzan las listas de reediciones sugeridas por Machado y Enlace y las carencias en América Latina. Germán, el jefe de almacén, nos informa del estado de las existencias, y se deciden las reediciones. Cristina y Paula tienen un trabajo adicional progresivo: descifrar mis muchos textos (cartas, contraportadas, fajas, artículos, etc.) escritos a mano. Me quedé en la era del bolígrafo. En algún momento, despacho con Ana, la jefa de prensa: llamadas, repaso de prensa, envíos de prepublicaciones, calendarios de ruedas de prensa, visitas de autores y otros aspectos de nuestra atareadísima actividad promocional. También con Lluís, responsable de la contabilidad, un histórico casi desde el inicio de la editorial. Antes de irme, reunión (como todas, breve) con nuestra lectora matutina, Susana. Los escasos ma-
sigue el carrusel de llamadas —autores, agentes, colegas, varios—, la correspondencia, las citas. Lali, en la otra punta de la editorial, me informa de las novedades de contratación extranjeras, de las que se ocupa, de sus conversaciones con autores. Revisión periódica con Josep Maria de la lista actualizada de ejemplares que no se han podido servir por falta de existencias: además de los envíos a Machado, que distribuye en Madrid, y a Enlace, en Cataluña y el resto de España, Anagrama exporta directamente a América Latina, Europa y Estados Unidos. Cada mes se cruzan las listas de reediciones sugeridas por Machado y Enlace y las carencias en América Latina. Germán, el jefe de almacén, nos informa del estado de las existencias, y se deciden las reediciones. Cristina y Paula tienen un trabajo adicional progresivo: descifrar mis muchos textos (cartas, contraportadas, fajas, artículos, etc.) escritos a mano. Me quedé en la era del bolígrafo. En algún momento, despacho con Ana, la jefa de prensa: llamadas, repaso de prensa, envíos de prepublicaciones, calendarios de ruedas de prensa, visitas de autores y otros aspectos de nuestra atareadísima actividad promocional. También con Lluís, responsable de la contabilidad, un histórico casi desde el inicio de la editorial. Antes de irme, reunión (como todas, breve) con nuestra lectora matutina, Susana. Los escasos ma-
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sigue el carrusel de llamadas —autores, agentes, colegas, varios—, la correspondencia, las citas. Lali, en la otra punta de la editorial, me informa de las novedades de contratación extranjeras, de las que se ocupa, de sus conversaciones con autores. Revisión periódica con Josep Maria de la lista actualizada de ejemplares que no se han podido servir por falta de existencias: además de los envíos a Machado, que distribuye en Madrid, y a Enlace, en Cataluña y el resto de España, Anagrama exporta directamente a América Latina, Europa y Estados Unidos. Cada mes se cruzan las listas de reediciones sugeridas por Machado y Enlace y las carencias en América Latina. Germán, el jefe de almacén, nos informa del estado de las existencias, y se deciden las reediciones. Cristina y Paula tienen un trabajo adicional progresivo: descifrar mis muchos textos (cartas, contraportadas, fajas, artículos, etc.) escritos a mano. Me quedé en la era del bolígrafo. En algún momento, despacho con Ana, la jefa de prensa: llamadas, repaso de prensa, envíos de prepublicaciones, calendarios de ruedas de prensa, visitas de autores y otros aspectos de nuestra atareadísima actividad promocional. También con Lluís, responsable de la contabilidad, un histórico casi desde el inicio de la editorial. Antes de irme, reunión (como todas, breve) con nuestra lectora matutina, Susana. Los escasos ma-
sigue el carrusel de llamadas —autores, agentes, colegas, varios—, la correspondencia, las citas. Lali, en la otra punta de la editorial, me informa de las novedades de contratación extranjeras, de las que se ocupa, de sus conversaciones con autores. Revisión periódica con Josep Maria de la lista actualizada de ejemplares que no se han podido servir por falta de existencias: además de los envíos a Machado, que distribuye en Madrid, y a Enlace, en Cataluña y el resto de España, Anagrama exporta directamente a América Latina, Europa y Estados Unidos. Cada mes se cruzan las listas de reediciones sugeridas por Machado y Enlace y las carencias en América Latina. Germán, el jefe de almacén, nos informa del estado de las existencias, y se deciden las reediciones. Cristina y Paula tienen un trabajo adicional progresivo: descifrar mis muchos textos (cartas, contraportadas, fajas, artículos, etc.) escritos a mano. Me quedé en la era del bolígrafo. En algún momento, despacho con Ana, la jefa de prensa: llamadas, repaso de prensa, envíos de prepublicaciones, calendarios de ruedas de prensa, visitas de autores y otros aspectos de nuestra atareadísima actividad promocional. También con Lluís, responsable de la contabilidad, un histórico casi desde el inicio de la editorial. Antes de irme, reunión (como todas, breve) con nuestra lectora matutina, Susana. Los escasos ma-
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nuscritos que pasan la primera y severa criba se envían a nuestros lectores, también escasos. Y si (por casualidad) no hay alguna comida de trabajo, almuerzo con Lali en casa. Por la tarde, si no hay alguna reunión fuera de la editorial, sigue el curso habitual de las mil y una cosas que conforman el trabajo diario. Una variante nada inusual: los días con rueda de prensa, casi una semanal de promedio. El formato estándar: a las 12 en el salón del hotel Condes de Barcelona, Ana y yo estamos algo antes, van llegando los periodistas y fotógrafos, los autores posan (sentados, escalera, al aire libre), se hace el recuento, algunas llamadas de recordatorio de última hora (sí, sí, aunque ya sea tarde La Vanguardia vendrá; El Mundo está muy fallón últimamente). Y empieza la rueda de prensa con notable puntualidad. Nos sentamos en torno a una mesa, larga y ancha, sin jerarquía, disposición horizontal, el autor en el centro de uno de los lados largos y yo, a su izquierda, leo una cuartilla, escasa, de introducción: un recordatorio del escritor, o nueva información, o posibles vías de enfoque a la obra. Después, speech del autor y empiezan las preguntas. A las ruedas de prensa asisten en principio todos los periódicos, y también radios, agencias españolas y latinoamericanas, alguna revista literaria. Muchas veces acuden los mismos periodistas; con tanta continuidad durante años, conformamos to-
nuscritos que pasan la primera y severa criba se envían a nuestros lectores, también escasos. Y si (por casualidad) no hay alguna comida de trabajo, almuerzo con Lali en casa. Por la tarde, si no hay alguna reunión fuera de la editorial, sigue el curso habitual de las mil y una cosas que conforman el trabajo diario. Una variante nada inusual: los días con rueda de prensa, casi una semanal de promedio. El formato estándar: a las 12 en el salón del hotel Condes de Barcelona, Ana y yo estamos algo antes, van llegando los periodistas y fotógrafos, los autores posan (sentados, escalera, al aire libre), se hace el recuento, algunas llamadas de recordatorio de última hora (sí, sí, aunque ya sea tarde La Vanguardia vendrá; El Mundo está muy fallón últimamente). Y empieza la rueda de prensa con notable puntualidad. Nos sentamos en torno a una mesa, larga y ancha, sin jerarquía, disposición horizontal, el autor en el centro de uno de los lados largos y yo, a su izquierda, leo una cuartilla, escasa, de introducción: un recordatorio del escritor, o nueva información, o posibles vías de enfoque a la obra. Después, speech del autor y empiezan las preguntas. A las ruedas de prensa asisten en principio todos los periódicos, y también radios, agencias españolas y latinoamericanas, alguna revista literaria. Muchas veces acuden los mismos periodistas; con tanta continuidad durante años, conformamos to-
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nuscritos que pasan la primera y severa criba se envían a nuestros lectores, también escasos. Y si (por casualidad) no hay alguna comida de trabajo, almuerzo con Lali en casa. Por la tarde, si no hay alguna reunión fuera de la editorial, sigue el curso habitual de las mil y una cosas que conforman el trabajo diario. Una variante nada inusual: los días con rueda de prensa, casi una semanal de promedio. El formato estándar: a las 12 en el salón del hotel Condes de Barcelona, Ana y yo estamos algo antes, van llegando los periodistas y fotógrafos, los autores posan (sentados, escalera, al aire libre), se hace el recuento, algunas llamadas de recordatorio de última hora (sí, sí, aunque ya sea tarde La Vanguardia vendrá; El Mundo está muy fallón últimamente). Y empieza la rueda de prensa con notable puntualidad. Nos sentamos en torno a una mesa, larga y ancha, sin jerarquía, disposición horizontal, el autor en el centro de uno de los lados largos y yo, a su izquierda, leo una cuartilla, escasa, de introducción: un recordatorio del escritor, o nueva información, o posibles vías de enfoque a la obra. Después, speech del autor y empiezan las preguntas. A las ruedas de prensa asisten en principio todos los periódicos, y también radios, agencias españolas y latinoamericanas, alguna revista literaria. Muchas veces acuden los mismos periodistas; con tanta continuidad durante años, conformamos to-
nuscritos que pasan la primera y severa criba se envían a nuestros lectores, también escasos. Y si (por casualidad) no hay alguna comida de trabajo, almuerzo con Lali en casa. Por la tarde, si no hay alguna reunión fuera de la editorial, sigue el curso habitual de las mil y una cosas que conforman el trabajo diario. Una variante nada inusual: los días con rueda de prensa, casi una semanal de promedio. El formato estándar: a las 12 en el salón del hotel Condes de Barcelona, Ana y yo estamos algo antes, van llegando los periodistas y fotógrafos, los autores posan (sentados, escalera, al aire libre), se hace el recuento, algunas llamadas de recordatorio de última hora (sí, sí, aunque ya sea tarde La Vanguardia vendrá; El Mundo está muy fallón últimamente). Y empieza la rueda de prensa con notable puntualidad. Nos sentamos en torno a una mesa, larga y ancha, sin jerarquía, disposición horizontal, el autor en el centro de uno de los lados largos y yo, a su izquierda, leo una cuartilla, escasa, de introducción: un recordatorio del escritor, o nueva información, o posibles vías de enfoque a la obra. Después, speech del autor y empiezan las preguntas. A las ruedas de prensa asisten en principio todos los periódicos, y también radios, agencias españolas y latinoamericanas, alguna revista literaria. Muchas veces acuden los mismos periodistas; con tanta continuidad durante años, conformamos to-
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dos una especie de familia, un teatro stabile, con un alto grado de interés, con los libros casi siempre leídos (otra cosa es la cancha que les concedan los “desbordados” jefes de Cultura de los periódicos). Una atención acogida con cierta sorpresa por muchos autores, poco habituados a tanta avidez (aquí no falta algún comentario desfavorable respecto a la prensa madrileña, más correosa y escéptica, se dice). La ceremonia dura una hora, hora y media, excepto algún caso, como el de José Antonio Marina, que podría embobar y de hecho emboba al auditorio todo el rato que quiera. Luego, nos vamos con el autor a la librería La Central, muy próxima. Los autores no barceloneses se quedan estupefactos ante la cuidadísima selección de los títulos, con gran abundancia de ediciones en otras lenguas: todo libro de cierta importancia literaria y cultural que aparece en los suplementos literarios extranjeros, al poco tiempo ya está en la librería. Varios de los autores visitantes, como Roberto Calasso o Sergio Pitol, se han convertido luego en clientes asiduos de La Central, vía Internet. Después, almuerzo en el restaurante Tragaluz, también muy cerca, al que se une Lali, que ha bajado de la editorial. Cuando el autor es maño, la comida es más gregaria, se unen paisanos y amigotes. Pongamos que se trata de Félix Romeo: el acompañamiento óptimo lo formarían Pisón, Tomeo y Vila-
dos una especie de familia, un teatro stabile, con un alto grado de interés, con los libros casi siempre leídos (otra cosa es la cancha que les concedan los “desbordados” jefes de Cultura de los periódicos). Una atención acogida con cierta sorpresa por muchos autores, poco habituados a tanta avidez (aquí no falta algún comentario desfavorable respecto a la prensa madrileña, más correosa y escéptica, se dice). La ceremonia dura una hora, hora y media, excepto algún caso, como el de José Antonio Marina, que podría embobar y de hecho emboba al auditorio todo el rato que quiera. Luego, nos vamos con el autor a la librería La Central, muy próxima. Los autores no barceloneses se quedan estupefactos ante la cuidadísima selección de los títulos, con gran abundancia de ediciones en otras lenguas: todo libro de cierta importancia literaria y cultural que aparece en los suplementos literarios extranjeros, al poco tiempo ya está en la librería. Varios de los autores visitantes, como Roberto Calasso o Sergio Pitol, se han convertido luego en clientes asiduos de La Central, vía Internet. Después, almuerzo en el restaurante Tragaluz, también muy cerca, al que se une Lali, que ha bajado de la editorial. Cuando el autor es maño, la comida es más gregaria, se unen paisanos y amigotes. Pongamos que se trata de Félix Romeo: el acompañamiento óptimo lo formarían Pisón, Tomeo y Vila-
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dos una especie de familia, un teatro stabile, con un alto grado de interés, con los libros casi siempre leídos (otra cosa es la cancha que les concedan los “desbordados” jefes de Cultura de los periódicos). Una atención acogida con cierta sorpresa por muchos autores, poco habituados a tanta avidez (aquí no falta algún comentario desfavorable respecto a la prensa madrileña, más correosa y escéptica, se dice). La ceremonia dura una hora, hora y media, excepto algún caso, como el de José Antonio Marina, que podría embobar y de hecho emboba al auditorio todo el rato que quiera. Luego, nos vamos con el autor a la librería La Central, muy próxima. Los autores no barceloneses se quedan estupefactos ante la cuidadísima selección de los títulos, con gran abundancia de ediciones en otras lenguas: todo libro de cierta importancia literaria y cultural que aparece en los suplementos literarios extranjeros, al poco tiempo ya está en la librería. Varios de los autores visitantes, como Roberto Calasso o Sergio Pitol, se han convertido luego en clientes asiduos de La Central, vía Internet. Después, almuerzo en el restaurante Tragaluz, también muy cerca, al que se une Lali, que ha bajado de la editorial. Cuando el autor es maño, la comida es más gregaria, se unen paisanos y amigotes. Pongamos que se trata de Félix Romeo: el acompañamiento óptimo lo formarían Pisón, Tomeo y Vila-
dos una especie de familia, un teatro stabile, con un alto grado de interés, con los libros casi siempre leídos (otra cosa es la cancha que les concedan los “desbordados” jefes de Cultura de los periódicos). Una atención acogida con cierta sorpresa por muchos autores, poco habituados a tanta avidez (aquí no falta algún comentario desfavorable respecto a la prensa madrileña, más correosa y escéptica, se dice). La ceremonia dura una hora, hora y media, excepto algún caso, como el de José Antonio Marina, que podría embobar y de hecho emboba al auditorio todo el rato que quiera. Luego, nos vamos con el autor a la librería La Central, muy próxima. Los autores no barceloneses se quedan estupefactos ante la cuidadísima selección de los títulos, con gran abundancia de ediciones en otras lenguas: todo libro de cierta importancia literaria y cultural que aparece en los suplementos literarios extranjeros, al poco tiempo ya está en la librería. Varios de los autores visitantes, como Roberto Calasso o Sergio Pitol, se han convertido luego en clientes asiduos de La Central, vía Internet. Después, almuerzo en el restaurante Tragaluz, también muy cerca, al que se une Lali, que ha bajado de la editorial. Cuando el autor es maño, la comida es más gregaria, se unen paisanos y amigotes. Pongamos que se trata de Félix Romeo: el acompañamiento óptimo lo formarían Pisón, Tomeo y Vila-
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Matas, y si están en Barcelona, David Trueba y Luis Alegre. También latinoamericanos: si el presentado es Roberto Bolaño, no andarán lejos Rodrigo Fresán, Juan Villoro y el crítico de cabecera de tantos lectores Ignacio Echevarría. Después del almuerzo, siguen las entrevistas individuales con el autor, mientras nosotros regresamos a la editorial. A las siete nos marchamos y si no hay ninguno de los muchos compromisos —presentaciones, cócteles, cenas— me recluyo en casa. Ocupaciones habituales: lectura de la prensa cultural española y extranjera (Anagrama está suscrita, como es natural, a numerosas publicaciones), atención más o menos flotante (o muy atenta en los partidos de fútbol) a la televisión, que actúa a modo de túnel de lavado tras tanta letra, y en algún momento, después de cenar, lectura para la editorial o para exclusivo placer personal (en dicho caso, ensayos y textos memorialísticos casi sin excepción). En las muchas invitaciones que cursamos conjuntamente con el Instituto Francés y el Británico, las ruedas de prensa tienen lugar en el propio instituto. Luego, por la tarde, la conferencia del autor y antes la búsqueda del presentador —repasando reseñas, recordando afinidades electivas—. Tras las conferencias, las cenas: en el piso del director del Instituto Francés o en el restaurante Oliana, sede habitual en dichos casos del director del Instituto Británico.
Matas, y si están en Barcelona, David Trueba y Luis Alegre. También latinoamericanos: si el presentado es Roberto Bolaño, no andarán lejos Rodrigo Fresán, Juan Villoro y el crítico de cabecera de tantos lectores Ignacio Echevarría. Después del almuerzo, siguen las entrevistas individuales con el autor, mientras nosotros regresamos a la editorial. A las siete nos marchamos y si no hay ninguno de los muchos compromisos —presentaciones, cócteles, cenas— me recluyo en casa. Ocupaciones habituales: lectura de la prensa cultural española y extranjera (Anagrama está suscrita, como es natural, a numerosas publicaciones), atención más o menos flotante (o muy atenta en los partidos de fútbol) a la televisión, que actúa a modo de túnel de lavado tras tanta letra, y en algún momento, después de cenar, lectura para la editorial o para exclusivo placer personal (en dicho caso, ensayos y textos memorialísticos casi sin excepción). En las muchas invitaciones que cursamos conjuntamente con el Instituto Francés y el Británico, las ruedas de prensa tienen lugar en el propio instituto. Luego, por la tarde, la conferencia del autor y antes la búsqueda del presentador —repasando reseñas, recordando afinidades electivas—. Tras las conferencias, las cenas: en el piso del director del Instituto Francés o en el restaurante Oliana, sede habitual en dichos casos del director del Instituto Británico.
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Matas, y si están en Barcelona, David Trueba y Luis Alegre. También latinoamericanos: si el presentado es Roberto Bolaño, no andarán lejos Rodrigo Fresán, Juan Villoro y el crítico de cabecera de tantos lectores Ignacio Echevarría. Después del almuerzo, siguen las entrevistas individuales con el autor, mientras nosotros regresamos a la editorial. A las siete nos marchamos y si no hay ninguno de los muchos compromisos —presentaciones, cócteles, cenas— me recluyo en casa. Ocupaciones habituales: lectura de la prensa cultural española y extranjera (Anagrama está suscrita, como es natural, a numerosas publicaciones), atención más o menos flotante (o muy atenta en los partidos de fútbol) a la televisión, que actúa a modo de túnel de lavado tras tanta letra, y en algún momento, después de cenar, lectura para la editorial o para exclusivo placer personal (en dicho caso, ensayos y textos memorialísticos casi sin excepción). En las muchas invitaciones que cursamos conjuntamente con el Instituto Francés y el Británico, las ruedas de prensa tienen lugar en el propio instituto. Luego, por la tarde, la conferencia del autor y antes la búsqueda del presentador —repasando reseñas, recordando afinidades electivas—. Tras las conferencias, las cenas: en el piso del director del Instituto Francés o en el restaurante Oliana, sede habitual en dichos casos del director del Instituto Británico.
Matas, y si están en Barcelona, David Trueba y Luis Alegre. También latinoamericanos: si el presentado es Roberto Bolaño, no andarán lejos Rodrigo Fresán, Juan Villoro y el crítico de cabecera de tantos lectores Ignacio Echevarría. Después del almuerzo, siguen las entrevistas individuales con el autor, mientras nosotros regresamos a la editorial. A las siete nos marchamos y si no hay ninguno de los muchos compromisos —presentaciones, cócteles, cenas— me recluyo en casa. Ocupaciones habituales: lectura de la prensa cultural española y extranjera (Anagrama está suscrita, como es natural, a numerosas publicaciones), atención más o menos flotante (o muy atenta en los partidos de fútbol) a la televisión, que actúa a modo de túnel de lavado tras tanta letra, y en algún momento, después de cenar, lectura para la editorial o para exclusivo placer personal (en dicho caso, ensayos y textos memorialísticos casi sin excepción). En las muchas invitaciones que cursamos conjuntamente con el Instituto Francés y el Británico, las ruedas de prensa tienen lugar en el propio instituto. Luego, por la tarde, la conferencia del autor y antes la búsqueda del presentador —repasando reseñas, recordando afinidades electivas—. Tras las conferencias, las cenas: en el piso del director del Instituto Francés o en el restaurante Oliana, sede habitual en dichos casos del director del Instituto Británico.
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Éste es el menú de los días laborables. Los fines de semana, si logro eludir compromisos, no salgo de casa. Como máximo, algún sábado por la mañana paseo por librerías y salas de exposiciones. Entonces es cuando leo manuscritos, bolígrafo en mano y con todo el tiempo por delante. A menudo no almuerzo hasta las cuatro o las cinco de la tarde, cuando he terminado el texto; otras veces, si no es posible acabarlo, pero tengo ganas de seguir, un almuerzo ligero —ensalada, fruta— para que la digestión no estorbe. Y también cada vez más a menudo, escribo artículos, como este mismo.
Éste es el menú de los días laborables. Los fines de semana, si logro eludir compromisos, no salgo de casa. Como máximo, algún sábado por la mañana paseo por librerías y salas de exposiciones. Entonces es cuando leo manuscritos, bolígrafo en mano y con todo el tiempo por delante. A menudo no almuerzo hasta las cuatro o las cinco de la tarde, cuando he terminado el texto; otras veces, si no es posible acabarlo, pero tengo ganas de seguir, un almuerzo ligero —ensalada, fruta— para que la digestión no estorbe. Y también cada vez más a menudo, escribo artículos, como este mismo.
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Éste es el menú de los días laborables. Los fines de semana, si logro eludir compromisos, no salgo de casa. Como máximo, algún sábado por la mañana paseo por librerías y salas de exposiciones. Entonces es cuando leo manuscritos, bolígrafo en mano y con todo el tiempo por delante. A menudo no almuerzo hasta las cuatro o las cinco de la tarde, cuando he terminado el texto; otras veces, si no es posible acabarlo, pero tengo ganas de seguir, un almuerzo ligero —ensalada, fruta— para que la digestión no estorbe. Y también cada vez más a menudo, escribo artículos, como este mismo.
Éste es el menú de los días laborables. Los fines de semana, si logro eludir compromisos, no salgo de casa. Como máximo, algún sábado por la mañana paseo por librerías y salas de exposiciones. Entonces es cuando leo manuscritos, bolígrafo en mano y con todo el tiempo por delante. A menudo no almuerzo hasta las cuatro o las cinco de la tarde, cuando he terminado el texto; otras veces, si no es posible acabarlo, pero tengo ganas de seguir, un almuerzo ligero —ensalada, fruta— para que la digestión no estorbe. Y también cada vez más a menudo, escribo artículos, como este mismo.
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Índice onomástico
Adams, Douglas, 116 Aguirre, Jesús, 111 Alegre, Luis, 124 Althusser, Louis, 88 Álvarez Flórez, J. M., 35 Amis, Martin, 111 Amo, Luz del, 25 Ande, David de, 92 Andrade, Roberto, 95 Armendáriz, María Luisa, 80 Arrabal, Fernando, 47 Auster, Paul, 82 Azúa, Félix de, 82 Bajtin, Mijaíl, 14, 15 Ballard, J. G., 94 Balthus, 107 Barbosa, Marcio, 74 Barral, Carlos, 98, 103, 104 Barthelme, Donald, 33, 101, 114 Barthes, Roland, 88
Bay, Marie Pierre, 102 Beckett, Samuel, 106 Begley, Adam, 40 Berg, Jean de, 50 Berlusconi, Silvio, 61, 63, 64 Bernhard, Thomas, 104 Bertolucci, Bernardo, 61 Blessing, Karl, 58 Bloom, Harold, 39-40 Bohigas, Oriol, 36 Bolaño, Roberto, 31, 32, 82, 105, 124 Borelli, Saverio, 64 Borges, Jorge Luis, 17, 19 Bourgois, Christian, 30, 109 Bowles, Jane, 53, 99, 100 Bowles, Paul, 99, 100, 105, 106 Boyars, Marion, 112 Brelich, Mario, 111, 114 Bufalino, Gesualdo, 113, 114
Índice onomástico
Adams, Douglas, 116 Aguirre, Jesús, 111 Alegre, Luis, 124 Althusser, Louis, 88 Álvarez Flórez, J. M., 35 Amis, Martin, 111 Amo, Luz del, 25 Ande, David de, 92 Andrade, Roberto, 95 Armendáriz, María Luisa, 80 Arrabal, Fernando, 47 Auster, Paul, 82 Azúa, Félix de, 82 Bajtin, Mijaíl, 14, 15 Ballard, J. G., 94 Balthus, 107 Barbosa, Marcio, 74 Barral, Carlos, 98, 103, 104 Barthelme, Donald, 33, 101, 114 Barthes, Roland, 88
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Índice onomástico
Adams, Douglas, 116 Aguirre, Jesús, 111 Alegre, Luis, 124 Althusser, Louis, 88 Álvarez Flórez, J. M., 35 Amis, Martin, 111 Amo, Luz del, 25 Ande, David de, 92 Andrade, Roberto, 95 Armendáriz, María Luisa, 80 Arrabal, Fernando, 47 Auster, Paul, 82 Azúa, Félix de, 82 Bajtin, Mijaíl, 14, 15 Ballard, J. G., 94 Balthus, 107 Barbosa, Marcio, 74 Barral, Carlos, 98, 103, 104 Barthelme, Donald, 33, 101, 114 Barthes, Roland, 88
Bay, Marie Pierre, 102 Beckett, Samuel, 106 Begley, Adam, 40 Berg, Jean de, 50 Berlusconi, Silvio, 61, 63, 64 Bernhard, Thomas, 104 Bertolucci, Bernardo, 61 Blessing, Karl, 58 Bloom, Harold, 39-40 Bohigas, Oriol, 36 Bolaño, Roberto, 31, 32, 82, 105, 124 Borelli, Saverio, 64 Borges, Jorge Luis, 17, 19 Bourgois, Christian, 30, 109 Bowles, Jane, 53, 99, 100 Bowles, Paul, 99, 100, 105, 106 Boyars, Marion, 112 Brelich, Mario, 111, 114 Bufalino, Gesualdo, 113, 114
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Bay, Marie Pierre, 102 Beckett, Samuel, 106 Begley, Adam, 40 Berg, Jean de, 50 Berlusconi, Silvio, 61, 63, 64 Bernhard, Thomas, 104 Bertolucci, Bernardo, 61 Blessing, Karl, 58 Bloom, Harold, 39-40 Bohigas, Oriol, 36 Bolaño, Roberto, 31, 32, 82, 105, 124 Borelli, Saverio, 64 Borges, Jorge Luis, 17, 19 Bourgois, Christian, 30, 109 Bowles, Jane, 53, 99, 100 Bowles, Paul, 99, 100, 105, 106 Boyars, Marion, 112 Brelich, Mario, 111, 114 Bufalino, Gesualdo, 113, 114
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Índice onomástico
Adams, Douglas, 116 Aguirre, Jesús, 111 Alegre, Luis, 124 Althusser, Louis, 88 Álvarez Flórez, J. M., 35 Amis, Martin, 111 Amo, Luz del, 25 Ande, David de, 92 Andrade, Roberto, 95 Armendáriz, María Luisa, 80 Arrabal, Fernando, 47 Auster, Paul, 82 Azúa, Félix de, 82 Bajtin, Mijaíl, 14, 15 Ballard, J. G., 94 Balthus, 107 Barbosa, Marcio, 74 Barral, Carlos, 98, 103, 104 Barthelme, Donald, 33, 101, 114 Barthes, Roland, 88
Bay, Marie Pierre, 102 Beckett, Samuel, 106 Begley, Adam, 40 Berg, Jean de, 50 Berlusconi, Silvio, 61, 63, 64 Bernhard, Thomas, 104 Bertolucci, Bernardo, 61 Blessing, Karl, 58 Bloom, Harold, 39-40 Bohigas, Oriol, 36 Bolaño, Roberto, 31, 32, 82, 105, 124 Borelli, Saverio, 64 Borges, Jorge Luis, 17, 19 Bourgois, Christian, 30, 109 Bowles, Jane, 53, 99, 100 Bowles, Paul, 99, 100, 105, 106 Boyars, Marion, 112 Brelich, Mario, 111, 114 Bufalino, Gesualdo, 113, 114
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Bukowski, Charles, 53, 92, 93, 97, 106, 116 Burroughs, William S., 93 Calasso, Roberto, 103, 109, 114, 123 Calder, John, 106 Campbell, Federico, 22 Camus, Albert, 44 Capote, Truman, 22, 100, 109 Carroll, Lewis, 40 Carter, Angela, 101 Carver, Raymond, 82, 101, 114 Casanovas, Mercedes, 102 Céline, Louis F., 44 Chandler, Raymond, 114 Chávez, Hugo, 31 Chéjov, Antón, 13, 30 Cherki, Claude, 51 Cherkowski, Neeli, 92 Chomsky, Noam, 60 Ciampi, Carlo A., 63 Clotas, Salvador, 17, 25 Colette, 53, 105, 114 Combalía, Victoria, 53 Consolo, Vincenzo, 61 Copi, 97 Corbet, Vincent, 49 Cruz, Sor Juana Inés de la, 25 Cuenca, Luis Antonio de, 74 Cueto, Juan, 25 D’Alembert, Jean, 65 Darrieussecq, Marie, 53
Despentes, Virginie, 53 Deutscher, Isaac, 87 Divinsky, Daniel y Kuki, 86, 87 Du Plessix Grey, Francine, 100 Echevarría, Ignacio, 12, 124 Eco, Umberto, 65 Einaudi, Giulio, 77 Eisenstein, Serguéi,13 Eliade, Mircea, 102 Enzensberger, Hans Magnus, 22 Epstein, Jason, 74 Esopo, 40 Espresate, Neus, 17, 25, 87 Fadanelli, Guillermo, 92, 94 Faulkner, William, 104 Feltrinelli, Carlo, 30, 106 Ferlinghetti, L., 92 Flores, Paolo, 63 Fo, Dario, 64 Folch, Enrique, 85, 86, 88 Fontanarrosa, 87 Ford, Richard, 113 Freud, Sigmund, 39, 110 Fresán, Rodrigo, 124 Fuentes, Carlos, 31 Gallegos, Rómulo, 31 Gallimard, Antoine, 58 García Márquez, Gabriel, 31 García Ponce, Juan, 17-19 Gelli, Piero, 109 Ginsburg, Carlo, 64
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Bukowski, Charles, 53, 92, 93, 97, 106, 116 Burroughs, William S., 93 Calasso, Roberto, 103, 109, 114, 123 Calder, John, 106 Campbell, Federico, 22 Camus, Albert, 44 Capote, Truman, 22, 100, 109 Carroll, Lewis, 40 Carter, Angela, 101 Carver, Raymond, 82, 101, 114 Casanovas, Mercedes, 102 Céline, Louis F., 44 Chandler, Raymond, 114 Chávez, Hugo, 31 Chéjov, Antón, 13, 30 Cherki, Claude, 51 Cherkowski, Neeli, 92 Chomsky, Noam, 60 Ciampi, Carlo A., 63 Clotas, Salvador, 17, 25 Colette, 53, 105, 114 Combalía, Victoria, 53 Consolo, Vincenzo, 61 Copi, 97 Corbet, Vincent, 49 Cruz, Sor Juana Inés de la, 25 Cuenca, Luis Antonio de, 74 Cueto, Juan, 25 D’Alembert, Jean, 65 Darrieussecq, Marie, 53
Despentes, Virginie, 53 Deutscher, Isaac, 87 Divinsky, Daniel y Kuki, 86, 87 Du Plessix Grey, Francine, 100 Echevarría, Ignacio, 12, 124 Eco, Umberto, 65 Einaudi, Giulio, 77 Eisenstein, Serguéi,13 Eliade, Mircea, 102 Enzensberger, Hans Magnus, 22 Epstein, Jason, 74 Esopo, 40 Espresate, Neus, 17, 25, 87 Fadanelli, Guillermo, 92, 94 Faulkner, William, 104 Feltrinelli, Carlo, 30, 106 Ferlinghetti, L., 92 Flores, Paolo, 63 Fo, Dario, 64 Folch, Enrique, 85, 86, 88 Fontanarrosa, 87 Ford, Richard, 113 Freud, Sigmund, 39, 110 Fresán, Rodrigo, 124 Fuentes, Carlos, 31 Gallegos, Rómulo, 31 Gallimard, Antoine, 58 García Márquez, Gabriel, 31 García Ponce, Juan, 17-19 Gelli, Piero, 109 Ginsburg, Carlo, 64
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Bukowski, Charles, 53, 92, 93, 97, 106, 116 Burroughs, William S., 93 Calasso, Roberto, 103, 109, 114, 123 Calder, John, 106 Campbell, Federico, 22 Camus, Albert, 44 Capote, Truman, 22, 100, 109 Carroll, Lewis, 40 Carter, Angela, 101 Carver, Raymond, 82, 101, 114 Casanovas, Mercedes, 102 Céline, Louis F., 44 Chandler, Raymond, 114 Chávez, Hugo, 31 Chéjov, Antón, 13, 30 Cherki, Claude, 51 Cherkowski, Neeli, 92 Chomsky, Noam, 60 Ciampi, Carlo A., 63 Clotas, Salvador, 17, 25 Colette, 53, 105, 114 Combalía, Victoria, 53 Consolo, Vincenzo, 61 Copi, 97 Corbet, Vincent, 49 Cruz, Sor Juana Inés de la, 25 Cuenca, Luis Antonio de, 74 Cueto, Juan, 25 D’Alembert, Jean, 65 Darrieussecq, Marie, 53
Despentes, Virginie, 53 Deutscher, Isaac, 87 Divinsky, Daniel y Kuki, 86, 87 Du Plessix Grey, Francine, 100 Echevarría, Ignacio, 12, 124 Eco, Umberto, 65 Einaudi, Giulio, 77 Eisenstein, Serguéi,13 Eliade, Mircea, 102 Enzensberger, Hans Magnus, 22 Epstein, Jason, 74 Esopo, 40 Espresate, Neus, 17, 25, 87 Fadanelli, Guillermo, 92, 94 Faulkner, William, 104 Feltrinelli, Carlo, 30, 106 Ferlinghetti, L., 92 Flores, Paolo, 63 Fo, Dario, 64 Folch, Enrique, 85, 86, 88 Fontanarrosa, 87 Ford, Richard, 113 Freud, Sigmund, 39, 110 Fresán, Rodrigo, 124 Fuentes, Carlos, 31 Gallegos, Rómulo, 31 Gallimard, Antoine, 58 García Márquez, Gabriel, 31 García Ponce, Juan, 17-19 Gelli, Piero, 109 Ginsburg, Carlo, 64
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Bukowski, Charles, 53, 92, 93, 97, 106, 116 Burroughs, William S., 93 Calasso, Roberto, 103, 109, 114, 123 Calder, John, 106 Campbell, Federico, 22 Camus, Albert, 44 Capote, Truman, 22, 100, 109 Carroll, Lewis, 40 Carter, Angela, 101 Carver, Raymond, 82, 101, 114 Casanovas, Mercedes, 102 Céline, Louis F., 44 Chandler, Raymond, 114 Chávez, Hugo, 31 Chéjov, Antón, 13, 30 Cherki, Claude, 51 Cherkowski, Neeli, 92 Chomsky, Noam, 60 Ciampi, Carlo A., 63 Clotas, Salvador, 17, 25 Colette, 53, 105, 114 Combalía, Victoria, 53 Consolo, Vincenzo, 61 Copi, 97 Corbet, Vincent, 49 Cruz, Sor Juana Inés de la, 25 Cuenca, Luis Antonio de, 74 Cueto, Juan, 25 D’Alembert, Jean, 65 Darrieussecq, Marie, 53
Despentes, Virginie, 53 Deutscher, Isaac, 87 Divinsky, Daniel y Kuki, 86, 87 Du Plessix Grey, Francine, 100 Echevarría, Ignacio, 12, 124 Eco, Umberto, 65 Einaudi, Giulio, 77 Eisenstein, Serguéi,13 Eliade, Mircea, 102 Enzensberger, Hans Magnus, 22 Epstein, Jason, 74 Esopo, 40 Espresate, Neus, 17, 25, 87 Fadanelli, Guillermo, 92, 94 Faulkner, William, 104 Feltrinelli, Carlo, 30, 106 Ferlinghetti, L., 92 Flores, Paolo, 63 Fo, Dario, 64 Folch, Enrique, 85, 86, 88 Fontanarrosa, 87 Ford, Richard, 113 Freud, Sigmund, 39, 110 Fresán, Rodrigo, 124 Fuentes, Carlos, 31 Gallegos, Rómulo, 31 Gallimard, Antoine, 58 García Márquez, Gabriel, 31 García Ponce, Juan, 17-19 Gelli, Piero, 109 Ginsburg, Carlo, 64
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Giroud, Françoise, 47 Glantz, Margo, 23-26, 82 Gógol, Nikolái, 13 Gombrowicz, Witold, 41 González Rodríguez, Sergio, 21-22 González Troyano, Alberto, 11 Gould, Glenn, 26 Goytisolo, Juan, 98, 105 Goytisolo, Luis, 12, 17, 29, 98, 104 Gracián, Baltasar, 30 Gramsci, Antonio, 87 Grijalbo, Juan, 85 Guarini, Ruggero, 99, 100, 105 Gubern, Lali, 11, 25, 88-89, 112, 122 Guelbenzu, José María, 29 Guevara, Ernesto, Che, 87 Gunder Frank, André, 87 Gutiérrez, Ivonne, 80 Gutiérrez, Pedro Juan, 93 Heissat, Martine, 45, 48 Henric, Jacques, 52, 54 Highsmith, Patricia, 82, 102, 103, 112, 114 Hitchcock, Alfred, 114 Homes, A. M., 53 Houellebecq, Michel, 41-44 Huelbes, Luis y Elvira, 12 Jacobs, Bárbara, 25 Jornet, Ana, 59
Joyce, James, 104 Kaprièlian, Nelly, 50 Kapuściński, Ryszard, 22 Kara, Jûrô, 94 Kerouac, Jack, 93 Klossowski, Pierre, 17, 19, 87 Korsch, Karl, 87 Krüger, Michael, 30 Kuśniewicz, Andrzej, 114 Lacan, Jacques, 88 Ladoire, Óscar, 103 Laneyrie-Dagun, Nadeije, 48 Le Vaillant, Luc, 51 Lear, E., 40 Lemebel, Pedro, 93 Lindon, Jérôme, 104 Lladó, Josep Maria, 63 López Ballesteros y de Torres, Luis, 110-111 López Lacalle, José Luis, 60 Lowry, Malcom, 41, 87 Luxemburg, Rosa, 87 MacLehose, Christopher, 30 Magrinyà, Luis, 25 Maiakovski, V.,13 Mailer, Norman, 22 Mandel, Ernest, 87 Manganelli, Giorgio, 109, 110, 111, 114 Mann, Thomas, 12, 15 Marías, Javier, 31 Martín Gaite, Carmen, 82 Martínez, César, 94
129
Giroud, Françoise, 47 Glantz, Margo, 23-26, 82 Gógol, Nikolái, 13 Gombrowicz, Witold, 41 González Rodríguez, Sergio, 21-22 González Troyano, Alberto, 11 Gould, Glenn, 26 Goytisolo, Juan, 98, 105 Goytisolo, Luis, 12, 17, 29, 98, 104 Gracián, Baltasar, 30 Gramsci, Antonio, 87 Grijalbo, Juan, 85 Guarini, Ruggero, 99, 100, 105 Gubern, Lali, 11, 25, 88-89, 112, 122 Guelbenzu, José María, 29 Guevara, Ernesto, Che, 87 Gunder Frank, André, 87 Gutiérrez, Ivonne, 80 Gutiérrez, Pedro Juan, 93 Heissat, Martine, 45, 48 Henric, Jacques, 52, 54 Highsmith, Patricia, 82, 102, 103, 112, 114 Hitchcock, Alfred, 114 Homes, A. M., 53 Houellebecq, Michel, 41-44 Huelbes, Luis y Elvira, 12 Jacobs, Bárbara, 25 Jornet, Ana, 59
Joyce, James, 104 Kaprièlian, Nelly, 50 Kapuściński, Ryszard, 22 Kara, Jûrô, 94 Kerouac, Jack, 93 Klossowski, Pierre, 17, 19, 87 Korsch, Karl, 87 Krüger, Michael, 30 Kuśniewicz, Andrzej, 114 Lacan, Jacques, 88 Ladoire, Óscar, 103 Laneyrie-Dagun, Nadeije, 48 Le Vaillant, Luc, 51 Lear, E., 40 Lemebel, Pedro, 93 Lindon, Jérôme, 104 Lladó, Josep Maria, 63 López Ballesteros y de Torres, Luis, 110-111 López Lacalle, José Luis, 60 Lowry, Malcom, 41, 87 Luxemburg, Rosa, 87 MacLehose, Christopher, 30 Magrinyà, Luis, 25 Maiakovski, V.,13 Mailer, Norman, 22 Mandel, Ernest, 87 Manganelli, Giorgio, 109, 110, 111, 114 Mann, Thomas, 12, 15 Marías, Javier, 31 Martín Gaite, Carmen, 82 Martínez, César, 94
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Giroud, Françoise, 47 Glantz, Margo, 23-26, 82 Gógol, Nikolái, 13 Gombrowicz, Witold, 41 González Rodríguez, Sergio, 21-22 González Troyano, Alberto, 11 Gould, Glenn, 26 Goytisolo, Juan, 98, 105 Goytisolo, Luis, 12, 17, 29, 98, 104 Gracián, Baltasar, 30 Gramsci, Antonio, 87 Grijalbo, Juan, 85 Guarini, Ruggero, 99, 100, 105 Gubern, Lali, 11, 25, 88-89, 112, 122 Guelbenzu, José María, 29 Guevara, Ernesto, Che, 87 Gunder Frank, André, 87 Gutiérrez, Ivonne, 80 Gutiérrez, Pedro Juan, 93 Heissat, Martine, 45, 48 Henric, Jacques, 52, 54 Highsmith, Patricia, 82, 102, 103, 112, 114 Hitchcock, Alfred, 114 Homes, A. M., 53 Houellebecq, Michel, 41-44 Huelbes, Luis y Elvira, 12 Jacobs, Bárbara, 25 Jornet, Ana, 59
Joyce, James, 104 Kaprièlian, Nelly, 50 Kapuściński, Ryszard, 22 Kara, Jûrô, 94 Kerouac, Jack, 93 Klossowski, Pierre, 17, 19, 87 Korsch, Karl, 87 Krüger, Michael, 30 Kuśniewicz, Andrzej, 114 Lacan, Jacques, 88 Ladoire, Óscar, 103 Laneyrie-Dagun, Nadeije, 48 Le Vaillant, Luc, 51 Lear, E., 40 Lemebel, Pedro, 93 Lindon, Jérôme, 104 Lladó, Josep Maria, 63 López Ballesteros y de Torres, Luis, 110-111 López Lacalle, José Luis, 60 Lowry, Malcom, 41, 87 Luxemburg, Rosa, 87 MacLehose, Christopher, 30 Magrinyà, Luis, 25 Maiakovski, V.,13 Mailer, Norman, 22 Mandel, Ernest, 87 Manganelli, Giorgio, 109, 110, 111, 114 Mann, Thomas, 12, 15 Marías, Javier, 31 Martín Gaite, Carmen, 82 Martínez, César, 94
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Giroud, Françoise, 47 Glantz, Margo, 23-26, 82 Gógol, Nikolái, 13 Gombrowicz, Witold, 41 González Rodríguez, Sergio, 21-22 González Troyano, Alberto, 11 Gould, Glenn, 26 Goytisolo, Juan, 98, 105 Goytisolo, Luis, 12, 17, 29, 98, 104 Gracián, Baltasar, 30 Gramsci, Antonio, 87 Grijalbo, Juan, 85 Guarini, Ruggero, 99, 100, 105 Gubern, Lali, 11, 25, 88-89, 112, 122 Guelbenzu, José María, 29 Guevara, Ernesto, Che, 87 Gunder Frank, André, 87 Gutiérrez, Ivonne, 80 Gutiérrez, Pedro Juan, 93 Heissat, Martine, 45, 48 Henric, Jacques, 52, 54 Highsmith, Patricia, 82, 102, 103, 112, 114 Hitchcock, Alfred, 114 Homes, A. M., 53 Houellebecq, Michel, 41-44 Huelbes, Luis y Elvira, 12 Jacobs, Bárbara, 25 Jornet, Ana, 59
Joyce, James, 104 Kaprièlian, Nelly, 50 Kapuściński, Ryszard, 22 Kara, Jûrô, 94 Kerouac, Jack, 93 Klossowski, Pierre, 17, 19, 87 Korsch, Karl, 87 Krüger, Michael, 30 Kuśniewicz, Andrzej, 114 Lacan, Jacques, 88 Ladoire, Óscar, 103 Laneyrie-Dagun, Nadeije, 48 Le Vaillant, Luc, 51 Lear, E., 40 Lemebel, Pedro, 93 Lindon, Jérôme, 104 Lladó, Josep Maria, 63 López Ballesteros y de Torres, Luis, 110-111 López Lacalle, José Luis, 60 Lowry, Malcom, 41, 87 Luxemburg, Rosa, 87 MacLehose, Christopher, 30 Magrinyà, Luis, 25 Maiakovski, V.,13 Mailer, Norman, 22 Mandel, Ernest, 87 Manganelli, Giorgio, 109, 110, 111, 114 Mann, Thomas, 12, 15 Marías, Javier, 31 Martín Gaite, Carmen, 82 Martínez, César, 94
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Martínez Rentería, Carlos, 91-96 Marx, Carlos, 71 Maspero, François, 104 Mauriac, François, 49 Mayer, Peter, 76 McEwan, Ian, 111 Millet, Catherine, 45-53 Monsiváis, Carlos, 17, 19, 21, 25, 82, 87, 106 Monterroso, Augusto, 25, 87 Moura, Beatriz de, 11, 85 Mrabet, Mohammed, 105 Musil, Robert, 17, 19, 104 Mutis, Álvaro, 115 Nabokov, Vladimir, 82 Nadeau, Maurice, 49 Navarro, Justo, 82 Orfila Reynal, Arnaldo, 88 Owen, Peter, 100, 105 Padilla López, Raúl, 80 Paley, Grace, 99, 100, 101, 112, 113, 114 Pasternak, Joe, 55 Percy, Walker, 107, 108 Pérez Reverte, Arturo, 29 Pérez, Ángela, 35 Pitol, Sergio, 11-16, 19, 25, 82, 84, 85, 87, 123 Pombo, Álvaro, 82 Ponce, Felipe, 92 Poniatowska, Elena, 31 Proust, Marcel, 104
Quino, 87 Ramírez, Andrés, 92 Reliquet, Philippe, 53, 54 Rey, Pierre-François, 107 Rhys, Jean, 53, 115 Ricci, Franco Maria, 100 Robbe-Grillet, Catherine, 50 Roche, Denis, 45 Rochefort, Christiane, 53, 106 Rojo, Vicente y Alba, 25, 87 Rossanda, Rossana, 87 Rossi, Alejandro, 25, 115 Roth, Joseph, 103, 110 Roy, Arundhati, 57-60 Rubert de Ventós, Xavier, 17 Rulfo, Juan, 13, 85 Rushdie, Salman, 60 Saki, 40 Satta, Salvatore, 114 Savater, Fernando, 77 Savigneau, Josyane, 47 Schiffrin, André, 74 Schwob, Marcel, 105 Sciascia, Leonardo, 113 Scola, Etore, 61 Sellerio, Elvira, 113, 115 Shakespeare, William, 40 Sharpe, Tom, 82, 116 Sklovski, Víctor, 13 Sofri, Adriano, 64 Sollers, Philippe, 47, 54 Strausfeld, Michi, 102 Suárez, Gonzalo, 103
Martínez Rentería, Carlos, 91-96 Marx, Carlos, 71 Maspero, François, 104 Mauriac, François, 49 Mayer, Peter, 76 McEwan, Ian, 111 Millet, Catherine, 45-53 Monsiváis, Carlos, 17, 19, 21, 25, 82, 87, 106 Monterroso, Augusto, 25, 87 Moura, Beatriz de, 11, 85 Mrabet, Mohammed, 105 Musil, Robert, 17, 19, 104 Mutis, Álvaro, 115 Nabokov, Vladimir, 82 Nadeau, Maurice, 49 Navarro, Justo, 82 Orfila Reynal, Arnaldo, 88 Owen, Peter, 100, 105 Padilla López, Raúl, 80 Paley, Grace, 99, 100, 101, 112, 113, 114 Pasternak, Joe, 55 Percy, Walker, 107, 108 Pérez Reverte, Arturo, 29 Pérez, Ángela, 35 Pitol, Sergio, 11-16, 19, 25, 82, 84, 85, 87, 123 Pombo, Álvaro, 82 Ponce, Felipe, 92 Poniatowska, Elena, 31 Proust, Marcel, 104
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Martínez Rentería, Carlos, 91-96 Marx, Carlos, 71 Maspero, François, 104 Mauriac, François, 49 Mayer, Peter, 76 McEwan, Ian, 111 Millet, Catherine, 45-53 Monsiváis, Carlos, 17, 19, 21, 25, 82, 87, 106 Monterroso, Augusto, 25, 87 Moura, Beatriz de, 11, 85 Mrabet, Mohammed, 105 Musil, Robert, 17, 19, 104 Mutis, Álvaro, 115 Nabokov, Vladimir, 82 Nadeau, Maurice, 49 Navarro, Justo, 82 Orfila Reynal, Arnaldo, 88 Owen, Peter, 100, 105 Padilla López, Raúl, 80 Paley, Grace, 99, 100, 101, 112, 113, 114 Pasternak, Joe, 55 Percy, Walker, 107, 108 Pérez Reverte, Arturo, 29 Pérez, Ángela, 35 Pitol, Sergio, 11-16, 19, 25, 82, 84, 85, 87, 123 Pombo, Álvaro, 82 Ponce, Felipe, 92 Poniatowska, Elena, 31 Proust, Marcel, 104
Quino, 87 Ramírez, Andrés, 92 Reliquet, Philippe, 53, 54 Rey, Pierre-François, 107 Rhys, Jean, 53, 115 Ricci, Franco Maria, 100 Robbe-Grillet, Catherine, 50 Roche, Denis, 45 Rochefort, Christiane, 53, 106 Rojo, Vicente y Alba, 25, 87 Rossanda, Rossana, 87 Rossi, Alejandro, 25, 115 Roth, Joseph, 103, 110 Roy, Arundhati, 57-60 Rubert de Ventós, Xavier, 17 Rulfo, Juan, 13, 85 Rushdie, Salman, 60 Saki, 40 Satta, Salvatore, 114 Savater, Fernando, 77 Savigneau, Josyane, 47 Schiffrin, André, 74 Schwob, Marcel, 105 Sciascia, Leonardo, 113 Scola, Etore, 61 Sellerio, Elvira, 113, 115 Shakespeare, William, 40 Sharpe, Tom, 82, 116 Sklovski, Víctor, 13 Sofri, Adriano, 64 Sollers, Philippe, 47, 54 Strausfeld, Michi, 102 Suárez, Gonzalo, 103
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Quino, 87 Ramírez, Andrés, 92 Reliquet, Philippe, 53, 54 Rey, Pierre-François, 107 Rhys, Jean, 53, 115 Ricci, Franco Maria, 100 Robbe-Grillet, Catherine, 50 Roche, Denis, 45 Rochefort, Christiane, 53, 106 Rojo, Vicente y Alba, 25, 87 Rossanda, Rossana, 87 Rossi, Alejandro, 25, 115 Roth, Joseph, 103, 110 Roy, Arundhati, 57-60 Rubert de Ventós, Xavier, 17 Rulfo, Juan, 13, 85 Rushdie, Salman, 60 Saki, 40 Satta, Salvatore, 114 Savater, Fernando, 77 Savigneau, Josyane, 47 Schiffrin, André, 74 Schwob, Marcel, 105 Sciascia, Leonardo, 113 Scola, Etore, 61 Sellerio, Elvira, 113, 115 Shakespeare, William, 40 Sharpe, Tom, 82, 116 Sklovski, Víctor, 13 Sofri, Adriano, 64 Sollers, Philippe, 47, 54 Strausfeld, Michi, 102 Suárez, Gonzalo, 103
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Martínez Rentería, Carlos, 91-96 Marx, Carlos, 71 Maspero, François, 104 Mauriac, François, 49 Mayer, Peter, 76 McEwan, Ian, 111 Millet, Catherine, 45-53 Monsiváis, Carlos, 17, 19, 21, 25, 82, 87, 106 Monterroso, Augusto, 25, 87 Moura, Beatriz de, 11, 85 Mrabet, Mohammed, 105 Musil, Robert, 17, 19, 104 Mutis, Álvaro, 115 Nabokov, Vladimir, 82 Nadeau, Maurice, 49 Navarro, Justo, 82 Orfila Reynal, Arnaldo, 88 Owen, Peter, 100, 105 Padilla López, Raúl, 80 Paley, Grace, 99, 100, 101, 112, 113, 114 Pasternak, Joe, 55 Percy, Walker, 107, 108 Pérez Reverte, Arturo, 29 Pérez, Ángela, 35 Pitol, Sergio, 11-16, 19, 25, 82, 84, 85, 87, 123 Pombo, Álvaro, 82 Ponce, Felipe, 92 Poniatowska, Elena, 31 Proust, Marcel, 104
Quino, 87 Ramírez, Andrés, 92 Reliquet, Philippe, 53, 54 Rey, Pierre-François, 107 Rhys, Jean, 53, 115 Ricci, Franco Maria, 100 Robbe-Grillet, Catherine, 50 Roche, Denis, 45 Rochefort, Christiane, 53, 106 Rojo, Vicente y Alba, 25, 87 Rossanda, Rossana, 87 Rossi, Alejandro, 25, 115 Roth, Joseph, 103, 110 Roy, Arundhati, 57-60 Rubert de Ventós, Xavier, 17 Rulfo, Juan, 13, 85 Rushdie, Salman, 60 Saki, 40 Satta, Salvatore, 114 Savater, Fernando, 77 Savigneau, Josyane, 47 Schiffrin, André, 74 Schwob, Marcel, 105 Sciascia, Leonardo, 113 Scola, Etore, 61 Sellerio, Elvira, 113, 115 Shakespeare, William, 40 Sharpe, Tom, 82, 116 Sklovski, Víctor, 13 Sofri, Adriano, 64 Sollers, Philippe, 47, 54 Strausfeld, Michi, 102 Suárez, Gonzalo, 103
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Tabucchi, Antonio, 30, 61-67, 82, 83, 84, 85 Tagliaferri, Aldo, 106 Thompson, Hunter, 93 Tolstói, León, 13 Toole, John Kennedy, 107, 109, 112 Trueba, David, 123 Trueba, Fernando, 103 Tusquets, Esther, 25, 98, 107 Tusquets, Óscar, 36, 85 Umbral, Francisco, 36 Vargas Llosa, Mario, 17, 31, 47 Vattimo, Gianni, 61 Vázquez Montalbán, Manolo, 35 Vidal-Folch, Ignacio, 53 Vila-Matas, Enrique, 12, 2732, 82, 123
Villoro, Juan, 12, 14, 15, 87, 124 Vinci, Simona, 53 Vivas, Julio, 98 Volpi, Jorge, 31 Vonnegut, Kurt, 116 Wallraff, Günter, 22 Weidhaas, Peter, 71, 72 Welsh, Irvine, 93 Welty, Eudora, 112, 113 Wilcock, J. Rodolfo, 100, 105, 114 Wilde, Oscar, 40 Williams, Esther, 55 Wolfe, Tom, 33-37, 116 Yépez, Heriberto, 95 Young, G. M., 77 Yourcenar, Marguerite, 66 Zenker, Alejandro, 80 Zola, Émile, 36 Zylberstein, Jean-Claude, 76
Tabucchi, Antonio, 30, 61-67, 82, 83, 84, 85 Tagliaferri, Aldo, 106 Thompson, Hunter, 93 Tolstói, León, 13 Toole, John Kennedy, 107, 109, 112 Trueba, David, 123 Trueba, Fernando, 103 Tusquets, Esther, 25, 98, 107 Tusquets, Óscar, 36, 85 Umbral, Francisco, 36 Vargas Llosa, Mario, 17, 31, 47 Vattimo, Gianni, 61 Vázquez Montalbán, Manolo, 35 Vidal-Folch, Ignacio, 53 Vila-Matas, Enrique, 12, 2732, 82, 123
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Tabucchi, Antonio, 30, 61-67, 82, 83, 84, 85 Tagliaferri, Aldo, 106 Thompson, Hunter, 93 Tolstói, León, 13 Toole, John Kennedy, 107, 109, 112 Trueba, David, 123 Trueba, Fernando, 103 Tusquets, Esther, 25, 98, 107 Tusquets, Óscar, 36, 85 Umbral, Francisco, 36 Vargas Llosa, Mario, 17, 31, 47 Vattimo, Gianni, 61 Vázquez Montalbán, Manolo, 35 Vidal-Folch, Ignacio, 53 Vila-Matas, Enrique, 12, 2732, 82, 123
Villoro, Juan, 12, 14, 15, 87, 124 Vinci, Simona, 53 Vivas, Julio, 98 Volpi, Jorge, 31 Vonnegut, Kurt, 116 Wallraff, Günter, 22 Weidhaas, Peter, 71, 72 Welsh, Irvine, 93 Welty, Eudora, 112, 113 Wilcock, J. Rodolfo, 100, 105, 114 Wilde, Oscar, 40 Williams, Esther, 55 Wolfe, Tom, 33-37, 116 Yépez, Heriberto, 95 Young, G. M., 77 Yourcenar, Marguerite, 66 Zenker, Alejandro, 80 Zola, Émile, 36 Zylberstein, Jean-Claude, 76
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Villoro, Juan, 12, 14, 15, 87, 124 Vinci, Simona, 53 Vivas, Julio, 98 Volpi, Jorge, 31 Vonnegut, Kurt, 116 Wallraff, Günter, 22 Weidhaas, Peter, 71, 72 Welsh, Irvine, 93 Welty, Eudora, 112, 113 Wilcock, J. Rodolfo, 100, 105, 114 Wilde, Oscar, 40 Williams, Esther, 55 Wolfe, Tom, 33-37, 116 Yépez, Heriberto, 95 Young, G. M., 77 Yourcenar, Marguerite, 66 Zenker, Alejandro, 80 Zola, Émile, 36 Zylberstein, Jean-Claude, 76
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Tabucchi, Antonio, 30, 61-67, 82, 83, 84, 85 Tagliaferri, Aldo, 106 Thompson, Hunter, 93 Tolstói, León, 13 Toole, John Kennedy, 107, 109, 112 Trueba, David, 123 Trueba, Fernando, 103 Tusquets, Esther, 25, 98, 107 Tusquets, Óscar, 36, 85 Umbral, Francisco, 36 Vargas Llosa, Mario, 17, 31, 47 Vattimo, Gianni, 61 Vázquez Montalbán, Manolo, 35 Vidal-Folch, Ignacio, 53 Vila-Matas, Enrique, 12, 2732, 82, 123
Villoro, Juan, 12, 14, 15, 87, 124 Vinci, Simona, 53 Vivas, Julio, 98 Volpi, Jorge, 31 Vonnegut, Kurt, 116 Wallraff, Günter, 22 Weidhaas, Peter, 71, 72 Welsh, Irvine, 93 Welty, Eudora, 112, 113 Wilcock, J. Rodolfo, 100, 105, 114 Wilde, Oscar, 40 Williams, Esther, 55 Wolfe, Tom, 33-37, 116 Yépez, Heriberto, 95 Young, G. M., 77 Yourcenar, Marguerite, 66 Zenker, Alejandro, 80 Zola, Émile, 36 Zylberstein, Jean-Claude, 76
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Índice
Índice
Nota previa
5
FLASHES SOBRE ESCRITORES y otros textos editoriales Pitol, andaluz Homenaje a García Ponce Sergio González Rodríguez, reportero imparable Rastros de Margo Glantz Las copas de Vila-Matas The Talented Mr. Wolfe Colossus in Catalonia Houellebecq Terminator Una estrella: Catherine M. Enhorabuena, Arundhati Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano
Nota previa
5
FLASHES SOBRE ESCRITORES y otros textos editoriales 11 17 21 23 27 33 39 41 45 57 61
Pitol, andaluz Homenaje a García Ponce Sergio González Rodríguez, reportero imparable Rastros de Margo Glantz Las copas de Vila-Matas The Talented Mr. Wolfe Colossus in Catalonia Houellebecq Terminator Una estrella: Catherine M. Enhorabuena, Arundhati Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano
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FLASHES SOBRE ESCRITORES y otros textos editoriales Pitol, andaluz Homenaje a García Ponce Sergio González Rodríguez, reportero imparable Rastros de Margo Glantz Las copas de Vila-Matas The Talented Mr. Wolfe Colossus in Catalonia Houellebecq Terminator Una estrella: Catherine M. Enhorabuena, Arundhati Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano 133
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Pitol, andaluz Homenaje a García Ponce Sergio González Rodríguez, reportero imparable Rastros de Margo Glantz Las copas de Vila-Matas The Talented Mr. Wolfe Colossus in Catalonia Houellebecq Terminator Una estrella: Catherine M. Enhorabuena, Arundhati Antonio Tabucchi, escritor y ciudadano 133
11 17 21 23 27 33 39 41 45 57 61
OTROS TEXTOS EDITORIALES
OTROS TEXTOS EDITORIALES
Paisajes de la edición de nuestros días Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara: Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo “Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
Paisajes de la edición de nuestros días Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara: Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo “Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
71 79 91 97
EPÍLOGO
71 79 91 97
EPÍLOGO
Un día en la vida de un editor
119
Un día en la vida de un editor
119
Índice onomástico
127
Índice onomástico
127
OTROS TEXTOS EDITORIALES
OTROS TEXTOS EDITORIALES
Paisajes de la edición de nuestros días Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara: Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo “Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
Paisajes de la edición de nuestros días Premio al mérito editorial, FIL de Guadalajara: Feria de Guadalajara: Homenaje alternativo “Panorama de narrativas”: los inicios de una colección
71 79 91 97
EPÍLOGO
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Un día en la vida de un editor
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Un día en la vida de un editor
119
Índice onomástico
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La producción se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. 5515-1657 solar@solareditores.com
La producción se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. 5515-1657 solar@solareditores.com
www.solareditores.com
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En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10, 11 y 24 puntos
En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10, 11 y 24 puntos
El Tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.
El Tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.
Esta séptima reimpresión consta de 32 ejemplares
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La producción se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. 5515-1657 solar@solareditores.com
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www.solareditores.com
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En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10, 11 y 24 puntos
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El Tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.
El Tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.
Esta séptima reimpresión consta de 32 ejemplares
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mm
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Títulos de la colección
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minimalia
1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano)
31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico 33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000
minimalia
1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano)
31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico 33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000
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Títulos de la colección
minimalia
1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano)
31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico 33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000
minimalia
1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano)
31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico 33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000
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Títulos de la colección
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minimalia
57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Eko, Denisse 67. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 68. Alejandro Tarrab, Centauros
69. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 70. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 71. Pablo Aveleyra, Revoltijo 72. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 73. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 74. Hernán Bravo Varela, Comunión 75. Jade Castellanos, Riscorso 76. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 77. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 78. Pablo Aveleyra, Onirografías 79. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 80. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos
Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único Género y salud sexuales 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Masaje clásico terapéutico, Socorro Rocha 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004 Breviarios 1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 6. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipografitis 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura
minimalia
57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Eko, Denisse 67. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 68. Alejandro Tarrab, Centauros
69. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 70. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 71. Pablo Aveleyra, Revoltijo 72. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 73. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 74. Hernán Bravo Varela, Comunión 75. Jade Castellanos, Riscorso 76. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 77. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 78. Pablo Aveleyra, Onirografías 79. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 80. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos
Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único Género y salud sexuales 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Masaje clásico terapéutico, Socorro Rocha 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004 Breviarios 1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 6. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipografitis 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura
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57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Eko, Denisse 67. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 68. Alejandro Tarrab, Centauros
69. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 70. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 71. Pablo Aveleyra, Revoltijo 72. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 73. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 74. Hernán Bravo Varela, Comunión 75. Jade Castellanos, Riscorso 76. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 77. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 78. Pablo Aveleyra, Onirografías 79. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 80. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos
Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único Género y salud sexuales 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Masaje clásico terapéutico, Socorro Rocha 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004 Breviarios 1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 6. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipografitis 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura
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57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Eko, Denisse 67. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 68. Alejandro Tarrab, Centauros
69. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 70. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 71. Pablo Aveleyra, Revoltijo 72. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 73. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 74. Hernán Bravo Varela, Comunión 75. Jade Castellanos, Riscorso 76. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 77. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 78. Pablo Aveleyra, Onirografías 79. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 80. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos
Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único Género y salud sexuales 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Masaje clásico terapéutico, Socorro Rocha 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004 Breviarios 1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 6. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipografitis 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura
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Títulos de la colección
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Infantil
Infantil
1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos
1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos
Cómic
Cómic
minimalia
1. Jaime López y Felipe Ehrenberg, Rolando Trokas. El trailero intergaláctico Erótica 1. Gustavo Sainz, Batallas de amor perdidas 2. Edmée Pardo, Flor de un solo día 3. Hernán Lara Zavala, Muñecas rotas 4. Alberto Ruy Sánchez, La huella del grito 5. Josefina Estrada, Te seguiré buscando 6. Guillermo Samperio, Despadrada 7. Rafael Ramírez Heredia, Aprisionarte quisiera 8. Mauricio Molina, Amor desierto 9. Huberto Batis, Amor por amor 10.Poli Delano, La película clara 11.Andrés de Luna, El aprendizaje
minimalia
1. Jaime López y Felipe Ehrenberg, Rolando Trokas. El trailero intergaláctico Erótica 1. Gustavo Sainz, Batallas de amor perdidas 2. Edmée Pardo, Flor de un solo día 3. Hernán Lara Zavala, Muñecas rotas 4. Alberto Ruy Sánchez, La huella del grito 5. Josefina Estrada, Te seguiré buscando 6. Guillermo Samperio, Despadrada 7. Rafael Ramírez Heredia, Aprisionarte quisiera 8. Mauricio Molina, Amor desierto 9. Huberto Batis, Amor por amor 10.Poli Delano, La película clara 11.Andrés de Luna, El aprendizaje
Yo medito, tú me editas
Yo medito, tú me editas
1. El libro y las nuevas tecnologías. Los editores ante el nuevo milenio 2. Jorge Herralde, Flashes sobre escritores y otros textos editoriales
1. El libro y las nuevas tecnologías. Los editores ante el nuevo milenio 2. Jorge Herralde, Flashes sobre escritores y otros textos editoriales
Revistas
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Quehacer editorial, núm. 1, 2 y 3 Transgresiones, núm. 0 y 1
Quehacer editorial, núm. 1, 2 y 3 Transgresiones, núm. 0 y 1
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Títulos de la colección
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1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos
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