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Del libro, por el libro ·

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p. 3

JUAN DOMINGO ARGÜELLES

JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro

Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro

JUAN DOMINGO ARGÜELLES

JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro

Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro

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Primera edición, noviembre de 2008

Primera edición, noviembre de 2008

Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinación técnica: Laura Rojo Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Tipografía y formación: Isabel Vázquez Ayala

Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinación técnica: Laura Rojo Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Tipografía y formación: Isabel Vázquez Ayala

© 2008, Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Calle 2 número 21, San Pedro de los Pinos. 03800 México, D.F. Teléfonos y fax (conmutador): +52 (55) 55 15 16 57 solar@solareditores.com

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www.solareditores.com

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ISBN 978-607-7640-05-9

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Hecho en México

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Primera edición, noviembre de 2008

Primera edición, noviembre de 2008

Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinación técnica: Laura Rojo Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Tipografía y formación: Isabel Vázquez Ayala

Director de la colección: Alejandro Zenker Coordinación técnica: Laura Rojo Cuidado editorial: Elizabeth González Coordinadora de producción: Beatriz Hernández Tipografía y formación: Isabel Vázquez Ayala

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ISBN 978-607-7640-05-9

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Hecho en México

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p. 5

Envío

Envío Para mi hija

Para mi hija

Y tú, lectora imperfecta, a quien amo inmoderado, no te quejes demasiado: la vida nunca es perfecta.

Y tú, lectora imperfecta, a quien amo inmoderado, no te quejes demasiado: la vida nunca es perfecta.

La realidad jamás miente, Claudina (7 de agosto): si no lo tienes presente te lo pasarán al costo.

La realidad jamás miente, Claudina (7 de agosto): si no lo tienes presente te lo pasarán al costo.

Sufre mucho aquel que lee y el que no lee también. Sólo el que todo lo cree, cree que todo está bien.

Sufre mucho aquel que lee y el que no lee también. Sólo el que todo lo cree, cree que todo está bien.

Te dedico este librito en el 8 del mes nueve. No leerlo no es delito ni hará tu vida más breve.

Te dedico este librito en el 8 del mes nueve. No leerlo no es delito ni hará tu vida más breve.





Envío

Envío Para mi hija

Para mi hija

Y tú, lectora imperfecta, a quien amo inmoderado, no te quejes demasiado: la vida nunca es perfecta.

Y tú, lectora imperfecta, a quien amo inmoderado, no te quejes demasiado: la vida nunca es perfecta.

La realidad jamás miente, Claudina (7 de agosto): si no lo tienes presente te lo pasarán al costo.

La realidad jamás miente, Claudina (7 de agosto): si no lo tienes presente te lo pasarán al costo.

Sufre mucho aquel que lee y el que no lee también. Sólo el que todo lo cree, cree que todo está bien.

Sufre mucho aquel que lee y el que no lee también. Sólo el que todo lo cree, cree que todo está bien.

Te dedico este librito en el 8 del mes nueve. No leerlo no es delito ni hará tu vida más breve.

Te dedico este librito en el 8 del mes nueve. No leerlo no es delito ni hará tu vida más breve.





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¿De qué sirven los libros si no nos hacen volver a la vida; si no consiguen hacernos beber en ella con más avidez?

¿De qué sirven los libros si no nos hacen volver a la vida; si no consiguen hacernos beber en ella con más avidez?

Henry Miller

Henry Miller

¿De qué sirven los libros si no nos hacen volver a la vida; si no consiguen hacernos beber en ella con más avidez?

¿De qué sirven los libros si no nos hacen volver a la vida; si no consiguen hacernos beber en ella con más avidez?

Henry Miller

Henry Miller

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Prólogo para lectores sumamente optimistas

Prólogo para lectores sumamente optimistas

Para Rosy, una y otra vez, una y otra vez

Para Rosy, una y otra vez, una y otra vez

¿Por qué hemos hecho un imperativo moral de la

¿Por qué hemos hecho un imperativo moral de la





Prólogo para lectores sumamente optimistas

Prólogo para lectores sumamente optimistas

Para Rosy, una y otra vez, una y otra vez

Para Rosy, una y otra vez, una y otra vez

¿Por qué hemos hecho un imperativo moral de la

¿Por qué hemos hecho un imperativo moral de la





lectura de libros? Porque, además de ennoblecer nuestros discursos, nos da la tranquilidad de saber que no seremos impugnados en tanto lo políticamente correcto sea respaldado por la unanimidad. La ortodoxia (de ortho, recto, correcto, y doxa, opinión) nos defiende de toda angustia de impopularidad o desaprobación. Y también —otro también— porque no es lo mismo decir que la lectura de libros nos mejora intelectual y moralmente que buscarle tres pies al gato y preguntarnos cómo funcionan esos fetiches para conseguir tal cosa. El libro como tótem es casi in­discutible. Hay que leer, decimos; hay que leer, repetimos. Para ser mejores personas hay que ser más lectores.

lectura de libros? Porque, además de ennoblecer nuestros discursos, nos da la tranquilidad de saber que no seremos impugnados en tanto lo políticamente correcto sea respaldado por la unanimidad. La ortodoxia (de ortho, recto, correcto, y doxa, opinión) nos defiende de toda angustia de impopularidad o desaprobación. Y también —otro también— porque no es lo mismo decir que la lectura de libros nos mejora intelectual y moralmente que buscarle tres pies al gato y preguntarnos cómo funcionan esos fetiches para conseguir tal cosa. El libro como tótem es casi in­discutible. Hay que leer, decimos; hay que leer, repetimos. Para ser mejores personas hay que ser más lectores.

lectura de libros? Porque, además de ennoblecer nuestros discursos, nos da la tranquilidad de saber que no seremos impugnados en tanto lo políticamente correcto sea respaldado por la unanimidad. La ortodoxia (de ortho, recto, correcto, y doxa, opinión) nos defiende de toda angustia de impopularidad o desaprobación. Y también —otro también— porque no es lo mismo decir que la lectura de libros nos mejora intelectual y moralmente que buscarle tres pies al gato y preguntarnos cómo funcionan esos fetiches para conseguir tal cosa. El libro como tótem es casi in­discutible. Hay que leer, decimos; hay que leer, repetimos. Para ser mejores personas hay que ser más lectores.

lectura de libros? Porque, además de ennoblecer nuestros discursos, nos da la tranquilidad de saber que no seremos impugnados en tanto lo políticamente correcto sea respaldado por la unanimidad. La ortodoxia (de ortho, recto, correcto, y doxa, opinión) nos defiende de toda angustia de impopularidad o desaprobación. Y también —otro también— porque no es lo mismo decir que la lectura de libros nos mejora intelectual y moralmente que buscarle tres pies al gato y preguntarnos cómo funcionan esos fetiches para conseguir tal cosa. El libro como tótem es casi in­discutible. Hay que leer, decimos; hay que leer, repetimos. Para ser mejores personas hay que ser más lectores.

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Pero ¿por qué no hacemos un parecido proselitismo cultural con la música, la danza, el teatro, la pintura, etcétera? Suponiendo que un pintor no lea libros o no lea muchos, y suponiendo que un bailarín no entregue casi nada de su tiempo a leer libros, ¿cómo podemos estar seguros, nosotros los lectores librescos, de que esas personas no son mejores a pesar de no leer libros? ¿Acaso son infelices con lo que hacen? ¿Acaso esas habilidades, esos talentos, ese conocimiento y ese placer que los impelen a pintar y a bailar no los han hecho mejores? ¿Por qué necesitan, forzosamente, leer libros, si la vida no resuelve su felicidad o su dolor únicamente en los libros y con los libros? ¿Somos mejores, moralmente y aun intelectualmente, nosotros los lectores y los escritores, que los pintores, los bailarines, los músicos, etcétera, nada más porque leemos más libros que ellos? Son preguntas provocativas y, como tales, merecen respuestas estimulantes. Pero de esto se trata la reflexión sobre las bondades y los méritos del libro como objeto, como instrumento, como medio y, por qué no decirlo, también como tótem sagrado y como fetiche supersticioso. Los políticos (por algo son políticos y no filósofos) diseminan el discurso ortodoxo noble sobre la lectura de libros y comparan los beneficios del libro sólo, quizá, con las recompensas del deporte. Los libros y el deporte nos alejan de los vicios, afirman, remitién-

Pero ¿por qué no hacemos un parecido proselitismo cultural con la música, la danza, el teatro, la pintura, etcétera? Suponiendo que un pintor no lea libros o no lea muchos, y suponiendo que un bailarín no entregue casi nada de su tiempo a leer libros, ¿cómo podemos estar seguros, nosotros los lectores librescos, de que esas personas no son mejores a pesar de no leer libros? ¿Acaso son infelices con lo que hacen? ¿Acaso esas habilidades, esos talentos, ese conocimiento y ese placer que los impelen a pintar y a bailar no los han hecho mejores? ¿Por qué necesitan, forzosamente, leer libros, si la vida no resuelve su felicidad o su dolor únicamente en los libros y con los libros? ¿Somos mejores, moralmente y aun intelectualmente, nosotros los lectores y los escritores, que los pintores, los bailarines, los músicos, etcétera, nada más porque leemos más libros que ellos? Son preguntas provocativas y, como tales, merecen respuestas estimulantes. Pero de esto se trata la reflexión sobre las bondades y los méritos del libro como objeto, como instrumento, como medio y, por qué no decirlo, también como tótem sagrado y como fetiche supersticioso. Los políticos (por algo son políticos y no filósofos) diseminan el discurso ortodoxo noble sobre la lectura de libros y comparan los beneficios del libro sólo, quizá, con las recompensas del deporte. Los libros y el deporte nos alejan de los vicios, afirman, remitién-

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Pero ¿por qué no hacemos un parecido proselitismo cultural con la música, la danza, el teatro, la pintura, etcétera? Suponiendo que un pintor no lea libros o no lea muchos, y suponiendo que un bailarín no entregue casi nada de su tiempo a leer libros, ¿cómo podemos estar seguros, nosotros los lectores librescos, de que esas personas no son mejores a pesar de no leer libros? ¿Acaso son infelices con lo que hacen? ¿Acaso esas habilidades, esos talentos, ese conocimiento y ese placer que los impelen a pintar y a bailar no los han hecho mejores? ¿Por qué necesitan, forzosamente, leer libros, si la vida no resuelve su felicidad o su dolor únicamente en los libros y con los libros? ¿Somos mejores, moralmente y aun intelectualmente, nosotros los lectores y los escritores, que los pintores, los bailarines, los músicos, etcétera, nada más porque leemos más libros que ellos? Son preguntas provocativas y, como tales, merecen respuestas estimulantes. Pero de esto se trata la reflexión sobre las bondades y los méritos del libro como objeto, como instrumento, como medio y, por qué no decirlo, también como tótem sagrado y como fetiche supersticioso. Los políticos (por algo son políticos y no filósofos) diseminan el discurso ortodoxo noble sobre la lectura de libros y comparan los beneficios del libro sólo, quizá, con las recompensas del deporte. Los libros y el deporte nos alejan de los vicios, afirman, remitién-

Pero ¿por qué no hacemos un parecido proselitismo cultural con la música, la danza, el teatro, la pintura, etcétera? Suponiendo que un pintor no lea libros o no lea muchos, y suponiendo que un bailarín no entregue casi nada de su tiempo a leer libros, ¿cómo podemos estar seguros, nosotros los lectores librescos, de que esas personas no son mejores a pesar de no leer libros? ¿Acaso son infelices con lo que hacen? ¿Acaso esas habilidades, esos talentos, ese conocimiento y ese placer que los impelen a pintar y a bailar no los han hecho mejores? ¿Por qué necesitan, forzosamente, leer libros, si la vida no resuelve su felicidad o su dolor únicamente en los libros y con los libros? ¿Somos mejores, moralmente y aun intelectualmente, nosotros los lectores y los escritores, que los pintores, los bailarines, los músicos, etcétera, nada más porque leemos más libros que ellos? Son preguntas provocativas y, como tales, merecen respuestas estimulantes. Pero de esto se trata la reflexión sobre las bondades y los méritos del libro como objeto, como instrumento, como medio y, por qué no decirlo, también como tótem sagrado y como fetiche supersticioso. Los políticos (por algo son políticos y no filósofos) diseminan el discurso ortodoxo noble sobre la lectura de libros y comparan los beneficios del libro sólo, quizá, con las recompensas del deporte. Los libros y el deporte nos alejan de los vicios, afirman, remitién-

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dose a la ya proverbial frase de Juvenal: mente sana en cuerpo sano. Lo que no admiten es que tanto el deporte como la lectura de libros pueden volverse —y con qué frecuencia— vicios. Vicios nobles, sí, pero vicios al fin. Los más voraces lectores somos como los fumadores. Apenas abrimos los ojos, que cerramos en la madrugada luego de una larga jornada de lectura, y ya es­tamos abriendo nuevamente el libro para seguir leyendo, con ansiedad. Nos parecemos al fumador empedernido que se durmió no sin antes fumar el enésimo cigarrillo, a medianoche o en la madrugada, y que despierta para fumar el primero del día, al cual seguirán otros hasta que vuelva a llegar la noche y no tenga otro remedio (por fatiga o por hábito) que dormir, no sin antes fumarse el último antes de mañana. Un amable vicioso del deporte me relata —no avergonzado ni demasiado orgulloso, sino quizá tan sólo resignado— que se despierta desde las cuatro de la madrugada y comienza a desesperar, revolviéndose en la cama, porque, a cada minuto, anhela que ya amanezca para salir a correr sus veintidós kilómetros diarios. “Y si no lo hago —dice— me siento mal. No me sabe el día.”

dose a la ya proverbial frase de Juvenal: mente sana en cuerpo sano. Lo que no admiten es que tanto el deporte como la lectura de libros pueden volverse —y con qué frecuencia— vicios. Vicios nobles, sí, pero vicios al fin. Los más voraces lectores somos como los fumadores. Apenas abrimos los ojos, que cerramos en la madrugada luego de una larga jornada de lectura, y ya es­tamos abriendo nuevamente el libro para seguir leyendo, con ansiedad. Nos parecemos al fumador empedernido que se durmió no sin antes fumar el enésimo cigarrillo, a medianoche o en la madrugada, y que despierta para fumar el primero del día, al cual seguirán otros hasta que vuelva a llegar la noche y no tenga otro remedio (por fatiga o por hábito) que dormir, no sin antes fumarse el último antes de mañana. Un amable vicioso del deporte me relata —no avergonzado ni demasiado orgulloso, sino quizá tan sólo resignado— que se despierta desde las cuatro de la madrugada y comienza a desesperar, revolviéndose en la cama, porque, a cada minuto, anhela que ya amanezca para salir a correr sus veintidós kilómetros diarios. “Y si no lo hago —dice— me siento mal. No me sabe el día.”

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Por experiencia propia, y a partir de mis observaciones, puedo concluir que leer es más un vicio que una

Por experiencia propia, y a partir de mis observaciones, puedo concluir que leer es más un vicio que una

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dose a la ya proverbial frase de Juvenal: mente sana en cuerpo sano. Lo que no admiten es que tanto el deporte como la lectura de libros pueden volverse —y con qué frecuencia— vicios. Vicios nobles, sí, pero vicios al fin. Los más voraces lectores somos como los fumadores. Apenas abrimos los ojos, que cerramos en la madrugada luego de una larga jornada de lectura, y ya es­tamos abriendo nuevamente el libro para seguir leyendo, con ansiedad. Nos parecemos al fumador empedernido que se durmió no sin antes fumar el enésimo cigarrillo, a medianoche o en la madrugada, y que despierta para fumar el primero del día, al cual seguirán otros hasta que vuelva a llegar la noche y no tenga otro remedio (por fatiga o por hábito) que dormir, no sin antes fumarse el último antes de mañana. Un amable vicioso del deporte me relata —no avergonzado ni demasiado orgulloso, sino quizá tan sólo resignado— que se despierta desde las cuatro de la madrugada y comienza a desesperar, revolviéndose en la cama, porque, a cada minuto, anhela que ya amanezca para salir a correr sus veintidós kilómetros diarios. “Y si no lo hago —dice— me siento mal. No me sabe el día.”

dose a la ya proverbial frase de Juvenal: mente sana en cuerpo sano. Lo que no admiten es que tanto el deporte como la lectura de libros pueden volverse —y con qué frecuencia— vicios. Vicios nobles, sí, pero vicios al fin. Los más voraces lectores somos como los fumadores. Apenas abrimos los ojos, que cerramos en la madrugada luego de una larga jornada de lectura, y ya es­tamos abriendo nuevamente el libro para seguir leyendo, con ansiedad. Nos parecemos al fumador empedernido que se durmió no sin antes fumar el enésimo cigarrillo, a medianoche o en la madrugada, y que despierta para fumar el primero del día, al cual seguirán otros hasta que vuelva a llegar la noche y no tenga otro remedio (por fatiga o por hábito) que dormir, no sin antes fumarse el último antes de mañana. Un amable vicioso del deporte me relata —no avergonzado ni demasiado orgulloso, sino quizá tan sólo resignado— que se despierta desde las cuatro de la madrugada y comienza a desesperar, revolviéndose en la cama, porque, a cada minuto, anhela que ya amanezca para salir a correr sus veintidós kilómetros diarios. “Y si no lo hago —dice— me siento mal. No me sabe el día.”

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Por experiencia propia, y a partir de mis observaciones, puedo concluir que leer es más un vicio que una

Por experiencia propia, y a partir de mis observaciones, puedo concluir que leer es más un vicio que una

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ocupación. El deporte puede alcanzar también este grado. Y todo está bien mientras no dañe a nadie, aunque a algunos el mucho leer nos vuelva insoportablemente pedantes y a otros el mucho deporte los torne narcisos, únicamente interesados por su apariencia física y por sus músculos, sin contar que, según el parecer de Alberto Moravia, “el deporte torna malvados a los hombres, ya que los hace partidarios del más fuerte y los hace odiar al más débil”. Muchísimos siglos antes, el historiador y biógrafo latino Cornelio Nepote (99-24 a. C.), amigo de Catulo y de Cicerón, había sentenciado en Vida de Alcibíades: “Los beocios aprecian más la fuerza física que el ingenio”. Es muy citada, por políticos y funcionarios del deporte, la frase del líder sudafricano Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder para cambiar el mundo y unir a las personas en una sola dirección: la paz”. Nelson Mandela es político y hubiera podido decir lo mismo acerca de la lectura y, en general, de la cultura y la educación. Pero es claro que tampoco podía ignorar que así como la cultura, en sus vertientes de erudición y altas especializaciones, fomenta la competencia en aras de la superioridad, asimismo el deporte, en su modalidad competitiva (y casi todo el deporte alienta el espíritu competitivo), se vuelve una reglamentada y civilizada guerra entre individuos y naciones en aras de la supremacía. Séneca lo advirtió: “Nadie puede ganar sin que otro pierda”.

ocupación. El deporte puede alcanzar también este grado. Y todo está bien mientras no dañe a nadie, aunque a algunos el mucho leer nos vuelva insoportablemente pedantes y a otros el mucho deporte los torne narcisos, únicamente interesados por su apariencia física y por sus músculos, sin contar que, según el parecer de Alberto Moravia, “el deporte torna malvados a los hombres, ya que los hace partidarios del más fuerte y los hace odiar al más débil”. Muchísimos siglos antes, el historiador y biógrafo latino Cornelio Nepote (99-24 a. C.), amigo de Catulo y de Cicerón, había sentenciado en Vida de Alcibíades: “Los beocios aprecian más la fuerza física que el ingenio”. Es muy citada, por políticos y funcionarios del deporte, la frase del líder sudafricano Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder para cambiar el mundo y unir a las personas en una sola dirección: la paz”. Nelson Mandela es político y hubiera podido decir lo mismo acerca de la lectura y, en general, de la cultura y la educación. Pero es claro que tampoco podía ignorar que así como la cultura, en sus vertientes de erudición y altas especializaciones, fomenta la competencia en aras de la superioridad, asimismo el deporte, en su modalidad competitiva (y casi todo el deporte alienta el espíritu competitivo), se vuelve una reglamentada y civilizada guerra entre individuos y naciones en aras de la supremacía. Séneca lo advirtió: “Nadie puede ganar sin que otro pierda”.

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ocupación. El deporte puede alcanzar también este grado. Y todo está bien mientras no dañe a nadie, aunque a algunos el mucho leer nos vuelva insoportablemente pedantes y a otros el mucho deporte los torne narcisos, únicamente interesados por su apariencia física y por sus músculos, sin contar que, según el parecer de Alberto Moravia, “el deporte torna malvados a los hombres, ya que los hace partidarios del más fuerte y los hace odiar al más débil”. Muchísimos siglos antes, el historiador y biógrafo latino Cornelio Nepote (99-24 a. C.), amigo de Catulo y de Cicerón, había sentenciado en Vida de Alcibíades: “Los beocios aprecian más la fuerza física que el ingenio”. Es muy citada, por políticos y funcionarios del deporte, la frase del líder sudafricano Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder para cambiar el mundo y unir a las personas en una sola dirección: la paz”. Nelson Mandela es político y hubiera podido decir lo mismo acerca de la lectura y, en general, de la cultura y la educación. Pero es claro que tampoco podía ignorar que así como la cultura, en sus vertientes de erudición y altas especializaciones, fomenta la competencia en aras de la superioridad, asimismo el deporte, en su modalidad competitiva (y casi todo el deporte alienta el espíritu competitivo), se vuelve una reglamentada y civilizada guerra entre individuos y naciones en aras de la supremacía. Séneca lo advirtió: “Nadie puede ganar sin que otro pierda”.

ocupación. El deporte puede alcanzar también este grado. Y todo está bien mientras no dañe a nadie, aunque a algunos el mucho leer nos vuelva insoportablemente pedantes y a otros el mucho deporte los torne narcisos, únicamente interesados por su apariencia física y por sus músculos, sin contar que, según el parecer de Alberto Moravia, “el deporte torna malvados a los hombres, ya que los hace partidarios del más fuerte y los hace odiar al más débil”. Muchísimos siglos antes, el historiador y biógrafo latino Cornelio Nepote (99-24 a. C.), amigo de Catulo y de Cicerón, había sentenciado en Vida de Alcibíades: “Los beocios aprecian más la fuerza física que el ingenio”. Es muy citada, por políticos y funcionarios del deporte, la frase del líder sudafricano Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder para cambiar el mundo y unir a las personas en una sola dirección: la paz”. Nelson Mandela es político y hubiera podido decir lo mismo acerca de la lectura y, en general, de la cultura y la educación. Pero es claro que tampoco podía ignorar que así como la cultura, en sus vertientes de erudición y altas especializaciones, fomenta la competencia en aras de la superioridad, asimismo el deporte, en su modalidad competitiva (y casi todo el deporte alienta el espíritu competitivo), se vuelve una reglamentada y civilizada guerra entre individuos y naciones en aras de la supremacía. Séneca lo advirtió: “Nadie puede ganar sin que otro pierda”.

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Es obvio que ni lectores ni deportistas viciosos tendrán los problemas del fumador empedernido, muy probablemente condenado al cáncer o al enfisema, pero de todos modos, aun en los quehaceres ennoblecidos, la vida no está hecha de perfecciones y siempre es posible descubrir sus trampas y sus entelequias. El deporte, dicen los políticos, nos aparta de las drogas. Y por eso proclaman y recomiendan el deporte en la juventud. ¿Pero, de veras, nos aparta de las drogas? De algunas, sí, seguramente, pero todos los días leemos de deportistas encumbrados, admirados, del más alto nivel competitivo, que se dopan, es decir, que se drogan para conseguir un mayor rendimiento. Además de los esteroides, una buena cantidad de deportistas consume suplementos alimenticios y vitamínicos que están llenos de sustancias, no precisamente muy saludables, que emplean lo mismo aficionados que profesionales, y que se vuelven del todo adictivas (muchas de ellas recomendadas o suministradas por los mismos instructores y entrenadores). ¿Y respecto de la lectura de libros? Digamos que nadie puede tener nada en su contra, salvo que a veces, como bien observó Sócrates, según Platón, y como reiteró el gran ensayista inglés William Hazlitt, el mucho leer, con fanatismo, puede deteriorar nuestra natural disposición a pensar por cuenta propia, pues “un simple erudito, que sólo sabe de libros, ni aun de libros sabe”, y la realidad lo desconcierta y lo toma

Es obvio que ni lectores ni deportistas viciosos tendrán los problemas del fumador empedernido, muy probablemente condenado al cáncer o al enfisema, pero de todos modos, aun en los quehaceres ennoblecidos, la vida no está hecha de perfecciones y siempre es posible descubrir sus trampas y sus entelequias. El deporte, dicen los políticos, nos aparta de las drogas. Y por eso proclaman y recomiendan el deporte en la juventud. ¿Pero, de veras, nos aparta de las drogas? De algunas, sí, seguramente, pero todos los días leemos de deportistas encumbrados, admirados, del más alto nivel competitivo, que se dopan, es decir, que se drogan para conseguir un mayor rendimiento. Además de los esteroides, una buena cantidad de deportistas consume suplementos alimenticios y vitamínicos que están llenos de sustancias, no precisamente muy saludables, que emplean lo mismo aficionados que profesionales, y que se vuelven del todo adictivas (muchas de ellas recomendadas o suministradas por los mismos instructores y entrenadores). ¿Y respecto de la lectura de libros? Digamos que nadie puede tener nada en su contra, salvo que a veces, como bien observó Sócrates, según Platón, y como reiteró el gran ensayista inglés William Hazlitt, el mucho leer, con fanatismo, puede deteriorar nuestra natural disposición a pensar por cuenta propia, pues “un simple erudito, que sólo sabe de libros, ni aun de libros sabe”, y la realidad lo desconcierta y lo toma

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Es obvio que ni lectores ni deportistas viciosos tendrán los problemas del fumador empedernido, muy probablemente condenado al cáncer o al enfisema, pero de todos modos, aun en los quehaceres ennoblecidos, la vida no está hecha de perfecciones y siempre es posible descubrir sus trampas y sus entelequias. El deporte, dicen los políticos, nos aparta de las drogas. Y por eso proclaman y recomiendan el deporte en la juventud. ¿Pero, de veras, nos aparta de las drogas? De algunas, sí, seguramente, pero todos los días leemos de deportistas encumbrados, admirados, del más alto nivel competitivo, que se dopan, es decir, que se drogan para conseguir un mayor rendimiento. Además de los esteroides, una buena cantidad de deportistas consume suplementos alimenticios y vitamínicos que están llenos de sustancias, no precisamente muy saludables, que emplean lo mismo aficionados que profesionales, y que se vuelven del todo adictivas (muchas de ellas recomendadas o suministradas por los mismos instructores y entrenadores). ¿Y respecto de la lectura de libros? Digamos que nadie puede tener nada en su contra, salvo que a veces, como bien observó Sócrates, según Platón, y como reiteró el gran ensayista inglés William Hazlitt, el mucho leer, con fanatismo, puede deteriorar nuestra natural disposición a pensar por cuenta propia, pues “un simple erudito, que sólo sabe de libros, ni aun de libros sabe”, y la realidad lo desconcierta y lo toma

Es obvio que ni lectores ni deportistas viciosos tendrán los problemas del fumador empedernido, muy probablemente condenado al cáncer o al enfisema, pero de todos modos, aun en los quehaceres ennoblecidos, la vida no está hecha de perfecciones y siempre es posible descubrir sus trampas y sus entelequias. El deporte, dicen los políticos, nos aparta de las drogas. Y por eso proclaman y recomiendan el deporte en la juventud. ¿Pero, de veras, nos aparta de las drogas? De algunas, sí, seguramente, pero todos los días leemos de deportistas encumbrados, admirados, del más alto nivel competitivo, que se dopan, es decir, que se drogan para conseguir un mayor rendimiento. Además de los esteroides, una buena cantidad de deportistas consume suplementos alimenticios y vitamínicos que están llenos de sustancias, no precisamente muy saludables, que emplean lo mismo aficionados que profesionales, y que se vuelven del todo adictivas (muchas de ellas recomendadas o suministradas por los mismos instructores y entrenadores). ¿Y respecto de la lectura de libros? Digamos que nadie puede tener nada en su contra, salvo que a veces, como bien observó Sócrates, según Platón, y como reiteró el gran ensayista inglés William Hazlitt, el mucho leer, con fanatismo, puede deteriorar nuestra natural disposición a pensar por cuenta propia, pues “un simple erudito, que sólo sabe de libros, ni aun de libros sabe”, y la realidad lo desconcierta y lo toma

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desprevenido si no tiene a la mano su biblioteca y su bibliografía. “¡Pero si lo dijo Harold Bloom, pero si lo leí en Shakespeare, pero si lo establece Hegel!”, suelen responder, irritados, ante cualquier objeción razonable. Al respecto, Hazlitt es más que sarcástico: “Difícilmente se encontrará a nadie con menos ideas en la cabeza que los que no son otra cosa que autores o lectores. Mejor no ser capaz de leer ni escribir que ser sólo capaz de eso”. Podemos estar en desacuerdo con Hazlitt, porque en ello va nuestro amor propio. Lo que no podemos hacer es acusarlo de mentiroso. Conocemos a personas así: ésas que sólo hablan de libros y sólo entienden la vida a través de los libros. La realidad pasa junto a ellas y no la advierten. Y llegan a creer que la ficción siempre será más verdadera que la vida misma. Por lo demás, los lectores y los escritores, desde el punto de vista emocional e intelectual, no son siempre y gracias a los libros, como quiere inferirse, los mejores modelos de templanza, sensatez y tolerancia. Hay ejemplos abundantes, pero los vendedores de piso de una gran librería de la ciudad de México, a quienes impartí una charla sobre la lectura, me refieren lo siguiente: “Aquí viene gente de todo tipo; personas cordiales y educadas, amables y afables, pero también no pocos individuos que pueden ser o sentirse los más grandes lectores del mundo (nadie se los discute), pero que son también los más groseros e insoportables y que te tratan —porque atiendes al público— como

desprevenido si no tiene a la mano su biblioteca y su bibliografía. “¡Pero si lo dijo Harold Bloom, pero si lo leí en Shakespeare, pero si lo establece Hegel!”, suelen responder, irritados, ante cualquier objeción razonable. Al respecto, Hazlitt es más que sarcástico: “Difícilmente se encontrará a nadie con menos ideas en la cabeza que los que no son otra cosa que autores o lectores. Mejor no ser capaz de leer ni escribir que ser sólo capaz de eso”. Podemos estar en desacuerdo con Hazlitt, porque en ello va nuestro amor propio. Lo que no podemos hacer es acusarlo de mentiroso. Conocemos a personas así: ésas que sólo hablan de libros y sólo entienden la vida a través de los libros. La realidad pasa junto a ellas y no la advierten. Y llegan a creer que la ficción siempre será más verdadera que la vida misma. Por lo demás, los lectores y los escritores, desde el punto de vista emocional e intelectual, no son siempre y gracias a los libros, como quiere inferirse, los mejores modelos de templanza, sensatez y tolerancia. Hay ejemplos abundantes, pero los vendedores de piso de una gran librería de la ciudad de México, a quienes impartí una charla sobre la lectura, me refieren lo siguiente: “Aquí viene gente de todo tipo; personas cordiales y educadas, amables y afables, pero también no pocos individuos que pueden ser o sentirse los más grandes lectores del mundo (nadie se los discute), pero que son también los más groseros e insoportables y que te tratan —porque atiendes al público— como

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desprevenido si no tiene a la mano su biblioteca y su bibliografía. “¡Pero si lo dijo Harold Bloom, pero si lo leí en Shakespeare, pero si lo establece Hegel!”, suelen responder, irritados, ante cualquier objeción razonable. Al respecto, Hazlitt es más que sarcástico: “Difícilmente se encontrará a nadie con menos ideas en la cabeza que los que no son otra cosa que autores o lectores. Mejor no ser capaz de leer ni escribir que ser sólo capaz de eso”. Podemos estar en desacuerdo con Hazlitt, porque en ello va nuestro amor propio. Lo que no podemos hacer es acusarlo de mentiroso. Conocemos a personas así: ésas que sólo hablan de libros y sólo entienden la vida a través de los libros. La realidad pasa junto a ellas y no la advierten. Y llegan a creer que la ficción siempre será más verdadera que la vida misma. Por lo demás, los lectores y los escritores, desde el punto de vista emocional e intelectual, no son siempre y gracias a los libros, como quiere inferirse, los mejores modelos de templanza, sensatez y tolerancia. Hay ejemplos abundantes, pero los vendedores de piso de una gran librería de la ciudad de México, a quienes impartí una charla sobre la lectura, me refieren lo siguiente: “Aquí viene gente de todo tipo; personas cordiales y educadas, amables y afables, pero también no pocos individuos que pueden ser o sentirse los más grandes lectores del mundo (nadie se los discute), pero que son también los más groseros e insoportables y que te tratan —porque atiendes al público— como

desprevenido si no tiene a la mano su biblioteca y su bibliografía. “¡Pero si lo dijo Harold Bloom, pero si lo leí en Shakespeare, pero si lo establece Hegel!”, suelen responder, irritados, ante cualquier objeción razonable. Al respecto, Hazlitt es más que sarcástico: “Difícilmente se encontrará a nadie con menos ideas en la cabeza que los que no son otra cosa que autores o lectores. Mejor no ser capaz de leer ni escribir que ser sólo capaz de eso”. Podemos estar en desacuerdo con Hazlitt, porque en ello va nuestro amor propio. Lo que no podemos hacer es acusarlo de mentiroso. Conocemos a personas así: ésas que sólo hablan de libros y sólo entienden la vida a través de los libros. La realidad pasa junto a ellas y no la advierten. Y llegan a creer que la ficción siempre será más verdadera que la vida misma. Por lo demás, los lectores y los escritores, desde el punto de vista emocional e intelectual, no son siempre y gracias a los libros, como quiere inferirse, los mejores modelos de templanza, sensatez y tolerancia. Hay ejemplos abundantes, pero los vendedores de piso de una gran librería de la ciudad de México, a quienes impartí una charla sobre la lectura, me refieren lo siguiente: “Aquí viene gente de todo tipo; personas cordiales y educadas, amables y afables, pero también no pocos individuos que pueden ser o sentirse los más grandes lectores del mundo (nadie se los discute), pero que son también los más groseros e insoportables y que te tratan —porque atiendes al público— como

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si fueras un trapo de fregar”. Les digo que no lo dudo. Y es cierto: no lo dudo. Conozco a algunos. Lo que ocurre con los discursos nobles y con la ortodoxia cultural del bien es que casi no admiten reflexión, no ya digamos discusión, por más que la realidad se imponga para mostrarnos sus imperfecciones. En su Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes hacía el siguiente cuestionamiento: “Los que aprueban una opinión personal la llaman opinión, pero los que no la aprueban la llaman herejía: y herejía no significa otra cosa que opinión personal”. Por esto, como corolario, en el siglo xix, el crítico francés Ferdinand Brunetière sentenció: “Hereje es aquel que tiene una opinión”. No nos extrañe que cuando opinamos, cuando reflexionamos, cuando debatimos sobre asuntos, parecemos —y, para algunos, somos— herejes del libro y la lectura. Ni más ni menos.

si fueras un trapo de fregar”. Les digo que no lo dudo. Y es cierto: no lo dudo. Conozco a algunos. Lo que ocurre con los discursos nobles y con la ortodoxia cultural del bien es que casi no admiten reflexión, no ya digamos discusión, por más que la realidad se imponga para mostrarnos sus imperfecciones. En su Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes hacía el siguiente cuestionamiento: “Los que aprueban una opinión personal la llaman opinión, pero los que no la aprueban la llaman herejía: y herejía no significa otra cosa que opinión personal”. Por esto, como corolario, en el siglo xix, el crítico francés Ferdinand Brunetière sentenció: “Hereje es aquel que tiene una opinión”. No nos extrañe que cuando opinamos, cuando reflexionamos, cuando debatimos sobre asuntos, parecemos —y, para algunos, somos— herejes del libro y la lectura. Ni más ni menos.

§

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¿A qué nos referimos cuando hablamos de los beneficios de la lectura? Discutámoslo. No demos nada por hecho ni por sabido. ¿Mejoría moral? ¿Mejoría intelectual? ¿Mejoría técnica? ¿Lo mucho es mejor? ¿Lo poco es peor? ¿Lo rápido es deseable? ¿Lo lento es deleznable? ¿Las estadísticas son lo importante? ¿La lectura nada tiene que ver con la realidad social y económica? ¿Podemos ser un país de lectores sin antes alcanzar a ser una nación donde el trabajo no

¿A qué nos referimos cuando hablamos de los beneficios de la lectura? Discutámoslo. No demos nada por hecho ni por sabido. ¿Mejoría moral? ¿Mejoría intelectual? ¿Mejoría técnica? ¿Lo mucho es mejor? ¿Lo poco es peor? ¿Lo rápido es deseable? ¿Lo lento es deleznable? ¿Las estadísticas son lo importante? ¿La lectura nada tiene que ver con la realidad social y económica? ¿Podemos ser un país de lectores sin antes alcanzar a ser una nación donde el trabajo no

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si fueras un trapo de fregar”. Les digo que no lo dudo. Y es cierto: no lo dudo. Conozco a algunos. Lo que ocurre con los discursos nobles y con la ortodoxia cultural del bien es que casi no admiten reflexión, no ya digamos discusión, por más que la realidad se imponga para mostrarnos sus imperfecciones. En su Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes hacía el siguiente cuestionamiento: “Los que aprueban una opinión personal la llaman opinión, pero los que no la aprueban la llaman herejía: y herejía no significa otra cosa que opinión personal”. Por esto, como corolario, en el siglo xix, el crítico francés Ferdinand Brunetière sentenció: “Hereje es aquel que tiene una opinión”. No nos extrañe que cuando opinamos, cuando reflexionamos, cuando debatimos sobre asuntos, parecemos —y, para algunos, somos— herejes del libro y la lectura. Ni más ni menos.

si fueras un trapo de fregar”. Les digo que no lo dudo. Y es cierto: no lo dudo. Conozco a algunos. Lo que ocurre con los discursos nobles y con la ortodoxia cultural del bien es que casi no admiten reflexión, no ya digamos discusión, por más que la realidad se imponga para mostrarnos sus imperfecciones. En su Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes hacía el siguiente cuestionamiento: “Los que aprueban una opinión personal la llaman opinión, pero los que no la aprueban la llaman herejía: y herejía no significa otra cosa que opinión personal”. Por esto, como corolario, en el siglo xix, el crítico francés Ferdinand Brunetière sentenció: “Hereje es aquel que tiene una opinión”. No nos extrañe que cuando opinamos, cuando reflexionamos, cuando debatimos sobre asuntos, parecemos —y, para algunos, somos— herejes del libro y la lectura. Ni más ni menos.

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¿A qué nos referimos cuando hablamos de los beneficios de la lectura? Discutámoslo. No demos nada por hecho ni por sabido. ¿Mejoría moral? ¿Mejoría intelectual? ¿Mejoría técnica? ¿Lo mucho es mejor? ¿Lo poco es peor? ¿Lo rápido es deseable? ¿Lo lento es deleznable? ¿Las estadísticas son lo importante? ¿La lectura nada tiene que ver con la realidad social y económica? ¿Podemos ser un país de lectores sin antes alcanzar a ser una nación donde el trabajo no

¿A qué nos referimos cuando hablamos de los beneficios de la lectura? Discutámoslo. No demos nada por hecho ni por sabido. ¿Mejoría moral? ¿Mejoría intelectual? ¿Mejoría técnica? ¿Lo mucho es mejor? ¿Lo poco es peor? ¿Lo rápido es deseable? ¿Lo lento es deleznable? ¿Las estadísticas son lo importante? ¿La lectura nada tiene que ver con la realidad social y económica? ¿Podemos ser un país de lectores sin antes alcanzar a ser una nación donde el trabajo no

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falte, la seguridad sea buena, la salud digna y los servicios públicos responsables? ¿No hay cosas y necesidades que, en condiciones desfavorables, son tanto o más importantes que leer libros? No se trata de preguntas retóricas. Son interrogantes por el libro, con el libro, pero sobre todo más allá del libro. Todas las cosas que no cuestionamos, incluidas las virtudes consustanciales de la lectura de libros, se vuelven verdades absolutas y fuentes de frustraciones y decepciones. ¿Quién piensa hoy, inteligentemente, que la Iglesia y la policía son los mejores refugios para los necesitados de protección? Y sin embargo hubo un tiempo en que esto se daba por hecho. Hoy sabemos que casi da lo mismo enviar a los hijos y a las hijas a la doctrina religiosa que a un casting en la televisión o en la industria de la moda. Los depredadores sexuales que pueden encontrar, en esos distintos medios, es probable que sean bastante parecidos, con el atenuante, en los casos de la televisión y de la moda, que éstos no predican nuestra salvación espiritual. En un medio y en un tiempo en los que cada vez es más difícil distinguir a los policías de los delincuentes, a los buenos de los malos, la realidad nos exige responder, sin candor ni falsas utopías, qué clase de moralidad atribuimos al imperativo de leer libros cuando llegamos a suponer, con la más absoluta ingenuidad, que un secuestrador no se hubiera convertido en tal ni hubiese asesinado a sus víctimas de haber leído a tiempo Cien años de soledad o Pedro

falte, la seguridad sea buena, la salud digna y los servicios públicos responsables? ¿No hay cosas y necesidades que, en condiciones desfavorables, son tanto o más importantes que leer libros? No se trata de preguntas retóricas. Son interrogantes por el libro, con el libro, pero sobre todo más allá del libro. Todas las cosas que no cuestionamos, incluidas las virtudes consustanciales de la lectura de libros, se vuelven verdades absolutas y fuentes de frustraciones y decepciones. ¿Quién piensa hoy, inteligentemente, que la Iglesia y la policía son los mejores refugios para los necesitados de protección? Y sin embargo hubo un tiempo en que esto se daba por hecho. Hoy sabemos que casi da lo mismo enviar a los hijos y a las hijas a la doctrina religiosa que a un casting en la televisión o en la industria de la moda. Los depredadores sexuales que pueden encontrar, en esos distintos medios, es probable que sean bastante parecidos, con el atenuante, en los casos de la televisión y de la moda, que éstos no predican nuestra salvación espiritual. En un medio y en un tiempo en los que cada vez es más difícil distinguir a los policías de los delincuentes, a los buenos de los malos, la realidad nos exige responder, sin candor ni falsas utopías, qué clase de moralidad atribuimos al imperativo de leer libros cuando llegamos a suponer, con la más absoluta ingenuidad, que un secuestrador no se hubiera convertido en tal ni hubiese asesinado a sus víctimas de haber leído a tiempo Cien años de soledad o Pedro

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falte, la seguridad sea buena, la salud digna y los servicios públicos responsables? ¿No hay cosas y necesidades que, en condiciones desfavorables, son tanto o más importantes que leer libros? No se trata de preguntas retóricas. Son interrogantes por el libro, con el libro, pero sobre todo más allá del libro. Todas las cosas que no cuestionamos, incluidas las virtudes consustanciales de la lectura de libros, se vuelven verdades absolutas y fuentes de frustraciones y decepciones. ¿Quién piensa hoy, inteligentemente, que la Iglesia y la policía son los mejores refugios para los necesitados de protección? Y sin embargo hubo un tiempo en que esto se daba por hecho. Hoy sabemos que casi da lo mismo enviar a los hijos y a las hijas a la doctrina religiosa que a un casting en la televisión o en la industria de la moda. Los depredadores sexuales que pueden encontrar, en esos distintos medios, es probable que sean bastante parecidos, con el atenuante, en los casos de la televisión y de la moda, que éstos no predican nuestra salvación espiritual. En un medio y en un tiempo en los que cada vez es más difícil distinguir a los policías de los delincuentes, a los buenos de los malos, la realidad nos exige responder, sin candor ni falsas utopías, qué clase de moralidad atribuimos al imperativo de leer libros cuando llegamos a suponer, con la más absoluta ingenuidad, que un secuestrador no se hubiera convertido en tal ni hubiese asesinado a sus víctimas de haber leído a tiempo Cien años de soledad o Pedro

falte, la seguridad sea buena, la salud digna y los servicios públicos responsables? ¿No hay cosas y necesidades que, en condiciones desfavorables, son tanto o más importantes que leer libros? No se trata de preguntas retóricas. Son interrogantes por el libro, con el libro, pero sobre todo más allá del libro. Todas las cosas que no cuestionamos, incluidas las virtudes consustanciales de la lectura de libros, se vuelven verdades absolutas y fuentes de frustraciones y decepciones. ¿Quién piensa hoy, inteligentemente, que la Iglesia y la policía son los mejores refugios para los necesitados de protección? Y sin embargo hubo un tiempo en que esto se daba por hecho. Hoy sabemos que casi da lo mismo enviar a los hijos y a las hijas a la doctrina religiosa que a un casting en la televisión o en la industria de la moda. Los depredadores sexuales que pueden encontrar, en esos distintos medios, es probable que sean bastante parecidos, con el atenuante, en los casos de la televisión y de la moda, que éstos no predican nuestra salvación espiritual. En un medio y en un tiempo en los que cada vez es más difícil distinguir a los policías de los delincuentes, a los buenos de los malos, la realidad nos exige responder, sin candor ni falsas utopías, qué clase de moralidad atribuimos al imperativo de leer libros cuando llegamos a suponer, con la más absoluta ingenuidad, que un secuestrador no se hubiera convertido en tal ni hubiese asesinado a sus víctimas de haber leído a tiempo Cien años de soledad o Pedro

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Páramo. Hay intelectuales, del todo respetables, inteligentes, sensibles y bien informados, que así lo creen o que, al menos, así lo afirman, sin considerar que los problemas de la lectura, la cultura y la educación también están vinculados a la pobreza, la miseria, la frustración, la falta de empleos, la ausencia de oportunidades, la corrupción pública y toda una serie de factores sociales, políticos y económicos de la estructura de un Estado. La hipótesis culturalista del bien absoluto y abstracto que proporcionan los libros proviene, seguramente, de las abundantes sentencias pretéritas y los muchos adagios clásicos sobre la nobleza de la lectura, que atribuyen al buen libro la capacidad de conmover y convencer a las fieras y, más aún, a las piedras. René Descartes afirmó: “La lectura de todo buen libro es como una conversación con los hombres que lo han escrito, los más dignos de las edades pasadas, una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos”. ¿Y no acaso Don Quijote, con su sola presencia y su elocuente estampa, tiene el poder de amansar leones? Parecida es la idea de Rubén Darío en su responso a Verlaine: la fiera se amansa con la poesía, con los libros e incluso con la sola memoria de los altos espíritus, ni siquiera convocados, sino tan sólo presentidos en su tumba. En sus espléndidos versos, Darío dice: “Que tu sepulcro cubra de flores Primavera;/ que se humedezca el áspero hocico de la fiera/ de amor, si pasa por allí”.

Páramo. Hay intelectuales, del todo respetables, inteligentes, sensibles y bien informados, que así lo creen o que, al menos, así lo afirman, sin considerar que los problemas de la lectura, la cultura y la educación también están vinculados a la pobreza, la miseria, la frustración, la falta de empleos, la ausencia de oportunidades, la corrupción pública y toda una serie de factores sociales, políticos y económicos de la estructura de un Estado. La hipótesis culturalista del bien absoluto y abstracto que proporcionan los libros proviene, seguramente, de las abundantes sentencias pretéritas y los muchos adagios clásicos sobre la nobleza de la lectura, que atribuyen al buen libro la capacidad de conmover y convencer a las fieras y, más aún, a las piedras. René Descartes afirmó: “La lectura de todo buen libro es como una conversación con los hombres que lo han escrito, los más dignos de las edades pasadas, una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos”. ¿Y no acaso Don Quijote, con su sola presencia y su elocuente estampa, tiene el poder de amansar leones? Parecida es la idea de Rubén Darío en su responso a Verlaine: la fiera se amansa con la poesía, con los libros e incluso con la sola memoria de los altos espíritus, ni siquiera convocados, sino tan sólo presentidos en su tumba. En sus espléndidos versos, Darío dice: “Que tu sepulcro cubra de flores Primavera;/ que se humedezca el áspero hocico de la fiera/ de amor, si pasa por allí”.

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Páramo. Hay intelectuales, del todo respetables, inteligentes, sensibles y bien informados, que así lo creen o que, al menos, así lo afirman, sin considerar que los problemas de la lectura, la cultura y la educación también están vinculados a la pobreza, la miseria, la frustración, la falta de empleos, la ausencia de oportunidades, la corrupción pública y toda una serie de factores sociales, políticos y económicos de la estructura de un Estado. La hipótesis culturalista del bien absoluto y abstracto que proporcionan los libros proviene, seguramente, de las abundantes sentencias pretéritas y los muchos adagios clásicos sobre la nobleza de la lectura, que atribuyen al buen libro la capacidad de conmover y convencer a las fieras y, más aún, a las piedras. René Descartes afirmó: “La lectura de todo buen libro es como una conversación con los hombres que lo han escrito, los más dignos de las edades pasadas, una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos”. ¿Y no acaso Don Quijote, con su sola presencia y su elocuente estampa, tiene el poder de amansar leones? Parecida es la idea de Rubén Darío en su responso a Verlaine: la fiera se amansa con la poesía, con los libros e incluso con la sola memoria de los altos espíritus, ni siquiera convocados, sino tan sólo presentidos en su tumba. En sus espléndidos versos, Darío dice: “Que tu sepulcro cubra de flores Primavera;/ que se humedezca el áspero hocico de la fiera/ de amor, si pasa por allí”.

Páramo. Hay intelectuales, del todo respetables, inteligentes, sensibles y bien informados, que así lo creen o que, al menos, así lo afirman, sin considerar que los problemas de la lectura, la cultura y la educación también están vinculados a la pobreza, la miseria, la frustración, la falta de empleos, la ausencia de oportunidades, la corrupción pública y toda una serie de factores sociales, políticos y económicos de la estructura de un Estado. La hipótesis culturalista del bien absoluto y abstracto que proporcionan los libros proviene, seguramente, de las abundantes sentencias pretéritas y los muchos adagios clásicos sobre la nobleza de la lectura, que atribuyen al buen libro la capacidad de conmover y convencer a las fieras y, más aún, a las piedras. René Descartes afirmó: “La lectura de todo buen libro es como una conversación con los hombres que lo han escrito, los más dignos de las edades pasadas, una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos”. ¿Y no acaso Don Quijote, con su sola presencia y su elocuente estampa, tiene el poder de amansar leones? Parecida es la idea de Rubén Darío en su responso a Verlaine: la fiera se amansa con la poesía, con los libros e incluso con la sola memoria de los altos espíritus, ni siquiera convocados, sino tan sólo presentidos en su tumba. En sus espléndidos versos, Darío dice: “Que tu sepulcro cubra de flores Primavera;/ que se humedezca el áspero hocico de la fiera/ de amor, si pasa por allí”.

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¿Por qué creemos que el problema cultural sólo es de “lectura”, cuando las evidencias nos demuestran que involucra a toda una estructura socioeconómica, política, educativa y cultural? ¿Por qué sobrevaloramos y mistificamos los poderes del libro y el imperativo moral de leer, independientemente de que la realidad más apremiante y angustiosa permanezca inalterable? No hay nada peor que ignorar la realidad o tratar de esconderla debajo de una noble utopía, puesto que nos angustia y nos causa pavor. El libro es un libro: un objeto hecho por hombres. Cuando leemos un libro, quien nos habla, en sus páginas, es una persona. Igual hubiera podido hablarnos, con parecida torpeza o con similar inteligencia, si hubiésemos tenido oportunidad de conversar con ella. Que una cosa esté escrita no quiere decir que, por ese sólo hecho, sea verdadera. Si Montaigne no hubiese puesto en duda los saberes de Aristóteles ni hubiese discrepado de sus certezas no tendríamos la luminosidad de sus Ensayos. Los libros no sólo admiten, sino que exigen el diálogo, la reflexión y aun la discusión. El asunto de la lectura también lo necesita: la unanimidad nos aletarga, la diversidad y el desacuerdo nos despiertan. Y, al menos, para discutirlo, nunca como hoy es más necesario, releer el modelo de lector que proponía José Ortega y Gasset, hace casi un siglo, según lo describió en El espectador:

¿Por qué creemos que el problema cultural sólo es de “lectura”, cuando las evidencias nos demuestran que involucra a toda una estructura socioeconómica, política, educativa y cultural? ¿Por qué sobrevaloramos y mistificamos los poderes del libro y el imperativo moral de leer, independientemente de que la realidad más apremiante y angustiosa permanezca inalterable? No hay nada peor que ignorar la realidad o tratar de esconderla debajo de una noble utopía, puesto que nos angustia y nos causa pavor. El libro es un libro: un objeto hecho por hombres. Cuando leemos un libro, quien nos habla, en sus páginas, es una persona. Igual hubiera podido hablarnos, con parecida torpeza o con similar inteligencia, si hubiésemos tenido oportunidad de conversar con ella. Que una cosa esté escrita no quiere decir que, por ese sólo hecho, sea verdadera. Si Montaigne no hubiese puesto en duda los saberes de Aristóteles ni hubiese discrepado de sus certezas no tendríamos la luminosidad de sus Ensayos. Los libros no sólo admiten, sino que exigen el diálogo, la reflexión y aun la discusión. El asunto de la lectura también lo necesita: la unanimidad nos aletarga, la diversidad y el desacuerdo nos despiertan. Y, al menos, para discutirlo, nunca como hoy es más necesario, releer el modelo de lector que proponía José Ortega y Gasset, hace casi un siglo, según lo describió en El espectador:

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¿Por qué creemos que el problema cultural sólo es de “lectura”, cuando las evidencias nos demuestran que involucra a toda una estructura socioeconómica, política, educativa y cultural? ¿Por qué sobrevaloramos y mistificamos los poderes del libro y el imperativo moral de leer, independientemente de que la realidad más apremiante y angustiosa permanezca inalterable? No hay nada peor que ignorar la realidad o tratar de esconderla debajo de una noble utopía, puesto que nos angustia y nos causa pavor. El libro es un libro: un objeto hecho por hombres. Cuando leemos un libro, quien nos habla, en sus páginas, es una persona. Igual hubiera podido hablarnos, con parecida torpeza o con similar inteligencia, si hubiésemos tenido oportunidad de conversar con ella. Que una cosa esté escrita no quiere decir que, por ese sólo hecho, sea verdadera. Si Montaigne no hubiese puesto en duda los saberes de Aristóteles ni hubiese discrepado de sus certezas no tendríamos la luminosidad de sus Ensayos. Los libros no sólo admiten, sino que exigen el diálogo, la reflexión y aun la discusión. El asunto de la lectura también lo necesita: la unanimidad nos aletarga, la diversidad y el desacuerdo nos despiertan. Y, al menos, para discutirlo, nunca como hoy es más necesario, releer el modelo de lector que proponía José Ortega y Gasset, hace casi un siglo, según lo describió en El espectador:

¿Por qué creemos que el problema cultural sólo es de “lectura”, cuando las evidencias nos demuestran que involucra a toda una estructura socioeconómica, política, educativa y cultural? ¿Por qué sobrevaloramos y mistificamos los poderes del libro y el imperativo moral de leer, independientemente de que la realidad más apremiante y angustiosa permanezca inalterable? No hay nada peor que ignorar la realidad o tratar de esconderla debajo de una noble utopía, puesto que nos angustia y nos causa pavor. El libro es un libro: un objeto hecho por hombres. Cuando leemos un libro, quien nos habla, en sus páginas, es una persona. Igual hubiera podido hablarnos, con parecida torpeza o con similar inteligencia, si hubiésemos tenido oportunidad de conversar con ella. Que una cosa esté escrita no quiere decir que, por ese sólo hecho, sea verdadera. Si Montaigne no hubiese puesto en duda los saberes de Aristóteles ni hubiese discrepado de sus certezas no tendríamos la luminosidad de sus Ensayos. Los libros no sólo admiten, sino que exigen el diálogo, la reflexión y aun la discusión. El asunto de la lectura también lo necesita: la unanimidad nos aletarga, la diversidad y el desacuerdo nos despiertan. Y, al menos, para discutirlo, nunca como hoy es más necesario, releer el modelo de lector que proponía José Ortega y Gasset, hace casi un siglo, según lo describió en El espectador:

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Lectores a quienes interesen las cosas aparte de sus consecuencias, cualesquiera que ellas sean, morales inclusive. Lectores meditabundos que se complazcan en perseguir la fisonomía de los objetos en toda su delica­da, compleja estructura. Lectores sin prisa, advertidos de que toda opinión justa es larga de expresar. Lectores que al leer repiensen por sí mismos los temas sobre que han leído. Lectores que no exijan ser convencidos, pero a la vez se hallen dispuestos a renacer en toda hora de un credo habitual a un credo insólito. Lecto­res que, como el autor, se hayan reservado un trozo de alma antipolítico. En suma: lectores incapaces de oír un sermón, de apasionarse en un mitin y juzgar de personas y cosas en una tertulia de café.

Lectores a quienes interesen las cosas aparte de sus consecuencias, cualesquiera que ellas sean, morales inclusive. Lectores meditabundos que se complazcan en perseguir la fisonomía de los objetos en toda su delica­da, compleja estructura. Lectores sin prisa, advertidos de que toda opinión justa es larga de expresar. Lectores que al leer repiensen por sí mismos los temas sobre que han leído. Lectores que no exijan ser convencidos, pero a la vez se hallen dispuestos a renacer en toda hora de un credo habitual a un credo insólito. Lecto­res que, como el autor, se hayan reservado un trozo de alma antipolítico. En suma: lectores incapaces de oír un sermón, de apasionarse en un mitin y juzgar de personas y cosas en una tertulia de café.

Si escribir y leer es comprometerse, si todo acto exige una responsabilidad, y si toda acción tiene una consecuencia, busquémosle tres pies al gato: repensemos el libro, releamos la existencia.

Si escribir y leer es comprometerse, si todo acto exige una responsabilidad, y si toda acción tiene una consecuencia, busquémosle tres pies al gato: repensemos el libro, releamos la existencia.

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Lectores a quienes interesen las cosas aparte de sus consecuencias, cualesquiera que ellas sean, morales inclusive. Lectores meditabundos que se complazcan en perseguir la fisonomía de los objetos en toda su delica­da, compleja estructura. Lectores sin prisa, advertidos de que toda opinión justa es larga de expresar. Lectores que al leer repiensen por sí mismos los temas sobre que han leído. Lectores que no exijan ser convencidos, pero a la vez se hallen dispuestos a renacer en toda hora de un credo habitual a un credo insólito. Lecto­res que, como el autor, se hayan reservado un trozo de alma antipolítico. En suma: lectores incapaces de oír un sermón, de apasionarse en un mitin y juzgar de personas y cosas en una tertulia de café.

Lectores a quienes interesen las cosas aparte de sus consecuencias, cualesquiera que ellas sean, morales inclusive. Lectores meditabundos que se complazcan en perseguir la fisonomía de los objetos en toda su delica­da, compleja estructura. Lectores sin prisa, advertidos de que toda opinión justa es larga de expresar. Lectores que al leer repiensen por sí mismos los temas sobre que han leído. Lectores que no exijan ser convencidos, pero a la vez se hallen dispuestos a renacer en toda hora de un credo habitual a un credo insólito. Lecto­res que, como el autor, se hayan reservado un trozo de alma antipolítico. En suma: lectores incapaces de oír un sermón, de apasionarse en un mitin y juzgar de personas y cosas en una tertulia de café.

Si escribir y leer es comprometerse, si todo acto exige una responsabilidad, y si toda acción tiene una consecuencia, busquémosle tres pies al gato: repensemos el libro, releamos la existencia.

Si escribir y leer es comprometerse, si todo acto exige una responsabilidad, y si toda acción tiene una consecuencia, busquémosle tres pies al gato: repensemos el libro, releamos la existencia.

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1 Primero la vida

1 Primero la vida

La vida está llena de cosas buenas, fantásticas, increíbles, divertidas

La vida está llena de cosas buenas, fantásticas, increíbles, divertidas

y apasionantes que no son libros, y está llena de asuntos extraordinariamente vitales y enriquecedores de la experiencia, la inteligencia y la sensibilidad, que escapan a toda exigencia bibliográfica. Decir esto no es desdeñar los libros que tanto amamos, sino poner las cosas en su justo sitio y reconocer que no todo lo mejor de la vida es escribir y leer. Hay música extraordinaria, paseos espléndidos, frutos prodigiosos, amores inolvidables, películas imprescindibles, pinturas maravillosas, coitos muchísimo mejores que los libros eróticos o las películas pornográficas, bellezas nada librescas, sensaciones singulares que no nos remiten necesariamente a un libro o que nos pueden remitir a un libro pero que, de todos modos, son felices o dolorosas independientemente de los libros. “­Primero

y apasionantes que no son libros, y está llena de asuntos extraordinariamente vitales y enriquecedores de la experiencia, la inteligencia y la sensibilidad, que escapan a toda exigencia bibliográfica. Decir esto no es desdeñar los libros que tanto amamos, sino poner las cosas en su justo sitio y reconocer que no todo lo mejor de la vida es escribir y leer. Hay música extraordinaria, paseos espléndidos, frutos prodigiosos, amores inolvidables, películas imprescindibles, pinturas maravillosas, coitos muchísimo mejores que los libros eróticos o las películas pornográficas, bellezas nada librescas, sensaciones singulares que no nos remiten necesariamente a un libro o que nos pueden remitir a un libro pero que, de todos modos, son felices o dolorosas independientemente de los libros. “­Primero

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1 Primero la vida

1 Primero la vida

La vida está llena de cosas buenas, fantásticas, increíbles, divertidas

La vida está llena de cosas buenas, fantásticas, increíbles, divertidas

y apasionantes que no son libros, y está llena de asuntos extraordinariamente vitales y enriquecedores de la experiencia, la inteligencia y la sensibilidad, que escapan a toda exigencia bibliográfica. Decir esto no es desdeñar los libros que tanto amamos, sino poner las cosas en su justo sitio y reconocer que no todo lo mejor de la vida es escribir y leer. Hay música extraordinaria, paseos espléndidos, frutos prodigiosos, amores inolvidables, películas imprescindibles, pinturas maravillosas, coitos muchísimo mejores que los libros eróticos o las películas pornográficas, bellezas nada librescas, sensaciones singulares que no nos remiten necesariamente a un libro o que nos pueden remitir a un libro pero que, de todos modos, son felices o dolorosas independientemente de los libros. “­Primero

y apasionantes que no son libros, y está llena de asuntos extraordinariamente vitales y enriquecedores de la experiencia, la inteligencia y la sensibilidad, que escapan a toda exigencia bibliográfica. Decir esto no es desdeñar los libros que tanto amamos, sino poner las cosas en su justo sitio y reconocer que no todo lo mejor de la vida es escribir y leer. Hay música extraordinaria, paseos espléndidos, frutos prodigiosos, amores inolvidables, películas imprescindibles, pinturas maravillosas, coitos muchísimo mejores que los libros eróticos o las películas pornográficas, bellezas nada librescas, sensaciones singulares que no nos remiten necesariamente a un libro o que nos pueden remitir a un libro pero que, de todos modos, son felices o dolorosas independientemente de los libros. “­Primero

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vivir, después filosofar”, dijo Thomas Hobbes en su Leviatán. Si los libros y el amor a los libros no nos sirven para ser más humanos y para amar y comprender mejor la vida, entonces no sirven para mucho. El fanatismo de la abstracción culturalista engendra sus monstruos y sus monstruosidades. Nunca olvidaré el gesto nobilísimo de aquel asesor cultural (Martin ­Sullivan) del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que no dijo nada mientras, en Irak, en 2003, las bombas del ejército estadunidense caían en racimo sobre las personas, pero que se indignó, al grado de renunciar a su cargo, cuando esas bombas y el pillaje cayeron sobre los libros y los tesoros de la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico de Bagdad. Para él, unos miles de seres humanos desmembrados no resultaban pérdida tan cuantiosa como unas primeras ediciones y unas antiquísimas tablillas de arcilla con escritura sumeria de cuatro mil años. Por eso no renunció antes. Lo hizo solamente cuando la destrucción alcanzó a los tesoros culturales. ¡Vaya nobleza!

vivir, después filosofar”, dijo Thomas Hobbes en su Leviatán. Si los libros y el amor a los libros no nos sirven para ser más humanos y para amar y comprender mejor la vida, entonces no sirven para mucho. El fanatismo de la abstracción culturalista engendra sus monstruos y sus monstruosidades. Nunca olvidaré el gesto nobilísimo de aquel asesor cultural (Martin ­Sullivan) del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que no dijo nada mientras, en Irak, en 2003, las bombas del ejército estadunidense caían en racimo sobre las personas, pero que se indignó, al grado de renunciar a su cargo, cuando esas bombas y el pillaje cayeron sobre los libros y los tesoros de la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico de Bagdad. Para él, unos miles de seres humanos desmembrados no resultaban pérdida tan cuantiosa como unas primeras ediciones y unas antiquísimas tablillas de arcilla con escritura sumeria de cuatro mil años. Por eso no renunció antes. Lo hizo solamente cuando la destrucción alcanzó a los tesoros culturales. ¡Vaya nobleza!

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vivir, después filosofar”, dijo Thomas Hobbes en su Leviatán. Si los libros y el amor a los libros no nos sirven para ser más humanos y para amar y comprender mejor la vida, entonces no sirven para mucho. El fanatismo de la abstracción culturalista engendra sus monstruos y sus monstruosidades. Nunca olvidaré el gesto nobilísimo de aquel asesor cultural (Martin ­Sullivan) del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que no dijo nada mientras, en Irak, en 2003, las bombas del ejército estadunidense caían en racimo sobre las personas, pero que se indignó, al grado de renunciar a su cargo, cuando esas bombas y el pillaje cayeron sobre los libros y los tesoros de la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico de Bagdad. Para él, unos miles de seres humanos desmembrados no resultaban pérdida tan cuantiosa como unas primeras ediciones y unas antiquísimas tablillas de arcilla con escritura sumeria de cuatro mil años. Por eso no renunció antes. Lo hizo solamente cuando la destrucción alcanzó a los tesoros culturales. ¡Vaya nobleza!

vivir, después filosofar”, dijo Thomas Hobbes en su Leviatán. Si los libros y el amor a los libros no nos sirven para ser más humanos y para amar y comprender mejor la vida, entonces no sirven para mucho. El fanatismo de la abstracción culturalista engendra sus monstruos y sus monstruosidades. Nunca olvidaré el gesto nobilísimo de aquel asesor cultural (Martin ­Sullivan) del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que no dijo nada mientras, en Irak, en 2003, las bombas del ejército estadunidense caían en racimo sobre las personas, pero que se indignó, al grado de renunciar a su cargo, cuando esas bombas y el pillaje cayeron sobre los libros y los tesoros de la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico de Bagdad. Para él, unos miles de seres humanos desmembrados no resultaban pérdida tan cuantiosa como unas primeras ediciones y unas antiquísimas tablillas de arcilla con escritura sumeria de cuatro mil años. Por eso no renunció antes. Lo hizo solamente cuando la destrucción alcanzó a los tesoros culturales. ¡Vaya nobleza!

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repensar el libro

repensar el libro

Descubrí que los libros no se terminan nunca, que

Descubrí que los libros no se terminan nunca, que

Paul Auster [El cuaderno rojo, Anagrama, Barcelona, 1994]

Paul Auster [El cuaderno rojo, Anagrama, Barcelona, 1994]

Me asombran esos idiotas presuntuosos, ensoberbe-

Me asombran esos idiotas presuntuosos, ensoberbe-

es posible que las historias continúen escribiéndose a sí mismas sin autor.

Georges Bernanos [Los grandes cementerios bajo la luna, Alianza, Madrid, 1986]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Georges Bernanos [Los grandes cementerios bajo la luna, Alianza, Madrid, 1986]

cidos por la cultura, plagados de libros como otros de piojos que, levantando con delicadeza el dedo meñique, afirman que nada nuevo sucede en el mundo.

releer la vida

cidos por la cultura, plagados de libros como otros de piojos que, levantando con delicadeza el dedo meñique, afirman que nada nuevo sucede en el mundo.

es posible que las historias continúen escribiéndose a sí mismas sin autor.

Descubrí que los libros no se terminan nunca, que

Descubrí que los libros no se terminan nunca, que

Paul Auster [El cuaderno rojo, Anagrama, Barcelona, 1994]

Paul Auster [El cuaderno rojo, Anagrama, Barcelona, 1994]

Me asombran esos idiotas presuntuosos, ensoberbe-

Me asombran esos idiotas presuntuosos, ensoberbe-

es posible que las historias continúen escribiéndose a sí mismas sin autor.

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cidos por la cultura, plagados de libros como otros de piojos que, levantando con delicadeza el dedo meñique, afirman que nada nuevo sucede en el mundo. Georges Bernanos [Los grandes cementerios bajo la luna, Alianza, Madrid, 1986]

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releer la vida

Georges Bernanos [Los grandes cementerios bajo la luna, Alianza, Madrid, 1986]

releer la vida

cidos por la cultura, plagados de libros como otros de piojos que, levantando con delicadeza el dedo meñique, afirman que nada nuevo sucede en el mundo.

es posible que las historias continúen escribiéndose a sí mismas sin autor.

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repensar el libro

repensar el libro

Puede ser que con el tiempo desaparezcan los libros,

que por el lado de las máquinas, de la tecnología, vengan otras cosas, pero siempre habrá novelas. Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

No sé si la gente lee prejuiciosamente —no estoy condenando a nadie— o si lee los libros a través de suposiciones previas sobre la realidad, y entonces encuentra en los libros lo que quiere encontrar.

que por el lado de las máquinas, de la tecnología, vengan otras cosas, pero siempre habrá novelas. Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

No sé si la gente lee prejuiciosamente —no estoy condenando a nadie— o si lee los libros a través de suposiciones previas sobre la realidad, y entonces encuentra en los libros lo que quiere encontrar.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Hay libros estúpidos que han sido escritos para ser

Hay libros estúpidos que han sido escritos para ser

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

admirados, no para ser leídos.

admirados, no para ser leídos.

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Puede ser que con el tiempo desaparezcan los libros,

Puede ser que con el tiempo desaparezcan los libros,

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que por el lado de las máquinas, de la tecnología, vengan otras cosas, pero siempre habrá novelas. Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

No sé si la gente lee prejuiciosamente —no estoy condenando a nadie— o si lee los libros a través de suposiciones previas sobre la realidad, y entonces encuentra en los libros lo que quiere encontrar.

que por el lado de las máquinas, de la tecnología, vengan otras cosas, pero siempre habrá novelas. Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

No sé si la gente lee prejuiciosamente —no estoy condenando a nadie— o si lee los libros a través de suposiciones previas sobre la realidad, y entonces encuentra en los libros lo que quiere encontrar.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Hay libros estúpidos que han sido escritos para ser

Hay libros estúpidos que han sido escritos para ser

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

admirados, no para ser leídos.

admirados, no para ser leídos.

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releer la vida

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releer la vida

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repensar el libro

Puede ser que con el tiempo desaparezcan los libros,

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2 Ignorancia de los libros

2 Ignorancia de los libros

En Las consolaciones de la filosofía, Alain de Botton nos recuerda que

En Las consolaciones de la filosofía, Alain de Botton nos recuerda que

“a la luz del modelo de inteligencia que maneja Montaigne, lo que importa en un libro es su utilidad y su conveniencia para la vida; resulta menos valioso transmitir con precisión lo que escribió Platón o lo que quiso decir Epicuro que juzgar si lo que dijeron tiene interés y puede ayudarnos a vencer nuestra angustia o nuestra soledad”. Y esto es exacto. En sus Ensayos, Montaigne advierte que “los sabios, a los que incumbe la jurisdicción libresca, no conocen más valor que el de la doctrina y no aceptan otro proceso de nuestras mentes que el de la erudición y el esfuerzo: si habéis confundido a un Escipión con otro, ¿qué otra cosa que valga podéis decir? Quien ignora a Aristóteles, según ellos, se ignora también a sí mismo”. Lo cierto es que —sea dicho por Montaigne

“a la luz del modelo de inteligencia que maneja Montaigne, lo que importa en un libro es su utilidad y su conveniencia para la vida; resulta menos valioso transmitir con precisión lo que escribió Platón o lo que quiso decir Epicuro que juzgar si lo que dijeron tiene interés y puede ayudarnos a vencer nuestra angustia o nuestra soledad”. Y esto es exacto. En sus Ensayos, Montaigne advierte que “los sabios, a los que incumbe la jurisdicción libresca, no conocen más valor que el de la doctrina y no aceptan otro proceso de nuestras mentes que el de la erudición y el esfuerzo: si habéis confundido a un Escipión con otro, ¿qué otra cosa que valga podéis decir? Quien ignora a Aristóteles, según ellos, se ignora también a sí mismo”. Lo cierto es que —sea dicho por Montaigne

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2 Ignorancia de los libros

2 Ignorancia de los libros

En Las consolaciones de la filosofía, Alain de Botton nos recuerda que

En Las consolaciones de la filosofía, Alain de Botton nos recuerda que

“a la luz del modelo de inteligencia que maneja Montaigne, lo que importa en un libro es su utilidad y su conveniencia para la vida; resulta menos valioso transmitir con precisión lo que escribió Platón o lo que quiso decir Epicuro que juzgar si lo que dijeron tiene interés y puede ayudarnos a vencer nuestra angustia o nuestra soledad”. Y esto es exacto. En sus Ensayos, Montaigne advierte que “los sabios, a los que incumbe la jurisdicción libresca, no conocen más valor que el de la doctrina y no aceptan otro proceso de nuestras mentes que el de la erudición y el esfuerzo: si habéis confundido a un Escipión con otro, ¿qué otra cosa que valga podéis decir? Quien ignora a Aristóteles, según ellos, se ignora también a sí mismo”. Lo cierto es que —sea dicho por Montaigne

“a la luz del modelo de inteligencia que maneja Montaigne, lo que importa en un libro es su utilidad y su conveniencia para la vida; resulta menos valioso transmitir con precisión lo que escribió Platón o lo que quiso decir Epicuro que juzgar si lo que dijeron tiene interés y puede ayudarnos a vencer nuestra angustia o nuestra soledad”. Y esto es exacto. En sus Ensayos, Montaigne advierte que “los sabios, a los que incumbe la jurisdicción libresca, no conocen más valor que el de la doctrina y no aceptan otro proceso de nuestras mentes que el de la erudición y el esfuerzo: si habéis confundido a un Escipión con otro, ¿qué otra cosa que valga podéis decir? Quien ignora a Aristóteles, según ellos, se ignora también a sí mismo”. Lo cierto es que —sea dicho por Montaigne

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o por Juan Pérez— ignorar los libros no nos impide vivir intensamente la existencia. Esto lo sabemos, mejor que nadie, los que hoy leemos libros y tuvimos un pasado de no lectores. Perdóneme el lector este ejemplo: leí mi primer libro completo, por accidente más que por deber o recomendación, a los diez años de edad, pero guardo de mis años anteriores, huérfanos de bibliografía, un recuerdo de experiencias y emociones profundas que siguen siendo hoy decisivas para mi vida y para mi escritura. Aunque sabemos esto mejor que nadie, no somos muy dados a decirlo o siquiera a aceptarlo porque sentimos que nos traicionamos intelectualmente o que le hacemos una muy mala propaganda al libro; sentimos que no deberíamos decirlo, aunque sea verdad, porque ofrecemos la impresión de que podemos vivir sin libros y aun así ser felices. Pero no sólo es una impresión: es una certeza. Los libros que leemos nos aportan algo más a la felicidad de vivir, pero los libros que no leemos no tienen el poder de hacernos infelices.

o por Juan Pérez— ignorar los libros no nos impide vivir intensamente la existencia. Esto lo sabemos, mejor que nadie, los que hoy leemos libros y tuvimos un pasado de no lectores. Perdóneme el lector este ejemplo: leí mi primer libro completo, por accidente más que por deber o recomendación, a los diez años de edad, pero guardo de mis años anteriores, huérfanos de bibliografía, un recuerdo de experiencias y emociones profundas que siguen siendo hoy decisivas para mi vida y para mi escritura. Aunque sabemos esto mejor que nadie, no somos muy dados a decirlo o siquiera a aceptarlo porque sentimos que nos traicionamos intelectualmente o que le hacemos una muy mala propaganda al libro; sentimos que no deberíamos decirlo, aunque sea verdad, porque ofrecemos la impresión de que podemos vivir sin libros y aun así ser felices. Pero no sólo es una impresión: es una certeza. Los libros que leemos nos aportan algo más a la felicidad de vivir, pero los libros que no leemos no tienen el poder de hacernos infelices.

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o por Juan Pérez— ignorar los libros no nos impide vivir intensamente la existencia. Esto lo sabemos, mejor que nadie, los que hoy leemos libros y tuvimos un pasado de no lectores. Perdóneme el lector este ejemplo: leí mi primer libro completo, por accidente más que por deber o recomendación, a los diez años de edad, pero guardo de mis años anteriores, huérfanos de bibliografía, un recuerdo de experiencias y emociones profundas que siguen siendo hoy decisivas para mi vida y para mi escritura. Aunque sabemos esto mejor que nadie, no somos muy dados a decirlo o siquiera a aceptarlo porque sentimos que nos traicionamos intelectualmente o que le hacemos una muy mala propaganda al libro; sentimos que no deberíamos decirlo, aunque sea verdad, porque ofrecemos la impresión de que podemos vivir sin libros y aun así ser felices. Pero no sólo es una impresión: es una certeza. Los libros que leemos nos aportan algo más a la felicidad de vivir, pero los libros que no leemos no tienen el poder de hacernos infelices.

o por Juan Pérez— ignorar los libros no nos impide vivir intensamente la existencia. Esto lo sabemos, mejor que nadie, los que hoy leemos libros y tuvimos un pasado de no lectores. Perdóneme el lector este ejemplo: leí mi primer libro completo, por accidente más que por deber o recomendación, a los diez años de edad, pero guardo de mis años anteriores, huérfanos de bibliografía, un recuerdo de experiencias y emociones profundas que siguen siendo hoy decisivas para mi vida y para mi escritura. Aunque sabemos esto mejor que nadie, no somos muy dados a decirlo o siquiera a aceptarlo porque sentimos que nos traicionamos intelectualmente o que le hacemos una muy mala propaganda al libro; sentimos que no deberíamos decirlo, aunque sea verdad, porque ofrecemos la impresión de que podemos vivir sin libros y aun así ser felices. Pero no sólo es una impresión: es una certeza. Los libros que leemos nos aportan algo más a la felicidad de vivir, pero los libros que no leemos no tienen el poder de hacernos infelices.

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repensar el libro

repensar el libro

Todo libro es una máquina que funciona con el

Todo libro es una máquina que funciona con el

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras

de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares,

de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares,

Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Presto libros, regalo libros, porque pienso que el libro

Presto libros, regalo libros, porque pienso que el libro

texto y el lector. El autor puede desaparecer, pero si no hay lector no hay libro. El libro en la biblioteca está muerto.

de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

existe sólo cuando se lo lee.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras

releer la vida

existe sólo cuando se lo lee.

texto y el lector. El autor puede desaparecer, pero si no hay lector no hay libro. El libro en la biblioteca está muerto.

Todo libro es una máquina que funciona con el

Todo libro es una máquina que funciona con el

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras

de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares,

de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares,

Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Presto libros, regalo libros, porque pienso que el libro

Presto libros, regalo libros, porque pienso que el libro

texto y el lector. El autor puede desaparecer, pero si no hay lector no hay libro. El libro en la biblioteca está muerto.

de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

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existe sólo cuando se lo lee.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

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releer la vida

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras

releer la vida

existe sólo cuando se lo lee.

texto y el lector. El autor puede desaparecer, pero si no hay lector no hay libro. El libro en la biblioteca está muerto.

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repensar el libro

repensar el libro

Cuando varios libros de un autor nos han gustado mucho, necesitamos conocer todos los que ha escrito.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Con cada nuevo libro, los escritores y poetas arriesgan, a mi parecer, todo lo que han escrito hasta entonces.

Cuando varios libros de un autor nos han gustado mucho, necesitamos conocer todos los que ha escrito.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Con cada nuevo libro, los escritores y poetas arriesgan, a mi parecer, todo lo que han escrito hasta entonces.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

No es mero azar que en todas partes donde se consi-

No es mero azar que en todas partes donde se consi-

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

dera al espíritu como un peligro, se prohíban primero los libros.

dera al espíritu como un peligro, se prohíban primero los libros.

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Cuando varios libros de un autor nos han gus-

Cuando varios libros de un autor nos han gus-

repensar el libro

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releer la vida

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tado mucho, necesitamos conocer todos los que ha escrito.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Con cada nuevo libro, los escritores y poetas arriesgan, a mi parecer, todo lo que han escrito hasta entonces.

tado mucho, necesitamos conocer todos los que ha escrito.

Adolfo Bioy Casares [Noemí Ulla, Aventuras de la imaginación: conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Corregidor, Buenos Aires, 1990]

Con cada nuevo libro, los escritores y poetas arriesgan, a mi parecer, todo lo que han escrito hasta entonces.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

No es mero azar que en todas partes donde se consi-

No es mero azar que en todas partes donde se consi-

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

dera al espíritu como un peligro, se prohíban primero los libros.

dera al espíritu como un peligro, se prohíban primero los libros.

releer la vida

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3 Leer y no leer

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No soy un nihilista del libro. No confundamos las cosas, dolosa-

No soy un nihilista del libro. No confundamos las cosas, dolosa-

mente, ante la tristeza y el dolor de la verdad. No digo que el libro carezca de importancia. Lo que digo es que no es lo que más importa, incluso para un gran lector, por más que hayamos hecho a partir de él (como “idea”), una teoría mística que le confiere todo el poder de redención humana y felicidad a un objeto al que le hemos levantado un templo con absoluta y laica religiosidad. El objeto así deja de ser objeto y pasa a ser sagrada abstracción. André Glucksmann, el filósofo francés, ha escrito: “Europa occidental, con Francia a la cabeza, sustituyó la iglesia por la universidad. En cada barrio, una escuela sustituye a los templos desiertos, perpetúa el culto del Libro que ha pasado a ser celebración profana del poder absoluto de los libros”. Este poder absoluto de los libros ha hecho

mente, ante la tristeza y el dolor de la verdad. No digo que el libro carezca de importancia. Lo que digo es que no es lo que más importa, incluso para un gran lector, por más que hayamos hecho a partir de él (como “idea”), una teoría mística que le confiere todo el poder de redención humana y felicidad a un objeto al que le hemos levantado un templo con absoluta y laica religiosidad. El objeto así deja de ser objeto y pasa a ser sagrada abstracción. André Glucksmann, el filósofo francés, ha escrito: “Europa occidental, con Francia a la cabeza, sustituyó la iglesia por la universidad. En cada barrio, una escuela sustituye a los templos desiertos, perpetúa el culto del Libro que ha pasado a ser celebración profana del poder absoluto de los libros”. Este poder absoluto de los libros ha hecho

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3 Leer y no leer

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No soy un nihilista del libro. No confundamos las cosas, dolosa-

No soy un nihilista del libro. No confundamos las cosas, dolosa-

mente, ante la tristeza y el dolor de la verdad. No digo que el libro carezca de importancia. Lo que digo es que no es lo que más importa, incluso para un gran lector, por más que hayamos hecho a partir de él (como “idea”), una teoría mística que le confiere todo el poder de redención humana y felicidad a un objeto al que le hemos levantado un templo con absoluta y laica religiosidad. El objeto así deja de ser objeto y pasa a ser sagrada abstracción. André Glucksmann, el filósofo francés, ha escrito: “Europa occidental, con Francia a la cabeza, sustituyó la iglesia por la universidad. En cada barrio, una escuela sustituye a los templos desiertos, perpetúa el culto del Libro que ha pasado a ser celebración profana del poder absoluto de los libros”. Este poder absoluto de los libros ha hecho

mente, ante la tristeza y el dolor de la verdad. No digo que el libro carezca de importancia. Lo que digo es que no es lo que más importa, incluso para un gran lector, por más que hayamos hecho a partir de él (como “idea”), una teoría mística que le confiere todo el poder de redención humana y felicidad a un objeto al que le hemos levantado un templo con absoluta y laica religiosidad. El objeto así deja de ser objeto y pasa a ser sagrada abstracción. André Glucksmann, el filósofo francés, ha escrito: “Europa occidental, con Francia a la cabeza, sustituyó la iglesia por la universidad. En cada barrio, una escuela sustituye a los templos desiertos, perpetúa el culto del Libro que ha pasado a ser celebración profana del poder absoluto de los libros”. Este poder absoluto de los libros ha hecho

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más mal que bien a la propagación de la lectura. La deshumanización no es algo que tenga que ver, exclusivamente, con la falta de libros. Hay peores razones y peores sinsentidos que no leer. Pasé muchos años sin leer El Anticristo, de Nietzsche, y no me sucedió nada. Cuando lo leí, agradecí a Nietzsche su iconoclasia, pero sigo sin leer muchos otros libros que habría que leer (a cambio de haber leído otros) y me moriré probablemente sin leerlos, pero la vida no es una carrera contra el tiempo para agotar “todo lo que hay que leer” (como dijera, con frase rotundamente ridícula cierta académica de Bremen que, a sus 37 años, ya leyó todo lo que hay que leer, porque, si no, ¿cómo hubiese podido escribir un libro así titulado si ella misma no hubiese leído todos los libros reseñados?).

más mal que bien a la propagación de la lectura. La deshumanización no es algo que tenga que ver, exclusivamente, con la falta de libros. Hay peores razones y peores sinsentidos que no leer. Pasé muchos años sin leer El Anticristo, de Nietzsche, y no me sucedió nada. Cuando lo leí, agradecí a Nietzsche su iconoclasia, pero sigo sin leer muchos otros libros que habría que leer (a cambio de haber leído otros) y me moriré probablemente sin leerlos, pero la vida no es una carrera contra el tiempo para agotar “todo lo que hay que leer” (como dijera, con frase rotundamente ridícula cierta académica de Bremen que, a sus 37 años, ya leyó todo lo que hay que leer, porque, si no, ¿cómo hubiese podido escribir un libro así titulado si ella misma no hubiese leído todos los libros reseñados?).

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más mal que bien a la propagación de la lectura. La deshumanización no es algo que tenga que ver, exclusivamente, con la falta de libros. Hay peores razones y peores sinsentidos que no leer. Pasé muchos años sin leer El Anticristo, de Nietzsche, y no me sucedió nada. Cuando lo leí, agradecí a Nietzsche su iconoclasia, pero sigo sin leer muchos otros libros que habría que leer (a cambio de haber leído otros) y me moriré probablemente sin leerlos, pero la vida no es una carrera contra el tiempo para agotar “todo lo que hay que leer” (como dijera, con frase rotundamente ridícula cierta académica de Bremen que, a sus 37 años, ya leyó todo lo que hay que leer, porque, si no, ¿cómo hubiese podido escribir un libro así titulado si ella misma no hubiese leído todos los libros reseñados?).

más mal que bien a la propagación de la lectura. La deshumanización no es algo que tenga que ver, exclusivamente, con la falta de libros. Hay peores razones y peores sinsentidos que no leer. Pasé muchos años sin leer El Anticristo, de Nietzsche, y no me sucedió nada. Cuando lo leí, agradecí a Nietzsche su iconoclasia, pero sigo sin leer muchos otros libros que habría que leer (a cambio de haber leído otros) y me moriré probablemente sin leerlos, pero la vida no es una carrera contra el tiempo para agotar “todo lo que hay que leer” (como dijera, con frase rotundamente ridícula cierta académica de Bremen que, a sus 37 años, ya leyó todo lo que hay que leer, porque, si no, ¿cómo hubiese podido escribir un libro así titulado si ella misma no hubiese leído todos los libros reseñados?).

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repensar el libro

repensar el libro

Una de las ironías de la escritura es que a menudo

Una de las ironías de la escritura es que a menudo

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Un joven de dieciséis años compra en una librería de

Un joven de dieciséis años compra en una librería de

los libros de autores que escriben sin un propósito determinado contribuyen más a cambiar el mundo que los de aquellos que no cesan de invocar sus intenciones.

ocasión una obra de Nietzsche; una joven dama, agitada por las fiebres de la moda, pide el libro “que hay que haber leído”. Ni Nietzsche ni el candidato en la lista febril conocerán lo que han generado. Nosotros los iniciados creemos saber con precisión adónde pertenece Karl May, de qué mundo forma parte Marcel Proust; al afectado le da igual dónde ha cogido la fiebre:

repensar el libro

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releer la vida

releer la vida

ocasión una obra de Nietzsche; una joven dama, agitada por las fiebres de la moda, pide el libro “que hay que haber leído”. Ni Nietzsche ni el candidato en la lista febril conocerán lo que han generado. Nosotros los iniciados creemos saber con precisión adónde pertenece Karl May, de qué mundo forma parte Marcel Proust; al afectado le da igual dónde ha cogido la fiebre:

los libros de autores que escriben sin un propósito determinado contribuyen más a cambiar el mundo que los de aquellos que no cesan de invocar sus intenciones.

Una de las ironías de la escritura es que a menudo

Una de las ironías de la escritura es que a menudo

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Un joven de dieciséis años compra en una librería de

Un joven de dieciséis años compra en una librería de

los libros de autores que escriben sin un propósito determinado contribuyen más a cambiar el mundo que los de aquellos que no cesan de invocar sus intenciones.

ocasión una obra de Nietzsche; una joven dama, agitada por las fiebres de la moda, pide el libro “que hay que haber leído”. Ni Nietzsche ni el candidato en la lista febril conocerán lo que han generado. Nosotros los iniciados creemos saber con precisión adónde pertenece Karl May, de qué mundo forma parte Marcel Proust; al afectado le da igual dónde ha cogido la fiebre: 32

releer la vida

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ocasión una obra de Nietzsche; una joven dama, agitada por las fiebres de la moda, pide el libro “que hay que haber leído”. Ni Nietzsche ni el candidato en la lista febril conocerán lo que han generado. Nosotros los iniciados creemos saber con precisión adónde pertenece Karl May, de qué mundo forma parte Marcel Proust; al afectado le da igual dónde ha cogido la fiebre:

los libros de autores que escriben sin un propósito determinado contribuyen más a cambiar el mundo que los de aquellos que no cesan de invocar sus intenciones.

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Los libros son indefensos como sus autores; se publican en masa y sucumben en masa. Un muchacho quinceañero elige un libro entre los muchos que hay en una librería de ocasión... el volumen ya había sido malvendido cuando él aún no había nacido. Y, sin embargo, le ataca la fiebre.

si en el tranvía, atravesando un barrio sucio y periférico, o en un salón donde delicadamente tintinean las tazas de té. Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Los libros son indefensos como sus autores; se publican en masa y sucumben en masa. Un muchacho quinceañero elige un libro entre los muchos que hay en una librería de ocasión... el volumen ya había sido malvendido cuando él aún no había nacido. Y, sin embargo, le ataca la fiebre.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Los iniciados que escriben, critican, editan y venden

Los iniciados que escriben, critican, editan y venden

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

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si en el tranvía, atravesando un barrio sucio y periférico, o en un salón donde delicadamente tintinean las tazas de té.

si en el tranvía, atravesando un barrio sucio y periférico, o en un salón donde delicadamente tintinean las tazas de té.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Los libros son indefensos como sus autores; se publican en masa y sucumben en masa. Un muchacho quinceañero elige un libro entre los muchos que hay en una librería de ocasión... el volumen ya había sido malvendido cuando él aún no había nacido. Y, sin embargo, le ataca la fiebre.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Los libros son indefensos como sus autores; se publican en masa y sucumben en masa. Un muchacho quinceañero elige un libro entre los muchos que hay en una librería de ocasión... el volumen ya había sido malvendido cuando él aún no había nacido. Y, sin embargo, le ataca la fiebre.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Los iniciados que escriben, critican, editan y venden

Los iniciados que escriben, critican, editan y venden

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libros no saben lo que generan. Como en un permanente congreso de expertos disputan en una lengua secreta, distribuyen rangos y honores, se enfurecen cuando una obra, juzgada deficiente, alcanza de pronto el éxito. ¿No deberían enojarse también cuando triunfa un libro que consideran bueno? Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

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releer la vida

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

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libros no saben lo que generan. Como en un permanente congreso de expertos disputan en una lengua secreta, distribuyen rangos y honores, se enfurecen cuando una obra, juzgada deficiente, alcanza de pronto el éxito. ¿No deberían enojarse también cuando triunfa un libro que consideran bueno?

releer la vida

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

libros no saben lo que generan. Como en un permanente congreso de expertos disputan en una lengua secreta, distribuyen rangos y honores, se enfurecen cuando una obra, juzgada deficiente, alcanza de pronto el éxito. ¿No deberían enojarse también cuando triunfa un libro que consideran bueno?

releer la vida

libros no saben lo que generan. Como en un permanente congreso de expertos disputan en una lengua secreta, distribuyen rangos y honores, se enfurecen cuando una obra, juzgada deficiente, alcanza de pronto el éxito. ¿No deberían enojarse también cuando triunfa un libro que consideran bueno?

repensar el libro

repensar el libro

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

repensar el libro

repensar el libro

si en el tranvía, atravesando un barrio sucio y periférico, o en un salón donde delicadamente tintinean las tazas de té.

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Proyectos y planes de lectura

Proyectos y planes de lectura

“Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”, afirmó José

“Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”, afirmó José

Gaos. Es decir, el designio o pensamiento de ejecutar algo. Los catálogos de sinopsis bibliográficas son, en gran medida, los esquemas de esos proyectos ideales que tienen el gran inconveniente de conspirar contra la lectura misma. Los resúmenes de los libros que “nadie debería ignorar” sirven, sobre todo, para ya no tener que leer esos libros. Un plan de lectura para toda la vida (México, Planeta, 2008), de Clifton Fadiman y John S. Major, que, con la autoría del primero, circula en inglés desde 1960, habrá sido, en casi medio siglo, muy orientador para una buena cantidad de lectores, pero seguramente también habrá servido para que otros muchos dejaran de leer los libros recomendados y reseñados. Es cierto que este Plan es un libro ­ sensato,

Gaos. Es decir, el designio o pensamiento de ejecutar algo. Los catálogos de sinopsis bibliográficas son, en gran medida, los esquemas de esos proyectos ideales que tienen el gran inconveniente de conspirar contra la lectura misma. Los resúmenes de los libros que “nadie debería ignorar” sirven, sobre todo, para ya no tener que leer esos libros. Un plan de lectura para toda la vida (México, Planeta, 2008), de Clifton Fadiman y John S. Major, que, con la autoría del primero, circula en inglés desde 1960, habrá sido, en casi medio siglo, muy orientador para una buena cantidad de lectores, pero seguramente también habrá servido para que otros muchos dejaran de leer los libros recomendados y reseñados. Es cierto que este Plan es un libro ­ sensato,

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Proyectos y planes de lectura

Proyectos y planes de lectura

“Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”, afirmó José

“Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”, afirmó José

Gaos. Es decir, el designio o pensamiento de ejecutar algo. Los catálogos de sinopsis bibliográficas son, en gran medida, los esquemas de esos proyectos ideales que tienen el gran inconveniente de conspirar contra la lectura misma. Los resúmenes de los libros que “nadie debería ignorar” sirven, sobre todo, para ya no tener que leer esos libros. Un plan de lectura para toda la vida (México, Planeta, 2008), de Clifton Fadiman y John S. Major, que, con la autoría del primero, circula en inglés desde 1960, habrá sido, en casi medio siglo, muy orientador para una buena cantidad de lectores, pero seguramente también habrá servido para que otros muchos dejaran de leer los libros recomendados y reseñados. Es cierto que este Plan es un libro ­ sensato,

Gaos. Es decir, el designio o pensamiento de ejecutar algo. Los catálogos de sinopsis bibliográficas son, en gran medida, los esquemas de esos proyectos ideales que tienen el gran inconveniente de conspirar contra la lectura misma. Los resúmenes de los libros que “nadie debería ignorar” sirven, sobre todo, para ya no tener que leer esos libros. Un plan de lectura para toda la vida (México, Planeta, 2008), de Clifton Fadiman y John S. Major, que, con la autoría del primero, circula en inglés desde 1960, habrá sido, en casi medio siglo, muy orientador para una buena cantidad de lectores, pero seguramente también habrá servido para que otros muchos dejaran de leer los libros recomendados y reseñados. Es cierto que este Plan es un libro ­ sensato,

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sólo estropeado por el feo subtítulo publicitario de la portada: La guía definitiva de lo que hay que leer. No es esto lo que propone Clifton Fadiman al menos. Mucho más humilde y sabio, afirma: “No es mi deseo colmar de elogios este plan de lectura para toda la vida. No es mágico. No le convierte a uno automáticamente en una persona culta. No tiene la clave para los misterios fundamentales de la vida. No le hará feliz”. Qué sencillo es decir esto, para una persona inteligente y sensible que no tiene aires de grandeza ni vive obsesionado y obcecado por el “vértigo intoxicador del espíritu de seriedad” (la frase es de Fernando Savater). Y sin embargo, qué difícil es decirlo, para una persona que se siente el modelo de perfección humana que han esculpido los libros. Tiene razón Fadiman: ningún libro convierte a nadie, automáticamente, en una persona culta y feliz. Los intolerantes e insoportables, aunque lean muchos libros, ni son cultos ni son felices. ¿De qué les ha servido leer?

sólo estropeado por el feo subtítulo publicitario de la portada: La guía definitiva de lo que hay que leer. No es esto lo que propone Clifton Fadiman al menos. Mucho más humilde y sabio, afirma: “No es mi deseo colmar de elogios este plan de lectura para toda la vida. No es mágico. No le convierte a uno automáticamente en una persona culta. No tiene la clave para los misterios fundamentales de la vida. No le hará feliz”. Qué sencillo es decir esto, para una persona inteligente y sensible que no tiene aires de grandeza ni vive obsesionado y obcecado por el “vértigo intoxicador del espíritu de seriedad” (la frase es de Fernando Savater). Y sin embargo, qué difícil es decirlo, para una persona que se siente el modelo de perfección humana que han esculpido los libros. Tiene razón Fadiman: ningún libro convierte a nadie, automáticamente, en una persona culta y feliz. Los intolerantes e insoportables, aunque lean muchos libros, ni son cultos ni son felices. ¿De qué les ha servido leer?

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sólo estropeado por el feo subtítulo publicitario de la portada: La guía definitiva de lo que hay que leer. No es esto lo que propone Clifton Fadiman al menos. Mucho más humilde y sabio, afirma: “No es mi deseo colmar de elogios este plan de lectura para toda la vida. No es mágico. No le convierte a uno automáticamente en una persona culta. No tiene la clave para los misterios fundamentales de la vida. No le hará feliz”. Qué sencillo es decir esto, para una persona inteligente y sensible que no tiene aires de grandeza ni vive obsesionado y obcecado por el “vértigo intoxicador del espíritu de seriedad” (la frase es de Fernando Savater). Y sin embargo, qué difícil es decirlo, para una persona que se siente el modelo de perfección humana que han esculpido los libros. Tiene razón Fadiman: ningún libro convierte a nadie, automáticamente, en una persona culta y feliz. Los intolerantes e insoportables, aunque lean muchos libros, ni son cultos ni son felices. ¿De qué les ha servido leer?

sólo estropeado por el feo subtítulo publicitario de la portada: La guía definitiva de lo que hay que leer. No es esto lo que propone Clifton Fadiman al menos. Mucho más humilde y sabio, afirma: “No es mi deseo colmar de elogios este plan de lectura para toda la vida. No es mágico. No le convierte a uno automáticamente en una persona culta. No tiene la clave para los misterios fundamentales de la vida. No le hará feliz”. Qué sencillo es decir esto, para una persona inteligente y sensible que no tiene aires de grandeza ni vive obsesionado y obcecado por el “vértigo intoxicador del espíritu de seriedad” (la frase es de Fernando Savater). Y sin embargo, qué difícil es decirlo, para una persona que se siente el modelo de perfección humana que han esculpido los libros. Tiene razón Fadiman: ningún libro convierte a nadie, automáticamente, en una persona culta y feliz. Los intolerantes e insoportables, aunque lean muchos libros, ni son cultos ni son felices. ¿De qué les ha servido leer?

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repensar el libro

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Quien se jacta de las altas cifras de venta de un libro,

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

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releer la vida

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

no debería vanagloriarse a la vez de las bajas cifras de uno de esos niños problemáticos que tanta preocupación causan. Pero lo hacen, lo hacen y se someten a las cifras. Quien cree ennoblecido a un libro por el éxito, quien cree condecorado al otro porque ha fracasado, comete el mismo error: pensar que el éxito significa algo. ¿Benn no sigue siendo Benn cuando sus libros se compran? ¿Miss Cullers no sigue siendo una excelente autora, pese a que sus libros no se compran? Imagino a un lector recién nacido que, una vez cumplidos los quince años, saca uno de sus libros del cajón de volúmenes malvendidos y es atacado por la fiebre.

releer la vida

no debería vanagloriarse a la vez de las bajas cifras de uno de esos niños problemáticos que tanta preocupación causan. Pero lo hacen, lo hacen y se someten a las cifras. Quien cree ennoblecido a un libro por el éxito, quien cree condecorado al otro porque ha fracasado, comete el mismo error: pensar que el éxito significa algo. ¿Benn no sigue siendo Benn cuando sus libros se compran? ¿Miss Cullers no sigue siendo una excelente autora, pese a que sus libros no se compran? Imagino a un lector recién nacido que, una vez cumplidos los quince años, saca uno de sus libros del cajón de volúmenes malvendidos y es atacado por la fiebre.

Quien se jacta de las altas cifras de venta de un libro,

Quien se jacta de las altas cifras de venta de un libro,

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no debería vanagloriarse a la vez de las bajas cifras de uno de esos niños problemáticos que tanta preocupación causan. Pero lo hacen, lo hacen y se someten a las cifras. Quien cree ennoblecido a un libro por el éxito, quien cree condecorado al otro porque ha fracasado, comete el mismo error: pensar que el éxito significa algo. ¿Benn no sigue siendo Benn cuando sus libros se compran? ¿Miss Cullers no sigue siendo una excelente autora, pese a que sus libros no se compran? Imagino a un lector recién nacido que, una vez cumplidos los quince años, saca uno de sus libros del cajón de volúmenes malvendidos y es atacado por la fiebre.

Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

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Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

releer la vida

no debería vanagloriarse a la vez de las bajas cifras de uno de esos niños problemáticos que tanta preocupación causan. Pero lo hacen, lo hacen y se someten a las cifras. Quien cree ennoblecido a un libro por el éxito, quien cree condecorado al otro porque ha fracasado, comete el mismo error: pensar que el éxito significa algo. ¿Benn no sigue siendo Benn cuando sus libros se compran? ¿Miss Cullers no sigue siendo una excelente autora, pese a que sus libros no se compran? Imagino a un lector recién nacido que, una vez cumplidos los quince años, saca uno de sus libros del cajón de volúmenes malvendidos y es atacado por la fiebre.

Quien se jacta de las altas cifras de venta de un libro,

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repensar el libro

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Cada libro cambia la faz del mundo, nos ofrece su

savia en blanco y negro. Ya sea sobre la apicultura, ya sobre san Pablo, cada uno se nos presenta con una pretensión casi insoportable, aunque se declare sin pretensiones. La pretensión de ser sin pretensiones es más difícil de soportar que la amenazadora seriedad del profeta. Los libros sin pretensiones no existen. Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

Cada libro cambia la faz del mundo, nos ofrece su

savia en blanco y negro. Ya sea sobre la apicultura, ya sobre san Pablo, cada uno se nos presenta con una pretensión casi insoportable, aunque se declare sin pretensiones. La pretensión de ser sin pretensiones es más difícil de soportar que la amenazadora seriedad del profeta. Los libros sin pretensiones no existen. Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

León Tolstoi, al morir, dejó un libro inédito, incon-

León Tolstoi, al morir, dejó un libro inédito, incon-

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

cluso. Ese amargo fragmento acaba de ser traducido al inglés (1937). Austeramente se titula “De la demencia”. Tolstoi, en ese libro, sostiene que los hombres civilizados se han vuelto (literalmente) locos. Y la locura, dice, es la condición común de los hombres.

cluso. Ese amargo fragmento acaba de ser traducido al inglés (1937). Austeramente se titula “De la demencia”. Tolstoi, en ese libro, sostiene que los hombres civilizados se han vuelto (literalmente) locos. Y la locura, dice, es la condición común de los hombres.

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Cada libro cambia la faz del mundo, nos ofrece su

Cada libro cambia la faz del mundo, nos ofrece su

repensar el libro

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savia en blanco y negro. Ya sea sobre la apicultura, ya sobre san Pablo, cada uno se nos presenta con una pretensión casi insoportable, aunque se declare sin pretensiones. La pretensión de ser sin pretensiones es más difícil de soportar que la amenazadora seriedad del profeta. Los libros sin pretensiones no existen. Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

savia en blanco y negro. Ya sea sobre la apicultura, ya sobre san Pablo, cada uno se nos presenta con una pretensión casi insoportable, aunque se declare sin pretensiones. La pretensión de ser sin pretensiones es más difícil de soportar que la amenazadora seriedad del profeta. Los libros sin pretensiones no existen. Heinrich Böll [Más allá de la literatura, Bruguera, Barcelona, 1986]

León Tolstoi, al morir, dejó un libro inédito, incon-

León Tolstoi, al morir, dejó un libro inédito, incon-

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

cluso. Ese amargo fragmento acaba de ser traducido al inglés (1937). Austeramente se titula “De la demencia”. Tolstoi, en ese libro, sostiene que los hombres civilizados se han vuelto (literalmente) locos. Y la locura, dice, es la condición común de los hombres.

cluso. Ese amargo fragmento acaba de ser traducido al inglés (1937). Austeramente se titula “De la demencia”. Tolstoi, en ese libro, sostiene que los hombres civilizados se han vuelto (literalmente) locos. Y la locura, dice, es la condición común de los hombres.

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5 Leer, sin disyuntiva posible

5 Leer, sin disyuntiva posible

El problema de los catálogos bibliográficos es la forma embustera

El problema de los catálogos bibliográficos es la forma embustera

con que se presentan, pues aunque son, inevitablemente, arbitrarios, se ofrecen como “objetivos” y “definitivos”. Y luego la frase “lo que hay que leer” acaba echando a perder todo. Si “hay que leer”, entonces no existe disyuntiva posible. ¡Hay que leer, debe leerse! Ello a pesar de que Daniel Pennac, en Como una novela (1992), afirma que los adolescentes y los jóvenes viven hartos de tan desafortunado mandato. “Hay que leer, hay que leer... ¿Y si en lugar de exigir la lectura, el profesor decidiera de repente compartir su propia dicha de leer? [...] No somos los emisarios del libro sino los custodios jurados de un templo cuyas maravillas proclamamos con unas palabras que cierran sus puertas: ¡Hay que leer! ¡Hay que leer!” Pues bien, estas sensatas reflexiones

con que se presentan, pues aunque son, inevitablemente, arbitrarios, se ofrecen como “objetivos” y “definitivos”. Y luego la frase “lo que hay que leer” acaba echando a perder todo. Si “hay que leer”, entonces no existe disyuntiva posible. ¡Hay que leer, debe leerse! Ello a pesar de que Daniel Pennac, en Como una novela (1992), afirma que los adolescentes y los jóvenes viven hartos de tan desafortunado mandato. “Hay que leer, hay que leer... ¿Y si en lugar de exigir la lectura, el profesor decidiera de repente compartir su propia dicha de leer? [...] No somos los emisarios del libro sino los custodios jurados de un templo cuyas maravillas proclamamos con unas palabras que cierran sus puertas: ¡Hay que leer! ¡Hay que leer!” Pues bien, estas sensatas reflexiones

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5 Leer, sin disyuntiva posible

5 Leer, sin disyuntiva posible

El problema de los catálogos bibliográficos es la forma embustera

El problema de los catálogos bibliográficos es la forma embustera

con que se presentan, pues aunque son, inevitablemente, arbitrarios, se ofrecen como “objetivos” y “definitivos”. Y luego la frase “lo que hay que leer” acaba echando a perder todo. Si “hay que leer”, entonces no existe disyuntiva posible. ¡Hay que leer, debe leerse! Ello a pesar de que Daniel Pennac, en Como una novela (1992), afirma que los adolescentes y los jóvenes viven hartos de tan desafortunado mandato. “Hay que leer, hay que leer... ¿Y si en lugar de exigir la lectura, el profesor decidiera de repente compartir su propia dicha de leer? [...] No somos los emisarios del libro sino los custodios jurados de un templo cuyas maravillas proclamamos con unas palabras que cierran sus puertas: ¡Hay que leer! ¡Hay que leer!” Pues bien, estas sensatas reflexiones

con que se presentan, pues aunque son, inevitablemente, arbitrarios, se ofrecen como “objetivos” y “definitivos”. Y luego la frase “lo que hay que leer” acaba echando a perder todo. Si “hay que leer”, entonces no existe disyuntiva posible. ¡Hay que leer, debe leerse! Ello a pesar de que Daniel Pennac, en Como una novela (1992), afirma que los adolescentes y los jóvenes viven hartos de tan desafortunado mandato. “Hay que leer, hay que leer... ¿Y si en lugar de exigir la lectura, el profesor decidiera de repente compartir su propia dicha de leer? [...] No somos los emisarios del libro sino los custodios jurados de un templo cuyas maravillas proclamamos con unas palabras que cierran sus puertas: ¡Hay que leer! ¡Hay que leer!” Pues bien, estas sensatas reflexiones

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no han servido de mucho a los editores, en más de tres lustros. Ellos siguen con la misma proclama: ¡Hay que leer! Así, en 2002 apareció en alemán (y luego en otros idiomas) el libro de Christiane Zschirnt, Libros: todo lo que hay que leer (la edición española es de Taurus-Santillana, 2004). Aquí el dogma se ha radicalizado: ya no es sólo “lo que hay que leer”, sino “todo lo que hay que leer”. En 2006 se publicó en español el volumen 1001 libros que hay que leer antes de morir (Barcelona, Grijalbo-Mondadori), de Peter Boxall y JoséCarlos Mainer. Una vez más el “hay que leer”, ahora antepuesto a un barbarismo de involuntario humor: “antes de morir”; ni modo que después.

no han servido de mucho a los editores, en más de tres lustros. Ellos siguen con la misma proclama: ¡Hay que leer! Así, en 2002 apareció en alemán (y luego en otros idiomas) el libro de Christiane Zschirnt, Libros: todo lo que hay que leer (la edición española es de Taurus-Santillana, 2004). Aquí el dogma se ha radicalizado: ya no es sólo “lo que hay que leer”, sino “todo lo que hay que leer”. En 2006 se publicó en español el volumen 1001 libros que hay que leer antes de morir (Barcelona, Grijalbo-Mondadori), de Peter Boxall y JoséCarlos Mainer. Una vez más el “hay que leer”, ahora antepuesto a un barbarismo de involuntario humor: “antes de morir”; ni modo que después.

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no han servido de mucho a los editores, en más de tres lustros. Ellos siguen con la misma proclama: ¡Hay que leer! Así, en 2002 apareció en alemán (y luego en otros idiomas) el libro de Christiane Zschirnt, Libros: todo lo que hay que leer (la edición española es de Taurus-Santillana, 2004). Aquí el dogma se ha radicalizado: ya no es sólo “lo que hay que leer”, sino “todo lo que hay que leer”. En 2006 se publicó en español el volumen 1001 libros que hay que leer antes de morir (Barcelona, Grijalbo-Mondadori), de Peter Boxall y JoséCarlos Mainer. Una vez más el “hay que leer”, ahora antepuesto a un barbarismo de involuntario humor: “antes de morir”; ni modo que después.

no han servido de mucho a los editores, en más de tres lustros. Ellos siguen con la misma proclama: ¡Hay que leer! Así, en 2002 apareció en alemán (y luego en otros idiomas) el libro de Christiane Zschirnt, Libros: todo lo que hay que leer (la edición española es de Taurus-Santillana, 2004). Aquí el dogma se ha radicalizado: ya no es sólo “lo que hay que leer”, sino “todo lo que hay que leer”. En 2006 se publicó en español el volumen 1001 libros que hay que leer antes de morir (Barcelona, Grijalbo-Mondadori), de Peter Boxall y JoséCarlos Mainer. Una vez más el “hay que leer”, ahora antepuesto a un barbarismo de involuntario humor: “antes de morir”; ni modo que después.

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repensar el libro

repensar el libro

A los editores, el género que más parece interesarles

A los editores, el género que más parece interesarles

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

es la novela. Algunos de ellos creen que no hay otros géneros literarios, o por lo menos proceden como si lo creyeran.

es la novela. Algunos de ellos creen que no hay otros géneros literarios, o por lo menos proceden como si lo creyeran.

Somos los libros que nos han hecho mejores.

tarios, habida cuenta de la infinidad de libros escritos porque sus autores no encontraron a nadie con quien hablar. Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Las librerías son el destino más preciado para los soli-

tarios, habida cuenta de la infinidad de libros escritos porque sus autores no encontraron a nadie con quien hablar. Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

repensar el libro

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releer la vida

Las librerías son el destino más preciado para los soli-

Jorge Luis Borges [Antonio Fernández Ferrer, Borges A/Z, Siruela, Madrid, 1988]

releer la vida

Jorge Luis Borges [Antonio Fernández Ferrer, Borges A/Z, Siruela, Madrid, 1988]

Somos los libros que nos han hecho mejores.

A los editores, el género que más parece interesarles

A los editores, el género que más parece interesarles

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

Jorge Luis Borges [Borges en El Hogar, 1935-1958, Emecé, Buenos Aires, 2000]

es la novela. Algunos de ellos creen que no hay otros géneros literarios, o por lo menos proceden como si lo creyeran.

es la novela. Algunos de ellos creen que no hay otros géneros literarios, o por lo menos proceden como si lo creyeran.

Somos los libros que nos han hecho mejores.

tarios, habida cuenta de la infinidad de libros escritos porque sus autores no encontraron a nadie con quien hablar. Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

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Jorge Luis Borges [Antonio Fernández Ferrer, Borges A/Z, Siruela, Madrid, 1988]

Las librerías son el destino más preciado para los soli-

tarios, habida cuenta de la infinidad de libros escritos porque sus autores no encontraron a nadie con quien hablar. Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

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releer la vida

Las librerías son el destino más preciado para los soli-

releer la vida

Jorge Luis Borges [Antonio Fernández Ferrer, Borges A/Z, Siruela, Madrid, 1988]

Somos los libros que nos han hecho mejores.

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repensar el libro

repensar el libro

Solemos asumir que el libro que nos traemos entre

manos es de una inteligencia superior cuando dejamos de entenderlo. Después de todo, las ideas profundas no pueden explicarse en el lenguaje de los niños. Sin embargo, la asociación entre dificultad y profundidad puede describirse, con menos generosidad, como una manifestación en el ámbito literario de una perversión que resulta familiar en la vida emocional, en donde los individuos misteriosos y evasivos son capaces de inspirar un respeto en las mentes modestas que no logran infundir las personas claras y fiables.

Solemos asumir que el libro que nos traemos entre

manos es de una inteligencia superior cuando dejamos de entenderlo. Después de todo, las ideas profundas no pueden explicarse en el lenguaje de los niños. Sin embargo, la asociación entre dificultad y profundidad puede describirse, con menos generosidad, como una manifestación en el ámbito literario de una perversión que resulta familiar en la vida emocional, en donde los individuos misteriosos y evasivos son capaces de inspirar un respeto en las mentes modestas que no logran infundir las personas claras y fiables.

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Como reconoce Montaigne, los grandes libros guar-

Como reconoce Montaigne, los grandes libros guar-

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

dan silencio sobre demasiados asuntos, por lo cual, si les permitimos trazar las fronteras de nuestra curiosidad, frenarán el desarrollo de nuestra mente.

dan silencio sobre demasiados asuntos, por lo cual, si les permitimos trazar las fronteras de nuestra curiosidad, frenarán el desarrollo de nuestra mente.

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Solemos asumir que el libro que nos traemos entre

Solemos asumir que el libro que nos traemos entre

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releer la vida

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manos es de una inteligencia superior cuando dejamos de entenderlo. Después de todo, las ideas profundas no pueden explicarse en el lenguaje de los niños. Sin embargo, la asociación entre dificultad y profundidad puede describirse, con menos generosidad, como una manifestación en el ámbito literario de una perversión que resulta familiar en la vida emocional, en donde los individuos misteriosos y evasivos son capaces de inspirar un respeto en las mentes modestas que no logran infundir las personas claras y fiables.

manos es de una inteligencia superior cuando dejamos de entenderlo. Después de todo, las ideas profundas no pueden explicarse en el lenguaje de los niños. Sin embargo, la asociación entre dificultad y profundidad puede describirse, con menos generosidad, como una manifestación en el ámbito literario de una perversión que resulta familiar en la vida emocional, en donde los individuos misteriosos y evasivos son capaces de inspirar un respeto en las mentes modestas que no logran infundir las personas claras y fiables.

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Como reconoce Montaigne, los grandes libros guar-

Como reconoce Montaigne, los grandes libros guar-

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

dan silencio sobre demasiados asuntos, por lo cual, si les permitimos trazar las fronteras de nuestra curiosidad, frenarán el desarrollo de nuestra mente.

dan silencio sobre demasiados asuntos, por lo cual, si les permitimos trazar las fronteras de nuestra curiosidad, frenarán el desarrollo de nuestra mente.

releer la vida

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6 Libros que sólo sirven para no leer libros

6 Libros que sólo sirven para no leer libros

En la tradición española, los libros de reseñas o, como dijeran

En la tradición española, los libros de reseñas o, como dijeran

pedantemente los anglómanos, abstracts, parten de uno muy famoso que lleva por título Mil libros, del español Luis Nueda (1879-1956), publicado originalmente en Barcelona, en 1940, por la editorial Ramón Sopena, y reeditado y ampliado varias veces, a partir de 1943. Nueda fue polígrafo, pintor, abogado, escritor y empresario de pompas fúnebres. Para “matar el tiempo”, elaboró pacientemente un cúmulo de recensiones de reconocidas obras de la literatura y el pensamiento universales. Esos “recuerdos bibliográficos” se transformaron en el volumen Mil libros. Al reeditarlo, Aguilar lo aumentó con otras fichas del también español Antonio Espina (1894-1972). Si las primeras ediciones se referían a poco más de un millar de obras de trescientos autores, las

pedantemente los anglómanos, abstracts, parten de uno muy famoso que lleva por título Mil libros, del español Luis Nueda (1879-1956), publicado originalmente en Barcelona, en 1940, por la editorial Ramón Sopena, y reeditado y ampliado varias veces, a partir de 1943. Nueda fue polígrafo, pintor, abogado, escritor y empresario de pompas fúnebres. Para “matar el tiempo”, elaboró pacientemente un cúmulo de recensiones de reconocidas obras de la literatura y el pensamiento universales. Esos “recuerdos bibliográficos” se transformaron en el volumen Mil libros. Al reeditarlo, Aguilar lo aumentó con otras fichas del también español Antonio Espina (1894-1972). Si las primeras ediciones se referían a poco más de un millar de obras de trescientos autores, las

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6 Libros que sólo sirven para no leer libros

6 Libros que sólo sirven para no leer libros

En la tradición española, los libros de reseñas o, como dijeran

En la tradición española, los libros de reseñas o, como dijeran

pedantemente los anglómanos, abstracts, parten de uno muy famoso que lleva por título Mil libros, del español Luis Nueda (1879-1956), publicado originalmente en Barcelona, en 1940, por la editorial Ramón Sopena, y reeditado y ampliado varias veces, a partir de 1943. Nueda fue polígrafo, pintor, abogado, escritor y empresario de pompas fúnebres. Para “matar el tiempo”, elaboró pacientemente un cúmulo de recensiones de reconocidas obras de la literatura y el pensamiento universales. Esos “recuerdos bibliográficos” se transformaron en el volumen Mil libros. Al reeditarlo, Aguilar lo aumentó con otras fichas del también español Antonio Espina (1894-1972). Si las primeras ediciones se referían a poco más de un millar de obras de trescientos autores, las

pedantemente los anglómanos, abstracts, parten de uno muy famoso que lleva por título Mil libros, del español Luis Nueda (1879-1956), publicado originalmente en Barcelona, en 1940, por la editorial Ramón Sopena, y reeditado y ampliado varias veces, a partir de 1943. Nueda fue polígrafo, pintor, abogado, escritor y empresario de pompas fúnebres. Para “matar el tiempo”, elaboró pacientemente un cúmulo de recensiones de reconocidas obras de la literatura y el pensamiento universales. Esos “recuerdos bibliográficos” se transformaron en el volumen Mil libros. Al reeditarlo, Aguilar lo aumentó con otras fichas del también español Antonio Espina (1894-1972). Si las primeras ediciones se referían a poco más de un millar de obras de trescientos autores, las

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subsecuentes compendian los resúmenes de casi 1 500 obras de cerca de cuatrocientos autores. La idea de que este tipo de libros de síntesis sirva para conocer la esencia de las obras canónicas y despertar así el interés en ellas para llevar a los lectores a los originales, ha sido casi siempre derrotada. Estos libros funcionan, sí, claro que funcionan, pero para los profesores que dan clases acerca de libros que no han leído ni, por supuesto, leerán. ¿Para qué los leerían si ya hay resúmenes que les obvian esa actividad? Libros que sirven, también, a los alumnos para hacer sus tareas sobre libros que no leen ni leerán jamás. ¿Por qué habrían de leerlos si ya existen síntesis que los liberan de tan engorroso deber escolar?

subsecuentes compendian los resúmenes de casi 1 500 obras de cerca de cuatrocientos autores. La idea de que este tipo de libros de síntesis sirva para conocer la esencia de las obras canónicas y despertar así el interés en ellas para llevar a los lectores a los originales, ha sido casi siempre derrotada. Estos libros funcionan, sí, claro que funcionan, pero para los profesores que dan clases acerca de libros que no han leído ni, por supuesto, leerán. ¿Para qué los leerían si ya hay resúmenes que les obvian esa actividad? Libros que sirven, también, a los alumnos para hacer sus tareas sobre libros que no leen ni leerán jamás. ¿Por qué habrían de leerlos si ya existen síntesis que los liberan de tan engorroso deber escolar?

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subsecuentes compendian los resúmenes de casi 1 500 obras de cerca de cuatrocientos autores. La idea de que este tipo de libros de síntesis sirva para conocer la esencia de las obras canónicas y despertar así el interés en ellas para llevar a los lectores a los originales, ha sido casi siempre derrotada. Estos libros funcionan, sí, claro que funcionan, pero para los profesores que dan clases acerca de libros que no han leído ni, por supuesto, leerán. ¿Para qué los leerían si ya hay resúmenes que les obvian esa actividad? Libros que sirven, también, a los alumnos para hacer sus tareas sobre libros que no leen ni leerán jamás. ¿Por qué habrían de leerlos si ya existen síntesis que los liberan de tan engorroso deber escolar?

subsecuentes compendian los resúmenes de casi 1 500 obras de cerca de cuatrocientos autores. La idea de que este tipo de libros de síntesis sirva para conocer la esencia de las obras canónicas y despertar así el interés en ellas para llevar a los lectores a los originales, ha sido casi siempre derrotada. Estos libros funcionan, sí, claro que funcionan, pero para los profesores que dan clases acerca de libros que no han leído ni, por supuesto, leerán. ¿Para qué los leerían si ya hay resúmenes que les obvian esa actividad? Libros que sirven, también, a los alumnos para hacer sus tareas sobre libros que no leen ni leerán jamás. ¿Por qué habrían de leerlos si ya existen síntesis que los liberan de tan engorroso deber escolar?

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repensar el libro

repensar el libro

El comentario de un libro escrito por otro, por téc-

El comentario de un libro escrito por otro, por téc-

nicamente laborioso que resulte y por más horas de investigación y exégesis que requiera, es inmune a los ataques más despiadados de los que pueden ser objeto las obras originales. Se puede reprochar a un comentarista que no haga justicia a las ideas de los grandes pensadores, pero no cabe hacerle responsable de las ideas mismas.

bien, recurre a la crítica de obras contemporáneas más ambiciosas como síntoma de la perniciosa tendencia a pensar que la verdad ha de morar siempre lejos de

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Montaigne no se compadece a sí mismo. Antes bien, recurre a la crítica de obras contemporáneas más ambiciosas como síntoma de la perniciosa tendencia a pensar que la verdad ha de morar siempre lejos de

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Montaigne no se compadece a sí mismo. Antes

releer la vida

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

nicamente laborioso que resulte y por más horas de investigación y exégesis que requiera, es inmune a los ataques más despiadados de los que pueden ser objeto las obras originales. Se puede reprochar a un comentarista que no haga justicia a las ideas de los grandes pensadores, pero no cabe hacerle responsable de las ideas mismas.

El comentario de un libro escrito por otro, por téc-

El comentario de un libro escrito por otro, por téc-

nicamente laborioso que resulte y por más horas de investigación y exégesis que requiera, es inmune a los ataques más despiadados de los que pueden ser objeto las obras originales. Se puede reprochar a un comentarista que no haga justicia a las ideas de los grandes pensadores, pero no cabe hacerle responsable de las ideas mismas.

bien, recurre a la crítica de obras contemporáneas más ambiciosas como síntoma de la perniciosa tendencia a pensar que la verdad ha de morar siempre lejos de 44

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Montaigne no se compadece a sí mismo. Antes bien, recurre a la crítica de obras contemporáneas más ambiciosas como síntoma de la perniciosa tendencia a pensar que la verdad ha de morar siempre lejos de 44

releer la vida

Montaigne no se compadece a sí mismo. Antes

releer la vida

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

nicamente laborioso que resulte y por más horas de investigación y exégesis que requiera, es inmune a los ataques más despiadados de los que pueden ser objeto las obras originales. Se puede reprochar a un comentarista que no haga justicia a las ideas de los grandes pensadores, pero no cabe hacerle responsable de las ideas mismas.

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Muchos de los libros que la tradición académica

nos obliga a repetir como loros no son fascinantes en sí mismos. Se les otorga un lugar destacado en el programa por tratarse de obras de autores de prestigio, mientras que asuntos tanto o más relevantes languidecen por no haber merecido jamás la atención de alguna autoridad intelectual.

nosotros, en otros parajes, en una vieja biblioteca, en los libros de personas que vivieron hace mucho tiempo. Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Muchos de los libros que la tradición académica

nos obliga a repetir como loros no son fascinantes en sí mismos. Se les otorga un lugar destacado en el programa por tratarse de obras de autores de prestigio, mientras que asuntos tanto o más relevantes languidecen por no haber merecido jamás la atención de alguna autoridad intelectual.

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Montaigne sugiere que si los estudiosos prestan

Montaigne sugiere que si los estudiosos prestan

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

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nosotros, en otros parajes, en una vieja biblioteca, en los libros de personas que vivieron hace mucho tiempo.

nosotros, en otros parajes, en una vieja biblioteca, en los libros de personas que vivieron hace mucho tiempo.

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Muchos de los libros que la tradición académica

nos obliga a repetir como loros no son fascinantes en sí mismos. Se les otorga un lugar destacado en el programa por tratarse de obras de autores de prestigio, mientras que asuntos tanto o más relevantes languidecen por no haber merecido jamás la atención de alguna autoridad intelectual.

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Muchos de los libros que la tradición académica

nos obliga a repetir como loros no son fascinantes en sí mismos. Se les otorga un lugar destacado en el programa por tratarse de obras de autores de prestigio, mientras que asuntos tanto o más relevantes languidecen por no haber merecido jamás la atención de alguna autoridad intelectual.

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Montaigne sugiere que si los estudiosos prestan

Montaigne sugiere que si los estudiosos prestan

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tanta atención a los clásicos, ello responde al ufano deseo de que les consideren inteligentes por asociación con nombres prestigiosos. El resultado para los lectores es una montaña de libros tan eruditos como faltos de sabiduría. Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

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releer la vida

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

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tanta atención a los clásicos, ello responde al ufano deseo de que les consideren inteligentes por asociación con nombres prestigiosos. El resultado para los lectores es una montaña de libros tan eruditos como faltos de sabiduría.

releer la vida

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

tanta atención a los clásicos, ello responde al ufano deseo de que les consideren inteligentes por asociación con nombres prestigiosos. El resultado para los lectores es una montaña de libros tan eruditos como faltos de sabiduría.

releer la vida

tanta atención a los clásicos, ello responde al ufano deseo de que les consideren inteligentes por asociación con nombres prestigiosos. El resultado para los lectores es una montaña de libros tan eruditos como faltos de sabiduría.

repensar el libro

repensar el libro

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

repensar el libro

repensar el libro

nosotros, en otros parajes, en una vieja biblioteca, en los libros de personas que vivieron hace mucho tiempo.

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7 Las angustias del bibliólatra

7 Las angustias del bibliólatra

El pensamiento contemporáneo (sobre todo si pasa por la acade-

El pensamiento contemporáneo (sobre todo si pasa por la acade-

mia) se irrita nada más de escuchar que hay más dolor en el conocer que en el no saber. Los intelectuales presuponen que quien dice tal cosa pugna por un retroceso al reino de los orangutanes. Nada más lejos de ello. Decirlo es reconocer una verdad que supieron Montaigne, Pascal y otros grandes pensadores: sufre más el que sabe (tiene más tragedia y más dolor) que el que ignora, aunque el dolor sea, indiscutiblemente, un gran maestro. Pongo otro ejemplo: a mí, lector y escritor, me duele hallar en mi libro una errata y me duele aún más hallar dos o cinco o diez, luego de haberlo revisado y releído. El que nada sabe de libros no podría dolerse de algo tan superficial, tan vano y tan banal. Sus dolores son, ­s eguramente,

mia) se irrita nada más de escuchar que hay más dolor en el conocer que en el no saber. Los intelectuales presuponen que quien dice tal cosa pugna por un retroceso al reino de los orangutanes. Nada más lejos de ello. Decirlo es reconocer una verdad que supieron Montaigne, Pascal y otros grandes pensadores: sufre más el que sabe (tiene más tragedia y más dolor) que el que ignora, aunque el dolor sea, indiscutiblemente, un gran maestro. Pongo otro ejemplo: a mí, lector y escritor, me duele hallar en mi libro una errata y me duele aún más hallar dos o cinco o diez, luego de haberlo revisado y releído. El que nada sabe de libros no podría dolerse de algo tan superficial, tan vano y tan banal. Sus dolores son, ­s eguramente,

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7 Las angustias del bibliólatra

7 Las angustias del bibliólatra

El pensamiento contemporáneo (sobre todo si pasa por la acade-

El pensamiento contemporáneo (sobre todo si pasa por la acade-

mia) se irrita nada más de escuchar que hay más dolor en el conocer que en el no saber. Los intelectuales presuponen que quien dice tal cosa pugna por un retroceso al reino de los orangutanes. Nada más lejos de ello. Decirlo es reconocer una verdad que supieron Montaigne, Pascal y otros grandes pensadores: sufre más el que sabe (tiene más tragedia y más dolor) que el que ignora, aunque el dolor sea, indiscutiblemente, un gran maestro. Pongo otro ejemplo: a mí, lector y escritor, me duele hallar en mi libro una errata y me duele aún más hallar dos o cinco o diez, luego de haberlo revisado y releído. El que nada sabe de libros no podría dolerse de algo tan superficial, tan vano y tan banal. Sus dolores son, ­s eguramente,

mia) se irrita nada más de escuchar que hay más dolor en el conocer que en el no saber. Los intelectuales presuponen que quien dice tal cosa pugna por un retroceso al reino de los orangutanes. Nada más lejos de ello. Decirlo es reconocer una verdad que supieron Montaigne, Pascal y otros grandes pensadores: sufre más el que sabe (tiene más tragedia y más dolor) que el que ignora, aunque el dolor sea, indiscutiblemente, un gran maestro. Pongo otro ejemplo: a mí, lector y escritor, me duele hallar en mi libro una errata y me duele aún más hallar dos o cinco o diez, luego de haberlo revisado y releído. El que nada sabe de libros no podría dolerse de algo tan superficial, tan vano y tan banal. Sus dolores son, ­s eguramente,

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más concretos, menos etéreos, más reales. Una errata en un libro es como un lunar en la cara de una persona que, en caso de ser ésta una mujer, puede parecernos bello si la mujer es bella y resultarnos repugnante en el rostro de una fea. Pocos dirían, en este segundo caso, que un lunar la embellece. Una errata no es nada, para quien nada sabe de libros, aunque sea un tormento, un dolor y una angustia para el bibliólatra. (Y, a veces, eso somos: bibliólatras.) En cierto poema, José Martí dijo que el estudio de la vida le placía en la dulzura de la experiencia “más que en los libros amargos”. ¿Censuraríamos a Martí —gran lector— por esto? No seamos necios ni ridículos. Los libros nos entregan momentos extraordinarios a condición de que sepamos pensar y vivir más allá de los libros.

más concretos, menos etéreos, más reales. Una errata en un libro es como un lunar en la cara de una persona que, en caso de ser ésta una mujer, puede parecernos bello si la mujer es bella y resultarnos repugnante en el rostro de una fea. Pocos dirían, en este segundo caso, que un lunar la embellece. Una errata no es nada, para quien nada sabe de libros, aunque sea un tormento, un dolor y una angustia para el bibliólatra. (Y, a veces, eso somos: bibliólatras.) En cierto poema, José Martí dijo que el estudio de la vida le placía en la dulzura de la experiencia “más que en los libros amargos”. ¿Censuraríamos a Martí —gran lector— por esto? No seamos necios ni ridículos. Los libros nos entregan momentos extraordinarios a condición de que sepamos pensar y vivir más allá de los libros.

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más concretos, menos etéreos, más reales. Una errata en un libro es como un lunar en la cara de una persona que, en caso de ser ésta una mujer, puede parecernos bello si la mujer es bella y resultarnos repugnante en el rostro de una fea. Pocos dirían, en este segundo caso, que un lunar la embellece. Una errata no es nada, para quien nada sabe de libros, aunque sea un tormento, un dolor y una angustia para el bibliólatra. (Y, a veces, eso somos: bibliólatras.) En cierto poema, José Martí dijo que el estudio de la vida le placía en la dulzura de la experiencia “más que en los libros amargos”. ¿Censuraríamos a Martí —gran lector— por esto? No seamos necios ni ridículos. Los libros nos entregan momentos extraordinarios a condición de que sepamos pensar y vivir más allá de los libros.

más concretos, menos etéreos, más reales. Una errata en un libro es como un lunar en la cara de una persona que, en caso de ser ésta una mujer, puede parecernos bello si la mujer es bella y resultarnos repugnante en el rostro de una fea. Pocos dirían, en este segundo caso, que un lunar la embellece. Una errata no es nada, para quien nada sabe de libros, aunque sea un tormento, un dolor y una angustia para el bibliólatra. (Y, a veces, eso somos: bibliólatras.) En cierto poema, José Martí dijo que el estudio de la vida le placía en la dulzura de la experiencia “más que en los libros amargos”. ¿Censuraríamos a Martí —gran lector— por esto? No seamos necios ni ridículos. Los libros nos entregan momentos extraordinarios a condición de que sepamos pensar y vivir más allá de los libros.

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repensar el libro

repensar el libro

Por modesta que sea nuestra biografía, podemos

Por modesta que sea nuestra biografía, podemos

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Un libro es una escopeta cargada en la casa de al

Un libro es una escopeta cargada en la casa de al

extraer ideas más significativas de nosotros mismos que de todos los libros de la Antigüedad.

Hay libros que leemos con gusto y regresamos al estante; hay otros que se quedan en el alma.

Marco Antonio Campos [“Señales en el camino”, La Jornada Semanal, México, 15 de junio de 2008]

lado.

Ray Bradbury [Farenheit 451, Minotauro, Buenos Aires, 1974]

Hay libros que leemos con gusto y regresamos al estante; hay otros que se quedan en el alma.

Marco Antonio Campos [“Señales en el camino”, La Jornada Semanal, México, 15 de junio de 2008]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Ray Bradbury [Farenheit 451, Minotauro, Buenos Aires, 1974]

releer la vida

lado.

extraer ideas más significativas de nosotros mismos que de todos los libros de la Antigüedad.

Por modesta que sea nuestra biografía, podemos

Por modesta que sea nuestra biografía, podemos

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Alain de Botton [Las consolaciones de la filosofía, Taurus, México, 2001]

Un libro es una escopeta cargada en la casa de al

Un libro es una escopeta cargada en la casa de al

extraer ideas más significativas de nosotros mismos que de todos los libros de la Antigüedad.

Hay libros que leemos con gusto y regresamos al estante; hay otros que se quedan en el alma.

Marco Antonio Campos [“Señales en el camino”, La Jornada Semanal, México, 15 de junio de 2008]

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lado.

Ray Bradbury [Farenheit 451, Minotauro, Buenos Aires, 1974]

Hay libros que leemos con gusto y regresamos al estante; hay otros que se quedan en el alma.

Marco Antonio Campos [“Señales en el camino”, La Jornada Semanal, México, 15 de junio de 2008]

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releer la vida

Ray Bradbury [Farenheit 451, Minotauro, Buenos Aires, 1974]

releer la vida

lado.

extraer ideas más significativas de nosotros mismos que de todos los libros de la Antigüedad.

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repensar el libro

repensar el libro

Los libros ocupan un lugar muy importante en mi

vida [...] Juan Cristóbal, de Romain Rolland, era el libro que prestaba a mis novias con la esperanza de que al leerlo descubriesen quién era yo: pensaba que les entregaba mi retrato. En Juan Cristóbal se reflejaban las angustias del creador y la seguridad de una vocación que nada va a desviar; y yo, como él, creía que sólo el arte iba a salvarme del olvido y de la muerte. José Luis Cuevas [Alaíde Foppa, Confesiones de José Luis Cuevas, Fondo de Cultura Económica, México, 1975]

Los libros ocupan un lugar muy importante en mi

vida [...] Juan Cristóbal, de Romain Rolland, era el libro que prestaba a mis novias con la esperanza de que al leerlo descubriesen quién era yo: pensaba que les entregaba mi retrato. En Juan Cristóbal se reflejaban las angustias del creador y la seguridad de una vocación que nada va a desviar; y yo, como él, creía que sólo el arte iba a salvarme del olvido y de la muerte. José Luis Cuevas [Alaíde Foppa, Confesiones de José Luis Cuevas, Fondo de Cultura Económica, México, 1975]

Los libros buenos son como la sonrisa de los niños:

Los libros buenos son como la sonrisa de los niños:

Alí Chumacero [Alí Chumacero, pastor de la palabra, Alfaguara/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2004]

Alí Chumacero [Alí Chumacero, pastor de la palabra, Alfaguara/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2004]

de golpe nos dan su alma. O como las mujeres bellas que con su sola presencia nos moralizan.

de golpe nos dan su alma. O como las mujeres bellas que con su sola presencia nos moralizan.

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Los libros ocupan un lugar muy importante en mi

Los libros ocupan un lugar muy importante en mi

repensar el libro

repensar el libro

releer la vida

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vida [...] Juan Cristóbal, de Romain Rolland, era el libro que prestaba a mis novias con la esperanza de que al leerlo descubriesen quién era yo: pensaba que les entregaba mi retrato. En Juan Cristóbal se reflejaban las angustias del creador y la seguridad de una vocación que nada va a desviar; y yo, como él, creía que sólo el arte iba a salvarme del olvido y de la muerte. José Luis Cuevas [Alaíde Foppa, Confesiones de José Luis Cuevas, Fondo de Cultura Económica, México, 1975]

vida [...] Juan Cristóbal, de Romain Rolland, era el libro que prestaba a mis novias con la esperanza de que al leerlo descubriesen quién era yo: pensaba que les entregaba mi retrato. En Juan Cristóbal se reflejaban las angustias del creador y la seguridad de una vocación que nada va a desviar; y yo, como él, creía que sólo el arte iba a salvarme del olvido y de la muerte. José Luis Cuevas [Alaíde Foppa, Confesiones de José Luis Cuevas, Fondo de Cultura Económica, México, 1975]

Los libros buenos son como la sonrisa de los niños:

Los libros buenos son como la sonrisa de los niños:

Alí Chumacero [Alí Chumacero, pastor de la palabra, Alfaguara/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2004]

Alí Chumacero [Alí Chumacero, pastor de la palabra, Alfaguara/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2004]

de golpe nos dan su alma. O como las mujeres bellas que con su sola presencia nos moralizan.

de golpe nos dan su alma. O como las mujeres bellas que con su sola presencia nos moralizan.

releer la vida

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8 El jacobinismo cultural

8 El jacobinismo cultural

¿Quiénes fueron los jacobinos? Si nos remitimos a la historia,

¿Quiénes fueron los jacobinos? Si nos remitimos a la historia,

sabremos que el término se utilizó originalmente para designar a los individuos de la facción más exaltada de la Revolución Francesa (1789-1799). Y se les bautizó así porque tenían sus reuniones en una edificación conventual de la calle de San Jacobo, en París. Los jacobinos (al igual que las guillotinas y los guillotinadores) se extinguieron hace mucho tiempo, pero nos dejaron su ideología; es por esto que a los muy exaltados o extremistas en cualquier creencia revolucionaria se les dice jacobinos. Los jacobinos son fanáticos por antonomasia, incluso si leen libros. Los jacobinos de hoy no se diferencian mucho de los de ayer: fundan su ideología en algo que desean reivindicar, cueste lo que cueste y por encima de la sensatez y la

sabremos que el término se utilizó originalmente para designar a los individuos de la facción más exaltada de la Revolución Francesa (1789-1799). Y se les bautizó así porque tenían sus reuniones en una edificación conventual de la calle de San Jacobo, en París. Los jacobinos (al igual que las guillotinas y los guillotinadores) se extinguieron hace mucho tiempo, pero nos dejaron su ideología; es por esto que a los muy exaltados o extremistas en cualquier creencia revolucionaria se les dice jacobinos. Los jacobinos son fanáticos por antonomasia, incluso si leen libros. Los jacobinos de hoy no se diferencian mucho de los de ayer: fundan su ideología en algo que desean reivindicar, cueste lo que cueste y por encima de la sensatez y la

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8 El jacobinismo cultural

8 El jacobinismo cultural

¿Quiénes fueron los jacobinos? Si nos remitimos a la historia,

¿Quiénes fueron los jacobinos? Si nos remitimos a la historia,

sabremos que el término se utilizó originalmente para designar a los individuos de la facción más exaltada de la Revolución Francesa (1789-1799). Y se les bautizó así porque tenían sus reuniones en una edificación conventual de la calle de San Jacobo, en París. Los jacobinos (al igual que las guillotinas y los guillotinadores) se extinguieron hace mucho tiempo, pero nos dejaron su ideología; es por esto que a los muy exaltados o extremistas en cualquier creencia revolucionaria se les dice jacobinos. Los jacobinos son fanáticos por antonomasia, incluso si leen libros. Los jacobinos de hoy no se diferencian mucho de los de ayer: fundan su ideología en algo que desean reivindicar, cueste lo que cueste y por encima de la sensatez y la

sabremos que el término se utilizó originalmente para designar a los individuos de la facción más exaltada de la Revolución Francesa (1789-1799). Y se les bautizó así porque tenían sus reuniones en una edificación conventual de la calle de San Jacobo, en París. Los jacobinos (al igual que las guillotinas y los guillotinadores) se extinguieron hace mucho tiempo, pero nos dejaron su ideología; es por esto que a los muy exaltados o extremistas en cualquier creencia revolucionaria se les dice jacobinos. Los jacobinos son fanáticos por antonomasia, incluso si leen libros. Los jacobinos de hoy no se diferencian mucho de los de ayer: fundan su ideología en algo que desean reivindicar, cueste lo que cueste y por encima de la sensatez y la

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tolerancia. Su fin es imponer la virtud, pero la virtud tal y como ellos la entienden: por el camino de la “pureza” que ellos mismos señalan —y que sólo es uno, es decir único—, porque todo lo demás es herejía. Su fe pedagógica se asienta en la certeza de que nadie mejor que ellos puede saber lo que es el bien y lo que a los demás conviene. Son fanáticos que luchan por instaurar el reinado de la virtud, porque se saben virtuosos. Y así como hay jacobinos políticos aún hoy, también existen los jacobinos de la cultura y la intelectualidad; y dentro del jacobinismo cultural, están los jacobinos de la lectura: esos que piensan que hay que obligar a todo el mundo a leer, que la lectura es un “placer” que debe imponerse a todos para que nadie se quede al margen de la civilización; son los que desprecian a los no lectores y los que pugnan porque leer se convierta en un deber absoluto, contra toda reticencia.

tolerancia. Su fin es imponer la virtud, pero la virtud tal y como ellos la entienden: por el camino de la “pureza” que ellos mismos señalan —y que sólo es uno, es decir único—, porque todo lo demás es herejía. Su fe pedagógica se asienta en la certeza de que nadie mejor que ellos puede saber lo que es el bien y lo que a los demás conviene. Son fanáticos que luchan por instaurar el reinado de la virtud, porque se saben virtuosos. Y así como hay jacobinos políticos aún hoy, también existen los jacobinos de la cultura y la intelectualidad; y dentro del jacobinismo cultural, están los jacobinos de la lectura: esos que piensan que hay que obligar a todo el mundo a leer, que la lectura es un “placer” que debe imponerse a todos para que nadie se quede al margen de la civilización; son los que desprecian a los no lectores y los que pugnan porque leer se convierta en un deber absoluto, contra toda reticencia.

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tolerancia. Su fin es imponer la virtud, pero la virtud tal y como ellos la entienden: por el camino de la “pureza” que ellos mismos señalan —y que sólo es uno, es decir único—, porque todo lo demás es herejía. Su fe pedagógica se asienta en la certeza de que nadie mejor que ellos puede saber lo que es el bien y lo que a los demás conviene. Son fanáticos que luchan por instaurar el reinado de la virtud, porque se saben virtuosos. Y así como hay jacobinos políticos aún hoy, también existen los jacobinos de la cultura y la intelectualidad; y dentro del jacobinismo cultural, están los jacobinos de la lectura: esos que piensan que hay que obligar a todo el mundo a leer, que la lectura es un “placer” que debe imponerse a todos para que nadie se quede al margen de la civilización; son los que desprecian a los no lectores y los que pugnan porque leer se convierta en un deber absoluto, contra toda reticencia.

tolerancia. Su fin es imponer la virtud, pero la virtud tal y como ellos la entienden: por el camino de la “pureza” que ellos mismos señalan —y que sólo es uno, es decir único—, porque todo lo demás es herejía. Su fe pedagógica se asienta en la certeza de que nadie mejor que ellos puede saber lo que es el bien y lo que a los demás conviene. Son fanáticos que luchan por instaurar el reinado de la virtud, porque se saben virtuosos. Y así como hay jacobinos políticos aún hoy, también existen los jacobinos de la cultura y la intelectualidad; y dentro del jacobinismo cultural, están los jacobinos de la lectura: esos que piensan que hay que obligar a todo el mundo a leer, que la lectura es un “placer” que debe imponerse a todos para que nadie se quede al margen de la civilización; son los que desprecian a los no lectores y los que pugnan porque leer se convierta en un deber absoluto, contra toda reticencia.

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repensar el libro

repensar el libro

Leer un libro enseña más que hablar con su autor,

Leer un libro enseña más que hablar con su autor,

René Descartes [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

René Descartes [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

La ceguera es el único mal que me ha hecho temblar.

La ceguera es el único mal que me ha hecho temblar.

porque el autor en el libro sólo ha puesto sus mejores pensamientos.

Emily Dickinson [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Emily Dickinson [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

Hubiera tenido que prescindir de los seres más queridos a lo largo del tiempo, de los mejores amigos del alma: los libros.

releer la vida

Hubiera tenido que prescindir de los seres más queridos a lo largo del tiempo, de los mejores amigos del alma: los libros.

porque el autor en el libro sólo ha puesto sus mejores pensamientos.

Leer un libro enseña más que hablar con su autor,

Leer un libro enseña más que hablar con su autor,

René Descartes [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

René Descartes [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

La ceguera es el único mal que me ha hecho temblar.

La ceguera es el único mal que me ha hecho temblar.

porque el autor en el libro sólo ha puesto sus mejores pensamientos.

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Hubiera tenido que prescindir de los seres más queridos a lo largo del tiempo, de los mejores amigos del alma: los libros. Emily Dickinson [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

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releer la vida

Emily Dickinson [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

releer la vida

Hubiera tenido que prescindir de los seres más queridos a lo largo del tiempo, de los mejores amigos del alma: los libros.

porque el autor en el libro sólo ha puesto sus mejores pensamientos.

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repensar el libro

repensar el libro

Uno puede soportar todo sufrimiento si después lo emplea en una novela.

Isak Dinesen [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

¡Qué deuda tenemos con los libros de imaginación!

No hay mejor amigo o influencia que Scott, Shakespeare, Plutarco y Homero. El hombre vive también de otros objetos, pero ¿quién se atrevería a decir que son más reales? Incluso la prosa de las calles está llena de refracciones.

emplea en una novela.

Isak Dinesen [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

¡Qué deuda tenemos con los libros de imaginación!

No hay mejor amigo o influencia que Scott, Shakespeare, Plutarco y Homero. El hombre vive también de otros objetos, pero ¿quién se atrevería a decir que son más reales? Incluso la prosa de las calles está llena de refracciones.

Ralph Waldo Emerson [citado por Fernando Savater en El contenido de la felicidad, Santillana, Madrid, 2001]

Ralph Waldo Emerson [citado por Fernando Savater en El contenido de la felicidad, Santillana, Madrid, 2001]

Cuando un libro es traducido a otras lenguas no es

Cuando un libro es traducido a otras lenguas no es

Bruno Estañol [El féretro de cristal, Cal y Arena, México, 1992]

Bruno Estañol [El féretro de cristal, Cal y Arena, México, 1992]

porque sea necesariamente bueno, sino porque, como dice Jorge Luis Borges, “la credulidad y el candor del hombre no tienen fin”.

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

El libro no le servirá más que para ayudarle a conver-

tir su vida interior en algo más interesante, como lo hace una historia de amor o un proyecto que le exige toda su energía. Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

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Uno puede soportar todo sufrimiento si después lo

Uno puede soportar todo sufrimiento si después lo

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emplea en una novela.

Isak Dinesen [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

¡Qué deuda tenemos con los libros de imaginación!

No hay mejor amigo o influencia que Scott, Shakespeare, Plutarco y Homero. El hombre vive también de otros objetos, pero ¿quién se atrevería a decir que son más reales? Incluso la prosa de las calles está llena de refracciones.

emplea en una novela.

Isak Dinesen [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

¡Qué deuda tenemos con los libros de imaginación!

No hay mejor amigo o influencia que Scott, Shakespeare, Plutarco y Homero. El hombre vive también de otros objetos, pero ¿quién se atrevería a decir que son más reales? Incluso la prosa de las calles está llena de refracciones.

Ralph Waldo Emerson [citado por Fernando Savater en El contenido de la felicidad, Santillana, Madrid, 2001]

Ralph Waldo Emerson [citado por Fernando Savater en El contenido de la felicidad, Santillana, Madrid, 2001]

Cuando un libro es traducido a otras lenguas no es

Cuando un libro es traducido a otras lenguas no es

Bruno Estañol [El féretro de cristal, Cal y Arena, México, 1992]

Bruno Estañol [El féretro de cristal, Cal y Arena, México, 1992]

porque sea necesariamente bueno, sino porque, como dice Jorge Luis Borges, “la credulidad y el candor del hombre no tienen fin”.

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

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El libro no le servirá más que para ayudarle a conver-

tir su vida interior en algo más interesante, como lo hace una historia de amor o un proyecto que le exige toda su energía. Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

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releer la vida

tir su vida interior en algo más interesante, como lo hace una historia de amor o un proyecto que le exige toda su energía.

porque sea necesariamente bueno, sino porque, como dice Jorge Luis Borges, “la credulidad y el candor del hombre no tienen fin”.

releer la vida

El libro no le servirá más que para ayudarle a conver-

releer la vida

tir su vida interior en algo más interesante, como lo hace una historia de amor o un proyecto que le exige toda su energía.

porque sea necesariamente bueno, sino porque, como dice Jorge Luis Borges, “la credulidad y el candor del hombre no tienen fin”.

releer la vida

El libro no le servirá más que para ayudarle a conver-

repensar el libro

Uno puede soportar todo sufrimiento si después lo

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9 Leer para no pensar

9 Leer para no pensar

Los jacobinos hacen del terror virtud y van de la rabia destructiva

Los jacobinos hacen del terror virtud y van de la rabia destructiva

al furor autodestructivo que les otorga su único placer. Como afirma Glucksmann, “el terror jacobino pasa así por ser un ‘engaño de la razón’, que instaura el bien utilizando los medios del mal”. No llegan a sospechar, ni remotamente, que existe una contradicción entre su ideal presuntamente positivo y la negatividad absoluta de sus discursos y sus acciones. Su radicalismo les dice todo el tiempo que el mundo los necesita para transformarse. Oscuros taumaturgos que se consideran ángeles luminosos sólo imaginan la perfección humana cuando todos los individuos sean exactamente como ellos. Y en esto se empeñan. En el caso de los jacobinos de la lectura, éstos no están contentos ni con ellos mismos. Viven malhumorados, irascibles,

al furor autodestructivo que les otorga su único placer. Como afirma Glucksmann, “el terror jacobino pasa así por ser un ‘engaño de la razón’, que instaura el bien utilizando los medios del mal”. No llegan a sospechar, ni remotamente, que existe una contradicción entre su ideal presuntamente positivo y la negatividad absoluta de sus discursos y sus acciones. Su radicalismo les dice todo el tiempo que el mundo los necesita para transformarse. Oscuros taumaturgos que se consideran ángeles luminosos sólo imaginan la perfección humana cuando todos los individuos sean exactamente como ellos. Y en esto se empeñan. En el caso de los jacobinos de la lectura, éstos no están contentos ni con ellos mismos. Viven malhumorados, irascibles,

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9 Leer para no pensar

9 Leer para no pensar

Los jacobinos hacen del terror virtud y van de la rabia destructiva

Los jacobinos hacen del terror virtud y van de la rabia destructiva

al furor autodestructivo que les otorga su único placer. Como afirma Glucksmann, “el terror jacobino pasa así por ser un ‘engaño de la razón’, que instaura el bien utilizando los medios del mal”. No llegan a sospechar, ni remotamente, que existe una contradicción entre su ideal presuntamente positivo y la negatividad absoluta de sus discursos y sus acciones. Su radicalismo les dice todo el tiempo que el mundo los necesita para transformarse. Oscuros taumaturgos que se consideran ángeles luminosos sólo imaginan la perfección humana cuando todos los individuos sean exactamente como ellos. Y en esto se empeñan. En el caso de los jacobinos de la lectura, éstos no están contentos ni con ellos mismos. Viven malhumorados, irascibles,

al furor autodestructivo que les otorga su único placer. Como afirma Glucksmann, “el terror jacobino pasa así por ser un ‘engaño de la razón’, que instaura el bien utilizando los medios del mal”. No llegan a sospechar, ni remotamente, que existe una contradicción entre su ideal presuntamente positivo y la negatividad absoluta de sus discursos y sus acciones. Su radicalismo les dice todo el tiempo que el mundo los necesita para transformarse. Oscuros taumaturgos que se consideran ángeles luminosos sólo imaginan la perfección humana cuando todos los individuos sean exactamente como ellos. Y en esto se empeñan. En el caso de los jacobinos de la lectura, éstos no están contentos ni con ellos mismos. Viven malhumorados, irascibles,

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crispados, y todo porque los demás (que son muy brutos, que son muy bestias) no leen lo que ellos leen. Su fe “racional” está fundada en las virtudes teologales del libro. En sus excesos, el jacobinismo cultural pugnaría incluso por disposiciones draconianas, a fin de que nadie escape de la obligación de leer. (“Draconiano” deriva del nombre del legislador ateniense Dracón, elaborador en el siglo vii de leyes, normas y medidas de gobierno o autoridad crueles o muy severas, es decir excesivas, dogmáticas contra el individuo y la sociedad.) Los jacobinos, si pudieran, serían draconianos, porque están convencidos de que las regulaciones más severas pueden componer las acciones y las actitudes de los ciudadanos. Ignoran que es más fácil cambiar las leyes que cambiar las costumbres. Y aunque lean muchos libros, su fuerte no es la reflexión, pues, como dijera Georg Christoph Lichtenberg, “en verdad hay muchos hombres que leen sólo para no pensar”.

crispados, y todo porque los demás (que son muy brutos, que son muy bestias) no leen lo que ellos leen. Su fe “racional” está fundada en las virtudes teologales del libro. En sus excesos, el jacobinismo cultural pugnaría incluso por disposiciones draconianas, a fin de que nadie escape de la obligación de leer. (“Draconiano” deriva del nombre del legislador ateniense Dracón, elaborador en el siglo vii de leyes, normas y medidas de gobierno o autoridad crueles o muy severas, es decir excesivas, dogmáticas contra el individuo y la sociedad.) Los jacobinos, si pudieran, serían draconianos, porque están convencidos de que las regulaciones más severas pueden componer las acciones y las actitudes de los ciudadanos. Ignoran que es más fácil cambiar las leyes que cambiar las costumbres. Y aunque lean muchos libros, su fuerte no es la reflexión, pues, como dijera Georg Christoph Lichtenberg, “en verdad hay muchos hombres que leen sólo para no pensar”.

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crispados, y todo porque los demás (que son muy brutos, que son muy bestias) no leen lo que ellos leen. Su fe “racional” está fundada en las virtudes teologales del libro. En sus excesos, el jacobinismo cultural pugnaría incluso por disposiciones draconianas, a fin de que nadie escape de la obligación de leer. (“Draconiano” deriva del nombre del legislador ateniense Dracón, elaborador en el siglo vii de leyes, normas y medidas de gobierno o autoridad crueles o muy severas, es decir excesivas, dogmáticas contra el individuo y la sociedad.) Los jacobinos, si pudieran, serían draconianos, porque están convencidos de que las regulaciones más severas pueden componer las acciones y las actitudes de los ciudadanos. Ignoran que es más fácil cambiar las leyes que cambiar las costumbres. Y aunque lean muchos libros, su fuerte no es la reflexión, pues, como dijera Georg Christoph Lichtenberg, “en verdad hay muchos hombres que leen sólo para no pensar”.

crispados, y todo porque los demás (que son muy brutos, que son muy bestias) no leen lo que ellos leen. Su fe “racional” está fundada en las virtudes teologales del libro. En sus excesos, el jacobinismo cultural pugnaría incluso por disposiciones draconianas, a fin de que nadie escape de la obligación de leer. (“Draconiano” deriva del nombre del legislador ateniense Dracón, elaborador en el siglo vii de leyes, normas y medidas de gobierno o autoridad crueles o muy severas, es decir excesivas, dogmáticas contra el individuo y la sociedad.) Los jacobinos, si pudieran, serían draconianos, porque están convencidos de que las regulaciones más severas pueden componer las acciones y las actitudes de los ciudadanos. Ignoran que es más fácil cambiar las leyes que cambiar las costumbres. Y aunque lean muchos libros, su fuerte no es la reflexión, pues, como dijera Georg Christoph Lichtenberg, “en verdad hay muchos hombres que leen sólo para no pensar”.

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repensar el libro

repensar el libro

Cuando lees un clásico, no ves nada en el libro que

Cuando lees un clásico, no ves nada en el libro que

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Como tantos otros, yo he ido leyendo estos libros, a

Como tantos otros, yo he ido leyendo estos libros, a

no hayas visto antes: ves cosas en ti mismo que no habías visto antes.

ratos, durante toda mi larga vida. Una de las cosas que he descubierto es que resulta fácil decir que te hacen crecer, pero bastante difícil demostrárselo a los lectores más jóvenes. Tal vez es mejor decir que actúan como un líquido para revelar películas; es decir, que te hacen ser consciente de lo que no sabías que sabes. Más que instrumentos para la mejora personal, los

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

releer la vida

ratos, durante toda mi larga vida. Una de las cosas que he descubierto es que resulta fácil decir que te hacen crecer, pero bastante difícil demostrárselo a los lectores más jóvenes. Tal vez es mejor decir que actúan como un líquido para revelar películas; es decir, que te hacen ser consciente de lo que no sabías que sabes. Más que instrumentos para la mejora personal, los

no hayas visto antes: ves cosas en ti mismo que no habías visto antes.

Cuando lees un clásico, no ves nada en el libro que

Cuando lees un clásico, no ves nada en el libro que

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Como tantos otros, yo he ido leyendo estos libros, a

Como tantos otros, yo he ido leyendo estos libros, a

no hayas visto antes: ves cosas en ti mismo que no habías visto antes.

ratos, durante toda mi larga vida. Una de las cosas que he descubierto es que resulta fácil decir que te hacen crecer, pero bastante difícil demostrárselo a los lectores más jóvenes. Tal vez es mejor decir que actúan como un líquido para revelar películas; es decir, que te hacen ser consciente de lo que no sabías que sabes. Más que instrumentos para la mejora personal, los 56

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ratos, durante toda mi larga vida. Una de las cosas que he descubierto es que resulta fácil decir que te hacen crecer, pero bastante difícil demostrárselo a los lectores más jóvenes. Tal vez es mejor decir que actúan como un líquido para revelar películas; es decir, que te hacen ser consciente de lo que no sabías que sabes. Más que instrumentos para la mejora personal, los

no hayas visto antes: ves cosas en ti mismo que no habías visto antes.

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repensar el libro

repensar el libro

libros son instrumentos de descubrimiento personal. Esta idea no es mía. Se encuentra en Platón. Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Sócrates se autodenominó “comadrona de ideas”. Un buen libro suele ser eso, una comadrona que hace que salga a la luz lo que ha estado enrollado como un embrión en las oscuras profundidades del cerebro.

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Sócrates se autodenominó “comadrona de ideas”. Un buen libro suele ser eso, una comadrona que hace que salga a la luz lo que ha estado enrollado como un embrión en las oscuras profundidades del cerebro.

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Al igual que El paraíso perdido y La divina comedia,

Al igual que El paraíso perdido y La divina comedia,

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

En su libro, el escritor debe ser como Dios en el uni-

En su libro, el escritor debe ser como Dios en el uni-

Don Quijote es uno de esos libros más reverenciados que leídos, más alabados que disfrutados.

verso: debe estar presente en todas partes, pero no debe estar visible en ninguna [...] El artista debe hacer creer a la posteridad que él nunca existió.

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

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libros son instrumentos de descubrimiento personal. Esta idea no es mía. Se encuentra en Platón.

libros son instrumentos de descubrimiento personal. Esta idea no es mía. Se encuentra en Platón.

repensar el libro

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Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Sócrates se autodenominó “comadrona de ideas”. Un buen libro suele ser eso, una comadrona que hace que salga a la luz lo que ha estado enrollado como un embrión en las oscuras profundidades del cerebro.

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Sócrates se autodenominó “comadrona de ideas”. Un buen libro suele ser eso, una comadrona que hace que salga a la luz lo que ha estado enrollado como un embrión en las oscuras profundidades del cerebro.

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Al igual que El paraíso perdido y La divina comedia,

Al igual que El paraíso perdido y La divina comedia,

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

Clifton Fadiman [Un plan de lectura para toda la vida, Planeta, México, 2008]

En su libro, el escritor debe ser como Dios en el uni-

En su libro, el escritor debe ser como Dios en el uni-

Don Quijote es uno de esos libros más reverenciados que leídos, más alabados que disfrutados.

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verso: debe estar presente en todas partes, pero no debe estar visible en ninguna [...] El artista debe hacer creer a la posteridad que él nunca existió.

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

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Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

Don Quijote es uno de esos libros más reverenciados que leídos, más alabados que disfrutados.

releer la vida

verso: debe estar presente en todas partes, pero no debe estar visible en ninguna [...] El artista debe hacer creer a la posteridad que él nunca existió.

releer la vida

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

Don Quijote es uno de esos libros más reverenciados que leídos, más alabados que disfrutados.

releer la vida

verso: debe estar presente en todas partes, pero no debe estar visible en ninguna [...] El artista debe hacer creer a la posteridad que él nunca existió.

repensar el libro

libros son instrumentos de descubrimiento personal. Esta idea no es mía. Se encuentra en Platón.

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10 El ser humano como “noción” perfecta

10 El ser humano como “noción” perfecta

Draconianos y jacobinos intelectuales tienen una afinidad fun-

Draconianos y jacobinos intelectuales tienen una afinidad fun-

damental: piensan que no hay nada como la ortopedia (del griego ortho, “recto” y paid, “niño”) para enderezar a la gente, para corregir sus deformidades ya no sólo físicas sino también espirituales. No importan la incomodidad y aun el dolor que producirán los corsés y los herrajes empleados en esta bárbara tarea ilustrada. Lo importante es salirse con la suya y hacer de los individuos árboles rectos, de hábitos firmes, “para su propio bien”. Draconianos y jacobinos de la cultura sueñan con hacer del ser humano una “noción” perfecta. Cuando se ven al espejo, al tiempo que admiran su perfección (puesto que ellos son el modelo humano mejor acabado), los jacobinos de la lectura se tiran de los pelos porque los que no leen libros son muy incultos,

damental: piensan que no hay nada como la ortopedia (del griego ortho, “recto” y paid, “niño”) para enderezar a la gente, para corregir sus deformidades ya no sólo físicas sino también espirituales. No importan la incomodidad y aun el dolor que producirán los corsés y los herrajes empleados en esta bárbara tarea ilustrada. Lo importante es salirse con la suya y hacer de los individuos árboles rectos, de hábitos firmes, “para su propio bien”. Draconianos y jacobinos de la cultura sueñan con hacer del ser humano una “noción” perfecta. Cuando se ven al espejo, al tiempo que admiran su perfección (puesto que ellos son el modelo humano mejor acabado), los jacobinos de la lectura se tiran de los pelos porque los que no leen libros son muy incultos,

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10 El ser humano como “noción” perfecta

10 El ser humano como “noción” perfecta

Draconianos y jacobinos intelectuales tienen una afinidad fun-

Draconianos y jacobinos intelectuales tienen una afinidad fun-

damental: piensan que no hay nada como la ortopedia (del griego ortho, “recto” y paid, “niño”) para enderezar a la gente, para corregir sus deformidades ya no sólo físicas sino también espirituales. No importan la incomodidad y aun el dolor que producirán los corsés y los herrajes empleados en esta bárbara tarea ilustrada. Lo importante es salirse con la suya y hacer de los individuos árboles rectos, de hábitos firmes, “para su propio bien”. Draconianos y jacobinos de la cultura sueñan con hacer del ser humano una “noción” perfecta. Cuando se ven al espejo, al tiempo que admiran su perfección (puesto que ellos son el modelo humano mejor acabado), los jacobinos de la lectura se tiran de los pelos porque los que no leen libros son muy incultos,

damental: piensan que no hay nada como la ortopedia (del griego ortho, “recto” y paid, “niño”) para enderezar a la gente, para corregir sus deformidades ya no sólo físicas sino también espirituales. No importan la incomodidad y aun el dolor que producirán los corsés y los herrajes empleados en esta bárbara tarea ilustrada. Lo importante es salirse con la suya y hacer de los individuos árboles rectos, de hábitos firmes, “para su propio bien”. Draconianos y jacobinos de la cultura sueñan con hacer del ser humano una “noción” perfecta. Cuando se ven al espejo, al tiempo que admiran su perfección (puesto que ellos son el modelo humano mejor acabado), los jacobinos de la lectura se tiran de los pelos porque los que no leen libros son muy incultos,

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muy ignorantes, muy asnos: unas redomadas bestias. Lo dicen rechinando los dientes y despreciando a casi toda la humanidad. ¿Por qué hacen esto? Quizá el gran escritor inglés William Hazlitt nos dio una de las mejores respuestas: porque “los libros no enseñan el buen uso de los libros”, y, así, muchos lectores “ven las cosas no como son, sino como las hallan en los libros, y pasan por alto y acallan sus propias opiniones, a fin de no descubrir nada que pueda interferir sus prejuicios o convencerlos de que son absurdos”. Y añade: “No hay dogma, por violento o necio que sea, al que estos individuos no hayan puesto su sello y tratado de imponer al entendimiento de sus secuaces como voluntad divina, revestida de todos los terrores y sanciones de la religión. ¡Qué poco dirigida ha sido realmente la razón humana hacia la búsqueda del bien y la verdad!” He ahí la definición de un jacobino.

muy ignorantes, muy asnos: unas redomadas bestias. Lo dicen rechinando los dientes y despreciando a casi toda la humanidad. ¿Por qué hacen esto? Quizá el gran escritor inglés William Hazlitt nos dio una de las mejores respuestas: porque “los libros no enseñan el buen uso de los libros”, y, así, muchos lectores “ven las cosas no como son, sino como las hallan en los libros, y pasan por alto y acallan sus propias opiniones, a fin de no descubrir nada que pueda interferir sus prejuicios o convencerlos de que son absurdos”. Y añade: “No hay dogma, por violento o necio que sea, al que estos individuos no hayan puesto su sello y tratado de imponer al entendimiento de sus secuaces como voluntad divina, revestida de todos los terrores y sanciones de la religión. ¡Qué poco dirigida ha sido realmente la razón humana hacia la búsqueda del bien y la verdad!” He ahí la definición de un jacobino.

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muy ignorantes, muy asnos: unas redomadas bestias. Lo dicen rechinando los dientes y despreciando a casi toda la humanidad. ¿Por qué hacen esto? Quizá el gran escritor inglés William Hazlitt nos dio una de las mejores respuestas: porque “los libros no enseñan el buen uso de los libros”, y, así, muchos lectores “ven las cosas no como son, sino como las hallan en los libros, y pasan por alto y acallan sus propias opiniones, a fin de no descubrir nada que pueda interferir sus prejuicios o convencerlos de que son absurdos”. Y añade: “No hay dogma, por violento o necio que sea, al que estos individuos no hayan puesto su sello y tratado de imponer al entendimiento de sus secuaces como voluntad divina, revestida de todos los terrores y sanciones de la religión. ¡Qué poco dirigida ha sido realmente la razón humana hacia la búsqueda del bien y la verdad!” He ahí la definición de un jacobino.

muy ignorantes, muy asnos: unas redomadas bestias. Lo dicen rechinando los dientes y despreciando a casi toda la humanidad. ¿Por qué hacen esto? Quizá el gran escritor inglés William Hazlitt nos dio una de las mejores respuestas: porque “los libros no enseñan el buen uso de los libros”, y, así, muchos lectores “ven las cosas no como son, sino como las hallan en los libros, y pasan por alto y acallan sus propias opiniones, a fin de no descubrir nada que pueda interferir sus prejuicios o convencerlos de que son absurdos”. Y añade: “No hay dogma, por violento o necio que sea, al que estos individuos no hayan puesto su sello y tratado de imponer al entendimiento de sus secuaces como voluntad divina, revestida de todos los terrores y sanciones de la religión. ¡Qué poco dirigida ha sido realmente la razón humana hacia la búsqueda del bien y la verdad!” He ahí la definición de un jacobino.

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repensar el libro

repensar el libro

La única manera de vivir aceptablemente es ahogán-

La única manera de vivir aceptablemente es ahogán-

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

El libro es el opio de Occidente. Nos devora. Llegará

El libro es el opio de Occidente. Nos devora. Llegará

dose en la literatura como si se tratara de una orgía perpetua.

un día en que todos seremos bibliotecarios, y todo habrá concluido. Anatole France [citado por Michel Melot en “¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

repensar el libro

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releer la vida

Anatole France [citado por Michel Melot en “¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

releer la vida

un día en que todos seremos bibliotecarios, y todo habrá concluido.

dose en la literatura como si se tratara de una orgía perpetua.

La única manera de vivir aceptablemente es ahogán-

La única manera de vivir aceptablemente es ahogán-

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

Gustave Flaubert [Philip Sandblom, Enfermedad y creación, Fondo de Cultura Económica, México, 1995]

El libro es el opio de Occidente. Nos devora. Llegará

El libro es el opio de Occidente. Nos devora. Llegará

dose en la literatura como si se tratara de una orgía perpetua.

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un día en que todos seremos bibliotecarios, y todo habrá concluido. Anatole France [citado por Michel Melot en “¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

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releer la vida

Anatole France [citado por Michel Melot en “¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

releer la vida

un día en que todos seremos bibliotecarios, y todo habrá concluido.

dose en la literatura como si se tratara de una orgía perpetua.

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repensar el libro

repensar el libro

Nunca presto libros porque nadie los devuelve. Los únicos que tengo en mi biblioteca son libros que me prestaron.

Anatole France [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Miep no hace otra cosa que llevar paquetes, cargada siempre como un borrico. No pasa día sin andar kilómetros para buscar legumbres que trae en grandes sacos sujetos a su bicicleta. Cada sábado sin falta, llega con cinco libros de la biblioteca, que nosotros esperamos toda la semana con impaciencia, igual que unos niños pequeños a los que se les ha prometido un juguete. Las personas libres jamás podrán llegar a comprender lo que significan los libros para las que se ven obligadas a esconderse. Libros y más libros, y la radio. Éstas son nuestras únicas distracciones. Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

Nunca presto libros porque nadie los devuelve. Los únicos que tengo en mi biblioteca son libros que me prestaron.

Anatole France [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Miep no hace otra cosa que llevar paquetes, cargada siempre como un borrico. No pasa día sin andar kilómetros para buscar legumbres que trae en grandes sacos sujetos a su bicicleta. Cada sábado sin falta, llega con cinco libros de la biblioteca, que nosotros esperamos toda la semana con impaciencia, igual que unos niños pequeños a los que se les ha prometido un juguete. Las personas libres jamás podrán llegar a comprender lo que significan los libros para las que se ven obligadas a esconderse. Libros y más libros, y la radio. Éstas son nuestras únicas distracciones. Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

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Nunca presto libros porque nadie los devuelve. Los

Nunca presto libros porque nadie los devuelve. Los

repensar el libro

repensar el libro

releer la vida

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únicos que tengo en mi biblioteca son libros que me prestaron.

Anatole France [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Miep no hace otra cosa que llevar paquetes, cargada siempre como un borrico. No pasa día sin andar kilómetros para buscar legumbres que trae en grandes sacos sujetos a su bicicleta. Cada sábado sin falta, llega con cinco libros de la biblioteca, que nosotros esperamos toda la semana con impaciencia, igual que unos niños pequeños a los que se les ha prometido un juguete. Las personas libres jamás podrán llegar a comprender lo que significan los libros para las que se ven obligadas a esconderse. Libros y más libros, y la radio. Éstas son nuestras únicas distracciones. Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

únicos que tengo en mi biblioteca son libros que me prestaron.

Anatole France [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Miep no hace otra cosa que llevar paquetes, cargada siempre como un borrico. No pasa día sin andar kilómetros para buscar legumbres que trae en grandes sacos sujetos a su bicicleta. Cada sábado sin falta, llega con cinco libros de la biblioteca, que nosotros esperamos toda la semana con impaciencia, igual que unos niños pequeños a los que se les ha prometido un juguete. Las personas libres jamás podrán llegar a comprender lo que significan los libros para las que se ven obligadas a esconderse. Libros y más libros, y la radio. Éstas son nuestras únicas distracciones. Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

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11 Leer mucho no siempre sirve de mucho

11 Leer mucho no siempre sirve de mucho

Los jacobinos de la lectura no respetan otro saber que no sea el

Los jacobinos de la lectura no respetan otro saber que no sea el

de los libros. Neuróticamente confunden el deseo con la realidad y creen que la frase condicional “si hubiera” corresponde precisamente a un hecho real. Por eso si uno les argumenta que la cantante Billie Holiday es extraordinaria, a pesar de que no leyó libros, ellos responden de inmediato: “Si hubiera leído libros hubiera sido mejor”. ¿Cómo demonios pueden saberlo? Por una simplísima razón: porque ellos que leen libros se saben y se sienten mejores (y por supuesto superiores) a todos los que no leen o no leyeron libros. Y, sin embargo, es bastante probable que ninguno de ellos, por muchos libros que haya leído, sea tan extraordinario como Billie Holiday. Por otra parte, si leer tantos

de los libros. Neuróticamente confunden el deseo con la realidad y creen que la frase condicional “si hubiera” corresponde precisamente a un hecho real. Por eso si uno les argumenta que la cantante Billie Holiday es extraordinaria, a pesar de que no leyó libros, ellos responden de inmediato: “Si hubiera leído libros hubiera sido mejor”. ¿Cómo demonios pueden saberlo? Por una simplísima razón: porque ellos que leen libros se saben y se sienten mejores (y por supuesto superiores) a todos los que no leen o no leyeron libros. Y, sin embargo, es bastante probable que ninguno de ellos, por muchos libros que haya leído, sea tan extraordinario como Billie Holiday. Por otra parte, si leer tantos

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11 Leer mucho no siempre sirve de mucho

11 Leer mucho no siempre sirve de mucho

Los jacobinos de la lectura no respetan otro saber que no sea el

Los jacobinos de la lectura no respetan otro saber que no sea el

de los libros. Neuróticamente confunden el deseo con la realidad y creen que la frase condicional “si hubiera” corresponde precisamente a un hecho real. Por eso si uno les argumenta que la cantante Billie Holiday es extraordinaria, a pesar de que no leyó libros, ellos responden de inmediato: “Si hubiera leído libros hubiera sido mejor”. ¿Cómo demonios pueden saberlo? Por una simplísima razón: porque ellos que leen libros se saben y se sienten mejores (y por supuesto superiores) a todos los que no leen o no leyeron libros. Y, sin embargo, es bastante probable que ninguno de ellos, por muchos libros que haya leído, sea tan extraordinario como Billie Holiday. Por otra parte, si leer tantos

de los libros. Neuróticamente confunden el deseo con la realidad y creen que la frase condicional “si hubiera” corresponde precisamente a un hecho real. Por eso si uno les argumenta que la cantante Billie Holiday es extraordinaria, a pesar de que no leyó libros, ellos responden de inmediato: “Si hubiera leído libros hubiera sido mejor”. ¿Cómo demonios pueden saberlo? Por una simplísima razón: porque ellos que leen libros se saben y se sienten mejores (y por supuesto superiores) a todos los que no leen o no leyeron libros. Y, sin embargo, es bastante probable que ninguno de ellos, por muchos libros que haya leído, sea tan extraordinario como Billie Holiday. Por otra parte, si leer tantos

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libros no les sirve para comprender que no son los libros los que hacen buenas a las personas sino las personas las que hacen buenos (o malos) a los libros, entonces leer mucho les ha servido de muy poco. Alí Chumacero dijo alguna vez esta verdad refulgente: “La pedantería no ayuda absolutamente a nada, sino a hacer antipático al pedante y no agrega sabiduría, no agrega sapiencia a aquel que la ejerce”. Todas las cosas son relativas. Al momento en que Diego Armando Maradona recorre tres cuartos de la cancha, driblando rivales (incluido el portero), para anotar ante Inglaterra (campeonato mundial de 1986, en México), el que se considera, casi unánimemente, el gol más bello en la historia del futbol, ningún amante de este deporte, por muy culto que sea, se pone a pensar que ese gol hubiera podido ser mejor si Maradona hubiese sido ávido lector de libros. Hay señores en el futbol (Menotti, Valdano, entre otros) que leen más libros que Maradona, pero ninguno de ellos fue mejor futbolista que el autor de aquel inolvidable gol ante Inglaterra.

libros no les sirve para comprender que no son los libros los que hacen buenas a las personas sino las personas las que hacen buenos (o malos) a los libros, entonces leer mucho les ha servido de muy poco. Alí Chumacero dijo alguna vez esta verdad refulgente: “La pedantería no ayuda absolutamente a nada, sino a hacer antipático al pedante y no agrega sabiduría, no agrega sapiencia a aquel que la ejerce”. Todas las cosas son relativas. Al momento en que Diego Armando Maradona recorre tres cuartos de la cancha, driblando rivales (incluido el portero), para anotar ante Inglaterra (campeonato mundial de 1986, en México), el que se considera, casi unánimemente, el gol más bello en la historia del futbol, ningún amante de este deporte, por muy culto que sea, se pone a pensar que ese gol hubiera podido ser mejor si Maradona hubiese sido ávido lector de libros. Hay señores en el futbol (Menotti, Valdano, entre otros) que leen más libros que Maradona, pero ninguno de ellos fue mejor futbolista que el autor de aquel inolvidable gol ante Inglaterra.

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libros no les sirve para comprender que no son los libros los que hacen buenas a las personas sino las personas las que hacen buenos (o malos) a los libros, entonces leer mucho les ha servido de muy poco. Alí Chumacero dijo alguna vez esta verdad refulgente: “La pedantería no ayuda absolutamente a nada, sino a hacer antipático al pedante y no agrega sabiduría, no agrega sapiencia a aquel que la ejerce”. Todas las cosas son relativas. Al momento en que Diego Armando Maradona recorre tres cuartos de la cancha, driblando rivales (incluido el portero), para anotar ante Inglaterra (campeonato mundial de 1986, en México), el que se considera, casi unánimemente, el gol más bello en la historia del futbol, ningún amante de este deporte, por muy culto que sea, se pone a pensar que ese gol hubiera podido ser mejor si Maradona hubiese sido ávido lector de libros. Hay señores en el futbol (Menotti, Valdano, entre otros) que leen más libros que Maradona, pero ninguno de ellos fue mejor futbolista que el autor de aquel inolvidable gol ante Inglaterra.

libros no les sirve para comprender que no son los libros los que hacen buenas a las personas sino las personas las que hacen buenos (o malos) a los libros, entonces leer mucho les ha servido de muy poco. Alí Chumacero dijo alguna vez esta verdad refulgente: “La pedantería no ayuda absolutamente a nada, sino a hacer antipático al pedante y no agrega sabiduría, no agrega sapiencia a aquel que la ejerce”. Todas las cosas son relativas. Al momento en que Diego Armando Maradona recorre tres cuartos de la cancha, driblando rivales (incluido el portero), para anotar ante Inglaterra (campeonato mundial de 1986, en México), el que se considera, casi unánimemente, el gol más bello en la historia del futbol, ningún amante de este deporte, por muy culto que sea, se pone a pensar que ese gol hubiera podido ser mejor si Maradona hubiese sido ávido lector de libros. Hay señores en el futbol (Menotti, Valdano, entre otros) que leen más libros que Maradona, pero ninguno de ellos fue mejor futbolista que el autor de aquel inolvidable gol ante Inglaterra.

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repensar el libro

repensar el libro

Cuando quiero enterarme de algo, siempre acabo

Cuando quiero enterarme de algo, siempre acabo

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

por encontrarlo en algún libro.

por encontrarlo en algún libro.

Me vuelven loca los libros y la lectura.

Me vuelven loca los libros y la lectura.

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Cuando los libros hablan es que alguien los lee,

alguien, en el seno del silencio, separa su voz y se dispone a escucharla. Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

repensar el libro

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releer la vida

alguien, en el seno del silencio, separa su voz y se dispone a escucharla.

releer la vida

Cuando los libros hablan es que alguien los lee,

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

Cuando quiero enterarme de algo, siempre acabo

Cuando quiero enterarme de algo, siempre acabo

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

por encontrarlo en algún libro.

por encontrarlo en algún libro.

Me vuelven loca los libros y la lectura.

Me vuelven loca los libros y la lectura.

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

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Cuando los libros hablan es que alguien los lee,

alguien, en el seno del silencio, separa su voz y se dispone a escucharla. Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

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releer la vida

alguien, en el seno del silencio, separa su voz y se dispone a escucharla.

releer la vida

Cuando los libros hablan es que alguien los lee,

Ana Frank [Diario, Plaza y Janés, Barcelona, 1990]

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repensar el libro

repensar el libro

Leemos en la biblioteca, sin romper el silencio. Cualquier lugar es la biblioteca; la lectura nos conduce siempre al espacio de los libros. Llevados por el libro leemos en silencio. Nada es capaz de romperlo y, sin embargo, la escritura, a través del libro, habla en él.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Cada obra toma la forma que le da el lector que la contiene; en la lectura, ya no es una, sino múltiples obras, tantas como los lectores que al recorrerla la hacen aparecer. Ningún libro ha sido leído dos veces de la misma manera.

quier lugar es la biblioteca; la lectura nos conduce siempre al espacio de los libros. Llevados por el libro leemos en silencio. Nada es capaz de romperlo y, sin embargo, la escritura, a través del libro, habla en él.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Cada obra toma la forma que le da el lector que la contiene; en la lectura, ya no es una, sino múltiples obras, tantas como los lectores que al recorrerla la hacen aparecer. Ningún libro ha sido leído dos veces de la misma manera.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Somos el libro que leemos, en la misma medida en que

Somos el libro que leemos, en la misma medida en que

el libro es en nosotros [...] El libro se pierde en nosotros, pero igualmente nosotros nos perdemos en el libro.

el libro es en nosotros [...] El libro se pierde en nosotros, pero igualmente nosotros nos perdemos en el libro.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

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Leemos en la biblioteca, sin romper el silencio. Cual-

Leemos en la biblioteca, sin romper el silencio. Cual-

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quier lugar es la biblioteca; la lectura nos conduce siempre al espacio de los libros. Llevados por el libro leemos en silencio. Nada es capaz de romperlo y, sin embargo, la escritura, a través del libro, habla en él.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Cada obra toma la forma que le da el lector que la contiene; en la lectura, ya no es una, sino múltiples obras, tantas como los lectores que al recorrerla la hacen aparecer. Ningún libro ha sido leído dos veces de la misma manera.

quier lugar es la biblioteca; la lectura nos conduce siempre al espacio de los libros. Llevados por el libro leemos en silencio. Nada es capaz de romperlo y, sin embargo, la escritura, a través del libro, habla en él.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Cada obra toma la forma que le da el lector que la contiene; en la lectura, ya no es una, sino múltiples obras, tantas como los lectores que al recorrerla la hacen aparecer. Ningún libro ha sido leído dos veces de la misma manera.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

Somos el libro que leemos, en la misma medida en que

Somos el libro que leemos, en la misma medida en que

el libro es en nosotros [...] El libro se pierde en nosotros, pero igualmente nosotros nos perdemos en el libro.

Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

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el libro es en nosotros [...] El libro se pierde en nosotros, pero igualmente nosotros nos perdemos en el libro.

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Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

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Juan García Ponce [Las huellas de la voz, Ediciones Coma, México, 1982]

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Leemos en la biblioteca, sin romper el silencio. Cual-

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12 El libro frente al poder

12 El libro frente al poder

os libros influyen tan escasamente en las masas, los compran y los leen tan pocos individuos que en realidad no sirven para nada. Serían importantes si tuvieran un contundente y amplio impacto social”. Así piensan muchos. Y esta forma de pensar (para la cual no han necesitado de libros) les ha dado buenos resultados. Están al frente de empresas, instituciones y proyectos. Son guías y conductores. Connotados. Líderes de opinión. En la actualidad globalizada, un mecanismo de angustia y desesperación, generado por las diversas instancias de autoridad y poder (el poder político, el económico, el de los medios, el de la vanidad, el de la frivolidad que juega a ser trascendencia, etcétera) es aquel que nos advierte que si lo que hacemos tiene muy poco “impacto

os libros influyen tan escasamente en las masas, los compran y los leen tan pocos individuos que en realidad no sirven para nada. Serían importantes si tuvieran un contundente y amplio impacto social”. Así piensan muchos. Y esta forma de pensar (para la cual no han necesitado de libros) les ha dado buenos resultados. Están al frente de empresas, instituciones y proyectos. Son guías y conductores. Connotados. Líderes de opinión. En la actualidad globalizada, un mecanismo de angustia y desesperación, generado por las diversas instancias de autoridad y poder (el poder político, el económico, el de los medios, el de la vanidad, el de la frivolidad que juega a ser trascendencia, etcétera) es aquel que nos advierte que si lo que hacemos tiene muy poco “impacto

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12 El libro frente al poder

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os libros influyen tan escasamente en las masas, los compran y los leen tan pocos individuos que en realidad no sirven para nada. Serían importantes si tuvieran un contundente y amplio impacto social”. Así piensan muchos. Y esta forma de pensar (para la cual no han necesitado de libros) les ha dado buenos resultados. Están al frente de empresas, instituciones y proyectos. Son guías y conductores. Connotados. Líderes de opinión. En la actualidad globalizada, un mecanismo de angustia y desesperación, generado por las diversas instancias de autoridad y poder (el poder político, el económico, el de los medios, el de la vanidad, el de la frivolidad que juega a ser trascendencia, etcétera) es aquel que nos advierte que si lo que hacemos tiene muy poco “impacto

os libros influyen tan escasamente en las masas, los compran y los leen tan pocos individuos que en realidad no sirven para nada. Serían importantes si tuvieran un contundente y amplio impacto social”. Así piensan muchos. Y esta forma de pensar (para la cual no han necesitado de libros) les ha dado buenos resultados. Están al frente de empresas, instituciones y proyectos. Son guías y conductores. Connotados. Líderes de opinión. En la actualidad globalizada, un mecanismo de angustia y desesperación, generado por las diversas instancias de autoridad y poder (el poder político, el económico, el de los medios, el de la vanidad, el de la frivolidad que juega a ser trascendencia, etcétera) es aquel que nos advierte que si lo que hacemos tiene muy poco “impacto

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social”, entonces no sirve para nada. En este esquema de falsa lógica, que se desprende del Éxito (esa religión en la que creen hoy incluso los académicos), se olvidan muchas cosas, pero sobre todo una: que el “impacto social” (lo que sea que esto quiera significar) muy pocas veces ha acompañado, de inmediato, a las verdaderas obras trascendentes del espíritu o del intelecto. Por ejemplo, en cuestiones de libros, hay quienes han triunfado de la noche a la mañana, con un éxito arrollador y un impacto social irrefutable, para después, casi inmediatamente, volver a la nada de donde salieron. Caso contrario el de algunos autores que, sin ruido ninguno, sin aclamaciones, sin exaltaciones, fueron poco a poco revelando las virtudes de sus obras, hasta convertirse con el tiempo, y por muchas cosas, en libros necesarios. Más de una vez, esos autores jamás pudieron ser testigos del beneficio que aportaron.

social”, entonces no sirve para nada. En este esquema de falsa lógica, que se desprende del Éxito (esa religión en la que creen hoy incluso los académicos), se olvidan muchas cosas, pero sobre todo una: que el “impacto social” (lo que sea que esto quiera significar) muy pocas veces ha acompañado, de inmediato, a las verdaderas obras trascendentes del espíritu o del intelecto. Por ejemplo, en cuestiones de libros, hay quienes han triunfado de la noche a la mañana, con un éxito arrollador y un impacto social irrefutable, para después, casi inmediatamente, volver a la nada de donde salieron. Caso contrario el de algunos autores que, sin ruido ninguno, sin aclamaciones, sin exaltaciones, fueron poco a poco revelando las virtudes de sus obras, hasta convertirse con el tiempo, y por muchas cosas, en libros necesarios. Más de una vez, esos autores jamás pudieron ser testigos del beneficio que aportaron.

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social”, entonces no sirve para nada. En este esquema de falsa lógica, que se desprende del Éxito (esa religión en la que creen hoy incluso los académicos), se olvidan muchas cosas, pero sobre todo una: que el “impacto social” (lo que sea que esto quiera significar) muy pocas veces ha acompañado, de inmediato, a las verdaderas obras trascendentes del espíritu o del intelecto. Por ejemplo, en cuestiones de libros, hay quienes han triunfado de la noche a la mañana, con un éxito arrollador y un impacto social irrefutable, para después, casi inmediatamente, volver a la nada de donde salieron. Caso contrario el de algunos autores que, sin ruido ninguno, sin aclamaciones, sin exaltaciones, fueron poco a poco revelando las virtudes de sus obras, hasta convertirse con el tiempo, y por muchas cosas, en libros necesarios. Más de una vez, esos autores jamás pudieron ser testigos del beneficio que aportaron.

social”, entonces no sirve para nada. En este esquema de falsa lógica, que se desprende del Éxito (esa religión en la que creen hoy incluso los académicos), se olvidan muchas cosas, pero sobre todo una: que el “impacto social” (lo que sea que esto quiera significar) muy pocas veces ha acompañado, de inmediato, a las verdaderas obras trascendentes del espíritu o del intelecto. Por ejemplo, en cuestiones de libros, hay quienes han triunfado de la noche a la mañana, con un éxito arrollador y un impacto social irrefutable, para después, casi inmediatamente, volver a la nada de donde salieron. Caso contrario el de algunos autores que, sin ruido ninguno, sin aclamaciones, sin exaltaciones, fueron poco a poco revelando las virtudes de sus obras, hasta convertirse con el tiempo, y por muchas cosas, en libros necesarios. Más de una vez, esos autores jamás pudieron ser testigos del beneficio que aportaron.

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repensar el libro

repensar el libro

El día que el corazón aprenda a leer y a escribir se

El día que el corazón aprenda a leer y a escribir se

Juan Gelman [País que fue será, Seix Barral, Buenos Aires, 2004]

Juan Gelman [País que fue será, Seix Barral, Buenos Aires, 2004]

La niña lee/ el alfabeto de los árboles/ y se vuelve

La niña lee/ el alfabeto de los árboles/ y se vuelve

verán cosas grandes.

verán cosas grandes.

ave clara. Cuánta/ paciencia ha de tener en aulas/ donde le enseñan a no ser.

quemará también a hombres.

Heinrich Heine [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Juan Gelman [Mundar, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2008]

Allí donde se queman libros, tarde o temprano se quemará también a hombres.

Heinrich Heine [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

repensar el libro

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releer la vida

Allí donde se queman libros, tarde o temprano se

releer la vida

Juan Gelman [Mundar, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2008]

ave clara. Cuánta/ paciencia ha de tener en aulas/ donde le enseñan a no ser.

El día que el corazón aprenda a leer y a escribir se

El día que el corazón aprenda a leer y a escribir se

Juan Gelman [País que fue será, Seix Barral, Buenos Aires, 2004]

Juan Gelman [País que fue será, Seix Barral, Buenos Aires, 2004]

La niña lee/ el alfabeto de los árboles/ y se vuelve

La niña lee/ el alfabeto de los árboles/ y se vuelve

verán cosas grandes.

verán cosas grandes.

ave clara. Cuánta/ paciencia ha de tener en aulas/ donde le enseñan a no ser.

quemará también a hombres.

Heinrich Heine [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

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Juan Gelman [Mundar, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2008]

Allí donde se queman libros, tarde o temprano se quemará también a hombres.

Heinrich Heine [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

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releer la vida

Allí donde se queman libros, tarde o temprano se

releer la vida

Juan Gelman [Mundar, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2008]

ave clara. Cuánta/ paciencia ha de tener en aulas/ donde le enseñan a no ser.

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repensar el libro

repensar el libro

Suponga el lector que no ha comprado este libro en una librería, sino que ha comprado un billete para entrar al cinematógrafo. Así, pues, lector, no vienes saliendo de una librería, sino que vas entrando al teatro. Vicente Huidobro [“Cagliostro”, Obras completas, Andrés Bello, Santiago de Chile, 1976]

El profesor es celoso del libro de texto al que define como su instrumento profesional. El estudiante puede llegar a odiar el laboratorio porque lo asocia con tareas escolares [...] Incluso los grandes clásicos se convierten en parte del “año de novato” universitario, en vez de señalar una nueva dirección en la vida de una persona. La escuela aparta las cosas del uso cotidiano al rotularlas como instrumentos educativos.

Suponga el lector que no ha comprado este libro en una librería, sino que ha comprado un billete para entrar al cinematógrafo. Así, pues, lector, no vienes saliendo de una librería, sino que vas entrando al teatro. Vicente Huidobro [“Cagliostro”, Obras completas, Andrés Bello, Santiago de Chile, 1976]

El profesor es celoso del libro de texto al que define como su instrumento profesional. El estudiante puede llegar a odiar el laboratorio porque lo asocia con tareas escolares [...] Incluso los grandes clásicos se convierten en parte del “año de novato” universitario, en vez de señalar una nueva dirección en la vida de una persona. La escuela aparta las cosas del uso cotidiano al rotularlas como instrumentos educativos.

Ivan Illich [La sociedad desescolarizada, Barral, Barcelona, 1974]

Ivan Illich [La sociedad desescolarizada, Barral, Barcelona, 1974]

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Suponga el lector que no ha comprado este libro en

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releer la vida

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una librería, sino que ha comprado un billete para entrar al cinematógrafo. Así, pues, lector, no vienes saliendo de una librería, sino que vas entrando al teatro. Vicente Huidobro [“Cagliostro”, Obras completas, Andrés Bello, Santiago de Chile, 1976]

El profesor es celoso del libro de texto al que define como su instrumento profesional. El estudiante puede llegar a odiar el laboratorio porque lo asocia con tareas escolares [...] Incluso los grandes clásicos se convierten en parte del “año de novato” universitario, en vez de señalar una nueva dirección en la vida de una persona. La escuela aparta las cosas del uso cotidiano al rotularlas como instrumentos educativos.

una librería, sino que ha comprado un billete para entrar al cinematógrafo. Así, pues, lector, no vienes saliendo de una librería, sino que vas entrando al teatro. Vicente Huidobro [“Cagliostro”, Obras completas, Andrés Bello, Santiago de Chile, 1976]

El profesor es celoso del libro de texto al que define como su instrumento profesional. El estudiante puede llegar a odiar el laboratorio porque lo asocia con tareas escolares [...] Incluso los grandes clásicos se convierten en parte del “año de novato” universitario, en vez de señalar una nueva dirección en la vida de una persona. La escuela aparta las cosas del uso cotidiano al rotularlas como instrumentos educativos.

Ivan Illich [La sociedad desescolarizada, Barral, Barcelona, 1974]

Ivan Illich [La sociedad desescolarizada, Barral, Barcelona, 1974]

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13 El cambio que producen los libros

13 El cambio que producen los libros

Tiene razón Gabriel Zaid cuando se pregunta, no sin ironía: “Los

Tiene razón Gabriel Zaid cuando se pregunta, no sin ironía: “Los

suicidas wertherianos, de no leer el Werther, ¿no se hubieran suicidado? La lectura de Marx, ¿produjo el 26 de julio en Cuba? La lectura de los evangelios, ¿produjo el bombardeo de Hiroshima?” Más aún: señala el autor de Los demasiados libros que “los sentimientos de culpa de la gente que escribe son conocidísimos, y en parte explican la obsesión de poner la pluma al servicio de ‘causas útiles’, para sentirse menos inservibles”. Pero “si pudimos esperar hasta 1966 para tener en español la Fenomenología del espíritu, sin que se haya caído el mundo de habla española por falta de Hegel, y si ahora que tenemos la traducción seguimos sin leerla, y si Castro declara públicamente que no ha leído más que las primeras páginas de El capital, ¿de qué estamos hablando al hablar de influencia de

suicidas wertherianos, de no leer el Werther, ¿no se hubieran suicidado? La lectura de Marx, ¿produjo el 26 de julio en Cuba? La lectura de los evangelios, ¿produjo el bombardeo de Hiroshima?” Más aún: señala el autor de Los demasiados libros que “los sentimientos de culpa de la gente que escribe son conocidísimos, y en parte explican la obsesión de poner la pluma al servicio de ‘causas útiles’, para sentirse menos inservibles”. Pero “si pudimos esperar hasta 1966 para tener en español la Fenomenología del espíritu, sin que se haya caído el mundo de habla española por falta de Hegel, y si ahora que tenemos la traducción seguimos sin leerla, y si Castro declara públicamente que no ha leído más que las primeras páginas de El capital, ¿de qué estamos hablando al hablar de influencia de

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13 El cambio que producen los libros

13 El cambio que producen los libros

Tiene razón Gabriel Zaid cuando se pregunta, no sin ironía: “Los

Tiene razón Gabriel Zaid cuando se pregunta, no sin ironía: “Los

suicidas wertherianos, de no leer el Werther, ¿no se hubieran suicidado? La lectura de Marx, ¿produjo el 26 de julio en Cuba? La lectura de los evangelios, ¿produjo el bombardeo de Hiroshima?” Más aún: señala el autor de Los demasiados libros que “los sentimientos de culpa de la gente que escribe son conocidísimos, y en parte explican la obsesión de poner la pluma al servicio de ‘causas útiles’, para sentirse menos inservibles”. Pero “si pudimos esperar hasta 1966 para tener en español la Fenomenología del espíritu, sin que se haya caído el mundo de habla española por falta de Hegel, y si ahora que tenemos la traducción seguimos sin leerla, y si Castro declara públicamente que no ha leído más que las primeras páginas de El capital, ¿de qué estamos hablando al hablar de influencia de

suicidas wertherianos, de no leer el Werther, ¿no se hubieran suicidado? La lectura de Marx, ¿produjo el 26 de julio en Cuba? La lectura de los evangelios, ¿produjo el bombardeo de Hiroshima?” Más aún: señala el autor de Los demasiados libros que “los sentimientos de culpa de la gente que escribe son conocidísimos, y en parte explican la obsesión de poner la pluma al servicio de ‘causas útiles’, para sentirse menos inservibles”. Pero “si pudimos esperar hasta 1966 para tener en español la Fenomenología del espíritu, sin que se haya caído el mundo de habla española por falta de Hegel, y si ahora que tenemos la traducción seguimos sin leerla, y si Castro declara públicamente que no ha leído más que las primeras páginas de El capital, ¿de qué estamos hablando al hablar de influencia de

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los libros, ya no digamos en las masas?” Lo que no se quiere entender es que la influencia de los libros es, por lo general, lenta y selectiva; que no es que cambie la vida de millones de lectores en un instante (los best sellers casi no cambian nada en realidad), sino que transforman el espíritu y las ideas de algunas personas entre las cuales se inscriben las aún más pocas que conseguirán, a lo largo de los años, las décadas y los siglos, influir y mejorar su época gracias a haber conferido vitalidad y potencia a las palabras muertas de unos libros que fueron leídos, realmente, por una minoría. Jorge Luis Borges diría: “Generalmente, las masas se equivocan; los individuos, no siempre”.

los libros, ya no digamos en las masas?” Lo que no se quiere entender es que la influencia de los libros es, por lo general, lenta y selectiva; que no es que cambie la vida de millones de lectores en un instante (los best sellers casi no cambian nada en realidad), sino que transforman el espíritu y las ideas de algunas personas entre las cuales se inscriben las aún más pocas que conseguirán, a lo largo de los años, las décadas y los siglos, influir y mejorar su época gracias a haber conferido vitalidad y potencia a las palabras muertas de unos libros que fueron leídos, realmente, por una minoría. Jorge Luis Borges diría: “Generalmente, las masas se equivocan; los individuos, no siempre”.

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los libros, ya no digamos en las masas?” Lo que no se quiere entender es que la influencia de los libros es, por lo general, lenta y selectiva; que no es que cambie la vida de millones de lectores en un instante (los best sellers casi no cambian nada en realidad), sino que transforman el espíritu y las ideas de algunas personas entre las cuales se inscriben las aún más pocas que conseguirán, a lo largo de los años, las décadas y los siglos, influir y mejorar su época gracias a haber conferido vitalidad y potencia a las palabras muertas de unos libros que fueron leídos, realmente, por una minoría. Jorge Luis Borges diría: “Generalmente, las masas se equivocan; los individuos, no siempre”.

los libros, ya no digamos en las masas?” Lo que no se quiere entender es que la influencia de los libros es, por lo general, lenta y selectiva; que no es que cambie la vida de millones de lectores en un instante (los best sellers casi no cambian nada en realidad), sino que transforman el espíritu y las ideas de algunas personas entre las cuales se inscriben las aún más pocas que conseguirán, a lo largo de los años, las décadas y los siglos, influir y mejorar su época gracias a haber conferido vitalidad y potencia a las palabras muertas de unos libros que fueron leídos, realmente, por una minoría. Jorge Luis Borges diría: “Generalmente, las masas se equivocan; los individuos, no siempre”.

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repensar el libro

repensar el libro

Mi libro tiene un principio, un desarrollo y un final.

Mi libro tiene un principio, un desarrollo y un final.

James Joyce [carta al editor que pretendía expurgar el Ulises. Citado por Juan Gelman en Miradas, Era, México, 2006]

James Joyce [carta al editor que pretendía expurgar el Ulises. Citado por Juan Gelman en Miradas, Era, México, 2006]

Todo libro tiene la obligación de ser bello en el pleno

Todo libro tiene la obligación de ser bello en el pleno

¿Cuál le gustaría suprimir?

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

rigor de la palabra, es decir de ser totalmente bueno. Si no es bello, entonces es malo en este aspecto, y no existe algo intermedio entre no ser bello, y no ser perfectamente bueno, y por tanto ser malo en este aspecto. Y lo que digo de los libros ha de extenderse a todas las otras clases de cosas llamadas útiles, y en general a todo.

releer la vida

rigor de la palabra, es decir de ser totalmente bueno. Si no es bello, entonces es malo en este aspecto, y no existe algo intermedio entre no ser bello, y no ser perfectamente bueno, y por tanto ser malo en este aspecto. Y lo que digo de los libros ha de extenderse a todas las otras clases de cosas llamadas útiles, y en general a todo.

¿Cuál le gustaría suprimir?

Mi libro tiene un principio, un desarrollo y un final.

Mi libro tiene un principio, un desarrollo y un final.

James Joyce [carta al editor que pretendía expurgar el Ulises. Citado por Juan Gelman en Miradas, Era, México, 2006]

James Joyce [carta al editor que pretendía expurgar el Ulises. Citado por Juan Gelman en Miradas, Era, México, 2006]

Todo libro tiene la obligación de ser bello en el pleno

Todo libro tiene la obligación de ser bello en el pleno

¿Cuál le gustaría suprimir?

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rigor de la palabra, es decir de ser totalmente bueno. Si no es bello, entonces es malo en este aspecto, y no existe algo intermedio entre no ser bello, y no ser perfectamente bueno, y por tanto ser malo en este aspecto. Y lo que digo de los libros ha de extenderse a todas las otras clases de cosas llamadas útiles, y en general a todo. Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

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releer la vida

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

releer la vida

rigor de la palabra, es decir de ser totalmente bueno. Si no es bello, entonces es malo en este aspecto, y no existe algo intermedio entre no ser bello, y no ser perfectamente bueno, y por tanto ser malo en este aspecto. Y lo que digo de los libros ha de extenderse a todas las otras clases de cosas llamadas útiles, y en general a todo.

¿Cuál le gustaría suprimir?

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repensar el libro

repensar el libro

El joven instruido por los libros, por los hombres o

por las palabras, antes de contar con su propia experiencia, no sólo se engaña siempre e inevitablemente creyendo que para él el mundo y la vida han de estar compuestos de excepciones a la regla, es decir la vida de dichas y placeres, el mundo de virtudes, de sentimientos, de entusiasmo; sino que aún está más convencido, al menos implícitamente, y sin confesárselo ni siquiera a sí mismo, de que lo que se le dice y se le predica... constituyen excepciones, y accidentes, y de que la regla es todo lo contrario.

El joven instruido por los libros, por los hombres o

por las palabras, antes de contar con su propia experiencia, no sólo se engaña siempre e inevitablemente creyendo que para él el mundo y la vida han de estar compuestos de excepciones a la regla, es decir la vida de dichas y placeres, el mundo de virtudes, de sentimientos, de entusiasmo; sino que aún está más convencido, al menos implícitamente, y sin confesárselo ni siquiera a sí mismo, de que lo que se le dice y se le predica... constituyen excepciones, y accidentes, y de que la regla es todo lo contrario.

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

Si pensáramos más por nuestra cuenta, tendría-

Si pensáramos más por nuestra cuenta, tendría-

Georg Christoph Lichtenberg [Aforismos, Fondo de Cultura Económica, México, 1989]

Georg Christoph Lichtenberg [Aforismos, Fondo de Cultura Económica, México, 1989]

mos muchos más libros malos y muchos más libros buenos.

mos muchos más libros malos y muchos más libros buenos.

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El joven instruido por los libros, por los hombres o

El joven instruido por los libros, por los hombres o

repensar el libro

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releer la vida

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por las palabras, antes de contar con su propia experiencia, no sólo se engaña siempre e inevitablemente creyendo que para él el mundo y la vida han de estar compuestos de excepciones a la regla, es decir la vida de dichas y placeres, el mundo de virtudes, de sentimientos, de entusiasmo; sino que aún está más convencido, al menos implícitamente, y sin confesárselo ni siquiera a sí mismo, de que lo que se le dice y se le predica... constituyen excepciones, y accidentes, y de que la regla es todo lo contrario.

por las palabras, antes de contar con su propia experiencia, no sólo se engaña siempre e inevitablemente creyendo que para él el mundo y la vida han de estar compuestos de excepciones a la regla, es decir la vida de dichas y placeres, el mundo de virtudes, de sentimientos, de entusiasmo; sino que aún está más convencido, al menos implícitamente, y sin confesárselo ni siquiera a sí mismo, de que lo que se le dice y se le predica... constituyen excepciones, y accidentes, y de que la regla es todo lo contrario.

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

Giacomo Leopardi [Zibaldone de pensamientos, Tusquets, Barcelona, 1990]

Si pensáramos más por nuestra cuenta, tendría-

Si pensáramos más por nuestra cuenta, tendría-

Georg Christoph Lichtenberg [Aforismos, Fondo de Cultura Económica, México, 1989]

Georg Christoph Lichtenberg [Aforismos, Fondo de Cultura Económica, México, 1989]

mos muchos más libros malos y muchos más libros buenos.

mos muchos más libros malos y muchos más libros buenos.

releer la vida

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14 Filisteísmo y lectura

14 Filisteísmo y lectura

Respecto del tema de los libros y su influencia social decisiva,

Respecto del tema de los libros y su influencia social decisiva,

bastaría un solo ejemplo doméstico para probar las incapacidades científicas del denominado “impacto social”. ¿Qué “impacto social” tuvieron, cuando se publicaron, El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo, dos libros considerados hoy fundamentales para la cultura mexicana? El primero se publicó en 1953, con una tirada de dos mil ejemplares y vendió un millar cada año, es decir 2.7 ejemplares por día. El segundo, publicado con una tirada similar en 1955, se reeditó en 1959; es decir, tuvieron que pasar cuatro años para que se agotaran esos dos mil, y vendió 1.3 ejemplares, diariamente, en promedio. Esto puede considerarse todo un éxito en un país donde incluso hoy las ediciones de un millar de ejem­plares tardan en

bastaría un solo ejemplo doméstico para probar las incapacidades científicas del denominado “impacto social”. ¿Qué “impacto social” tuvieron, cuando se publicaron, El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo, dos libros considerados hoy fundamentales para la cultura mexicana? El primero se publicó en 1953, con una tirada de dos mil ejemplares y vendió un millar cada año, es decir 2.7 ejemplares por día. El segundo, publicado con una tirada similar en 1955, se reeditó en 1959; es decir, tuvieron que pasar cuatro años para que se agotaran esos dos mil, y vendió 1.3 ejemplares, diariamente, en promedio. Esto puede considerarse todo un éxito en un país donde incluso hoy las ediciones de un millar de ejem­plares tardan en

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14 Filisteísmo y lectura

14 Filisteísmo y lectura

Respecto del tema de los libros y su influencia social decisiva,

Respecto del tema de los libros y su influencia social decisiva,

bastaría un solo ejemplo doméstico para probar las incapacidades científicas del denominado “impacto social”. ¿Qué “impacto social” tuvieron, cuando se publicaron, El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo, dos libros considerados hoy fundamentales para la cultura mexicana? El primero se publicó en 1953, con una tirada de dos mil ejemplares y vendió un millar cada año, es decir 2.7 ejemplares por día. El segundo, publicado con una tirada similar en 1955, se reeditó en 1959; es decir, tuvieron que pasar cuatro años para que se agotaran esos dos mil, y vendió 1.3 ejemplares, diariamente, en promedio. Esto puede considerarse todo un éxito en un país donde incluso hoy las ediciones de un millar de ejem­plares tardan en

bastaría un solo ejemplo doméstico para probar las incapacidades científicas del denominado “impacto social”. ¿Qué “impacto social” tuvieron, cuando se publicaron, El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo, dos libros considerados hoy fundamentales para la cultura mexicana? El primero se publicó en 1953, con una tirada de dos mil ejemplares y vendió un millar cada año, es decir 2.7 ejemplares por día. El segundo, publicado con una tirada similar en 1955, se reeditó en 1959; es decir, tuvieron que pasar cuatro años para que se agotaran esos dos mil, y vendió 1.3 ejemplares, diariamente, en promedio. Esto puede considerarse todo un éxito en un país donde incluso hoy las ediciones de un millar de ejem­plares tardan en

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agotarse (si es que algún día se agotan), cinco, diez, quince y veinte años. Y no nada más los libros de los desconocidos, sino también los de aquellos autores consagrados. (Algunos libros espléndidos de Ricardo Garibay tardaron diez años en reeditarse: sus dos mil o tres mil ejemplares se vendieron en un flujo promedio diario de 0.54 y 0.82: menos de un libro por día.) Trasladado a los libros, hay una especie de filisteísmo prestigiado (con títulos, credenciales y diplomas) en esa creencia ciega del “impacto social”; un filisteísmo que, por su naturaleza impresionable, desprecia todo aquello que no responda a la megalomanía triunfal, y, con frecuencia, tan sólo triunfalista. Pero la influencia de los libros es otra cosa. Hay extraordinarios autores que no conocieron, para sus libros, el tan prestigiado “impacto social”. El señor Franz Kafka casi no vendió ninguno.

agotarse (si es que algún día se agotan), cinco, diez, quince y veinte años. Y no nada más los libros de los desconocidos, sino también los de aquellos autores consagrados. (Algunos libros espléndidos de Ricardo Garibay tardaron diez años en reeditarse: sus dos mil o tres mil ejemplares se vendieron en un flujo promedio diario de 0.54 y 0.82: menos de un libro por día.) Trasladado a los libros, hay una especie de filisteísmo prestigiado (con títulos, credenciales y diplomas) en esa creencia ciega del “impacto social”; un filisteísmo que, por su naturaleza impresionable, desprecia todo aquello que no responda a la megalomanía triunfal, y, con frecuencia, tan sólo triunfalista. Pero la influencia de los libros es otra cosa. Hay extraordinarios autores que no conocieron, para sus libros, el tan prestigiado “impacto social”. El señor Franz Kafka casi no vendió ninguno.

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agotarse (si es que algún día se agotan), cinco, diez, quince y veinte años. Y no nada más los libros de los desconocidos, sino también los de aquellos autores consagrados. (Algunos libros espléndidos de Ricardo Garibay tardaron diez años en reeditarse: sus dos mil o tres mil ejemplares se vendieron en un flujo promedio diario de 0.54 y 0.82: menos de un libro por día.) Trasladado a los libros, hay una especie de filisteísmo prestigiado (con títulos, credenciales y diplomas) en esa creencia ciega del “impacto social”; un filisteísmo que, por su naturaleza impresionable, desprecia todo aquello que no responda a la megalomanía triunfal, y, con frecuencia, tan sólo triunfalista. Pero la influencia de los libros es otra cosa. Hay extraordinarios autores que no conocieron, para sus libros, el tan prestigiado “impacto social”. El señor Franz Kafka casi no vendió ninguno.

agotarse (si es que algún día se agotan), cinco, diez, quince y veinte años. Y no nada más los libros de los desconocidos, sino también los de aquellos autores consagrados. (Algunos libros espléndidos de Ricardo Garibay tardaron diez años en reeditarse: sus dos mil o tres mil ejemplares se vendieron en un flujo promedio diario de 0.54 y 0.82: menos de un libro por día.) Trasladado a los libros, hay una especie de filisteísmo prestigiado (con títulos, credenciales y diplomas) en esa creencia ciega del “impacto social”; un filisteísmo que, por su naturaleza impresionable, desprecia todo aquello que no responda a la megalomanía triunfal, y, con frecuencia, tan sólo triunfalista. Pero la influencia de los libros es otra cosa. Hay extraordinarios autores que no conocieron, para sus libros, el tan prestigiado “impacto social”. El señor Franz Kafka casi no vendió ninguno.

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repensar el libro

repensar el libro

La televisión me parece muy educativa. Cada vez

La televisión me parece muy educativa. Cada vez

Groucho Marx [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Groucho Marx [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a

El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a

que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

Al discutir de la muerte del libro con historiadores japoneses, tuve la sorpresa de verlos sonreír y, cuando

André Maurois [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Al discutir de la muerte del libro con historiadores japoneses, tuve la sorpresa de verlos sonreír y, cuando

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

André Maurois [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor.

releer la vida

encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor.

que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

La televisión me parece muy educativa. Cada vez

La televisión me parece muy educativa. Cada vez

Groucho Marx [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Groucho Marx [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a

El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a

que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

Al discutir de la muerte del libro con historiadores japoneses, tuve la sorpresa de verlos sonreír y, cuando 76

encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor.

André Maurois [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

Al discutir de la muerte del libro con historiadores japoneses, tuve la sorpresa de verlos sonreír y, cuando 76

releer la vida

André Maurois [Manuel Bartolomé y María Vidal, Escritos y dichos sobre el libro, Edhasa, Barcelona, 2000]

releer la vida

encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor.

que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

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repensar el libro

repensar el libro

les pregunté si este miedo también se manifestaba entre ellos, me contestaron que esa era una curiosidad occidental. El libro, para ellos, no tenía ningún carácter obligatorio, y si algún día acabara por desaparecer, eso sería porque se habría descubierto algo mejor. La ausencia de referencia sagrada al Libro explicaba según ellos la diferencia entre Oriente y Occidente. Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

les pregunté si este miedo también se manifestaba entre ellos, me contestaron que esa era una curiosidad occidental. El libro, para ellos, no tenía ningún carácter obligatorio, y si algún día acabara por desaparecer, eso sería porque se habría descubierto algo mejor. La ausencia de referencia sagrada al Libro explicaba según ellos la diferencia entre Oriente y Occidente. Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Leer, como lo han apuntado todos los historiadores

Leer, como lo han apuntado todos los historiadores

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

del libro, se ha vuelto un verbo intransitivo, un imperativo moral: leerás, igual que se dice: no matarás.

del libro, se ha vuelto un verbo intransitivo, un imperativo moral: leerás, igual que se dice: no matarás.

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les pregunté si este miedo también se manifestaba entre ellos, me contestaron que esa era una curiosidad occidental. El libro, para ellos, no tenía ningún carácter obligatorio, y si algún día acabara por desaparecer, eso sería porque se habría descubierto algo mejor. La ausencia de referencia sagrada al Libro explicaba según ellos la diferencia entre Oriente y Occidente.

les pregunté si este miedo también se manifestaba entre ellos, me contestaron que esa era una curiosidad occidental. El libro, para ellos, no tenía ningún carácter obligatorio, y si algún día acabara por desaparecer, eso sería porque se habría descubierto algo mejor. La ausencia de referencia sagrada al Libro explicaba según ellos la diferencia entre Oriente y Occidente.

repensar el libro

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releer la vida

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Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Leer, como lo han apuntado todos los historiadores

Leer, como lo han apuntado todos los historiadores

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

del libro, se ha vuelto un verbo intransitivo, un imperativo moral: leerás, igual que se dice: no matarás.

del libro, se ha vuelto un verbo intransitivo, un imperativo moral: leerás, igual que se dice: no matarás.

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15 Estrategias de locura

15 Estrategias de locura

Para Juan Domingo Hernández

Estrategias de lectura en la escuela: leer más libros en el programa,

Para Juan Domingo Hernández

Estrategias de lectura en la escuela: leer más libros en el programa,

alcanzar los veinte títulos por alumno. El alumno lee el primero: El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Le gusta. Más aún: le gusta mucho. Pero después de leerlo tiene miedo de no haber entendido. Debe hacer un reporte en donde explique de qué trata la obra, cuáles son los personajes principales y secundarios, a qué género pertenece el libro, cuál es el desenlace, qué mensaje nos deja la obra, etcétera. El alumno ahora está enfadado; de modo que se mete a Internet y saquea todo cuanto puede, corta, pega e imprime y lleva su trabajo a la escuela. Le ponen ocho. Podrían ponerle diez, pero su gozo ya se perdió y será difícil que vuelva a encontrarlo. ¿El fin justifica los miedos? ¿Y si en vez de leer más se lee menos, pero con placer? Esta es una pregunta

alcanzar los veinte títulos por alumno. El alumno lee el primero: El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Le gusta. Más aún: le gusta mucho. Pero después de leerlo tiene miedo de no haber entendido. Debe hacer un reporte en donde explique de qué trata la obra, cuáles son los personajes principales y secundarios, a qué género pertenece el libro, cuál es el desenlace, qué mensaje nos deja la obra, etcétera. El alumno ahora está enfadado; de modo que se mete a Internet y saquea todo cuanto puede, corta, pega e imprime y lleva su trabajo a la escuela. Le ponen ocho. Podrían ponerle diez, pero su gozo ya se perdió y será difícil que vuelva a encontrarlo. ¿El fin justifica los miedos? ¿Y si en vez de leer más se lee menos, pero con placer? Esta es una pregunta

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15 Estrategias de locura

15 Estrategias de locura

Para Juan Domingo Hernández

Estrategias de lectura en la escuela: leer más libros en el programa,

Para Juan Domingo Hernández

Estrategias de lectura en la escuela: leer más libros en el programa,

alcanzar los veinte títulos por alumno. El alumno lee el primero: El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Le gusta. Más aún: le gusta mucho. Pero después de leerlo tiene miedo de no haber entendido. Debe hacer un reporte en donde explique de qué trata la obra, cuáles son los personajes principales y secundarios, a qué género pertenece el libro, cuál es el desenlace, qué mensaje nos deja la obra, etcétera. El alumno ahora está enfadado; de modo que se mete a Internet y saquea todo cuanto puede, corta, pega e imprime y lleva su trabajo a la escuela. Le ponen ocho. Podrían ponerle diez, pero su gozo ya se perdió y será difícil que vuelva a encontrarlo. ¿El fin justifica los miedos? ¿Y si en vez de leer más se lee menos, pero con placer? Esta es una pregunta

alcanzar los veinte títulos por alumno. El alumno lee el primero: El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Le gusta. Más aún: le gusta mucho. Pero después de leerlo tiene miedo de no haber entendido. Debe hacer un reporte en donde explique de qué trata la obra, cuáles son los personajes principales y secundarios, a qué género pertenece el libro, cuál es el desenlace, qué mensaje nos deja la obra, etcétera. El alumno ahora está enfadado; de modo que se mete a Internet y saquea todo cuanto puede, corta, pega e imprime y lleva su trabajo a la escuela. Le ponen ocho. Podrían ponerle diez, pero su gozo ya se perdió y será difícil que vuelva a encontrarlo. ¿El fin justifica los miedos? ¿Y si en vez de leer más se lee menos, pero con placer? Esta es una pregunta

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que no se formulan las autoridades escolares, porque, si la respuesta es afirmativa, les parece inaceptable. Hay que leer más para subir las pobres estadísticas de lectura que hay en el país. Como si estuviésemos compitiendo por medallas en los juegos olímpicos. Pero lo sensato, que parece insensato, es que no hay que leer más ni más rápido, sino menos y con mayor placer moroso, para disfrutar lo que se lee. En 1945, Octavio Paz visitó al gran poeta estadunidense Robert Frost y le dijo: “Una amiga me cuenta que han inventado un método para desarrollar la velocidad en la lectura. Creo que lo piensan imponer en las escuelas”. Frost respondió de inmediato: “Están locos. A lo que hay que enseñar a las gentes es a que lean despacio”.

que no se formulan las autoridades escolares, porque, si la respuesta es afirmativa, les parece inaceptable. Hay que leer más para subir las pobres estadísticas de lectura que hay en el país. Como si estuviésemos compitiendo por medallas en los juegos olímpicos. Pero lo sensato, que parece insensato, es que no hay que leer más ni más rápido, sino menos y con mayor placer moroso, para disfrutar lo que se lee. En 1945, Octavio Paz visitó al gran poeta estadunidense Robert Frost y le dijo: “Una amiga me cuenta que han inventado un método para desarrollar la velocidad en la lectura. Creo que lo piensan imponer en las escuelas”. Frost respondió de inmediato: “Están locos. A lo que hay que enseñar a las gentes es a que lean despacio”.

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que no se formulan las autoridades escolares, porque, si la respuesta es afirmativa, les parece inaceptable. Hay que leer más para subir las pobres estadísticas de lectura que hay en el país. Como si estuviésemos compitiendo por medallas en los juegos olímpicos. Pero lo sensato, que parece insensato, es que no hay que leer más ni más rápido, sino menos y con mayor placer moroso, para disfrutar lo que se lee. En 1945, Octavio Paz visitó al gran poeta estadunidense Robert Frost y le dijo: “Una amiga me cuenta que han inventado un método para desarrollar la velocidad en la lectura. Creo que lo piensan imponer en las escuelas”. Frost respondió de inmediato: “Están locos. A lo que hay que enseñar a las gentes es a que lean despacio”.

que no se formulan las autoridades escolares, porque, si la respuesta es afirmativa, les parece inaceptable. Hay que leer más para subir las pobres estadísticas de lectura que hay en el país. Como si estuviésemos compitiendo por medallas en los juegos olímpicos. Pero lo sensato, que parece insensato, es que no hay que leer más ni más rápido, sino menos y con mayor placer moroso, para disfrutar lo que se lee. En 1945, Octavio Paz visitó al gran poeta estadunidense Robert Frost y le dijo: “Una amiga me cuenta que han inventado un método para desarrollar la velocidad en la lectura. Creo que lo piensan imponer en las escuelas”. Frost respondió de inmediato: “Están locos. A lo que hay que enseñar a las gentes es a que lean despacio”.

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repensar el libro

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En un mundo perpetuamente inestable, el libro sigue

En un mundo perpetuamente inestable, el libro sigue

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

siendo hoy todavía, y ciertamente por algún tiempo más, una amarra de la que el pensamiento no puede prescindir. Al parecer la inestabilidad juega más bien a su favor. Como el Eclesiastés, redescubrimos que escribir un libro es un trabajo que no tiene fin.

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

En cuanto a los profetas, cansados de anunciar la

muerte del libro, no correrían ningún riesgo si anunciaran desde ahora la muerte de la digitalización, deplorando ya la pérdida de sus inmensas riquezas. Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

repensar el libro

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releer la vida

muerte del libro, no correrían ningún riesgo si anunciaran desde ahora la muerte de la digitalización, deplorando ya la pérdida de sus inmensas riquezas.

releer la vida

En cuanto a los profetas, cansados de anunciar la

siendo hoy todavía, y ciertamente por algún tiempo más, una amarra de la que el pensamiento no puede prescindir. Al parecer la inestabilidad juega más bien a su favor. Como el Eclesiastés, redescubrimos que escribir un libro es un trabajo que no tiene fin.

En un mundo perpetuamente inestable, el libro sigue

En un mundo perpetuamente inestable, el libro sigue

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

siendo hoy todavía, y ciertamente por algún tiempo más, una amarra de la que el pensamiento no puede prescindir. Al parecer la inestabilidad juega más bien a su favor. Como el Eclesiastés, redescubrimos que escribir un libro es un trabajo que no tiene fin.

Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

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En cuanto a los profetas, cansados de anunciar la

muerte del libro, no correrían ningún riesgo si anunciaran desde ahora la muerte de la digitalización, deplorando ya la pérdida de sus inmensas riquezas. Michel Melot [“¿Y cómo va ‘la muerte del libro’?”, en Istor, México, año VIII, número 31, invierno de 2007]

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releer la vida

muerte del libro, no correrían ningún riesgo si anunciaran desde ahora la muerte de la digitalización, deplorando ya la pérdida de sus inmensas riquezas.

releer la vida

En cuanto a los profetas, cansados de anunciar la

siendo hoy todavía, y ciertamente por algún tiempo más, una amarra de la que el pensamiento no puede prescindir. Al parecer la inestabilidad juega más bien a su favor. Como el Eclesiastés, redescubrimos que escribir un libro es un trabajo que no tiene fin.

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repensar el libro

repensar el libro

Este libro es más que un libro: es yo mismo [...] Este libro surge de mí mismo, de mi vida, de mi corazón. Ha salido de mi experiencia, mucho más que de mi estudio.

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

¿Cómo describir el estado de ensoñación a que me

lanzaron esas primeras palabras de la Imitación de Cristo? Yo no leía, yo oía... Como si esa voz dulce y paternal se hubiera dirigido a mí... No pude ir muy lejos en el libro; no comprendí a Cristo, pero sentí a Dios. Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

Este libro es más que un libro: es yo mismo [...] Este libro surge de mí mismo, de mi vida, de mi corazón. Ha salido de mi experiencia, mucho más que de mi estudio.

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

¿Cómo describir el estado de ensoñación a que me

lanzaron esas primeras palabras de la Imitación de Cristo? Yo no leía, yo oía... Como si esa voz dulce y paternal se hubiera dirigido a mí... No pude ir muy lejos en el libro; no comprendí a Cristo, pero sentí a Dios. Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

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Este libro es más que un libro: es yo mismo [...] Este

Este libro es más que un libro: es yo mismo [...] Este

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releer la vida

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libro surge de mí mismo, de mi vida, de mi corazón. Ha salido de mi experiencia, mucho más que de mi estudio.

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

¿Cómo describir el estado de ensoñación a que me

lanzaron esas primeras palabras de la Imitación de Cristo? Yo no leía, yo oía... Como si esa voz dulce y paternal se hubiera dirigido a mí... No pude ir muy lejos en el libro; no comprendí a Cristo, pero sentí a Dios. Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

libro surge de mí mismo, de mi vida, de mi corazón. Ha salido de mi experiencia, mucho más que de mi estudio.

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

¿Cómo describir el estado de ensoñación a que me

lanzaron esas primeras palabras de la Imitación de Cristo? Yo no leía, yo oía... Como si esa voz dulce y paternal se hubiera dirigido a mí... No pude ir muy lejos en el libro; no comprendí a Cristo, pero sentí a Dios. Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

releer la vida

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16 La verdadera medida de la lectura

16 La verdadera medida de la lectura

El problema (en la visión escolarizada e institucional) es que si se

El problema (en la visión escolarizada e institucional) es que si se

enseña a la gente a leer despacio no se cumplirán las metas olímpicas del récord en lectura y seguiremos así en los últimos lugares del índice lector. ¡Vaya angustia tan terrible! El verdadero problema es que si se emplea la coerción para que los alumnos lean más rápido y, por lo tanto, más libros, lo único que se puede conseguir es lectores frígidos. No me canso de citar la sensata reflexión de Gabriel Zaid en lo que se refiere a la medición de la lectura. Y no me cansaré de citarla para que las autoridades encargadas de la educación la lean, así sea por accidente: “La medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos

enseña a la gente a leer despacio no se cumplirán las metas olímpicas del récord en lectura y seguiremos así en los últimos lugares del índice lector. ¡Vaya angustia tan terrible! El verdadero problema es que si se emplea la coerción para que los alumnos lean más rápido y, por lo tanto, más libros, lo único que se puede conseguir es lectores frígidos. No me canso de citar la sensata reflexión de Gabriel Zaid en lo que se refiere a la medición de la lectura. Y no me cansaré de citarla para que las autoridades encargadas de la educación la lean, así sea por accidente: “La medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos

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16 La verdadera medida de la lectura

16 La verdadera medida de la lectura

El problema (en la visión escolarizada e institucional) es que si se

El problema (en la visión escolarizada e institucional) es que si se

enseña a la gente a leer despacio no se cumplirán las metas olímpicas del récord en lectura y seguiremos así en los últimos lugares del índice lector. ¡Vaya angustia tan terrible! El verdadero problema es que si se emplea la coerción para que los alumnos lean más rápido y, por lo tanto, más libros, lo único que se puede conseguir es lectores frígidos. No me canso de citar la sensata reflexión de Gabriel Zaid en lo que se refiere a la medición de la lectura. Y no me cansaré de citarla para que las autoridades encargadas de la educación la lean, así sea por accidente: “La medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos

enseña a la gente a leer despacio no se cumplirán las metas olímpicas del récord en lectura y seguiremos así en los últimos lugares del índice lector. ¡Vaya angustia tan terrible! El verdadero problema es que si se emplea la coerción para que los alumnos lean más rápido y, por lo tanto, más libros, lo único que se puede conseguir es lectores frígidos. No me canso de citar la sensata reflexión de Gabriel Zaid en lo que se refiere a la medición de la lectura. Y no me cansaré de citarla para que las autoridades encargadas de la educación la lean, así sea por accidente: “La medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos

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los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”. Mucha gente cree que el único fin de leer libros es habitar para siempre cómodos y maravillosos mundos imaginarios. Es verdad que muchos libros nos regalan esos mundos como lugares que nos ofrecen la oportunidad de huir, así sea por instantes, del dolor y la incomodidad de la realidad. Pero algo de lo más importante que nos dan también los libros es la oportunidad de mirar, más diáfanamente, en nuestro propio ser, para volver a la realidad, para salir de las páginas de los libros, reconstruidos, rehechos, sabiendo que no somos (nada más) porque hay libros, sino que somos siempre, irremediablemente, habitantes de una realidad que los libros (cuando los dimensionamos sensatamente) pueden ayudarnos a comprender mejor.

los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”. Mucha gente cree que el único fin de leer libros es habitar para siempre cómodos y maravillosos mundos imaginarios. Es verdad que muchos libros nos regalan esos mundos como lugares que nos ofrecen la oportunidad de huir, así sea por instantes, del dolor y la incomodidad de la realidad. Pero algo de lo más importante que nos dan también los libros es la oportunidad de mirar, más diáfanamente, en nuestro propio ser, para volver a la realidad, para salir de las páginas de los libros, reconstruidos, rehechos, sabiendo que no somos (nada más) porque hay libros, sino que somos siempre, irremediablemente, habitantes de una realidad que los libros (cuando los dimensionamos sensatamente) pueden ayudarnos a comprender mejor.

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los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”. Mucha gente cree que el único fin de leer libros es habitar para siempre cómodos y maravillosos mundos imaginarios. Es verdad que muchos libros nos regalan esos mundos como lugares que nos ofrecen la oportunidad de huir, así sea por instantes, del dolor y la incomodidad de la realidad. Pero algo de lo más importante que nos dan también los libros es la oportunidad de mirar, más diáfanamente, en nuestro propio ser, para volver a la realidad, para salir de las páginas de los libros, reconstruidos, rehechos, sabiendo que no somos (nada más) porque hay libros, sino que somos siempre, irremediablemente, habitantes de una realidad que los libros (cuando los dimensionamos sensatamente) pueden ayudarnos a comprender mejor.

los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”. Mucha gente cree que el único fin de leer libros es habitar para siempre cómodos y maravillosos mundos imaginarios. Es verdad que muchos libros nos regalan esos mundos como lugares que nos ofrecen la oportunidad de huir, así sea por instantes, del dolor y la incomodidad de la realidad. Pero algo de lo más importante que nos dan también los libros es la oportunidad de mirar, más diáfanamente, en nuestro propio ser, para volver a la realidad, para salir de las páginas de los libros, reconstruidos, rehechos, sabiendo que no somos (nada más) porque hay libros, sino que somos siempre, irremediablemente, habitantes de una realidad que los libros (cuando los dimensionamos sensatamente) pueden ayudarnos a comprender mejor.

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repensar el libro

repensar el libro

¡Quién más severo que yo para hacer la crítica de

¡Quién más severo que yo para hacer la crítica de

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

La lectura consuélame en la vejez y en la soledad.

La lectura consuélame en la vejez y en la soledad.

mis libros!

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Me libra del peso de una ociosidad tediosa; y me salva en todo momento de las compañías que me resultan enojosas. Lima los pinchazos del dolor si no es del todo extremo y dueño absoluto de mí. No hay como recurrir a los libros para distraerse de un pensamiento inoportuno; desvíanme fácilmente hacia ellos, ocultándomelo.

releer la vida

Me libra del peso de una ociosidad tediosa; y me salva en todo momento de las compañías que me resultan enojosas. Lima los pinchazos del dolor si no es del todo extremo y dueño absoluto de mí. No hay como recurrir a los libros para distraerse de un pensamiento inoportuno; desvíanme fácilmente hacia ellos, ocultándomelo.

mis libros!

¡Quién más severo que yo para hacer la crítica de

¡Quién más severo que yo para hacer la crítica de

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

Jules Michelet [El pueblo, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1991]

La lectura consuélame en la vejez y en la soledad.

La lectura consuélame en la vejez y en la soledad.

mis libros!

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Me libra del peso de una ociosidad tediosa; y me salva en todo momento de las compañías que me resultan enojosas. Lima los pinchazos del dolor si no es del todo extremo y dueño absoluto de mí. No hay como recurrir a los libros para distraerse de un pensamiento inoportuno; desvíanme fácilmente hacia ellos, ocultándomelo. Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

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releer la vida

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

releer la vida

Me libra del peso de una ociosidad tediosa; y me salva en todo momento de las compañías que me resultan enojosas. Lima los pinchazos del dolor si no es del todo extremo y dueño absoluto de mí. No hay como recurrir a los libros para distraerse de un pensamiento inoportuno; desvíanme fácilmente hacia ellos, ocultándomelo.

mis libros!

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repensar el libro

repensar el libro

Sólo puedo tener largo trato con los libros mediante la ayuda de los demás; sólo me agradan a mí los libros amenos y fáciles, que me divierten, o aquellos que me consuelan y aconsejan para ordenar mi vida y mi muerte.

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Nada hay por lo que quiera romperme la cabeza, ni

siquiera por el saber, cualquiera que sea su valor. En los libros sólo busco deleitarme mediante sano entretenimiento; o si estudio, sólo busco con ello el saber que trata del conocimiento de mí mismo y que puede instruirme para bien morir y bien vivir [...] No me muerdo las uñas si hallo dificultades al leer; ahí las dejo, tras haberles hincado el diente dos o tres veces [...] Si un libro me resulta enfadoso, cojo otro.

Sólo puedo tener largo trato con los libros mediante la ayuda de los demás; sólo me agradan a mí los libros amenos y fáciles, que me divierten, o aquellos que me consuelan y aconsejan para ordenar mi vida y mi muerte.

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Nada hay por lo que quiera romperme la cabeza, ni

siquiera por el saber, cualquiera que sea su valor. En los libros sólo busco deleitarme mediante sano entretenimiento; o si estudio, sólo busco con ello el saber que trata del conocimiento de mí mismo y que puede instruirme para bien morir y bien vivir [...] No me muerdo las uñas si hallo dificultades al leer; ahí las dejo, tras haberles hincado el diente dos o tres veces [...] Si un libro me resulta enfadoso, cojo otro.

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

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Sólo puedo tener largo trato con los libros mediante

Sólo puedo tener largo trato con los libros mediante

repensar el libro

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releer la vida

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la ayuda de los demás; sólo me agradan a mí los libros amenos y fáciles, que me divierten, o aquellos que me consuelan y aconsejan para ordenar mi vida y mi muerte.

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Nada hay por lo que quiera romperme la cabeza, ni

siquiera por el saber, cualquiera que sea su valor. En los libros sólo busco deleitarme mediante sano entretenimiento; o si estudio, sólo busco con ello el saber que trata del conocimiento de mí mismo y que puede instruirme para bien morir y bien vivir [...] No me muerdo las uñas si hallo dificultades al leer; ahí las dejo, tras haberles hincado el diente dos o tres veces [...] Si un libro me resulta enfadoso, cojo otro.

la ayuda de los demás; sólo me agradan a mí los libros amenos y fáciles, que me divierten, o aquellos que me consuelan y aconsejan para ordenar mi vida y mi muerte.

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Nada hay por lo que quiera romperme la cabeza, ni

siquiera por el saber, cualquiera que sea su valor. En los libros sólo busco deleitarme mediante sano entretenimiento; o si estudio, sólo busco con ello el saber que trata del conocimiento de mí mismo y que puede instruirme para bien morir y bien vivir [...] No me muerdo las uñas si hallo dificultades al leer; ahí las dejo, tras haberles hincado el diente dos o tres veces [...] Si un libro me resulta enfadoso, cojo otro.

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

releer la vida

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17 El acceso al libro

17 El acceso al libro

El objetivo de la lectura no es hacer pedantes, sino propiciar que

El objetivo de la lectura no es hacer pedantes, sino propiciar que

la gente (cualquier gente, en cualquier sitio) acceda al disfrute de la lectura, porque hasta el momento, aunque parezca lo mismo, tener derecho de acceso al libro no es lo mismo que tener acceso al libro. Desde la idealidad, todos tenemos derecho de acceso a los diamantes, pero en la realidad no todos tenemos acceso a ellos. El verdadero acceso está dictado por el poder de adquisición, el placer y la necesidad. Si no necesitamos diamantes ni los podemos adquirir, el derecho se anula; si no necesitamos libros, porque en verdad nunca han estado en la órbita de lo que realmente deseamos y gozamos, el derecho de acceso al libro es tan sólo letra muerta. En cambio, el derecho de acceso a la televisión se cumple, ­puntualmente,

la gente (cualquier gente, en cualquier sitio) acceda al disfrute de la lectura, porque hasta el momento, aunque parezca lo mismo, tener derecho de acceso al libro no es lo mismo que tener acceso al libro. Desde la idealidad, todos tenemos derecho de acceso a los diamantes, pero en la realidad no todos tenemos acceso a ellos. El verdadero acceso está dictado por el poder de adquisición, el placer y la necesidad. Si no necesitamos diamantes ni los podemos adquirir, el derecho se anula; si no necesitamos libros, porque en verdad nunca han estado en la órbita de lo que realmente deseamos y gozamos, el derecho de acceso al libro es tan sólo letra muerta. En cambio, el derecho de acceso a la televisión se cumple, ­puntualmente,

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17 El acceso al libro

17 El acceso al libro

El objetivo de la lectura no es hacer pedantes, sino propiciar que

El objetivo de la lectura no es hacer pedantes, sino propiciar que

la gente (cualquier gente, en cualquier sitio) acceda al disfrute de la lectura, porque hasta el momento, aunque parezca lo mismo, tener derecho de acceso al libro no es lo mismo que tener acceso al libro. Desde la idealidad, todos tenemos derecho de acceso a los diamantes, pero en la realidad no todos tenemos acceso a ellos. El verdadero acceso está dictado por el poder de adquisición, el placer y la necesidad. Si no necesitamos diamantes ni los podemos adquirir, el derecho se anula; si no necesitamos libros, porque en verdad nunca han estado en la órbita de lo que realmente deseamos y gozamos, el derecho de acceso al libro es tan sólo letra muerta. En cambio, el derecho de acceso a la televisión se cumple, ­puntualmente,

la gente (cualquier gente, en cualquier sitio) acceda al disfrute de la lectura, porque hasta el momento, aunque parezca lo mismo, tener derecho de acceso al libro no es lo mismo que tener acceso al libro. Desde la idealidad, todos tenemos derecho de acceso a los diamantes, pero en la realidad no todos tenemos acceso a ellos. El verdadero acceso está dictado por el poder de adquisición, el placer y la necesidad. Si no necesitamos diamantes ni los podemos adquirir, el derecho se anula; si no necesitamos libros, porque en verdad nunca han estado en la órbita de lo que realmente deseamos y gozamos, el derecho de acceso al libro es tan sólo letra muerta. En cambio, el derecho de acceso a la televisión se cumple, ­puntualmente,

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hasta en los lugares más remotos. El leer mucho o el leer poco no debería importarnos tanto como el conseguir que ese verdadero acceso al libro se cumpla, independientemente de que sea derecho de todos.

hasta en los lugares más remotos. El leer mucho o el leer poco no debería importarnos tanto como el conseguir que ese verdadero acceso al libro se cumpla, independientemente de que sea derecho de todos.

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hasta en los lugares más remotos. El leer mucho o el leer poco no debería importarnos tanto como el conseguir que ese verdadero acceso al libro se cumpla, independientemente de que sea derecho de todos.

hasta en los lugares más remotos. El leer mucho o el leer poco no debería importarnos tanto como el conseguir que ese verdadero acceso al libro se cumpla, independientemente de que sea derecho de todos.

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p. 88

repensar el libro

repensar el libro

Hay más quehacer en interpretar las interpretacio-

Hay más quehacer en interpretar las interpretacio-

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Sé de algunos que, cuando les pregunto lo que saben,

Sé de algunos que, cuando les pregunto lo que saben,

nes que en interpretar las cosas, y más libros sobre los libros que sobre otro tema: no hacemos sino glosarnos unos a otros. Es un hormiguero de comentarios; de autores, hay gran escasez.

pídenme un libro para mostrármelo; y no se atreverían a decirme que tienen el trasero sarnoso sin antes ir a buscar al lexicón lo que quiere decir sarnoso y lo que quiere decir trasero. Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

repensar el libro

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releer la vida

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

releer la vida

pídenme un libro para mostrármelo; y no se atreverían a decirme que tienen el trasero sarnoso sin antes ir a buscar al lexicón lo que quiere decir sarnoso y lo que quiere decir trasero.

nes que en interpretar las cosas, y más libros sobre los libros que sobre otro tema: no hacemos sino glosarnos unos a otros. Es un hormiguero de comentarios; de autores, hay gran escasez.

Hay más quehacer en interpretar las interpretacio-

Hay más quehacer en interpretar las interpretacio-

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

Sé de algunos que, cuando les pregunto lo que saben,

Sé de algunos que, cuando les pregunto lo que saben,

nes que en interpretar las cosas, y más libros sobre los libros que sobre otro tema: no hacemos sino glosarnos unos a otros. Es un hormiguero de comentarios; de autores, hay gran escasez.

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pídenme un libro para mostrármelo; y no se atreverían a decirme que tienen el trasero sarnoso sin antes ir a buscar al lexicón lo que quiere decir sarnoso y lo que quiere decir trasero. Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

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Michel de Montaigne [Ensayos, Cátedra, Madrid, 1993]

releer la vida

pídenme un libro para mostrármelo; y no se atreverían a decirme que tienen el trasero sarnoso sin antes ir a buscar al lexicón lo que quiere decir sarnoso y lo que quiere decir trasero.

nes que en interpretar las cosas, y más libros sobre los libros que sobre otro tema: no hacemos sino glosarnos unos a otros. Es un hormiguero de comentarios; de autores, hay gran escasez.

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repensar el libro

repensar el libro

Los libros tienen sus propios hados. Los libros tienen

su propio destino. Una vez escrito —y mejor si publicado, pero aun esto no es imprescindible— nadie sabe qué va a ocurrir con tu libro. Puedes alegrarte, puedes quejarte o puedes resignarte. Lo mismo da: el libro correrá su propia suerte y va a prosperar o a ser olvidado, o ambas cosas, cada una a su tiempo. No importa lo que hagas por él o con él. Augusto Monterroso [La palabra mágica, Era, México, 1984]

su propio destino. Una vez escrito —y mejor si publicado, pero aun esto no es imprescindible— nadie sabe qué va a ocurrir con tu libro. Puedes alegrarte, puedes quejarte o puedes resignarte. Lo mismo da: el libro correrá su propia suerte y va a prosperar o a ser olvidado, o ambas cosas, cada una a su tiempo. No importa lo que hagas por él o con él. Augusto Monterroso [La palabra mágica, Era, México, 1984]

Tomar en las manos un libro mío me parece una de

Tomar en las manos un libro mío me parece una de

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura,

Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura,

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

¿Cómo puedes llegar a ser pensador si no pasas,

¿Cómo puedes llegar a ser pensador si no pasas,

las más raras distinciones que alguien puede concederse.

las más raras distinciones que alguien puede concederse.

en la aurora de su fuerza, leer un libro: ¡a esto yo lo califico de vicioso!

por lo menos, la tercera parte del día sin pasiones, sin gente y sin libros?

Friedrich Nietzsche [El caminante y su sombra, P. P. P. Ediciones, Madrid, 1987]

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Los libros tienen sus propios hados. Los libros tienen

Los libros tienen sus propios hados. Los libros tienen

repensar el libro

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su propio destino. Una vez escrito —y mejor si publicado, pero aun esto no es imprescindible— nadie sabe qué va a ocurrir con tu libro. Puedes alegrarte, puedes quejarte o puedes resignarte. Lo mismo da: el libro correrá su propia suerte y va a prosperar o a ser olvidado, o ambas cosas, cada una a su tiempo. No importa lo que hagas por él o con él. Augusto Monterroso [La palabra mágica, Era, México, 1984]

su propio destino. Una vez escrito —y mejor si publicado, pero aun esto no es imprescindible— nadie sabe qué va a ocurrir con tu libro. Puedes alegrarte, puedes quejarte o puedes resignarte. Lo mismo da: el libro correrá su propia suerte y va a prosperar o a ser olvidado, o ambas cosas, cada una a su tiempo. No importa lo que hagas por él o con él. Augusto Monterroso [La palabra mágica, Era, México, 1984]

Tomar en las manos un libro mío me parece una de

Tomar en las manos un libro mío me parece una de

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura,

Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura,

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

Friedrich Nietzsche [Ecce homo, Alianza, Madrid, 1998]

¿Cómo puedes llegar a ser pensador si no pasas,

¿Cómo puedes llegar a ser pensador si no pasas,

las más raras distinciones que alguien puede concederse.

las más raras distinciones que alguien puede concederse.

en la aurora de su fuerza, leer un libro: ¡a esto yo lo califico de vicioso!

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por lo menos, la tercera parte del día sin pasiones, sin gente y sin libros?

Friedrich Nietzsche [El caminante y su sombra, P. P. P. Ediciones, Madrid, 1987]

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releer la vida

Friedrich Nietzsche [El caminante y su sombra, P. P. P. Ediciones, Madrid, 1987]

en la aurora de su fuerza, leer un libro: ¡a esto yo lo califico de vicioso!

releer la vida

por lo menos, la tercera parte del día sin pasiones, sin gente y sin libros?

releer la vida

Friedrich Nietzsche [El caminante y su sombra, P. P. P. Ediciones, Madrid, 1987]

en la aurora de su fuerza, leer un libro: ¡a esto yo lo califico de vicioso!

releer la vida

por lo menos, la tercera parte del día sin pasiones, sin gente y sin libros?

repensar el libro

Los libros tienen sus propios hados. Los libros tienen

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18 El fin y los medios

18 El fin y los medios

Una profesora me dice, satisfecha, que ha conseguido que sus

Una profesora me dice, satisfecha, que ha conseguido que sus

alumnos de secundaria lean en un año, cada uno, dieciocho libros. “No todos —me aclara—; hay algunos que son un problema y es prácticamente imposible conseguir que se disciplinen en esto que les hará mucho bien. Pero, eso sí, de todos los libros los muchachos han entregado reportes que prueban que los han leído”. Le digo que está bien que los muchachos lean, pero que lo importante no es competir a ver quién lee más libros, pero ella, sin escucharme o fingiendo que no me escucha, me responde que el entusiasmo es tal que el próximo año se han impuesto la meta de leer veinticinco. Presiento que el entusiasmo del que me habla es más suyo que de los alumnos, pero como tampoco me consta no tengo de­recho a afirmar tal cosa. Sin embargo, la

alumnos de secundaria lean en un año, cada uno, dieciocho libros. “No todos —me aclara—; hay algunos que son un problema y es prácticamente imposible conseguir que se disciplinen en esto que les hará mucho bien. Pero, eso sí, de todos los libros los muchachos han entregado reportes que prueban que los han leído”. Le digo que está bien que los muchachos lean, pero que lo importante no es competir a ver quién lee más libros, pero ella, sin escucharme o fingiendo que no me escucha, me responde que el entusiasmo es tal que el próximo año se han impuesto la meta de leer veinticinco. Presiento que el entusiasmo del que me habla es más suyo que de los alumnos, pero como tampoco me consta no tengo de­recho a afirmar tal cosa. Sin embargo, la

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18 El fin y los medios

18 El fin y los medios

Una profesora me dice, satisfecha, que ha conseguido que sus

Una profesora me dice, satisfecha, que ha conseguido que sus

alumnos de secundaria lean en un año, cada uno, dieciocho libros. “No todos —me aclara—; hay algunos que son un problema y es prácticamente imposible conseguir que se disciplinen en esto que les hará mucho bien. Pero, eso sí, de todos los libros los muchachos han entregado reportes que prueban que los han leído”. Le digo que está bien que los muchachos lean, pero que lo importante no es competir a ver quién lee más libros, pero ella, sin escucharme o fingiendo que no me escucha, me responde que el entusiasmo es tal que el próximo año se han impuesto la meta de leer veinticinco. Presiento que el entusiasmo del que me habla es más suyo que de los alumnos, pero como tampoco me consta no tengo de­recho a afirmar tal cosa. Sin embargo, la

alumnos de secundaria lean en un año, cada uno, dieciocho libros. “No todos —me aclara—; hay algunos que son un problema y es prácticamente imposible conseguir que se disciplinen en esto que les hará mucho bien. Pero, eso sí, de todos los libros los muchachos han entregado reportes que prueban que los han leído”. Le digo que está bien que los muchachos lean, pero que lo importante no es competir a ver quién lee más libros, pero ella, sin escucharme o fingiendo que no me escucha, me responde que el entusiasmo es tal que el próximo año se han impuesto la meta de leer veinticinco. Presiento que el entusiasmo del que me habla es más suyo que de los alumnos, pero como tampoco me consta no tengo de­recho a afirmar tal cosa. Sin embargo, la

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realidad prueba que todo lo obligatorio es provisional: en cuanto cesa el deber, nos liberamos de los libros. Ernesto Sabato lo dijo brillantemente: “El fin no justifica los medios, y es trágicamente ilusorio perseguir fines nobilísimos con medios innobles. Así, la primera condición digna ha de ser el respeto de la persona, lo que supone en primer término su libertad”.

realidad prueba que todo lo obligatorio es provisional: en cuanto cesa el deber, nos liberamos de los libros. Ernesto Sabato lo dijo brillantemente: “El fin no justifica los medios, y es trágicamente ilusorio perseguir fines nobilísimos con medios innobles. Así, la primera condición digna ha de ser el respeto de la persona, lo que supone en primer término su libertad”.

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realidad prueba que todo lo obligatorio es provisional: en cuanto cesa el deber, nos liberamos de los libros. Ernesto Sabato lo dijo brillantemente: “El fin no justifica los medios, y es trágicamente ilusorio perseguir fines nobilísimos con medios innobles. Así, la primera condición digna ha de ser el respeto de la persona, lo que supone en primer término su libertad”.

realidad prueba que todo lo obligatorio es provisional: en cuanto cesa el deber, nos liberamos de los libros. Ernesto Sabato lo dijo brillantemente: “El fin no justifica los medios, y es trágicamente ilusorio perseguir fines nobilísimos con medios innobles. Así, la primera condición digna ha de ser el respeto de la persona, lo que supone en primer término su libertad”.

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repensar el libro

repensar el libro

De Estanislao Zuleta aprendí que los temas y los

Nuestra época permite un poco mejor que otras la

conservación del registro de las palabras de los maestros orales, pero la verdad es que no creo que nadie

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

Nuestra época permite un poco mejor que otras la

conservación del registro de las palabras de los maestros orales, pero la verdad es que no creo que nadie

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

personajes de la literatura pueden ser vividos como intensas y urgentes realidades, y pude abandonar la ilusión de que la literatura es un mero juego o una distracción de las horas ociosas. También la idea, muy frecuente entre nosotros, de que los asuntos verdaderamente importantes están en el campo de la ciencia y de la filosofía, en tanto que el arte y la literatura son secundarias gratificaciones.

releer la vida

personajes de la literatura pueden ser vividos como intensas y urgentes realidades, y pude abandonar la ilusión de que la literatura es un mero juego o una distracción de las horas ociosas. También la idea, muy frecuente entre nosotros, de que los asuntos verdaderamente importantes están en el campo de la ciencia y de la filosofía, en tanto que el arte y la literatura son secundarias gratificaciones.

De Estanislao Zuleta aprendí que los temas y los

De Estanislao Zuleta aprendí que los temas y los

Nuestra época permite un poco mejor que otras la

conservación del registro de las palabras de los maestros orales, pero la verdad es que no creo que nadie 92

personajes de la literatura pueden ser vividos como intensas y urgentes realidades, y pude abandonar la ilusión de que la literatura es un mero juego o una distracción de las horas ociosas. También la idea, muy frecuente entre nosotros, de que los asuntos verdaderamente importantes están en el campo de la ciencia y de la filosofía, en tanto que el arte y la literatura son secundarias gratificaciones. William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

Nuestra época permite un poco mejor que otras la

conservación del registro de las palabras de los maestros orales, pero la verdad es que no creo que nadie 92

releer la vida

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

releer la vida

personajes de la literatura pueden ser vividos como intensas y urgentes realidades, y pude abandonar la ilusión de que la literatura es un mero juego o una distracción de las horas ociosas. También la idea, muy frecuente entre nosotros, de que los asuntos verdaderamente importantes están en el campo de la ciencia y de la filosofía, en tanto que el arte y la literatura son secundarias gratificaciones.

De Estanislao Zuleta aprendí que los temas y los

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repensar el libro

repensar el libro

piense que el mundo perdió mucho porque no había modo de registrar las palabras de Sócrates, de Buda o de Cristo. Siempre hubo alguien dispuesto a copiar o reelaborar el discurso, y la verdad es que los diálogos platónicos y los evangelios han influido más sobre la historia que muchas obras en las que sus autores plasmaron su propio pensamiento con gran rigor conceptual y precisión estilística. William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

Hay quien piensa que hay que estudiar, que hay que

Hay quien piensa que hay que estudiar, que hay que

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

leer para saberlo todo, y entiende el estudio como un proceso acumulativo, como un esfuerzo fatigoso por abarcar todo el saber posible. Ese propósito quimérico suele llevar a la desesperación, cuando no al escepticismo o el cinismo extremo, porque no hay memoria ni corazón humano capaz de convertirse en el recipiente de toda la información que han acumulado los hombres.

Alejandra Pizarnik [Diarios, Semblanza, Fondo de Cultura Económica, México, 1992]

Escribir un solo libro en prosa en vez de poemas o

fragmentos. Un libro o una morada en donde guarecerme. Alejandra Pizarnik [Diarios, Semblanza, Fondo de Cultura Económica, México, 1992]

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piense que el mundo perdió mucho porque no había modo de registrar las palabras de Sócrates, de Buda o de Cristo. Siempre hubo alguien dispuesto a copiar o reelaborar el discurso, y la verdad es que los diálogos platónicos y los evangelios han influido más sobre la historia que muchas obras en las que sus autores plasmaron su propio pensamiento con gran rigor conceptual y precisión estilística.

piense que el mundo perdió mucho porque no había modo de registrar las palabras de Sócrates, de Buda o de Cristo. Siempre hubo alguien dispuesto a copiar o reelaborar el discurso, y la verdad es que los diálogos platónicos y los evangelios han influido más sobre la historia que muchas obras en las que sus autores plasmaron su propio pensamiento con gran rigor conceptual y precisión estilística.

repensar el libro

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William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

Hay quien piensa que hay que estudiar, que hay que

Hay quien piensa que hay que estudiar, que hay que

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

William Ospina [¿Dónde está la franja amarilla?, Norma, Bogotá, 2003]

leer para saberlo todo, y entiende el estudio como un proceso acumulativo, como un esfuerzo fatigoso por abarcar todo el saber posible. Ese propósito quimérico suele llevar a la desesperación, cuando no al escepticismo o el cinismo extremo, porque no hay memoria ni corazón humano capaz de convertirse en el recipiente de toda la información que han acumulado los hombres.

Alejandra Pizarnik [Diarios, Semblanza, Fondo de Cultura Económica, México, 1992]

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Escribir un solo libro en prosa en vez de poemas o

fragmentos. Un libro o una morada en donde guarecerme. Alejandra Pizarnik [Diarios, Semblanza, Fondo de Cultura Económica, México, 1992]

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releer la vida

fragmentos. Un libro o una morada en donde guarecerme.

leer para saberlo todo, y entiende el estudio como un proceso acumulativo, como un esfuerzo fatigoso por abarcar todo el saber posible. Ese propósito quimérico suele llevar a la desesperación, cuando no al escepticismo o el cinismo extremo, porque no hay memoria ni corazón humano capaz de convertirse en el recipiente de toda la información que han acumulado los hombres.

releer la vida

Escribir un solo libro en prosa en vez de poemas o

releer la vida

fragmentos. Un libro o una morada en donde guarecerme.

leer para saberlo todo, y entiende el estudio como un proceso acumulativo, como un esfuerzo fatigoso por abarcar todo el saber posible. Ese propósito quimérico suele llevar a la desesperación, cuando no al escepticismo o el cinismo extremo, porque no hay memoria ni corazón humano capaz de convertirse en el recipiente de toda la información que han acumulado los hombres.

releer la vida

Escribir un solo libro en prosa en vez de poemas o

repensar el libro

piense que el mundo perdió mucho porque no había modo de registrar las palabras de Sócrates, de Buda o de Cristo. Siempre hubo alguien dispuesto a copiar o reelaborar el discurso, y la verdad es que los diálogos platónicos y los evangelios han influido más sobre la historia que muchas obras en las que sus autores plasmaron su propio pensamiento con gran rigor conceptual y precisión estilística.

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19 Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio

19 Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio

Los eslóganes de la lectura son a veces tan desatinados como sus

Los eslóganes de la lectura son a veces tan desatinados como sus

sermones. La ocurrencia suele confundirse con el ingenio y desembocar en planteamientos como el siguiente: “Si Bruce Lee, ¿por qué tú no?” Quienes creen que esto es, además de gracioso, eficaz, suponen también que con él atraerán nuevos lectores. Nada más lejos de la verdad. Un eslogan así es una simplificación, un juego de palabras (como muchos otros eslóganes bienintencionados), que tan sólo hace las delicias de los “creativos” que con él podrían diseñar “graciosas” y “espectaculares” secuencias, impresas y televisivas, en las cuales destacarían los libros y las artes marciales. Podemos imaginarlas. Por ejemplo, Bruce Lee destruye con un par de golpes a la Ignorancia, mientras (sin despeinarse) lee

sermones. La ocurrencia suele confundirse con el ingenio y desembocar en planteamientos como el siguiente: “Si Bruce Lee, ¿por qué tú no?” Quienes creen que esto es, además de gracioso, eficaz, suponen también que con él atraerán nuevos lectores. Nada más lejos de la verdad. Un eslogan así es una simplificación, un juego de palabras (como muchos otros eslóganes bienintencionados), que tan sólo hace las delicias de los “creativos” que con él podrían diseñar “graciosas” y “espectaculares” secuencias, impresas y televisivas, en las cuales destacarían los libros y las artes marciales. Podemos imaginarlas. Por ejemplo, Bruce Lee destruye con un par de golpes a la Ignorancia, mientras (sin despeinarse) lee

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19 Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio

19 Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio

Los eslóganes de la lectura son a veces tan desatinados como sus

Los eslóganes de la lectura son a veces tan desatinados como sus

sermones. La ocurrencia suele confundirse con el ingenio y desembocar en planteamientos como el siguiente: “Si Bruce Lee, ¿por qué tú no?” Quienes creen que esto es, además de gracioso, eficaz, suponen también que con él atraerán nuevos lectores. Nada más lejos de la verdad. Un eslogan así es una simplificación, un juego de palabras (como muchos otros eslóganes bienintencionados), que tan sólo hace las delicias de los “creativos” que con él podrían diseñar “graciosas” y “espectaculares” secuencias, impresas y televisivas, en las cuales destacarían los libros y las artes marciales. Podemos imaginarlas. Por ejemplo, Bruce Lee destruye con un par de golpes a la Ignorancia, mientras (sin despeinarse) lee

sermones. La ocurrencia suele confundirse con el ingenio y desembocar en planteamientos como el siguiente: “Si Bruce Lee, ¿por qué tú no?” Quienes creen que esto es, además de gracioso, eficaz, suponen también que con él atraerán nuevos lectores. Nada más lejos de la verdad. Un eslogan así es una simplificación, un juego de palabras (como muchos otros eslóganes bienintencionados), que tan sólo hace las delicias de los “creativos” que con él podrían diseñar “graciosas” y “espectaculares” secuencias, impresas y televisivas, en las cuales destacarían los libros y las artes marciales. Podemos imaginarlas. Por ejemplo, Bruce Lee destruye con un par de golpes a la Ignorancia, mientras (sin despeinarse) lee

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el Quijote o algún otro libro voluminoso del canon. O Bruce Lee, leyendo, apacible y concentradamente, un libro de poemas, luego de haber vencido, él solito, a cincuenta forajidos, con sus espectaculares golpes. El ejemplo, al igual que el eslogan, no puede ser más trivial, pero con aires de gran importancia. Hay mucha gente, incluso ilustrada, que no suele analizar lo que afirma. En su Diccionario filosófico, Fernando Savater nos brinda la siguiente lección, para que, antes de decir cualquier cosa, meditemos lo que decimos: “Falsearíamos la realidad diciendo tan sólo que los libros son el más destacado de nuestros productos civilizados, pues resulta ya más justo señalar que nosotros, los que hoy nos tenemos por civilizados, somos ante todo el producto de muchos libros”. Y los libros no son entes divinos. Parece que algunos no lo saben, pero los libros los escriben las personas, incluida la Biblia, incluidos el Corán y El libro tibetano de los muertos.

el Quijote o algún otro libro voluminoso del canon. O Bruce Lee, leyendo, apacible y concentradamente, un libro de poemas, luego de haber vencido, él solito, a cincuenta forajidos, con sus espectaculares golpes. El ejemplo, al igual que el eslogan, no puede ser más trivial, pero con aires de gran importancia. Hay mucha gente, incluso ilustrada, que no suele analizar lo que afirma. En su Diccionario filosófico, Fernando Savater nos brinda la siguiente lección, para que, antes de decir cualquier cosa, meditemos lo que decimos: “Falsearíamos la realidad diciendo tan sólo que los libros son el más destacado de nuestros productos civilizados, pues resulta ya más justo señalar que nosotros, los que hoy nos tenemos por civilizados, somos ante todo el producto de muchos libros”. Y los libros no son entes divinos. Parece que algunos no lo saben, pero los libros los escriben las personas, incluida la Biblia, incluidos el Corán y El libro tibetano de los muertos.

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el Quijote o algún otro libro voluminoso del canon. O Bruce Lee, leyendo, apacible y concentradamente, un libro de poemas, luego de haber vencido, él solito, a cincuenta forajidos, con sus espectaculares golpes. El ejemplo, al igual que el eslogan, no puede ser más trivial, pero con aires de gran importancia. Hay mucha gente, incluso ilustrada, que no suele analizar lo que afirma. En su Diccionario filosófico, Fernando Savater nos brinda la siguiente lección, para que, antes de decir cualquier cosa, meditemos lo que decimos: “Falsearíamos la realidad diciendo tan sólo que los libros son el más destacado de nuestros productos civilizados, pues resulta ya más justo señalar que nosotros, los que hoy nos tenemos por civilizados, somos ante todo el producto de muchos libros”. Y los libros no son entes divinos. Parece que algunos no lo saben, pero los libros los escriben las personas, incluida la Biblia, incluidos el Corán y El libro tibetano de los muertos.

el Quijote o algún otro libro voluminoso del canon. O Bruce Lee, leyendo, apacible y concentradamente, un libro de poemas, luego de haber vencido, él solito, a cincuenta forajidos, con sus espectaculares golpes. El ejemplo, al igual que el eslogan, no puede ser más trivial, pero con aires de gran importancia. Hay mucha gente, incluso ilustrada, que no suele analizar lo que afirma. En su Diccionario filosófico, Fernando Savater nos brinda la siguiente lección, para que, antes de decir cualquier cosa, meditemos lo que decimos: “Falsearíamos la realidad diciendo tan sólo que los libros son el más destacado de nuestros productos civilizados, pues resulta ya más justo señalar que nosotros, los que hoy nos tenemos por civilizados, somos ante todo el producto de muchos libros”. Y los libros no son entes divinos. Parece que algunos no lo saben, pero los libros los escriben las personas, incluida la Biblia, incluidos el Corán y El libro tibetano de los muertos.

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repensar el libro

repensar el libro

Los libros hicieron convertirse en doctos a algunos; a

Los libros hicieron convertirse en doctos a algunos; a

Francesco Petrarca [Angela Maria Zanoner, Frases latinas, Vecchi, Barcelona, 2000]

Francesco Petrarca [Angela Maria Zanoner, Frases latinas, Vecchi, Barcelona, 2000]

Ofrezco este libro de verdades, no por su carácter

Ofrezco este libro de verdades, no por su carácter

otros los hicieron enloquecer.

Edgar Allan Poe [Eureka, Alianza, Madrid, 1970]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Edgar Allan Poe [Eureka, Alianza, Madrid, 1970]

de enunciador de verdades, sino por la belleza que abunda en su verdad y que constituye su verdad... Lo que aquí propongo es verdadero: por lo tanto no puede morir... Sin embargo es sólo como un poema que yo quisiera que este libro sea juzgado después de mi muerte.

releer la vida

de enunciador de verdades, sino por la belleza que abunda en su verdad y que constituye su verdad... Lo que aquí propongo es verdadero: por lo tanto no puede morir... Sin embargo es sólo como un poema que yo quisiera que este libro sea juzgado después de mi muerte.

otros los hicieron enloquecer.

Los libros hicieron convertirse en doctos a algunos; a

Los libros hicieron convertirse en doctos a algunos; a

Francesco Petrarca [Angela Maria Zanoner, Frases latinas, Vecchi, Barcelona, 2000]

Francesco Petrarca [Angela Maria Zanoner, Frases latinas, Vecchi, Barcelona, 2000]

Ofrezco este libro de verdades, no por su carácter

Ofrezco este libro de verdades, no por su carácter

otros los hicieron enloquecer.

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de enunciador de verdades, sino por la belleza que abunda en su verdad y que constituye su verdad... Lo que aquí propongo es verdadero: por lo tanto no puede morir... Sin embargo es sólo como un poema que yo quisiera que este libro sea juzgado después de mi muerte. Edgar Allan Poe [Eureka, Alianza, Madrid, 1970]

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releer la vida

Edgar Allan Poe [Eureka, Alianza, Madrid, 1970]

releer la vida

de enunciador de verdades, sino por la belleza que abunda en su verdad y que constituye su verdad... Lo que aquí propongo es verdadero: por lo tanto no puede morir... Sin embargo es sólo como un poema que yo quisiera que este libro sea juzgado después de mi muerte.

otros los hicieron enloquecer.

p. 97

repensar el libro

repensar el libro

Un libro es un producto de otro yo, diferente del yo que se manifiesta en hábitos, en compañías, en vicios.

Marcel Proust [Contra Sainte-Beuve, Tusquets, Barcelona, 2005]

De todos mis libros, muy pocos me son imprescindibles. En rigor, sólo dos están siempre entre mis cosas, dondequiera que yo me halle. También aquí los tengo conmigo: la Biblia y las obras del poeta danés Jens Peter Jacobsen.

yo que se manifiesta en hábitos, en compañías, en vicios.

Marcel Proust [Contra Sainte-Beuve, Tusquets, Barcelona, 2005]

De todos mis libros, muy pocos me son imprescindibles. En rigor, sólo dos están siempre entre mis cosas, dondequiera que yo me halle. También aquí los tengo conmigo: la Biblia y las obras del poeta danés Jens Peter Jacobsen.

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Mis libros, una vez publicados, ya no me per­

Mis libros, una vez publicados, ya no me per­

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Existen dos motivos para leer un libro: una, disfru-

Existen dos motivos para leer un libro: una, disfru-

Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

tenecen.

tenecen.

tar con él; la otra, poder presumir de ello.

Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

Todos los grandes libros contienen partes aburridas,

y todas las grandes vidas han incluido periodos sin ningún interés. Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

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Un libro es un producto de otro yo, diferente del

Un libro es un producto de otro yo, diferente del

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yo que se manifiesta en hábitos, en compañías, en vicios.

Marcel Proust [Contra Sainte-Beuve, Tusquets, Barcelona, 2005]

De todos mis libros, muy pocos me son imprescindibles. En rigor, sólo dos están siempre entre mis cosas, dondequiera que yo me halle. También aquí los tengo conmigo: la Biblia y las obras del poeta danés Jens Peter Jacobsen.

yo que se manifiesta en hábitos, en compañías, en vicios.

Marcel Proust [Contra Sainte-Beuve, Tusquets, Barcelona, 2005]

De todos mis libros, muy pocos me son imprescindibles. En rigor, sólo dos están siempre entre mis cosas, dondequiera que yo me halle. También aquí los tengo conmigo: la Biblia y las obras del poeta danés Jens Peter Jacobsen.

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Mis libros, una vez publicados, ya no me per­

Mis libros, una vez publicados, ya no me per­

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Rainer Maria Rilke [Cartas a un joven poeta, Tomo, México, 2003]

Existen dos motivos para leer un libro: una, disfru-

Existen dos motivos para leer un libro: una, disfru-

Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

tenecen.

tenecen.

tar con él; la otra, poder presumir de ello.

Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

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Todos los grandes libros contienen partes aburridas,

y todas las grandes vidas han incluido periodos sin ningún interés. Bertrand Russell [La conquista de la felicidad, Debate, Madrid, 2001]

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releer la vida

y todas las grandes vidas han incluido periodos sin ningún interés.

tar con él; la otra, poder presumir de ello.

releer la vida

Todos los grandes libros contienen partes aburridas,

releer la vida

y todas las grandes vidas han incluido periodos sin ningún interés.

tar con él; la otra, poder presumir de ello.

releer la vida

Todos los grandes libros contienen partes aburridas,

repensar el libro

Un libro es un producto de otro yo, diferente del

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20 Libros cultos doctoran ignorantes

20 Libros cultos doctoran ignorantes

La mayor parte de los programas y campañas de lectura utiliza

La mayor parte de los programas y campañas de lectura utiliza

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20 Libros cultos doctoran ignorantes

20 Libros cultos doctoran ignorantes

La mayor parte de los programas y campañas de lectura utiliza

La mayor parte de los programas y campañas de lectura utiliza

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eslóganes que pretenden ser ingeniosos pero que, invariablemente, caen en el desdén y en la agresión encubierta hacia los no lectores: los que leen libros están vivos; los no lectores están muertos. Los que leen libros son personas, y los que no los leen, animales. Así los no lectores son “burros” que se aburren y se “a-burran”; son los “jumentos” que hay que llevar a abrevar en los libros (a través del programa “Jumento a la lectura”); son los asnos a los que hay que desasnar. “Desasnar —dice el Diccionario de la lengua española de la Real Academia— es hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”, pero tal coloquialismo de la lengua española proviene de hace más de cinco siglos, cuando desasnar no indicaba otra cosa que quitarle lo bestia,

eslóganes que pretenden ser ingeniosos pero que, invariablemente, caen en el desdén y en la agresión encubierta hacia los no lectores: los que leen libros están vivos; los no lectores están muertos. Los que leen libros son personas, y los que no los leen, animales. Así los no lectores son “burros” que se aburren y se “a-burran”; son los “jumentos” que hay que llevar a abrevar en los libros (a través del programa “Jumento a la lectura”); son los asnos a los que hay que desasnar. “Desasnar —dice el Diccionario de la lengua española de la Real Academia— es hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”, pero tal coloquialismo de la lengua española proviene de hace más de cinco siglos, cuando desasnar no indicaba otra cosa que quitarle lo bestia,

eslóganes que pretenden ser ingeniosos pero que, invariablemente, caen en el desdén y en la agresión encubierta hacia los no lectores: los que leen libros están vivos; los no lectores están muertos. Los que leen libros son personas, y los que no los leen, animales. Así los no lectores son “burros” que se aburren y se “a-burran”; son los “jumentos” que hay que llevar a abrevar en los libros (a través del programa “Jumento a la lectura”); son los asnos a los que hay que desasnar. “Desasnar —dice el Diccionario de la lengua española de la Real Academia— es hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”, pero tal coloquialismo de la lengua española proviene de hace más de cinco siglos, cuando desasnar no indicaba otra cosa que quitarle lo bestia,

eslóganes que pretenden ser ingeniosos pero que, invariablemente, caen en el desdén y en la agresión encubierta hacia los no lectores: los que leen libros están vivos; los no lectores están muertos. Los que leen libros son personas, y los que no los leen, animales. Así los no lectores son “burros” que se aburren y se “a-burran”; son los “jumentos” que hay que llevar a abrevar en los libros (a través del programa “Jumento a la lectura”); son los asnos a los que hay que desasnar. “Desasnar —dice el Diccionario de la lengua española de la Real Academia— es hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”, pero tal coloquialismo de la lengua española proviene de hace más de cinco siglos, cuando desasnar no indicaba otra cosa que quitarle lo bestia,

p. 99

lo animal a la gente iletrada, y cuando los doctos eran considerados “personas” y los rústicos simples bestias de carga. Tolerante y sensato, el gran Francisco de Quevedo descubrió que “libros cultos doctoran ignorantes”; con lo cual nos advirtió que no son los libros nada más, ni los grados académicos por sí mismos, los que cuentan a la hora de juzgar y comprender la capacidad intelectual de las personas, sean éstas “instruidas” o no.

lo animal a la gente iletrada, y cuando los doctos eran considerados “personas” y los rústicos simples bestias de carga. Tolerante y sensato, el gran Francisco de Quevedo descubrió que “libros cultos doctoran ignorantes”; con lo cual nos advirtió que no son los libros nada más, ni los grados académicos por sí mismos, los que cuentan a la hora de juzgar y comprender la capacidad intelectual de las personas, sean éstas “instruidas” o no.

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lo animal a la gente iletrada, y cuando los doctos eran considerados “personas” y los rústicos simples bestias de carga. Tolerante y sensato, el gran Francisco de Quevedo descubrió que “libros cultos doctoran ignorantes”; con lo cual nos advirtió que no son los libros nada más, ni los grados académicos por sí mismos, los que cuentan a la hora de juzgar y comprender la capacidad intelectual de las personas, sean éstas “instruidas” o no.

lo animal a la gente iletrada, y cuando los doctos eran considerados “personas” y los rústicos simples bestias de carga. Tolerante y sensato, el gran Francisco de Quevedo descubrió que “libros cultos doctoran ignorantes”; con lo cual nos advirtió que no son los libros nada más, ni los grados académicos por sí mismos, los que cuentan a la hora de juzgar y comprender la capacidad intelectual de las personas, sean éstas “instruidas” o no.

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repensar el libro

repensar el libro

Yo no soy un escritor profesional. Vivo de mis libros

Yo no soy un escritor profesional. Vivo de mis libros

Ernesto Sabato [Sabato oral, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1984]

Ernesto Sabato [Sabato oral, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1984]

Pocos libros, pero leídos con pasión, única manera

Pocos libros, pero leídos con pasión, única manera

actualmente, pero eso es una casualidad. Yo nunca he escrito nada para ganar dinero; los que me conocen bien saben que he escrito porque si no me hubiera muerto.

de vivir algo que, si no, es un cementerio de palabras. Porque el pseudoenciclopedismo está siempre unido a la enseñanza libresca, que es una de las formas de la muerte. ¿Acaso no hubo cultura antes de la invención de Gutenberg? Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

releer la vida

de vivir algo que, si no, es un cementerio de palabras. Porque el pseudoenciclopedismo está siempre unido a la enseñanza libresca, que es una de las formas de la muerte. ¿Acaso no hubo cultura antes de la invención de Gutenberg?

actualmente, pero eso es una casualidad. Yo nunca he escrito nada para ganar dinero; los que me conocen bien saben que he escrito porque si no me hubiera muerto.

Yo no soy un escritor profesional. Vivo de mis libros

Yo no soy un escritor profesional. Vivo de mis libros

Ernesto Sabato [Sabato oral, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1984]

Ernesto Sabato [Sabato oral, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1984]

Pocos libros, pero leídos con pasión, única manera

Pocos libros, pero leídos con pasión, única manera

actualmente, pero eso es una casualidad. Yo nunca he escrito nada para ganar dinero; los que me conocen bien saben que he escrito porque si no me hubiera muerto.

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de vivir algo que, si no, es un cementerio de palabras. Porque el pseudoenciclopedismo está siempre unido a la enseñanza libresca, que es una de las formas de la muerte. ¿Acaso no hubo cultura antes de la invención de Gutenberg? Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

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releer la vida

Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

releer la vida

de vivir algo que, si no, es un cementerio de palabras. Porque el pseudoenciclopedismo está siempre unido a la enseñanza libresca, que es una de las formas de la muerte. ¿Acaso no hubo cultura antes de la invención de Gutenberg?

actualmente, pero eso es una casualidad. Yo nunca he escrito nada para ganar dinero; los que me conocen bien saben que he escrito porque si no me hubiera muerto.

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repensar el libro

repensar el libro

El ser humano aprende en la medida en que participa

en el descubrimiento y la invención. Debe tener libertad para opinar, para equivocarse, para rectificarse, para ensayar métodos y caminos, para explorar. De otra manera, a lo más, haremos eruditos y en el peor de los casos ratas de biblioteca y loros repetidores de libros santificados. El libro es una magnífica ayuda, cuando no se convierte en un estorbo [...] Y esto que digo para los libros también vale para el maestro, que es bueno cuando no es un obstáculo; lo que parece una broma, pero es una de las calamidades más frecuentes.

El ser humano aprende en la medida en que participa

en el descubrimiento y la invención. Debe tener libertad para opinar, para equivocarse, para rectificarse, para ensayar métodos y caminos, para explorar. De otra manera, a lo más, haremos eruditos y en el peor de los casos ratas de biblioteca y loros repetidores de libros santificados. El libro es una magnífica ayuda, cuando no se convierte en un estorbo [...] Y esto que digo para los libros también vale para el maestro, que es bueno cuando no es un obstáculo; lo que parece una broma, pero es una de las calamidades más frecuentes.

Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

Yo no tengo teorías. Vivo mi vida planteándome

Yo no tengo teorías. Vivo mi vida planteándome

George Sand���������������� [Jack Belinda, George Sand, Javier Vergara, Buenos Aires, 2001]

George Sand���������������� [Jack Belinda, George Sand, Javier Vergara, Buenos Aires, 2001]

preguntas [...] Qué bueno es transformar la vida en una novela.

preguntas [...] Qué bueno es transformar la vida en una novela.

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El ser humano aprende en la medida en que participa

El ser humano aprende en la medida en que participa

repensar el libro

repensar el libro

releer la vida

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en el descubrimiento y la invención. Debe tener libertad para opinar, para equivocarse, para rectificarse, para ensayar métodos y caminos, para explorar. De otra manera, a lo más, haremos eruditos y en el peor de los casos ratas de biblioteca y loros repetidores de libros santificados. El libro es una magnífica ayuda, cuando no se convierte en un estorbo [...] Y esto que digo para los libros también vale para el maestro, que es bueno cuando no es un obstáculo; lo que parece una broma, pero es una de las calamidades más frecuentes.

en el descubrimiento y la invención. Debe tener libertad para opinar, para equivocarse, para rectificarse, para ensayar métodos y caminos, para explorar. De otra manera, a lo más, haremos eruditos y en el peor de los casos ratas de biblioteca y loros repetidores de libros santificados. El libro es una magnífica ayuda, cuando no se convierte en un estorbo [...] Y esto que digo para los libros también vale para el maestro, que es bueno cuando no es un obstáculo; lo que parece una broma, pero es una de las calamidades más frecuentes.

Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

Ernesto Sabato [Apologías y rechazos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003]

Yo no tengo teorías. Vivo mi vida planteándome

Yo no tengo teorías. Vivo mi vida planteándome

George Sand���������������� [Jack Belinda, George Sand, Javier Vergara, Buenos Aires, 2001]

George Sand���������������� [Jack Belinda, George Sand, Javier Vergara, Buenos Aires, 2001]

preguntas [...] Qué bueno es transformar la vida en una novela.

preguntas [...] Qué bueno es transformar la vida en una novela.

releer la vida

releer la vida

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p. 102

21 Lectura y sabiduría

21 Lectura y sabiduría

En sus Apologías y rechazos, el gran escritor argentino Ernesto Sabato

En sus Apologías y rechazos, el gran escritor argentino Ernesto Sabato

escribió: “La cultura no sólo se transmite por los libros: se transmite a través de todas las actividades del hombre, desde la conversación hasta los viajes, oyendo música y hasta comiendo. En el Hyperion de Longfellow leemos que ‘una simple conversación mientras se come con un sabio es mejor que diez años de mero estudio libresco’. Y dice ‘wise’ es decir, ‘sabio’ en el sentido en que a veces lo es un campesino iletrado, en el sentido en que los franceses dicen ‘sage’, para no confundir con ese ‘savant’ que no puede hablarnos sino de silicatos o resistencia de materiales. La sabiduría es algo diferente, sirve para convivir mejor con los que nos rodean, para atender a sus razones, para resistir en la desgracia y tener mesura en el triunfo [...] y, en fin, para saber envejecer y aceptar la muerte con grandeza”.

escribió: “La cultura no sólo se transmite por los libros: se transmite a través de todas las actividades del hombre, desde la conversación hasta los viajes, oyendo música y hasta comiendo. En el Hyperion de Longfellow leemos que ‘una simple conversación mientras se come con un sabio es mejor que diez años de mero estudio libresco’. Y dice ‘wise’ es decir, ‘sabio’ en el sentido en que a veces lo es un campesino iletrado, en el sentido en que los franceses dicen ‘sage’, para no confundir con ese ‘savant’ que no puede hablarnos sino de silicatos o resistencia de materiales. La sabiduría es algo diferente, sirve para convivir mejor con los que nos rodean, para atender a sus razones, para resistir en la desgracia y tener mesura en el triunfo [...] y, en fin, para saber envejecer y aceptar la muerte con grandeza”.

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21 Lectura y sabiduría

21 Lectura y sabiduría

En sus Apologías y rechazos, el gran escritor argentino Ernesto Sabato

En sus Apologías y rechazos, el gran escritor argentino Ernesto Sabato

escribió: “La cultura no sólo se transmite por los libros: se transmite a través de todas las actividades del hombre, desde la conversación hasta los viajes, oyendo música y hasta comiendo. En el Hyperion de Longfellow leemos que ‘una simple conversación mientras se come con un sabio es mejor que diez años de mero estudio libresco’. Y dice ‘wise’ es decir, ‘sabio’ en el sentido en que a veces lo es un campesino iletrado, en el sentido en que los franceses dicen ‘sage’, para no confundir con ese ‘savant’ que no puede hablarnos sino de silicatos o resistencia de materiales. La sabiduría es algo diferente, sirve para convivir mejor con los que nos rodean, para atender a sus razones, para resistir en la desgracia y tener mesura en el triunfo [...] y, en fin, para saber envejecer y aceptar la muerte con grandeza”.

escribió: “La cultura no sólo se transmite por los libros: se transmite a través de todas las actividades del hombre, desde la conversación hasta los viajes, oyendo música y hasta comiendo. En el Hyperion de Longfellow leemos que ‘una simple conversación mientras se come con un sabio es mejor que diez años de mero estudio libresco’. Y dice ‘wise’ es decir, ‘sabio’ en el sentido en que a veces lo es un campesino iletrado, en el sentido en que los franceses dicen ‘sage’, para no confundir con ese ‘savant’ que no puede hablarnos sino de silicatos o resistencia de materiales. La sabiduría es algo diferente, sirve para convivir mejor con los que nos rodean, para atender a sus razones, para resistir en la desgracia y tener mesura en el triunfo [...] y, en fin, para saber envejecer y aceptar la muerte con grandeza”.

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En conclusión, si deseamos que haya más lectores, deberíamos abandonar todas nuestras veleidades contra los no lectores. Leer libros puede ser importante (es importante al menos para nosotros), pero es sin duda mucho más importante respetar a los demás; a esos demás que no son menos humanos ni menos personas por el hecho de no leer libros. ¿Dónde está nuestra “mejoría” de lectores si no podemos comprender esto? Parecería que un lector que recomienda mesura en la locura se ha vuelto loco. Pero ¿quiénes son los locos?, ¿quiénes los cuerdos? A veces, con nuestras reticencias de cualquier tipo, cuando nos apartamos de la ortodoxia, los ortodoxos dirán que hemos perdido por completo la razón, pues un lector que se precie de serlo debe exigir leer, leer y leer, cueste lo que cueste, contra toda consecuencia. Pero, si somos razonables, y lectores tolerantes, es el espíritu escéptico lo que deberíamos cultivar, alentar y desarrollar; no los dogmas, por muy positivos que parezcan.

En conclusión, si deseamos que haya más lectores, deberíamos abandonar todas nuestras veleidades contra los no lectores. Leer libros puede ser importante (es importante al menos para nosotros), pero es sin duda mucho más importante respetar a los demás; a esos demás que no son menos humanos ni menos personas por el hecho de no leer libros. ¿Dónde está nuestra “mejoría” de lectores si no podemos comprender esto? Parecería que un lector que recomienda mesura en la locura se ha vuelto loco. Pero ¿quiénes son los locos?, ¿quiénes los cuerdos? A veces, con nuestras reticencias de cualquier tipo, cuando nos apartamos de la ortodoxia, los ortodoxos dirán que hemos perdido por completo la razón, pues un lector que se precie de serlo debe exigir leer, leer y leer, cueste lo que cueste, contra toda consecuencia. Pero, si somos razonables, y lectores tolerantes, es el espíritu escéptico lo que deberíamos cultivar, alentar y desarrollar; no los dogmas, por muy positivos que parezcan.

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En conclusión, si deseamos que haya más lectores, deberíamos abandonar todas nuestras veleidades contra los no lectores. Leer libros puede ser importante (es importante al menos para nosotros), pero es sin duda mucho más importante respetar a los demás; a esos demás que no son menos humanos ni menos personas por el hecho de no leer libros. ¿Dónde está nuestra “mejoría” de lectores si no podemos comprender esto? Parecería que un lector que recomienda mesura en la locura se ha vuelto loco. Pero ¿quiénes son los locos?, ¿quiénes los cuerdos? A veces, con nuestras reticencias de cualquier tipo, cuando nos apartamos de la ortodoxia, los ortodoxos dirán que hemos perdido por completo la razón, pues un lector que se precie de serlo debe exigir leer, leer y leer, cueste lo que cueste, contra toda consecuencia. Pero, si somos razonables, y lectores tolerantes, es el espíritu escéptico lo que deberíamos cultivar, alentar y desarrollar; no los dogmas, por muy positivos que parezcan.

En conclusión, si deseamos que haya más lectores, deberíamos abandonar todas nuestras veleidades contra los no lectores. Leer libros puede ser importante (es importante al menos para nosotros), pero es sin duda mucho más importante respetar a los demás; a esos demás que no son menos humanos ni menos personas por el hecho de no leer libros. ¿Dónde está nuestra “mejoría” de lectores si no podemos comprender esto? Parecería que un lector que recomienda mesura en la locura se ha vuelto loco. Pero ¿quiénes son los locos?, ¿quiénes los cuerdos? A veces, con nuestras reticencias de cualquier tipo, cuando nos apartamos de la ortodoxia, los ortodoxos dirán que hemos perdido por completo la razón, pues un lector que se precie de serlo debe exigir leer, leer y leer, cueste lo que cueste, contra toda consecuencia. Pero, si somos razonables, y lectores tolerantes, es el espíritu escéptico lo que deberíamos cultivar, alentar y desarrollar; no los dogmas, por muy positivos que parezcan.

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p. 104

repensar el libro

repensar el libro

Del espíritu del lector depende la suerte de los

Del espíritu del lector depende la suerte de los

Terenciano Mauro [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

Terenciano Mauro [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

Es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que

Es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que

libros.

libros.

llevar a la práctica una sola regla, no importa cuál.

intenta recordarlo por ti mismo.

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

Nunca busques en un libro si has olvidado algo; intenta recordarlo por ti mismo.

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Nunca busques en un libro si has olvidado algo;

releer la vida

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

llevar a la práctica una sola regla, no importa cuál.

Del espíritu del lector depende la suerte de los

Del espíritu del lector depende la suerte de los

Terenciano Mauro [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

Terenciano Mauro [Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997]

Es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que

Es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que

libros.

libros.

llevar a la práctica una sola regla, no importa cuál.

intenta recordarlo por ti mismo.

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

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Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

Nunca busques en un libro si has olvidado algo; intenta recordarlo por ti mismo.

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

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releer la vida

Nunca busques en un libro si has olvidado algo;

releer la vida

Lev Tolstói [Diarios I, Era/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001]

llevar a la práctica una sola regla, no importa cuál.

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repensar el libro

repensar el libro

El hombre que no lee buenos libros no tiene ninguna ventaja sobre el que no sabe leer.

Mark Twain [Justin Kaplan, Mark Twain y su mundo, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1984]

Casi todos los libros que estimo, y absolutamente

todos los que me han servido de algo, son libros de lectura difícil. El pensamiento puede abandonarlos; no puede seguirlos. Unos me han servido a causa de su dificultad; otros porque eran difíciles.

ventaja sobre el que no sabe leer.

Mark Twain [Justin Kaplan, Mark Twain y su mundo, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1984]

Casi todos los libros que estimo, y absolutamente

todos los que me han servido de algo, son libros de lectura difícil. El pensamiento puede abandonarlos; no puede seguirlos. Unos me han servido a causa de su dificultad; otros porque eran difíciles.

Paul Valéry [Aforismos y Discurso a los cirujanos, Nueva Cultura, México, 1940]

Paul Valéry [Aforismos y Discurso a los cirujanos, Nueva Cultura, México, 1940]

Quizá no sepas mucho de la vida ni de la gente, pero

Quizá no sepas mucho de la vida ni de la gente, pero

Stephen Vizinczey [En brazos de la mujer madura, Grijalbo, México, 1990]

Stephen Vizinczey [En brazos de la mujer madura, Grijalbo, México, 1990]

La educación literaria es el principal instrumento

La educación literaria es el principal instrumento

sabes más que yo de lo que dicen los libros, de modo que quedamos a la par.

para alejar a los jóvenes de la buena escritura y en particular de los clásicos.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

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El hombre que no lee buenos libros no tiene ninguna

El hombre que no lee buenos libros no tiene ninguna

repensar el libro

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ventaja sobre el que no sabe leer.

Mark Twain [Justin Kaplan, Mark Twain y su mundo, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1984]

Casi todos los libros que estimo, y absolutamente

todos los que me han servido de algo, son libros de lectura difícil. El pensamiento puede abandonarlos; no puede seguirlos. Unos me han servido a causa de su dificultad; otros porque eran difíciles.

ventaja sobre el que no sabe leer.

Mark Twain [Justin Kaplan, Mark Twain y su mundo, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1984]

Casi todos los libros que estimo, y absolutamente

todos los que me han servido de algo, son libros de lectura difícil. El pensamiento puede abandonarlos; no puede seguirlos. Unos me han servido a causa de su dificultad; otros porque eran difíciles.

Paul Valéry [Aforismos y Discurso a los cirujanos, Nueva Cultura, México, 1940]

Paul Valéry [Aforismos y Discurso a los cirujanos, Nueva Cultura, México, 1940]

Quizá no sepas mucho de la vida ni de la gente, pero

Quizá no sepas mucho de la vida ni de la gente, pero

Stephen Vizinczey [En brazos de la mujer madura, Grijalbo, México, 1990]

Stephen Vizinczey [En brazos de la mujer madura, Grijalbo, México, 1990]

La educación literaria es el principal instrumento

La educación literaria es el principal instrumento

sabes más que yo de lo que dicen los libros, de modo que quedamos a la par.

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para alejar a los jóvenes de la buena escritura y en particular de los clásicos.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

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releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

sabes más que yo de lo que dicen los libros, de modo que quedamos a la par.

releer la vida

para alejar a los jóvenes de la buena escritura y en particular de los clásicos.

releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

sabes más que yo de lo que dicen los libros, de modo que quedamos a la par.

releer la vida

para alejar a los jóvenes de la buena escritura y en particular de los clásicos.

repensar el libro

El hombre que no lee buenos libros no tiene ninguna

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22 Contra el ignorante que compraba muchos libros

22 Contra el ignorante que compraba muchos libros

Luciano de Samosata (120-180), o simplemente Luciano, es autor del

Luciano de Samosata (120-180), o simplemente Luciano, es autor del

célebre opúsculo Contra el ignorante que compraba muchos libros. Luciano fue un polemista griego de raza que, dirigiéndose a un interlocutor hipotético (que podemos ser todos y cada uno de los que habitamos el medio cultural y bibliográfico), le dice y nos dice: “Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso es una prueba de tu ignorancia en cierto modo. Sobre todo que no compras los más bellos sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoro bien dispuesto para sus vendedores”. Si en tiempos de Luciano, cuando no había tantos libros como los que hoy tenemos en las mesas de novedades de las

célebre opúsculo Contra el ignorante que compraba muchos libros. Luciano fue un polemista griego de raza que, dirigiéndose a un interlocutor hipotético (que podemos ser todos y cada uno de los que habitamos el medio cultural y bibliográfico), le dice y nos dice: “Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso es una prueba de tu ignorancia en cierto modo. Sobre todo que no compras los más bellos sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoro bien dispuesto para sus vendedores”. Si en tiempos de Luciano, cuando no había tantos libros como los que hoy tenemos en las mesas de novedades de las

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22 Contra el ignorante que compraba muchos libros

22 Contra el ignorante que compraba muchos libros

Luciano de Samosata (120-180), o simplemente Luciano, es autor del

Luciano de Samosata (120-180), o simplemente Luciano, es autor del

célebre opúsculo Contra el ignorante que compraba muchos libros. Luciano fue un polemista griego de raza que, dirigiéndose a un interlocutor hipotético (que podemos ser todos y cada uno de los que habitamos el medio cultural y bibliográfico), le dice y nos dice: “Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso es una prueba de tu ignorancia en cierto modo. Sobre todo que no compras los más bellos sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoro bien dispuesto para sus vendedores”. Si en tiempos de Luciano, cuando no había tantos libros como los que hoy tenemos en las mesas de novedades de las

célebre opúsculo Contra el ignorante que compraba muchos libros. Luciano fue un polemista griego de raza que, dirigiéndose a un interlocutor hipotético (que podemos ser todos y cada uno de los que habitamos el medio cultural y bibliográfico), le dice y nos dice: “Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso es una prueba de tu ignorancia en cierto modo. Sobre todo que no compras los más bellos sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoro bien dispuesto para sus vendedores”. Si en tiempos de Luciano, cuando no había tantos libros como los que hoy tenemos en las mesas de novedades de las

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grandes librerías, se podía hablar así de los compradores compulsivos de cuanta cosa era alabada, el texto de Luciano cobra mayor vigencia y da en el blanco con mayor puntería en nuestra época, llena de supersticiones culturales propaladas y propagadas por los reseñistas-publicistas y, en general, por la industria editorial que basa su éxito en anunciar un día sí y otro también el nacimiento de un nuevo genio. Al referirse a las consecuencias que produce la compra compulsiva de pésimos libros prestigiados, Luciano deduce atinadamente “que si los libros hacen semejantes sujetos, habría que huir de ellos lo más lejos posible”. Son obvios su sarcasmo y su ironía, pues si alguien ama los libros es Luciano. Con la diferencia de que no se deja engatusar por los engañabobos. Y cree absolutamente que un libro sí tiene el deber de hacer mejores a sus lectores. Y que si los hace fatuos, ridículos, impostados, pedantes e intolerantes, entonces no hay beneficio alguno en comprar y leer libros, así sean éstos cientos o miles. Da igual.

grandes librerías, se podía hablar así de los compradores compulsivos de cuanta cosa era alabada, el texto de Luciano cobra mayor vigencia y da en el blanco con mayor puntería en nuestra época, llena de supersticiones culturales propaladas y propagadas por los reseñistas-publicistas y, en general, por la industria editorial que basa su éxito en anunciar un día sí y otro también el nacimiento de un nuevo genio. Al referirse a las consecuencias que produce la compra compulsiva de pésimos libros prestigiados, Luciano deduce atinadamente “que si los libros hacen semejantes sujetos, habría que huir de ellos lo más lejos posible”. Son obvios su sarcasmo y su ironía, pues si alguien ama los libros es Luciano. Con la diferencia de que no se deja engatusar por los engañabobos. Y cree absolutamente que un libro sí tiene el deber de hacer mejores a sus lectores. Y que si los hace fatuos, ridículos, impostados, pedantes e intolerantes, entonces no hay beneficio alguno en comprar y leer libros, así sean éstos cientos o miles. Da igual.

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grandes librerías, se podía hablar así de los compradores compulsivos de cuanta cosa era alabada, el texto de Luciano cobra mayor vigencia y da en el blanco con mayor puntería en nuestra época, llena de supersticiones culturales propaladas y propagadas por los reseñistas-publicistas y, en general, por la industria editorial que basa su éxito en anunciar un día sí y otro también el nacimiento de un nuevo genio. Al referirse a las consecuencias que produce la compra compulsiva de pésimos libros prestigiados, Luciano deduce atinadamente “que si los libros hacen semejantes sujetos, habría que huir de ellos lo más lejos posible”. Son obvios su sarcasmo y su ironía, pues si alguien ama los libros es Luciano. Con la diferencia de que no se deja engatusar por los engañabobos. Y cree absolutamente que un libro sí tiene el deber de hacer mejores a sus lectores. Y que si los hace fatuos, ridículos, impostados, pedantes e intolerantes, entonces no hay beneficio alguno en comprar y leer libros, así sean éstos cientos o miles. Da igual.

grandes librerías, se podía hablar así de los compradores compulsivos de cuanta cosa era alabada, el texto de Luciano cobra mayor vigencia y da en el blanco con mayor puntería en nuestra época, llena de supersticiones culturales propaladas y propagadas por los reseñistas-publicistas y, en general, por la industria editorial que basa su éxito en anunciar un día sí y otro también el nacimiento de un nuevo genio. Al referirse a las consecuencias que produce la compra compulsiva de pésimos libros prestigiados, Luciano deduce atinadamente “que si los libros hacen semejantes sujetos, habría que huir de ellos lo más lejos posible”. Son obvios su sarcasmo y su ironía, pues si alguien ama los libros es Luciano. Con la diferencia de que no se deja engatusar por los engañabobos. Y cree absolutamente que un libro sí tiene el deber de hacer mejores a sus lectores. Y que si los hace fatuos, ridículos, impostados, pedantes e intolerantes, entonces no hay beneficio alguno en comprar y leer libros, así sean éstos cientos o miles. Da igual.

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p. 108

repensar el libro

repensar el libro

Habría que decir ahora mismo que los propios libros

Habría que decir ahora mismo que los propios libros

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

La misma clase de enfoque ha envenenado la edu-

La misma clase de enfoque ha envenenado la edu-

de Stendhal no pueden dejar de fastidiar a quienes se toman muy en serio a sí mismos.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

repensar el libro

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repensar el libro

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releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

cación literaria: se pregunta a los colegiales cuál es el tema de una novela, no si lo que revela sobre su tema es cierto o interesante.

releer la vida

cación literaria: se pregunta a los colegiales cuál es el tema de una novela, no si lo que revela sobre su tema es cierto o interesante.

de Stendhal no pueden dejar de fastidiar a quienes se toman muy en serio a sí mismos.

Habría que decir ahora mismo que los propios libros

Habría que decir ahora mismo que los propios libros

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

La misma clase de enfoque ha envenenado la edu-

La misma clase de enfoque ha envenenado la edu-

de Stendhal no pueden dejar de fastidiar a quienes se toman muy en serio a sí mismos.

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cación literaria: se pregunta a los colegiales cuál es el tema de una novela, no si lo que revela sobre su tema es cierto o interesante.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

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releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

releer la vida

cación literaria: se pregunta a los colegiales cuál es el tema de una novela, no si lo que revela sobre su tema es cierto o interesante.

de Stendhal no pueden dejar de fastidiar a quienes se toman muy en serio a sí mismos.

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repensar el libro

repensar el libro

Actualmente a un escritor le es relativamente fácil conseguir que se publique su libro, pero aunque sea una obra maestra, fácilmente puede pasar inadvertido entre los millares de libros que no deberían publicarse en absoluto.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

Los libros aburridos corrompen el cerebro. No pode-

mos sacar nada de los libros que nos aburren; afectan a la mente como la violación afecta el cuerpo de las mujeres; lo que debería ser un gran gozo es una náusea. Pienso a menudo que si los estudiantes no estuvieran obligados a terminar libros que no les dicen nada, la educación literaria no les dejaría tan insensibles a la literatura.

conseguir que se publique su libro, pero aunque sea una obra maestra, fácilmente puede pasar inadvertido entre los millares de libros que no deberían publicarse en absoluto.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

Los libros aburridos corrompen el cerebro. No pode-

mos sacar nada de los libros que nos aburren; afectan a la mente como la violación afecta el cuerpo de las mujeres; lo que debería ser un gran gozo es una náusea. Pienso a menudo que si los estudiantes no estuvieran obligados a terminar libros que no les dicen nada, la educación literaria no les dejaría tan insensibles a la literatura.

La raza humana no ha ganado en sensatez; sólo ha

La raza humana no ha ganado en sensatez; sólo ha

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

cambiado sus manías y necedades [...] Por extraño que parezca, toda la erudición de los libros del mundo no puede curar la estupidez, y no cabe duda de que la educación formal la fortalece. Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

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Actualmente a un escritor le es relativamente fácil

Actualmente a un escritor le es relativamente fácil

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conseguir que se publique su libro, pero aunque sea una obra maestra, fácilmente puede pasar inadvertido entre los millares de libros que no deberían publicarse en absoluto.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

Los libros aburridos corrompen el cerebro. No pode-

mos sacar nada de los libros que nos aburren; afectan a la mente como la violación afecta el cuerpo de las mujeres; lo que debería ser un gran gozo es una náusea. Pienso a menudo que si los estudiantes no estuvieran obligados a terminar libros que no les dicen nada, la educación literaria no les dejaría tan insensibles a la literatura.

conseguir que se publique su libro, pero aunque sea una obra maestra, fácilmente puede pasar inadvertido entre los millares de libros que no deberían publicarse en absoluto.

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

Los libros aburridos corrompen el cerebro. No pode-

mos sacar nada de los libros que nos aburren; afectan a la mente como la violación afecta el cuerpo de las mujeres; lo que debería ser un gran gozo es una náusea. Pienso a menudo que si los estudiantes no estuvieran obligados a terminar libros que no les dicen nada, la educación literaria no les dejaría tan insensibles a la literatura.

La raza humana no ha ganado en sensatez; sólo ha

La raza humana no ha ganado en sensatez; sólo ha

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

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cambiado sus manías y necedades [...] Por extraño que parezca, toda la erudición de los libros del mundo no puede curar la estupidez, y no cabe duda de que la educación formal la fortalece. Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

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releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

cambiado sus manías y necedades [...] Por extraño que parezca, toda la erudición de los libros del mundo no puede curar la estupidez, y no cabe duda de que la educación formal la fortalece.

releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

releer la vida

Stephen Vizinczey [Verdad y mentiras en la literatura, Océano, México, 2004]

cambiado sus manías y necedades [...] Por extraño que parezca, toda la erudición de los libros del mundo no puede curar la estupidez, y no cabe duda de que la educación formal la fortalece.

repensar el libro

Actualmente a un escritor le es relativamente fácil

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Epílogo para pesimistas

Epílogo para pesimistas

Las letras no dan el pan, dice un proverbio medieval

Las letras no dan el pan, dice un proverbio medieval

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Epílogo para pesimistas

Epílogo para pesimistas

Las letras no dan el pan, dice un proverbio medieval

Las letras no dan el pan, dice un proverbio medieval

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europeo. En Oriente también sabían lo propio. Así, en la antología Fábulas y relatos de la antigua China (Edicomunicación, Barcelona, 2003), de Wei Chinchi, leo el siguiente cuento anónimo del siglo décimo, que transcribo para el lector pesimista u optimista, según se juzgue: “Cierto letrado necesitaba dinero. Juntó todos los libros que tenía en su casa —varios centenares de volúmenes— y partió para venderlos en la capital. En el camino se encontró con otro letrado, quien, después de mirar la lista de los libros, deseó vivamente poseerlos. Pero él era pobre y no tenía con qué pa­garlos; entonces llevó al otro a su casa para mostrarle los bronces antiguos que se disponía a cambiar por arroz. El dueño de los libros era un gran

europeo. En Oriente también sabían lo propio. Así, en la antología Fábulas y relatos de la antigua China (Edicomunicación, Barcelona, 2003), de Wei Chinchi, leo el siguiente cuento anónimo del siglo décimo, que transcribo para el lector pesimista u optimista, según se juzgue: “Cierto letrado necesitaba dinero. Juntó todos los libros que tenía en su casa —varios centenares de volúmenes— y partió para venderlos en la capital. En el camino se encontró con otro letrado, quien, después de mirar la lista de los libros, deseó vivamente poseerlos. Pero él era pobre y no tenía con qué pa­garlos; entonces llevó al otro a su casa para mostrarle los bronces antiguos que se disponía a cambiar por arroz. El dueño de los libros era un gran

europeo. En Oriente también sabían lo propio. Así, en la antología Fábulas y relatos de la antigua China (Edicomunicación, Barcelona, 2003), de Wei Chinchi, leo el siguiente cuento anónimo del siglo décimo, que transcribo para el lector pesimista u optimista, según se juzgue: “Cierto letrado necesitaba dinero. Juntó todos los libros que tenía en su casa —varios centenares de volúmenes— y partió para venderlos en la capital. En el camino se encontró con otro letrado, quien, después de mirar la lista de los libros, deseó vivamente poseerlos. Pero él era pobre y no tenía con qué pa­garlos; entonces llevó al otro a su casa para mostrarle los bronces antiguos que se disponía a cambiar por arroz. El dueño de los libros era un gran

europeo. En Oriente también sabían lo propio. Así, en la antología Fábulas y relatos de la antigua China (Edicomunicación, Barcelona, 2003), de Wei Chinchi, leo el siguiente cuento anónimo del siglo décimo, que transcribo para el lector pesimista u optimista, según se juzgue: “Cierto letrado necesitaba dinero. Juntó todos los libros que tenía en su casa —varios centenares de volúmenes— y partió para venderlos en la capital. En el camino se encontró con otro letrado, quien, después de mirar la lista de los libros, deseó vivamente poseerlos. Pero él era pobre y no tenía con qué pa­garlos; entonces llevó al otro a su casa para mostrarle los bronces antiguos que se disponía a cambiar por arroz. El dueño de los libros era un gran

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­aficionado a los bronces antiguos y la colección le gustó enormemente. “—No los venda —le dijo a su nuevo amigo—: vamos a hacer un cambio. “Y trocó todos sus libros por la colección de ­bronces. “La mujer del primero se extrañó al verlo regresar tan pronto. Echó una mirada a lo que traía: eran dos o tres sacos llenos hasta el borde, en los cuales se entrechocaban los objetos de ruido metálico. Al saber toda la historia empezó a gritar: “—¡Qué estupidez! ¿Cómo podremos comer con esos bronces? “—¡Bueno! —respondió el letrado— ¿Y crees que mis libros le darán arroz a él?”

­aficionado a los bronces antiguos y la colección le gustó enormemente. “—No los venda —le dijo a su nuevo amigo—: vamos a hacer un cambio. “Y trocó todos sus libros por la colección de ­bronces. “La mujer del primero se extrañó al verlo regresar tan pronto. Echó una mirada a lo que traía: eran dos o tres sacos llenos hasta el borde, en los cuales se entrechocaban los objetos de ruido metálico. Al saber toda la historia empezó a gritar: “—¡Qué estupidez! ¿Cómo podremos comer con esos bronces? “—¡Bueno! —respondió el letrado— ¿Y crees que mis libros le darán arroz a él?”

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­aficionado a los bronces antiguos y la colección le gustó enormemente. “—No los venda —le dijo a su nuevo amigo—: vamos a hacer un cambio. “Y trocó todos sus libros por la colección de ­bronces. “La mujer del primero se extrañó al verlo regresar tan pronto. Echó una mirada a lo que traía: eran dos o tres sacos llenos hasta el borde, en los cuales se entrechocaban los objetos de ruido metálico. Al saber toda la historia empezó a gritar: “—¡Qué estupidez! ¿Cómo podremos comer con esos bronces? “—¡Bueno! —respondió el letrado— ¿Y crees que mis libros le darán arroz a él?”

­aficionado a los bronces antiguos y la colección le gustó enormemente. “—No los venda —le dijo a su nuevo amigo—: vamos a hacer un cambio. “Y trocó todos sus libros por la colección de ­bronces. “La mujer del primero se extrañó al verlo regresar tan pronto. Echó una mirada a lo que traía: eran dos o tres sacos llenos hasta el borde, en los cuales se entrechocaban los objetos de ruido metálico. Al saber toda la historia empezó a gritar: “—¡Qué estupidez! ¿Cómo podremos comer con esos bronces? “—¡Bueno! —respondió el letrado— ¿Y crees que mis libros le darán arroz a él?”

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Colofón contra fanáticos

Colofón contra fanáticos

“El miedo no es una emoción inocente. Los cobardes

“El miedo no es una emoción inocente. Los cobardes

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Colofón contra fanáticos

Colofón contra fanáticos

“El miedo no es una emoción inocente. Los cobardes

“El miedo no es una emoción inocente. Los cobardes

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son peligrosos”. Tal afirma Stephen Vizinczey en un magistral artículo referido a los crímenes del nazismo que se dieron, en no poca medida, con la colaboración precisamente de los cobardes: de aquellos que, para salvar su pellejo, no tuvieron empacho en “trabajar” (con esta “neutralidad” definían ellos mismos sus acciones homicidas) en los campos de exterminio de Auschwitz, Chelmno, Belsec, Sobibor y Treblinka. Muchos de ellos eran asiduos lectores. Se sabían personas “cultas” que gustaban de la buena literatura, la buena música, la buena mesa, etcétera, y estaban conscientes de ser inteligentes y no carecer de sensibilidad. Pero si los cobardes son peligrosos, no lo son menos aquellos que se dicen “neutrales”: los que, sin

son peligrosos”. Tal afirma Stephen Vizinczey en un magistral artículo referido a los crímenes del nazismo que se dieron, en no poca medida, con la colaboración precisamente de los cobardes: de aquellos que, para salvar su pellejo, no tuvieron empacho en “trabajar” (con esta “neutralidad” definían ellos mismos sus acciones homicidas) en los campos de exterminio de Auschwitz, Chelmno, Belsec, Sobibor y Treblinka. Muchos de ellos eran asiduos lectores. Se sabían personas “cultas” que gustaban de la buena literatura, la buena música, la buena mesa, etcétera, y estaban conscientes de ser inteligentes y no carecer de sensibilidad. Pero si los cobardes son peligrosos, no lo son menos aquellos que se dicen “neutrales”: los que, sin

son peligrosos”. Tal afirma Stephen Vizinczey en un magistral artículo referido a los crímenes del nazismo que se dieron, en no poca medida, con la colaboración precisamente de los cobardes: de aquellos que, para salvar su pellejo, no tuvieron empacho en “trabajar” (con esta “neutralidad” definían ellos mismos sus acciones homicidas) en los campos de exterminio de Auschwitz, Chelmno, Belsec, Sobibor y Treblinka. Muchos de ellos eran asiduos lectores. Se sabían personas “cultas” que gustaban de la buena literatura, la buena música, la buena mesa, etcétera, y estaban conscientes de ser inteligentes y no carecer de sensibilidad. Pero si los cobardes son peligrosos, no lo son menos aquellos que se dicen “neutrales”: los que, sin

son peligrosos”. Tal afirma Stephen Vizinczey en un magistral artículo referido a los crímenes del nazismo que se dieron, en no poca medida, con la colaboración precisamente de los cobardes: de aquellos que, para salvar su pellejo, no tuvieron empacho en “trabajar” (con esta “neutralidad” definían ellos mismos sus acciones homicidas) en los campos de exterminio de Auschwitz, Chelmno, Belsec, Sobibor y Treblinka. Muchos de ellos eran asiduos lectores. Se sabían personas “cultas” que gustaban de la buena literatura, la buena música, la buena mesa, etcétera, y estaban conscientes de ser inteligentes y no carecer de sensibilidad. Pero si los cobardes son peligrosos, no lo son menos aquellos que se dicen “neutrales”: los que, sin

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imaginación, pese a su inteligencia, creen que pueden permanecer inalterables, al margen de los acontecimientos y de sus propias acciones; esos que suponen que existe la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”. Tales estados son imposibles en los seres humanos, pues, como dijo Oscar Wilde, “sólo somos capaces de emitir opiniones realmente imparciales sobre aquello que no nos interesa”. ¿A quién queremos engañar con nuestra “objetividad desapasionada”, con nuestra “imparcialidad objetiva”? Principalmente, a nosotros mismos, para borrar cualquier noción de realidad, tranquilizarnos por lo que hacemos y haciéndonos los locos... para no volvernos locos. En nuestros altares mentales veneramos a los santos o a los demonios que inspiran nuestra devoción. ¡No salgamos, entonces, con eso de la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”! Cuando actuamos, nunca nos desprendemos de nuestros sentimientos y convicciones, por más que así lo quisiéramos para sentir que somos mejores de lo que realmente somos. Incluso, en los ámbitos más graves y trascendentes, todos los días vemos que la justicia nunca es ciega, y que los jueces (incluidos los altos magistrados de las cortes supremas) pueden ser, por supuesto, miopes (no ciegos), pero su miopía les viene de los prejuicios, los sentimientos y las convicciones que abrigan al analizar los casos y al dictar sentencias.

imaginación, pese a su inteligencia, creen que pueden permanecer inalterables, al margen de los acontecimientos y de sus propias acciones; esos que suponen que existe la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”. Tales estados son imposibles en los seres humanos, pues, como dijo Oscar Wilde, “sólo somos capaces de emitir opiniones realmente imparciales sobre aquello que no nos interesa”. ¿A quién queremos engañar con nuestra “objetividad desapasionada”, con nuestra “imparcialidad objetiva”? Principalmente, a nosotros mismos, para borrar cualquier noción de realidad, tranquilizarnos por lo que hacemos y haciéndonos los locos... para no volvernos locos. En nuestros altares mentales veneramos a los santos o a los demonios que inspiran nuestra devoción. ¡No salgamos, entonces, con eso de la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”! Cuando actuamos, nunca nos desprendemos de nuestros sentimientos y convicciones, por más que así lo quisiéramos para sentir que somos mejores de lo que realmente somos. Incluso, en los ámbitos más graves y trascendentes, todos los días vemos que la justicia nunca es ciega, y que los jueces (incluidos los altos magistrados de las cortes supremas) pueden ser, por supuesto, miopes (no ciegos), pero su miopía les viene de los prejuicios, los sentimientos y las convicciones que abrigan al analizar los casos y al dictar sentencias.

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imaginación, pese a su inteligencia, creen que pueden permanecer inalterables, al margen de los acontecimientos y de sus propias acciones; esos que suponen que existe la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”. Tales estados son imposibles en los seres humanos, pues, como dijo Oscar Wilde, “sólo somos capaces de emitir opiniones realmente imparciales sobre aquello que no nos interesa”. ¿A quién queremos engañar con nuestra “objetividad desapasionada”, con nuestra “imparcialidad objetiva”? Principalmente, a nosotros mismos, para borrar cualquier noción de realidad, tranquilizarnos por lo que hacemos y haciéndonos los locos... para no volvernos locos. En nuestros altares mentales veneramos a los santos o a los demonios que inspiran nuestra devoción. ¡No salgamos, entonces, con eso de la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”! Cuando actuamos, nunca nos desprendemos de nuestros sentimientos y convicciones, por más que así lo quisiéramos para sentir que somos mejores de lo que realmente somos. Incluso, en los ámbitos más graves y trascendentes, todos los días vemos que la justicia nunca es ciega, y que los jueces (incluidos los altos magistrados de las cortes supremas) pueden ser, por supuesto, miopes (no ciegos), pero su miopía les viene de los prejuicios, los sentimientos y las convicciones que abrigan al analizar los casos y al dictar sentencias.

imaginación, pese a su inteligencia, creen que pueden permanecer inalterables, al margen de los acontecimientos y de sus propias acciones; esos que suponen que existe la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”. Tales estados son imposibles en los seres humanos, pues, como dijo Oscar Wilde, “sólo somos capaces de emitir opiniones realmente imparciales sobre aquello que no nos interesa”. ¿A quién queremos engañar con nuestra “objetividad desapasionada”, con nuestra “imparcialidad objetiva”? Principalmente, a nosotros mismos, para borrar cualquier noción de realidad, tranquilizarnos por lo que hacemos y haciéndonos los locos... para no volvernos locos. En nuestros altares mentales veneramos a los santos o a los demonios que inspiran nuestra devoción. ¡No salgamos, entonces, con eso de la “objetividad desapasionada” o la “imparcialidad objetiva”! Cuando actuamos, nunca nos desprendemos de nuestros sentimientos y convicciones, por más que así lo quisiéramos para sentir que somos mejores de lo que realmente somos. Incluso, en los ámbitos más graves y trascendentes, todos los días vemos que la justicia nunca es ciega, y que los jueces (incluidos los altos magistrados de las cortes supremas) pueden ser, por supuesto, miopes (no ciegos), pero su miopía les viene de los prejuicios, los sentimientos y las convicciones que abrigan al analizar los casos y al dictar sentencias.

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Si son lectores o, más ampliamente, “cultos”, no lo sabemos, pero lo que sí podemos saber es que algún contacto continuo llegaron a entablar con la cultura escrita para alcanzar sus objetivos profesionales. Y, a pesar de ello, los libros no les sirvieron para gran cosa, lo que produce en la gente una desilución que muchas veces se torna nihilismo ante tan atroz ­incongruencia. “La degradación de los tribunales y el descreimiento en la justicia —ha observado Ernesto Sabato— provocan la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si resultara un caldo de cultivo favorable a la corrupción, cuando, en realidad, lo que ocurre es que en ningún otro sistema es posible denunciarla”. Esto último quizá debería consolarnos, pero muchas veces ni siquiera esto nos consuela. A propósito de un protagonista del horror nazi, Franz Stangl, que dirigió el exterminio en los campos de Sobibor y Treblinka y que mataba, ordenada y eficientemente, a cinco mil judíos por día, y a eso le llamaba “trabajo”, Vicinczey se pregunta y responde: “¿Cómo pudo un hombre más o menos normal decidirse a dirigir un campo de exterminio? [...] ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo fue capaz de causar tanto sufrimiento y muerte? Pues, no dándole importancia”. Entrevistado por la historiadora Gitta Sereny (en su libro Hacia esa oscuridad), el ejemplar padre de familia y buen esposo Franz Stangl, kommandant de las

Si son lectores o, más ampliamente, “cultos”, no lo sabemos, pero lo que sí podemos saber es que algún contacto continuo llegaron a entablar con la cultura escrita para alcanzar sus objetivos profesionales. Y, a pesar de ello, los libros no les sirvieron para gran cosa, lo que produce en la gente una desilución que muchas veces se torna nihilismo ante tan atroz ­incongruencia. “La degradación de los tribunales y el descreimiento en la justicia —ha observado Ernesto Sabato— provocan la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si resultara un caldo de cultivo favorable a la corrupción, cuando, en realidad, lo que ocurre es que en ningún otro sistema es posible denunciarla”. Esto último quizá debería consolarnos, pero muchas veces ni siquiera esto nos consuela. A propósito de un protagonista del horror nazi, Franz Stangl, que dirigió el exterminio en los campos de Sobibor y Treblinka y que mataba, ordenada y eficientemente, a cinco mil judíos por día, y a eso le llamaba “trabajo”, Vicinczey se pregunta y responde: “¿Cómo pudo un hombre más o menos normal decidirse a dirigir un campo de exterminio? [...] ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo fue capaz de causar tanto sufrimiento y muerte? Pues, no dándole importancia”. Entrevistado por la historiadora Gitta Sereny (en su libro Hacia esa oscuridad), el ejemplar padre de familia y buen esposo Franz Stangl, kommandant de las

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Si son lectores o, más ampliamente, “cultos”, no lo sabemos, pero lo que sí podemos saber es que algún contacto continuo llegaron a entablar con la cultura escrita para alcanzar sus objetivos profesionales. Y, a pesar de ello, los libros no les sirvieron para gran cosa, lo que produce en la gente una desilución que muchas veces se torna nihilismo ante tan atroz ­incongruencia. “La degradación de los tribunales y el descreimiento en la justicia —ha observado Ernesto Sabato— provocan la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si resultara un caldo de cultivo favorable a la corrupción, cuando, en realidad, lo que ocurre es que en ningún otro sistema es posible denunciarla”. Esto último quizá debería consolarnos, pero muchas veces ni siquiera esto nos consuela. A propósito de un protagonista del horror nazi, Franz Stangl, que dirigió el exterminio en los campos de Sobibor y Treblinka y que mataba, ordenada y eficientemente, a cinco mil judíos por día, y a eso le llamaba “trabajo”, Vicinczey se pregunta y responde: “¿Cómo pudo un hombre más o menos normal decidirse a dirigir un campo de exterminio? [...] ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo fue capaz de causar tanto sufrimiento y muerte? Pues, no dándole importancia”. Entrevistado por la historiadora Gitta Sereny (en su libro Hacia esa oscuridad), el ejemplar padre de familia y buen esposo Franz Stangl, kommandant de las

Si son lectores o, más ampliamente, “cultos”, no lo sabemos, pero lo que sí podemos saber es que algún contacto continuo llegaron a entablar con la cultura escrita para alcanzar sus objetivos profesionales. Y, a pesar de ello, los libros no les sirvieron para gran cosa, lo que produce en la gente una desilución que muchas veces se torna nihilismo ante tan atroz ­incongruencia. “La degradación de los tribunales y el descreimiento en la justicia —ha observado Ernesto Sabato— provocan la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si resultara un caldo de cultivo favorable a la corrupción, cuando, en realidad, lo que ocurre es que en ningún otro sistema es posible denunciarla”. Esto último quizá debería consolarnos, pero muchas veces ni siquiera esto nos consuela. A propósito de un protagonista del horror nazi, Franz Stangl, que dirigió el exterminio en los campos de Sobibor y Treblinka y que mataba, ordenada y eficientemente, a cinco mil judíos por día, y a eso le llamaba “trabajo”, Vicinczey se pregunta y responde: “¿Cómo pudo un hombre más o menos normal decidirse a dirigir un campo de exterminio? [...] ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo fue capaz de causar tanto sufrimiento y muerte? Pues, no dándole importancia”. Entrevistado por la historiadora Gitta Sereny (en su libro Hacia esa oscuridad), el ejemplar padre de familia y buen esposo Franz Stangl, kommandant de las

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SS del Führer, habla todo el tiempo de su “trabajo”, como si su trabajo hubiese sido el de dirigir una fábrica y no el de organizar y supervisar el exterminio de miles de personas diariamente. Explica Vizinczey: “Stangl carecía de la capacidad imaginativa para ponerse con facilidad en el lugar de otras personas. Era, por desgracia, totalmente ‘normal’ a este respecto”. Esto lo confirma el propio Stangl, cuando le dice a Sereny: “A veces se me ocurrían pensamientos, claro, pero los rechazaba. Me obligaba a concentrarme en el trabajo”. Para no volverse loca, la gente llama trabajo a lo que sea: engañar, robar, chantajear, secuestrar, matar y muchas cosas más, entre las más innobles. Esta gente, absolutamente “normal”, no cuestiona en ningún momento lo que hace. Cuando filman una película, los actores y las actrices porno saben que están trabajando, del mismo modo que lo saben los pilotos cuando lanzan bombas desde sus aviones.

SS del Führer, habla todo el tiempo de su “trabajo”, como si su trabajo hubiese sido el de dirigir una fábrica y no el de organizar y supervisar el exterminio de miles de personas diariamente. Explica Vizinczey: “Stangl carecía de la capacidad imaginativa para ponerse con facilidad en el lugar de otras personas. Era, por desgracia, totalmente ‘normal’ a este respecto”. Esto lo confirma el propio Stangl, cuando le dice a Sereny: “A veces se me ocurrían pensamientos, claro, pero los rechazaba. Me obligaba a concentrarme en el trabajo”. Para no volverse loca, la gente llama trabajo a lo que sea: engañar, robar, chantajear, secuestrar, matar y muchas cosas más, entre las más innobles. Esta gente, absolutamente “normal”, no cuestiona en ningún momento lo que hace. Cuando filman una película, los actores y las actrices porno saben que están trabajando, del mismo modo que lo saben los pilotos cuando lanzan bombas desde sus aviones.

§

§

Si los cobardes son peligrosos, no lo son menos los “neutrales”. La presunta “neutralidad” no es otra cosa que una forma de cobardía. Son los que quieren hacernos creer que sus actos no están dictados o teñidos jamás por sus sentimientos y sus emociones. Quieren convencernos de que no hay nada que les altere el pulso en esa zona de indiferencia e ­imparcialidad

Si los cobardes son peligrosos, no lo son menos los “neutrales”. La presunta “neutralidad” no es otra cosa que una forma de cobardía. Son los que quieren hacernos creer que sus actos no están dictados o teñidos jamás por sus sentimientos y sus emociones. Quieren convencernos de que no hay nada que les altere el pulso en esa zona de indiferencia e ­imparcialidad

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SS del Führer, habla todo el tiempo de su “trabajo”, como si su trabajo hubiese sido el de dirigir una fábrica y no el de organizar y supervisar el exterminio de miles de personas diariamente. Explica Vizinczey: “Stangl carecía de la capacidad imaginativa para ponerse con facilidad en el lugar de otras personas. Era, por desgracia, totalmente ‘normal’ a este respecto”. Esto lo confirma el propio Stangl, cuando le dice a Sereny: “A veces se me ocurrían pensamientos, claro, pero los rechazaba. Me obligaba a concentrarme en el trabajo”. Para no volverse loca, la gente llama trabajo a lo que sea: engañar, robar, chantajear, secuestrar, matar y muchas cosas más, entre las más innobles. Esta gente, absolutamente “normal”, no cuestiona en ningún momento lo que hace. Cuando filman una película, los actores y las actrices porno saben que están trabajando, del mismo modo que lo saben los pilotos cuando lanzan bombas desde sus aviones.

SS del Führer, habla todo el tiempo de su “trabajo”, como si su trabajo hubiese sido el de dirigir una fábrica y no el de organizar y supervisar el exterminio de miles de personas diariamente. Explica Vizinczey: “Stangl carecía de la capacidad imaginativa para ponerse con facilidad en el lugar de otras personas. Era, por desgracia, totalmente ‘normal’ a este respecto”. Esto lo confirma el propio Stangl, cuando le dice a Sereny: “A veces se me ocurrían pensamientos, claro, pero los rechazaba. Me obligaba a concentrarme en el trabajo”. Para no volverse loca, la gente llama trabajo a lo que sea: engañar, robar, chantajear, secuestrar, matar y muchas cosas más, entre las más innobles. Esta gente, absolutamente “normal”, no cuestiona en ningún momento lo que hace. Cuando filman una película, los actores y las actrices porno saben que están trabajando, del mismo modo que lo saben los pilotos cuando lanzan bombas desde sus aviones.

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Si los cobardes son peligrosos, no lo son menos los “neutrales”. La presunta “neutralidad” no es otra cosa que una forma de cobardía. Son los que quieren hacernos creer que sus actos no están dictados o teñidos jamás por sus sentimientos y sus emociones. Quieren convencernos de que no hay nada que les altere el pulso en esa zona de indiferencia e ­imparcialidad

Si los cobardes son peligrosos, no lo son menos los “neutrales”. La presunta “neutralidad” no es otra cosa que una forma de cobardía. Son los que quieren hacernos creer que sus actos no están dictados o teñidos jamás por sus sentimientos y sus emociones. Quieren convencernos de que no hay nada que les altere el pulso en esa zona de indiferencia e ­imparcialidad

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donde incluso los demonios nos dan mejor ejemplo, porque podemos decir muchas cosas de los malvados, menos que sean “neutrales”. Por ejemplo, es cierto que los nazis quemaron libros y personas. Pero también es verdad —y esto es lo que no siempre suele aclararse— que no quemaron personas por ser personas, sino por ser judíos, y que no quemaron libros por ser libros, sino por contener ideas contrarias a los exterminadores de judíos. Hitler mandó quemar libros, pero también publicó uno: Mein Kampf (Mi lucha, 1924-1926), lo cual demuestra perfectamente que no tenía ninguna aversión especial en contra del objeto libro, sino en contra de las ideas diferentes a las suyas. Hitler dedicó su libro a la memoria de una veintena de correligionarios, a los que llama “héroes”, muertos en la insurrección de Munich el 9 de noviembre de 1923, “para que el ejemplo de su sacrificio alumbre incesantemente a los prosélitos de nuestro movimiento”, y en el prólogo explica que ha escrito ese libro para destruir las tendenciosas leyendas que sobre su persona propagaba la prensa judía. Su conclusión no puede llevarnos a pensar que tuviera nada en particular contra el objeto libro: “Es indispensable que de una vez para siempre quede expuesta, en su parte esencial, una doctrina, para poder después sostenerla y propagarla uniforme y homogéneamente. Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental que aporto a la obra común”.

donde incluso los demonios nos dan mejor ejemplo, porque podemos decir muchas cosas de los malvados, menos que sean “neutrales”. Por ejemplo, es cierto que los nazis quemaron libros y personas. Pero también es verdad —y esto es lo que no siempre suele aclararse— que no quemaron personas por ser personas, sino por ser judíos, y que no quemaron libros por ser libros, sino por contener ideas contrarias a los exterminadores de judíos. Hitler mandó quemar libros, pero también publicó uno: Mein Kampf (Mi lucha, 1924-1926), lo cual demuestra perfectamente que no tenía ninguna aversión especial en contra del objeto libro, sino en contra de las ideas diferentes a las suyas. Hitler dedicó su libro a la memoria de una veintena de correligionarios, a los que llama “héroes”, muertos en la insurrección de Munich el 9 de noviembre de 1923, “para que el ejemplo de su sacrificio alumbre incesantemente a los prosélitos de nuestro movimiento”, y en el prólogo explica que ha escrito ese libro para destruir las tendenciosas leyendas que sobre su persona propagaba la prensa judía. Su conclusión no puede llevarnos a pensar que tuviera nada en particular contra el objeto libro: “Es indispensable que de una vez para siempre quede expuesta, en su parte esencial, una doctrina, para poder después sostenerla y propagarla uniforme y homogéneamente. Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental que aporto a la obra común”.

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donde incluso los demonios nos dan mejor ejemplo, porque podemos decir muchas cosas de los malvados, menos que sean “neutrales”. Por ejemplo, es cierto que los nazis quemaron libros y personas. Pero también es verdad —y esto es lo que no siempre suele aclararse— que no quemaron personas por ser personas, sino por ser judíos, y que no quemaron libros por ser libros, sino por contener ideas contrarias a los exterminadores de judíos. Hitler mandó quemar libros, pero también publicó uno: Mein Kampf (Mi lucha, 1924-1926), lo cual demuestra perfectamente que no tenía ninguna aversión especial en contra del objeto libro, sino en contra de las ideas diferentes a las suyas. Hitler dedicó su libro a la memoria de una veintena de correligionarios, a los que llama “héroes”, muertos en la insurrección de Munich el 9 de noviembre de 1923, “para que el ejemplo de su sacrificio alumbre incesantemente a los prosélitos de nuestro movimiento”, y en el prólogo explica que ha escrito ese libro para destruir las tendenciosas leyendas que sobre su persona propagaba la prensa judía. Su conclusión no puede llevarnos a pensar que tuviera nada en particular contra el objeto libro: “Es indispensable que de una vez para siempre quede expuesta, en su parte esencial, una doctrina, para poder después sostenerla y propagarla uniforme y homogéneamente. Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental que aporto a la obra común”.

donde incluso los demonios nos dan mejor ejemplo, porque podemos decir muchas cosas de los malvados, menos que sean “neutrales”. Por ejemplo, es cierto que los nazis quemaron libros y personas. Pero también es verdad —y esto es lo que no siempre suele aclararse— que no quemaron personas por ser personas, sino por ser judíos, y que no quemaron libros por ser libros, sino por contener ideas contrarias a los exterminadores de judíos. Hitler mandó quemar libros, pero también publicó uno: Mein Kampf (Mi lucha, 1924-1926), lo cual demuestra perfectamente que no tenía ninguna aversión especial en contra del objeto libro, sino en contra de las ideas diferentes a las suyas. Hitler dedicó su libro a la memoria de una veintena de correligionarios, a los que llama “héroes”, muertos en la insurrección de Munich el 9 de noviembre de 1923, “para que el ejemplo de su sacrificio alumbre incesantemente a los prosélitos de nuestro movimiento”, y en el prólogo explica que ha escrito ese libro para destruir las tendenciosas leyendas que sobre su persona propagaba la prensa judía. Su conclusión no puede llevarnos a pensar que tuviera nada en particular contra el objeto libro: “Es indispensable que de una vez para siempre quede expuesta, en su parte esencial, una doctrina, para poder después sostenerla y propagarla uniforme y homogéneamente. Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental que aporto a la obra común”.

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Lo que es más, en las primeras líneas de su libro, Hitler rinde homenaje a Johannes Philipp Palm, librero de Nüremberg, “obstinado nacionalista y enemigo de los franceses”, que fue fusilado por orden de Napoleón el 26 de agosto de 1806. Decir que Hitler odiaba los libros es decir una falsedad. Al referirse a los años de 1909 y 1910, relata: “Pintaba para ganarme la vida y al mismo tiempo aprendía con satisfacción. De este modo me fue también posible lograr el complemento teórico necesario para mi apreciación íntima del problema social. Estudiaba con ahínco casi todo lo que podía encontrar en libros sobre esta compleja materia, para después engolfarme en mis propias meditaciones”. A lo largo de Mi lucha, Hitler habla constantemente de su formación libresca. Por ejemplo: “En el estante de libros de mi padre encontré diversas obras militares, entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Se trataba de dos tomos de una revista ilustrada de aquella época e hice de ellos mi lectura predilecta”. O bien: “Leía con atención libro por libro, folleto por folleto, y día tras día pude replicar a mis contradictores, informado como estaba mejor que ellos mismos de su propia doctrina”. No, Hitler no odiaba particularmente los libros. Los leía, los estudiaba, y acabó escribiendo uno que, a decir de su entusiasta traductor al español (C. E. Araluce), “es un libro de palpitante actualidad y sin duda

Lo que es más, en las primeras líneas de su libro, Hitler rinde homenaje a Johannes Philipp Palm, librero de Nüremberg, “obstinado nacionalista y enemigo de los franceses”, que fue fusilado por orden de Napoleón el 26 de agosto de 1806. Decir que Hitler odiaba los libros es decir una falsedad. Al referirse a los años de 1909 y 1910, relata: “Pintaba para ganarme la vida y al mismo tiempo aprendía con satisfacción. De este modo me fue también posible lograr el complemento teórico necesario para mi apreciación íntima del problema social. Estudiaba con ahínco casi todo lo que podía encontrar en libros sobre esta compleja materia, para después engolfarme en mis propias meditaciones”. A lo largo de Mi lucha, Hitler habla constantemente de su formación libresca. Por ejemplo: “En el estante de libros de mi padre encontré diversas obras militares, entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Se trataba de dos tomos de una revista ilustrada de aquella época e hice de ellos mi lectura predilecta”. O bien: “Leía con atención libro por libro, folleto por folleto, y día tras día pude replicar a mis contradictores, informado como estaba mejor que ellos mismos de su propia doctrina”. No, Hitler no odiaba particularmente los libros. Los leía, los estudiaba, y acabó escribiendo uno que, a decir de su entusiasta traductor al español (C. E. Araluce), “es un libro de palpitante actualidad y sin duda

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Lo que es más, en las primeras líneas de su libro, Hitler rinde homenaje a Johannes Philipp Palm, librero de Nüremberg, “obstinado nacionalista y enemigo de los franceses”, que fue fusilado por orden de Napoleón el 26 de agosto de 1806. Decir que Hitler odiaba los libros es decir una falsedad. Al referirse a los años de 1909 y 1910, relata: “Pintaba para ganarme la vida y al mismo tiempo aprendía con satisfacción. De este modo me fue también posible lograr el complemento teórico necesario para mi apreciación íntima del problema social. Estudiaba con ahínco casi todo lo que podía encontrar en libros sobre esta compleja materia, para después engolfarme en mis propias meditaciones”. A lo largo de Mi lucha, Hitler habla constantemente de su formación libresca. Por ejemplo: “En el estante de libros de mi padre encontré diversas obras militares, entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Se trataba de dos tomos de una revista ilustrada de aquella época e hice de ellos mi lectura predilecta”. O bien: “Leía con atención libro por libro, folleto por folleto, y día tras día pude replicar a mis contradictores, informado como estaba mejor que ellos mismos de su propia doctrina”. No, Hitler no odiaba particularmente los libros. Los leía, los estudiaba, y acabó escribiendo uno que, a decir de su entusiasta traductor al español (C. E. Araluce), “es un libro de palpitante actualidad y sin duda

Lo que es más, en las primeras líneas de su libro, Hitler rinde homenaje a Johannes Philipp Palm, librero de Nüremberg, “obstinado nacionalista y enemigo de los franceses”, que fue fusilado por orden de Napoleón el 26 de agosto de 1806. Decir que Hitler odiaba los libros es decir una falsedad. Al referirse a los años de 1909 y 1910, relata: “Pintaba para ganarme la vida y al mismo tiempo aprendía con satisfacción. De este modo me fue también posible lograr el complemento teórico necesario para mi apreciación íntima del problema social. Estudiaba con ahínco casi todo lo que podía encontrar en libros sobre esta compleja materia, para después engolfarme en mis propias meditaciones”. A lo largo de Mi lucha, Hitler habla constantemente de su formación libresca. Por ejemplo: “En el estante de libros de mi padre encontré diversas obras militares, entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Se trataba de dos tomos de una revista ilustrada de aquella época e hice de ellos mi lectura predilecta”. O bien: “Leía con atención libro por libro, folleto por folleto, y día tras día pude replicar a mis contradictores, informado como estaba mejor que ellos mismos de su propia doctrina”. No, Hitler no odiaba particularmente los libros. Los leía, los estudiaba, y acabó escribiendo uno que, a decir de su entusiasta traductor al español (C. E. Araluce), “es un libro de palpitante actualidad y sin duda

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una de las obras de política más sensacionales que se conoce en la posguerra; circula en el mundo traducido a ocho idiomas diferentes y hace tiempo que la edición alemana ha alcanzado una cifra de millones”. Los libros que odiaba Hitler eran aquellos que contenían lo que él denomina “la doctrina judía del marxismo”, desde su punto de vista de “antisemita fanático” (así se autodefine). Todo lo cual indica que Hitler sabía una cosa que a veces queremos ignorar: que los libros jamás son objetos neutros y que, por lo tanto, santificar al libro por ser libro es uno de los excesos culturalistas más miopes. Incluso un cuchillo es más neutro que un libro. La eficacia del cuchillo reside en cortar bien, sea que esté en las manos de un cocinero o en las de un asesino. El cuchillo corta igual, pero no contiene en sí el propósito del uso que se le dé. El libro en cambio nunca es neutro, porque está hecho de ideas, ideologías y sentimientos, sean éstos los de Hitler o los de Thomas Mann. Lo que no queremos entender, y esto es lo grave, es que, como bien señala André Comte-Sponville, “un nazi cortés no modifica en nada el horror del nazismo”, como tampoco lo modifica un nazi instruido, leído, culto, educado. El libro, en este caso, y en muchos otros, no hace la diferencia. Por una sencilla razón: el libro, a diferencia del cuchillo, no es bueno por sí mismo: lo es desde el punto de vista de cada quien. La Biblia y Mein Kampf son libros, pero

una de las obras de política más sensacionales que se conoce en la posguerra; circula en el mundo traducido a ocho idiomas diferentes y hace tiempo que la edición alemana ha alcanzado una cifra de millones”. Los libros que odiaba Hitler eran aquellos que contenían lo que él denomina “la doctrina judía del marxismo”, desde su punto de vista de “antisemita fanático” (así se autodefine). Todo lo cual indica que Hitler sabía una cosa que a veces queremos ignorar: que los libros jamás son objetos neutros y que, por lo tanto, santificar al libro por ser libro es uno de los excesos culturalistas más miopes. Incluso un cuchillo es más neutro que un libro. La eficacia del cuchillo reside en cortar bien, sea que esté en las manos de un cocinero o en las de un asesino. El cuchillo corta igual, pero no contiene en sí el propósito del uso que se le dé. El libro en cambio nunca es neutro, porque está hecho de ideas, ideologías y sentimientos, sean éstos los de Hitler o los de Thomas Mann. Lo que no queremos entender, y esto es lo grave, es que, como bien señala André Comte-Sponville, “un nazi cortés no modifica en nada el horror del nazismo”, como tampoco lo modifica un nazi instruido, leído, culto, educado. El libro, en este caso, y en muchos otros, no hace la diferencia. Por una sencilla razón: el libro, a diferencia del cuchillo, no es bueno por sí mismo: lo es desde el punto de vista de cada quien. La Biblia y Mein Kampf son libros, pero

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una de las obras de política más sensacionales que se conoce en la posguerra; circula en el mundo traducido a ocho idiomas diferentes y hace tiempo que la edición alemana ha alcanzado una cifra de millones”. Los libros que odiaba Hitler eran aquellos que contenían lo que él denomina “la doctrina judía del marxismo”, desde su punto de vista de “antisemita fanático” (así se autodefine). Todo lo cual indica que Hitler sabía una cosa que a veces queremos ignorar: que los libros jamás son objetos neutros y que, por lo tanto, santificar al libro por ser libro es uno de los excesos culturalistas más miopes. Incluso un cuchillo es más neutro que un libro. La eficacia del cuchillo reside en cortar bien, sea que esté en las manos de un cocinero o en las de un asesino. El cuchillo corta igual, pero no contiene en sí el propósito del uso que se le dé. El libro en cambio nunca es neutro, porque está hecho de ideas, ideologías y sentimientos, sean éstos los de Hitler o los de Thomas Mann. Lo que no queremos entender, y esto es lo grave, es que, como bien señala André Comte-Sponville, “un nazi cortés no modifica en nada el horror del nazismo”, como tampoco lo modifica un nazi instruido, leído, culto, educado. El libro, en este caso, y en muchos otros, no hace la diferencia. Por una sencilla razón: el libro, a diferencia del cuchillo, no es bueno por sí mismo: lo es desde el punto de vista de cada quien. La Biblia y Mein Kampf son libros, pero

una de las obras de política más sensacionales que se conoce en la posguerra; circula en el mundo traducido a ocho idiomas diferentes y hace tiempo que la edición alemana ha alcanzado una cifra de millones”. Los libros que odiaba Hitler eran aquellos que contenían lo que él denomina “la doctrina judía del marxismo”, desde su punto de vista de “antisemita fanático” (así se autodefine). Todo lo cual indica que Hitler sabía una cosa que a veces queremos ignorar: que los libros jamás son objetos neutros y que, por lo tanto, santificar al libro por ser libro es uno de los excesos culturalistas más miopes. Incluso un cuchillo es más neutro que un libro. La eficacia del cuchillo reside en cortar bien, sea que esté en las manos de un cocinero o en las de un asesino. El cuchillo corta igual, pero no contiene en sí el propósito del uso que se le dé. El libro en cambio nunca es neutro, porque está hecho de ideas, ideologías y sentimientos, sean éstos los de Hitler o los de Thomas Mann. Lo que no queremos entender, y esto es lo grave, es que, como bien señala André Comte-Sponville, “un nazi cortés no modifica en nada el horror del nazismo”, como tampoco lo modifica un nazi instruido, leído, culto, educado. El libro, en este caso, y en muchos otros, no hace la diferencia. Por una sencilla razón: el libro, a diferencia del cuchillo, no es bueno por sí mismo: lo es desde el punto de vista de cada quien. La Biblia y Mein Kampf son libros, pero

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sus ­contenidos (y su moralidad), así como sus propósitos no son los mismos. Como no hemos comprendido esto le atribuimos al libro poderes positivos abstractos, que jamás discutimos. George Steiner no se equivoca: “Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz. Decir que los lee sin entenderlos o que tiene mal oído es una cretinez [...] Además, no se trata sólo de que los vehículos convencionales de la civilización —las universidades, las artes, el mundo del libro— fueran incapaces de presentar una resistencia apropiada a la brutalidad política; a veces se levantaron para acogerla y para tributarle sus ceremonias y su apología”. No, definitivamente, los libros nunca son neutrales. Y los hombres que juegan a ser neutrales (por cobardía, para salvar el pellejo), tampoco lo son. Y nada de esto depende de haber leído libros o no. Los libros no son otra cosa que hombres que hablan, con buenos sentimientos o sin ellos, pero casi siempre convencidos de que los equivocados son los demás.

sus ­contenidos (y su moralidad), así como sus propósitos no son los mismos. Como no hemos comprendido esto le atribuimos al libro poderes positivos abstractos, que jamás discutimos. George Steiner no se equivoca: “Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz. Decir que los lee sin entenderlos o que tiene mal oído es una cretinez [...] Además, no se trata sólo de que los vehículos convencionales de la civilización —las universidades, las artes, el mundo del libro— fueran incapaces de presentar una resistencia apropiada a la brutalidad política; a veces se levantaron para acogerla y para tributarle sus ceremonias y su apología”. No, definitivamente, los libros nunca son neutrales. Y los hombres que juegan a ser neutrales (por cobardía, para salvar el pellejo), tampoco lo son. Y nada de esto depende de haber leído libros o no. Los libros no son otra cosa que hombres que hablan, con buenos sentimientos o sin ellos, pero casi siempre convencidos de que los equivocados son los demás.

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En conclusión, los libros sólo pueden transmitir sus virtudes, en caso de tenerlas, a través de la lectura y de la disposición libre hacia esa lectura. No son objetos neutros que, por sí mismos, encarnen lo positivo,

En conclusión, los libros sólo pueden transmitir sus virtudes, en caso de tenerlas, a través de la lectura y de la disposición libre hacia esa lectura. No son objetos neutros que, por sí mismos, encarnen lo positivo,

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sus ­contenidos (y su moralidad), así como sus propósitos no son los mismos. Como no hemos comprendido esto le atribuimos al libro poderes positivos abstractos, que jamás discutimos. George Steiner no se equivoca: “Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz. Decir que los lee sin entenderlos o que tiene mal oído es una cretinez [...] Además, no se trata sólo de que los vehículos convencionales de la civilización —las universidades, las artes, el mundo del libro— fueran incapaces de presentar una resistencia apropiada a la brutalidad política; a veces se levantaron para acogerla y para tributarle sus ceremonias y su apología”. No, definitivamente, los libros nunca son neutrales. Y los hombres que juegan a ser neutrales (por cobardía, para salvar el pellejo), tampoco lo son. Y nada de esto depende de haber leído libros o no. Los libros no son otra cosa que hombres que hablan, con buenos sentimientos o sin ellos, pero casi siempre convencidos de que los equivocados son los demás.

sus ­contenidos (y su moralidad), así como sus propósitos no son los mismos. Como no hemos comprendido esto le atribuimos al libro poderes positivos abstractos, que jamás discutimos. George Steiner no se equivoca: “Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz. Decir que los lee sin entenderlos o que tiene mal oído es una cretinez [...] Además, no se trata sólo de que los vehículos convencionales de la civilización —las universidades, las artes, el mundo del libro— fueran incapaces de presentar una resistencia apropiada a la brutalidad política; a veces se levantaron para acogerla y para tributarle sus ceremonias y su apología”. No, definitivamente, los libros nunca son neutrales. Y los hombres que juegan a ser neutrales (por cobardía, para salvar el pellejo), tampoco lo son. Y nada de esto depende de haber leído libros o no. Los libros no son otra cosa que hombres que hablan, con buenos sentimientos o sin ellos, pero casi siempre convencidos de que los equivocados son los demás.

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En conclusión, los libros sólo pueden transmitir sus virtudes, en caso de tenerlas, a través de la lectura y de la disposición libre hacia esa lectura. No son objetos neutros que, por sí mismos, encarnen lo positivo,

En conclusión, los libros sólo pueden transmitir sus virtudes, en caso de tenerlas, a través de la lectura y de la disposición libre hacia esa lectura. No son objetos neutros que, por sí mismos, encarnen lo positivo,

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con poderes sobrenaturales de transformación. Y, para conseguir que los no iniciados en la lectura, se tornen lectores convencidos, no basta la propaganda cultural, por mucha nobleza y mucha buena intención que se pongan en ella. La suposición abstracta de que los libros son buenos y que basta con decirlo y repetirlo para convencer a la gente de leer, nunca ha funcionado en realidad. Por ejemplo, la idea de que la televisión y el cine pueden hacer lectores con el sólo hecho de mostrar y encomiar libros en los programas y en las películas es, esencialmente, una idea ingenua cuando no una creencia supersticiosa envuelta en un manto de religiosidad culta. Es, además, prueba del fetichismo que atribuimos al objeto libro en nuestra sociedad. Hay antecedentes de esto en todo el mundo, pero en México hay un caso irrisorio. En algún momento se invitó a actores, actrices, cómicos y deportistas a sumarse a las campañas y programas a favor de la lectura. Fue así como consumados no lectores, que por sus palabras y actitudes daban lecciones cotidianas de su absoluto desdén por el libro, fueron presentados como modelos para los potenciales lectores. La estrategia fue una muy mala imitación de una campaña estadunidense en la que ciertas figuras públicas (periodistas, actrices, actores, deportistas) promovían el libro. La gran diferencia es que aquellas figuras públicas de Estados Unidos sí se identificaban de algún modo

con poderes sobrenaturales de transformación. Y, para conseguir que los no iniciados en la lectura, se tornen lectores convencidos, no basta la propaganda cultural, por mucha nobleza y mucha buena intención que se pongan en ella. La suposición abstracta de que los libros son buenos y que basta con decirlo y repetirlo para convencer a la gente de leer, nunca ha funcionado en realidad. Por ejemplo, la idea de que la televisión y el cine pueden hacer lectores con el sólo hecho de mostrar y encomiar libros en los programas y en las películas es, esencialmente, una idea ingenua cuando no una creencia supersticiosa envuelta en un manto de religiosidad culta. Es, además, prueba del fetichismo que atribuimos al objeto libro en nuestra sociedad. Hay antecedentes de esto en todo el mundo, pero en México hay un caso irrisorio. En algún momento se invitó a actores, actrices, cómicos y deportistas a sumarse a las campañas y programas a favor de la lectura. Fue así como consumados no lectores, que por sus palabras y actitudes daban lecciones cotidianas de su absoluto desdén por el libro, fueron presentados como modelos para los potenciales lectores. La estrategia fue una muy mala imitación de una campaña estadunidense en la que ciertas figuras públicas (periodistas, actrices, actores, deportistas) promovían el libro. La gran diferencia es que aquellas figuras públicas de Estados Unidos sí se identificaban de algún modo

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con poderes sobrenaturales de transformación. Y, para conseguir que los no iniciados en la lectura, se tornen lectores convencidos, no basta la propaganda cultural, por mucha nobleza y mucha buena intención que se pongan en ella. La suposición abstracta de que los libros son buenos y que basta con decirlo y repetirlo para convencer a la gente de leer, nunca ha funcionado en realidad. Por ejemplo, la idea de que la televisión y el cine pueden hacer lectores con el sólo hecho de mostrar y encomiar libros en los programas y en las películas es, esencialmente, una idea ingenua cuando no una creencia supersticiosa envuelta en un manto de religiosidad culta. Es, además, prueba del fetichismo que atribuimos al objeto libro en nuestra sociedad. Hay antecedentes de esto en todo el mundo, pero en México hay un caso irrisorio. En algún momento se invitó a actores, actrices, cómicos y deportistas a sumarse a las campañas y programas a favor de la lectura. Fue así como consumados no lectores, que por sus palabras y actitudes daban lecciones cotidianas de su absoluto desdén por el libro, fueron presentados como modelos para los potenciales lectores. La estrategia fue una muy mala imitación de una campaña estadunidense en la que ciertas figuras públicas (periodistas, actrices, actores, deportistas) promovían el libro. La gran diferencia es que aquellas figuras públicas de Estados Unidos sí se identificaban de algún modo

con poderes sobrenaturales de transformación. Y, para conseguir que los no iniciados en la lectura, se tornen lectores convencidos, no basta la propaganda cultural, por mucha nobleza y mucha buena intención que se pongan en ella. La suposición abstracta de que los libros son buenos y que basta con decirlo y repetirlo para convencer a la gente de leer, nunca ha funcionado en realidad. Por ejemplo, la idea de que la televisión y el cine pueden hacer lectores con el sólo hecho de mostrar y encomiar libros en los programas y en las películas es, esencialmente, una idea ingenua cuando no una creencia supersticiosa envuelta en un manto de religiosidad culta. Es, además, prueba del fetichismo que atribuimos al objeto libro en nuestra sociedad. Hay antecedentes de esto en todo el mundo, pero en México hay un caso irrisorio. En algún momento se invitó a actores, actrices, cómicos y deportistas a sumarse a las campañas y programas a favor de la lectura. Fue así como consumados no lectores, que por sus palabras y actitudes daban lecciones cotidianas de su absoluto desdén por el libro, fueron presentados como modelos para los potenciales lectores. La estrategia fue una muy mala imitación de una campaña estadunidense en la que ciertas figuras públicas (periodistas, actrices, actores, deportistas) promovían el libro. La gran diferencia es que aquellas figuras públicas de Estados Unidos sí se identificaban de algún modo

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con el verbo leer. En cambio, el caso mexicano fue un desvarío. ¿Quién hubiera podido hacerse lector de libros gracias al estímulo de ciertas figuras públicas identificadas más con la estulticia que con la lucidez, así mostraran en su mano un libro y hablaran de la “fascinante aventura de leer”? Otro caso curioso: en Desperado, película de Robert Rodríguez protagonizada por Antonio Banderas y Salma Hayek, ésta interpreta a Carolina, la propietaria de un café-librería que tiene por rótulo Café con Libros. En algún momento de la trama, Carolina lleva al pistolero a su local para curarle una herida de bala en el hombro. Así lo hace, en medio de estantes repletos de libros. La bella le explica que los libros se los dejó su padre al morir y que puso la cafetería con la idea de que los clientes pudieran tomarse un buen café y leer un buen libro. “Pero aquí nadie compra libros”, le explica la librera al galán matón, en tanto se afana en extraerle el plomo. Inquieto, el herido le pregunta a su improvisada enfermera si sabe realmente lo que está haciendo, y por toda respuesta la bella le muestra un manual de enfermería y, señalándole las páginas que contienen las explicaciones de extracción y sutura, le dice: “Todo está en los libros”. La frase es un eslogan perfecto, ¿pero quién se hizo lector por el hecho de haber visto la película de Rodríguez? Lo que no se comprende es que el mayor problema de la lectura no está en alimentar el gusto de los que

con el verbo leer. En cambio, el caso mexicano fue un desvarío. ¿Quién hubiera podido hacerse lector de libros gracias al estímulo de ciertas figuras públicas identificadas más con la estulticia que con la lucidez, así mostraran en su mano un libro y hablaran de la “fascinante aventura de leer”? Otro caso curioso: en Desperado, película de Robert Rodríguez protagonizada por Antonio Banderas y Salma Hayek, ésta interpreta a Carolina, la propietaria de un café-librería que tiene por rótulo Café con Libros. En algún momento de la trama, Carolina lleva al pistolero a su local para curarle una herida de bala en el hombro. Así lo hace, en medio de estantes repletos de libros. La bella le explica que los libros se los dejó su padre al morir y que puso la cafetería con la idea de que los clientes pudieran tomarse un buen café y leer un buen libro. “Pero aquí nadie compra libros”, le explica la librera al galán matón, en tanto se afana en extraerle el plomo. Inquieto, el herido le pregunta a su improvisada enfermera si sabe realmente lo que está haciendo, y por toda respuesta la bella le muestra un manual de enfermería y, señalándole las páginas que contienen las explicaciones de extracción y sutura, le dice: “Todo está en los libros”. La frase es un eslogan perfecto, ¿pero quién se hizo lector por el hecho de haber visto la película de Rodríguez? Lo que no se comprende es que el mayor problema de la lectura no está en alimentar el gusto de los que

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con el verbo leer. En cambio, el caso mexicano fue un desvarío. ¿Quién hubiera podido hacerse lector de libros gracias al estímulo de ciertas figuras públicas identificadas más con la estulticia que con la lucidez, así mostraran en su mano un libro y hablaran de la “fascinante aventura de leer”? Otro caso curioso: en Desperado, película de Robert Rodríguez protagonizada por Antonio Banderas y Salma Hayek, ésta interpreta a Carolina, la propietaria de un café-librería que tiene por rótulo Café con Libros. En algún momento de la trama, Carolina lleva al pistolero a su local para curarle una herida de bala en el hombro. Así lo hace, en medio de estantes repletos de libros. La bella le explica que los libros se los dejó su padre al morir y que puso la cafetería con la idea de que los clientes pudieran tomarse un buen café y leer un buen libro. “Pero aquí nadie compra libros”, le explica la librera al galán matón, en tanto se afana en extraerle el plomo. Inquieto, el herido le pregunta a su improvisada enfermera si sabe realmente lo que está haciendo, y por toda respuesta la bella le muestra un manual de enfermería y, señalándole las páginas que contienen las explicaciones de extracción y sutura, le dice: “Todo está en los libros”. La frase es un eslogan perfecto, ¿pero quién se hizo lector por el hecho de haber visto la película de Rodríguez? Lo que no se comprende es que el mayor problema de la lectura no está en alimentar el gusto de los que

con el verbo leer. En cambio, el caso mexicano fue un desvarío. ¿Quién hubiera podido hacerse lector de libros gracias al estímulo de ciertas figuras públicas identificadas más con la estulticia que con la lucidez, así mostraran en su mano un libro y hablaran de la “fascinante aventura de leer”? Otro caso curioso: en Desperado, película de Robert Rodríguez protagonizada por Antonio Banderas y Salma Hayek, ésta interpreta a Carolina, la propietaria de un café-librería que tiene por rótulo Café con Libros. En algún momento de la trama, Carolina lleva al pistolero a su local para curarle una herida de bala en el hombro. Así lo hace, en medio de estantes repletos de libros. La bella le explica que los libros se los dejó su padre al morir y que puso la cafetería con la idea de que los clientes pudieran tomarse un buen café y leer un buen libro. “Pero aquí nadie compra libros”, le explica la librera al galán matón, en tanto se afana en extraerle el plomo. Inquieto, el herido le pregunta a su improvisada enfermera si sabe realmente lo que está haciendo, y por toda respuesta la bella le muestra un manual de enfermería y, señalándole las páginas que contienen las explicaciones de extracción y sutura, le dice: “Todo está en los libros”. La frase es un eslogan perfecto, ¿pero quién se hizo lector por el hecho de haber visto la película de Rodríguez? Lo que no se comprende es que el mayor problema de la lectura no está en alimentar el gusto de los que

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ya leen y que, contra todos los obstáculos y aun a cualquier precio, llegarán a los libros, sino que el mayor problema reside en aquellos que no tienen ningún contacto esporádico, ya no digamos cotidiano, con el libro; es decir, ningún acceso a él, así sea mínimo. A estas personas no les dicen absolutamente nada los estereotipos simbólicos de librerías, bibliotecas, lectores y escritores que, presuntamente para estimularlos, se divulgan en los medios escritos y audiovisuales. Estos supuestos “receptores” de dichas imágenes y de tales discursos estereotipados no apagarán el televisor ni saldrán de la sala de cine a toda carrera para dirigirse a una librería o a una biblioteca nada más porque escucharon y vieron a su actriz favorita decir, con la sabiduría de Plinio, que “todo está en los libros”. Por ello, las campañas de lectura, tan previsibles en este sentido, ofenden la inteligencia de todo el mundo, incluida la de aquellos que no suelen leer libros. Son campañas carentes de imaginación, precisamente porque quienes las diseñan se asumen como muy imaginativos, sin darse cuenta de que lo que nos entregan es un falaz mundo ilusorio, apartado de todo vínculo con la realidad: un mundo hecho tan sólo de ilusiones pedagógicas y de “certidumbres positivas”, precisamente por falta de imaginación y fantasía. Ya lo decía el gran Antonio Machado en sus Proverbios y cantares: Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa.

ya leen y que, contra todos los obstáculos y aun a cualquier precio, llegarán a los libros, sino que el mayor problema reside en aquellos que no tienen ningún contacto esporádico, ya no digamos cotidiano, con el libro; es decir, ningún acceso a él, así sea mínimo. A estas personas no les dicen absolutamente nada los estereotipos simbólicos de librerías, bibliotecas, lectores y escritores que, presuntamente para estimularlos, se divulgan en los medios escritos y audiovisuales. Estos supuestos “receptores” de dichas imágenes y de tales discursos estereotipados no apagarán el televisor ni saldrán de la sala de cine a toda carrera para dirigirse a una librería o a una biblioteca nada más porque escucharon y vieron a su actriz favorita decir, con la sabiduría de Plinio, que “todo está en los libros”. Por ello, las campañas de lectura, tan previsibles en este sentido, ofenden la inteligencia de todo el mundo, incluida la de aquellos que no suelen leer libros. Son campañas carentes de imaginación, precisamente porque quienes las diseñan se asumen como muy imaginativos, sin darse cuenta de que lo que nos entregan es un falaz mundo ilusorio, apartado de todo vínculo con la realidad: un mundo hecho tan sólo de ilusiones pedagógicas y de “certidumbres positivas”, precisamente por falta de imaginación y fantasía. Ya lo decía el gran Antonio Machado en sus Proverbios y cantares: Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa.

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ya leen y que, contra todos los obstáculos y aun a cualquier precio, llegarán a los libros, sino que el mayor problema reside en aquellos que no tienen ningún contacto esporádico, ya no digamos cotidiano, con el libro; es decir, ningún acceso a él, así sea mínimo. A estas personas no les dicen absolutamente nada los estereotipos simbólicos de librerías, bibliotecas, lectores y escritores que, presuntamente para estimularlos, se divulgan en los medios escritos y audiovisuales. Estos supuestos “receptores” de dichas imágenes y de tales discursos estereotipados no apagarán el televisor ni saldrán de la sala de cine a toda carrera para dirigirse a una librería o a una biblioteca nada más porque escucharon y vieron a su actriz favorita decir, con la sabiduría de Plinio, que “todo está en los libros”. Por ello, las campañas de lectura, tan previsibles en este sentido, ofenden la inteligencia de todo el mundo, incluida la de aquellos que no suelen leer libros. Son campañas carentes de imaginación, precisamente porque quienes las diseñan se asumen como muy imaginativos, sin darse cuenta de que lo que nos entregan es un falaz mundo ilusorio, apartado de todo vínculo con la realidad: un mundo hecho tan sólo de ilusiones pedagógicas y de “certidumbres positivas”, precisamente por falta de imaginación y fantasía. Ya lo decía el gran Antonio Machado en sus Proverbios y cantares: Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa.

ya leen y que, contra todos los obstáculos y aun a cualquier precio, llegarán a los libros, sino que el mayor problema reside en aquellos que no tienen ningún contacto esporádico, ya no digamos cotidiano, con el libro; es decir, ningún acceso a él, así sea mínimo. A estas personas no les dicen absolutamente nada los estereotipos simbólicos de librerías, bibliotecas, lectores y escritores que, presuntamente para estimularlos, se divulgan en los medios escritos y audiovisuales. Estos supuestos “receptores” de dichas imágenes y de tales discursos estereotipados no apagarán el televisor ni saldrán de la sala de cine a toda carrera para dirigirse a una librería o a una biblioteca nada más porque escucharon y vieron a su actriz favorita decir, con la sabiduría de Plinio, que “todo está en los libros”. Por ello, las campañas de lectura, tan previsibles en este sentido, ofenden la inteligencia de todo el mundo, incluida la de aquellos que no suelen leer libros. Son campañas carentes de imaginación, precisamente porque quienes las diseñan se asumen como muy imaginativos, sin darse cuenta de que lo que nos entregan es un falaz mundo ilusorio, apartado de todo vínculo con la realidad: un mundo hecho tan sólo de ilusiones pedagógicas y de “certidumbres positivas”, precisamente por falta de imaginación y fantasía. Ya lo decía el gran Antonio Machado en sus Proverbios y cantares: Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa.

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La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario, en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real, pues ésta no existe: es literatura.

La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario, en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real, pues ésta no existe: es literatura.

A lejandra Pizarnik

A lejandra Pizarnik

La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario, en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real, pues ésta no existe: es literatura.

La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario, en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real, pues ésta no existe: es literatura.

A lejandra Pizarnik

A lejandra Pizarnik

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Índice onomástico

Araluce, C. E., 118 Aristóteles, 18, 26 Auster, Paul, 24 Bach, J. S., 120 Banderas, Antonio, 122 Bartolomé, Manuel, 61, 68, 76 Belinda, Jack, 101 Benn, Gottfried, 36 Bernanos, Georges, 24 Bioy Casares, Adolfo, 25, 28, 29 Bloom, Harold, 13 Böll, Heinrich, 29, 32, 33, 36, 37 Borges, Jorge Luis, 37, 40, 53, 71 Botton, Alain de, 26, 40, 41, 44, 45, 48

Boxall, Peter, 39 Bradbury, Ray, 48 Brunetière, Ferdinand, 15 Buda, 93 Bush, George W., 23 Campos, Marco Antonio, 48 Castro, Fidel, 70 Catulo, 12 Chumacero, Alí, 49, 63 Cicerón, 12 Comte-Sponville, André, 119 Cuevas, José Luis, 49 Darío, Rubén, 17 Descartes, René, 17, 52 Dickinson, Emily, 52 Dinesen, Isak, 52 Dracón, 55

Índice onomástico

Araluce, C. E., 118 Aristóteles, 18, 26 Auster, Paul, 24 Bach, J. S., 120 Banderas, Antonio, 122 Bartolomé, Manuel, 61, 68, 76 Belinda, Jack, 101 Benn, Gottfried, 36 Bernanos, Georges, 24 Bioy Casares, Adolfo, 25, 28, 29 Bloom, Harold, 13 Böll, Heinrich, 29, 32, 33, 36, 37 Borges, Jorge Luis, 37, 40, 53, 71 Botton, Alain de, 26, 40, 41, 44, 45, 48

Boxall, Peter, 39 Bradbury, Ray, 48 Brunetière, Ferdinand, 15 Buda, 93 Bush, George W., 23 Campos, Marco Antonio, 48 Castro, Fidel, 70 Catulo, 12 Chumacero, Alí, 49, 63 Cicerón, 12 Comte-Sponville, André, 119 Cuevas, José Luis, 49 Darío, Rubén, 17 Descartes, René, 17, 52 Dickinson, Emily, 52 Dinesen, Isak, 52 Dracón, 55

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Índice onomástico

Índice onomástico

Araluce, C. E., 118 Aristóteles, 18, 26 Auster, Paul, 24 Bach, J. S., 120 Banderas, Antonio, 122 Bartolomé, Manuel, 61, 68, 76 Belinda, Jack, 101 Benn, Gottfried, 36 Bernanos, Georges, 24 Bioy Casares, Adolfo, 25, 28, 29 Bloom, Harold, 13 Böll, Heinrich, 29, 32, 33, 36, 37 Borges, Jorge Luis, 37, 40, 53, 71 Botton, Alain de, 26, 40, 41, 44, 45, 48

Boxall, Peter, 39 Bradbury, Ray, 48 Brunetière, Ferdinand, 15 Buda, 93 Bush, George W., 23 Campos, Marco Antonio, 48 Castro, Fidel, 70 Catulo, 12 Chumacero, Alí, 49, 63 Cicerón, 12 Comte-Sponville, André, 119 Cuevas, José Luis, 49 Darío, Rubén, 17 Descartes, René, 17, 52 Dickinson, Emily, 52 Dinesen, Isak, 52 Dracón, 55

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Araluce, C. E., 118 Aristóteles, 18, 26 Auster, Paul, 24 Bach, J. S., 120 Banderas, Antonio, 122 Bartolomé, Manuel, 61, 68, 76 Belinda, Jack, 101 Benn, Gottfried, 36 Bernanos, Georges, 24 Bioy Casares, Adolfo, 25, 28, 29 Bloom, Harold, 13 Böll, Heinrich, 29, 32, 33, 36, 37 Borges, Jorge Luis, 37, 40, 53, 71 Botton, Alain de, 26, 40, 41, 44, 45, 48

Boxall, Peter, 39 Bradbury, Ray, 48 Brunetière, Ferdinand, 15 Buda, 93 Bush, George W., 23 Campos, Marco Antonio, 48 Castro, Fidel, 70 Catulo, 12 Chumacero, Alí, 49, 63 Cicerón, 12 Comte-Sponville, André, 119 Cuevas, José Luis, 49 Darío, Rubén, 17 Descartes, René, 17, 52 Dickinson, Emily, 52 Dinesen, Isak, 52 Dracón, 55

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Emerson, Ralph Waldo, 53 Epicuro, 26 Escipión, 26 Espina, Antonio, 42 Estañol, Bruno, 53 Fadiman, Clifton, 34, 35, 53, 56, 57 Fernández Ferrer, Antonio, 40 Fisas, Carlos, 52, 104 Flaubert, Gustave, 57, 60 Foppa, Alaíde, 49 France, Anatole, 60, 61 Frank, Ana, 61, 64 Frost, Robert, 79 Gaos, José, 34 García Ponce, Juan, 64, 65 Garibay, Ricardo, 75 Gelman, Juan, 68, 72 Glucksmann, André, 30, 54 Goethe, J. W., 120 Gutenberg, Johannes, 100 Hayek, Salma, 122 Hazlitt, William, 13, 14, 59 Hegel, G. W. F., 13, 70 Heine, Heinrich, 68 Hitler, Adolfo, 117, 118, 119 Hobbes, Thomas, 15, 23 Holiday, Billie, 62 Homero, 53 Huidobro, Vicente, 69 Illich, Ivan, 69 Jacobsen, Jens Peter, 97 Joyce, James, 72

Juvenal, 11 Kafka, Franz, 75 Kaplan, Justin, 105 Lee, Bruce, 94, 95 Leopardi, Giacomo, 72, 73 Lichtenberg, Georg Christoph, 55, 73 Longfellow, H. W., 102 Machado, Antonio, 122 Mainer, José-Carlos, 39 Major, John S., 34 Mandela, Nelson, 12 Mann, Thomas, 119 Maradona, Diego, Armando, 63 Martí, José, 47 Marx, Groucho, 76 Marx, Karl, 70 Maurois, André, 76 May, Karl, 32 Mc Cullers, Carson, 36 Melot, Michel, 60, 77, 80 Menotti, César Luis, 63 Michelet, Jules, 81, 84 Montaigne, Michel de, 18, 26, 41, 44, 45, 46, 84, 85, 88 Monterroso, Augusto, 89 Moravia, Alberto, 12 Napoleón, 118 Nepote, Cornelio, 12 Nietzsche, Friedrich, 31, 32, 89 Nueda, Luis, 42

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Emerson, Ralph Waldo, 53 Epicuro, 26 Escipión, 26 Espina, Antonio, 42 Estañol, Bruno, 53 Fadiman, Clifton, 34, 35, 53, 56, 57 Fernández Ferrer, Antonio, 40 Fisas, Carlos, 52, 104 Flaubert, Gustave, 57, 60 Foppa, Alaíde, 49 France, Anatole, 60, 61 Frank, Ana, 61, 64 Frost, Robert, 79 Gaos, José, 34 García Ponce, Juan, 64, 65 Garibay, Ricardo, 75 Gelman, Juan, 68, 72 Glucksmann, André, 30, 54 Goethe, J. W., 120 Gutenberg, Johannes, 100 Hayek, Salma, 122 Hazlitt, William, 13, 14, 59 Hegel, G. W. F., 13, 70 Heine, Heinrich, 68 Hitler, Adolfo, 117, 118, 119 Hobbes, Thomas, 15, 23 Holiday, Billie, 62 Homero, 53 Huidobro, Vicente, 69 Illich, Ivan, 69 Jacobsen, Jens Peter, 97 Joyce, James, 72

Juvenal, 11 Kafka, Franz, 75 Kaplan, Justin, 105 Lee, Bruce, 94, 95 Leopardi, Giacomo, 72, 73 Lichtenberg, Georg Christoph, 55, 73 Longfellow, H. W., 102 Machado, Antonio, 122 Mainer, José-Carlos, 39 Major, John S., 34 Mandela, Nelson, 12 Mann, Thomas, 119 Maradona, Diego, Armando, 63 Martí, José, 47 Marx, Groucho, 76 Marx, Karl, 70 Maurois, André, 76 May, Karl, 32 Mc Cullers, Carson, 36 Melot, Michel, 60, 77, 80 Menotti, César Luis, 63 Michelet, Jules, 81, 84 Montaigne, Michel de, 18, 26, 41, 44, 45, 46, 84, 85, 88 Monterroso, Augusto, 89 Moravia, Alberto, 12 Napoleón, 118 Nepote, Cornelio, 12 Nietzsche, Friedrich, 31, 32, 89 Nueda, Luis, 42

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Emerson, Ralph Waldo, 53 Epicuro, 26 Escipión, 26 Espina, Antonio, 42 Estañol, Bruno, 53 Fadiman, Clifton, 34, 35, 53, 56, 57 Fernández Ferrer, Antonio, 40 Fisas, Carlos, 52, 104 Flaubert, Gustave, 57, 60 Foppa, Alaíde, 49 France, Anatole, 60, 61 Frank, Ana, 61, 64 Frost, Robert, 79 Gaos, José, 34 García Ponce, Juan, 64, 65 Garibay, Ricardo, 75 Gelman, Juan, 68, 72 Glucksmann, André, 30, 54 Goethe, J. W., 120 Gutenberg, Johannes, 100 Hayek, Salma, 122 Hazlitt, William, 13, 14, 59 Hegel, G. W. F., 13, 70 Heine, Heinrich, 68 Hitler, Adolfo, 117, 118, 119 Hobbes, Thomas, 15, 23 Holiday, Billie, 62 Homero, 53 Huidobro, Vicente, 69 Illich, Ivan, 69 Jacobsen, Jens Peter, 97 Joyce, James, 72

Juvenal, 11 Kafka, Franz, 75 Kaplan, Justin, 105 Lee, Bruce, 94, 95 Leopardi, Giacomo, 72, 73 Lichtenberg, Georg Christoph, 55, 73 Longfellow, H. W., 102 Machado, Antonio, 122 Mainer, José-Carlos, 39 Major, John S., 34 Mandela, Nelson, 12 Mann, Thomas, 119 Maradona, Diego, Armando, 63 Martí, José, 47 Marx, Groucho, 76 Marx, Karl, 70 Maurois, André, 76 May, Karl, 32 Mc Cullers, Carson, 36 Melot, Michel, 60, 77, 80 Menotti, César Luis, 63 Michelet, Jules, 81, 84 Montaigne, Michel de, 18, 26, 41, 44, 45, 46, 84, 85, 88 Monterroso, Augusto, 89 Moravia, Alberto, 12 Napoleón, 118 Nepote, Cornelio, 12 Nietzsche, Friedrich, 31, 32, 89 Nueda, Luis, 42

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Emerson, Ralph Waldo, 53 Epicuro, 26 Escipión, 26 Espina, Antonio, 42 Estañol, Bruno, 53 Fadiman, Clifton, 34, 35, 53, 56, 57 Fernández Ferrer, Antonio, 40 Fisas, Carlos, 52, 104 Flaubert, Gustave, 57, 60 Foppa, Alaíde, 49 France, Anatole, 60, 61 Frank, Ana, 61, 64 Frost, Robert, 79 Gaos, José, 34 García Ponce, Juan, 64, 65 Garibay, Ricardo, 75 Gelman, Juan, 68, 72 Glucksmann, André, 30, 54 Goethe, J. W., 120 Gutenberg, Johannes, 100 Hayek, Salma, 122 Hazlitt, William, 13, 14, 59 Hegel, G. W. F., 13, 70 Heine, Heinrich, 68 Hitler, Adolfo, 117, 118, 119 Hobbes, Thomas, 15, 23 Holiday, Billie, 62 Homero, 53 Huidobro, Vicente, 69 Illich, Ivan, 69 Jacobsen, Jens Peter, 97 Joyce, James, 72

Juvenal, 11 Kafka, Franz, 75 Kaplan, Justin, 105 Lee, Bruce, 94, 95 Leopardi, Giacomo, 72, 73 Lichtenberg, Georg Christoph, 55, 73 Longfellow, H. W., 102 Machado, Antonio, 122 Mainer, José-Carlos, 39 Major, John S., 34 Mandela, Nelson, 12 Mann, Thomas, 119 Maradona, Diego, Armando, 63 Martí, José, 47 Marx, Groucho, 76 Marx, Karl, 70 Maurois, André, 76 May, Karl, 32 Mc Cullers, Carson, 36 Melot, Michel, 60, 77, 80 Menotti, César Luis, 63 Michelet, Jules, 81, 84 Montaigne, Michel de, 18, 26, 41, 44, 45, 46, 84, 85, 88 Monterroso, Augusto, 89 Moravia, Alberto, 12 Napoleón, 118 Nepote, Cornelio, 12 Nietzsche, Friedrich, 31, 32, 89 Nueda, Luis, 42

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Ortega y Gasset, José, 18 Ospina, William, 92 Palm, Johannes Philipp, 118 Pascal, Blas, 46 Paz, Octavio, 79 Pennac, Daniel, 38 Petrarca, Francesco, 96 Pizarnik, Alejandra, 93 Platón, 13, 56, 57 Plinio, 123 Plutarco, 53 Poe, Edgar Allan, 96 Proust, Marcel, 32, 97 Quevedo, Francisco de, 99 Rilke, Rainer Maria, 97, 120 Rodríguez, Robert, 122 Rolland, Romain, 49 Rulfo, Juan, 74 Russell, Bertrand, 97 Sabato, Ernesto, 91, 100, 101, 102, 115 Saint-Exupéry, Antoine de, 78 Samosata, Luciano de, 106, 107 Sand, George, 101 Sandblom, Philip, 52, 53, 57, 60

Savater, Fernando, 35, 53, 95 Scott, Walter, 53 Schubert, Franz, 120 Sereny, Gitta, 115, 116 Shakespeare, William, 13, 53 Sócrates, 13, 57, 93 Stangl, Franz, 115, 116 Steiner, George, 120 Stendhal, 108 Sullivan, Martin, 23 Terenciano Mauro, 103 Tolstói, Lev, 37, 104 Twain, Mark, 105 Ulla, Noemí, 25, 28, 29 Valdano, Jorge, 63 Valéry, Paul, 105 Verlaine, Paul, 17 Vidal, María, 61, 68, 76 Vizinczey, Stephen, 105, 108, 109, 113, 115, 116 Wei Chin-chi, 111 Wilde, Oscar, 114 Zaid, Gabriel, 70, 82 Zanoner, Angela Maria, 96 Zschirnt, Christiane, 39 Zuleta, Estanislao, 92

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Ortega y Gasset, José, 18 Ospina, William, 92 Palm, Johannes Philipp, 118 Pascal, Blas, 46 Paz, Octavio, 79 Pennac, Daniel, 38 Petrarca, Francesco, 96 Pizarnik, Alejandra, 93 Platón, 13, 56, 57 Plinio, 123 Plutarco, 53 Poe, Edgar Allan, 96 Proust, Marcel, 32, 97 Quevedo, Francisco de, 99 Rilke, Rainer Maria, 97, 120 Rodríguez, Robert, 122 Rolland, Romain, 49 Rulfo, Juan, 74 Russell, Bertrand, 97 Sabato, Ernesto, 91, 100, 101, 102, 115 Saint-Exupéry, Antoine de, 78 Samosata, Luciano de, 106, 107 Sand, George, 101 Sandblom, Philip, 52, 53, 57, 60

Savater, Fernando, 35, 53, 95 Scott, Walter, 53 Schubert, Franz, 120 Sereny, Gitta, 115, 116 Shakespeare, William, 13, 53 Sócrates, 13, 57, 93 Stangl, Franz, 115, 116 Steiner, George, 120 Stendhal, 108 Sullivan, Martin, 23 Terenciano Mauro, 103 Tolstói, Lev, 37, 104 Twain, Mark, 105 Ulla, Noemí, 25, 28, 29 Valdano, Jorge, 63 Valéry, Paul, 105 Verlaine, Paul, 17 Vidal, María, 61, 68, 76 Vizinczey, Stephen, 105, 108, 109, 113, 115, 116 Wei Chin-chi, 111 Wilde, Oscar, 114 Zaid, Gabriel, 70, 82 Zanoner, Angela Maria, 96 Zschirnt, Christiane, 39 Zuleta, Estanislao, 92

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Ortega y Gasset, José, 18 Ospina, William, 92 Palm, Johannes Philipp, 118 Pascal, Blas, 46 Paz, Octavio, 79 Pennac, Daniel, 38 Petrarca, Francesco, 96 Pizarnik, Alejandra, 93 Platón, 13, 56, 57 Plinio, 123 Plutarco, 53 Poe, Edgar Allan, 96 Proust, Marcel, 32, 97 Quevedo, Francisco de, 99 Rilke, Rainer Maria, 97, 120 Rodríguez, Robert, 122 Rolland, Romain, 49 Rulfo, Juan, 74 Russell, Bertrand, 97 Sabato, Ernesto, 91, 100, 101, 102, 115 Saint-Exupéry, Antoine de, 78 Samosata, Luciano de, 106, 107 Sand, George, 101 Sandblom, Philip, 52, 53, 57, 60

Savater, Fernando, 35, 53, 95 Scott, Walter, 53 Schubert, Franz, 120 Sereny, Gitta, 115, 116 Shakespeare, William, 13, 53 Sócrates, 13, 57, 93 Stangl, Franz, 115, 116 Steiner, George, 120 Stendhal, 108 Sullivan, Martin, 23 Terenciano Mauro, 103 Tolstói, Lev, 37, 104 Twain, Mark, 105 Ulla, Noemí, 25, 28, 29 Valdano, Jorge, 63 Valéry, Paul, 105 Verlaine, Paul, 17 Vidal, María, 61, 68, 76 Vizinczey, Stephen, 105, 108, 109, 113, 115, 116 Wei Chin-chi, 111 Wilde, Oscar, 114 Zaid, Gabriel, 70, 82 Zanoner, Angela Maria, 96 Zschirnt, Christiane, 39 Zuleta, Estanislao, 92

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Ortega y Gasset, José, 18 Ospina, William, 92 Palm, Johannes Philipp, 118 Pascal, Blas, 46 Paz, Octavio, 79 Pennac, Daniel, 38 Petrarca, Francesco, 96 Pizarnik, Alejandra, 93 Platón, 13, 56, 57 Plinio, 123 Plutarco, 53 Poe, Edgar Allan, 96 Proust, Marcel, 32, 97 Quevedo, Francisco de, 99 Rilke, Rainer Maria, 97, 120 Rodríguez, Robert, 122 Rolland, Romain, 49 Rulfo, Juan, 74 Russell, Bertrand, 97 Sabato, Ernesto, 91, 100, 101, 102, 115 Saint-Exupéry, Antoine de, 78 Samosata, Luciano de, 106, 107 Sand, George, 101 Sandblom, Philip, 52, 53, 57, 60

Savater, Fernando, 35, 53, 95 Scott, Walter, 53 Schubert, Franz, 120 Sereny, Gitta, 115, 116 Shakespeare, William, 13, 53 Sócrates, 13, 57, 93 Stangl, Franz, 115, 116 Steiner, George, 120 Stendhal, 108 Sullivan, Martin, 23 Terenciano Mauro, 103 Tolstói, Lev, 37, 104 Twain, Mark, 105 Ulla, Noemí, 25, 28, 29 Valdano, Jorge, 63 Valéry, Paul, 105 Verlaine, Paul, 17 Vidal, María, 61, 68, 76 Vizinczey, Stephen, 105, 108, 109, 113, 115, 116 Wei Chin-chi, 111 Wilde, Oscar, 114 Zaid, Gabriel, 70, 82 Zanoner, Angela Maria, 96 Zschirnt, Christiane, 39 Zuleta, Estanislao, 92

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Índice

Prólogo para lectores sumamente optimistas......

Índice

9

Prólogo para lectores sumamente optimistas......

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1. Primero la vida................................................ 22 Repensar el libro, releer la vida (Paul Auster, Georges Bernanos, Adolfo Bioy Casares)....... 24

1. Primero la vida................................................ 22 Repensar el libro, releer la vida (Paul Auster, Georges Bernanos, Adolfo Bioy Casares)....... 24

2. Ignorancia de los libros................................... 26 Repensar el libro, releer la vida (Adolfo Bioy Casares, Heinrich Böll)................................... 28

2. Ignorancia de los libros................................... 26 Repensar el libro, releer la vida (Adolfo Bioy Casares, Heinrich Böll)................................... 28

3. Leer y no leer................................................... 30 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll)................................................ 32

3. Leer y no leer................................................... 30 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll)................................................ 32

4. Proyectos y planes de letura........................... 34 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll, Jorge Luis Borges)............................................ 36

4. Proyectos y planes de letura........................... 34 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll, Jorge Luis Borges)............................................ 36

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Índice

Índice

Prólogo para lectores sumamente optimistas......

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Prólogo para lectores sumamente optimistas......

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1. Primero la vida................................................ 22 Repensar el libro, releer la vida (Paul Auster, Georges Bernanos, Adolfo Bioy Casares)....... 24

1. Primero la vida................................................ 22 Repensar el libro, releer la vida (Paul Auster, Georges Bernanos, Adolfo Bioy Casares)....... 24

2. Ignorancia de los libros................................... 26 Repensar el libro, releer la vida (Adolfo Bioy Casares, Heinrich Böll)................................... 28

2. Ignorancia de los libros................................... 26 Repensar el libro, releer la vida (Adolfo Bioy Casares, Heinrich Böll)................................... 28

3. Leer y no leer................................................... 30 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll)................................................ 32

3. Leer y no leer................................................... 30 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll)................................................ 32

4. Proyectos y planes de letura........................... 34 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll, Jorge Luis Borges)............................................ 36

4. Proyectos y planes de letura........................... 34 Repensar el libro, releer la vida (Heinrich Böll, Jorge Luis Borges)............................................ 36

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5. Leer, sin disyuntiva posible............................ 38 Repensar el libro, releer la vida (Jorge Luis Borges, Alain de Botton). .............................. 40

5. Leer, sin disyuntiva posible............................ 38 Repensar el libro, releer la vida (Jorge Luis Borges, Alain de Botton). .............................. 40

6. Libros que sólo sirven para no leer libros....... 42 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton)............................................ 44

6. Libros que sólo sirven para no leer libros....... 42 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton)............................................ 44

7. Las angustias del bibliólatra............................ 46 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton, Ray Bradbury, Marco Antonio Campos, José Luis Cuevas, Alí Chumacero). ................ 48

7. Las angustias del bibliólatra............................ 46 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton, Ray Bradbury, Marco Antonio Campos, José Luis Cuevas, Alí Chumacero). ................ 48

8. El jacobinismo cultural................................... 50 Repensar el libro, releer la vida (René Descartes, Emily Dickinson, Isak Dinesen, Ralph Waldo Emerson, Bruno Estañol, Clifton Fadiman).. 52

8. El jacobinismo cultural................................... 50 Repensar el libro, releer la vida (René Descartes, Emily Dickinson, Isak Dinesen, Ralph Waldo Emerson, Bruno Estañol, Clifton Fadiman).. 52

9. Leer para no pensar........................................... 54 Repensar el libro, releer la vida (Clifton Fadiman, Gustave Flaubert).............................................. 56

9. Leer para no pensar........................................... 54 Repensar el libro, releer la vida (Clifton Fadiman, Gustave Flaubert).............................................. 56

10. El ser humano como “noción” perfecta. ........ 58 Repensar el libro, releer la vida (Gustave Flaubert, Anatole France, Ana Frank). .......................... 60

10. El ser humano como “noción” perfecta. ........ 58 Repensar el libro, releer la vida (Gustave Flaubert, Anatole France, Ana Frank). .......................... 60

11. Leer mucho no siempre sirve de mucho......... 62 Repensar el libro, releer la vida (Ana Frank, Juan García Ponce).......................................... 64

11. Leer mucho no siempre sirve de mucho......... 62 Repensar el libro, releer la vida (Ana Frank, Juan García Ponce).......................................... 64

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5. Leer, sin disyuntiva posible............................ 38 Repensar el libro, releer la vida (Jorge Luis Borges, Alain de Botton). .............................. 40

5. Leer, sin disyuntiva posible............................ 38 Repensar el libro, releer la vida (Jorge Luis Borges, Alain de Botton). .............................. 40

6. Libros que sólo sirven para no leer libros....... 42 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton)............................................ 44

6. Libros que sólo sirven para no leer libros....... 42 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton)............................................ 44

7. Las angustias del bibliólatra............................ 46 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton, Ray Bradbury, Marco Antonio Campos, José Luis Cuevas, Alí Chumacero). ................ 48

7. Las angustias del bibliólatra............................ 46 Repensar el libro, releer la vida (Alain de Botton, Ray Bradbury, Marco Antonio Campos, José Luis Cuevas, Alí Chumacero). ................ 48

8. El jacobinismo cultural................................... 50 Repensar el libro, releer la vida (René Descartes, Emily Dickinson, Isak Dinesen, Ralph Waldo Emerson, Bruno Estañol, Clifton Fadiman).. 52

8. El jacobinismo cultural................................... 50 Repensar el libro, releer la vida (René Descartes, Emily Dickinson, Isak Dinesen, Ralph Waldo Emerson, Bruno Estañol, Clifton Fadiman).. 52

9. Leer para no pensar........................................... 54 Repensar el libro, releer la vida (Clifton Fadiman, Gustave Flaubert).............................................. 56

9. Leer para no pensar........................................... 54 Repensar el libro, releer la vida (Clifton Fadiman, Gustave Flaubert).............................................. 56

10. El ser humano como “noción” perfecta. ........ 58 Repensar el libro, releer la vida (Gustave Flaubert, Anatole France, Ana Frank). .......................... 60

10. El ser humano como “noción” perfecta. ........ 58 Repensar el libro, releer la vida (Gustave Flaubert, Anatole France, Ana Frank). .......................... 60

11. Leer mucho no siempre sirve de mucho......... 62 Repensar el libro, releer la vida (Ana Frank, Juan García Ponce).......................................... 64

11. Leer mucho no siempre sirve de mucho......... 62 Repensar el libro, releer la vida (Ana Frank, Juan García Ponce).......................................... 64

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12. El libro frente al poder.................................... 66 Repensar el libro, releer la vida (Juan Gelman. Heinrich Heine, Vicente Huidobro, Ivan Illich)...................................................... 68

12. El libro frente al poder.................................... 66 Repensar el libro, releer la vida (Juan Gelman. Heinrich Heine, Vicente Huidobro, Ivan Illich)...................................................... 68

13. El cambio que producen los libros.................. 70 Repensar el libro, releer la vida (James Joyce, Giacomo Leopardi, Georg Christoph Lichtenberg). .................................................. 72

13. El cambio que producen los libros.................. 70 Repensar el libro, releer la vida (James Joyce, Giacomo Leopardi, Georg Christoph Lichtenberg). .................................................. 72

14. Filisteísmo y lectura....................................... 74 Repensar el libro, releer la vida (Groucho Marx, André Maurois, Michel Melot). .................... 76

14. Filisteísmo y lectura....................................... 74 Repensar el libro, releer la vida (Groucho Marx, André Maurois, Michel Melot). .................... 76

15. Estrategias de locura. ...................................... 78 Repensar el libro, releer la vida (Michel Melot, Jules Michelet)................................................ 80

15. Estrategias de locura. ...................................... 78 Repensar el libro, releer la vida (Michel Melot, Jules Michelet)................................................ 80

16. La verdadera medida de la lectura.................. 82 Repensar el libro, releer la vida (Jules Michelet, Michel de Montaigne). .................................. 84

16. La verdadera medida de la lectura.................. 82 Repensar el libro, releer la vida (Jules Michelet, Michel de Montaigne). .................................. 84

17. El acceso al libro. ............................................ 86 Repensar el libro, releer la vida (Michel de Montaigne, Augusto Monterroso, Friedrich Nietzsche........................................ 88

17. El acceso al libro. ............................................ 86 Repensar el libro, releer la vida (Michel de Montaigne, Augusto Monterroso, Friedrich Nietzsche........................................ 88

18. El fin y los medios.......................................... 90 Repensar el libro, releer la vida (William Ospina, Alejandra Pizarnik)........................................ 92

18. El fin y los medios.......................................... 90 Repensar el libro, releer la vida (William Ospina, Alejandra Pizarnik)........................................ 92

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12. El libro frente al poder.................................... 66 Repensar el libro, releer la vida (Juan Gelman. Heinrich Heine, Vicente Huidobro, Ivan Illich)...................................................... 68

12. El libro frente al poder.................................... 66 Repensar el libro, releer la vida (Juan Gelman. Heinrich Heine, Vicente Huidobro, Ivan Illich)...................................................... 68

13. El cambio que producen los libros.................. 70 Repensar el libro, releer la vida (James Joyce, Giacomo Leopardi, Georg Christoph Lichtenberg). .................................................. 72

13. El cambio que producen los libros.................. 70 Repensar el libro, releer la vida (James Joyce, Giacomo Leopardi, Georg Christoph Lichtenberg). .................................................. 72

14. Filisteísmo y lectura....................................... 74 Repensar el libro, releer la vida (Groucho Marx, André Maurois, Michel Melot). .................... 76

14. Filisteísmo y lectura....................................... 74 Repensar el libro, releer la vida (Groucho Marx, André Maurois, Michel Melot). .................... 76

15. Estrategias de locura. ...................................... 78 Repensar el libro, releer la vida (Michel Melot, Jules Michelet)................................................ 80

15. Estrategias de locura. ...................................... 78 Repensar el libro, releer la vida (Michel Melot, Jules Michelet)................................................ 80

16. La verdadera medida de la lectura.................. 82 Repensar el libro, releer la vida (Jules Michelet, Michel de Montaigne). .................................. 84

16. La verdadera medida de la lectura.................. 82 Repensar el libro, releer la vida (Jules Michelet, Michel de Montaigne). .................................. 84

17. El acceso al libro. ............................................ 86 Repensar el libro, releer la vida (Michel de Montaigne, Augusto Monterroso, Friedrich Nietzsche........................................ 88

17. El acceso al libro. ............................................ 86 Repensar el libro, releer la vida (Michel de Montaigne, Augusto Monterroso, Friedrich Nietzsche........................................ 88

18. El fin y los medios.......................................... 90 Repensar el libro, releer la vida (William Ospina, Alejandra Pizarnik)........................................ 92

18. El fin y los medios.......................................... 90 Repensar el libro, releer la vida (William Ospina, Alejandra Pizarnik)........................................ 92

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19. Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio...................................................... 94 Repensar el libro, releer la vida (Francesco Petrarca, Edgar Allan Poe, Marcel Proust, Rainer Maria Rilke, Bertrand Russell, Ernesto Sabato). ............................................. 96

19. Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio...................................................... 94 Repensar el libro, releer la vida (Francesco Petrarca, Edgar Allan Poe, Marcel Proust, Rainer Maria Rilke, Bertrand Russell, Ernesto Sabato). ............................................. 96

20. Libros cultos doctoran ignorantes.................. 98 Repensar el libro, releer la vida (Ernesto Sabato, George Sand, Lev Tolstói).............................. 100

20. Libros cultos doctoran ignorantes.................. 98 Repensar el libro, releer la vida (Ernesto Sabato, George Sand, Lev Tolstói).............................. 100

21. Lectura y sabiduría.......................................... 102 Repensar el libro, releer la vida (Terenciano Mauro, Lev Tolstói, Mark Twain, Paul Valéry, Stephen Vizinczey)........................................ 104

21. Lectura y sabiduría.......................................... 102 Repensar el libro, releer la vida (Terenciano Mauro, Lev Tolstói, Mark Twain, Paul Valéry, Stephen Vizinczey)........................................ 104

22. Contra el ignorante que compraba muchos libros.................................................. 106 Repensar el libro, releer la vida (Stephen Vizinczey)....................................... 108

22. Contra el ignorante que compraba muchos libros.................................................. 106 Repensar el libro, releer la vida (Stephen Vizinczey)....................................... 108

Epílogo para pesimistas........................................ 111

Epílogo para pesimistas........................................ 111

Colofón contra fanáticos...................................... 113

Colofón contra fanáticos...................................... 113

Índice onomástico................................................. 127

Índice onomástico................................................. 127

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19. Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio...................................................... 94 Repensar el libro, releer la vida (Francesco Petrarca, Edgar Allan Poe, Marcel Proust, Rainer Maria Rilke, Bertrand Russell, Ernesto Sabato). ............................................. 96

19. Eslóganes y sermones: las trampas del ingenio...................................................... 94 Repensar el libro, releer la vida (Francesco Petrarca, Edgar Allan Poe, Marcel Proust, Rainer Maria Rilke, Bertrand Russell, Ernesto Sabato). ............................................. 96

20. Libros cultos doctoran ignorantes.................. 98 Repensar el libro, releer la vida (Ernesto Sabato, George Sand, Lev Tolstói).............................. 100

20. Libros cultos doctoran ignorantes.................. 98 Repensar el libro, releer la vida (Ernesto Sabato, George Sand, Lev Tolstói).............................. 100

21. Lectura y sabiduría.......................................... 102 Repensar el libro, releer la vida (Terenciano Mauro, Lev Tolstói, Mark Twain, Paul Valéry, Stephen Vizinczey)........................................ 104

21. Lectura y sabiduría.......................................... 102 Repensar el libro, releer la vida (Terenciano Mauro, Lev Tolstói, Mark Twain, Paul Valéry, Stephen Vizinczey)........................................ 104

22. Contra el ignorante que compraba muchos libros.................................................. 106 Repensar el libro, releer la vida (Stephen Vizinczey)....................................... 108

22. Contra el ignorante que compraba muchos libros.................................................. 106 Repensar el libro, releer la vida (Stephen Vizinczey)....................................... 108

Epílogo para pesimistas........................................ 111

Epílogo para pesimistas........................................ 111

Colofón contra fanáticos...................................... 113

Colofón contra fanáticos...................................... 113

Índice onomástico................................................. 127

Índice onomástico................................................. 127

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La producción de Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Calle 2 número 21, San Pedro de los Pinos, México, D.F. +52 (55) 55 15 16 57. Se terminó de imprimir en noviembre de 2008 solar@solareditores.com

La producción de Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Calle 2 número 21, San Pedro de los Pinos, México, D.F. +52 (55) 55 15 16 57. Se terminó de imprimir en noviembre de 2008 solar@solareditores.com

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En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10 y 22 puntos. El tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.

En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10 y 22 puntos. El tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.

Esta edición consta de 100 ejemplares

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La producción de Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro se realizó íntegramente en las instalaciones de Solar, Servicios Editoriales, S.A. de C.V. Calle 2 número 21, San Pedro de los Pinos, México, D.F. +52 (55) 55 15 16 57. Se terminó de imprimir en noviembre de 2008 solar@solareditores.com

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En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10 y 22 puntos. El tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.

En su composición se utilizaron tipos Schneidler Light de 10 y 22 puntos. El tipo Schneidler, usado en la colección Minimalia, se basa en la tipografía de los impresores venecianos del periodo renacentista y comparte con ella su gracia, belleza y proporciones clásicas. Es un tipo fino y legible tanto para textos extensos como para carteles y folletos. Una de las características más originales de esta fuente son sus signos de interrogación. F. H. Ernst Schneidler, diseñador de fuentes y maestro tipógrafo, concibió originalmente la Schneidler Old Style en 1936 para la Fundidora Bauer.

Esta edición consta de 100 ejemplares

Esta edición consta de 100 ejemplares

p. 137

Títulos de la colección 1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano) 30. Iliana Godoy, Secreter 31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico

33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000 57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura

Títulos de la colección 1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano) 30. Iliana Godoy, Secreter 31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico

33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000 57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura

Títulos de la colección 1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano) 30. Iliana Godoy, Secreter 31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico

33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000 57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura

Títulos de la colección 1. Felipe Garrido, Tepalcates 2. Alejandro Ramírez, Entre mitos y flautas 3. Eugenio Aguirre, Ángeles y Demonios 4. Alejandro Sandoval Ávila, Agua zarca 5. Ana María Jaramillo, La curiosidad mató al gato 6. Carlos Mongar, Fragmentos sin fondo 7. Virginia Jackson, Géminis/Gemini 8. Ricardo Bernal, Metafísica del aborto 9. Cristina de la Concha, Historia de una perdida y otros cuentos 10. Héctor Perea, Aguasvivas 11. Víctor Sandoval, Coplas que mis oídos oyeron 12. María Velázquez, Aun sin saber quién eres. Cuentos, relatos y alebrijes 13. Eugenio Aguirre, Los perros de Angagua 14. Saúl Ibargoyen, Poeta en México City 15. Luis Ignacio Helguera, Ígneos 16. Alejandro Ramírez, Tiempo de cuentos 17. Cristina Gómez, Puentes bajo el asfalto 18. Sex-Teto y otras piezas para cuatro manos 19. Blanca Martínez, Cuentos del Archivo Hurus 20. Francisco Segovia, Rellano 21. Vueltas de tuerca, Cuentos de escritores politécnicos 22. Felipe Garrido, Voces de la Comarca 23. Hélène Monette, Montréal brûle-t-elle? ¿Arde Montreal? 24. Arduro Suaves, Canutero 25. El surco y la palabra, Literatura emergente de Aguascalientes 26. Óscar Edmundo Palma, Periodismo en crisis 27. Alí Chumacero, Poeta de amorosa raíz 28. Iván Portela, Cantos de fuego (Cantos ivánicos) 29. Luis Reyes de la Maza, Juan Xóchitl I (El pontífice mexicano) 30. Iliana Godoy, Secreter 31. Otto-Raúl González, Sea breve 32. Animalia, Bestiario fantástico

33. Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios 34. Águeda Pía Fernández, Una mujer en vilo 35. Adolfo Castañón, El reino y su sombra. En torno a Juan José Arreola 36. Saúl Ibargoyen, Bichario 37. Mónica Mansour, Poema paraSilvia/ Nómada de mí 38. Luz Elena Cabrera, Abelardo y Heloísa. El arte de la pasión 39. María Guerra, Vocación de viento 40. León Guillermo Gutiérrez, No mueras esta noche 41. Aníbal Rodríguez Silva, Memoria de escriba 42. Eduardo Zambrano, A ras de todo 43. Patricia Jacobs, Diccionario enciclopédico de mexicanos de origen libanés y otros pueblos del Levante 44. Pablo López, El amor en pocas palabras 45. Javier Contreras Villaseñor, Cuadernos de humo 46. Alejandro Ramírez, Color de noche 47. Poesía ensayo y crítica en la vida de Ramón Xirau 48. Eduardo Lizalde, Las huellas del tigre 49. La ciudad escrita, Lauro Zavala 50. Con Augusto Monterroso en la selva literaria 51. Mercedes Martínez Torres, Clave de Sol y niebla 52. Enrique Héctor González, Anfropiflume 53. Águeda Pía Fernández, En lo alto. Estampas de México y Europa (1939-1975) 54. Jade Castellanos Rosales, De locas por la gran ciudad 55. Elia Espinosa, Poemas de la distancia 56. Saúl Ibargoyen, Graffiti 2000 57. Pablo Aveleyra, Memoria que dura

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Títulos de la colección 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 67. Alejandro Tarrab, Centauros 68. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 69. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 70. Pablo Aveleyra, Revoltijo 71. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 72. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 73. Hernán Bravo Varela, Comunión 74. Jade Castellanos, Riscorso 75. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 76. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 77. Pablo Aveleyra, Onirografías 78. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 79. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos 80. Javier de la Mora de la Peña, Toda la flor del Universo 81. Ignacio Solares, The golden coin: Freud or Jung?/La moneda de oro: ¿Freud o Jung? 82. Elsa Cross, Monzón. Poemas desde la India 83. Saúl Ibargoyen, Entreversos

84. Alejandra Peart Cuevas, En estas horas 85. Isidro Martínez García, La travesía de los sueños perseguidos 86. Hernán Lavín Cerda, Divagaciones del pequeño filósofo 87. Orlando González Esteva, La noche y los suyos 88. Raúl Godínez, El perverso enigma de tu ser 89. Fernando Díez de Urdanivia, Al final del viaje y otros cuentos 90. Elisa Buch, A cuentagotas 91. Arón Gilbert, El último sobreviviente 92. Antonio Orihuela, La destrucción del mundo 93. De ronda en ronda, Antología itinerante de poetas españoles en México 94. Leandro Arellano, Los pasos del cielo 95. Fernando Díez de Urdanivia, Cuentos para 25 noches 96. Pablo Chapoy, Llorando en la oscuridad 97. Aurelio Asiain, ¿Has visto el viento? 98. Pablo Aveleyra, Ése soy yo 99. Sandro Cohen, Por la carne también 100. Antonio Cuesta Marín, Sonetos profanos 101. 21 balas, Antología de poesía mexicana actual 102. Juan Domingo Argüelles, Fragmentario parcial 103. Saúl Ibargoyen, Erótica mía 104. Pablo Aveleyra, La casa solariega 105. Armín Gómez Barrios, Ancestrales hechizos de amor 106. Alberto Chimal, Historias de las historias 107. Saúl Ibargoyen, Volver... volver

Títulos de la colección 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 67. Alejandro Tarrab, Centauros 68. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 69. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 70. Pablo Aveleyra, Revoltijo 71. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 72. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 73. Hernán Bravo Varela, Comunión 74. Jade Castellanos, Riscorso 75. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 76. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 77. Pablo Aveleyra, Onirografías 78. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 79. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos 80. Javier de la Mora de la Peña, Toda la flor del Universo 81. Ignacio Solares, The golden coin: Freud or Jung?/La moneda de oro: ¿Freud o Jung? 82. Elsa Cross, Monzón. Poemas desde la India 83. Saúl Ibargoyen, Entreversos

84. Alejandra Peart Cuevas, En estas horas 85. Isidro Martínez García, La travesía de los sueños perseguidos 86. Hernán Lavín Cerda, Divagaciones del pequeño filósofo 87. Orlando González Esteva, La noche y los suyos 88. Raúl Godínez, El perverso enigma de tu ser 89. Fernando Díez de Urdanivia, Al final del viaje y otros cuentos 90. Elisa Buch, A cuentagotas 91. Arón Gilbert, El último sobreviviente 92. Antonio Orihuela, La destrucción del mundo 93. De ronda en ronda, Antología itinerante de poetas españoles en México 94. Leandro Arellano, Los pasos del cielo 95. Fernando Díez de Urdanivia, Cuentos para 25 noches 96. Pablo Chapoy, Llorando en la oscuridad 97. Aurelio Asiain, ¿Has visto el viento? 98. Pablo Aveleyra, Ése soy yo 99. Sandro Cohen, Por la carne también 100. Antonio Cuesta Marín, Sonetos profanos 101. 21 balas, Antología de poesía mexicana actual 102. Juan Domingo Argüelles, Fragmentario parcial 103. Saúl Ibargoyen, Erótica mía 104. Pablo Aveleyra, La casa solariega 105. Armín Gómez Barrios, Ancestrales hechizos de amor 106. Alberto Chimal, Historias de las historias 107. Saúl Ibargoyen, Volver... volver

Títulos de la colección 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 67. Alejandro Tarrab, Centauros 68. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 69. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 70. Pablo Aveleyra, Revoltijo 71. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 72. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 73. Hernán Bravo Varela, Comunión 74. Jade Castellanos, Riscorso 75. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 76. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 77. Pablo Aveleyra, Onirografías 78. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 79. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos 80. Javier de la Mora de la Peña, Toda la flor del Universo 81. Ignacio Solares, The golden coin: Freud or Jung?/La moneda de oro: ¿Freud o Jung? 82. Elsa Cross, Monzón. Poemas desde la India 83. Saúl Ibargoyen, Entreversos

84. Alejandra Peart Cuevas, En estas horas 85. Isidro Martínez García, La travesía de los sueños perseguidos 86. Hernán Lavín Cerda, Divagaciones del pequeño filósofo 87. Orlando González Esteva, La noche y los suyos 88. Raúl Godínez, El perverso enigma de tu ser 89. Fernando Díez de Urdanivia, Al final del viaje y otros cuentos 90. Elisa Buch, A cuentagotas 91. Arón Gilbert, El último sobreviviente 92. Antonio Orihuela, La destrucción del mundo 93. De ronda en ronda, Antología itinerante de poetas españoles en México 94. Leandro Arellano, Los pasos del cielo 95. Fernando Díez de Urdanivia, Cuentos para 25 noches 96. Pablo Chapoy, Llorando en la oscuridad 97. Aurelio Asiain, ¿Has visto el viento? 98. Pablo Aveleyra, Ése soy yo 99. Sandro Cohen, Por la carne también 100. Antonio Cuesta Marín, Sonetos profanos 101. 21 balas, Antología de poesía mexicana actual 102. Juan Domingo Argüelles, Fragmentario parcial 103. Saúl Ibargoyen, Erótica mía 104. Pablo Aveleyra, La casa solariega 105. Armín Gómez Barrios, Ancestrales hechizos de amor 106. Alberto Chimal, Historias de las historias 107. Saúl Ibargoyen, Volver... volver

Títulos de la colección 58. Teresa Aveleyra, Mi cuervo azul 59. Teresa Aveleyra, Cabo y rabo 60. Teresa Aveleyra, Cuentos de dichos y hechos 61. Teresa Aveleyra, Pasos por el mundo 62. Teresa Aveleyra, El secreto de Lady Lucy 63. Miguel Ángel Tenorio, Instantáneas de la ciudad. Antología 64. Carla Pataky, Estancias 65. María Velázquez, Cosas que todavía existen. Cuentos, narraciones y sucesos 66. Arturo Azuela, Extravíos y maravillas 67. Alejandro Tarrab, Centauros 68. Encuentro de poetas, Oaxaca 2000 69. Teresa Aveleyra, Carne de boiler 70. Pablo Aveleyra, Revoltijo 71. Alejandro Osorio Ibáñez, Agua lunar 72. Poetas del mundo latino, Oaxaca 2001 73. Hernán Bravo Varela, Comunión 74. Jade Castellanos, Riscorso 75. María Luisa Erreguerena, Un poco de alma 76. La rebelión de los desobedientes, Veinticinco años de poesía cubana 77. Pablo Aveleyra, Onirografías 78. Voces de los Arcanos, Antología de cuentos 79. Federico Hernández Aguilar, Último divorcio de Blancanieves y otros cuentos 80. Javier de la Mora de la Peña, Toda la flor del Universo 81. Ignacio Solares, The golden coin: Freud or Jung?/La moneda de oro: ¿Freud o Jung? 82. Elsa Cross, Monzón. Poemas desde la India 83. Saúl Ibargoyen, Entreversos

84. Alejandra Peart Cuevas, En estas horas 85. Isidro Martínez García, La travesía de los sueños perseguidos 86. Hernán Lavín Cerda, Divagaciones del pequeño filósofo 87. Orlando González Esteva, La noche y los suyos 88. Raúl Godínez, El perverso enigma de tu ser 89. Fernando Díez de Urdanivia, Al final del viaje y otros cuentos 90. Elisa Buch, A cuentagotas 91. Arón Gilbert, El último sobreviviente 92. Antonio Orihuela, La destrucción del mundo 93. De ronda en ronda, Antología itinerante de poetas españoles en México 94. Leandro Arellano, Los pasos del cielo 95. Fernando Díez de Urdanivia, Cuentos para 25 noches 96. Pablo Chapoy, Llorando en la oscuridad 97. Aurelio Asiain, ¿Has visto el viento? 98. Pablo Aveleyra, Ése soy yo 99. Sandro Cohen, Por la carne también 100. Antonio Cuesta Marín, Sonetos profanos 101. 21 balas, Antología de poesía mexicana actual 102. Juan Domingo Argüelles, Fragmentario parcial 103. Saúl Ibargoyen, Erótica mía 104. Pablo Aveleyra, La casa solariega 105. Armín Gómez Barrios, Ancestrales hechizos de amor 106. Alberto Chimal, Historias de las historias 107. Saúl Ibargoyen, Volver... volver

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Títulos de la colección

Títulos de la colección

Breviarios

Breviarios

1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipograffitis 6. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura 9. Arduro Suaves, Canutero de Cataluña. Periquetes de literatura 10. Arduro Suaves, Canutero de Perú. Periquetes de literatura 11. Arduro Suaves, Canutero de Andalucía. Periquetes de literatura 12. Arduro Suaves, Canutero de Colombia. Periquetes de literatura 13. Arduro Suaves, Canutero de Italia. Periquetes de literatura 14. Arduro Suaves, Canutero de Los Ángeles y otros serafines 15. Víctor Roura, Los desaires de la red

Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único

Género y salud sexual 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Socorro Rocha, Masaje clásico terapéutico 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004

Infantil 1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos 2. Esteban Domínguez, Detrás de la barda

1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipograffitis 6. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura 9. Arduro Suaves, Canutero de Cataluña. Periquetes de literatura 10. Arduro Suaves, Canutero de Perú. Periquetes de literatura 11. Arduro Suaves, Canutero de Andalucía. Periquetes de literatura 12. Arduro Suaves, Canutero de Colombia. Periquetes de literatura 13. Arduro Suaves, Canutero de Italia. Periquetes de literatura 14. Arduro Suaves, Canutero de Los Ángeles y otros serafines 15. Víctor Roura, Los desaires de la red

Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único

Género y salud sexual 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Socorro Rocha, Masaje clásico terapéutico 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004

Infantil 1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos 2. Esteban Domínguez, Detrás de la barda

Títulos de la colección

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Breviarios

Breviarios

1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipograffitis 6. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura 9. Arduro Suaves, Canutero de Cataluña. Periquetes de literatura 10. Arduro Suaves, Canutero de Perú. Periquetes de literatura 11. Arduro Suaves, Canutero de Andalucía. Periquetes de literatura 12. Arduro Suaves, Canutero de Colombia. Periquetes de literatura 13. Arduro Suaves, Canutero de Italia. Periquetes de literatura 14. Arduro Suaves, Canutero de Los Ángeles y otros serafines 15. Víctor Roura, Los desaires de la red

Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único

Género y salud sexual 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Socorro Rocha, Masaje clásico terapéutico 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004

Infantil 1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos 2. Esteban Domínguez, Detrás de la barda

1. Víctor Roura, El destino del telegrama 2. Arduro Suaves, Canutero de España. Periquetes de literatura 3. Andrés García Barrios, Crónica del alba 4. Alberto Blanco, Más de este silencio 5. Arduro Suaves, Los periquetes editorialetes y otros tipograffitis 6. Arduro Suaves, Canutero de Brasil. Periquetes de literatura 7. Arduro Suaves, Canutero de Cuba. Periquetes de literatura 8. Arduro Suaves, Canutero de Quebec. Periquetes de literatura 9. Arduro Suaves, Canutero de Cataluña. Periquetes de literatura 10. Arduro Suaves, Canutero de Perú. Periquetes de literatura 11. Arduro Suaves, Canutero de Andalucía. Periquetes de literatura 12. Arduro Suaves, Canutero de Colombia. Periquetes de literatura 13. Arduro Suaves, Canutero de Italia. Periquetes de literatura 14. Arduro Suaves, Canutero de Los Ángeles y otros serafines 15. Víctor Roura, Los desaires de la red

Separadores 1. Eko, Los separadores de Minimalia 2. Carlos Ranc, Para ver antes de ir a la cama (taedium vitae) 3. Marco Antonio Campos, Antología del verso único

Género y salud sexual 1. Derechos sexuales y reproductivos de niñas y niños desde una perspectiva de género 2. Socorro Rocha, Masaje clásico terapéutico 3. Agenda erótica femenina 1998, 1999, 2000, 2001 y 2002 4. Agenda erótica masculina 2001 5. Agenda erótica femenina 2004

Infantil 1. Pedro Bayona, Historias de cocodrilos 2. Esteban Domínguez, Detrás de la barda

p. 140

Títulos de la colección

Títulos de la colección

Cómic

Cómic

1. Jaime López y Felipe Ehrenberg, Rolando Trokas. El trailero intergaláctico 2. Eko, Denisse

Erótica 1. Gustavo Sainz, Batallas de amor perdidas 2. Edmée Pardo, Flor de un solo día 3. Hernán Lara Zavala, Muñecas rotas 4. Alberto Ruy Sánchez, La huella del grito 5. Josefina Estrada, Te seguiré buscando 6. Guillermo Samperio, Despadrada 7. Rafael Ramírez Heredia, Aprisionarte quisiera 8. Mauricio Molina, El último refugio 9. Huberto Batis, Amor por amor 10. Jorge F. Hernández, Milonga para una intrusa 11. Blanca Castellón, Los juegos de Elisa 12. Andrés de Luna, El aprendizaje del ahora 13. Miguel Ángel Tenorio, Muy buenas todas ellas 14. Poli Délano, La película clara 15. José de la Colina, Las medias fantasmas de Leda R. 16. Jorge Valdés Díaz-Vélez, Cámara negra 17. Enrique Héctor González, Los párpados de Leda 18. Guillermo Fárber, Te vi pasar 19. Alejandro Ramírez, Los días de calor 20. Sandro Cohen, Ahora que lo pienso 21. Rocío Boliver, La Congelada de Uva. Saber escoger 22. Pé de J. Pauner, Labellum 23. Arturo Pizá, Este morir a gotas

1. Jaime López y Felipe Ehrenberg, Rolando Trokas. El trailero intergaláctico 2. Eko, Denisse

Erótica 1. Gustavo Sainz, Batallas de amor perdidas 2. Edmée Pardo, Flor de un solo día 3. Hernán Lara Zavala, Muñecas rotas 4. Alberto Ruy Sánchez, La huella del grito 5. Josefina Estrada, Te seguiré buscando 6. Guillermo Samperio, Despadrada 7. Rafael Ramírez Heredia, Aprisionarte quisiera 8. Mauricio Molina, El último refugio 9. Huberto Batis, Amor por amor 10. Jorge F. Hernández, Milonga para una intrusa 11. Blanca Castellón, Los juegos de Elisa 12. Andrés de Luna, El aprendizaje del ahora 13. Miguel Ángel Tenorio, Muy buenas todas ellas 14. Poli Délano, La película clara 15. José de la Colina, Las medias fantasmas de Leda R. 16. Jorge Valdés Díaz-Vélez, Cámara negra 17. Enrique Héctor González, Los párpados de Leda 18. Guillermo Fárber, Te vi pasar 19. Alejandro Ramírez, Los días de calor 20. Sandro Cohen, Ahora que lo pienso 21. Rocío Boliver, La Congelada de Uva. Saber escoger 22. Pé de J. Pauner, Labellum 23. Arturo Pizá, Este morir a gotas

Títulos de la colección

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Cómic

Cómic

1. Jaime López y Felipe Ehrenberg, Rolando Trokas. El trailero intergaláctico 2. Eko, Denisse

Erótica 1. Gustavo Sainz, Batallas de amor perdidas 2. Edmée Pardo, Flor de un solo día 3. Hernán Lara Zavala, Muñecas rotas 4. Alberto Ruy Sánchez, La huella del grito 5. Josefina Estrada, Te seguiré buscando 6. Guillermo Samperio, Despadrada 7. Rafael Ramírez Heredia, Aprisionarte quisiera 8. Mauricio Molina, El último refugio 9. Huberto Batis, Amor por amor 10. Jorge F. Hernández, Milonga para una intrusa 11. Blanca Castellón, Los juegos de Elisa 12. Andrés de Luna, El aprendizaje del ahora 13. Miguel Ángel Tenorio, Muy buenas todas ellas 14. Poli Délano, La película clara 15. José de la Colina, Las medias fantasmas de Leda R. 16. Jorge Valdés Díaz-Vélez, Cámara negra 17. Enrique Héctor González, Los párpados de Leda 18. Guillermo Fárber, Te vi pasar 19. Alejandro Ramírez, Los días de calor 20. Sandro Cohen, Ahora que lo pienso 21. Rocío Boliver, La Congelada de Uva. Saber escoger 22. Pé de J. Pauner, Labellum 23. Arturo Pizá, Este morir a gotas

1. Jaime López y Felipe Ehrenberg, Rolando Trokas. El trailero intergaláctico 2. Eko, Denisse

Erótica 1. Gustavo Sainz, Batallas de amor perdidas 2. Edmée Pardo, Flor de un solo día 3. Hernán Lara Zavala, Muñecas rotas 4. Alberto Ruy Sánchez, La huella del grito 5. Josefina Estrada, Te seguiré buscando 6. Guillermo Samperio, Despadrada 7. Rafael Ramírez Heredia, Aprisionarte quisiera 8. Mauricio Molina, El último refugio 9. Huberto Batis, Amor por amor 10. Jorge F. Hernández, Milonga para una intrusa 11. Blanca Castellón, Los juegos de Elisa 12. Andrés de Luna, El aprendizaje del ahora 13. Miguel Ángel Tenorio, Muy buenas todas ellas 14. Poli Délano, La película clara 15. José de la Colina, Las medias fantasmas de Leda R. 16. Jorge Valdés Díaz-Vélez, Cámara negra 17. Enrique Héctor González, Los párpados de Leda 18. Guillermo Fárber, Te vi pasar 19. Alejandro Ramírez, Los días de calor 20. Sandro Cohen, Ahora que lo pienso 21. Rocío Boliver, La Congelada de Uva. Saber escoger 22. Pé de J. Pauner, Labellum 23. Arturo Pizá, Este morir a gotas

p. 141

Títulos de la colección

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Literatura coreana

Literatura coreana

1. Yun Heung-gil, Lluvias 2. Jo Kyung-ran, En busca del elefante 3. Kwon Jeong-saeng, Monsil 4. Lee Hyo-seok, Cuando florece el alforfón 5. Kim Chunsu, Razón de las sinrazones 6. Park Wan Suh, ¿Seguirá soñando? 7. Hwang Sun-won, Los árboles en la cuesta 8. Hwang Sok-yong, El huésped 9. Kim Jong-gil, Ya queda poca luz del día 10. Gong Sun Ok, La familia itinerante 11. Chang Soo Ko, El sonido del silencio 12. Lee Seung-u, La vida secreta de las plantas 13. Kim Joo-Young, La raya 14. Kim Chae-won, Espejismos de otoño

1. Yun Heung-gil, Lluvias 2. Jo Kyung-ran, En busca del elefante 3. Kwon Jeong-saeng, Monsil 4. Lee Hyo-seok, Cuando florece el alforfón 5. Kim Chunsu, Razón de las sinrazones 6. Park Wan Suh, ¿Seguirá soñando? 7. Hwang Sun-won, Los árboles en la cuesta 8. Hwang Sok-yong, El huésped 9. Kim Jong-gil, Ya queda poca luz del día 10. Gong Sun Ok, La familia itinerante 11. Chang Soo Ko, El sonido del silencio 12. Lee Seung-u, La vida secreta de las plantas 13. Kim Joo-Young, La raya 14. Kim Chae-won, Espejismos de otoño

Literatura holandesa

Literatura holandesa

1. Arthur Van Schendel, La fragata Johanna Maria 2. Frederik Van Eeden, Las tranquilas aguas de la muerte 3. Edgar du Perron, El país de origen

1. Arthur Van Schendel, La fragata Johanna Maria 2. Frederik Van Eeden, Las tranquilas aguas de la muerte 3. Edgar du Perron, El país de origen

Biblioteca Gustavo Sainz

Biblioteca Gustavo Sainz

1. Compadre Lobo 2. La princesa del Palacio de Hierro 3. Gazapo 4. Muchacho en llamas 5. A troche y moche 6. Fantasmas aztecas 7. Obsesivos días circulares 8. A la salud de la serpiente 9. Paseo en trapecio 10. Salto de tigre blanco 11. Con tinta sangre del corazón 12. Tango del desasosiego 13. La muchacha que tenía la culpa de todo

1. Compadre Lobo 2. La princesa del Palacio de Hierro 3. Gazapo 4. Muchacho en llamas 5. A troche y moche 6. Fantasmas aztecas 7. Obsesivos días circulares 8. A la salud de la serpiente 9. Paseo en trapecio 10. Salto de tigre blanco 11. Con tinta sangre del corazón 12. Tango del desasosiego 13. La muchacha que tenía la culpa de todo

Títulos de la colección

Títulos de la colección

Literatura coreana

Literatura coreana

1. Yun Heung-gil, Lluvias 2. Jo Kyung-ran, En busca del elefante 3. Kwon Jeong-saeng, Monsil 4. Lee Hyo-seok, Cuando florece el alforfón 5. Kim Chunsu, Razón de las sinrazones 6. Park Wan Suh, ¿Seguirá soñando? 7. Hwang Sun-won, Los árboles en la cuesta 8. Hwang Sok-yong, El huésped 9. Kim Jong-gil, Ya queda poca luz del día 10. Gong Sun Ok, La familia itinerante 11. Chang Soo Ko, El sonido del silencio 12. Lee Seung-u, La vida secreta de las plantas 13. Kim Joo-Young, La raya 14. Kim Chae-won, Espejismos de otoño

1. Yun Heung-gil, Lluvias 2. Jo Kyung-ran, En busca del elefante 3. Kwon Jeong-saeng, Monsil 4. Lee Hyo-seok, Cuando florece el alforfón 5. Kim Chunsu, Razón de las sinrazones 6. Park Wan Suh, ¿Seguirá soñando? 7. Hwang Sun-won, Los árboles en la cuesta 8. Hwang Sok-yong, El huésped 9. Kim Jong-gil, Ya queda poca luz del día 10. Gong Sun Ok, La familia itinerante 11. Chang Soo Ko, El sonido del silencio 12. Lee Seung-u, La vida secreta de las plantas 13. Kim Joo-Young, La raya 14. Kim Chae-won, Espejismos de otoño

Literatura holandesa

Literatura holandesa

1. Arthur Van Schendel, La fragata Johanna Maria 2. Frederik Van Eeden, Las tranquilas aguas de la muerte 3. Edgar du Perron, El país de origen

1. Arthur Van Schendel, La fragata Johanna Maria 2. Frederik Van Eeden, Las tranquilas aguas de la muerte 3. Edgar du Perron, El país de origen

Biblioteca Gustavo Sainz

Biblioteca Gustavo Sainz

1. Compadre Lobo 2. La princesa del Palacio de Hierro 3. Gazapo 4. Muchacho en llamas 5. A troche y moche 6. Fantasmas aztecas 7. Obsesivos días circulares 8. A la salud de la serpiente 9. Paseo en trapecio 10. Salto de tigre blanco 11. Con tinta sangre del corazón 12. Tango del desasosiego 13. La muchacha que tenía la culpa de todo

1. Compadre Lobo 2. La princesa del Palacio de Hierro 3. Gazapo 4. Muchacho en llamas 5. A troche y moche 6. Fantasmas aztecas 7. Obsesivos días circulares 8. A la salud de la serpiente 9. Paseo en trapecio 10. Salto de tigre blanco 11. Con tinta sangre del corazón 12. Tango del desasosiego 13. La muchacha que tenía la culpa de todo

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Títulos de la colección

Títulos de la colección

La furia del pez

La furia del pez

1. Juan Domingo Argüelles, Pero no odas 2. Víctor Roura, Boca diminuta 3. Eusebio Ruvalcaba, Nina 4. Carlos López, Almendranada 5. Eduardo Monteverde, La risa del ahorcado 6. Víctor Manuel Mendiola, Papel revolución 7. Dionisio Morales, Tres poemas 8. Raúl Renán, Humanidades 9. Luis Tovar, Palabra el cuerpo 10. Salvador Mendiola, Mi secreto

1. Juan Domingo Argüelles, Pero no odas 2. Víctor Roura, Boca diminuta 3. Eusebio Ruvalcaba, Nina 4. Carlos López, Almendranada 5. Eduardo Monteverde, La risa del ahorcado 6. Víctor Manuel Mendiola, Papel revolución 7. Dionisio Morales, Tres poemas 8. Raúl Renán, Humanidades 9. Luis Tovar, Palabra el cuerpo 10. Salvador Mendiola, Mi secreto

Indócil ballenato

Indócil ballenato

1. Mario Arturo Ramos, Los rincones de la sed 2. Lina Zerón, Ciudades donde te nombro 3. Rossi Blengio, Miluna 4. Atzimba Medina Bojórquez, Impostergable diluvio 5. Víctor Roura, Treinta decasílabos descalzos 6. Ethel Krauze, Apasionada 7. Federico Arana, Rumores de la arboleda 8. Lillian van den Broeck, Me lleva el tren

1. Mario Arturo Ramos, Los rincones de la sed 2. Lina Zerón, Ciudades donde te nombro 3. Rossi Blengio, Miluna 4. Atzimba Medina Bojórquez, Impostergable diluvio 5. Víctor Roura, Treinta decasílabos descalzos 6. Ethel Krauze, Apasionada 7. Federico Arana, Rumores de la arboleda 8. Lillian van den Broeck, Me lleva el tren

Yo medito, tú me editas

Yo medito, tú me editas

1. El libro y las nuevas tecnologías. Los editores ante el nuevo milenio 2. Jorge Herralde, Flashes sobre escritores y otros textos editoriales 3. Juan Domingo Argüelles, Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro 4. Mauricio López Valdés, Guía de estilo editorial para obras académicas 5. Juan Domingo Argüelles, Estado, educación y lectura. Tres tristes tópicos y una utilidad inútil 6. Marina Garone y María Esther Pérez, Las muestras tipográficas y el estudio de la cultura impresa

1. El libro y las nuevas tecnologías. Los editores ante el nuevo milenio 2. Jorge Herralde, Flashes sobre escritores y otros textos editoriales 3. Juan Domingo Argüelles, Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro 4. Mauricio López Valdés, Guía de estilo editorial para obras académicas 5. Juan Domingo Argüelles, Estado, educación y lectura. Tres tristes tópicos y una utilidad inútil 6. Marina Garone y María Esther Pérez, Las muestras tipográficas y el estudio de la cultura impresa

Títulos de la colección

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La furia del pez

La furia del pez

1. Juan Domingo Argüelles, Pero no odas 2. Víctor Roura, Boca diminuta 3. Eusebio Ruvalcaba, Nina 4. Carlos López, Almendranada 5. Eduardo Monteverde, La risa del ahorcado 6. Víctor Manuel Mendiola, Papel revolución 7. Dionisio Morales, Tres poemas 8. Raúl Renán, Humanidades 9. Luis Tovar, Palabra el cuerpo 10. Salvador Mendiola, Mi secreto

1. Juan Domingo Argüelles, Pero no odas 2. Víctor Roura, Boca diminuta 3. Eusebio Ruvalcaba, Nina 4. Carlos López, Almendranada 5. Eduardo Monteverde, La risa del ahorcado 6. Víctor Manuel Mendiola, Papel revolución 7. Dionisio Morales, Tres poemas 8. Raúl Renán, Humanidades 9. Luis Tovar, Palabra el cuerpo 10. Salvador Mendiola, Mi secreto

Indócil ballenato

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1. Mario Arturo Ramos, Los rincones de la sed 2. Lina Zerón, Ciudades donde te nombro 3. Rossi Blengio, Miluna 4. Atzimba Medina Bojórquez, Impostergable diluvio 5. Víctor Roura, Treinta decasílabos descalzos 6. Ethel Krauze, Apasionada 7. Federico Arana, Rumores de la arboleda 8. Lillian van den Broeck, Me lleva el tren

1. Mario Arturo Ramos, Los rincones de la sed 2. Lina Zerón, Ciudades donde te nombro 3. Rossi Blengio, Miluna 4. Atzimba Medina Bojórquez, Impostergable diluvio 5. Víctor Roura, Treinta decasílabos descalzos 6. Ethel Krauze, Apasionada 7. Federico Arana, Rumores de la arboleda 8. Lillian van den Broeck, Me lleva el tren

Yo medito, tú me editas

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1. El libro y las nuevas tecnologías. Los editores ante el nuevo milenio 2. Jorge Herralde, Flashes sobre escritores y otros textos editoriales 3. Juan Domingo Argüelles, Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro 4. Mauricio López Valdés, Guía de estilo editorial para obras académicas 5. Juan Domingo Argüelles, Estado, educación y lectura. Tres tristes tópicos y una utilidad inútil 6. Marina Garone y María Esther Pérez, Las muestras tipográficas y el estudio de la cultura impresa

1. El libro y las nuevas tecnologías. Los editores ante el nuevo milenio 2. Jorge Herralde, Flashes sobre escritores y otros textos editoriales 3. Juan Domingo Argüelles, Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro 4. Mauricio López Valdés, Guía de estilo editorial para obras académicas 5. Juan Domingo Argüelles, Estado, educación y lectura. Tres tristes tópicos y una utilidad inútil 6. Marina Garone y María Esther Pérez, Las muestras tipográficas y el estudio de la cultura impresa

p. 143

Títulos de la colección

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Series

Series

Quehacer editorial 1, El libro en busca de lectores Quehacer editorial 2, Editores y lectores, hábitos y vicios Quehacer editorial 3, Del cálculo editorial al placer de la lectura Quehacer editorial 4, Encuadernadores, libreros, prostíbulos y bibliotecas Quehacer editorial 5, Autores, editores y lectores... hasta que las rejas nos separen Quehacer editorial 6, Parábola de un editor, el fomento a la lectura y la traducción de groserías Quehacer editorial 7, Editores, lectores y globalización o la desmitificación de la cultura letrada Quehacer editorial 8, De cómo dejar de sufrir por las letras, los libros de artista y los correctores Quehacer editorial 9, Divagaciones sobre un futuro impredecible. Bibliotecas, ciberliteratura y el nativo digital Quehacer editorial 10, La transición de lo analógico a lo digital y la resignificación del libro, el lector y la lectura Quehacer editorial 11, De la galaxia Gutenberg a la aldea global Quehacer editorial 12, El futuro del libro

Quehacer editorial 1, El libro en busca de lectores Quehacer editorial 2, Editores y lectores, hábitos y vicios Quehacer editorial 3, Del cálculo editorial al placer de la lectura Quehacer editorial 4, Encuadernadores, libreros, prostíbulos y bibliotecas Quehacer editorial 5, Autores, editores y lectores... hasta que las rejas nos separen Quehacer editorial 6, Parábola de un editor, el fomento a la lectura y la traducción de groserías Quehacer editorial 7, Editores, lectores y globalización o la desmitificación de la cultura letrada Quehacer editorial 8, De cómo dejar de sufrir por las letras, los libros de artista y los correctores Quehacer editorial 9, Divagaciones sobre un futuro impredecible. Bibliotecas, ciberliteratura y el nativo digital Quehacer editorial 10, La transición de lo analógico a lo digital y la resignificación del libro, el lector y la lectura Quehacer editorial 11, De la galaxia Gutenberg a la aldea global Quehacer editorial 12, El futuro del libro

Títulos de la colección

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Series

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Quehacer editorial 1, El libro en busca de lectores Quehacer editorial 2, Editores y lectores, hábitos y vicios Quehacer editorial 3, Del cálculo editorial al placer de la lectura Quehacer editorial 4, Encuadernadores, libreros, prostíbulos y bibliotecas Quehacer editorial 5, Autores, editores y lectores... hasta que las rejas nos separen Quehacer editorial 6, Parábola de un editor, el fomento a la lectura y la traducción de groserías Quehacer editorial 7, Editores, lectores y globalización o la desmitificación de la cultura letrada Quehacer editorial 8, De cómo dejar de sufrir por las letras, los libros de artista y los correctores Quehacer editorial 9, Divagaciones sobre un futuro impredecible. Bibliotecas, ciberliteratura y el nativo digital Quehacer editorial 10, La transición de lo analógico a lo digital y la resignificación del libro, el lector y la lectura Quehacer editorial 11, De la galaxia Gutenberg a la aldea global Quehacer editorial 12, El futuro del libro

Quehacer editorial 1, El libro en busca de lectores Quehacer editorial 2, Editores y lectores, hábitos y vicios Quehacer editorial 3, Del cálculo editorial al placer de la lectura Quehacer editorial 4, Encuadernadores, libreros, prostíbulos y bibliotecas Quehacer editorial 5, Autores, editores y lectores... hasta que las rejas nos separen Quehacer editorial 6, Parábola de un editor, el fomento a la lectura y la traducción de groserías Quehacer editorial 7, Editores, lectores y globalización o la desmitificación de la cultura letrada Quehacer editorial 8, De cómo dejar de sufrir por las letras, los libros de artista y los correctores Quehacer editorial 9, Divagaciones sobre un futuro impredecible. Bibliotecas, ciberliteratura y el nativo digital Quehacer editorial 10, La transición de lo analógico a lo digital y la resignificación del libro, el lector y la lectura Quehacer editorial 11, De la galaxia Gutenberg a la aldea global Quehacer editorial 12, El futuro del libro

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